Días después del mensaje enviado desde el País de los Campos de la Aldea de la Hoja y de la Arena acordaron una reunión entre sus dos representantes con el objetivo de compartir información y planear estrategias conjuntas en contra de estos misteriosos invasores.
Sin dilación la hokage organizó una escolta para acompañarla hasta las tierras del País del Viento. Eligió al equipo 7 y al equipo 9 para componer su comitiva, pues otorgaba gran confianza a los capitanes de esos equipos.
En la retaguardia caminaban Sakura y Naruto. El rubio se mostraba dubitativo y serio.
—¿Estás bien, Naruto? —Preguntó la joven de rosados cabellos rompiendo el silencio de repente.
—Sí, claro, ¿por qué no habría de estarlo? —Naruto trató de fingir una sonrisa al escuchar la pregunta.
—Pues no lo pareces. ¿Qué ocurre? —Insistió ella obviando su falso intento de aparentar.
—Es sobre mis pesadillas —Suspiró revelando su aflicción.
—¿Volviste a tener otra pesadilla con esa cosa? —Preguntó Sakura bajando la voz para no llamar la atención de los otros ninjas.
—Si, otra vez —Agachó la mirada. Lo que incomodaba más a Naruto no eran las pesadillas si no preocupar a otros—-. Fue ayer en la noche mientras acampábamos.
—¿Qué soñaste? —Indagó Kakashi manteniendo su serenidad.
Naruto se sorprendió al notar que sus palabras llegaron a oídos de su sensei. Suspiró un poco para hacer memoria y comenzar a relatarles.
La noche anterior todos los miembros de la escolta de Tsunade, y ella misma, descansaban después de un largo día de caminata. Una cabaña hecha por la madera de Yamato sería su refugio.
De la nada el sueño de Naruto se vio interrumpido por un sonido repentino y extraño. Se levantó de repente, mirando en todas direcciones. Lo primero que vio fue la puerta de la cabaña abierta. Se asomó al exterior creyendo que, quizás, alguno de sus compañeros estaba fuera.
No avistó a nadie. Una brisa fría sopló en ese momento, su cuerpo tiritó por el frio así que cerró la puerta y se dispuso a retornar a su bolsa de dormir. Al dar la espalda sintió algo detrás y rápidamente arrojó un par de kunais.
Lo que estaba allí era, una vez más, ese ente negro con un gran ojo en la cabeza, a quien los kunais atravesaron como si un humo oscuro lo compusiera. Retrocedió, esta vez no se asustaría, tragó saliva y se armó de valor para encarar a su acechador.
—Otra vez tú, monstruo —Le espetó apretando los dientes con enojo.
El ente permaneció allí, de pie, en silencio mirándolo de pies a cabeza.
—¡Ya me cansé de ti, imbécil! —Se aproximó a la criatura a toda prisa—. Esta vez serás tu que el que grite.
Atacó ferozmente lanzando golpes y patadas. Era como luchar contra el humo, no hacía nada, solo lo atravesaba.
Activó su jutsu de clones de sombra para aumentar el número y la cadencia de ataques físicos sin lograr resultado diferente.
Cuando Naruto bajó la guardia para pensar en algo diferente, el ente se abalanzó en un parpadeo tomándolo por el cuello con fuerza, su mano se había hecho tangible, no obstante, el resto de su cuerpo seguía siendo humo, lo cual descubrió Naruto al tratar de zafarse de su agarre.
—¿Quién eres? ¿Qué eres? —Preguntaba el ente con una voz susurrante y demasiado grave como para ser de un humano—. ¿Qué hay dentro de ti?, dime
El ninja no entendía de qué hablaba esa criatura, no comprendía a qué se refería con: "dentro de ti". El aire comenzaba a faltarle. Antes que se desmayará el Kyubi apareció detrás de ellos.
—¡Allí está! —Dijo la criatura sin soltar a Naruto—. ¡¿Qué eres?! ¡¿Cuál es tu forma?! ¡No puedo verte, pero puedo sentirte y sé que estas frente a mí!
El Kyubi lo miró con extrañes para luego rugir con todas sus fuerzas haciendo desaparecer al ente. Eso puso fin a la pesadilla y el Naruto despertó sudando frio y con el corazón acelerado.
Eso fue lo que relató a su compañera y maestro mientras seguían el camino con los demás miembros de la escolta.
Kakashi ocultaba su preocupación, y sobre todo su gran intriga, era muy claro que, sea lo que sea, esa criatura estaba detrás del Kyubi.
Sakura miraba con inquietud a su amigo que tenía la mirada baja. Lo que le ocurría la Naruto la preocupaba mucho.
—Tendremos que hablar con Tsunade por el momento; cuando el maestro Jiraiya regresé sabrá que hacer —Sugirió Kakashi para animar a Naruto mientras colocaba su mano sobre el hombre del chico—. No tienes que preocuparte Naruto, no es nada grave.
—Sí, estoy segura de que el maestro Jiraiya sabrá que hacer. Lo que importa ahora es que te olvides de esas pesadillas y te animes, después de todo vamos a La Aldea de la Arena y será la primera vez que veamos a Gaara como Kazekage —Sakura quería distraer a Naruto para que olvidara esos pensamientos, adornado sus palabras con una bella sonrisa.
—Es verdad, lo había olvidado. Gaara se volvió Kazekage durante estos años —Rápidamente sus inquietudes se desvanecieron al pensar en lo tanto que había avanzado su amigo—. Gaara, ¿qué tanto habrá cambiado?
Hideo se había percatado que su espada había actuado, una vez más, a sus espaldas saliendo sola de la funda para volver a enviar sus sombras durante la noche. El ronin no pensaba seguir consintiendo las insubordinaciones de su hokaku.
—¡Oye, ¿no hablaras en serio?! ¡No puede sellarme! ¡No seas injusto Hideo! —Gritaba la boca negra de la espada.
Hideo colocó la espada en el suelo y se sentó frente a ella a una distancia de un par de metros. Juntó sus manos para concentrarse.
—No me dejaste otra opción, Akumu. Te dije… te pedí por favor que dejaras en paz a esa persona, que no me interesa saber nada de su poder o de lo que alberga en su interior —Respondió tratando de concentrarse y relajarse.
—Que ingrato eres, lo hago por los dos, es para…
Trataba de excusarse, pero Hideo no estaba dispuesto a escucharlo.
—¿Ingrato?, ¿por los dos? No me vas a engañar, te conozco desde hace treinta años: eres un entrometido, arrogante, sanguinario y cruel ser, solo quieres llegar a esa cosa para pelear con él o ella, o lo que sea —Refutó el ronin dejándose llevar por el enojo.
—Carajo, me conoces muy bien, Hideo —La espada no pudo evitar reír—. Aun así, si me sellas no podrás disfrutar de mi hermosa y agraciada compañía, ni siquiera podrás usarme, estarás indefenso si alguien te ataca.
—Lamentaré estar solo. No obstante, no necesito una espada: ya no volveré a luchar —Suspiró al no poder concentrarse por la discusión.
Hideo estaba afligido por la necesidad de sellar a su amigo, pero no encontraba otra manera de controlarlo y evitar que pusiera en riesgo su anonimato.
—Si ya no te agrado entonces abandóname en un oscuro bosque y consíguete una espada más bella y joven ¡Eso es lo que quieres! ¡Todos los humanos son iguales! Mi madre siempre me lo decía: "nunca confíes en un humano" —La espada fingía llorar, incluso, cambió su voz a la de una mujer.
—¡Ya cállate! —Gritó molesto por tan burda e irritante situación—. ¡Deja de usar las voces de los muertos!
—Es mi mejor actuación —Rompió en carcajadas ante la reacción del Fujigawara.
Hideo suspiró pesadamente tratando de calmarse una vez más.
—Akumu sé que nunca cambiaras, si te dejó así volverás a salirte mientras duermo para buscar a esa persona. Lo siento, pero eso ya no es parte de mí, ya no voy a luchar, ya no quiero derramar sangre, por eso no necesito una espada —Su voz se tornó relajada y suave—. Aun así, seguirás a mi lado por que hicimos un pacto y siempre estaremos juntos hasta el día de mi muerte; eso no lo voy a incumplir. Ahora, con todo el pesar de mi corazón, debo sellarte.
Juntado sus palmas y cerró los ojos. La espada no se opuso esta vez, incluso guardó silencio aceptado los deseos de su portador.
—Sello de tres puntos —Su energía comenzó a emanar de su cuerpo en forma de luz amarilla.
Un triángulo se dibujó en el suelo con la espada en el centro, esta se enfundó sola y un símbolo apareció en la funda, el triángulo se hizo más pequeños hasta desaparecer y en cuestión de segundos el sello se había completado. Akumu estaba encerrado en la espada y no podría liberarse solo nunca.
Hideo dejó salir su desconsuelo respirando y dejando que la fresca brisa acariciara su cabello y rostro. Se incorporó y colocó la espada en su cintura. Ahora estaba solo, completamente solo. Así se dispuso a proseguir su camino a lo desconocido.
En otro lugar, en medio de un gran e inmenso bosque situado a los pies de una montaña, a través de una entrada secreta se puede encontrar una guardia construida bajo tierra. Un escondrijo carente de luz natural, iluminado solo por focos y antorchas. Compuesto por largos y estrechos pasillos, así como por decenas de habitaciones y varios niveles. En el centro de ese amasijo de corredores se encuentra una amplia sala de techo alto.
Allí cierto ninja buscado por crímenes, y antiguo sannin, se encontraba supervisando un entrenamiento entre sus dos discípulos: Sasuke Uchiha y Kabuto Yakushi.
Sasuke se lanzaba al ataque con su espada arrojando raudos cortes verticales y horizontales, que su adversario esquivaba de forma elegante, como si fueran pasos de baile, movimientos que frustraban al pelinegro.
—A este paso jamás alcanzaras a tu hermano —Advirtió de forma cínica el ninja de las serpientes mientras bebía de té.
Sasuke solo gruñó e insistió en la fiereza de sus agresiones. Saltó arrojando un corte vertical, Kabuto simplemente se hizo a un lado para evitarlo. Allí el Uchiha intentó un corte horizontal, más fuerte y veloz, el cual fue previsto por su adversario quien con un kunai lo desvió abriendo la guardia de Sasuke para conectarle un poderoso codazo en la quijada. Sasuke cayó de rodillas y perdió su arma. Intentó retomar la espada, pero Kabuto la apartó de una patada. Pronto levantó la mano para arrojar un rayo eléctrico que falló.
—Jutsu Bola de fuego —Colocando su mano en su boca creó una bola de fuego.
Kabuto di un gran salto y llegó al techo donde, como una araña, logró asirse con las manos y pies. Se situó sobre Sasuke y se dejó caer. Formó en ambas manos dos afiladas hojas de chakra con las que intentó cortarlo.
Sasuke pudo prever todo con su sharingan saltando a tiempo para evitarlo.
Kabuto no se detuvo y lo siguió tirando cortes veloces y certeros. Sasuke podía esquivarlos, pero la velocidad del enemigo no le permitía contraatacar.
En un momento de desespero tuvo la oportunidad y se agachó tratando de patear las piernas de Kabuto, pero este retrocedió.
—¡Jutsu Llamas de Fénix! —Exclamó Sasuke.
Desde su boca comenzó a arrojar bolas de fuego, una tras otra. En los primeros momentos el de los anteojos las evadía sin problemas, sin embargo, la cadencia de estas iba en aumento hasta ponerlo en aprietos.
—Te tengo. ¡Jutsu Fuego de dragón!
Sasuke dejó de lado las pequeñas bolas de fuego para disparar desde su boca una avasalladora llamarada de gran tamaño.
—¡Maldición! ¡Invocación, Rashomon rojo!
Ese ataque era peligroso y no era posible esquivarlo. Kabuto recurrió a una invocación desesperada para salvarse. Frente a él emergió una puerta de roca con la cara de un ogro de color rojo.
El fuego impactó en la piedra sin lograr pasarla. Aun así, Sasuke tenía otro plan. Preparó su mano derecha comenzando a cubrirla con electricidad hasta crear una esfera que irradiaba destellos.
Había una diferencia con la técnica aprendida de Kakashi: esta versión era de color negro
—Chidori Negro.
Se lanzó al ataque corriendo a toda velocidad. Impactó la puerta con esa técnica consiguiendo destrozarla en pedazos. Cuando la puerta cayó pudo notar la ausencia de Kabuto.
Percibió que estaba detrás de él y rápidamente arrojó un ataque.
—¡Suficiente! —Ordenó Orochimaru a ambos, logrando que se detuvieran en el último momento.
El puño de Sasuke estaba a escasos centímetros del rostro de Kabuto, no obstante, un kunai en manos de Kabuto estaba a nada de tocar el cuello de Sasuke.
—Fue un buen entrenamiento. Acérquense —Ordenó el maestro de ambos jóvenes.
Con el orgullo pateado por no lograr vencer a su rival, Sasuke no tuvo más opción que obedecer.
—Sasuke has mejorado, pero aun estás lejos de lo que deseas. Tu ímpetu ya no parece ser el mismo. ¿Crees que vas a superar a Itachi? —Cuestionó La serpiente blanca con una mirada apacible.
—Hago lo que puedo —Gruñó cruzándose de brazos—. Simplemente no tengo la misma motivación, estar aquí encerrado me vuelve loco.
—El aislamiento le ha afectado psicológicamente, lord Orochimaru —Agregó Kabuto.
—No necesito seguir encerrado y luchando contra este idiota o tus demás sirvientes; necesito un combate real para poder seguir mejorando. ¡Dame una misión! —Exigió el joven Uchiha.
Orochimaru lo miró sonriente, su típica sonrisa macabra y retorcida. Acarició su barbilla un momento pensando. Antes que La serpiente blanca dijera algo su asistente y sirviente tuvo una idea.
—Está lo de esos tres, mi señor —Sugirió Kabuto mientras daba un sorbo a su té.
–¿"Esos tres"? ¿De qué se trata? —Preguntó Sasuke.
—Será una buena misión para probar tus habilidades, Sasuke. Tu misión es liberar a una tercia de ninjas, estos serán tus nuevos compañeros. Cuando lo hagas entonces comenzarán tus verdaderas misiones —Explicó Orochimaru.
—¿Qué clase de misiones? —Cuestionó Susuke.
—Un paso a la vez, Sasuke —Respondió de forma tajante—. Lo importante ahora es reunir a un grupo de ninjas fuertes, peligrosos y leales. ¿Crees que estás listo? —Lo miró de forma desafiante, sabiendo bien su respuesta.
—Estoy listo —Bufó dándole la espalda—. Iré a descansar, mañana saldré a liberar a esos tres. Espero sean competentes.
El Uchiha, sin decir nada, se retiró de esa gran sala, dejando a su compañero y su maestro tomando el té y conversado acerca de otros temas.
—¿Qué pasará con los invasores samuráis, mi lord? —Preguntó Kabuto momentos después de que Sasuke se alejó.
—Esperaré que Sasuke arme a su equipo, luego dejaré que él se encargue de pelear con esos samuráis, pueden ser útiles —Respondió despreocupado, casi menospreciando a los invasores.
Esa mima noche, en los bastos y silentes desiertos del País del Viento, cuatro sombras deambulan con rumbo directo a la Aldea de la Arena. Cuatro sombras cubiertas por túnicas negras con nubes rojas.
—Mi estimado Sasori, ¿qué exquisitas obras has traído para esta misión? —Indagó el más joven del grupo, un hombre de larga cabellera rubia atada en una coleta alta y con un largo mechón cubriendo su ojo izquierdo.
—Lo que ves es lo que usaré. Esta patética aldea no alberga ninjas que requieran más que mi Hiruko. Además, para algo los traje a ustedes conmigo —Respondió uno más bajo, en una especia de cuerpo amorfo y redondo, mostrando solo su rostro que no se veía muy humano.
—Lo dices como si estuvieses a cargo —Bufó otro de los acompañantes. Poseedor de una grisácea cabellera peinada hacia atrás y en su espalda una guadaña con tres hojas rojas.
—Hidan, te recuerdo que Sasori está al mando, así que cállate y obedece —Ordenó el cuarto miembro del escuadrón. El más alto, de piel oscura y rostro casi cubierto dejando visible solo sus verdes ojos.
—¿Qué significa eso? ¿Por qué Deidara y yo no podemos estar al mando, Kakuzu? —Discutió Hidan cruzado de brazos.
—Porque son jóvenes y estúpidos —Respondió Sasori haciendo reír a Kakuzu y molestando al otro par—. Llegamos, ¿recuerdan la misión?
—Claro que sí: destrozar y matar todo lo que podamos, solo debemos asegurar al jinchuriki —Respondieron los otros tres estando ya frente a la entrada de la aldea de la arena.
—Que la masacre comience —Ordenó Sasori.
