Declaración: Rurouni Kenshin y sus personajes no me pertenecen. Esto es de fan para fans sin fines de lucro.
Rosa de los vientos
Acto unico.
Un día como cualquier otro en el dojo Kamiya, Kenshin como siempre había sido el primero en levantarse dispuesto a preparar el desayuno, con toda certeza de que la comida sería sólo para dos personas. Yahiko se había estado quedando esos días en el akabeko, con la excusa de que le sería más fácil estar trabajando con Tae de ese modo. Kaoru aseguraba que solo lo hacía para estar más tiempo cerca de la pequeña Tsubame, pero él sabía que el pequeño estudiante lo hacía con la intención de darles más tiempo a solas, y así el reservado espadachín se decidiera a confesarle con formalidad sus sentimientos a la instructora de Kenjutsu. El chico se había aparecido por ahí por la tarde ocasionalmente y, "sutilmente", había intentado enterarse si se habían cumplido sus expectativas.
Lamentaba haberlo decepcionado. Aunque él no se lo dijera; sabía que el chico lo admiraba demasiado como para decirle algo así. Pero la verdad era que él no sabía cómo hacer tal cosa. No tenía experiencia alguna en ese tema. Con Tomoe se lo habían sugerido como una manera de escapar y mantenerse seguros, y él simplemente le había sugerido que podría ser real y no sólo como parte de una estrategia. Así, sin decir nada más, había comenzado su corta vida de casado y jamás se había vuelto a tocar el tema, simplemente había seguido cada quien con su papel. Pero ahora…
Kenshin Himura no era el hombre más culto de Japón, pero tenía astucia y sabía captar lo que sucedía a su alrededor. Desde que decidió hospedarse en el dojo aceptando la invitación de la joven que vivía ahí sola, pudo sumar dos más dos e imaginar lo que la gente murmuraba a sus espaldas. Suficientemente manchada estaba la reputación de la joven como para tomarse las cosas muy a la ligera.
No, Kamiya Kaoru merecía alguien que la cortejara adecuadamente. ¿Pero por donde debía comenzar? ¿Debía invitarla a salir, o simplemente pedirle que aceptara ser su esposa? Nada le parecía suficientemente bueno. Después de todo, ella ya le había dicho que quería estar siempre a su lado, él había respondido que su hogar estaba ahí, con ella, pero de eso ya habían pasado algunos meses y no sabía si lo recordaría después de todo lo sucedido con Enishi.
Terminó de colocar el recipiente con el arroz todavía humeante, dos pequeños pocillos, dos tazas y la olla del té en la bandeja y se dispuso a llevar todo a la mesa del comedor.
Enishi… ¿cómo estaría él? Sólo esperaba que bien. Él en ningún momento deseó que quien fuera su cuñado, viviera en desdicha. Deseaba que fuera feliz para que Tomoe pudiera estar tranquila y, porque suficiente había tenido con lo que él mismo le había hecho pasar. Con suerte encontraría en su camino a alguien como Kaoru, que pudiera guiarlo como lo habían guiado a él. Kaoru había sido, desde que se conocieron, aquella luz que necesitaba en su largo y oscuro camino. Y hablando de ello…
— buenos días, Kenshin. —Kaoru esperaba sentada ante la pequeña mesa, mientras él se sentaba frente a ella comenzando a poner el arroz en un pequeño tazón, al tiempo que escuchaba el estómago de la joven kendoka, gruñir como si no hubiera recibido alimento alguno en días, y mirándola ruborizarse hasta ponerse del color de las flores bordadas en su kimono— lo siento.
— No se preocupe. Disculpe la tardanza, estaba algo… Distraído. —dijo entregando su plato y tomando otro para colocar su propia porción.
— ¿distraído? —preguntó antes de tomar un bocado— ¿con qué?
— Oro... —soltó al darse cuenta de que había hablado de más— en Yahiko. —salvado!
— Ah, sí… También lo echo de menos. Se siente un poco más callado sin él molestando alrededor. Aunque a veces fuera demasiado lejos con sus insultos. —dejó de comer al recordar cómo a veces su confianza en sí misma mermaba ante los comentarios de su estudiante, a pesar de saber que en el fondo no deseaba herirla.
Terminaron el desayuno entre pláticas sobre temas triviales del día a día. Kaoru agradeció la comida, se dirigió a su habitación para luego salir con su bokken y el resto de sus cosas al hombro. Se despidió como solía y partió a algún dojo cercano.
Kenshin suspiró con pesar, sabiendo que no escucharía su voz hasta entrada la tarde. Disfrutaba verla entrenar, y como hombre sabía que, seguramente, muchos de los estudiantes a su alrededor pensaban lo mismo.
Terminó de limpiar la mesa y la cocina y se dirigió a lavar la ropa…
Yahiko le había comentado algunas de las cosas que murmuraban entre ellos, y no le agradaba en lo más mínimo. No era que estuviera celoso, Kaoru era bella, hábil, alegre, dulce y llena de cualidades, era lógico que los demás se fijaran en ella, no los culpaba. Pero murmurar obscenidades a su espalda, era algo que Kaoru no se merecía.
Terminó de colgar al sol la ropa limpia y se dispuso a preparar el almuerzo…
Además, sabía que no se atrevían a llegar más lejos que eso debido a su presencia en el dojo y a que, alguna vez (a regañadientes) la había acompañado a sus clases, como resultado de su incesante insistencia. De haber estado él ahí, una mirada habría sido más que suficiente, aunque tampoco quería causarle problemas a la joven. Y por su parte, estaba seguro de que ella no haría nada que los motivara a actuar. Desde hacía ya algún tiempo, Kenshin estaba seguro de que Kaoru lo quería lo suficiente como para ir tras él hasta Kyoto sabiendo que corría peligro, solo para que se mantuvieran juntos.
Un tiempo atrás, debido al caos reinante en su vida, Kenshin habría considerado cederle la oportunidad a alguno de esos muchachos, si él consideraba que era digno de ella, claro. Pero luego se convencía a sí mismo de que cualquiera que tuviera sentimientos sinceros por la joven, y renunciara a ellos por temor a su persona, simplemente no valía la pena. Sobre todo porque si tuvieran el valor, se darían cuenta de que él no resultaba tan amenazante en realidad. Tanto así que se habría hecho a un lado gustoso para que Kaoru fuera feliz con alguien mejor que él. Así que un hombre así jamás podría protegerla de todo. Hasta entonces, a eso se dedicaría él… Al menos así había sido hasta llegar ese momento que no pudo prever y que si le preguntaban, tampoco sabría responder exactamente cuándo fue, pero se había dado cuenta de lo enamorado que estaba de ella. Se había convencido de que nadie podía protegerla mejor que él, aunque en realidad había sido el causante de ponerla en riesgo algunas veces; ni tampoco podría nadie adorarla más que él mismo, aunque fuera en silencio.
Mientras divagaba sin darse cuenta, el tiempo pasó y la hora de que Kaoru volviera, llegó.
— Bienvenida a casa Kao… —se detuvo frente a ella, mirando el cuerpo que sostenía a duras penas, arrastrando una buena parte de él— ¿Qué sucedió? —se apresuró a ayudarla.
— Kenshin… Yo… venía de camino cuando lo encontré.
— ¿cómo? —no podía creer a quien tenía frente a sus ojos, pero se apresuró a ayudarlo, tender su cuerpo en el futón y revisar el estado en que se encontraba.
Nada grave al parecer.
Suspiró.
— No parece encontrarse grave —anunció a Kaoru al salir de la habitación, ella parecía notablemente preocupada— pida al doctor Gensai que lo revise para estar seguros.
Kaoru asintió, moviendo la cabeza.
…
Mientras el doctor Gensai lo revisaba, Kenshin preparaba el baño para Kaoru. Cuando estuvo listo fue él quien le hizo compañía al doctor que le confirmó que efectivamente, su estado no parecía grave a simple vista. Aunque sin duda algo fuera de lo común tendría que haberle pasado para llegar hasta ahí, y terminar perdiendo la consciencia.
— Solo presenta signos de agotamiento físico. No encontré ningún rastro de heridas físicas en su cuerpo. Debes procurar estar aquí cuando despierte, Himura, para confirmar si el estado de su mente está normal.
Kenshin asintió con una expresión de seriedad en su rostro. Agradeció a Gensai con una ligera reverencia y lo miró retirarse, para luego volver su vista al recién llegado.
¿Qué haría ahora con él?, Se preguntó.
Por lo pronto tenía que quedarse ahí para vigilarlo cuando recuperara la consciencia, averiguar el estado en que se encontraba su mente, y si seguía siendo el mismo Yukishiro Enishi al que vio retirarse acompañado por policías, notablemente decaído, que no representaba un peligro para ellos. No podía quitarle la vista de encima, especialmente porque no quería arriesgar a Kaoru de nuevo, por nada del mundo, porque sabía lo difícil que le sería seguir adelante si algo malo le sucediera.
Giró su vista hacia la puerta de papel corrediza, al notar una sombra que llegaba hasta ella.
— Kenshin… —llamó en voz baja— ¿Puedo pasar?
— Adelante. —respondió.
— Kenshin… ¿qué ha…? —entró a la habitación mientras dirigía su vista al joven que yacía aún inconsciente sobre el futón del pelirrojo— ¿qué te dijo Gensai?
— Está estable —dijo mientras la miraba acercarse a Enishi— pero no entiendo cómo es que…
— llegó hasta aquí. —completó ella.
La joven se arrodilló acercando su rostro al del joven de cabellos plateados, esperando encontrar alguna pista sobre lo que pudo haberle sucedido antes de encontrarlo fuera de su casa. Cuando de pronto, él abrió sus ojos, haciendo que ella diera un salto alejándose.
Kenshin de inmediato se posó delante de ella en un intento por protegerla de lo que fuera y miró con decisión a su ex cuñado que lo miraba frunciendo el ceño con extrañeza, como si no entendiera nada de lo que estaba pasando.
— ¿Quienes… son ustedes?
…
Habían pasado ya tres días y el recién llegado había permanecido pegado a Kaoru como un pequeño polluelo que sigue a su madre. Kenshin no podía evitar sentir inquietud.
…
— ¿Quienes… son ustedes?
Kenshin y Kaoru se miraron confundidos. Kaoru tomó ligeramente la manga del gi de Kenshin queriendo transmitirle apoyo.
— ¿Puedes decirnos tu nombre? —preguntó el pelirrojo.
— N… No.
…
Enishi había sido su cuñado. Él le arrebató a Tomoe, arruinando su vida. Sabía que en el fondo no era tan vil como alguna vez pensaron. Él mismo sabía lo que era tener la mente nublada y estar perdido en la vida. Él mismo también se había equivocado y cometido errores de los que siempre se arrepentiría, y él mismo había logrado cambiar y encontrar un nuevo camino. Sabía que solo necesitaba la guía correcta…
Camino a la cocina, se detuvo a mirar a Kaoru terminar de lavar y al fornido joven frente a ella, que ayudaba a escurrir y colgar la ropa limpia, con facilidad.
Pero esa guía no podía ser su tan preciada luz.
La situación era complicada. No quería perturbar más al joven de cabellos plateados. No se sentía amenazado, pues estaba completamente seguro de los sentimientos de Kaoru hacia él, y dudaba que estos pudieran cambiar. Aunque con certeza, él no podría más que aceptarlo si así fuera. Enishi en el fondo no era una mala persona, tenía aproximadamente la misma edad que ella, era astuto y fuerte, seguro podría sacar adelante el dojo y sería de más utilidad para Kaoru que él mismo… Y para él no era nada complicado suponer que su ex cuñado desarrollaría aquellos sentimientos hacia la joven. Quería ayudarlo, pero… ¿de qué manera? ¿Qué podía hacer en esa situación?
— Tomoe… —miró al cielo, esperando que alguien escuchara su silenciosa plegaria.
Continuó su camino, sintiéndose culpable por querer ayudar a quien había sido su cuñado, pero al mismo tiempo deseando volver a tenerlo lejos de él, y sobretodo, de ella.
…
— ¡¿Queee?! —soltó Yahiko al tiempo que apuntaba la figura que se apreciaba detrás de Kaoru recorriendo el pasillo, mientras sentía cada vello de su cuerpo erizarse— ¡¿qué hace él aquí?!
Kaoru alzó ambas manos frente a su rostro, pensando qué explicación darle. El joven aprendiz casi por instinto giró la vista hacia Kenshin, quien sólo respondió exhalando un profundo suspiro.
— Ven conmigo Yahiko, yo te lo explicaré. —dijo dándose vuelta hacia la cocina y comenzando a caminar. Kaoru suspiró aliviada.
— Está bien, yo iré a cambiarme para empezar con la lección, Yahiko. Te veré allá. —alzó la voz viendo como él se giraba hacia ella asintiendo para inmediatamente volver tras Kenshin. Ella se dio la vuelta también y rehízo sus pasos a la habitación. Al atravesar el umbral escuchó un paso fuerte y se giró a encararlo.
— Enishi, no… No puedes acompañarme aquí, solo espera ahí fuera. —dijo empujándolo fuera de su habitación— ¡y ni se te ocurra mirar hacia acá! —dijo cerrando con fuerza la puerta corrediza de madera, para luego mirar de reojo su sombra confirmando que sí se había girado. Lo escuchó dejarse caer sobre el piso de madera.
…
Mientras tanto Yahiko no podía dar crédito a lo que escuchaba.
— No lo entiendo Kenshin… ¿cómo habría podido pasarle algo así y por qué terminaría aquí? —Yahiko se tomó la barbilla pensativo— ¿y seguro que pueden estar así de tranquilos? ¿Qué tal si este es otro de sus planes de venganza?
— No lo creo, Yahiko. No lo siento así… Cuando lo vimos partir junto a la policía, su mirada era distinta, como quien pierde su camino, o su propósito en la vida. Ahora no siento que haya algo malo dentro de él, no siento esa furia ni locura de antes.
Yahiko lo miró atento. Kenshin era una de las personas que más admiraba en el mundo y en quien más confiaba. Si él lo decía con esa seguridad, todo estaría bien.
Suspiró aliviado.
— Bien, me iré antes de que ella venga a querer llevarme arrastrando.
Kenshin sonrió, orgulloso de ver como cada día el muchacho crecía más. Aunque con Kaoru, quizás no lo demostraría nunca.
…
La práctica transcurrió con tranquilidad. Incluso Kaoru felicitó a su estudiante por lo rápido que mejoraba cada vez.
— Y yo que pensé que te volverías lento y torpe por aprovechar el tiempo de las prácticas en la convivencia con Tsubame-chan —había dicho ella.
— bah, cállate busu. Eres tú quien debería ponerse las pilas con Kenshin, cada día te vuelves más y más vieja —terminó haciendo una mueca mientras le sacaba la lengua. Lo próximo que pudo sentir fue la punta de la shinai impactando en su rostro. —¡Ay! ¡Eso duele, fea! Deberías trabajar más en tu actitud. —terminó masajeando con suavidad su nariz. Eso probablemente iba a doler al día siguiente.
— ¿eh?
Notó a Kaoru mirando hacia la entrada e instantáneamente soltando su bokken y corriendo hacia el patio. Él la siguió de inmediato.
Al llegar a comedor Kenshin se mantenía de pie con la bandeja del almuerzo y Enishi se encontraba de pie frente a él, inmóvil, mirando fijamente el uno al otro.
Kaoru había notado su ausencia repentina y le preocupó que hubiera querido atacar a Kenshin de alguna manera. Al llegar hasta ellos, Kenshin sólo sonrió como siempre lo hacía. Les dijo que la comida estaba lista y colocó todo sobre la mesa, en el lugar que cada uno tomaría normalmente.
Kaoru soltó el aire que sin querer mantenía en sus pulmones durante lo que a ella le pareció una eternidad, miró a todos tomar su lugar y ella hizo lo propio. Lo próximo que notó era que Enishi se dejaba caer a su lado, muy cerca de ella.
— ¿eh? —lo miró sin saber qué hacer. También miró a Kenshin que comenzaba a comer acercando su plato a su rostro, sin poder notar alguna emoción en especial. Decidió no preocuparse por ello y dejarlo, después de todo aquello no le hacía daño a nadie. Comenzó a comer.
Yahiko miraba hacia un lado y al otro sin saber cómo reaccionar. Lo que no notó, fue que Kenshin entrecerró sus ojos dirigiendole una mirada de advertencia al de cabello plateado.
…
Esa noche se habían ido a dormir, Kaoru a su habitación y Kenshin temporalmente se quedaría acompañando (vigilando) a Enishi, al pendiente por cualquier emergencia que se presentara. Esa noche ninguno se atrevió a tomar un futon, durmieron apoyándose en la pared de cada lado contrario de la habitación, quedando frente a frente.
De pronto Kenshin escuchó como él se levantaba, pero no se movió. Abrió sus ojos escondiendo su mirada bajo el flequillo y lo vio salir de su habitación. Al correr la puerta, él se levantó con rapidez y espero a escuchar hacia dónde se dirigían sus pasos, aunque ya lo presentía.
Enishi estiró su mano con la intención de tocar el punto que le permitiría deslizar la puerta y abrirse paso al interior, pero una mano firme se lo impidió. Él miró su rostro confundido y molesto. El de cabello rojizo simplemente negó con un movimiento de su cabeza y una mirada firme, que él le regresó, sin intención alguna de ceder.
— Muévete —susurró lo suficientemente alto para que él lo escuchara, pero no tanto como para despertar a quien se encontraba dentro. Kenshin repitió su movimiento de cabeza.
— No lo haré.
El más alto hizo una mueca de disgusto y en un movimiento rápido, se dejó caer sobre el pasillo con la puerta a su espalda. Acción que por un momento descolocó al pelirrojo. Suspiró con pesadez y, resignandose, lo imitó, sentándose también cerca de él. No quedaba opción.
La mañana siguiente, ambos despertaron al mismo tiempo, al sentir el ruido proveniente de adentro. Enishi se levantó y caminó al pozo para lavar su cara, y Kenshin se apresuró a la cocina para preparar el desayuno.
El resto de la mañana transcurrió con relativa tranquilidad, sin mucha diferencia con el día anterior.
Desde el desayuno hasta ya bien entrada la tarde, Enishi permaneció sentado en el pasillo, mirando hacia el portón por donde Kaoru debía entrar dentro de no mucho tiempo más.
Kenshin no podía evitar sentirse inquieto, sabía que Enishi no era el mismo de antes, ya no sentía su odio ni su sed de venganza. Pero no podía sentirse tranquilo.
De pronto lo miró levantarse de su sitio con prisa y correr hacia la calle. Entrecerró de nuevo sus ojos. ¿Qué debía hacer? En eso recordó que había apartado su vista demasiado tiempo del fogón.
— Demonios… —pensó antes de correr a la cocina. Si llegaba a quemar el dojo, Kaoru sentiría la necesidad de trabajar más duro, lo que la tendría más tiempo lejos de él y eso era algo que no le agradaba mucho.
Escuchó los pasos de ambos en la entrada.
Mucho menos en esas circunstancias.
…
Unos minutos antes, Kaoru regresaba al dojo, mientras su mente divagaba por ahí…
Kaoru pensaba en como Kenshin la había consentido desde su llegada al dojo. De algún modo, cuando ella regresaba del trabajo siempre se encontraba con él dándole la bienvenida y anunciando que había preparado el baño y para cuando ella terminaba la llamaba a la mesa con todo listo para que comieran juntos. Tranquilamente se sentaba al centro y dejaba sitio a ambos lados de él para ella y Yahiko. Incluso sospechaba que él había hablado antes con su alumno, porque cuando el chico estaba por pasarse de la raya con sus insultos hacia ella, Kenshin solo le lanzaba una mirada o aclaraba su garganta y él repentinamente desistía, cambiaba el tema o simplemente se retiraba; curiosamente aquello sucedía en los días en que ella se sentía más decaída o con menos ánimos, así que secretamente, lo agradecía en gran medida. Prácticamente tenía todo lo que podría desear, ¿no? qué más podía pedir…
De pronto escuchó ruido detrás de ella y se detuvo, pero nada pasó. Siguió su camino con sus cavilaciones en mente.
Aun así…
— oye…
Kaoru se detuvo al sentir un cálido aliento sobre su oído, acompañado por una voz ronca.
Enishi dio un salto atrás al ver cómo ella giraba sorprendida, dispuesta a lanzar un golpe para defenderse. Él alzó sus manos frente a su rostro en un gesto de paz.
Kaoru suspiró.
— Me asustaste.
Él se acercó a ella lenta y tímidamente.
— Bueno, vamos, Kenshin debe estar esperando. —Kaoru se dio la vuelta y continuó su camino al dojo ante el descontento Enishi que sólo siguió sus pasos como había hecho ya algunas veces antes.
Aun así, por alguna razón, no se encontraba conforme con su vida. Habían pasado ya tres meses… tres meses en los que nada había cambiado, ¿por qué razón Kenshin seguía siendo el mismo de siempre? Después de todo lo que habían pasado juntos… ella prácticamente se había declarado y él le había respondido, ¿cierto? ¿por qué él se seguía comportando como si solo fueran compañeros de casa? él ya le había tomado de la mano un par de veces, la había estrechado hacia él y mantenido entre sus brazos en más de una ocasión… eso no era algo común… y sabía que Kenshin no era de los que iban por ahí provocando ese tipo de acercamientos con cualquier mujer, ya que podía asegurar que nunca hizo algo así con Megumi, a pesar de lo mucho que la doctora lo hubiera querido y lo intentará provocar casi constantemente… pero por alguna razón eso no era suficiente. Él nunca lo había dicho abiertamente, lo que tenían no era nada oficial, nada explícito. Y sabía que el pelirrojo era un hombre reservado pero… ¿es que era demasiado pedir?
Ahora se encontraba dándose un baño después de haber conseguido -quién sabe cómo- que Enishi la obedeciera y esperara fuera. Podría jurar que al salir lo encontraría ahí sentado junto a la puerta, o simplemente caería de espaldas al quitarle el respaldo al abrir.
Suspiró de nuevo.
No pudo evitar sentirse como una niña caprichosa, pero ella quería más de él, que todos supieran con toda certeza que ellos estarían por siempre juntos. Tener la libertad de correr a sus brazos siempre que quisiera, despertar a su lado, besar su rostro, hacerle caricias… Quería estar siempre más cerca de él que nadie más. No quería ser solo una compañera de casa. ¿Que debía hacer?
….
Esa tarde todos cenaban en silencio, incluido Yahiko, quien quiso supervisar de cerca la situación con aquel extraño que en su momento casi destruye todo lo bueno que había en su vida. Para su sorpresa, todo transcurrió con una tranquilidad casi increíble. Aunque cada uno de los presentes se notaba demasiado absorto en sus pensamientos. Tanto que de inicio a fin, no se escuchó una sola palabra.
— Bueno… —soltó el más joven— creo que yo me voy yendo. Si no lo hago Tsu… —se detuvo en seco al pensar lo que estaba por decir.
— Sí, no querrás preocupar a Tsubame-chan, descuida Yahiko. —Kaoru rió.
— Agh cállate fea, no me hagas empezar porque sabes que saldrás perdiendo.
— ¿¡Qué has dicho?! ¡Eres un mocoso malcriado! —comenzó recoger la manga derecha de su kimono con la mano izquierda.
Kenshin, como siempre sólo sonreía murmurando palabras pacíficas implorando que se tranquilizaran aunque sabía que eso nunca tenía el efecto que él deseaba.
— ¡Vamos, bruja, enséñame qué tienes, esta vez no podrás conmigo!
De pronto Enishi se levantó, imponiéndose entre ambos, como un roble, para el desconcierto de todos. Kenshin lo imitó, algo exaltado, pero no permitió que alguno de ellos lo notara. Aún así, estaba listo para cualquier contingencia.
Kaoru, con más dudas de las que hubiera imaginado, estiró su brazo lentamente, hasta tocar ligeramente el firme hombro del musculoso hombre, que sólo se giró a verla con una tierna expresión de duda en su rostro. Como un niño pequeño que cree que será reprendido por hacer algo que creyó correcto.
Como un perrito obediente, al segundo siguiente, él retomaba su asiento, dejándose caer sobre el cojín frente a la mesa para después seguir con su comida, como si nada acabara de pasar.
…
Kenshin ya tenía en mente un plan para esa noche…
Luego de acompañar a Yahiko a la puerta y que él le había dicho lo extraño que le parecía la actitud de su ex cuñado.
— "Yo no me preocuparia por Kaoru, Kenshin… Bueno, no porque él pueda hacerle daño…"
Kenshin sólo había asentido con su cabeza, comprendiendo a lo que se refería el joven espadachín.
— "No te preocupes, Yahiko. Ve con cuidado."
Y ahora, estando en su habitación en la misma posición que la noche anterior, pretendiendo estar dormido, cuando el bulto frente suyo se movió, saliendo de la habitación. Kenshin lo siguió en cuanto él avanzó un par de pasos, asomó su cabeza fuera de la puerta corrediza y lo miró entrar con cuidado en esa habitación. Entrecerrando sus ojos, salió con agilidad y, sigiloso, apoyó su oreja sobre la puerta. Al no escuchar sonido alguno, lentamente y con cuidado comenzó a correr la puerta, lo suficiente para no comprometer su visión, pero no tanta como para que lo descubrieran.
Enishi se había arrodillado junto a Kaoru, quien aún dormía recostada sobre su futón. Él lentamente acercaba su rostro al de ella.
Sobre el marco de la puerta, la mano de Kenshin comenzó a temblar ligeramente. No quería asustar a Kaoru, ni tampoco a Enishi, pero…
De pronto vio como el de cabello plateado era impulsado hacia la pared de la habitación, mientras Kaoru se incorporaba sobre su futón. Ambos la miraron desconcertados.
— ¿Qué haces? Te pedí que te quedaras en la otra habitación. —Kaoru mantenía su actitud firme y serena. Kenshin se sintió orgulloso.
Enishi la miró confundido. Agachó la mirada y se disculpó con voz tenue.
— Lo siento… Yo solo… No se…
Kaoru suspiró una vez más.
— No importa, solo vete a descansar. Sólo te advierto que cuando me asustan, me defiendo, y mis golpes son fuertes.
Ambos hombres sonrieron con ternura. Kenshin lentamente se disponía a cerrar la puerta y volver a su habitación, cuando vio que Enishi volvía a acercarse a Kaoru, esta vez tomando su mano con delicadeza y besándola con la rapidez suficiente para que ella no supiera cómo reaccionar.
Los ojos de kenshin se abrieron sin poderlo creer.
¡Él se acercaba más y más al rostro de ella!
Sólo pudo ver como juntaba sus labios con los de ella, fue tan solo un instante, pero él pudo alcanzar a verlo a pesar de la oscuridad de la habitación. Apretó con fuerza la madera de la puerta y terminó por desplazarla de un rápido y sigiloso movimiento. Lo que no pudo controlar fue la fuerza con la que impactó al cerrarse por completo.
Kaoru desvío la mirada, pero al no ver nada fuera, se lo atribuyó a su imaginación, o tal vez fuera su deseo de ver la figura de alguien detrás de su puerta.
Volvió la mirada a Enishi, que apretaba su mano ligeramente, y bajaba la mirada al suelo.
— perdón si te incomodé, pero… puedo ayudarte. Déjame hacerlo, yo… —él ahora sostenía la mano femenina entre las suyas— Yo siento…
— Espera…
Él la miró con desconcierto.
— Yo tampoco quiero hacerte daño. Puede que no recuerdes nada pero…
— Sé lo que piensas. —la detuvo ante su mirada incrédula.
— ¿cómo?
— Sé cómo te sientes. Te he visto. Pero él nunca va a poder darte lo que deseas. Pero yo…
— ¿Así que tú sí podrías? —Kaoru le dirigió una mirada fría, estaba herida. Justo hacía unos segundos él le había susurrado al oído que quería ayudarla y ella había considerado que podía haber algo de bondad en él— ¿así es como piensas ayudarme? No lo olvidaré, si es lo que estás pensando… No pienso rendirme y mucho menos podría nunca, siquiera tratar de reemplazarlo.
— ¿Y estás segura de que tu determinación puede durarte toda la vida?
Kaoru resopló frunciendo el ceño. Comenzaba a perder la paciencia.
— ¿Qué harás si te lo demuestro?
— ¿qué dices?
— Apostemos…
— Estás loco, jamás…
— Te lo demostraré. —la interrumpió antes de que se negara— Yo haré que te des cuenta que con él no tienes futuro. —miró el rostro de ella palidecer— y tú me darás una oportunidad.
Ella frunció el ceño sin convencerse ni por un segundo de aquello.
— Y si me equivoco, te daré lo que tanto quieres… Pero todos sabemos que eso no pasará. —terminó altivo, aparentando una actitud superior.
…
Kenshin no había dormido bien esa noche, pensando. Recordando lo que había visto en esa habitación. No había esperado eso, aunque entendía que Enishi después de estar ahí tanto tiempo desarrollara cualquier clase de sentimiento hacia ella, después de todo era totalmente comprensible, Kaoru era una mujer bella, dulce, alegre, divertida, cariñosa, tan llena de energía y de luz… De vida… Capaz de sacar de la oscuridad hasta el alma más perdida.
Sin mucho ánimo, comenzó a preparar el desayuno.
Pero, definitivamente, no esperaba que ella respondiera así. Por un momento había sentido el impulso de entrar y tirar de un empujón a quien fuera su cuñado, pero sabía que si ella llegaba a corresponderle, a sentirse atraída por el… Simplemente no podría hacer nada. Él deseaba verla feliz, por más que eso le partiera el corazón en mil pedazos. Después de todo, esa era la respuesta que había encontrado gracias a todo lo sucedido en el pasado, ¿no? Mientras tuviera vida, seguiría luchando, aunque perdiera lo que más amaba en el mundo, seguiría viviendo por aquellos que podían llegar a necesitar su ayuda.
De pronto sintió una presencia detrás suyo.
—¿qué sucede? —Se dio la vuelta para encararlo.
— Tú… —lo miró con decisión— ¿Qué es ella para ti? —lo miró con aquellos ojos afilados y decisión en su mirada.
— oro… —murmuró sin saber cómo responder.
— No importa. Eso está mejor. Así será más fácil quitartela. —terminando, salió de la cocina, tan pronto como había llegado.
La mirada de Kenshin se endureció, su corazón latiendo descontrolado.
…
Esa mañana el desayuno transcurrió tan silenciosamente como la cena del día anterior. Kaoru no sabía qué hacer, ni qué pensar, ni siquiera era consciente de dónde estaba parada, hacía todo por inercia. Estaba realmente aliviada de tener que salir a dar una clase, ya que eso definitivamente le ayudaría a despejarse.
Mientras tanto, Enishi pensaba satisfecho en que las cosas estaban resultando justo como quería. Podría no recordar cómo o por qué había llegado ahí, pero esa chica tenía algo que le atraía y por alguna razón estaba seguro de que lo que él quería, lo conseguía. Además, ese pelirrojo enano le producía una especial aversión, le molestaba su actitud aparentemente tranquila y pacífica cuando él podía sentir una fuerte energía corriendo en su interior. Sentía la forma sospechosa y desagradable en que lo miraba continuamente. Sabía que no lo quería ahí y sabía la razón. Y por lo mismo le frustraba que no hiciera nada al respecto. Definitivamente disfrutaría demasiado el restregarle su victoria en la cara.
Y Kenshin… simplemente no quería saber nada del mundo en esos momentos. Estaba molesto por la noche anterior y estaba molesto por lo de esa mañana. Solo quería estar a solas y pensar. Pensar en él, en ella, en su vida… Quería ignorar su rabia y mantener controladas sus emociones. Todo dependía de ella. Si Kaoru decidía quedarse con Enishi él debía respetarlo. Se tragaría sus sentimientos, lo aceptaría, le desearía lo mejor y se marcharía, dejándola al cuidado de Enishi. Después de todo, no podía quedarse ahí y ver como ella le entregaba todo su cariño… Su amor, sus caricias, sus besos, sus….
Sin darse cuenta mordió su lengua, soltando un aullido de dolor.
— ¡Kenshin! ¿Qué pasa? —preguntó Kaoru preocupada.
— Nada… —Palpó su mejilla con una mano, notando la ligera hinchazón— no es nada, ahora vengo. —se dirigió rápidamente a la cocina a buscar un paño húmedo.
…
Kaoru había salido con prisa al dojo maekawa, ya que al esperar que Kenshin saliera de la cocina, se le había hecho tarde.
Enishi había disimulado un rato que seguía tranquilo sentado a la mesa, pero luego de unos cuantos minutos, salió de la casa, muy probablemente para ir detrás de ella.
Kenshin seguía debatiendo consigo mismo… Confrontarla, ignorarlo, seguir allí, irse antes de que tener que escuchar aquellas palabras tan desagradables salir de sus finos y tersos labios rojos que tan bien tenía grabados en su memoria, al igual que cada parte de su cuerpo. Y era lógico, cada medianoche, como si su organismo lo supiera, despertaba sin poder volver a conciliar el sueño...
Caminaba por el pasillo y terminaba en la puerta de su habitación. Él sabía que ella estaba ahí dentro sana y salva, durmiendo tranquilamente, como solo una persona tan pura como ella podía hacerlo. Pero no podía contenerse, no podía evitar tomar la puerta corrediza de madera y deslizarla tan solo lo suficiente para admirarla mientras lo hacía. Ya que había llegado tan lejos, aprovechaba para admirar cada parte de ella, cada centímetro de su cuerpo. La forma en que su cabello se esparcía sobre las blancas sábanas, la forma en que las curvas de su cuerpo se delineaban bajo las mismas. Su rostro blanco iluminado por la tenue luz de la luna que se colaba por la abertura formada gracias a su presencia ahí. De pronto ansiaba que esa luz la bañara por completo, abrir sin reparos esa puerta y buscar ahí dentro mucho más de lo que le permitían admirar en ese momento sus pupilas violeta.
Se reprendió mentalmente por quedarse tan absorto en sus recuerdos. Si su cuerpo no estuviera tan acostumbrado a las labores diarias del dojo, seguramente podría bien haberse cortado un dedo y no lo habría podido prevenir hasta que la sangre saliera sin control.
…
Kaoru llegaba de su práctica, cuando nuevamente, Enishi la recibió. Ella retrocedió instintivamente.
— Debes dejar de hacer eso, un día terminaré por golpearte. —dijo más en tono de amenaza que de advertencia.
— No me importaría. —avanzó a ella luciendo una sonrisa traviesa, como un pequeño que planea su próxima travesura; y en un movimiento rápido, llevó un brazo rodeando su cintura, atrayéndola a su cuerpo y la besó antes de que pudiera decir pero. Un beso demandante, que a ella le erizó cada centímetro de su piel.
Unos segundos que para otros fue una eternidad después, ella alcanzó a reaccionar, justo en el momento en que Enishi luchaba por probar más a fondo su boca, intentando explorar con su lengua cada rincón de ella.
Kaoru, como pudo empujó unos centímetros el firme y fuerte pecho masculino con sus manos, y haciendo uso de su gran habilidad, le dio un rápido golpe con su espada de madera. Entró rápido a la casa mientras él se reponía del golpe. Se encontró a Kenshin en el comedor, sentado a la mesa con la cabeza gacha.
— Kenshin…
— Kaoru-dono… —interrumpió él. Parecía molesto— ya está listo el almuerzo. Yo…—se levantó sin mirarla a los ojos— Disculpe, pero iré a recostarme un rato.
Para Kaoru el gesto no pasó desapercibido.
— ¡Espera! —lo tomó por la manga del gi cuando él intentaba irse. Él se detuvo al instante— ¿qué te sucede? ¿qué tienes?
Él suspiró para calmarse y le dirigió una falsa sonrisa, de aquellas que Kaoru ya sabía distinguir. Las había visto en varias ocasiones
— No es nada, no se preocupe. —se giró de nuevo, decidido a continuar su camino, al tiempo que intentaba dominar sus ganas de golpear algo. Tenía que llegar a su habitación lo más pronto posible para que ella no se enterase de nada.
Kaoru explotó en un ataque de furia, como solo ella sabía hacer.
— ¡No es así! —gritó soltando de mala manera la tela que mantenía entre sus dedos— ¡Yo sé que te pasa algo pero sigues sin tener la confianza de decírmelo! ¡Yo no te he pedido que me hables de tu pasado, ni siquiera te he pedido que me digas nada de tu presente de lo que no quieras hablar!… Yo solo… —se contuvo al darse cuenta de que casi hablaba de más— He tratado de ser paciente y comprensiva, pero no puedo más… No puedo seguir tratando de adivinar lo que te ocurre cuando yo sé que no estás bien aunque lo niegues. Nos conocemos hace casi un año completo y te conozco lo suficiente como para que intentes engañarme. Puedo tolerar que no quieras hablar, pero no toleraré más que me mientas. —apretó sus puños tratando de contener las lágrimas que se acumulaban en sus ojos— Si es así cómo quieres hacer las cosas, está bien, sigue encerrandote en tu caparazón y no confíes en mí ni en nadie para sacarte de ahí. Haz lo que te dé la gana. —bajó la mirada al suelo sin poder controlar su voz y el gesto de su rostro que comenzaban a tomar la forma del llanto— Después de todo una pareja no puede funcionar sin comunic... —al subir de nuevo la mirada, se dio cuenta de que él la observaba fijamente, totalmente descolocado.
¿Había dicho en voz alta lo que creyó sólo haber pensado? Cubrió instintivamente su boca con sus manos y esta vez, fue ella quien huyó. Kenshin solo se quedó ahí de pie, sintiéndose perdido, cuando escuchó pasos acercándose.
— Vaya… —soltó orgulloso, sabiendo que el pelirrojo reconocería su voz sin tener que voltearse a mirar su gesto de victoria— Parece que será incluso más fácil de lo que pensé.
Kenshin apretó los puños y de inmediato se dirigió a la habitación de Kaoru con paso firme. Al llegar, tocó la puerta de madera dos veces y después simplemente la deslizó por completo. Normalmente le hubiera pedido permiso antes de hacerlo y hubiera esperado hasta obtenerlo directamente de ella, pero estaba molesto. Habían sido dos veces las que vio a Enishi tomar los labios de Kaoru y ella no había hecho nada por evitarlo. Sabía que Kaoru Kamiya no era el tipo de mujer sumisa que simplemente se dejaba hacer; él la conocía bien y sabía que ella podía ser de todo menos dócil con alguien que quisiera propasarse, así que la única razón que encontró para que aquello hubiera sucedido, fue que ella de alguna manera lo había aceptado, y el solo pensamiento le hizo hervir la sangre. Tenía que salir de dudas, y luego ya vería cómo proceder.
— Lo lamento, pero tengo que hablar con usted. —Kenshin la miró de rodillas sobre el tatami, de espaldas a él y dudó por un segundo en continuar con lo que tenía planeado.
— No quiero hablar ahora. Solo vete. —dijo fría y rígida como piedra, sin siquiera mirarlo, al tiempo que Kenshin sentía como si golpearan con fuerza su estómago, dejándolo sin aire por un breve instante.
— Lo siento… —se arrodilló a su lado y se giró para poder mirarla— lamento haber herido sus sentimientos. No desconfío de usted, ni mucho menos pretendo engañarla… Este hombre le está infinitamente agradecido por todo. Tanto que no podría expresarlo con palabras; y por esa razón… —alcanzó sus manos y las sostuvo entre las propias— es por eso que a veces me cuesta revelar mis pensamientos. Lamento mucho que eso la lastimara.
Kaoru seguía sin poder mirarlo. Tenía vergüenza, quería gritarle y zamarrearlo, quería llorar hasta sacar todas las lágrimas que se agrupaban entre sus ojos. Pero sobre todo, quería que él la estrechara con fuerza entre sus brazos, como lo hizo antes de irse a Kyoto la noche que ella no pudo reaccionar al presenciar su despedida.
— ¿Me dirás qué te pasa? —soltó una mano de su agarre, y con rapidez se limpió la mejilla derecha, donde había sentido correr una lágrima que se le escapó.
Kenshin llevó una mano hasta la mejilla izquierda de ella, limpiando el rastro de lágrimas. A pesar de no poder apreciarla con claridad, sabía que era algo que ella simplemente no podía frenar. Con delicadeza la hizo girar su rostro lentamente, ejerciendo la fuerza suficiente con la misma mano.
— ¿Recuerda… el día anterior a la llegada de Enishi al dojo, cuando hablamos de los demás y cómo cada uno tomaría su camino?
Kaoru asintió con un ligero movimiento de su cabeza.
— Lo que dijo aquél día… —volvió a poner ambas manos sobre la de ella, notando que desviaba la mirada— ¿no ha cambiado en estos últimos días, con la llegada de Enishi?
Kaoru se mantuvo unos cuantos segundos en shock.
— Si es así… quiero que sepa que yo… —el pelirrojo agachó la mirada— que siempre podrá contar con mi apoyo.
— ¿Qué quieres decir? —lo miró notablemente incómodo y sintió cómo la furia se extendía por su cuerpo como si su sangre fuera lava ardiente salida de un volcán en erupción. Lo empujó golpeando con toda su fuerza el pecho masculino, haciéndolo caer de espaldas al suelo. Pasado el temor inicial al comprobar que estaba bien y ver cómo comenzaba a frotar su cabeza entre los mechones rojizos, salió de ahí tan rápido como le permitieron sus piernas.
Tras soltar un gemido de dolor, Kenshin masajeó su cabello sobre su cráneo, pensando que aquella parte abultada, probablemente sería un chichón de tamaño considerable en unas horas. Al volver su vista a la habitación, notó que ella ya no estaba. Se levantó ágilmente y la buscó recorriendo toda la casa con desesperación, pero no pudo encontrarla.
Ni a ella… Ni a Enishi.
…
A varios metros de su casa, Kaoru se encontraba sentada sobre la verde hierba, abrazando sus rodillas flexionadas, mirando al río; cuando sintió una presencia posarse a su lado. Le dirigió una mirada y se movió instintivamente al lado contrario, casi de un salto.
— Te dije que dejaras de asustarme así o te golpearía. —dijo volviendo su mirada al río frente a ella.
— No lo hiciste. —él la imitó, tomando una posición cómoda al mantener una rodilla flexionada y estirar la otra pierna— ¿Ya has visto que no me equivoqué?
— Callate, sigo molesta contigo. —dijo sin mirarlo.
— ¿Entonces por qué es de él de quien te alejas?
— Porque es un tonto. Todos ustedes lo son.
— Solo lo dices porque no puedes admitir que yo tenía razón. Yo gané la apuesta.
— ¿De qué hablas? —se puso de pie molesta— ¡Yo nunca acepté nada! Y creo que lo dejé muy claro.
— Muy bien… —el de cabellos plateados le dirigió una mirada rápida y volvió a su posición sin demostrar emoción alguna— entonces puedes volver con el idiota de allá y tratar de desarrollar habilidades psíquicas para saber por qué y cuándo estará dudando de ti.
Kaoru bajó la mirada con coraje, recordando la pregunta que le había hecho Kenshin, y lo mucho que le había dolido que dudara de sus palabras cuando ella nunca lo hizo y pensó, que él ni siquiera tenía un motivo para hacerlo. Y si así fuera, ¿tan poco le importaba ella como para decirle que todo estaba bien? ¿Sería que en realidad eso era lo que él deseaba? ¿Por qué se había quedado con ella si realmente no la quería a su lado?
Apretó los puños y se giró con su espalda bien erguida, empezando a caminar hacia el dojo… al llegar a su habitación se encontró a Kenshin que caminaba nervioso de un lado a otro. La miró sorprendido cuando ella deslizó la puerta corrediza.
— Kaoru-dono…
Ella alzó una mano frente a su rostro evitando que él continuara; cerró sus ojos reuniendo toda la paciencia que pudo y exhaló un profundo suspiro.
— Kenshin… yo no puedo seguir así… —abrió sus ojos para mirarlo un instante, el mismo que le tomó darse cuenta de su error. Al ver su rostro desencajado, como ella nunca antes lo había visto, incluso había olvidado lo que estaba por decirle— yo… —desvió la mirada maldiciendo internamente. Malditas fueran esas pupilas violeta condenadamente bellas.
Kenshin sin poder contenerse más, tomó las manos femeninas entre las propias y agachó la mirada.
— De verdad lamento haber dudado de usted cuando lo único que me ha demostrado desde que llegué aquí, ha sido aprecio sincero… No debí sacar conclusiones, pero es lo que estoy acostumbrado a hacer… Aun así… —Levantó de nuevo la mirada hacia ella que lo miraba incrédula y sin hacer un solo movimiento. Parecía haberse congelado— aún así, usted tiene razón… estas cosas no… —Apretó con más fuerza sus manos— las parejas no funcionan así.
— Kenshin… —los ojos de Kaoru comenzaron a escocer.
— Kaoru-dono siempre ha sido honesta y ha demostrado abiertamente sus sentimientos. Eso me ha hecho muy feliz y ha sido mi fortaleza en más de una ocasión. Y en comparación yo… Sé que le he dado problemas y le he provocado inseguridad. Que no soy ni de cerca la mejor opción, y que he cometido muchos errores en mi vida. Soy un hombre marcado por su pasado y que no tiene mucha experiencia demostrando afecto. Pero entiendo lo que es querer hacer feliz a alguien y no tener la certeza de estarlo logrando y sin embargo… —soltó sus manos y con un rápido movimiento la estrechó entre sus brazos con fuerza, pudiendo sentir cada parte de su cuerpo haciendo contacto con el suyo— siempre he sido egoísta, disfrutando de lo mucho que me ha dado y no he sabido retribuirlo apropiadamente.
— no espero que hagas eso…
— es por eso que me ha sido fácil disfrutar de todas sus atenciones, sin preocuparme mucho por hacerle saber lo que yo pienso o siento.
— ¿Tú habrías querido que Tomoe-san te dijera sobre sus sentimientos?
— Supe sobre ellos al leer su diario. Pero pienso que, durante el tiempo que estuvimos juntos, habríamos podido entendernos mejor si hubiera sido así. Kaoru-dono… —se separó de ella lentamente y enmarcó su rostro con las manos— un hombre debe aprender de las experiencias que se le presentan en la vida… por eso debo intentar ser más expresivo con la persona con la que deseo poder pasar el resto de mi vida. No debería haber secretos ni dudas entre nosotros. Kaoru-d…
Kaoru puso una mano sobre los labios de Kenshin evitando que terminara la frase.
— ¿No podrías solo… dejarlo así? —dijo a escasos centímetros de su rostro, retirando la mano que mantenía sobre sus labios.
— Kaoru-d… —ella lo interrumpió con el mismo gesto de antes— Kaoru-d… —suspiró derrotado, esbozando una ligera sonrisa.
— Me temo que no es posible. —deslizó las manos recorriendo los brazos de ella en una suave caricia hasta llegar a sus manos, entrelazandolas con las propias y evitando que las usara contra él— Para este hombre, Kaoru-dono es un muy preciado tesoro. Por eso debo siempre tratarla como se merece.
Kaoru hizo un mohín de disconformidad.
— Pero tratas a los demás con la misma formalidad. —ella desvió la mirada de su rostro.
Él cerró los ojos y negó moviendo su cabeza.
— No es así… Kaoru-dono siempre ha sido una mujer especial a los ojos de este hombre. De lo contrario no habría aceptado quedarme aquí, aunque me lo hubiera pedido. Pero lamento no haber sido más claro con mis acciones. Así podría haberlo sabido desde antes, aunque… —se acercó con dolorosa lentitud a su oído y susurró, haciendo que el cuerpo de Kaoru se paralizara— hay una manera… —se alejó de ella y le dirigió una mirada traviesa— desde ese día, siempre ha habido una manera… Pero antes hay un asunto más importante del que me gustaría hablar.
Kenshin dirigió su mirada hacia el patio, que dejaba entrever la abertura de la puerta en la habitación y por sobre el cuerpo de Kaoru frente a él. Ella cayó en cuenta de a qué se refería con eso.
— ¡Enishi! —ella estuvo a punto de girarse para salir a buscarlo, o más bien para confirmar si se encontraba dentro de la casa. Pero la mano de Kenshin sosteniendo la suya se lo impidió.
— Lo he sentido hace un momento. Pero se ha ido. —miró la indecisión e incertidumbre en los azules ojos de Kaoru— Él debe encontrar su camino por sí mismo. Es algo en lo que no debemos inmiscuirnos. Además… —Se apartó ligeramente de ella y se cruzó de brazos, mirándola a los ojos con firmeza— no es eso de lo que quiero hablar.
Kaoru lo miró sin entender.
— ¿De qué se trata entonces?
Él entrecerró los ojos endureciendo ligeramente la mirada.
— Si dudé por un momento de las palabras que me dijo ese día… Fue por algo que vi.
Ella se cubrió los labios con la mano, intuyendo a qué se refería y de inmediato cambió su mirada a una de furia. Kenshin notó cómo sus cejas se juntaban y sus labios se apretaban y sintió un ligero escalofrío recorrerle la espalda, pero no lo demostró.
— ¡Eres un tonto Kenshin!
— Oro… —parpadeó sin dejar del todo su postura— pero Kaoru-dono, yo vi cómo… —terminó relajando los brazos a su costado al notar que ella recogía una manga del kimono con toda la intención de lanzar un golpe con el puño. Él sólo cerró los ojos resignandose a no esquivar lo que fuera que estuviera por llegar a él. Pero nunca pensó que sería aquello… Abrió los ojos y la miró con sorpresa en ellos.
Kaoru se había acercado a él cuando cerró los ojos, había dejado un delicado beso sobre sus labios y se había alejado tan pronto como se acercó. Para Kenshin el tiempo y el mundo entero se congeló a su alrededor. Kaoru lo miraba un poco temerosa y con un ligero rubor en sus mejillas. Para Kenshin, jamás se había visto más hermosa. La miró jugar con sus dedos y sonrió.
— Deberías confiar en mí… Tonto. —dijo bajando la mirada.
Él cerró los ojos y asintió.
— Sí. Lo siento… Pero entonces, ¿qué fue lo que pasó?
Kaoru sonrió de medio lado, preguntándose el por qué de la insistencia en ese tema. Cerró los ojos y se encogió de hombros.
— cuando llegué de las clases me tomó por sorpresa, aunque le había dicho que lo golpearía, así que no puede decir que no estaba advertido. No lo escuché quejarse como lo han hecho Yahiko o Sanosuke, pero sé que le dolió; después de todo, le di con mi bokken.
Kenshin ladeó la cabeza.
— ¿Y…?
— ¿Cómo que: "y"?
— Yo vi cuando Enishi entró en su habitación cuando vigilaba…
— ¡Él no me hizo nada entonces! ¿Pero a ti quien te dio permiso de husmear en "Mi" habitación? —la vena en la frente de Kaoru latió con furia.
— Ororo… Pues.. Este… verá… —sonrió nervioso, escudándose alzando las manos frente a él, mientras una gota de sudor frío resbalaba por su nuca— No… Yo no entré, yo solo vigilaba… desde fuera…
— ¿¡Qué!? ¿¡Tu me espiabas!?
A Kenshin le pareció notar un brillo asesino arder en la mirada de Kaoru.
— No, no… no es lo que cree… Es que yo… —suspiró con pesar— cuando Enishi se la llevó, todo pasó tan rápido… había estado a punto de detenerlo y por un breve instante en que me detuvieron, él se adelantó y sin importar cuán rápido quise llegar a él para impedirlo… No pude hacer nada. Él había dejado un cuerpo idéntico al suyo, anclado a la pared del dojo y marcado con una cicatriz. —delineó la cicatriz de su mejilla con el dedo— igual a esta. Así que cuando finalmente pude tenerla a mi lado de nuevo no pude evitar pensar que se trataba de otro sueño.
Kaoru lo miró con ternura mientras sus ojos se ponían vidriosos. Kenshin se acercó a ella y acarició su mejilla.
— El día que todos volvimos juntos de la isla, todos los demás decidieron seguir festejando…
— Y yo estaba tan cansada que preferí irme a dormir. —ella miró a Kenshin asintiendo con una mirada tierna en sus ojos.
— Yo esperé a que todos cayeran rendidos. También me sentía agotado y adolorido, pero no quería que me vieran o se preocuparan. Así que cuando todos dormían, sentí la necesidad de asegurarme de que estaba sana y salva en su habitación, durmiendo tranquilamente.
— Kenshin…
— Solo así he podido regresar cada noche a mi habitación y descansar.
Esta vez fue Kaoru quien tomó el rostro del pelirrojo entre sus manos. Él se sintió tan reconfortado que se atrevió a mover su cabeza lentamente hasta alcanzar aquellos finos labios rosados. En el momento en que hicieron contacto, el beso fue correspondido.
…
"¿habrías querido que Tomoe-san te dijera sobre sus sentimientos?"
Enishi se encontraba fuera de la habitación, a unos cuantos pasos de la puerta cuando escuchó su nombre.
Salió de ahí tan rápido como le permitieron sus piernas.
— Hermana…
Ahora se encontraba atravesando la ciudad de Tokio, decidido a visitar aquella tumba.
Cerró sus ojos y suspiró, realizando una plegaria silenciosa a aquella persona en base a quien había guiado su vida entera. No recordaba cuándo fue la última vez que pidió la guía y bendición de su amada hermana. Para esto, iría a verla a Kyoto y de ahí… Bueno, ya luego lo pensaría.
Mientras caminaba en dirección a las afueras de la ciudad, no pudo evitar envidiar la suerte del maldito idiota pelirrojo. Había podido tener a su hermana para él sólo durante un tiempo, había logrado que ella lo quisiera tanto como para entregarle su vida. Y no conforme con eso, había logrado encontrar a otra mujer tan sorprendente como para enfrentarse a él con valentía.
Enishi al tenerla frente por primera vez, pensó que tenía agallas. Era ingenua, sin duda… Pensar que podría enfrentarse a él llevando tan sólo una espada de madera… Era estúpidamente ingenua. Pero tenía agallas. Tanto, que incluso estando con él bajo el mismo techo, no se acobardó en ningún momento. Entonces pensó que no saldría de la habitación que había designado para ella, pero no. Incluso llegó a compartir un par de conversaciones con él. Con su captor. Sin mencionar que le había preparado la comida (horrorosa, por cierto) un par de veces. Pero ¿quién en su situación y en pleno uso de sus facultades, haría algo así? Y lo más importante, lo que más lo había impactado no era que ella amara tanto al estúpido battousai como para dar su vida por él, sino que al final, y en un gesto desinteresado, del que ella ya no podría sacar algún beneficio; le había entregado el diario en el que se encontraban los últimos pensamientos y experiencias de su querida hermana. Fue entonces que tuvo la sensación de que debía volver a verla. Pero claro, tal vez eso no le agradaría mucho a ella, ni a su estúpido guardián.
¿Cómo podía alguien tener tan buena fortuna?
¿Cómo podía alguien como Él tener la suerte de ser recompensado así, después de haber tenido un pasado tan turbio? Después de haber cometido crímenes como los que él cometió… ¿Sería demasiado pedirle a la vida, al destino o a quien fuera, que él tuviera un poco de esa suerte?
En el pasado había conocido personas que lo acogieron porque sintieron pena por él siendo un niño que no tenía a nadie. Pero él no quería compasión. Esas personas no llegarían a amarlo nunca como lo amó su hermana. Ni tampoco lograrían despertar en él un sentimiento siquiera similar al que lo unió a ella.
Pero esa chica… Kaoru Kamiya, sin duda no tenía todas las cualidades que había tenido Yukishiro Tomoe. Eran tan diferentes como el día y la noche. Pero… Probablemente, tenían un corazón semejante. Por eso ambas se habían enamorado de battousai Himura.
Y si battousai había cometido crímenes como él, y había causado muertes como él… ¿Sería posible que él llegara a encontrar a una persona tan especial, sorprendente y valiosa como ella?
Bueno… Lo primero era llegar a Kyoto.
…
Kenshin mantenía abrazada a Kaoru rodeando su cintura mientras su lengua saboreaba cada rincón de su boca. Cuánto había esperado él por un momento como ese… Cuánto lo había deseado y cuánto había luchado por él. Y desde ahora sabía que no iba a desaprovecharlo.
— Kaoru-dono… —se separó de ella y realizó con los labios un recorrido por el delicado rostro femenino, colocó su mano sosteniendo la barbilla femenina alzandola ligeramente, ladeó su cabeza y volvió a tomar sus labios.
— Kenshin… —Llamó cuando lo sintió besando su oreja y recorriendo su espalda con las manos— ¿cuál es la manera?
— Oro… —él detuvo su exploración al escucharla. Esbozó una media sonrisa en un gesto travieso— del mismo modo en que hizo que dejara de vagar. —depositó un beso en su cuello aspirando su aroma— basta con que desee algo —le susurró al oído— siempre procuraré cumplirlo. Así ha sido desde el inicio.
Kaoru recordó el día que Kenshin se había ido a pelear con Jin-e, cuando le prometió que volverían juntos a Tokyo, cuando la acompañaba a dar sus clases o a hacer las compras, y como siempre que ella le pedía algo, él se lo concedía y entendió, que Kenshin no sólo cumplía sus promesas, sino también los deseos que llegaba a expresarle. Sonrió y besó de nuevo sus labios, sin poder dejar de sonreír. Kenshin respondió complacido, estrechándola con un poco más de fuerza entre sus brazos.
Qué maravilloso era el sentimiento de saber a plenitud, que la persona que más amas en el mundo, sonríe y es feliz gracias a ti.
...
Fin.
...
Notas: Bueno, se que no es gran cosa pero me moría de ganas por aportar algo al fandom. Con todo lo que se viene y todo lo que me ha pasado, me hacía mucha falta recordar a mis personajes favoritos, sobre todo al jusbando de jusbandos máximo por exelencia y al que sí le pongo un altar jajaja. Espero que sea del agrado de las pocas personitas que seguimos por acá.
Buenas vibras!
