Regresamos a Konoha, más precisamente a cierto restaurante muy conocido y concurrido en la aldea, también el lugar favorito del rubio Uzumaki, quien, junto a su sensei y su compañera disfrutaba con gran satisfacción de la comida que allí se sirve.
—¡Esto está aún más delicioso de lo que recuerdo! —Ese era ya el tercer tazón de ramen que Naruto devoraba,
—Naruto no seas tan maleducado: no hables mientras comes, ni comas tan rápido, te hará daño — Le reprochó la pelirosa un poco molesta por los modales de su compañero, sin embargo, no podía evitar sonreír pues verlo le traía grandes recuerdos.
—Lo siento, Sakura —Le respondió con un trozo de chuleta entre los labios—. Kakashi sensei no suele invitar la comida: debo aprovecharlo.
—Eso es verdad. Aun así, no deberías abusar de Kakashí-sensei —A diferencia de él, ella se tomó su tiempo para culminar su único tazón de fideos.
—Había olvidado lo mucho que comía Naruto —comentó el mentor contando las monedas en su pequeño bolso.
—Por cierto, no lo he preguntado, ¿a qué se dedicaron durante este tiempo? —Preguntó Naruto obviando las dificultades económicas de su maestro.
—Yo me dediqué a entrenar con lady Tsunade desde que nos separamos. he hecho muchos avances en mis habilidades, aunque Tsunade suele tratarme como su asistente más que como su aprendiz —Respondió Sakura recordando todas las labores que tenía que llevar a cabo casi todos los días en la oficina de la hokage.
—Sí, creo que fuiste un gran alivio para Shizune, la pobre puede tomarse un descanso ocasionalmente gracias a ti —Agregó el sensei sirviéndose otro vaso de sake.
—No se burle, sensei —Bufó un poco ofendida.
—¿Y cómo están los demás? En verdad quisiera verlos. Shikamaru, Choji, Ino, Neji, Rock Lee, Tenten, Kiba, Hinata… creo que eran todos, ¿verdad?
—La mayoría están muy dedicados a sus labores como ninjas. Deben estar en misiones en estos momentos, ha habido un aumento, últimamente.
—Vaya, parece que todos han estado trabajando muy arduamente. Me alegro por ellos —Una sonrisa amplia y afable se dibujó en los labios de Naruto al recibir tan buenas noticias acerca de sus amigos.
Al de escuchar eso Kakashí saltó de su silla dejando el dinero de los consumido en la barra. Se desvaneció casi de inmediato argumentando ocuparse en asuntos importantes y sin dar tiempo a sus alumnos de preguntar nada.
—Típico de Kakashí-sensei. Sabía que su generosidad no duraría tanto —Sakura arqueo la ceja y soltó un suspiro.
—Kakashi-sensei nunca cambiará —En el fondo Naruto solo había bromeado, y el resultado le pareció tremendamente gracioso.
Ambos amigos terminaron y despidieron del dueño del local y su amigable hija. Salieron comenzaron a dar un paseo por las calles de la ciudad.
El medio día estaba en su punto. Las calles eran concurridas, pero para tener un poco de paz tomaron un camino por una calle más tranquila. Naruto con las manos en su nunca miraba todo el lugar sin percatarse de la seriedad que teñía el semblante de Sakura.
—No sabes cuánto deseaba volver a la aldea, Sakura —Comentó de forma alegre Naruto.
—Si, este lugar no es igual sin ti, Naruto —respondió con desanimo agachando la mirada—. Desde que ustedes se fueron… solo esperaba volver a verlos.
Naruto captó de inmediato el significado de esas palabras. Ambos dejaron de caminar y un silencio nuevo los envolvió unos instantes.
—Sakura, ¿crees que él está bien? —susurró Naruto.
—No lo sé. Han pasado cuatro años desde aquella noche, y nadie sabe nada de él o de Orochimaru. A veces he llegado a pensar que cuando lo vuelva a ver ya no será el mismo chico que compartió con nosotros tantos lindos recuerdos.
El pensar en su rostro era el reflejo más claro de los sentimientos ahogados que resguardaba en su corazón.
—Sasuke solo está confundido. Él es uno de nosotros: un ninja de la Aldea de la Hoja, de eso no hay duda —Se acercó a ella y colocó de forma suave su mano en el hombro de Sakura en darle tranquilidad.
—¿Y si no es así? ¿Y si Orochimaru le hizo algo? ¿Qué tal si tomó su cuerpo?, no soportaría verlo de esa…—Las lágrimas no tardaron en nublar sus ojos claros y amenazaron con desbordar sobre sus mejillas.
—No digas eso Sakura. Sasuke nunca permitiría que ese maldito tomara su cuerpo. Estoy seguro de que cuando obtenga lo que quiere de Orochimaru Sasuke se apartará de su lado. él no es como esa serpiente traidora.
Mas fuerte que las preocupaciones de Sakura eran las palabras y la contundencia con la que Naruto las arrojaba.
—¿Lo que quiere de él? Eso quiere decir que Sasuke obtendrá el poder que busca para luego enfrentarse a los akatsuki en busca de su hermano —Aunque le otorgó la razón, sus preocupaciones no menguaron.
—Antes que haga esa locura yo lo encontraré, y si debe enfrentarse su hermano estaremos con a su lado para ayudarlo. El equipo 7 es el más fuerte de todos —Tomó suavemente el rostro de Sakura para que sus miradas se cruzaran y así imbuirla con su seguridad—. Antes de irme te hice una promesa, Sakura.
—T-tu promesa —Los ojos azules de él la atraparon. Se vio transportada años atrás al momento en que el rubio dictó esa promesa.
—Así es. Te prometí que traería a Sasuke de vuelta, y eso haré, esa es mi misión más importante ahora. Ya lo veras. Reuniré al equipo 7.
Y con esas palabras las preocupaciones se desvanecieron y el semblante de Sakura se relajó, y una sonrisa le fue contagiada. Antes que Naruto dijera una sola palabra más ella se acercó a y lo abrazó con fuerza. Estar con él le daba una gran seguridad y ánimos, sentir que ese abrazo demostraba. El rubio compartió el gesto correspondiendo.
Sin embargo, y sin que alguno de ellos dos lo hubiera notado, alguien los espiaba. No era una amenaza, era cierta chica de cabellera azulada y ojos color perla. La hermosa chica del clan Hyuga malinterpretó el abrazo comenzando a creer que, quizás, había algo más que amistad entre Naruto y Sakura, algo que le causaba dolor en el pecho.
Sin que el otro par se percatara de la presencia de Hinata soltaron su abrazo para proseguir con su paseo por la aldea, dejando de lado esos temas. Su charla se dirigió a temas más amenos sobre sus entrenamientos y sus nuevas habilidades.
Vaya que disfrutaron de esa gran conversación. Pasaron por diversos lugares de la aldea dejando que el tiempo corriera sin percatarse.
Al notar la hora que era la pelirosa recordó sus deberes para con su maestra, deberes inconclusos ese día. Por otro lado, el rubio tenía intenciones de regresar al que era su departamento para reacomodar sus cosas. Ambos se separaron de momento, no sin antes despedirse.
El rubio regresó por las calles en dirección a su antiguo hogar. Al llegar allí pudo ver a Hinata quien parecía solo pasar por allí por mera casualidad. Realmente le estaba esperando. Al verla se acercó de forma alegre.
—Hola Hinata, ¿cómo estás? —Saludó él.
—N-Naruto, llegaste, quiero decir, regresaste —Respondió, como de costumbre, con timidez y una linda voz, adornado sus mejillas con un notable rubor.
—Si, regresé a la aldea esta mañana. Tú también has cambiado mucho. Ya no eres una niña, te vez muy linda con el cabello largo —Comentó sonriente diciendo lo primero que le venía a la mente, no obstante, lo hacía sin ninguna segunda intención.
—¿E-en verdad lo crees? —Su sonrojó aumentó al escuchar tal halago—. Me alegra que hayas regresado a la aldea, Naruto, te extrañe mucho... ¡Digo!, ¡Te extrañamos!, todos te extrañamos, no solo yo —Trató de reacomodar sus palabras.
—Si, lo sé, yo igual los extrañe a todos. Espero ver a los demás pronto, bueno, iré a descansar un poco, el viaje fue muy largo, nos vemos luego Hinata.
—Naruto, espera —llamó ella—. M-me preguntaba algo, s-solo por curiosidad, ¿tú y Sakura tienen algo, algo especial? —Cuestionó aún más tímida jugando con sus dedos a la espera de la respuesta.
—Claro que tenemos algo especial: es mi compañera de equipo, la quiero mucho, diría que es mi mejor amiga —respondió sin problemas.
—¿Tu amiga, solo tu amiga? —Insistió.
—Si, solo mi amiga —respondió algo extrañado por la insistencia—. Tu también eres mi amiga, Hinata, y te aprecio mucho. Nos vemos luego —Y pasó a su lado adentrándose en el edificio de apartamentos.
La joven Hyuga se quedó pensativa. Solo la veía como una amiga, ¿eso era algo bueno o algo malo? No tuvo más opción que retirarse del lugar sin poder hablar más con él.
Mientras un día soleado iluminaba la Aldea de la Hoja, muy al norte una tormenta acaecía en las costas del País de los Campos de Arroz. Para desgracia de los habitantes de un pequeño pueblo costero, su hogar fue designado como primero objetivo de los invasores.
Casi toda la flota se había detenido, permaneciendo a pocos kilómetros de la playa. Solo una tercia de barcos pequeños se acercó para comenzar el ataque. Estos barcos pertenecen al clan Tokugawa, uno de los siete clanes de la Gran Alianza Samurái. Al tocar la playa la parte frontal de los barcos se abrió cual si fueran puentes y de ellos desembarcaron decenas y decenas de ashigarus.
Estos son los soldados de más bajo nivel del ejército, no se les considera samuráis, para ello deben ganar fama, renombre y habilidad. A diferencia de los samuráis, los ashigaru portan armaduras muy rudimentarias y de baja calidad, algunos incluso corren descalzos. Su mayor característica es el sombrero de paja que todos deben portar, junto con los colores distintivos del clan al que sirven, en este caso, el blanco y dorado, propios del clan Tokugawa. Portan como armas principales las yaris, armas largas y enastadas similares a una lanza.
No tenían una gran estrategia realmente. Para el hombre que dirigía esta misión, no era más que una simple tarea de acabar con todo lo que tuvieran a su paso. Los soldados solo tenían una simple orden; matar y saquear a voluntad. Tras el descenso de todos los ashigarus el comandante al mando de la misión bajó del barco. Era el mismo que horas atrás estaba en el barco junto a aquel anciano. Es un samurái de renombre e importancia pues se trata del heredero de un clan, su nombre es Kazuhiro Tokugawa, heredero del clan Tokugawa. A lomos de su caballo, y escoltado por su guardaespaldas, avanzó por el caos que los ashigarus sembraban a su paso.
Kazuhiro vestía su armadura de color blanco con oro en algunos detalles y una larga capa. Decidió no usar el casco permitiéndonos ver su rostro. Se trata de un hombre de edad cercana a los treinta años, alto y de fornida complexión, con el cabello oscuro, bien peinado, con sus penetrantes ojos blancos como los de su padre.
Por otro lado, su guardaespaldas era un completo monstruo. Su armadura era similar a la del heredero, salvo que él si portaba el casco, la máscara y no usaba capa. Su edad no era demasiado superior a la de su señor, pocos años mayor. Su principal y mayor característica es su enorme talla, superior a los dos metros, tamaño que lo hace lucir temible a la par de una gran musculatura, ganándose por eso su mote "El gigante de los Tokogawa". El arma que blande en combate es una poco comun: un garrote de madera con esferas de acero por todos lados, esta arma se denomina tetsubo.
Ambos avanzan por la playa en dirección al pueblo. Sin embargo, el guardaespaldas notó la actitud de su amo quien miraba todo con desinterés y bostezaba.
—¿Pasa algo, mi señor? —cuestionó curioso acercándose a él.
—Mi estimado Tetsuo. No me lo tomes a mal, pero, dirigir este ataque es por mucho lo más aburrido que pude hacer —Comentó Kazuhiro.
—Pero, mi señor, su padre lo eligió a usted para ser el primer samurái en pisar las tierras ninjas: es un gran honor, ¿no lo cree?
—Lo sé. Debería estar agradecido por tal honor, pero solo mira esa aldea: no hay nada de interés estoy seguro de que no hay uno solo de esos famosos ninjas que se supone rigen este continente —Agregó mirando con desprecio el pueblo que era presa de incendios.
—Es probable. Igual usted podrá izar nuestro estandarte en la cima del ayuntamiento, o lo que sea que tengan similar —El gigante, a diferencia de su amo, se notaba animado.
—Sabes, creo que incluso puede ser humillante. Ningún otro heredero aceptó venir a este asalto. ¿Eso me convierte en un samurái inferior? —Debatió frustrado.
—¡Claro que no, mi señor! Usted es un heredero. Incluso los guerreros más fuertes debemos hacer cosas de bajo nivel en ocasiones.
Otro hombre pasó justo a un lado de ellos caminando. No portaba ninguna armadura o distintivo, vestía la parte superior de un kimono en color blanco, unos pantalones negros, un haori negro y en su cintura una cinta en color rojo en la cual llevaba su katana, además calzaba unas sandalias de madera junto con los típicos calcetines tabi. Dicho hombre no se veía como un samurái común, tenía el cabello muy largo, llegando hasta su espalda, además de bastante desaliñado; sus cejas pobladas daban un aire muy serio a su mirar, aunados a un par de ojos negros. Su bigote muy poblado, su barba larga y deslucida. Era moderadamente alto y se notaba en plena forma, a pesar de su edad, unos cuarenta años.
—¿Que puede saber de fuerza? Solo está aquí por su título, no por su habilidad. Incluso tiene el descaró de pensar que esto es un juego cuando personas están muriendo —Fue lo que comentó pasando a un lado del heredero.
No dijo más y siguió su camino sin prestar atención a la reacción del heredero.
—¡Como se atreve ese maldito! —Espetó molesto al oírlo—. Él es un traidor y sigue con vida, debería estar más que agradecido de que mi padre lo aceptara.
—Quizás lo sea, mi señor. Sin embargo, el shogun perdonó sus crímenes y lord Tokugawa aceptó sus servicios.
—¡No me importa! —Exclamó aún más molesto Kazuhiro, haciendo una rabieta propia de un niño—. ¡Es un hijo de puta traidor, no merece llamarse samurái, no merece pertenecer a nuestro clan y no merece seguir con vida!
Los ashigaru, sedientos de renombre y sangre, atacaban indiscriminadamente a todos los que se encontraban a su paso. Los aterrados aldeanos trataban de huir, pero las yaris de sus atacantes eran agiles y salvajes. Atravesaban a cualquiera que pudieran y en el suelo los ejecutaban si fueran animales en un matadero.
Con patadas furiosas irrumpían en las casas, jalaban de la ropa, del cabello o de las piernas a cualquiera arrojándolo a las calles donde no había suplica que detuviera a esos asesinos impíos.
Los cadáveres comenzaban a acumularse por las calles; la sangre se mezclaba con el agua de lluvia creando canales rojos que surcaban las calles desembocando en los sembradíos de arroz tiñéndolos. La crueldad y barbarie cometida por esos hombres solo era superada por la indiferencia que Kazuhiro y su guardaespaldas sentían al pasar entre la vil carnicería como si caminaran por un campo de césped.
Aquel hombre que se atrevió a ofender al heredero también deambulaba entre la masacre. Su mirada fría solo observaba la brutalidad cometida por aquellos que se supone son sus compañeros, sin embargo, a pesar de estar entre ellos, en ningún momento sacó su espada, en ningún momento atacó a alguien, era un mero testigo.
Pudo escuchar algo en un callejón. Con curiosidad se acercó allí, había cajas y barriles. Movió las cajas descubriendo a un grupo de civiles escondidos; eran una mujer adulta, en sus brazos tenía un pequeño bebé envuelto en telas y a su lado un niño no mayor a los seis años. La mujer miró con tal terror que parecía ver a un demonio.
—P-por favor… por favor tenga piedad… no nos lastime —suplicó mientras cubría al bebé.
—Creo que es el peor lugar que pudiste elegir para esconderte —Dijo con una voz muy amable, por extraño que fuera—. Dime, ¿hay alguna aldea cercana a la que puedan escapar?
La mujer se sorprendió ante esa pregunta. Dudó un poco, pero decidió decirle. Se puso de pie, aun temerosa y desconfiada, señaló un muro bastante alto al fondo del callejo el cual les impedía el escape.
—En esa dirección, a algunas horas hay otra aldea —Respondió con una temblorosa voz.
El hombre asintió y se acercó al muro, lo tocó, de alguna manera calculó la fuerza que necesitaría, levantó su pierna y con una simple, y algo floja patada, logró derruirlo. Volvió la mirada a los civiles y les indicó que huyeran. La mujer tomó a los niños y salió corriendo. Pasó a un lado de ese raro samurái agradeciendo la piedad.
—Espera —Llamó él para que la chica se detuviera. Se acercó a ellos y se quitó su haori para dárselo al niño—. Lo noche será fría, busquen un lugar donde esconderse de la tormenta.
La mujer emprendió su camino tan rápido como podía alejándose los más que pudo hasta perderse en la distancia.
Luego de acabar con la mayoría de los aldeanos, el heredero y sus hombres se reunieron en la entrada de una empalizada. Sobre una colina cerca del pueblo había una especie de fuerte rodeado por una empalizada de madera, allí había una parte de los aldeanos escondidos y encerrados.
—Si lo desea puedo abrir la puerta, mi señor —sugirió Tetsuo tomando su gran garrote.
—No Tetsuo. No me interesan las vidas que hay allí —Negó el heredero mirando el lugar.
—¿Les perdonará la vida, mi señor? —Inquirió sorprendió el guardaespaldas.
—Claro que no. Los mataré a todos. ¡Ashigaru arqueros, al frente, prepárense!
Con esa orden un grupo de arqueros se colocó en filas. Cargaron sus arcos y apuntaron. Solo la orden de su comandante. Un gesto vago de la mano de Kazuhiro fue la sentencia. Los arqueros soltaron una roda de flechas, aproximadamente cien, buscando que todas cayeran dentro del lugar sin preocuparse de si le daban a algo, solo importaba que estuvieran dentro.
—¡Arte yumi, estilo de fuego! ¡Flecha explosiva! —Enunciaron los arqueros al unísono.
Las flechas hicieron lo que debían: explotaron destrozando el lugar y a quien estuviera dentro. Se oyeron gritos desgarradores durante los primeros momentos. Cuando las explosiones terminaron todo quedó en silencio, el silencio que queda tras la muerte.
—Excelente estrategia mi señor, sin dudas no quedó nadie con vida allí dentro —Felicitó el gigante a su amo.
—No hay nada de gloria en asesinar insectos. Espero que los ninjas supongan mayor reto. Envíen la señal a los barcos: la flota puede atracar.
