El viento sopla dando vida a las hojas de los árboles. En aquella vereda dos hombres se miraban con fiereza; tratan de develar los misterios de su adversario. Sasori, dentro de su Hiruko, y el samurái Jubei.

El tuerto articula una sonrisa sutil, busca provocar desconfianza, o quizás rabia en su enemigo. El marionetista no se mueve, no se deja llevar, sabe bien que el hombre que se impone ante él oculta algo.

—Sasori, amigo, ¿quién es este sujeto? —Preguntó Deidara extrañado por la seriedad de su compañero.

—No lo sé. Hay algo en él, puedo presentir que no es solo un charlatán busca problemas —Respondió el marionetista elevando la cola de su títere como lo haría un alacrán.

—¿Y bien? —Llamó Jubei—. ¿Vamos a jugar o van a escapar? —Tomó su gran nodachi con una mano, demostrando fuerza física.

—Esta será tu única oportunidad, extraño. Solo por esta vez evitaré iniciar un combate. Puedes retirarte ahora y salvar la vida —Ofreció Sasori, proposición que desconcertó a Deidara.

—¿Qué pasa Sasori?, ¿desde cuándo perdonas a alguien? —Replicó el artista explosivo con enojo.

No era normal en él perdonar la vida o renegar de un combate, sin embargo, ese hombre con el parche en el ojo incomodaba demasiado al ninja de la arena roja, a tal punto que estaba dispuesto a dejarlo pasar con tal de evitar la lucha.

Jubei no estaba de acuerdo con la decisión; como campeón samurái el honor y la honra le impiden dejar ir a un enemigo. Deseaba luchar, esa es la verdad, deseaba ver con sus ojos las habilidades de los guerreros nativos de este nuevo continente.

—Deidara, apártate, esto será entre ese hombre y yo —Ordenó Sasori.

—Sasori, no tenemos tiempo que perder, recuerda que debemos llevar al jinchuriki a la cueva para hacer el ritual —Señaló al pájaro que flotaba sobre ellos que portaba en su cola a Gaara.

—Todo a su tiempo. Este sujeto no nos dejará ir así nada más, tendré que hacerlo pagar por nuestro tiempo perdido —En ese momento dejó caer la tela que cubría la boca de Hiruko.

—¿Qué diablos eres tú? —Jubei, como todos los samuráis, jamás habían visto a un títere de esa clase. Aun así, mantuvo la calma y se colocó en guardia.

Sasori tomaría el primer ataque. Abrió la boca de Hiruko y arrojó una gran cantidad de agujas. El samurái no se sorprendió. Con su único ojo fue capaz de ver todas esas agujas en vuelo. Haciendo gala de una velocidad superior destrozó todas con su espada.

Deidara no pudo contener la sorpresa ante aquella muestra de destreza de la cual ni siquiera pudo ver los movimientos del samurái.

Sasori usó su cola como lanza extensible intentando empalar a su enemigo. El samurái la desviaba con un golpe de su nodachi, luego saltó hacia un árbol y Sasori intentó una vez más el mismo ataque, el cual volvió a fallar.

Sasori solo gruñía; el samurái era demasiado rápido para los toscos ataques con su cola.

Jubei esquiva otro ataque y comienza a correr hacia Hiruko, Sasori intentó detenerlo con una nueva andanada de agujas sin éxito alguno.

El samurái da un gran saltó sobre su rival, Sasori intenta allí usar su cola para atacarlo, pero con un rápido movimiento giratorio la cola es cortada en dos por la nodachi. El espadachín cayó de pie detrás del marionetista.

—Cortó en dos la cola de Hiruko —Espetó sorprendido Deidara—. Esa espada cortó el metal como si fuera mantequilla, ¿qué clase de arma es esa?

El títere soltó una gran nube morada que lo cubrió por completo. Por instinto Jubei retrocedió alejándose de ese raro humo.

Se creó una densa nube morada que impedía ver al marionetista. Se escuchó un ruido de traqueteo, varios largos brazos de madera surgieron de repente buscando atrapar al samurái. Usó su velocidad para rebanarlos, pero estos seguían uno tras otro, tras otro, cada vez más sin parar y aumentado la velocidad. Llegó el punto en que fueron demasiadas incluso para Jubei, intentó esquivarlas, pero se llevó varios golpes contundentes que lo arrojaron hasta estrellarlo con unos árboles.

—Eso estuvo bien —Sonrió mientras se incorporaba. Escuchó el sonido del viento y divisó más agujas acercándose—. ¡Estilo de hielo, muro de hielo!

Clavó su espada en el suelo y un muro de hielo solido se generó salvándolo de aquella lluvia de agujas.

Sasori aprovechó eso y se movió hasta colocarse a un lado del samurái, donde abrió la boca y arrojó más de ese humo morado intentado atrapar a Jubei con una nube.

El samurái retrocedió de un salto

¡Estilo de fuego, lanzallamas!

Empuñó con fuerza su arma y abriendo la boca expulsó una llamarada hacia Hiruko dentro de la nube, lo que a su vez causó que ese gas ese prendiera en fuego.

Sasori debió alejarse tan rápido como le fue posible, aunque no se salvó de que algunos trozos de tela que cubrían a su marioneta se quemaran.

—Esto se pone interesante —alegó Sasori extendiendo sus manos para liberar un nuevo ataque.

¡Estilo de Rayo, Golpe de rayo!

Agitó su espada soltando una centella que viajó a gran velocidad hasta impactar en Sasori arrojándolo varios metros, sin embargo, al golpearlo dos esferas de arcilla llegaron a Jubei, una era roja y la otra blanca. La primera estalló creando un gran destello que deslumbró al samurái, una bomba de luz, la otra simplemente estalló expulsando lejos al samurái.

Sasori se incorporó rápidamente, pero el golpe eléctrico había dañado las articulaciones y otras partes de Hiruko

—Ese golpe fue muy fuerte, Hiruko está dañado, pero el samurái no pudo evitar mi ataque de bombas doble.

—No pude prever eso, los ninjas tienen ataques y herramientas por todos lados —Se dijo así mismo el tuerto mientras se levantaba.

Había recibido un poco de daño, pero su armadura lo minimizó, solo se veía un poco quemada, y unos cuantos raspones en la cara de Jubei. Una sonrisa de emoción se dibujaba en su rostro chamuscado.

Una ráfaga de kunais con papeles bomba atados se dirigieron sobre el campeón. Esquivó los primeros fácilmente, no obstante, las detonaciones comenzaron a aturdirlo, comenzado a perder su velocidad y a esquivar torpemente los kunais que seguían llegando. Las explosiones se acumulaban y eran cada vez más cercanas. Se arrodilló clavando su espada en el suelo para levantar una vez más el muro de hielo y contener los kunais.

Las explosiones debilitaron el muro, Sasori dejó de disparar y mediante sellos en los brazos de Hiruko arrojó brazos de madera muy largos, estos impactaron con fuerza en el débil hielo atravesándolo y golpeando a Jubei. Con firmeza, y plantándose en el suelo, contuvo los impactos, uno de estos en su rostro. Agitó su espada y cortó todos los brazos de un tajo.

Tuvo unos breves momentos de descanso cuando los brazos dejaron de aparecer. Empuñó firmemente su espada y se colocó en guardia. Su energía comenzó a fluir más rápido y en mayor cantidad dentro de su cuerpo. Un fulgor amarillo empezaba a emanar de él.

Técnica secreta samurái, Estilo del clan Tagyu, Zorro de fuego.

La espada de Jubei se prendió en fuego, también sus brazos y cabello, eran llamas rojas que no le hacía daño, pero sin dudas quemaría a cualquiera que se acercara.

—Esto no me agrada, a este paso tendré que salir de Hiruko y pelear con mi propio cuerpo —Se dijo así mismo Sasori—. Sin mis mejores marionetas no puedo acabarlo.

Jubei se lanzó a la carrera, una velocidad abrumadora que dejaba una estela de fuego a cada movimiento.

Hiruko arrojó más agujas, pero ahora Jubei las esquivaba. Sasori se vio forzado a saltar hacia atrás para evitar que el samurái se acercara

—No tan rápido amigo, ¡Estilo de fuego, muro de fuego!

Agitó su espada creando una barrera de fuego de varios metros de altura y muchos metros de largo, Sasori apenas y logro evitarlo saltando hacia su derecha en el último momento. Jubei repitió el mismo ataque creando otro muro de fuego en el lado contrario de Sasori, este saltó hacia la izquierda para evitarlo y de esta forma quedó atrapado entre ambos muros ardientes.

—Es hora de acabar con esto —Sonrió Jubei extendiendo los brazos para aumentar el tamaño de los muros de fuego—. Luchaste bien, pero tengo que acabar contigo, será un honor darte muerte con mi técnica más poderosa.

—Tendré que hacerlo, pero cruzar esos muros de fuego no será tan fácil —Se dijo así mismo Sasori. Hizo que Hiruko se parara en dos pies para encarar a Jubei.

¡Técnica secreta samurái, Ave de dos naturalezas!

Dos alas surgieron del cuerpo de Jubei; una era de fuego y la otra era de electricidad, cada brazo se cubre con el elemento correspondiente. Se arrojó como un proyectil buscando impactar su espada en Hiruko, cosa que logró desatando una gran explosión que cimbró el suelo y arrojó por todos lados relámpagos que causaron caos en el bosque.

—¡Sasori! —Exclamó Deidara al ver tan terrible ataque.

—Es impresionante, el señor Jubei es capaz de unir dos atributos en un solo ataque —Se dijo así mismo el monje que acompaña a los samuráis.

Deidara seguía sorprendido tratando de ver a su compañero, pero el humo de la explosión, así como la tierra levantada por los árboles derribados por los relámpagos se lo impedían.

Ryo se colocó detrás de un árbol que a su vez estaba detrás de Deidara.

¡Estilo de metal, Lanzamiento!

Su tetsubo se recubrió de acero y con todas sus fuerzas arrojó un poderoso ataque que partió en dos el árbol y terminó por impactar en Deidara, quien logró escuchar en el último momento y ver el ataque, era demasiado tarde para esquivarlo y solo logró cubrirse.

La fuerza arrojó a Deidara por el aire.

—¿Qué diablos? No vi venir eso —Dijo mientras volaba y resentía todo el daño en su brazo derecho.

Ryo le dio a su compañera la oportunidad para atacar al ninja. La chica salió de entre los arbustos ya con su arco preparado soltando una flecha a Deidara en el aire.

¡Estilo Yumi, Multiplicación!

Con esta técnica la flecha que arrojó se multiplicó creando diez flechas que se acercaban peligrosamente al rubio.

—Tampoco pude ver a esa chica —Metió sus manos en las bolsas de arcilla. Creo pequeñas bolas de arcilla que detuvieron las flechas.

Regresó al suelo indemne y listo para enfrentar a ese par. Ambos jóvenes cargaron al mismo tiempo sobre el enemigo.

Deidara sonrió al ver su ataque tan simple. Sacó sus manos y arrojó su arcilla creando pequeñas aves que volaron hacia el par de samuráis.

—Será mejor evitar que esas cosas se acerquen a nosotros —Comentó Asami preparando una vez más su flecha.

Usando la multiplicación acertó un disparo en cada uno de esos pájaros de arcilla, los cuales estallaron.

Ryo salto atravesando el humo de las explosiones y se acercó a Deidara. Arrojó con fuerza su tetsubo de forma horizontal. El rubio se agachó ágilmente evitando ese ataque, allí golpeo con fuerza el abdomen de Ryo alejándolo.

¡Estilo de Viento, Saeta! —La flecha arrojada se recubrió de viento alcanzo una mayor velocidad.

Deidara pudo verla, logrando alejarse por poco, llevándose un corte en la mejilla causado por el viento cortante de la flecha. Sacó más arcilla y la arrojó al aire.

Ryo se recuperó y volvió al ataque arrojando fuertes golpes con su arma. Deidara los esquivó como pudo y en el último detuvo el tetsubo

—Estas muy lejos de mi nivel, muchacho —Sonrió y lanzo una fuerte patada al abdomen de Ryo obligándolo a soltar su arma, con la cual Deidara lo golpeo.

¡Estilo de hielo, Gran balista!

Asami se arrodilló para este ataque. Su arco aumentó su tamaño recubriéndose de hielo, soltó la flecha y está, en el aire, ganó mayor tamaño al cubrirse de hielo.

El rubio no calculó la fuerza de ese proyectil, usó el tetsubo de Ryo para bloquearlo, lo logró, pero la fuerza que llevaba ese proyectil lo arrojó por los aires.

—Eres mío —Sonrió Asami comenzado a correr a toda velocidad— ¡Estilo viento, Presión de aire!

Arrojó otra flecha, esta se colocó sobre Deidara y liberó un poderoso viento que estrello al rubio contra el suelo.

Deidara maldijo a los dos jóvenes. Metió sus manos en sus bolsas de arcilla preparando un nuevo ataque.

—Ryo, no te quedes atrás. Acabemos con este sujeto –llamó Asami–. Técnica de la jaula alfiletero.

Ryo dio un gran salto hasta acercarse a Deidara, intento golpearlo con sus puños varias veces, golpes que el rubio evitó retrocediendo.

¡Estilo metal, Jaula emergente! —Con fuerza golpeó al suelo hasta enterrar sus puños y poder activar esa técnica.

Grandes barrotes de hierro salieron del suelo y atraparon a Deidara. Asami saltó con gran agilidad sobre la jaula, estando allí en el aire atacó.

¡Estilo Yumi, Lluvia de flechas!

Soltó una sola fecha, que en el aire se multiplico decenas de veces precipitándose hacia el akatsuki atrapado.

Deidara aún no estaba vencido, soltó una bomba de humo y también la arcilla que había preparado

Jutsu clon de arcilla. Jutsu, Ocultación de topo

Deidara se ocultó debajo del suelo mientras que la arcilla creaba un clon suyo, el cual recibió todas las flechas.

Cuando el humo se disipó los jóvenes samuráis vieron a ese falso Deidara abatido por las flechas.

—Lo logramos, el primer ninja muerto por nosotros —Dijo Asami emocionada y victoriosa.

—Así se hace. El equipo Ryo-Asami es el mejor —Comentó Ryo creyendo haber ganado.

—¡Oye! Es Asami-Ryo, no lo olvides —Agregó ella cruzada de brazo.

Vieron que el cuerpo el clon hinchándose y luego estalló. La fuerza de la explosión sorprendió a los chicos quienes se cubrieron de los pedazos de metal que salieron volando.

Detrás de Ryo emergió Deidara. El akatsuki colocó una araña de arcilla en la espalda del chico, pasó de él y se dirigió a Asami.

Ryo trató de detenerlo, pero la araña estalló dejándolo fuera de combate.

Asami no tuvo tiempo de preocuparse por su amigo, veía al ninja cada vez más cerca de ella. Apunto a Deidara y arrojó una nueva flecha que multiplicó en el aire.

El rubio no tuvo problemas evitando todas, aunque se llevó un par de cortes. Se acercó lo suficiente y desvió el arco de la chica con una patada para luego arrojar un fuerte golpe en su pecho. La alejó estrellandola con un árbol y allí intentó más fuertes golpes.

Asami, quien es más ágil que Ryo, podía esquivarlos, pero el rubio apresuraba sus puños cada vez más. Una patada rauda rompió la defensa de la joven y logró derribarla, dejando en su rostro un buen golpe y en sus labios el amargo sabor de la sangre.

—Tu y ese idiota son fuertes. Admito que lograron ponerme en aprietos, pero aún les falta mucho.

—Púdrete imbécil —Gruñó ella escupiendo a los pies del rubio una mezcla de saliva y sangre.

—Ya me ocuparé de ustedes, debo asegurarme de que mi compañero siga con vida —Arrojó una nueva patada a la cara de Asami logrando dejarla fuera de combate.

Mientras eso ocurría el monje, quien no entra en combate por el hecho que los monjes no son entrenados como guerrero si no como médicos, se acercó al ave de Deidara con sigilo para ver quién era el chico pelirrojo que esta lleva.

No le fue difícil al viejo hombre deducir que ese chico estaba siendo secuestrado por esos dos ninjas.

Una sombra se movió detrás de él, logró captar el sonido y activar su habilidad ocular, sin embargo, era tarde. Una gran cadena con una punta afilada se proyectó atravesándolo en el abdomen.

—¿Qué diablos? ¿qué diablos eres? —Cuestionó asustado y adolorido el monje al encarar a tal criatura.

—Yo soy el que estaba dentro de aquel títere, tu amigo estuvo muy cerca de asesinarme: ese último ataque me habría destrozado de no ser porque escapé.

El cuerpo real de Sasori humeaba debido al fuego que logró quemar unas partes de su cuerpo de madera.

Su mano sacó una cuchilla afilada con la que cortó el cuello del monje acabando con su vida

Con el orgullo herido maldijo a esos impertinentes guerreros, pero aceptó la derrota. Su única opción era escapar con el kazekage, que es el objetivo de la misión. Llamó a su compañero para emprender la retirada.

Deidara decidió que quería saber más acerca de esos misteriosos guerreros, y para ello tomó en su poder a Asami.

Ryo pudo ver como el ninja se llevaba a su compañera, sin embargo, la explosión de la araña lo dejó malherido y con la armadura dañada, incapaz de ir detrás de Deidara.

El artista explosivo no ocultó su sorpresa al ver al joven sobrevivir a su explosión, algo que no había ocurrido antes. Decidió finiquitar el asunto y soltó otra de esas arañas y la arrojó sobre el chico. Una nueva explosión se sucedió y Ryo salió volando por el aire, y su armadura se desmoronó.

Jubei se quedó lejos, aun examinando los restos de Hiruko, para darse cuenta de que en su interior no había nada ni nadie. En ese momento los estallidos cercanos capturaron su atención. Corrió tan rápido como pudo de regreso a donde estaban sus alumnos.

Lo único que vio fue a Deidara huyendo por el aire en su ave blanca.

Ryo apareció de entre los matorrales. Seguía con vida a pesar de la segunda explosión, no obstante, ya no quedaban piezas de su armadura sobre su cuerpo, solo unos jirones de tela y cintas sosteniendo trozos de cuerpo quemado.

El campeón acudió en auxilio de su discípulo. Lo sentó recargado en un árbol y le ofreció un par de frascos, uno con una sustancia verde y el otro con una sustancia azul.

—Maestro, eso no importa, el rubio, el del pájaro, se lleva a Asami, debe detenerlo —Informó el joven antes de ingerir el medicamento.

Jubei fijó su mirada en esa extraña ave. Ordenó a Ryo consumir ambos medicamentos y que no se moviera de ese lugar.

Activó el Zorro de fuego, para mejorar su velocidad y correr entre los árboles para dar alcance al ave y a su tripulante. Cuando se situó debajo de este se preparó.

¡Estilo Nodachi, Corte certero!

Haciendo uso del zorro de fuego saltó a una gran velocidad, proyectándose como una saeta hacia Deidara. Un corte devastador partió por la mitad al ave y cercenó el brazo derecho del rubio por encima del codo.

Se escuchó el gritó de Deidara seguido de su caída junto con ambas mitades de su pájaro.

—¡Deidara eres un imbécil! ¿cómo no pudiste esquivar eso? ¡Si perdemos al kazekage esta misión se será un fracaso! —Maldijo Sasori oculto entre los arboles y testigo del tremendo ataque del samurái.

Un duelo de ideas cruzó la cabeza del pelirrojo. Rescatar a su compañero implicaba volver a pelear contra Jubei, combate para el que sabía que no estaba preparado. Lo mejor y más importante es recuperar al kazekage y escapar.

—Asami —Llamó Jubei ya en el suelo y con ella en sus brazos.

—¿Sensei? —Respondió mientras reaccionaba—. Lo siento, Ryo y yo dejamos que ese idiota nos tomara por sorpresa.

—No importa, ya me encargué de él —Sonrió aliviado bajándola.

Los dos avanzaron hasta encontrar a Deidara, quien estaba a los pies de un árbol conteniendo la sangre que escapaba de su brazo mutilado.

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Hola, os habla el escritor. Espero que este primer combate entre samurái de élite y un ninja de alto nivel. Aprovechando esto, me gustaría escuchar vuestra opinion ante la siguientes preguntas: ¿Quien creen que es el akatsuki más poderoso y quién el más debil?

Gracias por leer.