1° noche.
Tserriednich miró con atención los brazos de Theta, estaban cubiertos de un finísimo vello rubio como la piel de un melocotón, con sumo cuidado los recorrió de arriba a abajo con las yemas de sus dedos, olió la base de su nuca, disfrutando del roce de las puntas de su cabello maravillosamente dorado.
Tserriednich sintió algo así como el aleteo desesperado de una mariposa en la boca del estómago y su propia energía sexual relampagueando en su columna vertebral.
¿A qué olía Theta?
Conocía muy bien la respuesta, cuando solo era su guardaespaldas la muchacha olía a jabón de tocador y poco más, tal vez en alguna ocasión podía percibirse en ella el olor a manzanilla de su shampoo de bebé, ahora que era su esposa olía a un caro perfume, bergamota, vainilla y manzanas, sin embargo ambos eran olores falsos, el verdadero olor de Theta lo encontraría muy pronto... En unos minutos más ella emanaría el olor denso y espeso de la sangre.
Desde su punto de vista Theta parecía una niña, era tan bajita y menuda que al tenerla semidesnuda entre los brazos el príncipe experimentó la misma emoción de superioridad de tener algún pequeño pájaro cantor aprisionado entre las manos, ella era una pequeña masa de huesos, carne y sangre, tan delicada que si apretaba con mucha fuerza acabaría rompiéndola.
Palpó su cuerpo sobre la bata, sintió sus pechos pequeños y firmes, la cintura estrecha bajo las costillas que se movían por una respiración agitada, las caderas sorprendentemente anchas, los muslos compactos y duros a consecuencia de muchas horas de pie y de mucho entrenamiento con pesas. Theta se dejaba hacer, aparentemente estaba en calma pero en su interior sentía el azoramiento y la tensión propias de una presa que espera una oportunidad para escapar de su depredador.
La rubia no se atrevía a alzar la mirada para ver los ojos de su amo, Tserriednich había tirado por fin de la lazada de raso azúl que sostenía su bata y está se había deslizado de su cuerpo hasta caer sobre su piernas, el aire a su alrededor se sentía como si fuese de plomo líquido, denso y sofocante. El hombre se había retirado y ahora estaba de pie frente a ella, tomó su mano y la hizo descender de la cama, solo para examinar su cuerpo desnudo, caminó a su alrededor exactamente igual como lo hacía cuando miraba una estatua en un museo. La mente de Theta estaba en blanco ¿Qué podía decir?
Finalmente sus miradas volvieron a encontrarse, había pasión y deseo en los ojos azul oscuro del príncipe, sus pupilas aparecían dramáticamente dilatadas. En cambio en los ojos de Theta nisiquiera persistía el miedo, en su iris azul claro estaba el brillo del espíritu de lucha. Apenas unos segundos después Tserriednich adelantó sus manos a ella pero la mujer en un movimiento reflejo bloqueó su brazo y evadió sus avances con movimientos limpios y automáticos, una sonrisa torció los labios de Tserriednich, hasta ese instante todo había sido demasiado fácil, ahora tendría que ganar su derecho a tomar lo que tanto dinero y tiempo le había costado, tal como se ganaría la corona de Kakín se ganaría a su reina.
Más alto y fuerte que su esposa logró apresar su muñeca en un giro, se decidió a no soltarla y en un breve pestañeo se encontró volando por los aires, judo, de alguna manera Theta había conseguido sacarlo de su ritmo y con un movimiento de judo lo había hecho volar con poca gracia sobre su cabeza. Sin embargo no la había soltado y al recomponerse un poco se encontró con que la chica tenía problemas, su muñeca asida por la mano de Tserriednich se había quedado atrapada en un doloroso movimiento de torsión. Tenía el rostro rojo por el dolor pero a pesar de ello le acribilló la cara con una serie de patadas frontales dirigidas directamente a su nariz. Pero Tserriednich también sabía jugar, usaba guardaespaldas pero era cinta negra en una buena lista de artes marciales, sus brazos erán más largos que los brazos que la chica así que retrocedió sin soltarla, las patadas fueron a dar al aire por pocos centímetros y el cuerpo de Theta fue arrastrado dolorosamente por el suelo de la habitación.
Tserriednich entonces la soltó caballerosamente y se alejo a poca distancia de ella, se arregló el cabello y adoptó la postura de en guardia del karate, sonreía con manifiesto placer. Estaba vestido solo con el pantalón de su pijama y ante él su esposa y oponente estaba completamente desnuda.
Theta se puso de pie, tenía el rostro rojo por el dolor, su frente empezaba a perlarse de sudor, Tserriednich era más alto, más pesado y mucho más fuerte que ella, lo sabía muy bien, en un mano a mano tenía las de perder a menos que su esposo fuera torpe, confiado o inexperto. Lo miró allí de pie, tan ufano y fresco en medio de la guerra de sucesión, como si nada de lo que pasaba tuviera algo que ver con él y sintió una rabia enorme arder bajo sus costillas, se le fue encima sin pensar, una lluvia de jabs y patadas completamente desordenadas cayeron sobre el hombre, a juzgar por el dolor en sus nudillos y en su empeine Theta se daba cuenta de que estaba acertando la mayoría de los golpes, completamente furiosa, cegada por completo, atacaba su abdomen, su rostro y sus piernas, pero era como golpear una pared, Tserriednich se esforzaba por mantenerse en su sitio y solo bloquear, pero en medio de aquella tempestad de golpes endurecidos por nen un jab se clavó en su costilla, el pequeño puño de Theta se hundió dolorosamente en su costado, el nen del príncipe no había llegado a cubrir a tiempo la zona atacada y el hombre reaccionó con demasiada intensidad, arrojó un gancho izquierdo a ciegas con la suerte de acertarle a Theta en todo el centro del pecho, la chica voló literalmente hasta caer directamente sobre la cama, aturdida y boqueando desesperadamente por aire.
Tserriednich temió haberla lastimado pero no perdió tiempo se precipitó sobre ella, inmovilizándola con su peso, ya no reía, la miraba con atención intentado evaluar cuánto daño había causado.
El tremendo golpe de Tserriednich la había aturdido por completo, no supo cómo ni cuando Tserriednich estuvo sobre ella, su muñeca dolía bajo la mano de él y el dolor en su pecho iba y venía con cada latido de su corazón, no entendía mucho la razón de esta lucha, estaba legalmente casada con este hombre, su vía de escape estaba lista, afuera la esperaban para sacarla de allí en cuánto Tserriednich dejara la habitación, se daba perfecta cuenta de que contrariar a su esposo solamente complicaría su huida, sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas y respiró a fondo, no quería llorar delante de él, pero tampoco quería esta boda, esta guerra ni esta primera noche con él. Se agitó débilmente un par de veces bajo el cuerpo del príncipe y finalmente se quedó muy quieta. Al cabo de unos minutos Tserriednich la soltó, la lucha había terminado, Tserriednich era el vencedor y lo sabía bien, la tomó de la cintura y girando para quedar sobre su espalda la hizo sentarse a horcajadas sobre él, tomó su cabeza y la besó, forzó su lengua dentro de su boca.
Sorprendentemente Theta volvió a experimentar aquella extraña emoción de cercanía y compañía del primer beso que Tserriednich le había dado el día de aquel horrible atentado. No se aparto de él, en lugar de ello dejó que la guiara, aún sentía dolor pero estaba harta, Tserriednich también también podía hacerla sentir bien y por ahora eso debía bastar. Muy en el fondo sabía que ambos habían tocado fondo hacía mucho tiempo y que ya nadie fuera del pozo que ambos habitaban podría comprender lo asqueados que ambos estaban del mundo.
Fin.
