Horas antes del amanecer los ninjas de la Aldea de la Hoja reanudaron su viaje. Durante el alba alcanzaron los límites del desierto que impera en las tierras del País del Viento. Una vez allí avistaron una humareda de enorme que se levantaban en la distancia.
Apresuraron el paso y en menos de una hora llegaron a las puertas principales de la Aldea de la Arena. Sus temores se confirmaron allí.
El muro escalonado que resguarda los limites de la ciudad se apreciaban cubiertos de sangre. Grupos de ninjas médicos se ocupaban de recuperar los cuerpos de sus compañeros.
—Debió ser un terrible ataque; y puedo deducir que no ha pasado demasiado tiempo —Dedujo Kakashi.
—¿Pueden decirnos que ocurrió aquí? —Tsunade se acercó a los médicos en busca de respuestas.
—¿Es la hokage? —Le respondió el hombre—. Lamentablemente la aldea está pasando un momento terrible. Anoche fuimos atacados por un escuadrón de ninjas desconocidos.
—¿Desconocidos? ¿Los akatsuki? —Inquirió ella.
—Me temo que no puedo asegurar nada, mi señora. Estoy seguro de que el capitán Baki podrá recibirla e informarle con detalles.
Avanzaron a través de las puertas principales. Durante el trayecto por las calles vieron los destrozos y la muerte que esos agresores dejaron tras el ataque. Eran decenas y decenas de edificios totalmente colapsados, algunos aun siendo consumidos por las llamas.
—Esto está muy mal. Esto no pudo ser obra de nadie más que de los akatsukis —Comentó Kakashi a Tsunade susurrándoselo para que nadie más le oyera.
—Lo sé. Me encargué de advertir y avisar de dicho riesgo a Gaara desde que tomó el puesto de kazekage. Esperemos que el chico esté bien —Respondió ella con igual secretismo.
Naruto miraba lo ocurrido tan molesto como indignación. Se esmeró con ahínco para contener sus opiniones y su furia.
—Esos akatsukis deben ser muy fuertes. Me cuesta creer que cuatro ninjas fueran capaces de atacar una aldea y causar tal destrucción —Comentó Neji incapaz de creer que una fuerza tan reducida fuera capaz de tal resultado.
—Más sorpréndete es que Gaara estaba aquí junto a sus hermanos; los tres son ninjas de elite. Quizás los atacantes fueron repelidos —Sugirió Rock Lee creyendo en su interior que esto era resultado de una victoria.
Llegaron al edificio central del kazekage el cual tuvo que ser convertido en hospital provisional para recibir a todos los heridos y también fungía como centro de identificación de cadáveres.
El patio de instrucciones, por donde pasaron los ninjas de la hoja, estaba lleno de cuerpos cubiertos por telas blancas esperando poder ser reconocidos, registrados y finalmente sepultados. Era una imagen desalentadora y atemorizante.
El hedor se sentía en el ambiente. Pocos de ellos pudieron ver la escena sin desviar la mirada y cubrirse la boca.
Ingresaron al primer nivel del edificio. Otrora oficinas administrativas, ahora habitaciones provisionales para heridos, los cuales eran tantos que algunos esperaban en colchonetas sobre los pasillos.
Tsunade buscó con la mirada a Gaara o a Baki. No estaban por ningún lado. En ese momento escucharon un portazo.
—¡Kankuro! ¡Debes regresar a la cama, no estás en condiciones de moverte! —Gritaba Baki saliendo de una de las habitaciones detrás de su discípulo.
El ninja de los títeres salió de una habitación tropezándose a penas pasar la puerta. Su torso estaba desnudo y cubierto por vendas que resguardaban sus heridas. Se apreciaba muy débil, sudaba y jadeando sin motivo aparente, su cuerpo temblaba sin control, en especial sus extremidades, lo que le impedía ponerse de pie.
—¡Temari! —Exclamó con fuerza. Se ayudó de la pared para levantarse—. ¡Temari! ¡Suéltenme maldita sea! ¡Tengo que ver cómo está ella, tengo que saber si está bien!
Un grupo de médicos trataba de detenerlo para que no se hiciera más daño, pero él no lo permitía–.
—No es el momento para esto. Ella está en cirugía ahora y tú debes regresar a esa cama antes que te debilites más. Entiende que estás envenenado y actuar así solo acelera el efecto —Baki intervino para poder someter al joven.
Fue entonces notaron la presencia de los ninjas de la hoja. Kankuro se zafó del agarre de su maestro y se dirigió a ellos con premura terminando por tropezar una vez más a casusa de su debilidad. Neji y Rock Lee se acercaron a él para ayudarlo a ponerse de pie.
—¡Usted! ¡Usted es una ninja médico, ¿verdad?! ¡La mejor de la Aldea de la Hoja! —Corroboró Kankuro exasperado.
—Si, así es —respondió sin entender que pasaba—. ¿Qué es lo que pasó?
—Se lo suplico, señora hokage. Salve a mi hermana por favor, está muy mal y necesita ayuda, pero no tenemos suficientes para atender a todos los heridos, ni tampoco tenemos médicos tan capacitados —Kankuro sucumbió de rodillas suplicando por el auxilio.
—¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Quién la atacó? —Preguntó ella tratando de guardar la calma, pero esa desesperación comenzaba a sentirla también.
—¡No hay tiempo para hablar! por favor, su vida está pendiendo de un hilo. Se lo imploro, se lo suplico, ¡Ayúdela, por favor!
—Kankuro, si sigues moviéndote el veneno se extenderá más rápido en tu cuerpo, debes…
—¡No me importa! —Gritó a su capitán. No se contuvo más y su desesperación se desbordó en lágrimas—. ¡Se llevaron a Gaara por mi culpa! ¡Por no ser suficiente para luchar contra esos hijos de puta! ¡No perderé a mi hermana, no ahora y no de esta forma!
Los ninjas visitantes confirmaron lo que ya suponían. La peor de las situaciones se sucedió. Un jinchuriki capturado, y peor aún, un kage.
—Capitán Baki —Intervino la hokage con voz firme—. Llévenme a la sala de operaciones para atender a Temari. Mientras lo hago, quiero que informe detalladamente lo que ocurrió a Kakashi y a Gai. Tenten, Sakura, lleven a Kankuro de regreso a su habitación y comiesen el tratamiento contra venenos. Naruto, Lee, Neji y Yamato, ayuden a los ninjas de la arena en todo lo que puedan —Expresó sus órdenes forma clara y concisa. Mantuvo la calma demostrando su férreo temperamento.
Todos los ninjas de la hoja asintieron y se dividieron conforme a los dictados de su líder.
En el país de los Campos de Arroz la invasión no paraba. Los invasores ocuparon aquella costa y una buena cantidad de terreno aledaño, sin embargo, para abastecerse de recursos recurren a asaltos constantes a pueblos y aldeas cercanos.
Una aldea de cultivos era el objetivo de ese día. Un batallón de salvajes ashigarus fue desplegado bajo el mando de un samurái de elite.
En menos de una hora, desde el inicio del ataque, la aldea casi había sucumbido por completo. Aun así, dos escuadrones de ninjas del sonido acudieron en auxilio de sus camaradas.
Se movieron veloces atravesando las calles que eran cubiertas por cuerpos masacrados tanto de civiles como de ninjas. Al final llegaron a la plaza central donde el samurái al mando de la misión aguardaba.
El artificie de tal masacre se encontraba sentado en una banca de cemento. A simple vista parecería una persona normal, pues no portaba la típica armadura de los samuráis. Vestía ropajes holgados, blancos y negros. Pero la espada que empuñaba rebosaba del rojo de la sangre. No es un hombre alto, pero tampoco es de baja estatura; destaca su musculado cuerpo y una larga cabellera carmesí que corona su frio y rostro de ojos negros.
A los pies de ese hombre yace una docena de ninjas ejecutados por ese filo.
Los dos escuadrones de refuerzo se sorprendieron y el miedo los invadió al ver a los suyos muertos como animales y al homicida impoluto, pues ni la sangre derramada había logrado tocarle la vestimenta. Se llenaron de coraje y valor para hacerle frente.
El líder de los ninjas cuestionó el motivo de esta infamia.
—¿Por qué tengo que explicarlo? —Respondió el samurái mirándolo con una sonrisa en sus labios—. Me ordenaron arrasar este lugar. Estos insectos intentaron detenerme y no me dejaron más opción que asesinarlos. Si hubieran escapado, como los aldeanos, los habría dejado vivir.
Relató el crimen con tal naturalidad que era perturbador.
Todos arrojaron kunais con papeles bombas. Él bostezó y en el último momento dio un enorme saltó que lo elevó varios metros en el aire.
—Estilo de hielo, Lluvia de flechas —Agitó su espada y de esta emanaron decenas de flechas se abalanzaron sobre los ninjas.
Cuatro lograron evitarlas y cuatro de ellos no lo lograron.
El samurái regresó al suelo de forma grácil. Los restantes cuatro ninjas creyeron que podrían intentar un ataque cuerpo a cuerpo rodeándolo y atacando por todas direcciones.
El samurái sonrió ante ese burdo intento. Se arrodilló y llevó su mano al suelo
—Estilo de hielo, lanzas emergentes
Calculó el momento y la posición de sus rivales. Del suelo brotaron lanzas de hielo que atravesaron y empalaron a los cuatro agresores en un instante.
La maliciosa sonrisa de sus labios pronto se borró y de su boca emergieron maldiciones dirigidas a los enemigos asesinados. Estaba furioso porque sus enemigos fueron demasiado débiles. Suspiró aburrido y molesto mientras enfundaba su arma. Dio por concluida la misión y se encaminó en retorno hacia la base samurái.
—Llevo ya varios días en este pedazo de tierra lleno de "ninjas" y no he encontrado un verdadero reto, a este paso me colgaré por el aburrimiento. Si mal no recuerdo, durante el Sengoku establecí un récord: cuatrocientos doce asesinatos en un día. En los dos ataques que he hecho aquí apenas he llegado a cien. ¿Será que estoy oxidado? Bueno, tres años en prisión no pasan sin dejar huella.
Mientras seguía avanzando se topó con otro, o más bien otra, samurái quien se acercó a él a lomos de un fino y precioso caballo blanco. Era una chica joven y de baja estatura, figura fina y cabellos rubios platinados muy bien cuidados y de bellos ojos grises en su agraciada faz.
Al igual que aquel asesino ella también está desprovista de armadura alguna, siendo solo la espada en su cintura lo que la identifica como samurái.
—No puedes dejar de ser una bestia, ¿verdad Gadi?—Reprochó la joven—. La misión era saquear no masacrar a todos los aldeanos.
—¿Que hace aquí, señorita Miri? —Respondió el hombre dedicándole una sonrisa fingida.
—No tenía nada mejor que hacer: la base está terriblemente escandalosa con tantas construcciones. No soporto tanto ruido. Supe que "El Demonio de hielo" iba en una misión así que decidí venir para ver esas temidas habilidades.
—Debería estar en la base, señorita. La reunión de la Gran Alianza Samurái se llevará a cabo esta noche, usted debería estar presente junto a su padre y hermano mayor.
—Pues no —Bufó cruzándose de brazos y desviando la mirada—. Al parecer no me quieren allí, solo daimyos y herederos. Por eso vine aquí; además, padre dice que debo vigilarte para evitar que hagas locuras.
—Defina que se considera una locura, y luego hablaremos sobre mis limites —Pasó de ella con intención de regresar.
—¡Oye, idiota! —Exclamó ella al verlo irse—. Mi padre te contrató y te dio mucho dinero, así que estás bajo el mando de la familia Shimazu y me respetarás tanto como a mi padre.
—Si, eso no lo he olvidado, señorita. Regresemos a la base y descansemos. Puedo pedir que le preparen un postre y le den un buen té para que se relaje —Sonrió mirándola sobre su hombro y expresándose con cierto tono de burla.
—¡Maldito idiota! —Gruñó ofendida—. No soy una de esas damitas que viven en castillos llenos de sirvientes y que no saben siquiera como usar un arma. ¡Soy una samurái de elite, y soy tu ama!
Bajó del caballo de un salto y desenvainó la espada. Sus piernas emanaron electricidad, la cual usaría para mejorar su velocidad. Se proyectó con gran rapidez hacia Gadi intentando un corte horizontal. Su espada fue detenida por un muro de hielo que apareció de la nada.
Gadi lanzó una patada atravesando el muro de hielo e impactó en el abdomen de ella derribándola sobre el terroso suelo.
—Su ímpetu y velocidad son de un nivel considerable, señorita Shimazu. Carece de habilidades estratégicas, pero su arrojo me agrada. Si tantas ganas tienen de entrenar, comenzaremos aquí. La primera lección se llama: "Aprender a respetar a un samurái"
La chica, a pesar del golpe, se levantó como si nada. Aferró las manos a la espada y se preparó.
—De eso era que estaba hablando. Vamos a ver qué tan fuerte eres realmente —Se mordió el labio por la emoción de por fin entrenar con un samurái de elite.
Este encuentro, aunque pareciera salirse de control no pasaba de ser un entrenamiento.
La mencionada base de la Alianza Samurái no paraba de crecer día con día. La otrora aldea de pescadores se convirtió en un complejo militar de gran tamaño. Una larga e infranqueable empalizada resguardaba todas las instalaciones. Los ashigarus levantaron cientos y cientos de casa de campaña para ellos mismos. Para los samuráis y miembros de los sequitos de los daimyos se construyeron cabañas de madera, las cuales mejoraban según el rango de su huésped, esto hasta llegar las casas de mayor lujo que serían para las familias de los líderes.
En la cima de una loma se erigió una portentosa torre con diez niveles. Ese edificio es el centro de mando y de reuniones de la alianza.
En una de las varias entradas terrestres de la base un grupo de samuráis se preparaban para una exigente misión de reconocimiento. El clan Date desplegó un escuadrón de samuráis de sus propias fuerzas. El líder del grupo responde al nombre de Jubei.
Jubei es un hombre maduro, alto y fornido, reconocido por su atractivo, pero más por su basta experiencia en combate. Portador de una larga cabellera negra bien atada con un lazo blanco y una hermosa armadura de colores azules y dorados. La mencionada experiencia en combate ha dejado sobre él varias marcas, siendo las mas notable la perdida de su ojo izquierdo, sobre el cual ostentan un parche negro. Aquel afamado guerrero ensillaba su caballo mientras aguardaba el arribo de sus acompañantes.
—¡Jubei sensei! —Gritaron dos voces al unisonó.
—Asami Fujimoto y Ryo Todomo —Cuando ese par de chicos se acercaron fueron recibidos con un par de golpes en la cabeza por parte de su sensei—. ¡Llegan tarde, par de irresponsables!
—L-lo sentimos sensei —Respondieron ofreciendo una reverencia como muestra de disculpas.
Asami es una joven de baja estatura y complexión ligera, una belleza notable entre las jóvenes samuráis, con su cabello azulado sostenido en trenzas.
Ryo es similar a ella en edad y entusiasmo. Físicamente destaca por su fornida apariencia y baja estatura que nos dan un indicio de que su estilo de combate se enfoca en la fuerza bruta. Sus ojos azules son su mayor característica, así como su cabello corto y oscuro.
Siendo ambos novatos sus armaduras no son tan ostentosas ni pesadas como la de su maestro, no obstante, portan los mismos colores.
Asami es usuaria de un arco, yumi, el cual lleva en su espalda y en su cintura lleva el carcaj de flechas. El joven Ryo es usuario de un tetsubo de madera con tachones de hierro en los laterales.
—Un "lo siento" no es suficiente. Un samurái nunca hace esperar a nadie, mucho menos a otro samurái. La responsabilidad y puntualidad es crucial en el camino del samurái, es una virtud que ensalza el espíritu y el respeto ¿Qué hubiera pasado si yo hubiera llegado tarde a la batalla de Yahika? —Sermoneo de forma filosófica.
—Probablemente hubiera conservado su ojo izquierdo, sensei —Respondió Ryo ignorando el hecho que a Jubei no le gusta mucho que bromeen cuando da un sermón. La osadía le granjeó un nuevo golpe en la cabeza.
—Lo sentimos, señor. Anoche tuvimos problemas para encontrar la cabaña que se nos asignó, y terminamos durmiendo muy tarde —Alegó la joven Asami tratando de contener la risa al ver a su compañero ser reprendido por el sensei una segunda vez.
—Eso no es una excusa. Pero bueno, aún están a tiempo. Prepárense rápido —Ordenó Jubei.
Pronto los tres ensillaron sus preciosos equinos de largas crines. Aseguraron las provisiones en las monturas, pues la misión los ausentaría varios días.
—Es una pena que no estemos aquí cuando se lleve a cabo la reunión de los siete daimyos —Comentó Asami a su compañero.
—¿Cómo por qué? Ni en broma dejarían que un par de novatos se acercaran al centro de mando durante una reunión de nobles.
—Lo sé, pero es el mejor momento para ver a los samuráis más fuertes; siempre son invitados o son parte de las escoltas de los daimyos. Imagina poder ver al Rey de la gravedad, al Samurái de las flores, o a La Niña de la naginata. Todos son samuráis temidos y respetados, famosos por sus hazañas en combate —Sonrió con emoción.
—¡Muchachos, es hora, salgamos! —Ordenó el líder agitando las riendas de su caballo.
Los tres emprendieron su viaje con dirección al suroeste.
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Hola, os habla el escritor. A partir de este capítulo, y en los siguientes harán su presentación una gran cantidad de personajes OCs, así que sugiero que estéis muy atentos a nombres y descripciones para que no se confundan. Igual, la caja de comentarios está disponible para que cualquiera pueda aclarar sus dudas.
Gracias por leer.
