Días atrás, cuando la noticia de los invasores llegó a todos los kages del mundo, el consejo de la Aldea de la Arena dictaminó un incremento en la seguridad, debido a esto la puerta principal del asentamiento estaba vigilada a toda hora por un par de docenas de ninjas.
La brisa noctambula del árido entorno levantaba arena creando nubes a ras de suelo. Estas nubes fueron aprovechadas por los cuatro akatsukis para lograr acercarse a la entrada sin ser vistos.
Sasori ordenó con un gesto que se diera inicio al ataque. Kakuzu y Hidan saltaron y se adentraron en las filas de los vigilantes.
Kakuzu fue el primero en caer sobre la muralla. Dos ninjas se sobresaltaron al verlo. No tuvieron tiempo de dar la alerta, el akatsuki los tomó por el cuello con tal fuerza que podría partirles el cuello. Extendió sus brazos gracias su habilidad jiongu, y los arrojó por los aires.
La alarma se hizo escuchar y los defensores entraron en acción. Una campana repicaba por toda la muralla y subsecuentemente por la aldea. Todos los efectivos disponibles en el pueblo debían preparase para luchar y tomar sus posiciones.
—Supongo que se acabó el factor sorpresa —Se dijo a sí mismo Kakuzu.
Se despojó de su túnica para liberar la primera de sus máscaras, la máscara de fuego, la cual cubriría su espalda en el combate.
Los ninjas retrocedieron para analizar la situación, lo que no fue buena idea pues la mascará asaltó con una poderosa llamarada que atrapó a unos cuantos incautos. Kakuzu se arrojó a la ofensiva con su destreza en taijutsu. Golpe tras golpe extendía sus brazos y arrojaba enemigos por los aires. Los kunais y shurikens que le arrojaban se clavaban en su piel sin lograr detener su frenesí. Otro grupo de ninjas pereció ante el devastador fuego de su mascara.
—Eres un presumido Kakuzu: siempre te gusta llevarte todas las miradas, ¿verdad? —Comentó Hidan.
A sus pies yacían seis ninjas muertos, caídos ante el brutal filo de esa terrible guadaña de tres hojas.
Un defensor se preparó para atacarlo por la espalda. A penas concluía sus posiciones de manos cuando el aire fue rasgado por las hojas carmesí y su cráneo terminó perforado por una de estas.
Hidan jaló su guadaña mediante el cable que la une a él logrando llevarse el cuerpo del ninja aun clavado. Comenzó a girarla por el aire regado la sangre por todos lados y sobre los demás ninjas que miraban con horror el cuerpo de su camarada girara y girar. La cabeza se desprendió del cuerpo y este salió volando. El akatsuki aprovechó esa distracción para arremeter contra los ninjas desprevenidos causando más bajas en las filas de la Aldea de la Arena.
—Ese par siempre con sus locuras, ¿no, Sasori? —Comentó Deidara sobre una de sus creaciones de arcilla, una especie de ave blanca de gran tamaño.
—Deja de mirar y ponte a trabajar, Deidara —Respondió su compañero quien caminaba con tranquilidad a través de la entrada principal.
En el edificio central las tropas tomaban sus posiciones esperando las ordenes de sus capitanes. El temor y la incertidumbre era palpable en el ambiente pues no sabían que luchaban contra lo akatsukis.
—Estamos listos, lord kazekage. Los civiles están siendo escoltados al refugio subterráneo y los escuadrones esperan órdenes —Informó Baki, como comandante de las defesas.
Gaara miraba todo desde su balcón acompañado de sus hermanos. Su mirada era más seria de lo normal, la ira y la furia invadían su ser, pero sabía que debía controlarse. Esperaba solo una cosa para comenzar su contraofensiva: que los enemigos fueran identificados.
Temari se mostraba ansiosa, más al ver las llamas ardiendo en la entrada, se desesperaba, quería lanzarse al ataque.
Kankuro era más serio, su mirada estaba fija en lo que se movía en la muralla, que a esa distancia a penas vería pequeñas siluetas.
—¿Baki? —Articuló con su lúgubre voz el kazekage mientras lo miraba de reojo.
—Mi señor —En ese momento recibió un mensaje mediante el comunicador en su oreja—. ¡Mi señor, los atacantes visten túnicas negras con nubes rojas!
—Akatsuki —Masculló Gaara apretando los puños—. Baki, dirige las defensas desde las torres y envía un escuadrón a proteger a los civiles que aún no han llegado al refugio. Temari, llévate al escuadrón 2: traten de retomar la muralla. Kankuro, llévate al 3 y 4: no dejes que avancen por las calles de la ciudad —Ordenó con voz firme y autoritaria, la voz del líder al que todos esperan seguir.
—¡Ya era hora! —Asintió la rubia saliendo rápidamente mediante saltos en dirección a la muralla seguida de un grupo de ninjas.
—No dejaré que esos bastardos avancen, yo me encargo —Sonrió con confianza el marionetista, aunque solo trataba de disimular el temor que crecía en él.
—¿Usted qué hará, lord kazekage? —Preguntó Baki antes de ir a su posición.
—Defenderé el cielo —Respondió mirando una extraña ave blanca que volaba sobre la aldea.
La arena de su calabaza se juntó bajó sus pies creando una pequeña plataforma sobre la cual despegó con dirección a esa criatura.
En la muralla, Kakuzu había terminado de asesinar a los ultimo defensores. El ninja zombi se notaba casi sin ningún daño. Por su lado Hidan estaba enfocado en apilar todos los cadáveres que había logrado recolectar. Tenía un cuchillo clavado en el cuello y tres kunais en la espalda, pero no le importaba en absoluto.
—¿Se puede saber qué diablos haces, Hidan? —Cuestionó Kakuzu acercándose a él.
—Ordeno un poco, Kakuzu, ofreceré estos cadáveres a mi señor Jashin —Respondió sonriendo, hasta que decidió sacarse el cuchillo del cuello—. Mira lo que hicieron estos idiotas, me dejaron un agujero en la garganta. Podrás suturarme, ¿verdad?
—Luego. Debemos ir a buscar al jinchuriki —Ordenó el sombrío ninja.
Antes que saltaran de la muralla recibieron una poderosa ventisca que casi los arroja al otro lado. Se arrodillaron y se aferraron al suelo.
—¡No irán a ningún lado! —Se escuchó la voz de Temari. Apareció frente a ellos con su gran abanico desplegado y detrás de ella cinco ninjas con diferentes armas—. Lamentarán haber atacado esta aldea, malditos hijos de perra.
Hidan se burló de ella con una risa irritable. Kakuzu apretó los puños y se preparó para luchar.
Temari agitó su abanicó otra vez con más fuerza ahora creando una mayor corriente de viento logrando que Hidan saliera volando por estar distraído. Para su suerte Kakuzu lo atrapó por la pierna con su brazo extendido mientras con el otro se aferraba al suelo debiendo clavar los dedos en la roca.
—¡No te distraigas en un combate, imbécil! —Reclamó el zombi a su compañero.
Kakuzu usó el cuerpo de Hidan como arma. Intentó golpear a los ninjas rivales con él, pero estos lo esquivaron causando que Hidan fuera estrellado contra la roca de la muralla.
—¡Kakuzu, hijo de puta! ¿Acaso me viste cara de garrote? —Gritó molesto mientras se acomodaba la mandíbula y se levantaba.
Los ninjas liderados por Temari corrían a toda velocidad buscando acercarse a Kakuzu. Él saltó hacia atrás haciendo que su máscara de fuego tomara su lugar y arrojara una potente llamarada hacia ellos.
—Jutsu, Pared de viento protector —Agitó su abanico creando un muro de viento que detuvo el fuego de la máscara antes de que alcanzar a sus compañeros.
Aunque se salvaron del fuego, este fungió como un distractor que Kakuzu utilizó para moverse y atrapar a uno de los ninjas por el cuello con su brazo extendido.
Temari fijó su mirada en Kakuzu y su compañero atrapado, olvidado a Hidan. El de la guadaña saltó detrás de ellos buscando clavar su arma en uno siguiente víctima. La rubia estuvo a nada de recibir el ataque, pero una de sus compañeras la empujó en el último momento siendo esta quien recibió la guadaña de Hidan por la espalda pereciendo casi al instante.
Temari retrocedió con los ninjas que aún le quedaban. Kakuzu partió el cuello de su rehén y lo arrojó fuera de la muralla.
—Hidan, estamos perdiendo el tiempo. Encárgate de ellos, yo avanzaré y buscaré al jinchuriki —Ordenó Kakuzu dándoles la espalda y saltando hacia los tejados.
—¿Jinchuriki? —Repitió Temari— Gaara.
Otro de los ninjas se lanzó sin pensar tratando de alcanzar a Kakuzu. Temari trató de detenerlo, pero fue de demasiado tarde.
Antes de siquiera tocar el suelo la guadaña de Hidan lo había atrapado clavándose en su costado. Temari, titubeo, pero sabía que era su oportunidad pues su rival estaba con la guardia baja.
—Jutsu, Viento cortante —Agitó su abanico de forma horizontal para generar una hoja de viento que avanzó hasta cortar el brazo izquierdo de Hidan, mismo que sostenía la cadena de su guadaña logrando desarmarlo.
—¡Ahora, está desarmado! —Clamó la rubia a sus restantes compañeros.
Los dos ninjas que estaban con ella se acercaron y atacaron con sus espadas. Lo rodearon y lo atraparon clavando una espada en su pecho y otra en la espalda.
—¡Lo hicimos! —Exclamó Temari creyéndose victoriosa de ese combate.
—¿Qué hicieron? —Preguntó Hidan como si nada—. No han logrado nada, solo me hicieron perder mi guadaña favorita. ¡Eso me molesta mucho!
–E-es imposible, atravesé su corazón —Vaciló uno de los ninjas paralizado de miedo al verlo aún con vida.
Él akatsuki solo se rio al ver las caras asustadas y petrificadas de sus rivales. Pateó a uno en el estómago y al otro le dio un fuerte cabezazo que le destrozó la nariz. En un parpadeo sacó una de las espadas de su cuerpo y la usó para cortar el cuello del que pateó primero, dio vuelta y logró atravesar al segundo en el pecho. Los dejó caer al suelo mientras se sacaba la otra espada de la espalda. Fijó su lunática mirada sobre su hombro.
Temari no se movía, estaba impactada por lo que presenciaba.
La risa maniática del inmortal se hizo escuchar al ver la expresión de Temari. Se volvió hacia ella lanzando golpes con su único brazo. La rubia reaccionó en el último momento retrocediendo para evitarlos. Con un ágil movimiento de piernas logró derribarla. Una vez en el suelo la pisoteo con dureza en el abdomen, volvió a intentar pisarla, pero ella interpuso su abanico y lo alejó.
—Jutsu, Viento cortante —Pronunció con desesperación agitando su arma.
Esta vez el viento cortó más arriba, justo el cuello de Hidan decapitándolo. La cabeza cayó y rodó unos metros por el suelo. El cuerpo se desplomó poco después.
Temari sentía que había logrado acabar con su rival esta vez. Se tomó un momento para respirar y recuperarse del golpe recibido en el vientre. Poco duraría su tranquilad. Reaccionó al percibir que algo se movía.
El cuerpo decapitado de Hidan se abalanzó sobre ella golpeándola en el abdomen con fuerza. Retomó la espada e intentó apuñalarla en el pecho. De forma automática ella trató de detenerlo, provocando que el arma del akatsuki le atravesara la palma de la mano. El grito de dolor resonó, aun así, usó sus piernas para alejarlo de ella mientras trataba de contener el dolor y la sangre que escapaba en abundancia de su mano perforada.
—¿Qué pasa? ¿Acaso creíste que me habías ganado? —Se escuchó la voz de Hidan. Era su cabeza que seguía hablando desde el suelo.
Temari estaba aterrada y herida. Logró ponerse de pie y trató de escapar. El cuerpo de Hidan recogió su cabeza, al tiempo que con la sangre de los cadáveres cercanos dibujaba un símbolo en el suelo, sobre el cual se situó después. Paso la espada que tenía la sangre de Temari por su boca chupando hasta la última gota.
—¡No lograras escapar, preciosa! ¡Dedicó esta muerte a mi dios!, espero la reciba con el mismo gusto que yo la ofrezco —Gritaba mientras su cuerpo se tornaba negro con líneas blancas—. ¡Jutsu de maldición, Sangre poseída!
Con fuerza se clavó el espada así mismo en el abdomen.
Temari, no supo que, ni en qué momento, solo sintió un agudo dolor en su vientre. Detuvo su caminata cayendo de rodillas. Llevó sus manos a esa zona y sintió un líquido cálido que brotaba de ella y que empapaba sus ropas y manos.
—¿Q-quiénes son estos monstruos? —Fueron sus últimas palabras antes de caer inconsciente.
Hidan la vio desplomarse y asumió que había muerto, realmente no le importaba. Con su cabeza en mano se dirigió a la aldea.
Sasori avanzaba por la calle principal a paso lento. Varios ninjas lo seguían en silencio desde los tejados a ambos lados del camino. El akatsuki era plenamente consciente que trataban de rodearlo, solo esperaba que ellos hicieran el primer movimiento.
Se escuchó un traqueteo y un gran títere con forma de salamandra emergió del suelo frente Sasori.
—¿Van a hacer algo o solo quieren molestar? —Desafió Sasori.
Una lluvia de kunais fue dirigida hacia él. Agitó una enorme cola de metal logrando desviarlos todos con facilidad.
Detrás de él aparecieron los otros dos títeres de Kankuro: Hormiga negra y el Cuervo. Abrieron sus articulaciones para arrojar bombas de humo que detonar envolviendo a Sasori en un denso humo gris.
Los ninjas de las azoteas repitieron el ataque esta vez con papeles bomba asidos a sus kunais. Las detonaciones no tardaron en sentirse y el silencio sucedió a las detonaciones dando la ilusión de que habían logrado su objetivo.
El humo se disipó y no vieron nada en el lugar del ataque.
—No puede ser, ¿en qué momento se movió? —gruñó Kankuro sorprendido.
El sujeto apareció detrás de los ninjas en el tejado contrario. Los tomó por sorpresa agitando su cola para cortarlos por la espalda logrando herirlos, pero no los mató.
En ese momento Sasori se desprendió de su túnica mostrando su cuerpo.
—¡Maldición, es un títere! —Señaló Kankuro.
Sasori abrió la boca para disparar ajugas, era decenas y decenas a gran velocidad. Todos los ninjas se movieron en diferentes direcciones para evitarlas. Aunque todos, exceptuando a Kankuro, recibieron por lo menos alguna aguja.
—¿Dónde está su titiritero? —Se preguntó Kankuro en el suelo. Buscaba en todas direcciones sin dar con el titiritero.
Sasori bajó del techo de un salto para encararlo. Atacó con su cola con peligrosas estocadas.
Kankuro jaló a la Salamandra desplegando su escudo frete a él para detener los ataques del akatsuki.
—Siempre es agradable ver a un joven maestro en títeres; cada vez quedamos menos —Comentó Sasori con calma.
—No tienes idea —Gruñó Kankuro—. Actualmente soy el mejor maestro en títeres de la aldea.
Movió sus dedos haciendo al Cuervo y la Hormiga negra salir a los lados de Sasori y atacar arrojando kunais. Sasori batió su cola para desviarlos todos. El Cuervo se aproximó de nuevo sacando cuchillas de sus palmas intentado apuñalarlo. La cola de Sasori bloqueaba sus ataques uno tras otro, y con un rápido movimiento le partió un brazo al cuervo. Por otro lado, la Hormiga Negra, abrió su torso y arrojó cadenas para atrapar al enemigo. Sasori lo vio venir y arrojó una bomba de humo que lo cubrió todo.
—¡Muy tarde! ¡No escaparas de las cadenas de la Hormiga negra! —Sentenció Kankuro confiado. Vio algo entrar en el torso del títere y este se cerró al instante—. ¡Jutsu secreto negro, Doncella de hierro!
Los brazos del Cuervo se desarticularon y desplegaron cuchillas que se clavaron en el torso de la Hormiga negra apuñalando lo que estuviera dentro.
—No tengo idea quien era ese sujeto, pero perdió a su títere, ahora debo encontrarlo a él —Kankuro bajó la guardia, confiado que lo había neutralizado.
Algo surgió de la arena detrás de él, pudo escucharlo.
Una poderosa cola de metal se acercó a él, trato de mover a la salamandra para cubrirse, no lo logró a tiempo. La cola lo impactó en el pecho causando una herida profunda en su pectoral derecho, además que la fuerza lo arrojó a varios metros de distancia.
—¿Quieres saber quién soy? —Preguntó Sasori atacando con su cola a la Salamandra, golpeando puntos específicos que la desarmaron.
—¿Qué? ¿Cómo? —Alegó Kankuro adolorido mientras llevaba su mano a la herida—. Si él está aquí, entonces… —Volvió la mirada a la Hormiga negra abriéndola para ver que había dentro—. ¡No puede ser!
Dentro solo había un montón de arena, no solo eso, tenía un par de papeles bombas activos. Los papeles estallaron despedazando los títeres. Ahora Kankuro estaba indefenso y herido.
—Yo soy Sasori de la Arena Roja, el mejor maestro en títeres de todos los tiempos. Estos juguetes que usas los hice cuando era un niño.
Kankuro logró incorporarse, ahora estaba en indefenso, pero se preguntaba dónde estaban los ninjas que combatían a su lado. Miró sobre los tejados, todos estaban tirados e inertes.
–Olvidé mencionarlo: todas mis armas están impregnadas con un veneno de mi invención, es una toxina única en su especie, mata en tres días, pero te hace sufrir como nunca durante ese tiempo.
Kankuro comenzó a sentir entumecimiento en su cuerpo, su vista estaba nublada, así que trató de escapar.
—N-no me siento bien —balbuceaba—. Lo siento, Gaara, esto queda en tus manos, hermano.
Miró hacia el cielo donde estaba Deidara en su ave escapando de los ataques de arena del kazekage. Kankuro no pudo más y sucumbió quedando inconsciente.
El marionetista de los akatsukis no le dio importancia a su rival. Le dio la espalda y siguió su camino por las calles de la aldea.
