Con el final de la lluvia llegó el final del ataque. Y sobre la pacifica aldea costera se cernió el silencio de la masacre.

Los ashigarus comenzaron a encender las antorchas para alumbrar lo que quedó del asentamiento. Otros se dedicaban a apilar cadáveres para quemarlos lo antes posible. Esas grandes piras colmadas de cadáveres vilmente asesinados fueron a su vez faros de luz que dieron la señal a la flota distante para acercarse.

Kazuhiro daba una ronda por la calle principal acompañado de su fiel guardaespaldas. Su apatía permaneció hasta toparse con el samurái que ayudó a algunos a escapar. Ese hombre estaba sentado en la entrada de una casa pequeña que logró escapar a la vorágine de destrucción.

—¿Y tú que haces aquí? —Reprochó el heredero de Tokugawa con altanería—. ¿Qué esperas para ponerte a trabajar con los ashigarus?

—No tengo intención de hacer tal cosa —Respondió el apacible hombre—. Ellos causaron esto, que ellos lo limpien.

—¿Quieres decirme que no asesinaste a nadie? —Inquirió arqueando la ceja.

—Así es. No usé mi espada contra civiles inocentes; no haría tal atrocidad.

—Tú no me vas a decir a mí o a mi padre como hacer las cosas. Somos el clan Tokugawa —Objetó.

—Tu padre es un hombre inteligente, pero es también un hombre cruel y sanguinario. Tú solo eres un títere para él; cuando vea que eres un niño inútil te quitará del medio —A pesar de la severidad de sus palabras y acusaciones, no se inmutó al hablar, ni siquiera ante la mirada del gigante que protegía las espaldas de Kazuhiro.

—Como te atreves maldito traidor —Bajó de su caballo para encarar al samurái irrespetuoso—. ¡¿Y tú que eres?! Tiraste a la basura todo lo que tenías, asesinaste a tu daimyo, entre muchas otras cosas crueles, barbáricas y deshonrosas que has hecho. ¿Quién te crees que eres para decirme a mí, o mi padre, lo que somos?

—Nunca dije que fuera mejor que ustedes —De forma irónica soltó una risotada.

En menos de un parpadeo se escucharía un fuerte estruendo que incluso destrozó varias ventanas cercanas. Kazuhiro había arrojado una poderosa patada a la cabeza de ese sujeto, sin embargo, este la detuvo con una sola mano.

—Lo vez: solo eres un niño lleno de soberbia con una lujosa espada —Afirmó con tranquilidad.

Con gran velocidad Kazuhiro desenvainó la espada. Arrojó un corte horizontal, este a su vez, cortó todo lo que estaba a su paso en varios metros incluida la casa volviéndola escombros en un segundo. Pero su objetivo desapareció.

—Parece que tu espada no tiene un hokaku, ¿verdad? —Se escuchó la voz de ese sujeto a las espaldas del heredero.

—¡Estilo de viento! ¡Hoja de aire! —Exclamó más furioso aún.

Se dio la vuelta buscando atacarlo con una poderosa ventisca que emanó de su espada tras movimiento. Una vez más el objetivo escapó. La ventisca impactó otra casa destrozándola.

El hombre había saltado y ahora estaba sobre otra casa. Cruzado de brazos miraba al heredero y como se frustraba.

—Deje que yo me encargue, mi señor —Sugirió Tetsuo tomando su arma.

—¡No te metas! —Espetó Kazuhiro—. ¡Yo me encargaré de ese hijo de puta! ¡Traidor, ven aquí y pelea como un samurái!

—Un samurái debe saber cuándo su rival es demasiado para él. Al verte carecer de eso puedo afirmar que no eres un samurái de verdad.

—¡Te mataré! —Gritó y saltó con todas sus fuerzas en su dirección—. ¡Estilo de viento! ¡Erizo de aire!

Buscó conectar un nuevo ataque son su espada. Una vez más él simplemente desapareció. Cuando la espada del heredero tocó el techo de la casa cientos de cortes de aire comenzaron a emanar sin control sin lastimar a su usuario. Otra casa se volvió escombros mientras.

—Tu espada no es más que un pedazo de metal lujoso. Deja de luchar: no tienes oportunidad contra mi —El misterioso hombre caminaba tranquilamente por la calle.

—¡No me importa! —Una vez más saltó con fuerza en al aire—. ¡Estilo de fuego! ¡Gran caos ardiente! —Toda su espada se envolvió en fuego.

Ganó mucho impulso por la llamarada de su arma. Se precipitó hacia su rival; atacó una vez más con un poderoso corte vertical. En el último momento se escuchó el sonido de un metal contra otro metal, sin embargo, el fuego se expandió cual violenta llamarada en todas direcciones negando la vista a lo que había ocurrido. La violenta y fogosa espada del heredero Tokugawa fue interceptada por la espada de ese hombre.

Solo necesitó unos pocos centímetros de la hoja fuera de la funda para detener el ataque.

—Lo vez: tu espada no es nada —Se escuchó la voz del misterioso hombre.

Kazuhiro miraba lo que pasó con tal incredulidad; no sabía cómo había logrado detener uno de sus mejores ataques de una manera tan fácil. Antes que pudiera decir algo sintió como un poderoso puño impactaba su abdomen. Terminó por ser arrojado varios metros lejos.

Tetsuo acudió en auxilio de su señor, preocupado por su estado de salud. El golpe fue sorprendente, pero estuvo lejos de ser mortal.

El brazo derecho del hombre misterioso emanaba un fulgor amarillo que lentamente se apagó mientras que con su otra mano colocaba su espada una vez más en su cintura.

—¿Cómo puede ser tan fuerte? —Kazuhiro no pudo incorporarse de inmediato debido al dolor.

—Mi señor, él no es un samurái cualquiera, usted lo sabe —Dijo Tetsuo ayudando a Kazuhiro a levantarse—. Todos los rumores y leyendas sobre él no son mentiras o exageraciones; sus habilidades son legendarias: Hideo Fujigawara "El demonio sombra".

—¡No permitiré que nadie insulté a mi familia de esa forma! —El heredero se zafó de la ayuda de su guardaespaldas. Una vez más empuñó su espada.

—Acabaremos con esto —Dijo Hideo—. Te mostraré la diferencia entre tú y yo.

Empuñó su espada comenzando a desenvainarla lentamente, pero se detuvo cuando solo una pequeña parte estaba libre. Mostró los primeros diez centímetros de su espada. El heredero y el gigante se pusieron en guardia.

En esa parte de la hoja que Hideo mostró apareció un ojo. Un ojo que miraba a todos lados, un ojo grande y perturbador al que era imposible no mirar, cosa que ambos hicieron. El ojo no dejaba de moverse mirando a todos lados como si buscara algo al tiempo que hacía vibrar la espada.

El ambiente comenzó a sentirse caluroso y la luz de las antorchas desapareció, las nubes se volvieron negras y la luz de luna se desvaneció poco a poco.

—¿Qué está pasando? ¿Qué poder es este? —Alegó atemorizado.

—Es la habilidad de la espada del Demonio sombra —Respondió el gigante suspirando con frustración—. Lo siento, mi señor, no puedo ayudarlo en esto.

—¿De qué hablas, Tetsuo? —Replicó nervioso y sintiendo más temor al ver como el cuerpo de su guardaespaldas desaparecía. Volvió la mirada hacia Hideo, este también había desaparecido y una oscuridad perpetua se acercaba a él.

Una sombra apareció detrás del heredero a lo que él reaccionó mirando sobre su hombro. Era una sombra con un enorme ojo en toda la cabeza, un ojo negro que lo miraba. Lleno de terror intento cortarlo con su espada, pero solo era una sombra y nada hizo con ese ataque. Retrocedió aterrado, la sombra lo tomó por el cuello comenzando a asfixiarlo y por más que hiciera para zafarse o atacarlo no lograba nada. A los pocos segundos sintió como todo se volvía negro y caía inconsciente.

Hideo caminaba hacia el cuerpo inerte del heredero. Al lado de este estaba el guardaespaldas arrodillado e inmóvil, o eso parecía. Hideo intentó tomar la espada de Kazuhiro. La fuerte mano de Tetsuo lo detuvo.

—¿Crees que no noté que era una ilusión? —Dijo el gigante mientras se incorporaba sin soltarlo.

—Era de esperarse de un campeón; del campeón del clan Tokugawa —Se liberó de forma brusca del agarre—. Es una pena que tu señor no fuera tan hábil.

—Él no es como nosotros, Hideo. Tu y yo vivimos el Sengoku en carne propia, él solo fue un espectador lejano desde su castillo —El gigante tomó su tetsubo.

—Lo sé. Solo buscaba sacarlo de sus casillas, no fue difícil lograrlo.

—Si, lo lograste. Jugaste con su mente para que se desesperara, bien hecho. Pero conmigo no tendrás tanta suerte. Estilo de tierra, Roca asesina —Agitó salvajemente su garrote.

A su paso y por decenas de metros brotaron estalagmitas puntiagudas de varios metros de altura. Terminado de destrozar las pocas casas que aún quedaban en pie.

Ante tal ataque Hideo saltó alto para evitarlo, pero Tetsuo apareció a su lado arrojando un fuerte golpe el cual el demonio sombra tuvo que bloquear con su espada enfundada. Aun así, la fuerza fue suficiente para proyectarlo al suelo. Cayó en erguido, pero suelo cedió creando un cráter bajo sus pies.

—Eres más fuerte de lo que pensé, Tetsuo —Se quitó la tierra de la ropa y recolocó su espada en la cinta de su cintura—. No tengo intenciones de luchar contigo.

—¿De qué hablas? ¿Crees que te dejaré ir? —El enorme samurái cayó de pie levantando su arma para atacar.

—Puedes detenerme si quieres, y entiendo si lo haces. De hacerlo, me veré obligado a luchar de verdad en busca de mi libertad y para eso tendré que matarte —Expresó mostrando un semblante serio y decidido.

—Menuda soberbia. ¿Crees que no puedo vencerte?

—No lo sé. Si lo deseas, tendrás que luchar arriesgando tu vida y creo que no estás listo para eso. Me retiro estimado Tetsuo —Con una sonrisa y una reverencia le dio la espalda.

El guardaespaldas no pudo evitar darle la razón. Si bien Tetsuo no es débil, igualar la fuerza del Demonio sombra no era nada sencillo y como él lo dijo, si lo intenta y falla su único destino es la muerte. No lo admitiría, pero debió reconocer la superioridad de su adversario.

—¿A dónde iras, Hideo? —Preguntó colocando su arma en su espalda decidido a dejarlo ir.

—Voy a donde me lleve el viento. En estas tierras obtendré lo que he deseado —Entre los escombros de una casa divisó algo que le interesó.

—¿Y eso es? —Volvió a preguntar.

—Volver a comenzar. Es mi oportunidad de ser una persona pacífica y conocer estas tierras en donde nadie sabe quién soy y lo que hice. Quien sabe, quizás me consiga una linda casa en una colina donde construir un pequeño restaurante y un huerto —Lo que buscaba entre los escombros fue un humilde sombrero de paja, el cual se colocó en la cabeza.

—Cometiste una seria falta contra el hijo de tu daimyo; irte así te convertirá en un traidor, y…en un ronin —Eso último lo dijo con bastante desprecio, casi asco.

—Algún día todos los samuráis entenderán que ser un ronin no es un castigo., tampoco es humillante —Sonrió mirando al mar en donde divisó la gran flota acercarse—. Tetsuo, te lo diré a ti para que se lo digas a todos: ¡Yo, Hideo Fujigawara, elijo ser un ronin! ¡Elijo una nueva vida y elijo ser libre de toda maldad!

Esas fueron sus últimas palabras, luego se alejó siguiendo una vereda que lo llevó a un bosque inmenso y oscuro.

—Mi padre sabrá de esto, todos los daimyo sabrán de esto. Lo cazaron como un perro hasta que le corten la cabeza —Refunfuñaba el heredero sobando su cuello tras salir de la ilusión.

Así el hombre misterioso dejó atrás a los que se podría decir que eran sus iguales, y junto a ellos dejó todas sus vivencias en aras de una nueva vida, una vida en la tierra de los ninjas. No miró atrás pues no había nadie que valiera la pena mirar. Con paso firme, y una sonrisa esperanzada en su rostro, se propuso buscar la paz que anhelaba.

Horas después en la fría noche caminaba siguiendo esa vereda sin un rumbo fijo.

—¿Me vas a decir que fue lo que te hizo temblar hace un rato? —Esto lo dijo Hideo.

Su espada de la nada se salió por si sola de la funda, solo los primeros centímetros de la hoja. Donde antes había aparecido un ojo ahora apareció una boca, una boca de labios negros y colmillos en vez de dientes.

—Lo siento, Hideo, no pude evitarlo. En el momento que me desenfundaste logré percibir unas presencias muy poderosas y grandes, aunque había algunos detalles con ellas que me desconcertaron —La boca tenía una voz bastante grave una que ningún humano podría tener.

—¿Que tenían de especiales? —Cuestionó algo curioso.

—Al parecer son seres de gran tamaño y de mucho poder, pero, están atrapados —Respondió notándose un tono de intriga.

—¿Crees que los ninjas también tienen hokakus?

—No lo sé, es probable. A diferencia de mí, o los demás hokakus de los samuráis, estos parecen estar atrapados en seres vivos, humanos para ser exactos.

—¿Humanos hokakus? —Se dijo así mismo llevándose la mano a la barbilla—. Eso es… perturbador.

—Olvidé decirlo, pero, creo que es muy posible que ellos también me detectaran a mí; con su tamaño deben de ser más perceptivos —Agregó la criatura.

—¿Crees que nos traiga problemas?

—Relájate Hideo, aunque me detecten no sabrán que soy o en donde estoy. Igual sabes que mientras esté dentro de mi funda soy imperceptible.

—Entonces cállate y duerme otra vez. La idea de un hokaku humano me resulta preocupante. No quiero saber nada de ellos.

—Dormiré hasta que vuelvas a necesitarme, sé que eso pasará tarde o temprano —Añadió riendo como si supiera que esa paz que Hideo anhela está aún lejos.

El ronin bufó ofendido y lo empujó de nuevo guardándolo en la funda para que se callara.

Inmersa en un inmenso e indómito desierto se encuentra una de las aldeas más importantes y fuertes del mundo: la Aldea Oculta de la Arena.

Nos situamos en el edificio del kazekage, quien a pesar de la fría noche en la que se encuentra permanece a la intemperie mirando desde el gran balcón de su oficina. La vista no es lo que lo tiene allí realmente, es un mal presentimiento y las imágenes de una pesadilla recién soñada.

A los pocos minutos se acercaron sus hermanos, Temari y Kankuro, quienes, por sus ropas, estaban a punto de irse a dormir. Notaron entonces la presencia de su hermano en el balcón.

—¿Gaara? ¿Pasa algo? —Preguntó la hermana mayor acercándose a él.

—Deberías estar en la cama, mañana tendrás un día muy pesado: mucho papeleo y labores por toda la aldea —Completó su hermano.

—No puedo dormir —Expresó con su siniestra voz.

—¿Y a qué se debe eso, olvidaste hacer algo? —Indagó la rubia quien por cierto llevaba el cabello suelto, lo que la hacía ver más linda.

—No. Tuve una pesadilla singular —Reveló agachando la mirada, pues le avergonzaba preocupar a sus hermanos.

—¿Una pesadilla? —Alegó incrédulo el marionetista—. Pero si el que causa las pesadillas eres tú —Bromeó un poco llevándose un golpe en la cabeza por parte de la mayor.

—Fue extraño —Obvió las palabras de Kankuro—. Había una sombra encima de mi mientras yo estaba recostado, no tenía cara ni nada, solo un enorme ojo que me miraba fijamente, pero, cuando intentó tocarme el Shukaku apareció sobre nosotros rugiendo con fuerza, luego desperté. No sé qué significa.

—Vamos Gaara, solo fue una simple pesadilla sin significado —Sugirió el marionetista dándole una palmada en la espalda.

—Si, Kankuro tiene razón, solo fue algo pasajero. Vuelve a dormir y veras que todo está bien —Concordó la rubia sonriendo de forma amable a su hermano menor.

Gaara los miró convenciéndose y asintió ante lo que proponían. Regresaron los tres juntos al interior del edificio con dirección a sus habitaciones.

Naruto descansaba tranquilamente en su cama vistiendo su típico pijama con ese raro, pero gracioso sombrero en forma de perro. Su habitación permanecía a oscuras, solo iluminada por la luz tenue de la luna que entraba por la ventana. Todo parecía tranquilo y silencioso hasta que se escuchó algo caerse de una mesa. El sonido perturbó el sueño del rubio, quien lentamente se incorporó frotándose los ojos.

—¿Qué pasa? —Articuló aun medio dormido mirando en dirección del sonido.

Algunas cajas se habían caído de un estante, algo extraño pues parecían pesadas como para que el aire las hubiera tirado. El rubio se levantó sin preocuparse para ponerlas en su lugar.

Apenas se puso de pie una sombra apareció detrás de él. Rápidamente reaccionó mirando sobre su hombro y logrando ver ese extraño ser negro con un ojo en la cara. El solo verlo logró que el rubio se paralizara, pero fue la aparición del Kyubi detrás de la sombra y su fuerte rugido lo que lograron hacerlo dar un grito de sorpresa el cual logró despertarlo pues todo esto había sido una pesadilla.

El ninja había despertado por su propio grito. Su corazón estaba exaltado, sudaba frio y se apreciaba pálido. Miró en todas las direcciones esperando que solo hubiera sido una pesadilla, y para su suerte, así había sido. Estaba completamente solo en esa habitación.

—¿Qué fue eso? —Se dijo así mismo mirando sus manos temblar aun—. ¿Qué era esa cosa?