Deidara comenzó un bombardeo indiscriminado que sembró de caos y fuego la aldea. El kazekage se esforzaba en darle alcance cruzando los cielos.
Las torres defensivas pronto se unieron a los esfuerzos de su líder bajo el mando de Baki. A la orden del jounin las balistas dispararon de enormes flechas cargadas con papeles bomba. La mayoría fallaban, pero detonaban cerca de Deidara logrando desestabilizar su vuelo y nublar su vista a causa del humo.
—Que molestos resultaron ser esos tontos —Decía el akatsuki concentrado en evitar los disparos y los ataques de Gaara—. Me ocuparé de esos impertinentes.
Metió sus manos en las bolsas que llevaba a cada lado de su cintura. Se aproximó a las torres a gran velocidad para escapar a los ataques de los artilleros. Arrojó sobre ellos pequeñas esferas de arcilla.
Los artilleros guardaron su distancia pues les eran desconocidas esas cosas.
Las bolas de arcilla se abrieron tomando forma de arañas. De pronto comenzaron a estallar con estrepito y potencia.
Desde la distancia Baki fue testigo de las detonaciones y como las torres caían una tras otra.
—¿Qué diablos fue eso? —Alegó sorprendido—. ¡¿Qué alguien me diga que carajos fue eso?!
Buscó respuestas en sus camaradas cercanos, pero todos estaba igual de confundidos que él
—¡Vuelvan a las armas! ¡Derriben a ese maldito! ¡Quiero que localicen a Temari y a Kankuro, los necesitamos aquí!
—Capitán Baki, un equipo de ninjas me informa que la señorita Temari fue encontrada cerca de la muralla, está inconsciente y malherida; la están llevando a la enfermería —Comunicó uno de sus subalternos mediante un comunicador en su oído.
—¿Qué? ¿Temari está herida?, ¿es grave? —Discutió sorprendido y preocupado por la que alguna vez fue su alumna—. ¿Qué hay de Kankuro?
—No tengo información sobre él, capitán, pero todo su escuadrón está incomunicado —Respondió temeroso el joven shinobi.
—Maldita sea. Manda a un equipo de rescate, deben encontrarlo, y si aún puede luchar que venga aquí —Ordenó frustrado mientras volvía la mirada a los cielos.
La batalla entre Deidara y Gaara en los cielos se prolongaba.
Deidara se elevó tanto como pudo en el cielo, perdiéndose de la vista del kazekage. Gaara miraba expectante, esperando el movimiento del akatsuki.
Dos objetos comenzaron a caer a gran velocidad, uno era una esfera bastante grande de arcilla, el otro era el ave con Deidara sobre ella. Gaara arrojó su brazo de arena sobre el ave ignorando la otra esfera que impactó en el suelo.
Con su brazo de arena atrapó al ave y a Deidara cubriéndolos.
—Se acabó tu juego, ¡Ataúd de Arena! —Apretó su puño y a su vez la arena aplastó a Deidara y al ave.
—Cayó en la trampa: atrapó a mi clon de arcilla —Deidara estaba en el suelo, emergiendo sano y salvo de la esfera de arcilla.
Tomó un poco más de arcilla creando una gran cantidad de aves pequeñas que volaron raudas hasta Gaara. El pelirrojo pudo verlos llegar, usó su arena para cubrirse rápidamente creando una esfera. Las aves chocaron comenzando a estallar fuera de esa defensa.
—Eso no funcionará, cuando Gaara se encierra en esa esfera de arena es inmune a cualquier ataque —Dijo Baki confiado de las habilidades de su discípulo.
—¿Eso suena muy retador? —Detrás de Baki se escuchó la voz de Kakuzu.
El jounin rápidamente volvió la mirada divisando al ninja zombi junto a su máscara de fuego que estaba a su lado.
—Es obvio que Deidara tiene algo en mente; su kazekage solo le está siguiendo el juego —Aseveró Kakuzu.
La máscara arrojó una llamarada hacia los que estaban en esa torre. Algunos lograron salvarse del voraz fuego saltando de la torre, entre ellos Baki, otros no tuvieron la suerte de salvarse.
Gaara estaba encerrado en su esfera de arena esperando que las aves que envió Deidara se agotaran. Sin embargo, algo comenzó a moverse dentro de la esfera, saliendo de la arena: era una serpiente de arcilla
—En el momento que aplastaste a mi clon de arcilla este se fragmento fundiéndose con tu arena —Deidara sonrió victorioso haciendo una posición de manos—. Mi arte es ¡Explosivo!
La serpiente de arcilla detonó dentro de la esfera.
Frente a los atónitos ojos de todos los ninjas sobrevivientes la arena que protegía a su kazekage se desmoronó y momentos después lo vieron caer al suelo inerte.
Un escuadrón de ninjas se apresuró a la ubicación de su kazekage con la intención de rescatarlo. En dicho escuadrón se encontraba una joven chunin de cabellos castaños y ojos negros. Ella era quien más preocupada se notaba, era la joven aprendiz del kazekage.
—Oye, Matsuri, no te salgas de la formación, vas demasiado rápido —Llamaba un mimbro de su escuadrón.
—¡Pero tenemos que darnos prisa, el Kazekage puede estar herido y necita atención medica! —Razonó sin aminorar su velocidad.
—Por eso necesita que lleguemos sanos y salvos; si rompes la formación nos pones en riesgo, esos malditos criminales siguen por allí —Insistió su superior.
Al mismo tiempo que los ninjas iban a rescatarlo, los akatsuki también se aproximaban.
Pasaron pocos minutos cuando los ninjas llegaron en su rescate. Uno de ellos, que era médico, se acercó para evaluar su condición
—Esto no está nada bien. Está inconsciente y tiene varias fracturas; debemos llevarlo a la enfermería lo más pronto posible.
—Señor Gaara —Murmuró la joven Matsuri muy preocupada por la condición de su maestro.
—D-deben irse… deben irse ahora —Susurró Gaara abriendo un poco sus ojos.
—Claro que no, maestro. No vamos a dejarlo, lo llevaremos a la enfermería y estará a salvo —Refutó Matsuri.
—Es inútil. Ellos me buscan a mí. Si no me entrego destruirán la aldea —Intentó ponerse de pie, pero sus heridas no lo permitían.
—Lord kazekage, sus heridas son serias, necesita atención médica. Déjenos llevarlo a la enfermería.
—No irán a ningún lado, ese jinchuriki es nuestro —Se escuchó la voz de Sasori.
Una lluvia de agujas se cernió sobre los ninjas obligándolos a retroceder, pero dos de ellos no escaparon al repentino ataque y perecieron casi al instante. Los otros tres se pusieron en guardia.
Sobre un tejado frente a ellos estaba Sasori moviendo su cola de forma amenazante.
—No se lo van a llevar —Advirtió Matsuri, tratando de ocultar su miedo.
Se escuchó un ligero y rápido silbido. un kunai voló de forma fugas por el aire clavándose con fuerza en el corazón de otro de esos ninjas con tanta fuerza que casi lo perforó.
—Escuchaste eso, esa linda chica tiene mucho valor, ¿no crees? —Una risa demencial acompañó esas palabras.
El ninja medico pudo sentir que algo se pegaba a su espalda. Era una araña de arcilla escaló hasta llegar a su cara y, antes de intentar quitársela, estalló dándole una muerte instantánea y sangrienta.
—¿Qué pasó amigo Hidan, otra vez te dejaron sin cabeza? —Deidara se hizo presente sobre el tejado de un edificio.
—Matsuri, debes irte ahora —Murmuró Gaara.
—No puedo dejarlo aquí, maestro —Respondió, y aunque sus palabras decían una cosa, el temblar de sus piernas y sus manos decía lo contrario.
La máscara de fuego de Kakuzu apareció arrojando una poderosa llamarada que calcinaría a la joven chica. Solo se pudo escuchar su grito de terror y su figura fue cubierta por el fuego.
—Que se supone que esperan para tomar al jinchuriki —Gruñó Kakuzu de brazos cruzados—. ¿Otra vez sin cabeza Hidan?
—Ríanse todo lo que quieran, idiotas; al menos a mí no me pasa nada cuando me cortan la cabeza.
—Pues claro que no; no tienes un cerebro útil dentro de esa cabeza —Respondió Sasori a manera de burla logrando hacer reír a los otros dos akatsukis.
—¡Púdranse, malnacidos! —Profirió molesto. Pero su atención seria tomada por lo que vería.
Antes que la llamarada de la máscara acabara con la joven, Gaara movió su arena, la misma que protegía su cuerpo, para crear una esfera que salvó a la chica. Esa acción le costó bastante de la poca fuerza que le quedaba, desmoronándose poco después del ataque revelando que Matsuri estaba ilesa.
—Ya han asesinado muchos ninjas aquí hoy. Dejen que ella se vaya, y me entregaré sin oponer resistencia —Ofreció Gaara a los cuatro akatsukis.
—Sí, claro. Igual podemos matarla y luego llevarte con nosotros —Bufó Hidan—. Quiero divertirme un poco con esa muñequita —Se relamió los labios de forma perversa.
—Aceptamos —Respondió Sasori, dirigiéndose a Gaara—. Dile a la chica que se largue antes que cambie de opinión.
—¡Oye! No dejaré que se vaya, yo la quiero —Refutó Hidan, bastante inconforme.
—No tenemos tiempo para tus estupideces degeneradas, Hidan —Encaró el marionetista fulminando con la mirada a su compañero, quien no tuvo más remedio que aceptar.
Matsuri miraba a los cuatro criminales con terror. La sola idea de enfrentarse a ellos era una estupidez, pero en el fondo no quería dejar a su maestro.
—Matsuri, no te preocupes por mí, yo estaré bien. Vete ahora —Dijo su maestro con una mirada tranquila, casi pacífica.
En el fondo Gaara sabía lo que buscaban, pero quería que la chica confiara y se fuera.
Ella dudó, pero al final asintió levantándose para escapar tratando de no voltear hacia atrás y arrepentirse de abandonar a su maestro.
—Eso fue raro viniendo de ti Sasori, ¿acaso te estas ablandando? —Cuestionó Kakuzu acercándose a Gaara.
—Solo quiero largarme de aquí; ya me cansé de perder el tiempo —Fue lo que respondió el marionetista mientras daba la espalda y se alejaba.
Kakuzu encaró al kazekage mirándose directamente a los ojos, un momento después le pateó la cara con fuerza para dejarlo inconsciente. Lo levantó del suelo sacándole el aire y se lo montó en el hombro.
—Oye, Hidan. Encontré esto mientras caminaba por la aldea —Comentó Deidara con el brazo su compañero, entregándoselo.
—Que bien, creí que lo había perdido. Oye, Kakuzu, ¿cuándo me vas a coser?
Las cuatro sombras de akatsuki se retiraron de la aldea después de haberla destrozado. Dejaron detrás de ellos edificios destruidos, incendios, muerte y caos en general. La enfermería de la aldea estaba repleta de heridos, muchos de ellos agonizando, y una gran cantidad víctimas del veneno de Sasori.
Baki se había llevado golpes y quemaduras, pero nada preocupante. Deambulaba por los pasillos buscando a Kankuro y Temari.
Al llegar a un pasillo pudo ver a la rubia siendo llevada en una camilla de forma urgente al quirófano, logró ver como los médicos trataban de contener la sangre que brotaba de su abdomen
—Señor Baki, encontramos a Kankuro, está siendo llevado a la de enfermería, parece estar envenenado —Comunicó un asistente.
—¿Qué hay de Gaara? —Cuestionó yendo a esa sala para ver a su alumno.
—Me temo que no sabemos nada, después de su caída…
En ese momento pasaron por un pasillo un tanto oscuro donde oyeron unos sollozos que llamaron su atención. Era Matsuri, la chica estaba gimoteando, sentada en el suelo tratando de calmarse.
—¿Matsuri? ¿Qué pasa? —Preguntó Baki acercándose a la chica.
—S-señor Baki —Articulo con una voz temblorosa—. E-el maestro Gaara fue secuestrado —Agachaba la mirada para no ver a los ojos al capitán.
—¡¿Se lo llevaron?! ¡¿Se llevaron a Gaara?! —Exclamó impactado por lo que la chica dijo—. ¡¿Y tú lo permitiste?!
—Lo siento, hice lo que pude, pero eran demasiado fuertes; asesinaron a todo mi escuadrón —Se atemorizó por las duras palabras del su superior, las cuales acrecentaban el sentimiento de culpa en su interior—. Yo no quería escapar, pero el maestro Gaara me pidió que lo hiciera, pero yo no quería, lo juro
Rompió en llanto cubriendo su rostro con las manos en un tierno intento de que no la vieran llorar.
Baki dejó de lado su enojo por lo ocurrido. La chica no era culpable de lo que pasó, a penas y tuvo suerte de salir con vida. Suspiró y se acercó a ella poniendo su mano en la cabeza de ella suavemente. Ella alzó con cierto temor la mirada.
—Yo soy quien lo siente. No es tu culpa, aunque te hubieras quedado defendiéndolo no habrías podido evitar nada y habría una ninja de la arena menos —Dijo con una voz comprensiva—. Debes recobrar tu valor, la aldea está en caos y nos necesita.
La medianoche apenas llegaba y la Aldea de la Arena estaba derrotada y con su líder capturado por los akatsukis.
En la distancia, a pocos kilómetros, en una zona boscosa, los ninjas de la hoja que acompañaban a la hokage descansaban en una cabaña creada por Yamato.
Naruto, con dificultades para conciliar el sueño, se salió unos momentos y se tumbó en la entrada para apreciar el estrellado cielo nocturno.
—¿Todo bien, Naruto? —Dijo su compañera de equipo.
—Sí, claro —Respondió él con un rostro relajado.
—Creí que habías tenido otra pesadilla —Sakura se acercó y se sentó junto a él
—Por suerte no, lamento haberlos preocupado —Rio un poco, mientras se alborotaba el cabello—. Quizás solo fueron algo pasajero.
—Eso espero. ¿Por qué estás aquí a estas horas?
—Solo pensaba. Pensaba en lo rápido que Gaara ha logrado llegar a lo más alto de su aldea. Ya me ha superado en tan solo cuatro años. Me alegro por él, ansió volver a e ver a ese pelirrojo sombrío.
—Si, Gaara nos sorprendió a todos cuando se nos anunció que era el nuevo kazekage.
—Yo también debo trabajar mucho, Sakura. Algún día llegaré a la cima y seré el hokage. No me detendré hasta lograrlo —Miró al cielo, como si mirara su destino.
El rubio jamás cambiaria de parecer, era la misma meta que se impuso de niño, solo que ahora sus palabras ya no sonaban tan infantiles.
—Lo has dicho tantas veces que ya me has convencido, Naruto. Estoy segura de que serás un gran hokage —Concordó Sakura.
Pasaron unos minutos sin decir nada hasta que Naruto rompió ese silencio con una pregunta un tanto intrigante, pero que era algo que tarde o temprano enfrentarían.
—¿Qué tan poderosos crees que sean los akatsukis?
—No tengo idea. Pero si son iguales a Itachi Uchiha será difícil acabar con ellos. Ese sujeto es demasiado fuerte, venció a Kakashi la última vez que se enfrentaron.
—Si, cuando llegaron por mí. Buscan a los jinchurikis. A los que llevamos dentro a un biju —Llevó su mano a su abdomen donde llevaba ese sello maldito.
—Por eso debemos detenerlos, antes que logren lo que desean. Cuando aparezcan acabaremos con ellos, tendrán que entender que la Aldea de la Hoja no se quedará de brazos cruzados cuando amenazan a uno de los nuestros —La chica se mostraba segura de sus palabras, y afirmaba su amenaza chocando los puños.
Naruto se sorprendió, claramente hablaba de él al decir: "uno de los nuestros". Era, quizás, la primera vez que Sakura decía algo así, que, en síntesis, se podría traducir como que lo protegería de ser necesario.
—Cielos, Sakura, jamás te había oído hablar tan segura, casi haces que me sonroje —Trató de no mirarla, porque efectivamente, estaba ruborizado.
—¿Qué? –preguntó ella sin entender exactamente a que se refería.
—No es nada, vayamos dentro, mañana por la mañana habremos llegado —Se acercó y colocó su mano sobre la cabeza de ella suavemente como un gesto de aprecio—. Gracias, Sakura.
Sakura no comprendió la razón de ese gesto. Solo miró la sonrisa en los labios de su compañero.
