Capítulo 2: 1980
Habían pasado alrededor de seis años desde la última vez que había sentido la sensación del tiempo pasando por su cuerpo y esta vez se sentía distinto, más fuerte y más largo, el torbellino de arena la envolvía en lo que le parecía una eternidad y al mismo tiempo, un solo segundo.
Aún con los ojos cerrados se preguntaba si la diferencia se debía a que no tenía un giratiempo canalizando el viaje como cuando estaba en tercer año o si en verdad estaba viajando más que un par de horas.
Cuando al fin abrió los ojos estaba tirada en el piso de la habitación circular sin ningún cerebro atacándola, las puertas estaban cerradas y sin marca. Lo único que la calmó un poco fue darse cuenta de que no había ningún inefable a la visa. El piso estaba cubierto de un poco de los residuos de arena, al igual que su ropa y por cómo estaba su cabello, sospechaba que su cabeza también.
Se levantó con agilidad, sabiendo que cada segundo que se quedara en el piso, era un segundo más cerca de que alguien la viera y no lo podía permitir. Aún mareada, sostuvo su varita y se dio cuenta que aún tenía su bolso de viaje.
— Por favor — rogó la bruja — que hayan sido solo unas horas.
De su bolso sacó un frasco de vidrio y luego movió su varita haciendo que con cuidado y tratando de no provocar un nuevo viaje, toda la arena de tiempo de su cuerpo, su cabello y el piso se moviera mágicamente dentro del frasco y se sellara. No debía dejar ni un solo rastro si es que no quería ser descubierta.
Miró las puertas y aun sin estar completamente bien abrió la primera puerta que resultó ser la salida.
Hermione no creía en las coincidencias, era el departamento de misterios y aunque existían profecías, aún no creía en la adivinación o la suerte, pero por otra parte no tenía tiempo de cuestionarse cómo había logrado encontrar el camino a los ascensores.
Tenía que descubrir qué hora y qué día era. El Ministerio era el peor lugar donde podía quedarse, pero no podía salir por la entrada como cualquier persona, porque no podía arriesgarse a ser cuestionada o que algún auror la detuviera, menos sin saber qué año era.
¿Qué pasaba si el Ministro de Magia era Pius Thicknesse y ella era una indeseable?
Intentó armar un plan y recordó que su departamento, tenía una de las pocas salidas secretas del ministerio y de las menos habladas. Ella solo lo sabía porque al principio de su trabajo le llegó un caso de plagas que no le correspondía por accidente y decidió preguntar qué debían hacer en caso de una plaga en el departamento.
El movimiento del ascensor no le ayudaba a sus náuseas y la bruja se apoyó en la pared, esperando que las punzadas en la cabeza desaparecieran. Por suerte no habían más personas en el ascensor aunque varios memorándums flotaban ordenadamente sobre ella.
— Piso 4 — informó la voz — Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas...
Hermione no esperó a la descripción de las diferentes divisiones y salió al lugar. Vio el gran reloj de la pared cerca de su oficina y agradeció que fueran un poco sobre las siete de la mañana. A esa hora solo debían estar los asistentes y las secretarías despiertas y trabajando, ya que los otros trabajadores debían llegar alrededor de las ocho de la mañana.
Tenía que llegar a la Junta Consultiva de Plagas, donde sabía que estaba la salida de emergencia que se instaló tres siglos antes en caso de que alguna plaga se descontrolara y no permitiera que se saliera por la entrada del ministerio. No podía ser vista y eso era un problema porque aunque no había mucha gente, una bruja de unos cincuenta años salió de otro ascensor y se sentó en el mesón de bienvenida.
Hermione no la reconoció, lo que significaba que había viajado por mucho más que un par de horas.
Un poco ansiosa empezó a planear su escape, solo necesitaba que la bruja saliera de ahí por solo unos segundos para poder llegar a la tercera columna de la Junta Consultiva de Plagas.
— ¿Puedo ayudarla? — preguntó la bruja con cara estricta.
— Estoy esperando a alguien — mintió Hermione fingiendo inocencia — me necesitan para firmar unos documentos que deben presentar ante la Oficina de Coordinación de Duendes.
La secretaria solo asintió, sabiendo que los duendes siempre contrataban a un mago o bruja para moderar sus reuniones. Hermione se sentó en las banca de espera, frente al mesón e intentó no llamar la atención.
Tenía suerte de que no llevaba la capa ministerial y que ese día había optado por una túnica mágica y no por su usual ropa muggle. Aún no sabía exactamente en qué año se encontraba pero sabía que había un par de años en que usar ropa muggle le podría significar la persecución.
Empezó a armar su plan de escape, iba a esperar que la secretaría se levantara e iba a desilusionarse para pasar detrás del mesón de bienvenida y dirigirse a la sala de la Junta Consultiva. Iba a abrirla con la clave que conocía y si la clave no funcionaba, haría explotar la puerta sin importar las consecuencias, lo que le daría unos segundos para ir al retrato que debía dejarla pasar por una de las únicas salidas del Ministerio.
Viendo como pasaba el tiempo, Hermione se planteó hechizar a la secretaría antes de que empezaran a llegar más personas. Consideró borrarle la memoria e incluso un Imperio, pero sabía que no era lo suficientemente valiente como para hacer ninguna de las dos.
Quizá un simple hechizo de compulsión para hacerle sentir que debía ir al baño.
Moviendo la varita con sutileza apuntó a la secretaría y le planteó la idea de que necesitaba lavarse las manos. La señora se miró las manos y frunciendo el ceño se levantó para dirigirse al baño, dándole la oportunidad perfecta para escapar.
Empezó a marearse, probablemente porque aún no se recuperaba del viaje del viento y había realizado un hechizo no verbal. Decidió no desilusionarse para mantener su energía, así que simplemente se levantó con torpeza y dio unos pasos, pero entre la rapidez y el mareo chocó contra alguien y cayó con fuerza en el piso.
Todo su cuerpo se sentía adolorido, su cabeza no paraba de darle vueltas, su visión estaba borrosa y sin identificar a la persona con la que había chocado, aceptó la mano que le entregaba.
— Lo siento, ¿estás bien?— preguntó una voz conocida.
No, no estaba bien, su cabeza seguía dando vueltas, tenía ganas de vomitar y necesitaba llegar al retrato antes de que la secretaría volviera.
— ¿Hey? No te ves bien— insistió el hombre más preocupado — ¿te golpeaste?.
Hermione cerró los ojos y meneó la cabeza intentando concentrarse, pero supo que no podría, abrió los ojos y vio al hombre con cicatrices, ropas rasgadas y ojos somnolientos.
— ¿Remus?— saltó Hermione, arrepintiéndose inmediatamente de haber dicho su nombre.
El rostro de Remus se frunció inmediatamente, visiblemente curioso de la mujer que conocía su nombre. Él no era una persona reconocible, excepto cuando estaba en Hogwarts, pero, la mujer que tenía al frente no parecía tener muchos años más o menos que él, así que si había ido a Hogwarts debía reconocerla.
Hermione volvió a sentir el mareo del viaje en el tiempo y tuvo que pensar lo más rápido posible. El Remus que tenía en frente debía tener no más de veinte años, quizá la guerra había acabado. Y aunque no fuera así, estaba segura que era alguien que podía ayudarla.
Se apoyó en él con fuerza para no caerse.
— De verdad no te ves bien — volvió a decir Remus — ¿no quieres que te ayude a ir al baño o quizá a buscar a alguien?.
— Dumbledore, Remus, llévame donde Albus Dumbledore - carraspeó Hermione mirándolo fijamente - él te lo explicara, pero nadie debe saber que estoy aquí.
— Puedo llevarte con un auror, mi amigo James está entrenando y puede…
— ¡No! — saltó Hermione.
Si James Potter estaba vivo, estaba en plena guerra mágica contra Lord Voldemort, por un momento quiso llorar, pero se contuvo. No estaba lista para volver a vivir los horrores de una guerra.
Apuntó a la puerta del baño y sabiendo que aun no recuperaba su estabilidad mágica, lanzó un hechizo bloqueando la puerta.
— Sé que no tienes una razón para hacerlo — comentó Hermione aun apoyándose en el hombre lobo y guiándolo por el pasillo hacía la Junta Consultiva de Plagas — pero necesito que confíes en mí, Remus, por favor.
— ¿Cómo sabes mi nombre? — preguntó Remus ayudándola a caminar— ¿Qué…?
Remus no pudo seguir preguntando, Hermione lo arrastró hacía la tercera puerta a la derecha y vio como decía unas palabras claves para abrir la puerta que los dejó pasar sin problemas. La bruja lo arrastró al fondo de la sala de reuniones, donde un gran retrato de un mago que sostenía un sapo los saludó.
— Emergencia, Henrick — dijo la bruja con seguridad — protocolo ciento veintitrés, sección C.
— ¡Al fin una plaga! — sonrió el mago con dicha.
Sin decir más el cuadro se abrió como una puerta y los dejó pasar por un rústico túnel. Remus no sabía qué hacer, pero sabía que no podía dejar a la bruja sola. Si estaba en problemas no podía dejarla sola y si ella era un problema, no podía dejarla escapar así como así.
Cuando la siguió en el túnel y el cuadro se cerró detrás de él, el hombre lobo empezó a cuestionarse qué estaba haciendo y si le iba a costar una ida a Azkaban.
No dijeron nada mientras caminaban por la oscuridad. Hermione se apoyaba por las paredes y rogaba para que Remus fuera lo suficientemente estúpido como para escucharla antes de atraparla y entregarla a los aurores.
— Aquí — suspiró Hermione mostrándole una escalera — al subir estaremos en Londres muggle, a unas tres cuadras de la entrada del Ministerio.
— ¿Y esperas que te siga?.
— Espero que intentes llevarme a los Aurores — respondió Hermione casi sin aire — o incluso me lleves con la Orden del Fénix, porque si, Remus, sé perfectamente que trabajas con ellos.
Remus abrió los ojos, todo eso era un secreto.
— Espero que hagas muchas cosas, Remus — siguió la bruja — pero necesito que confíes en mí, que sepas que si me llevas con los Aurores o con la Orden, vas a hacernos perder la guerra, por eso espero que confíes y le mandes un patronus a Albus Dumbledore, diciéndole que es una emergencia.
— ¿Cómo puedo confiar en alguien que nunca había visto? — preguntó el hombre lobo — ¿Cómo sabes mi nombre?.
— No puedo decirlo, pero…
Hermione estaba mareada, no sabía si tenía la energía suficiente como para subir la escalera de metal, menos para discutir con Remus, pero necesitaba encontrar la manera de ganarse su confianza y lo único que se le ocurrió no le gustaba.
— Toma — dijo al fin, entregándole su varita — creo que ya viste que no tengo la energía para luchar contra ti y tienes mi varita, algo que créeme que me aterroriza, pero si ayuda a convencerte para que mandes ese Patronus, lo voy a hacer.
Hermione vio como el hombre lobo tomaba la varita y se debatía por dentro qué hacer, pero luego de unos momentos decidió hacerlo. El lobo plateado iluminó el lugar y escuchó a Remus decir lo que Hermione le pidió que le dijera a Albus Dumbledore. Le indicaba dónde estaban, le insistía que era una emergencia y que se trataba de Tom Riddle.
Agradecida de que haya funcionado, Hermione se sentó en el piso sin importarle que no estuviera limpio. Estaba cansada y su cabeza no paraba de dar vueltas. Ahora entendía que haber hechizado a la secretaria y la puerta del baño había sido un error y que no debía usar magia por un tiempo. Si había viajado por años, su cuerpo necesitaría días para recuperarse. O eso creía porque no había mucha literatura sobre viajes en el tiempo de más de doce horas, todo lo que pensaba sobre su viaje, eran suposiciones y teorías.
— Necesitas un medimago — insistió Remus.
— Estoy bien — carraspeó Hermione intentando respirar profundamente para calmar los latidos de su corazón que se había acelerado — además nadie debe verme, verte a ti ya es un error, ¿de casualidad no tendrás un chocolate?.
Remus la miró extrañado y negó con la cabeza.
— Siempre debes llevar chocolate contigo, Remus — sonrió cabizbaja la bruja.
— No hagas eso.
— ¿Qué cosa?.
— Decir mi nombre, como si me conocieras.
— Lo siento, es…
¿Costumbre?, no sabía bien cómo explicarle sin decirle que era una viajera en el tiempo. No era que no confiara en Remus, pero las reglas del tiempo fueron escritas por una razón, mientras Remus menos supiera, mejor para él y para todos.
Aun así sospechaba que debía decirle algo.
— Hermione — dijo la bruja estirando su mano — mi nombre es Hermione.
— Remus — agregó el mago aceptando su mano — Remus Lupin.
— Un gusto — sonrió la bruja.
Remus decidió sentarse frente a la bruja y la observó. Hermione estaba con los ojos cerrados, claramente fatigada. El mago sabía que estaba haciendo algo estúpido, aunque tuviera su varita confiscada, nada le decía que no tuviera una segunda oculta y no eran tiempos de confiar en la gente.
Además ella sabía de la Orden del Fénix, una parte de él temía que había caído en una trampa para hacerle una emboscada a Albus Dumbledore, pero no podía imaginar que una bruja en su estado lograse hacer algo contra el líder de una organización contra quién-no-debe-ser-nombrado.
Quería saber quién era, cómo sabía su nombre, cómo sabía que había un túnel en el ministerio y por qué estaba en el estado en el que estaba.
También quería agradecerle de haberlo sacado del Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. Ella no lo sabía, pero él estaba ahí para registrarse como hombre lobo, tal y como el Ministerio lo pedía para obtener los beneficios laborales. Siempre dijo que no lo haría, que era peligroso, pero esas últimas semanas habían sido difíciles. A pesar de sus calificaciones y EXTASIS, no había encontrado un trabajo estable y no podía seguir viviendo de sus amigos.
El folleto del Ministerio hablaba de la posibilidad de ayudas para encontrar trabajo y él ya estaba desesperado.
— ¿Puedes hacer aparecer un vaso y darme agua? — le escuchó decir a Hermione.
Remus movió su varita e hizo aparecer una simple copa y con Aguamenti la rellenó de agua para luego entregársela en la mano. Vio como Hermione tomaba con dificultad y sintió que quizá debía insistirle en ir a San Mungos, pero decidió que no debía insistir más. Ella había dejado claro que no quería ir a un hospital.
— ¿Quién es Tom Riddle? — preguntó Remus.
— Es mi manera de que Albus Dumbledore me escuche.
— ¿Quién eres tú?
Hermione iba a responderle que no podía responder nada más, pero justo en ese instante una luz apareció apareció entre ellos y por arte de magia un Mago en una túnica lila con destellos plateados se apareció en el lugar.
Habían pasado años desde que había visto a Albus Dumbledore por última vez y los últimos meses había estado tan dañado por la maldición de su mano, que Hermione casi no podía asociarlo con el hombre que estaba frente a ella. Su barba blanca no era tan larga como la recordaba, tenía menos arrugas y se veía jovial, como si fuera a jugar una broma en cualquier momento.
— Oh, el viejo túnel de Henrick Gurk, muchos años sin estar aquí, debo admitir que había olvidado su existencia — comentó el director como si nada — buenos días, señor Lupin y usted debe ser…
— Hermione — respondió la bruja — Hermione Granger.
Remus vio cómo el director de Hogwarts fruncía el ceño y miraba con atención a la bruja. No se veía enojado, ni juzgándola, pero podía sentir el tremendo interés. Él nunca había escuchado el nombre Hermione más que en libros y Granger no parecía ser un apellido conocido en el mundo mágico, aun así parecía que había llamado la atención de Albus Dumbledore.
— Hermione Granger — repitió el gran mago acercándose a la bruja — solo conozco a una Hermione Granger, habré visto su existencia en septiembre del año pasado.
— Es decir que estamos en 1980 — dijo Hermione más para sí misma que para los dos magos que estaban en el túnel.
— Veintitrés de Julio de 1980.
Una locura de historia, ¿habían visto alguna historia de viaje en el tiempo en esta fecha? Me gustaría encontrar alguna, por si conocen. Siempre pillo las que Hermione termina viajando a la época de Hogwarts de los Merodeadores y solo una vez me encontré una en que viajaba a su tercer año, pero me gustaría leer más.
¿Que esperan que pase? Estoy muy ansiosa. no he parado de escribir y espero pronto subir nuevos capítulos en el resto de las historias.
Simona
