Darkfic one-shot.

Aunque gustes de otras publicaciones, no tienes porque leer esta, contiene temas sobre el suicidio y otros abusos.

Sugerencia musical:

Drunk on Shadows - HIM

The Heartless - HIM

Song or Suicide - HIM

Asleep - The Smiths


Teen Titans no me pertenece.


Mariposa

Aún era de madrugada cuando despertó. Como siempre y desde mucho tiempo atrás sabía que él estaba ahí, sentía el peso de su cuerpo al lado hundiendo la cama, alejado de ella, y al voltear distinguió su ancha espalda desnuda. Y cómo siempre, ni siquiera se enteró de cuando llegó. Observó los pequeños lunares de sus omóplatos como puntos negros que apenas resaltaban en la penumbra, las líneas que se marcaban en su piel descubierta y el cabello castaño oscuro que cubría su nuca. Podía distinguir el reflejo de su tranquilo rostro en el espejo largo que estaba en la pared frente a él, a un lado de la puerta. Justo así con sus rasgos relajados parecía un buen hombre y daba la impresión de ser cariñoso, como el gentil esposo de una película romántica; como la descripción que ella daba a quién quiera que le preguntara por su matrimonio y qué él se encargaba de reforzar al acercarse con una cálida sonrisa, mientras la abrazaba por los hombros y besaba su cabello. También ella lo creía por un momento. Hizo un intento por recordar como solía verse su expresión de enamorado cuando la pretendía con obsequios, un tiempo después de que le fuera presentado en una inesperada cita doble como el mejor amigo del "hombre perfecto" y galán de su hermana (antes de saber que ese muchacho nunca podría llegar a concretarse como su cuñado), cuando ella misma ignoraba el arduo esfuerzo que conllevaba la buena imagen de una ama de casa y creía que la vida en matrimonio con él sería un enamoramiento eterno, o por lo menos, algo mejor que la fría relación que sus padres llamaban matrimonio. En aquel entonces eran más jóvenes, ella era más ingenua y él había interpretado magistralmente el papel de pretendiente. Y aunque recordaba todas aquellas citas y visitas no llego a recordar su semblante de admirador. Tal vez porque nunca existió tal cosa y justo como hacía un momento atrás, habría sido parte de una visión ilusoria, fantasías con las que se había engañado sola.

Apartó sus divagaciones, se incorporó y notó que su albornoz estaba abierto y desatado, y al sentarse en la orilla de la cama observo sus pantaletas en el suelo. De antemano sabía lo que había ocurrido y algo muy dentro de ella se retorció de vergüenza al percatarse de la sensación pegostiosa entre sus muslos y las manchas secas de la sabana. Apenas se afligía cavilando con zozobra en aquello, las amargas críticas de su hermana llegaban como un regaño: "¡Tendría que ser más vergonzoso no cumplir con tu deber de esposa! En lugar de lamentarte deberías estar agradecida con tu marido, por todo lo que te ha concedido y lo poco que te toca dar. Algo que es tu obligación". Tuvo ganas de llorar, pero se reprendió a sí misma, avergonzada por darle cabida a esos sentimientos, o más bien a los sentimientos en general. Era mejor así, no se enteraba de nada ni tenía que aguantar despierta y en silencio el desagrado, el asco y la aversión mientras ocurriera el acto. Reprimió la desazón con la barbilla levantada y la frente en alto, y de una vez por todas se puso en pie para comenzar su día.

Escogió cuidadosamente la ropa que iba a llevar, tenía reunión del Comité de eventos escolares y debía verse perfecta. En palabras de Cameron, su deber era ser la precisa personificación de una madre y esposa por excelencia. Después de darse un baño se vistió con una falda azul marino a la cintura, apenas por encima de la rodilla, medias del mismo tono de su piel, una blusa blanca con escote en v con un encaje que tapaba buena parte de la abertura y un saco que terminaba dónde iniciaba la falda, con la que hacía juego. Regreso a la habitación y encendió la pequeña lámpara frente al tocador, que se encontraba a contra esquina de la cama, para maquillarse, cuidando de usar tonos de sombras que no llamasen la atención, con el labial mate que solo le confería un poco de color a sus labios. Se peinó el cabello hacía el lado izquierdo, recogiéndoselo en un moño. De su joyería eligió unas pequeñas arracadas y el collar de oro blanco que venía con un dije de mariposa cuyas alas eran ensortijados filigranas con pequeñas piedras blancas engastadas en ellas; a Cameron le encantaba engañar a la gente diciendo que la circonita de las alas eran diamantes, tan cierto como su felicidad, pero había aprendido a no contradecirlo en público ni en privado. Al ver la mariposa en su cuello, recordó con nostalgia que ambas mentiras fueron verdaderas alguna vez. A veces pensaba que su vida era igual que esos brillantes, nada más que una superchería. Volvió su atención a su arreglo personal solo para colocarse la joya más pesada e importante, su anillo. Después de calzarse los zapatos blancos de punta redonda y tacón cuadrado, fue hasta el espejo de cuerpo completo que había en el baño para asegurarse que ella misma estaba impecable y presentable. Erguida con los hombros rígidos el reflejo de su mirada triste le devolvía una inspección con escrutinio. Ni uno solo de sus cabellos estaba fuera de su lugar, el conjunto azul que llevaba puesto combinaba y resaltaba el azul cielo de sus ojos, marcaba muy ligeramente la armonía de las curvas de su cuerpo e iba perfecto con el tono de su piel. Clase, elegancia y belleza. "Un recipiente ostentoso pero vano, carente de voluntad y alma. Eres lo mismo que un adorno". De nuevo, como otras veces había sucedido, habló una voz dentro de su cabeza. Trataba de no prestarle atención y casi siempre lo lograba, pero el eco de la verdad solía acompañarla el resto del día. Trato de no ahondar en la sensación de vacío. Parpadeo tres veces, respiró profundamente, se levantó y fue a comenzar con sus labores.

Bajo a la cocina, se puso el delantal encima, preparó su bebida mañanera, y más tranquila elaboró con esmeró el desayuno de la familia y el almuerzo para su hija. Más de una hora pasó para que Cameron entrara con pasos silenciosos mientras Katherine terminaba de poner la mesa.

— Buenos días - Saludó con voz dulce.

No sé había percatado que estaba detrás de ella, tan cerca que pudo sentir que respiraba el aroma de su cabello.

— Buenos días. - Respondió, conteniéndose para no encoger los hombros ni estremecerse.

Él se alejó un poco, observándola y esperando. Al terminar de servir la comida se quitó el delantal y con cuidado lo colgó en su sitio.

— ¿Por qué te has arreglado así? - Preguntó al ver su vestimenta.

— Hoy es la reunión de Consejo, Cameron. - Le recordó un poco abstraída, mientras llevaba los utensilios sucios al lavabo.

— Querido. - Pronunció con lentitud, como si buscase la sílaba tónica.

Katherine se detuvo, sintió un escalofrío y volteó hacía él enfocándose en su barbilla.

— Querido. - Repitió evitando mirarlo a los ojos.

Cuando vio que sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa ella suspiro y prosiguió con su tarea.

— Yo creo que el vestido gris es bastante presentable. - Comentó amablemente la sugerencia, Cameron prefería que ella no llamara la atención si no era exclusivamente cuando él lo deseaba.

Ya lo había usado un par de veces. El color le iba menos, el cuello alto y el corte más ancho y recto le daba un aire severo que la hacía ver como si llevase el uniforme de alguna correccional. Usarlo por tercera vez provocaría que Joselyn iniciara algún rumor sobre "ir corta de dinero" que en algún momento llegaría a oídos de su marido y este se molestaría con ella por no prever aquello, al dejarlo en el papel de tacaño o mal proveedor. Pero poniendo las cosas en la balanza, era más fácil que comprendiera que solo eran habladurías de una futura divorciada a qué pudiera comprender que aquel acto no tenía como propósito ser un comportamiento desafiante.

— Tienes razón. - Se giró nuevamente frente a él, con la mirada baja. — Voy a cambiarme después del desayuno. - Se apresuró a decir.

— No. - Le cortó las intenciones. — Se te hará tarde. - Dijo ligeramente irritado, acariciando su mejilla.

— Entonces puedo cambiarme ahora...

— He dicho que no. - Reitero con cierta molestia, bajando la mano. — Debes desayunar con nosotros. - Explicó despacio y con calma.

— Sí, querido. - Accedió apenada mientras él besaba su frente.

— ¡Buenos días papito! - Kate, su hija, hizo su entrada saludando con un beso en la mejilla y un abrazo a su padre. — Hola mamá. - Levantó una mano con desgana, mientras le echaba una mirada.

Aun así, como siempre, Katherine sonrió débilmente, esperando un abrazo o un beso que no llegó. Cameron apartó la silla de cada una, como todo un caballero, y cuando él mismo se sentó desayunaron juntos en silencio.

Kate apenas probó una fracción de la comida, cuando declaró haber terminado, y sin pedir permiso, se levantó y subió por sus cosas. Katherine suspiro. A veces Kate le recordaba mucho a su hermana, siempre haciendo lo que le daba la gana. Solo tenía que señalar algo con el dedo para obtenerlo, pero a escondidas de sus padres, porque eran obsequios de quienes querían su atención. ¡Ojalá hubiera conseguido aquello último que deseó con su vida!

El sonido de la silla de Cameron interrumpió sus recuerdos. Ella también se levantó y camino detrás de él hacía la sala. Kate bajo con la mochila en un hombro y se despidió de su padre. Katherine lo siguió hasta la puerta y antes de irse, su esposo la atrajo hacia él y la beso. La mujer solo se quedó quieta esperando a que acabase.

— Compórtate. - Advirtió.

Cameron se quedó ahí un momento hasta que su esposa le respondió con un "sí, querido".

Katherine regreso a la cocina para levantar los trastes sucios y guardar todo lo que su hija había dejado para dársela a la mujer que hacía la limpieza.

Al llegar la hora, Kate rodó los ojos con fastidio al descubrir que su madre viajaría con ella. Katherine se sentía ilusionada e hizo un intento por hablar con su hija.

— ¿Cómo va la escuela?

— Aburrida. - Respondió sin prestar atención.

Katherine junto las manos sobre su regazo y guardo silencio, nerviosa.

— ¿Has pensado en la carrera que te gustaría estudiar?

Kate hizo una mueca de desagrado.

— No necesito estudiar para ser modelo. - Repuso.

— Pero Kate, ¿y si no funciona? - Le cuestionó preocupada.

— ¡Mamá! - Exclamó indignada, tomando la pregunta como una crítica. — ¿No crees que soy lo suficientemente bonita? - Cuestionó sintiéndose herida.

— Kate, no quise decir eso. Es que la vida a veces no es... - Se tapó la boca con ambas manos y guardo silencio.

Ojalá alguien le hubiera hecho la misma advertencia.

Katherine respiro pero no pudo terminar de poner sus pensamientos en orden. Acunó la cara de su hija entre sus manos y la miró con ternura.

— ¡Ay Kate, desearía que fueras diferente! - Suspiro llena de tristeza vislumbrando el superficial, plástico y hueco futuro que le deparaba si continuaba con ese criterio. Deseando con todo su corazón que ella creciera diferente, que no fuera una pequeña niña de papi para que nunca se viera en su misma situación de dependencia.

El ceño de Kate se frunció y le devolvió una oscura mirada gélida, carente de empatía y llena de desprecio, al descubrir lástima en su tono, interpretando erróneamente que era lo que sentía por ella.

— Yo desearía que no fueras mi madre. - Contraatacó sin vacilar, con una frialdad sobrecogedora, y le satisfizo ver que apretaba los labios y que se le agolpaba la humedad en los ojos.

La madre sostuvo la respiración, miró hacia arriba y parpadeó tres veces. La mujer no dejo salir ni una sola gota de su dolor, y en lugar de darle una bofetada, beso su frente con todo el amor que era capaz de sentir. Luego soltó su rostro, acariciándola mientras alejaba sus manos, y dirigió su vista al suelo. Le siguió un silencio tenso e incómodo lo que restaba de trayecto.

~ εїз ~

La junta siempre se llevaba a cabo en la cafetería, y fue como todas las anteriores: una hora y media para presumir algo en remodelación, un descontento superficial, la adquisición de una propiedad, para mostrar algún brillante o ropa de diseñador o de críticas y cuchicheos sobre la situación familiar o económica de algunas personas destacables presentes y de otras que no formaban parte del Comité. Ella participaba en algunas pláticas, casi siempre escuchando y asintiendo, y cuando la atención se evocaba en ella, no había mucho que quisiera decir. En tales casos, casi siempre, Jocelyn la quitaba del foco, haciendo comentarios como que al tener la vida perfecta no había nada de lo que pudiera quejarse, o que no la escuchaban presumiendo para no hacer sentir mal a las demás. Katherine solo sonreía sin sentirse cómoda por esas suposiciones tan alejadas de su realidad. Entonces Emily cambiaba el tema, recordando el porqué de la junta, y le seguía el abucheó de Casandra que siempre llevaba un termo y comenzaba a ofrecer pequeños chorritos en los vasos de jugo del resto de las madres. Casi todas aceptaban, y aunque a Katherine le hubiera gustado unirse, se abstenía, sabía que era muy mala idea tomar más. En menos de media hora y con buen ánimo se ponían de acuerdo sobre la empresa que iban a contratar para la decoración, decidían el menú, la vestimenta permitida y el lugar que se iba a separar para llevar a cabo el siguiente evento, Jennifer se encargaría luego de informar sobre el presupuesto.

Entonces el grupo se dividía en dos, pero Katherine nunca encajaba en ningún lugar y solo se quedaba ahí como si fuera una sombra más, esperando a que Cecilia se hiciera visible y se disculpara primero para poder irse después. Hasta ese momento notó su ausencia, pero recorrió el lugar con la mirada solo para cerciorarse. Lisa se le acercó al notar su nerviosismo.

— ¿Te sientes bien, Katherine?

Tuvo un pequeño sobresalto cuando descubrió que estaba a su lado.

— Ssi. - Contestó insegura, nadie nunca le preguntaba eso.

— ¿Segura? - La observó con escepticismo.

— Es que no veo a Cecilia.

— ¡Ni la verás, querida! - Se burló Heather, que se había acercado en silencio.

Lisa la miró feo por el tono de su respuesta, pero podía más su curiosidad, ella tampoco se había percatado que hacía falta.

— ¿Está enferma de nuevo? - Preguntó pretendiendo poco interés.

A Heather le gustaba hacerse la interesante cuando sabía que tenía la atención ajena, mientras menos curiosidad se demostrará más rápido soltaba el chisme.

— ¡Ay no, está vez no está en el hospital! - Rechazo la fatal suposición con su habitual ligereza. — Se fue y se llevó a los niños. - Comentó emocionada, otras dos mujeres se habían unido a escucharla.

— O sea, ¿Christopher está en la cárcel? - Preguntó alguien en un susurro.

— No, tipo, solo lo dejo. - Aclaró.

— Pues que tonta, yo en su lugar le habría quitado hasta la risa con una demanda. - Opino alguien.

Katherine se alejó aún más inquieta. Si los rumores eran ciertos, sabía cómo iba a terminar aquello. No quería saber más del asunto, por lo que decidió comentar una excusa rápida y se marchó.

En su ausencia Zhīzhū se llevó la ropa del día anterior, las sábanas y las toallas, limpio los baños, quitó el polvo, restregó los pisos con desinfectante y comenzaba a preparar la comida. Al llegar, Katherine recorrió los baños para asegurarse que la palabra bordada del día quedase derecha e impoluta en el pliegue de en medio en las toallas de mano, reviso que los jabones, talladores, lociones y demás artículos de aseo y arreglo personal se encontrarán de la manera y en el orden correctos, movió de lugar los que no estaban en su sitio y acomodó los que hallo mal puestos. Luego fue a verificar que los cuadros no tuvieran polvo y estuvieran derechos. Siguió su camino hasta la sala y reordenó los cojines, continuo hacía el librero y tomo el libro azul celeste, entonces se sentó a leer por milésima vez el regalo de su madre.

La comida estuvo lista poco antes de que Kate volviera de la escuela, que al llegar atravesó el recibidor tan ligera como una brisa, subió a su habitación y bajó tan pronto tiró la mochila al abrir la puerta de su cuarto. Katherine ya la esperaba cuando entró a la cocina. La jovencita apenas probó la sopa, tomó cuatro bocados con su tenedor y se levantó.

— ¿A dónde vas, Kate? Apenas has comido - Cuestionó preocupada.

La chica ya estaba camino a su habitación, por lo que se dio la vuelta con pasotismo, aún seguía ofendida por la charla matutina.

— Mira mamá, ya sé que no te importa, pero si subo de peso no voy a poder hacer bien el pirouette y Verónica se llevará el papel, otra vez. - Respondió en un reproche.

Katherine guardo silencio, sabía lo importante que era el ballet para su hija, no quería herirla de nuevo. Kate desapareció después de que su madre asintiera. Zhīzhū levantó los platos, cuando tomo el de la chica le echó una mirada a su empleadora.

— Señora, ¿podría..?

— Claro, Zhīzhū. - Aceptó.

La mucama se llevó el plato para guardar la comida, lavó los trastes, saco las prendas de la secadora y las guardo, terminando así su turno.

Katherine aprovechó para verificar que las toallas de cuerpo estuvieran cuidadosamente dobladas y guardadas al lado de las sábanas en el armario correspondiente, que la camisa café estuviera colgada antes de la beige, entonces regreso a la cocina y acomodó la despensa. La señora Fang siempre desordenaba todo, como si las cosas nunca estuvieran en el mismo lugar, y cuando quiso explicarle el lugar de cada cosa, ella movió todo según su lógica. Aún sentía escalofríos recordando la reacción de Cameron.

Finalmente estaba todo en su sitio, por lo que se dio permiso para relajarse con soltura, y de la gaveta alta saco su pastillero rectangular y una botella que estaba al fondo, detrás de las bebidas de su marido. Sobre la barra, debajo de la gaveta, colocó la botella y, a un lado, dos pastillas en una servilleta y volvió a guardar la cajita. Preparó un vaso, vertió el licor, se metió una pastilla a la boca y le dio un sorbo. Kate, lista para ir a su clase, llegó justo en el momento exacto en que le daba un trago al vaso de cristal.

— Ya tengo edad para probarlo, ¿no crees? - Comentó como si fuera un nuevo sabor de helado. Si su madre lo tomaba todos los días, seguro sabía muy bien.

Escuchar aquello le hizo atragantarse y le provocó un ataque de tos.

— ¡No puedes tener todo lo que quieres! - La regañó desesperada en cuanto se recobró, dirigiéndole una mirada acusadora, a lo que Kitten rodó los ojos.

— Solo bromeaba. - Respondió con un tono de antipatía.

Estaba convencida de que sí podía tener todo lo que quería, solo tenía que esperar el momento adecuado para tomarlo. Se guardó en la mochila una botella de agua del refrigerador y una barrita de linaza con moras antes de ir al ensayo y audición.

Después de rellenar su vaso y tomar la otra pastilla para un dolor que no existía, Katherine subió a su habitación. Se cambió de ropa, guardo la joyería y se sentó en la cama, tomando de a poco la bebida. Habían pasado ocho minutos cuando comenzó a sentirse liviana por la sensación de relajación y alivió. Se sentía como si fuera una niña otra vez y hubiera tomado el jarabe para la tos, en aquel entonces y al igual que ahora, tan solo quería desconectarse y dormir, con suerte sin soñar nada. Pensamientos confusos sobre su hermana y Cecilia revoloteaban a su alrededor, pero aun así llegó a su mente la imagen de la fría e insensible mirada de su hija. Katherine se restregó con el dorso de la mano cuando sintió que una lágrima quería salir y luego cerró los ojos.

Kate consiguió el papel que quería pero estaba que le salía humo por los oídos, tan molesta que le rechinaban los dientes. ¡Su madre faltó a su audición! Sí, por supuesto que todos aplaudieron cuando la nombraron con el protagónico pero sus compañeras no habrían dejado pasar la oportunidad para comentarle que en su casa a nadie parecía importarle. Fue directamente a la habitación de sus padres y entró sin avisar. Su madre dormía tranquilamente en la cama, y eso la enfureció más. La movió con brusquedad del brazo sin conseguir despertarla por lo que desistió. Resopló con enojo, y se fue a su propio dormitorio. Ducharse la tranquilizó un poco, luego se cambió para dormir. Intento cerrar los ojos pero seguía fastidiada, después de varios intentos su cara se iluminó con una sonrisa al tener una idea. Bajó las escaleras a prisa y se ayudó con una silla para sacar la botella de su madre de la gaveta. Removió otras botellas —que sabía eran de su padre— para dejar el espacio libre y al momento de jalarla el pastillero cayó golpeándose con el filo de la barra para desparramar todo lo que había en su interior en el piso. No sabía de qué se trataba el contenido (ni tampoco le importaba averiguarlo), echó las pastillas en el orden que las fue levantando sin importar que algunos compartimientos tuvieran cuatro o seis y otros ninguna, solo volvió a subir a la silla para colocarlo ahí y terminar de bajar la botella. En ese momento escucho que la puerta principal se abría, dejó lo que estaba haciendo y ni lenta, tonta ni perezosa cerró la gaveta y arrastró la silla a su lugar lo más silenciosa y rápidamente como pudo.

— ¡Hola papi! - Saludo sonriente recargada en el respaldo del mueble.

— Kitten, cariño. - Saludo con un beso en su cabeza. — ¿Qué haces en la cocina a esta hora? - Cuestionó con una mezcla de cansancio y seriedad en su voz.

— Yo... ¡Es que ya nunca me deseas buenas noches! - Reprochó con tono cariñoso.

— ¡Oh, Kitten! - Suspiro al tiempo que le daba un abrazo.

Y así de fácil conseguía manipular a su padre.

Kate correspondió el abrazo y fingió un bostezo. — Buenas noches, papito. - Dijo y le beso la mejilla.

— Buenas noches, Kitten querida. - Repuso afectuoso.

Cuando la jovencita subió, Cameron acomodo la silla que se había quedado mal puesta, luego tomó un vaso de cristal pequeño y ancho, saco los hielos y abrió la gaveta. Una gruesa línea surcó su frente, sus ojos se entrecerraron y su peligrosa mirada se fijó en el caos de su interior, se contuvo de organizar nada y cerró la gaveta dando un portazo. Podía aguantar alguna mancha en el piso, el vaso que siempre se quedaba en el buró de su habitación, un cuadro torcido e incluso un cojín mal puesto (pero solo uno), más no podía tolerar ese descuidado desorden. Katherine sabía que repudiaba con todo su ser las vistas como esa. Y ese día ella se había empeñado en contradecirlo, en irse a pasear vestida para atraer la atención de otros, buscando la manera de hacerlo enojar a él. Él, que se había portado como un buen esposo al permitirle beber con regularidad y otorgarle un espacio para su vicio; a él, que aún después de traicionar su confianza había vuelto a aceptarla y rodearla de cosas bonitas y lujos inmerecidos. Sus ganas de whisky o vodka se habían esfumado, en cambio una sed diferente se hizo presente. La marca de la vena en su frente se desvaneció mientras se formaban pequeñas arruguitas en el contorno de sus ojos cuando sus labios se elevaron en una sonrisa torcida. Iba a corregir a Katherine antes de que volviera a tener la tonta idea de descarrilarse.

~ εїз ~

Abrió los ojos antes de que saliera el sol, incómoda. Cameron la había dejado boca abajo y sin albornoz. Seguro había tomado de más porque él sabía que le desagradaba enfrentarse a su propia desnudez y que no lograba descansar bien en esa posición. Intento volver a dormir, ignorando todo lo que pudo aquellas molestias en algunas zonas de su cuerpo, hasta que desistió ante su necesidad de limpieza.

Levantar su ropa interior del piso, lavarse el cuerpo para quitarse los residuos, vestir como una ama de casa de revista y bajar a preparar el desayuno era su rutina. Y no la hacía feliz. No importaba cuánto se esforzara en preparar ese sándwich con pan integral, jamón de pechuga de pavo, lechuga y queso feta o la ensalada de arándanos con espinaca baby, manzana, queso y nueces, sabía que lo encontraría intacto e inservible cuando su hija volviera a casa. Tampoco tenía mucho sentido preparar seis hotcakes, cinco huevos y seis tiras de tocino cuando se desperdiciaría dos de cada cosa porque Kate solo comería la porción de fruta picada con miel. Pero no tenía otra opción más que preparar todo si no quería hacer enfadar a Cameron. Solo le quedaba guardar la comida para Zhīzhū.

Antes de comenzar, tomó un vaso de cristal, le colocó un par de hielos y vertió en él el agua mineral que sacó del refrigerador. Por último, abrió la gaveta para terminar la preparación y poder tomar ese algo que la haría sentir mejor después de la desagradable noche. La mayoría de la gente necesitaba café para despertar y comenzar su día, ella necesitaba algo con que relajarse y lidiar con su realidad. Entonces vio las botellas mal puestas y los vellos de su nuca se erizaron mientras que la piel de los brazos se le puso chinita. "Se le habrán caído cuando las guardo", pensó. Pero su botella era la primera a la vista en aquella revoltura y al instante le llegó a la mente la imagen de Kate muy interesada en la bebida rosa. Un fuerte escalofrío la paralizó. La incómoda noche había sido tan solo el aviso del colmo, porque ya lo había disgustado con la vestimenta del día anterior. Tomó una, dos, cinco bocanadas de aire, respirando despacio por la nariz, exhalando por la boca y tragando saliva. Podía escuchar su corazón en la cabeza y a la par quería escuchar esos pensamientos que le decían "él no lo ha visto, no se ha dado cuenta. Seguro fue un accidente suyo". Saco las botellas y las coloco en la barra, tomó la suya con su mano temblorosa y con un chorro irregular la llenó hasta la línea imaginaria que sabía no debía rebasar a esa hora. Una a una acomodo las cosas con la etiqueta en el ángulo exacto que a él le gustaba ver. Continuó respirando. Dio un sorbo. Seguía escuchando su corazón. Dio otro sorbo. Volvió a respirar, con los nervios aún de punta, se terminó la bebida sin saborearla realmente y se puso a preparar los alimentos.

Todo estaba servido pero Cameron aun no bajaba. Kate llegó primero, silenciosa y sospechosamente distraída, e intento escabullirse cuando descubrió que su padre no se encontraba ahí.

Katherine alcanzó a verla antes de que saliera.

— Kate, ¿buscaste algo en la gaveta? - Preguntó con gravedad tratando de descartar lo que temía.

Guardo silencio un momento.

— ¡Pff! - Resopló. — ¡Claro que no mamá!

Reconoció su tono y su mueca. ¡Era tan descarado como querer lavarse las manos en agua bendita después de robar la limosna!

— ¡Kate...! - La tomó por los hombros mirándola a los ojos. Sabía que mentía.

Iba a reprenderla, y haría que le dijera a Cameron la verdad, que aquello era su culpa. Seguro que se inventaría cualquier excusa sobre el por qué decidió hurgar ahí, y sin importar cuan tonto sonará él iba a creerle a Kate. Siempre lo hacía.

— Buenos días, Katherine. - Dijo despacio en un tono neutro y frío.

La mujer soltó a su hija, sus ojos se abrieron del susto mientras sus labios se sellaron y se le iba el alma al suelo. Éste no le dio los buenos días como haría normalmente y supo que estaba en problemas. Kate, que vio el cambio de su madre, sonrió al verse librada.

— ¡Buenos días Kitten! - Tras decirlo besó su cabeza.

Apartó la silla de su hija para que tomara asiento y procedió a hacer lo mismo con la silla de su esposa. Cuando está se sentó sintió que acariciaba su mejilla de manera glacial, antes de poner la mano sobre su hombro y darle un apretón. La mujer mantuvo el ritmo de su respiración a consciencia y como mejor pudo. No quería empeorar más las cosas. Cuando Cameron ocupó su lugar, comenzó el desayuno. Katherine se mantuvo erguida y comió con normalidad, aunque por dentro sentía como se le revolvía el estómago, le temblaban las piernas y su instinto le gritaba que huyera, pero no fue capaz de despegar los ojos de la mesa. Como siempre, Kate terminó primero dejando casi todo. Sus padres se quedaron solos mientras subía por su mochila.

— Vas a esperarme despierta. - Advirtió con una voz muy tranquila que hizo estremecer a su esposa.

No era una pregunta ni necesitaba afirmar nada, aunque sus labios temblaron dispuesta a responder.

— Kate...

— Kitten.

De pronto se dio cuenta que si decía lo que en verdad había ocurrido, la responsabilidad recaería sobre ella. ¿Qué pensaría Cameron? Seguramente que representaba un peligroso interés, y cambiar las cosas de lugar iba a fastidiarlo por mucho tiempo. ¿Y si de paso decidía cortar la tentación de tajo? No quería volver a afrontar su realidad sin las pastillas o el alcohol.

El hombre se aclaró la garganta. Katherine trató de pensar rápido.

— No está comiendo bien. - Dijo con un hilito de voz.

Cameron asintió con un gesto severo, como si aquello fuera únicamente su culpa.

Cuando Kate bajó no le dijo nada y se despidió como siempre hacia. Katherine le siguió a la salida, se detuvo y sintió una mordida en su labio cuando Cameron la beso. Se quedó ahí parada, temblando, observando la puerta. De pronto la asalto la idea de que si se quedaba quieta de pie, a un lado de la entrada, se convertiría en un adorno y tal vez Cameron no la vería.

~ εїз ~

Reviso todo minuciosamente, como siempre, pero en un estado de turbación. Llegó la tarde y de pronto se halló comiendo con su hija que seguía sintiéndose desairada y se lo hizo saber. Katherine, distraída como estaba, no la escuchó en un principio.

— ¿Qué qué decías? - Preguntó apenada.

Al sentirse ignorada por su madre Kate explotó.

— ¡Nada! - Contesto y se supo de pie.

— ¡Kate! - Suplico.

— ¡Cómo si te importara! - Se quejó dolida antes de subir a su habitación.

Conociendo su hija, no iba a quererla cerca, y en ese momento, ella tampoco podía brindarle la atención que necesitaba. La vio marcharse a su clase de piano y le deseo suerte, recibiendo gesto de desagrado, y cuando volvió se fue a su cuarto, ignorándola. Katherine se sentía inútil e impotente.

Inevitablemente llegó la noche, y con ella su marido. Por esa vez no importaba el orden de nada, porque él fue directamente a sus aposentos, y esperaba que ella estuviera vestida como a él le gustaba.

Katherine estaba preparada. Guardo la botella debajo de su cama después de haberse tomado tres shots y aún temblaba. Se levantó de un brinco cuando la puerta se abrió y Cameron entró. Tras él, cerró con seguro, y con sus llaves entre las manos, busco una, la más pequeña. Se acercó a la cajonera que estaba del lado de su cama y abrió el último cajón, sacando algunos artículos que colocó sobre la cama y que a Katherine le daban asco.

— Ya sabes qué hacer. - Le dijo con una sonrisa malvada.

— Cameron,..

— Querido.

— No quie...

Acortó el espacio y la abrazo por la cintura pegándose a su cuerpo y haciéndole retroceder hasta la pared, apresándola. Cameron se llenó de gozo cuando sintió su cuerpo estremecerse, y sonrió pensando que toda aquella provocación era para llamar su atención. Entonces acercó su boca al oído de su esposa.

— No necesitabas hacerme enfadar. - Comentó con suavidad. — Solo tienes que pedirlo.

La mujer soltó un sollozo que pretendía ser un grito.

— Por favor... - Salió como un resuello.

— Justo así. - Decía complacido.

Katherine levantó sus temblorosas manos y las puso contra su pecho para ver si podía alejarlo, pero no solo no tuvo la fuerza, su propio cuerpo la traicionó abriendo las piernas. La mano en su espalda bajaba, obligándola a pegarse a él. Cerró los ojos, dejo de oponerse y limpió rápidamente sus lágrimas. Entonces respiró profundo.

~ Drunk on Shadows ~

Después de que Cameron se sintiera complacido, Katherine se sintió incapaz de dormir en el mismo lecho que él, pero estaba atrapada en sus brazos, sintiendo su respiración y tratando de ser silenciosa cuando se le escapaba alguna lágrima. Espero el momento adecuado para escabullirse, cuando estuvo segura que estaba en lo más profundo del sueño. Se incorporó muy suavemente, tomó aire y se apoyó de la orilla de la cama para ponerse en pie. Camino derrotada hasta el baño, dónde lo primero que la recibió fue su reflejo. Se veía como una vagabunda. La mujer frente a ella no tenía nada que ver con la mujer del día anterior, pero era exactamente la misma si uno miraba sus ojos. Un ánima desdichada y miserable, atrapada un cuerpo maltrecho y abatido, viviendo en un mundo despiadado y cruel. Apartó la vista. No podía verse sin sentir asco de sí misma.

Continuó su camino hasta la ducha, abrió la llave, dejó caer su cuerpo y se quedó ahí dándose permiso a sí misma para sollozar por un rato. Dejó correr el agua para no tener que limpiar sus lágrimas, con la esperanza de que la miseria y porquería que cubría su alma también se escurrieran por el drenaje. Y pasó mucho tiempo para que juntase la fuerza de voluntad necesaria para salir a cambiarse. Aunque ese día tenía permiso para descuidar su deber, su razón para no hacerlo era Kate, quería arreglar las cosas y hacerle saber que estaba ahí para ella.

Se puso el vestido beige de cuello alto con mangas largas, cuya falda suelta le llegaba a las rodillas. Uno de los favoritos de Cameron. Se peinó con lentitud frente al espejo de su tocador, cubrió a conciencia las ojeras evitando ver sus propios ojos y miro su reflejo, tan solo le faltaba poner una sonrisa en el rostro para disfrazar su desdicha. Tras ponerse unos zapatos negros de punta triangular y tacón bajo, camino con mucho cuidado, para no hacer ruido, hasta su cama y saco la botella y el vaso de shot que había escondido debajo. Cuando llego hasta la gaveta, la abrió para guardar su botella, pero antes tomo un shot para darse ánimos. Tomo otro, por si el primero fallaba.

Preparó el desayuno y el lonche, pero no supo en qué momento lo hizo, como si hubiera puesto su cuerpo en modo automático o las cosas se hubieran aparecido solas. Contempló la comida tratando de recordar el proceso. En ese momento, sin el saludo con el que avisaba su presencia, Cameron la abrazo por la espalda, y fue tal la sensación de repugnancia que no pudo evitar alzar las manos y encoger los hombros. Y se quedó quieta con los ojos muy abiertos, horrorizada por su propia respuesta involuntaria.

— Buenos días. - Le susurró al oído.

— Buenos días. - Respondió en voz baja y temblorosa, tratando de respirar despacio.

Katherine agradeció en breve la presencia de Kate, porque no le dio tiempo a Cameron para preguntar por la instintiva muestra de rechazo. Después pensaría en algo.

Durante el desayuno, Cameron mantuvo sus ojos de depredador puestos en su esposa, intrigado de su reacción e impresionado por verla ahí y no hecha un ovillo en la cama, cansada, como siempre ocurría después noches como la anterior. Al momento de besarla, antes de irse, ella retrocedió un poco. Y eso no le gusto en absoluto.

Katherine se sentó en la sala, decidida a hablar con Kate antes de que se fuera a clases, pero unos minutos después el cansancio, el alcohol y la falta de sueño la vencieron. Ya había regresado y se había vuelto a ir cuando despertó. Llamó al chófer para que la recogiera, y Katherine llegó antes de que terminara la clase.

Kate rodó los ojos cuando vio a su madre ahí. Una compañera no quiso dejar pasar la oportunidad y se burló, diciendo que había llegado tarde para verla audicionar.

— No te pedí que vinieras. - Le dijo enojada.

— Es que quiero pasar tiempo contigo. - Comento en voz baja y le sonrió.

— ¿Más? - Preguntó fastidiada y comenzó a caminar.

— ¡Apenas y nos vemos! - Objetó, sujetándola del hombro.

Kate comenzó a avergonzarse. Su madre estaba montándole una escena frente a las otras chicas.

— ¡Ya vámonos! - Le ordenó entre dientes, desesperada.

— Hija, por favor. - Katherine trato de conseguir que la viera a los ojos. — Quiero hablar, conocerte mejor.

— ¡Me estás avergonzando! - Susurro con urgencia.

— No quiero que solo seas la princesita de papá. - Confesó finalmente, llena de preocupación, intentando simular su voz trémula mientras la sujetaba de los hombros, esperando que ella pudiera comprender.

Entonces una lágrima se le escapó por el rabillo del ojo derecho, dejando un camino invisible de maquillaje estropeado que nadie hubiera notado.

— ¡Pero yo sí! - Explotó en una rabieta con las manos en puños y dando una patada al suelo. — ¡No quiero ser como tú! - Miró la lágrima que recorría su mejilla. — Tan patética y pusilánime. - Pronunció despacio, con asco y en voz baja.

— ¡Kate! - Jadeó. — ¡Soy tu madre! ¿Cómo puedes ser tan cruel? - Se quedó mirando el abismo en los azules ojos de Kate, intentando hallar un rastro, aunque fuera muy pequeño, de arrepentimiento.

— ¡Ay, mamá, no es para tanto! - La paró con un tono de reclamo sintiéndose incómoda, no por herirla, más bien por su repentina actitud de víctima. — Además, tú comenzaste. - Se justificó cruzada de brazos, con el ceño fruncido y la boca hecha un puchero.

Katherine se puso sería, saco un pañuelo de su bolso y con mucha delicadeza limpió aquel arrebato de su tristeza. Se levantó, tomó a su hija del brazo y caminó con la frente en alto, llena de clase. Kitten caminó a su lado satisfecha por conseguir lo que quería: acabar con el molesto sermón de su mamá, y la vergüenza pública. Ignoraba todo lo que sus palabras habían removido en su interior.

~ εїз ~

Kate seguía molesta, y subió a su habitación en cuanto llegaron. Katherine se quedó en la cocina preparándose una bebida, se sentó en la mesa para tomarsela. Se sentía aturdida y abrumada por las palabras de Kate. Por años había querido ignorar que se estaba convirtiendo en un monstruo, como su padre, como ella. Se dijo muchas veces que tan solo estaba mimada y que en cuánto creciera iba a comprender lo que era la empatía. Pero parecía que cada día se iba volviendo un poco más malvada y parecía disfrutarlo. Sabía que ella misma había contribuido cuando —deliberadamente, por orden y beneplácito de su esposo— la había dejado ser "la conciencia" de su prima siempre que hiciera algo equivocado, para ver si aquello le daba carácter a la hija de su hermana y la inspiraba a ponerse en forma. Cameron, generosamente aceptó acoger a la niña huérfana, ya que sus abuelos estaban muy mayores y cansados para criarla, y le dio un plazo de medio año para que Tara se acostumbrara a la ausencia de su madre, y se comportara cómo era debido. Pero a los poco meses ellos también se unieron a Helga, intoxicados por dióxido a causa de un descuido. Katherine, abrumada por la pena, no pudo seguir guiando a su sobrina y Cameron no quería tomar esas riendas, pero notaba con desagrado que la chica se estaba acostumbrado a los malos hábitos y no podía permitirle continuar así, haciéndoles pasar vergüenza frente a los demás por desentonar. Katherine intentó explicarle muchas veces que las pérdidas estaban afectandola mucho, como a ella, y más por ser una niña muy sensible, pero a su marido le irritaba su forma de ser, mientras que ella se veía reflejada a sí misma. Estaba mal que fuera tan desaliñada e insegura, cabizbaja y tartamuda, estaba mal que comiera tanto, estaba infinitamente mal que se echase a llorar cuando le decían esas verdades; porque las mujeres de su familia tenían que ser bonitas y educadas para conseguir matrimonios prósperos y perfectos, y acomodarse en una casa grande y bella con un jardín hermoso, y que todas esas cosas llenasen de envidia a cualquier otra mujer. Y que saber que alguien más deseaba estar en sus zapatos, aunque solo fuera por un momento, debía hacerle sentir feliz. Aunque después le invadiera una amargura sin fin al descubrir que nunca podría cambiar de lugar.

Volvió a servirse más cuando la invadió el remordimiento por abandonar a su sobrina.

La última vez que vio Tara, cuando regreso de su tratamiento, estaba tan delgada que le parecía que podía caerse de lo frágil que se veía, y reconoció la tristeza en sus ojos. Katherine no se sentía capaz de verla a la cara por la culpa que sentía, porque iban a enviarla lejos de nuevo. Cameron no la quería con ellos. Katherine se quedó callada en su lugar, con su mirada suplicante puesta en los ojos de su marido. Pero él no cedió ni suavizó su expresión y a Katherine no le quedó más que bajar la vista y limpiarse las lágrimas, aceptando la decisión de su esposo. Llena de tristeza tomo el bolígrafo y firmó en la línea correspondiente. La mañana antes de partir lejos, Tara quiso disculparse con su tía. En unas horas iría al aeropuerto y viajaría con su tío hasta quién sabe qué país. No quería marcharse sin ver a su tía Kathy, sin despedirse. La encontró en la cocina, buscando algo en una gaveta alta. Cuando le hablo no volteó, y pensó que seguía enojada con ella. Se arrojó hacía ella y le dio un abrazo. Con su cara oculta, le susurro que la amaba, porque no sabía cuándo volvería a verla. Katherine le habría respondido lo mismo si no se hubiera sentido tan culpable por enviarla lejos. Solo atino a devolver al abrazo con una mano, mientras acariciaba su cabello con la otra.

Por dentro las palabras de Kate resonaron con fuerza. Tenía razón, era patética y pusilánime, temerosa del mundo y de todos y sin Cameron no tendría nada. Sin Cameron no sería nadie. Y se preguntó por qué ella misma aún no había podido ser tan valiente como su hermana.

Le llegó el recuerdo de sus padres decepcionados y molestos con su hermana, criticándola por tomar aquella decisión que calificaron de estúpida, como si el cuerpo presente pudiera escucharlos para avergonzarse de sus acciones. En vida, Helga soporto las humillaciones y denigraciones de sus padres viviendo en aquella casa, las miradas, las habladurías y la exclusión de la gente del pueblo por cargar con un calificativo deshonroso con la inútil esperanza de ser un día cónyuge de aquel hombre que regresaba por temporadas, hasta que un día dejó de hacerlo. Katherine intentó hacerle ver que lo tenía todo para buscarse una vida feliz en otro sitio, con su hija. Y su hermana solo se reía con amargura. Ella no quería otra vida, tampoco quería a su hija, ni ser feliz. Solo quería aquello que no podía tener.

Katherine volvió a rellenar su vaso. ¡Ojalá hubiera podido cambiar de lugar con su hermana! Helga sería feliz complaciendo deseos retorcidos con tal de tener un flamante esposo, y ella habría huido, libre, feliz.

"Si Cecilia lo hizo, ¿por qué yo no?"

Katherine le dio un trago largo a su bebida, dejando que está la envalentonara. Porque, entre más lo pensaba, más creía que aún podía ser escapar y que estaba a tiempo para hacerle ver a Kate que debía cambiar. Pero para ello tendría que alejarse de Cameron una vez más.

Antes de subir a su habitación, relleno su vaso.

Esa noche se quedó sentada en la esquina de la cama esperando a Cameron y se levantó a encararlo cuando escucho la puerta abrirse.

— Me voy a ir, y me voy a llevar a Kate. - Declaró solemne en voz baja, totalmente ebria.

— ¿Qué estás diciendo? - Cuestionó con incredulidad, con una ceja levantada.

Frente a frente, se sintió pequeña y miserable.

— Me voy a ir. - Avisó con un hilo de voz, juntando toda su dignidad.

— Ah, ¿sí? – Se acercó a ella, esperando su respuesta.

— Cececilia lo hizo. - Se justificó pobremente.

Cameron sabía quién era Cecilia, pero no sabía de qué hablaba, y tampoco le importaba. Iba a terminar con cualquier estupidez que ella le hubiera dicho. Le iba a recordar a Katherine cuál era su lugar.

— ¿A dónde? ¿Con qué? - Preguntó divertido con una expresión de oscura curiosidad, porque sabía que no podría responder. — No tienes nada, ni a nadie, puedes preguntarle a Kitten si te quiere acompañar. — Sugirió a modo de burla mientras acariciaba su rostro con una mano. — Tampoco tienes a dónde ir. - Le recordó, viendo su labio temblar, con una maliciosa alegría contenida. — Todo lo que hay en esta casa me pertenece. Igual que tú. - Con la otra mano la hizo pegarse a su cuerpo. — Ya es momento para que despiertes de ese sueño absurdo, mi bella durmiente. - Finalizó con voz aterciopelada, antes de posar su boca en el cuello, disfrutando con placer.

Katherine abrió la boca y de ella solo salió un trémulo resuello mientras se le llenaban de lágrimas los ojos. Era cierto, no tenía amistades, ni familia ni sabía a dónde ir. Y aunque buscará la manera de separarse legalmente, no podría ofrecerle nada a Kate. Había firmado un acuerdo prenupcial para demostrar que lo que le importaba era amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separara. Cameron sabía en aquel entonces que ella lo amaba, y quería asegurarse que se quedaría a su lado aun cuando ya no lo quisiera más.

~ εїз ~

Ese día dejó que Cameron se llevara a Kate a desayunar. Ella se quedó hecha un ovillo en la cama, estaba agotada. No quería saber ya nada. Por mucho tiempo pensó que no existía. El dolor parecía ajeno, como si viera a alguien más sufrir, y el llanto sonaba como una voz lejana y desconocida.

Zhīzhū trató de abrir la habitación para hacer el quehacer, pero no pudo, entonces escuchó un sollozo. Pegó la oreja a la puerta, los lamentos eran apenas audibles. Se quedó parada un momento, algo le sentó muy mal, suspiro pesadamente y se alejó. Era lo único que podía hacer, no quería perder su trabajo.

Katherine bajo por la botella en la tarde cuando la alcanzó la realidad. Espero hasta después de que se fuera Zhīzhū, mientras Kate tomaba su clase de piano. Se entregó a beber con la llave puesta, sin los pequeños vasitos de shot ni tampoco con los que se preparaba la bebida en las rocas. Quería olvidar, quería no sentir, quería dormir y no soñar con nada. Se despegó de la botella cuando ya no pudo soportar la abrasante sensación del líquido quemando en su boca y garganta. Pero lo vivido no se iba. No podía borrar las sensaciones, ni la mirada, ni esa sonrisa que él le dedicó. Y de tanto recordar sin tregua esa perversa expresión de placer y deseo su mente finalmente revivió la noche que conoció a Cameron.

~ The Heartless ~

Aquella noche acompañó a su hermana al teatro, a un encuentro con su príncipe. El permiso lo había conseguido después de que sus padres vieran la bonita pulsera de plata y brillantes que él le regalo. Todo estaba decidido y su madre la iba a acompañar, pero Helga los convenció de que fuera Katherine su chaperona. Una vez metida en ese lío sin pedirlo, descubrió que el novio había llevado a un amigo. Katherine se escandalizó pero Helga consiguió hacerla guardar el secreto. El muchacho no le hablo ni siquiera para responder por cortesía a sus preguntas y la miraba con fastidio como si lo hubieran obligado a estar presente. El único momento en que se interesó por ella fue al finalizar la salida, cuando se dirigían al auto mientras caminaban detrás de Helga y su acompañante. Katherine dio un mal paso y se torció el tobillo, Cameron estaba suficientemente cerca para tratar de detenerla, pero simplemente la vio caer. Se agachó a su lado mientras soltaba un gemido adolorida, ella pensó que se había acercado para auxiliarla. La observó con detenimiento y ella supuso que lo hacía para determinar qué tan grave era su lesión. Ante su mueca de dolor, él le dedicó una sonrisa encantadora (que la acompaño en sus sueños aquella noche, hasta que estos se convirtieron en pesadillas), mientras le ayudaba a ponerse de pie, y ella creyó que era para hacerla sentir mejor. Recordó su intensa mirada cuando le deseó que se mejorará pronto. Era la misma mirada que había querido recordar la otra noche, cuando le regaló el primer dije de mariposa de alas de diamantes; era la misma mirada que le dedicó en su noche de bodas, y de la noche anterior, y de todas las noches malditas de asco y repulsión. Soltó un sollozo que salía de su alma desolada. No había manera en que sospechara todo aquello en aquel entonces, porque al día siguiente y los que vinieron después, él fue gentil, considerado, amable y correcto, y le obsequiaba lirios blancos mientras le expresaba con palabras cariñosas su deseo de convertirla en su mujer, pintándole una vida perfecta, y para ella sonaba muy diferente a la vida que le esperaba. Y con la ingenuidad de una niña, se creyó aquel cuento de hadas.

Su vivieron felices por siempre inicio y termino el mismo día de su boda. La tarde del día siguiente, angustiada, hablo con su madre, y ella habló con su padre y este la reprendió severamente por aquellas opiniones tan ingratas, recordándole que le habían educado para ser una señorita decente y aquello significaba obediencia a su marido desde el momento en que aceptó ser su mujer. Su madre le aconsejó dejar de ver el amor como un sentimiento, porque de amor no se vivía, y alabó la generosidad de su esposo y la prosperidad que trajo con él a sus vidas. El único ejemplo que tenía de una relación era la de sus padres, así que hizo caso a todo lo que le dijeron. Pero aun aceptando aquella luz sobre el asunto, y siguiendo los consejos de su progenitora para ser feliz haciendo feliz a Cameron, sus sentimientos de desdicha se fueron acrecentando conforme pasaba el tiempo. Nada pareció mejorar después moderar su risa, cuyo sonido irritaba a su esposo "por su agudeza", tampoco cuando se alejó de sus amistades porque ya no tenían su mismo estatus, ni cuando dejó de utilizar ropa de tirantes o con un poco de escote y sus faldas debían llegar a la rodilla porque de otra manera parecía que se estaba ofreciendo. La limpieza no era suficiente si no había orden, uno muy particular. Meses después de saberse embarazada se negó de golpe a aceptar esa realidad para su bebé, porque sabía que sería incapaz de comportarse de manera adecuada, y temía descubrir cómo iba a reaccionar Cameron ante algo que no podía controlar. Al día siguiente salió de casa con una maleta pequeña y la esperanza de una vida mejor puesta en su dije de mariposa; pero la salvación se convirtió en su condena después de que contactaran al dueño de la joya cuando intento venderla. Entonces la mariposa perdió sus alas de diamantes.

Cameron estaba enfurecido, nunca le iba a perdonar aquella traición, pero debido al estado de Katherine, fingió una calma que no sentía dispuesto a esperar para corregirla. De momento fueron suficientes las críticas de su familia, que por su despreciable comportamiento la hicieron sentir la peor mujer sobre la tierra y se sintió la peor de las madres al comprender que, pasado un tiempo, no tendría con que mantener a su bebé. Le hicieron darse cuenta de que nadie iba a poner un techo tan bonito sobre su cabeza como él había hecho, y que cualquier otro hombre ya la habría abandonado, porque eso se merecía. Para que no volvería a errar, su madre le regaló un libro escrito por la esposa perfecta (la autora estuvo bajo la supervisión y aprobación de su esposo, por supuesto), para que ella también fuera la mejor de las esposas. Se entregó a aquella biblia con la portada de un cielo y le prometió a Cameron que no volvería a intentar semejante estupidez. Lo único que le quedaba era hacer las cosas como mejor pudiera.

Durante la aparente calma, Cameron pensó con detenimiento lo que iba a hacer y decidió que era momento para llevarse a su mujer a un lugar dónde el ejemplo de su hermana no pudiera influenciarla, y no llegarán a escucharse las habladurías de su intento de huida. Lejos, en dónde no se relacionara con nadie más que con él, en dónde no conociera nada, en dónde no pudieran comprenderla y no tuviera otro lugar a dónde ir. Pero debía tener cuidado y hacerlo correctamente. Puso en marcha su plan, restringiendo y acortando las visitas familiares, disfrazando sus intenciones como una suerte de viaje, para que la gente se olvidará de su desobediencia e ingratitud. Katherine dudo porque le faltaba poco tiempo para aliviarse, pero siguió los consejos del bendito libro de su madre y no lo contradijo ni lo cuestionó, ni siquiera cuando puso la casa en venta. Ignoraba demasiado el mundo para advertir las señales. Y cuando se dio cuenta era demasiado tarde. No existía una sola salida que Cameron no vigilará.

~ εїз ~

Supo que había dormido todo el día cuando despertó por la tarde. Cameron había tenido la gentileza de acomodarla en su sitio; o más bien lo había hecho porque era el lugar correcto para copular. El vestido estaba en el piso, y su botella en el buró. Observó con tristeza que le quedaba poco vodka. Luego notó que le dolía la cabeza y lo mal que se sentía. No tenía ganas de levantarse, pero le daban náuseas saberse sucia, aunque también podrían ser náuseas de su propio malestar. Se incorporó y limpió sus lágrimas antes de entrar a la ducha.

Un poco más repuesta, Katherine decidió arreglar las cosas con Kate. Fue hasta su puerta y tocó sin recibir respuesta, así que se decidió a entrar. Necesitaba abrazarla y decirle que la amaba, que estaría ahí para verla alcanzar sus sueños o para consolarla si algo no salía bien. Era lo único que le quedaba para amar y necesitaba saber que todo valía la pena.

Kate estaba sentada en la cama, pero rápidamente se acostó y se echó las sábanas encima cuando vio a su madre entrar.

— Kate, hija. - Llamó preocupada sin recibir respuesta.

La culpa por el modo en que le había hablado se hizo presente. Y no le gustaba sentirse así, pero estaba segura de que tenía razón. Si no pensaba en algo pronto, su madre iba a acercarse para abrazarla, y esa sensación de vergüenza dentro de ella iba a crecer tanto que terminaría disculpándose. Pero ella no había cometido ningún error. Todo lo que dijo era cierto.

Katherine se sentó en la cama y acarició la espalda de su hija. ¿Cuando se había vuelto tan difícil decirle te amo a una hija? La mujer suspiro. Kate no iba a hablarle, y ella no quería equivocarse de nuevo. Entonces hizo lo único que se le ocurrió.

— Duerme querida Kate, y deja que mi cantar acompañe tus sueños... - Comenzó a cantarle la nana que inventó cuando era una bebé.

Escuchar la canción con la que su mamá solía arrullarla la hizo sentir terriblemente incómoda. Los ojos se le estaban llenando de lágrimas y es la hizo enfadar. Recurrió a lo que pensó era un truco que utilizaba su papá con la idea de parar a su madre, y se incorporó fingiéndose muy molesta.

— ¡Vete! - Ordenó.

— Kate, por favor... - Imploró.

Pero poco sabía la jovencita que aquello era un ruego desesperado, una última súplica para encontrar una razón por la cual aferrarse a la vida.

— No quiero verte nunca más. - Le dijo con esa mirada tranquila, despacio, con un tono de voz que a su madre le pareció aterradoramente familiar.

El nudo que se había hecho en la garganta de Katherine era tan doloroso que no le permitió hablar. Desolada, solo acertó a levantarse sin decir nada más, y salir de ese lugar.

Por su egoísmo y frialdad, Kate no le dejó ni un solo resquicio dónde albergar la menor duda. Nunca volvería a escuchar el final de su canción.

~ Song or Suicide ~

Después de salir de la habitación de su hija se apoyó en la puerta cerrada. Volvió a sollozar pensando en que todo volvería a la normalidad al día siguiente. Mañana volvería a arreglarse, a preparar el desayuno, a ser ignorada por Kate, a cerciorarse que nada estuviera fuera de su lugar antes de que Cameron volviera a casa y a tomar las pastillas para no enterarse de nada de lo que ocurriera después, pero lo sabría de todos modos. Deseaba volver a ser una niña otra vez, y descubrir que todo era un mal sueño. Abrió los ojos y respiro con desesperación, temblando. Quería decir que no a todo y a todos en voz alta. Pero no podría negarse, era su obligación. Pero ya no podía más.

Camino sin ser consiente de a dónde se dirigía, hasta que se detuvo en la cocina, justo frente a la gaveta. De pronto recordó que la botella estaba en su cuarto, bajo la cama. Sin embargo, tomar no sería suficiente para dormir el terror, necesitaba sus pastillas. Abrió el pastillero y se llevó una sorpresa al encontrarlas totalmente revueltas; le llevaría por lo menos diez minutos ordenarlas. Por un segundo sintió admiración por la hazaña de Cameron. Él, al que no le gustaba ninguna clase de desorden, debió costarle toda su fuerza de voluntad para dejar ese desastre y con ello recordarle por qué todo debía estar en su sitio. Se sentó en la mesa para volver a organizar cada cuadrito, echando todo en una servilleta. Primero apartó los antihistamínicos y los distribuyó en sus espacios, se quedó mirando detenidamente cuando le quedó el pequeño montón de analgésicos con el asomo de una idea que, cuando terminó de organizar la medicina, se le presentó como una revelación. Supo que sería tan perfecto que Cameron no podría quejarse. Ella tomaría con pasión el papel de la bella durmiente solo que, comprometida con su actuación, no despertaría jamás. El beso que más anhelaba ya no era el de su amor verdadero, sino el de la muerte.

~Asleep~

Se miró al espejo, llevaba el vestido gris, el cabello suelto pero peinado y su dije de mariposa, y estaba dudando si era la decisión correcta. Había bebido demasiado esos días, tal vez su juicio estaba nublado. ¿Sería capaz de abandonar la vida? Los ojos se le llenaron de lágrimas que no pudo contener, soltó un suspiro y cerró los ojos con fuerza sintiendo sus lágrimas hacerse camino. "¿Cuál vida?" Se cuestionó. Por un momento se detuvo a pensar en su madre. Estaba muy segura de que reprobaría su comportamiento como lo hizo con el de su hermana, pero no todos tenían la suerte de perecer con decoro por azares de la vida y evitar así el destino familiar (aunque ignoraba que aquel accidente fue a propósito). Podía verla revolcándose en su tumba, indignada por el coraje, pero seguro lo haría disimuladamente y en silencio, para no interrumpir el descanso de los otros difuntos y evitar convertirse en la comidilla de los gusanos más chismosos. Soltó una risa amarga y le acompaño una lágrima ante el desliz de libertad de su imaginación. Con la punta de su dedo escogió el contenido de varios compartimientos, juntándolo en la palma de su mano. No iba a cometer errores, no iba a intentar nada, porque iba a hacerlo bien. No la iban a encontrar desparramada en la escalera, ni mucho menos en medio de la cocina. No habría amenazas ni advertencias, cómo lo hiciera su abuela por años antes de respirar valentía y dejar un desastre con su cabeza en la oficina de su abuelo. Tampoco quería ser cursi y dramática como su hermana Helga, que emuló la muerte de Ophelia pero en su bañera, con algunas pequeñas flores flotando en el agua tratando de adornar su belleza muerta, enloquecida por el desprecio de sus padres y el rechazo de su príncipe de ensueño. Al mirarse en el espejo, por primera vez en muchos muchos años, reconoció un brillo en su mirada que se atrevía a llamar felicidad. Contempló las pastillas en su mano, y se decidió por ser valiente como lo fue su hermana, como lo fue su abuela. Y poseída por un irrefrenable deseo para encontrar su libertad se aferró a ese instante de lucidez, se echó todas las pastillas a la boca seguidas de un largo trago. Se dejó caer en la cama y sonrió. Se iba a ir, y lo haría como lo haría un poema que relata la efímera vida de un sueño triste. Porque se decía que la vida no era nada más que un sueño, y consideró que hasta ese día había estado viviendo una insomne pesadilla. Quizá, al cerrar los ojos podría soñar uno mejor, si es que existía.

Mientras le iba abandonando la consciencia, por una vez dejo su mente vagar libremente entre los vestigios del mar de sus recuerdos. El destino se había torcido en algún momento cuando nació, estaba segura de que ella debió ser su hermana. Ella misma le reprochó una vez por tener lo que ella tanto deseaba, cuando le confesó sus quejas, diciendo que complacer a Cameron en sus perversiones era lo mínimo que debía hacer, tan solo por llevar el título de esposa. Ahora más que nunca, deseaba haber sido su hermana, que Tara hubiera sido su propia hija o que Kate hubiera sido tan solo la mitad de lo cariñosa y sensible que era su sobrina, siquiera una vez. Se arrepentía y lamentaba profundamente no haberle dicho a su sobrina que la amaba antes de enviarla al internado por órdenes de Cameron, porque sabía que aquello lo había tramado su padre. Aquel día debió ser valiente, como lo estaba siendo en ese momento, debió negarse a firmar y no pudo. Pero tal vez había sido lo mejor. Quizá, lejos de ellos, Tara podía tener una oportunidad para ser mejor o para ser feliz. Dónde el egoísmo perverso disfrazado de amor no dañará y corrompiera su dulce forma de ser de una manera irreparable. Cerró sus ojos evocando aquella única muestra de afecto recibida en mucho tiempo, un abrazo que le confirió un poco de calidez a su corazón y que había logrado, por un momento, hacerla sentir amada.

Y con la sensación de ese último recuerdo se dejó abrazar por el frío, confortable y silencioso vacío.

~ εїз ~

Cuando Cameron se dio cuenta de lo que había hecho su mujer, le invadió la irá y se quedó él solo observando su inerte cuerpo durante toda la noche. ¡Se había ido! La malagradecida lo había dejado y al mismo tiempo se había quedado. Le dio en dónde más le dolía, porque por increíble que pareciera él la amaba, a su manera malsana y retorcida. Él le había dado todo lo que una mujer como ella podría desear, lujos, joyas, una casa e incluso un apellido. Había puesto una botella nueva porque era un hombre considerado. ¡Y así se lo pagaba! ¿Dónde había quedado su promesa? Su enojo fue tal que, a modo de venganza, le quitó su dije de mariposa. Quería que supiera que toda su maldita parafernalia había sido en vano y se lo habría gritado, si no fuera porque no iba a escucharlo y el escándalo despertaría a Kitten. ¿Cómo le iba a explicar aquello a su hija? Cameron miró con enojo el cuerpo de Katherine. Lo había conseguido, había desordenado su vida.

Por tercera vez llevó a su hija a desayunar, con el mismo pretexto de pasar tiempo de calidad, pero Kate noto que su padre estaba preocupado.

— ¿Estás bien, papito?

— Kitten, hay algo que debo decirte. - Anuncio con una voz apagada y suspiro. — Katherine, tu madre, se ha ido. - Entre más pronto lo supiera, más rápido volvería todo a su lugar.

Kitten se quedó pasmada con los ojos muy abiertos mirando a ningún lugar. Cameron se levantó y rodeo la mesa para abrazarla. Desde ese momento decidió que solo tenía padre y no quería perderlo también, así que iba a ser como él quería que fuera, su Kitten. En medio del silencio, derramó un par de lágrimas y luego las limpio con el dorso de su mano. Ella no iba a llorar, no iba a ser tan patética cómo para afligirse por alguien que no la quería. Kate se apartó, respiró y se miró a su padre con la barbilla en alto.

— Bueno, ¿y quién la necesita? - Preguntó tragándose el dolor, aparentando indiferencia.

Cameron observó a su hija, aunque en apariencia tenía los rasgos de su madre, veía mucho de él en ella, y sabía que estaba enojada, pero le sorprendía que no estuviera triste, porque incluso él estaba sufriendo.

— Es cómo dijiste. - Recordó una parte de su charla en el desayuno del día anterior. — En el mundo la gente ordena u obedece, triunfa o fracasa, ofende o es ofendida. Toma o pierde. - Una lágrima más quiso salir. — No podemos detenernos solo porque mamá nos abandonó, porque no éramos como ella quería. - Con la palma de su mano, barrio la gota que recorría su mejilla. — Si ella no es como nosotros, entonces nosotros no seamos como ella. - Razonó.

Cameron asintió sin aclarar nada. Si Kitten iba a molestarse con alguien que lo hiciera directamente con Katherine era lo más justo.

En cuanto su hija entró a clases, Cameron volvió a su casa. Despacho a la señora Fang y llamó a un médico amigo suyo y éste extendió una orden para una autopsia arreglada. Por la tarde se determinó la causa de su muerte y le siguió el papeleo para incinerar el cuerpo. No hubo velación, Katherine solo tenía dos familiares y decidió no avisar a ninguno, pero tuvo que llamar al padre de su sobrina para que legalmente se hiciera cargo. Mientras la cremaban, su perverso y mezquino corazón se ablando un poco, pero era tarde para cambiar las cosas, ya no podía decirle a su hija lo que habían hecho.

Cuando le entregaron las cenizas pidió la urna más bonita, sin ver. Era de un azul brillante, con una elegante franja dorada cuyas molduras garigoleadas se veían interrumpidas en el centro. Se le torció la boca al verlo. Él esperaba algún recipiente negro o gris, pero por una vez decidió darle gusto a su esposa.

Antes de llegar a casa compro un pedestal de base cuadrada que abría paso a un pilar cilíndrico con las típicas molduras de hendiduras alrededor y que terminaban en medio de sus cuatro caras con un pequeño angelito feliz y sonriente, rodeados de nubes en las esquinas y liso en la superficie. Lo colocó a un lado de la puerta de su habitación y sobre este puso la urna, como si de un exquisito jarrón decorativo se tratase. Se sentó en la cama y lo observó por mucho rato, abismado en la pena y el enojo, sin decidirse aún si se sentía afligido o aliviado. Una idea paso por su mente, lo hizo levantarse para caminar directamente a la urna, y de su bolsillo saco el dije de mariposa. Con cuidado lo coloco justo en medio del garigoleado. Tuvo el asomo de una sonrisa. Ya no había manera en que Katherine se fuera de su lado.

~ εїз ~

Por la noche, Kate no lograba dormir. Se suponía que el amor de una madre debía ser incondicional, pero Katherine le había dejado muy claro que no era la hija que ella hubiera deseado y por eso se había ido. Y le dolía.

Sintió que estaba llorando, y se levantó a lavarse la cara. Cuando se vio en el espejo se preguntó: ¿Quién más quería que fuera? ¿Su prima, Tara? Y aquello tenía todo el sentido del mundo. Tara iba a dónde fuera su madre, buscando siempre su aprobación y su cariño. Y con enojo se dijo que irse de su vida era lo único bueno que había hecho por ella.

Volvió a la cama, pero seguía sin poder dormir. Entonces bajo.

Todo se sentía vacío y diferente, de pronto el color avellana de la sala de estar no tenía sentido y la decoración parecía la de una casa de ensueño, de esas que no se deben tocar. Comprendió que nadie arreglaría el cuadro torcido, ni tampoco los cojines volverían a tener orden. Nadie iba a reprenderla de nuevo ni a sermonearla para que se portase mejor o para que intentase mostrar simpatía. Nadie iba a volver a decirle para que tenía edad y para qué no. Nadie le iba a decir que no podría cumplir sus sueños. Pero sobretodo, nadie le diría absolutamente nada si abría la gaveta y probaba el contenido rosa de la botella. Y eso hizo.


Importante:

* Si te has sentido identificado(a) de alguna manera y/o te has deprimido, busca ayuda. *

* Si estas en una relación que te haga sentir parecido en algo, amiga, amigo, ahí no es. Te mereces algo mejor. Mucho mejor. *

* Nunca mezclen sus medicamentos con alcohol. Esto es ficción, en la vida real no funciona así, nada más te vas a joder y podrías quedar menso. *

* Está NO es mi opinión sobre el suicidio. Lo considero, casi siempre, una solución equivocada y permanente para afrontar problemas pasajeros. Si lo tienes en mente, habla con alguien de suma confianza o busca ayuda, normalmente hay líneas de apoyo para cada país. *

Tal vez me estoy leyendo algo ridícula con las notas, pero este es un tema serio. Nunca sabré si quien lee necesite saber esas cosas.


Notas simples y de referencia:

* Al momento de subir otro capítulo los personajes serán editados quedando el principal, si está en la lista de caracteres elegibles, o como OC.

* El estatus se quedará como "complete", pero continuaré agregando contenido.

* Ofelia muere por ahogamiento en un lago o río, acusada de cometer suicidio debido a su locura, en la obra Hamlet.

* En mi país comidilla se refiere a ser la razón de un chisme o dar de qué hablar, además de sonar como comida en diminutivo. Sí, ese primo que tu tía jura que es "muuuy estudioso", pero pone puras publicaciones de memes cricosos es la comidilla ;)

* Drunk on Shadows esta presente en todo el fic.

* La otra versión de "The Heartless 666 ways to love: Prologue" me encanta más que la oficial, es más agresiva y apasionada. Por cierto en la versión oficial el minuto 2:17 parece sonar solo la pista acompañada por un efecto de tierra o ruido blanco (que en realidad es una voz), pero es parte de esta versión min 2:50 a 3:20.

𖤐 ¡Feliz cumpleaños Ville Hermanni Valo! 𖤐

Patrocinador extraoficial y especial de la inspiración para muchas cosas.

Tonterías: The heartless era la idea, y al no tener un final feliz, se le unió como una continuación esa imagen que aún no logró dibujar de Drunk on shadows (convirtiéndose en el alma), por esa historia que me ha contado por años sobre alguien abandonada de sí misma, que ha perdido el amor, acogida por un sufrimiento que no se ha buscado y que ha decidido, por el bien de terceros, sobrellevarlo en ebriedad más intoxicada por el oscuro entorno que por el alcohol, añorando una lejana visión de felicidad. La poética brevedad y gran elocuencia de Song or suicide definió el final, y la inesperada pero acertada Asleep se coló, siempre la pensé para acompañar a Kitten durante la reverberación de un delirio místico por las ausencias, en presencia de su proveedor y todo cambio durante la marcha. Ojalá algún día no tan remoto pueda explicarlo mejor.

He pensado mucho para decidirme a publicar esto, porque era desviar la atención de la trama principal y no me atrevía a sonar tan deprimente, pero después de tanto tiempo y ahí trabajando el fic principal, finalmente me pudo demasiado haber pensado estos contextos en torno a personajes secundarios para dejarlos perderse en el aire. Sí, se abordará un poco de ello en algún capítulo cuándo logré ponerlo en orden, pero no tan extensamente, sino como menciones o por encima. Tuve un dolor de cabeza para ponerle título. Pensé en otros nombres que simbólicamente le venían bien (y de hecho todos están dentro del relato), y al final llegó como una segunda epifanía y a pocas horas de subirlo. Tenía todo el sentido del mundo así como que tenía que ser el primero, no solo porque me falta ese algo especial (y mucho), para añadir a los otros.

Por último, cuídense y pasen tiempo sus seres queridos, porque si hay algo que ayuda es eso, convivir y estar ahí, y no precisamente vestir de amarillo para la foto.

¡Chau!