Un día nublado ensombrecía las actividades cotidianas de la Aldea de la Hoja. A pesar de las grises nubes la gente se desenvolvía con total tranquilidad y seguridad, ajenos a los sucesos que se gestaban en las costas del norte del continente.

Un halcón negro pudo divisarse volando a toda velocidad en dirección a la torre de mensajería. Esa ave se posó en un pedestal y aguardó ser a atendida por los ninjas encargados. Fue un joven recién adherido a esa unidad quien se percató de su presencia y llamó su superior. El otro ninja encargado de la torre reconoció con gran asombro a esa ave, pues no se trataba de una de tantas si no de una muy especial.

—Es Hinon, el ave más rápida del País de los Campos de Arroz —Comentó saltando de su asiento—. Tiene un listón negro con rojo —Agregó con aun mayor sorpresa.

—¿Qué significa el listón negro con rojo? —Preguntó su joven subordinado.

La respuesta fue el semblante adusto del encargado de la torre. Un listón rojo con negro advierte de una noticia que puede repercutir en la estabilidad política del continente. Mensajes enviados con este listón solo están autorizados a ser leídos por el kage de cada aldea.

La rubia de cautivantes ojos castaños se encontraba, extrañamente, de buen humor ese día. Firmaba sin objeción o queja una pila completa de documentos administrativos y legales mientras degustaba unos dangos dulces acompañados de té verde.

Tsunade es de esas personas que disfrutan los días nublados y calmos.

Desde un librero, donde acomodaba algunos pergaminos y libros, la asistente de la hokage apreciaba con alegría la actitud afable de su señora.

Toda esa quietud se vio interrumpida abruptamente por un fuerte portazo. El jefe de la torre de mensajería llegó con un pergamino negro y rojo en su mano. Se aproximó al escritorio de la mujer y entregó el mensaje tal como lo dicta el protocolo.

—Proviene del País de los Campos de Arroz —Comentó el mensajero.

Este era el primer pergamino de esa clase que la quinta hogake recibía. No necesitaba experiencia para deducir la importancia y el significado de este. Un suspiro de preocupación escapó de sus rojos labios y se preparó para leer el mensaje:

"Por este medio comunico a los kages de todas las aldeas del mundo para transmitir un mensaje urgente.

Hace unos días recibimos informes del ataque de una fuerza no identificada. El objetivo fue una aldea costera de pescadores. Los primeros informes señalan a un grupo de guerreros desconocidos y del que no tenemos registro previo. Luego de investigaciones y exploraciones, además de otros ataques a aldeas cercanas, determinamos la naturaleza de nuestro enemigo.

Lo que a continuación informo puede ser algo difícil de entender, o creer, pues hablamos de gente que todos entendíamos extinta: El País de los Campos de Arroz está siendo invadido por un gran ejército y solicitamos apoyo de las grandes naciones. Los enemigos a los que nos enfrentamos son…"

Tsunade leyó el mensaje en voz alta, sin embargo, al llegar final la palabra que debía leer era una que no se había usado en cientos de años, una que siempre fue relacionada solo con mitos y leyendas de una época antigua: una palabra extinta.

Las manos de la rubia temblaron y sus ojos se abrieron en plenitud.

—¿Qué ocurre, mi lady? —Preguntó la asistente sin entender que significaba esa expresión en el rosto de su señora.

Tsunade tragó saliva y bajó el pergamino dejándolo en la mesa. Juntó sus manos tratando de controlar ese temblor que había comenzado de la nada.

—El País de los Campos de Arroz fue atacado por un… ejército samurái.

Un frio silencio se apoderó de la habitación. Los ninjas miraron a su señora. Todos los escenarios eran posibles, todos, meno ese.

Los dos mensajeros no sabían que decir, aunque el miedo en sus caras era la mejor expresión acompañada de una incredulidad que jamás habían sentido pues desconocían el significado de samurái más allá de guerreros de una antigua época.

Lo cierto es que ninguno de los allí presente, hokage incluida, comprendían la gravedad o la dimensión del acontecimiento.

—Mi lady, eso no puede ser verdad. Los samuráis se extinguieron hace siglos. ¿Cómo es posible que ataquen ahora? —Cuestionó Shizune esperando que todo fuera una gran confusión.

—No lo sé Shizune, pero es la verdad. Son ellos, nunca desaparecieron, debieron estar ocultos todo este tiempo en algún lugar que desconocemos.

La hokage estaba frente a una situación que ninguno de sus predecesores había visto. En la edad antigua no existía ninguna aldea o país de la actualidad, es una era predecesora incluso a la época de los grandes clanes. Los samuráis son un terror y vestigio de tiempos poco estudiados, tiempos de maldad y esclavitud; tiempos de dolor y guerra; tiempos inexactos y validados únicamente por escasos documentos rescatados de ruinas y templos ancestrales.

Tsunade se levantó de su asiento y se dirigió a la ventana. Las nubes se habían vuelto solo un poco más negras para dar comienzo a una leve llovizna.

—¿Qué debemos hacer mi lady? —Preguntó la asistente esperando una respuesta firme, como esas que su mentora suele dictar.

—No lo sé. Sabía que esto pasaría. Por días tuve un mal presentimiento desde que vi esa espada. —Susurró para sí misma, liberando tensión al morderse el labio. Se tomó un momento para respirar hondo. Luego de eso volvió a su escritorio para escribir un pergamino—. Necesitamos estar alerta. Ordeno una reunión con los ninjas de más alto rango y los encargados de cada división.

El corazón de Shizune sintió gran regocijo al escuchar las órdenes y la voz determinada de su mentora.

Ese mismo día la base de los invasores cambió mucho. Se habían construido casas de madera dignas para recibir a los guerreros samurái de bajo, medio y alto rango. Torres de vigilancia de diversos tamaños custodiaban una empalizada que rodeaba toda la bahía; Un muelle en el cual la inmensa flota desembarcaba poco a poco. En la cima de la colina se estaba llegando a la fase final de la construcción del centro de mando y reuniones de la Gran Alianza Samurái, se pretendía erigir una enorme y solida torre de madera y roca.

Cerca de dicha construcción, Kazuhiro, el heredero del clan Tokugawa y encargado de la construcción de la base, descansaba junto con su guardaespaldas, el apodado Gigante de los Tokugawa. Ambos retozaban sentados en lo que luego sería un almacén. Se sentían en tal plenitud que no vestían sus armaduras solo sus ropas de descanso que son kimonos blancos con detalles en color dorado. Sus armas permanecían cerca en todo momento a pesar de la calma. Se les notaba muy relajados y de buen humor en medio de un tentempié y una charla amena.

Su relajación se vio interrumpida por un par de presencias inesperadas,

—Vaya, vaya —Se escuchó una voz—. No esperaba toparme con el heredero de los Tokugawa descansando en horas de trabajo.

—No seas tan duro con el chico, seguro ser el encargado de esta mega construcción debe ser difícil —Agregó la voz de una mujer de forma irónica.

Kazuhiro reconoció ese par de voces.

—¿Qué hacen aquí?, ¿no deberían aguardar en sus barcos aun?

Frete al heredero había un par de samuráis, pero no eran simples samuráis, eran campeones: guerreros de renombre muy allegados aun daimyo y considerados entre la elite de la jerarquía Samurái.

—Disculpe, mi señor, espero que nuestra presencia no sea un infortunio —Comentó el hombre haciendo una reverencia como muestra de respeto hacia el heredero.

Ese hombre vestía una armadura samurái completa, sin el casco, pero con una larga capa con el emblema de su clan y los colores de este: el blanco y el rojo. En su cintura no llevaba una katana porta una espada mucho más larga llamada nodachi. Su estatura no es fuera de lo ordinario y su complexión es delgada, podría deducirse que su estilo radica en la agilidad y no en la fuerza física. Su cabellera es corta y de color negro azabache y sus ojos son de un atípico color amarillo.

—El campeón del clan Ashikaga: el poderoso y temido Kazuki Kisaragi. ¿Cómo es que te llamaban? ¿El rey de la gravedad?

–No soy afín a los sobrenombres, aunque, acepto que ese hace honor a mi poder —No pudo evitar sonreír de forma soberbia ante aquella mención.

—Déjate de tontería, Kazuki, responde lo que el heredero quiere saber —Bufó la mujer a su lado rodando los ojos y cruzando los brazos.

Su acompañante no era tan diferente a él. Es una mujer, sí, pero, igual vestía una armadura de alta calidad, con los colores de su clan: amarillo y negro, con la larga capa con el emblema de su clan: el clan Oda. Su arma es una naginata de asta negra y hoja pulida, otro tipo de arma larga enastada. Es una mujer de estatura común y complexión delgada y femenina, al igual que sus rasgos faciales que la dotan de una gran belleza, a pesar de eso es una guerrera poderosa y afamada. Su cabellera es negra, lacia y muy larga, si la llevara suelta fácilmente llegaría hasta su cintura, así que la usa atada en una cola alta. Sus ojos son de un curioso color gris.

—Ya te recuerdo —Dijo el gigante al verla a ella—. Tomoe Mizushima, a ti te apodaban "La niña de la naginata" Tú y yo luchamos juntos durante el sengoku, en la batalla de Awaki. Fue una gran batalla.

—Si, lo recuerdo, una ciudad ardiendo y miles yaciendo en el suelo. No has cambiado mucho, eres igual de idiota, un poco más bajo, pero igual de idiota —Alegó sin reírse, más bien con seriedad.

—Así como la ven, tiene por lo menos treinta años y…

—¡Cállate, gigante idiota! —Exclamó para que no siguiera, pues le resultaba vergonzoso que revelaran su verdadera edad.

—Bueno, ya dejen de discutir y molestarse —Interrumpo el heredero sonriendo por la reacción de la chica—. ¿Puedo saber a qué han venido?

—El shogun me envió para cerciorarme que los preparativos para el centro de mando vayan conforme a sus planos: no quiere ningún error —Respondió Kazuki mirando la torre.

—No es tan fácil. No trajimos materiales y los ashigaru hacen lo que pueden para conseguirlos —Aclaró el heredero—. Aun así, dudo que haya inconvenientes que molesten al shogun.

—No, no los hay, estoy seguro de que mi señor quedará satisfecho con el trabajo del clan Tokugawa —Sonrió complacido de ver que todo iba a pedir de boca y se trabajaba arduamente para finiquitar la obra lo más pronto posible.

—Si, y ya que solo vinimos a ver una tonta torre, qué tal si aprovechamos y nos dan algo de comer que no sea pescado —Comentó la campeona necesitada por comer algo diferente a su acostumbrada dieta del mar.

Kazuhiro accedió y los llevó a una pequeña tienda donde les sirvieron la comida que había disponible. Asaltar aldeas y caravanas pronto dotó de una buena fuente de comida variada a la base. Todo era de lo mejor, las mejores verduras, arroz y un poco de sake.

—Escuché una charla curiosa de un par de ashigarus cuando veníamos. Dijeron que El demonio sombra escapó el día que llegaron y que se volvió un ronin —Comentó Kazuki mientras comía de su cuenco de arroz.

—No tengo intenciones de hablar de ese traidor, mucho menos durante la comida —Refunfuñó Kazuhiro con rencor.

—¿En serio lucharon contra él? Tienen suerte de seguir vivos —agregó Tomoe con una sonrisa que requería más detalles.

—No luchamos como tal. Hideo se mantuvo distante, no atacó en ningún momento, al final para evitar la pérdida de vidas innecesaria lo dejamos ir —Respondió Tetsuo antes que Kazuhiro dijera algo más—. ¿Ustedes lo enfrentaron alguna vez?

—No, nunca tuve ese honor… o esa mala suerte —Negó la campeona del clan Oda, pero de reojo miró a Kazuki.

—Yo sí —Respondió el campeón del clan Ashikaga con una seria mirada—. Fue hace más o menos diez años, en la batalla del castillo Echizen… fue una batalla difícil de olvidar.

Los tres acompañantes lo miraron atentos. Era raro verlo tan serio e inmerso en sus recuerdos. Aquellos que conocieron al temido samurái Fujigawara no son capaces de olvidarlo.

—Estábamos muy agotados, sin embargo, su ejército y compañeros ya habían caído, solo quedó él. Usó todo su poder restante para atraparme en una ilusión o algo así, cuando reaccioné había escapado. No volvimos a cruzar espadas después de eso.

El silencio inundó el lugar, los recuerdos del sengoku no resultaban agradables para nadie; fueron años de caos, guerra, muerte y desgracia sin beneficios o gozo. No obstante, Tomoe miró con extrañes a Kisaragi, como si ella supiera que esa historia no era del todo correcta; no dijo nada para evitar arruinar el momento.

—También escuchamos que lucharon contra unos ninjas —Dijo la campeona únicamente para desviar el tema.

—No hay mucho que decir: eran insectos —Manifestó el gigante dando un gran trago a su sake.

—Uno de esos me habló acerca de un temido ninja de nombre Orochimaru; aseguró que es muy poderoso. Envíe exploradores a averiguar sobre ese sujeto. Un viajero les habló sobre un grupo de ninjas renegados que se hacen llamar los akatsukis.

—¿Akatsuki? —Repitió ella con intriga

—Un grupo de mercenarios, o algo así, no se sabe bien quienes son o cuantos, pero se identifican con túnicas negras con nubes rojas. El viejo aseguraba que ellos y el supuesto Orochimaru son los mayores peligros para las naciones de este mundo —Explicó el heredero mirando a los campeones.

Los campeones atendieron con interés la información que les ofrecía el heredero Tokugawa, aunque, a diferencia de él, ellos no estaban tan seguros de que entrar en contacto con esos ninjas pudiera ser beneficiosos para la alianza.

De regreso en la Aldea de la Hoja, tal y como ordenó la hokage una reunión con los ninjas de mayor rango, capitanes de equipo y de división, se llevó a cabo en su oficina. Algo muy inusual y que no se hacía desde hace mucho tiempo. Entre todos podemos destacar a Kakashi Hatake, Gai Maito, Asuma Sarutobi, Kurenai Yuhi, Shikaku Nara, Inoichi Yamanaka, Choza Akimichi, Tsume Inuzuka, entre otros de igual importancia.

Justo cuando Tsunade pretendía comenzar su discurso la puerta se abrió y un invitado no deseado se presentó como uno más de entre todos, aunque con justo derecho estaba allí. El temido y odiado Danzo Shimura junto con un par de sus fieles guardaespaldas. Como si fuera dueño del lugar entró y tomó asiento frente a la hokage, sin siquiera saludarla u ofrecerle una cordial reverencia.

—Por favor, no se detenga, lamento haber llegado tarde —Fue lo único que dijo adornado sus palabras con una sonrisa falsa.

Tsunade trató de hacer caso omiso ante la presencia de ese sujeto

—Hoy por la mañana recibimos un mensaje del País de los Campos de Arroz, un mensaje negro con rojo.

Rostros antes interrogantes se tornaron serios, pues el significado de dichos colores ya era una muestra de peligro.

—Se informa a todos los kages de una gran amenaza. Un ejército de guerreros invadió una aldea costera y ha atacado otras. Este ejército está conformado, al parecer, por samuráis.

Un silencio sepulcral se propagó al instante entre todos los presentes, las miradas solo expresaron desconcierto. Todos aguardaron a que su hokage hablará con mayor soltura y dictaminará algún plan.

—Así es. Las leyendas y cuentos antiguos son verdad: los samuráis son reales y no estaban extintos, de alguna manera se ocultaron y han vuelto a emerger. Si son tan fuertes como las leyendas cuentan tenemos que prepararnos. No los conocemos, no conocemos su número ni su poder, ni siquiera como son o que los motiva…

Danzo aclaró la garganta buscando llamar la atención. Se puso de pie frente a todos y se acercó a Tsunade. La mujer le dedicó una mirada irritada, Shizune, Kakashi y Gai lo miraron de igual forma ante esa falta de respeto.

—¿Entonces lo samurái han resurgido? —Inquirió mirándola seriamente. A lo que ella, para evitar gritarle, solo asintió apretando los dientes—. Ya veo. Señores, estamos ante un gran problema. Los samuráis fueron, en su tiempo, la fuerza más grande y destructiva que jamás se haya visto sobre la tierra.

El perverso hombre se ganó todas las miradas. Pronto demostró mayor conocimiento con respecto a estos misteriosos guerreros.

—Las guerras del mundo ninja podrían palidecer si las comparamos con las guerras antiguas. Los samuráis eran guerreros temibles, con habilidades devastadoras y una sed de sangre inhumana. Y, para quien no lo sepa, los ninjas descendemos de ellos.

Una revelación que hizo a mas de uno dudar de sus palabras. Por más increíble que fuera aquello, era la verdad, una verdad irrefutable para quien ha estudiado las antiguas crónicas.