Filius

Su figura languida lo había impresionado desde la primera vez que la vió.
No era raro ver chicas cerca de Tserriednich, todas muy hermosas y extrañamente superficiales, solía verlas en pocas ocasiones o incluso en solo una, antes de que desaparecieran sin razones ni explicaciones, Halkenburg suponía que todas estas chicas serían damas de compañía contratadas por su hermano, encontraba está tendencia suya censurable pero al fin y al cabo tenía un temperamento artístico e intelectual, las mujeres probablemente solo fueran alguna especie de adorno para él. No era quien para juzgar.
Pero esta chica era distinta, impresionaban las largas cicatrices en su rostro en contraste con su expresión risueña y soñadora. No parecía hablar mucho. La vió seguido en un periodo de varios meses, sentada cerca de Tserriednich, con una bonita sonrisa mirándolo con atención desde el otro lado o el fondo de la habitación según fuera el caso.
Un día Tserriednich se decidió por fin a presentarsela, habían discutido largamente sobre el verdadero sentido de la belleza, sin querer ceder ni un poco en sus visiones diametralmente opuestas, Halkenburg opinaba que la verdadera belleza surgía de los pensamientos y acciones virtuosas mientras Tserriednich defendía que la verdadera belleza solo se expresaba en las cosas capaces de transmitir emociones y sensaciones intensas, Halkenburg hizo un alto en su disertación para beber de su copa cuando Tserriednich atrajo a la mujer a su lado.

―¿Acaso dices que Morena no puede ser hermosa si no actúa virtuosamente? ―le preguntó tomando a Morena de la cintura, poniéndola frente a él y asomándose con picardía tras su pronunciada cadera.

Halkenburg se quedó momentáneamente mudo, el rostro de la chica estaba malamente malogrado pero su belleza era innegable. Para salvar su honor decidió ignorar el razonamiento.

―Entonces se llama Morena, es un placer conocerla oficialmente señorita. ―se puso de pie para estrechar sus manos.

Tserriednich los miraba con curiosidad.

―Si Halkenburg, esta es Morena Prude ¿Qué te parece?

―Es hermosa, seguramente su belleza es un reflejo de hermosas intenciones, ¿O no es así señorita Prude? ―había tomado las manos de Morena y miraba directamente sus ojos negros orlados de espesas pestañas.

Morena no había dejado de sonreír, su atención estaba muy concentrada en Halkenburg, este hermano era aún más interesante que Tserriednich, tenía un rostro más cuadrado y ánguloso, siempre con una expresión muy franca y abierta. "Te encantará, es el único que vale la pena conocer" le había dicho Tserriednich hacía ya algunos meses, desde entonces había acudido semana tras semana a la casa de su hermano sin éxito, fue menester esperar el final de un congreso académico y aún otros días más hasta que finalmente había logrado conocerlo.

―No lo sé, si querer purificar el mundo cuenta como una buena intención...
―Halkenburg alzó las cejas maravillado por la voz suave y grave de la mujer, las palabras "purificar el mundo" provocaron en él una sensación de confort tan intensa que tuvo que contener el impulso de abrazar a Morena. Su sonrisa se ensanchó triunfante y su mirada se paseó de la cara de Morena a la de Tserriednich.

―Lo vez, Morena es una hermosa mujer que refleja bellas intenciones, una cosa no puede existir sin la otra.

Tserriednich no sé había movido, miraba completamente extasiado la primera interacción entre Morena y Halkenburg, su cara tenía esa expresión de los niños embargados por el asombro, la novedad y la maravilla del mundo. Sus hermanos eran a sus ojos cosas merecedoras de estudio atento, se llevaba bien con todos, sin embargo Morena y Halkenburg eran de cierta forma especiales y ahora que se habían conocido, solo con mirarlos allí tomados de la mano se llenaba de muchas y muy variadas emociones.
Recuperó la compostura de su fascinación, rió con malignidad y sacudió la mano con desprecio, Halkenburg no sabía lo que decía, de hecho sus palabras y su reacción confirmaban a plenitud sus argumentos, sin embargo no le dió importancia, ahora había algo más interesante que atender.

―¡Claro, la preciosa cara de Morena es así por la suma de sus virtudes jajaja jajaja! Por favor querida, no desees nunca algo malo porque de seguro te saldrá una fea verruga en la nariz. ―sentenció teatralmente mientras se ponía de pie para extender los brazos y abrazar a sus hermanos.

Los grandes ojos azules de Halkenburg apenas si se habían apartado de Morena y todavía sostenía sus manos, Tserriednich lo había notado, había planeado revelarle a su hermano información sobre el origen de Morena pero ya no tenía muchas ganas de hacerlo. Lo dejó estar.

Esa noche cenaron juntos y rieron mucho. Tserriednich quiso retirarse a dormir temprano y Morena y Halkenburg se quedaron hasta casi el amanecer sentados en una sala de estar intercambiando opiniones.

Al siguiente día Tserriednich acudió en búsqueda de su hermano para desayunar y jugar con él, sin embargo se encontró con su habitación vacía, dentro estaban su maleta y su gaban pero la cama estaba perfectamente hecha. Al salir preguntó a la primera persona que se encontró por el paradero de su hermano, una mucama le informó.
Estaban en la misma estancia donde los había dejado, Morena reposaba su rubia cabeza en el regazo de Halkenburg, dormía con el cuerpo estirado sobre el sofá, su hermano se encontraba extrañamente espatarrado en una esquina con la cabeza torcida de medio lado, indudablemente se habían dormido mientras hablaban. Tserriednich se quedó unos minutos mirando como estaban allí dormidos juntos y experimentó unas inmensas ganas de reír. Se sentó a los pies de Morena, el largo cabello rubio arena de la mujer había sido apartado de su rostro, indudablemente por la mano de Halkenburg, que todavía reposaba sobre su hombro. Las blancas y largas cicatrices de su cara destacaban con vigor en contraste con la suave piel de su rostro y la simetría de su rostro dormido llegaba a ser completamente conmovedora. Halkenburg en cambio parecía un vigilante borracho que se hubiera dormido en la puerta de alguna taberna, era noble pero naturalmente tosco y sin gracia, de lo cual su postura actual era el mejor ejemplo, sus argumentos eran tan vanos y sin sentido que él mismo le habría dado la razón si pudiera verse en ese instante. Halkenburg era pura virtud y buenas intenciones y carecía de gracia natural en cambio Morena deseaba acabar con el mundo y parecía un ángel caído del cielo, nada comprobaba mejor su teoría que este simple hecho. Sacudió brevemente la pierna de su hermana que poco a poco despertó, lo miró con una expresión cómplice y divertida antes de alzar la mirada a Halkenburg que seguía profundamente dormido. Con delicadeza se desenlazo de él para ir a abrazarse a Tserriednich que le acarició la espalda y el cabello todo sonrisas y risitas contenidas.

Al mismo tiempo, como si lo hubieran planeado gritaron muy alto al oído de Halkenburg quien despertó de golpe completamente aterrado. Frente a él sus hermanos reían con ganas, Halkenburg se unió a sus risas lleno de un deleite extraño y nuevo para él. Desconocía por completo su relación Morena y lo que suponía distaba mucho de la realidad pero de alguna manera disfrutaba de toda esa calidez. La guerra de sucesión ocurriría un día, pero definitivamente él no participaría en ella, no podría hacer daño a ninguno de sus hermanos y menos aún a su querido Tse.