Maestro y discípula rodearon a Deidara, quien estaba recargado en un árbol, conteniendo con su mano la herida causada por le samurái. La sangre emanaba en grandes cantidades mientras trataba de contener el dolor, cosa que era casi imposible. Apretaba los dientes y gruñía mientras su respiración se aceleraba.
Al ver a ambos guerreros el akatsuki no se abstuvo de maldecirlos y condenarlos.
—¡Idiota!, tienes suerte que mi sensei te dejara con vida. Con ese ataque pudo fácilmente cortarte la cabeza —Objetó Asami.
—Ustedes son los que tienen suerte, mi amigo Sasori no estaba listo para un combate como este: de ser así hubiera traído sus mejores títeres y te habría hecho pedazos —Trataba de sonar amenazante.
Amenaza que no surtió efecto en Jubei, quien sintió un deje de curiosidad.
—Me encantaría encontrar a ese sujeto otra vez, es más, creo que iré por él para terminar nuestro combate, pero antes me aseguraré de que tu no seas un riesgo.
Jubei tomó a Deidara con fuerza tirándolo al suelo boca abajo para someterlo. Su espada se prendió en fuego calentando el metal de la hoja
—¡Oye! ¡Espera! ¡¿Qué diablos crees que haces?! —Gruñó Deidara tratando de removerse y zafarse del agarre de Jubei.
El samurái llevó el ardiente acero de su arma a la herida en el brazo de Deidara. El metal al rojo vivo hizo contacto con la carne, sangre y huesos expuestos liberando el olor de la carne asándose junto con el inconfundible sonido de esa unión, enmarcado con un desgarrador grito de dolor por parte del rubio.
El dolor de dicha acción es indescriptible, pues en pocos segundos el akatsuki se desmayó.
—Eso fue horrible —Alegó sorprendida y aborrecida la joven Asami.
En eso se acercó el joven Ryo, se notaba herido por las explosiones recibidas en su enfrentamiento, pero, gracias a los brebajes que su sensei le dio logró mitigar el dolor y moverse mejor
—Justo a tiempo, Ryo. Necesito que se adelanten de regreso a la base y lleven a este sujeto.
—¡¿Qué?! —Espetaron ambos—. ¿Qué hará usted, maestro?
—¿Ustedes que creen? Encontraré a ese ninja raro y seguiré mi combate contra él. Un rival de su nivel no puede dejarse ir.
—Maestro, ¿no crees que es algo incensario? Ya lo hizo huir, no creo que seguirlo sea necesario o buena idea. Estamos en territorio enemigo —Contradijo Asami.
—Muchachos, este es nuestro primer contacto con un ninja de alto nivel, debo enfrentarme a él hasta vencerlo y descubrir todo acerca de sus habilidades —Buscó las palabras correctas, aunque estas no escondían sus antias de combate.
—¿Sensei? —Arqueo la ceja Asami, sospechando las verdades intenciones de su mentor.
—Bueno, ¡ya les di una orden!, no contradigan a su mentor —Bufó inflexible en lo que deseaba—. Avancen sin detenerse y si ven algo sospechoso usan la mimetización y no ataquen a nadie pase lo que pase.
Junto sus palmas concentrado su chi para, una vez más, activar su técnica Zorro de Fuego. Jubei emprendió una persecución buscando pistas que lo guiaran hasta su ansiado rival.
Ryo y Asami debieron acatar las órdenes dadas por su mentor. Ryo creó unas cadenas con su habilidad de metal para aprisionar a Deidara, también se aseguraron de despojarlo de todo objeto o accesorio que pudiese fungir como arma e incluso le taparon la cabeza con las telas de su túnica.
Tiempo después de lo ocurrido en esa zona aparecieron los ninjas de la hoja que estaban en busca de Gaara, quien en este momento se encuentra en las manos de Sasori.
—¿Qué ocurrió aquí? —Dijo Naruto al ver el campo de batalla, desde el combate entre los novatos y Deidara hasta el caos creado por el gran ataque de Jubei.
—Esas son las explosiones que escuchamos haca un rato ocurrieron aquí —Comentó Sakura.
—Llegué a pensar que encontraríamos a los akatsukis aquí, luchando contra alguien o contra Gaara —Agregó Gai mirando en todas las direcciones tratando de buscar pistas.
—No tenemos tiempo que perder, debemos seguir avanzando —Dijo Neji usando su Byakugan para buscar amenazas. No encontró un solo ser vivo, pero si el cuerpo inerte de alguien—. ¡Un momento! ¡allí hay alguien!
Todos se acercaron a dicho cuerpo para ver de quien se trataba. Se llevaron una gran sorpresa al ver las extrañas ropas que ese hombre llevaba, pues, dicho cuerpo corresponde al monje, otrora compañero de los samuráis, quien fuera asesinado por Sasori a traición.
—Pero que ropas más extrañas, jamás había visto una armadura como esa —Comentó Kakashi analizando los restos encontrados.
—Esto no me agrada, esas heridas fueron hechas por un objeto muy afilado, tanto la de su cuello como la de su abdomen —Sakura examinó a detalle las heridas que dieron muerte al monje.
Mientras los ninjas estaban distraídos con eso, el perro ninja Pakkun, olfateaba por todos lados tratando de ubicar un rastro.
—Esto no es bueno, parece que se dividieron una vez más —Informó Pakkun.
—¿Qué dirección debemos seguir? —Preguntó Naruto quien estaba más interesado en seguir la búsqueda de Gaara.
—Me temo que no lo sé, hay dos rastros diferentes, pero no puedo ubicar cual siguió Gaara —Explicó el can confundido.
—Esto sí que es un problema, si seguimos el rastro equivocado no daremos con el kazekage —Dijo Kakashi.
—Eso se soluciona muy fácil —Sonrió Gai sacado unos comunicadores de su mochila—. Nos dividiremos también. El equipo Gai seguirá el sendero, Kakashi, tú y tus chicos sigan el otro rastro. Nos mantendremos en contacto con estos comunicadores, tienen varios kilómetros de alcance así que estaremos bien.
—Supongo que no tendremos otra opción. No perdamos tiempo, muchachos, vayamos por el otro rastro.
Los equipos se dividieron: Kakashi y los suyos tomaron el rastro que se adentraba en el bosque, Gai y su equipo siguieron el rastro que va a sobre el sendero. Las persecuciones se prologaron por horas.
Para las primeras horas de la tarde, Sasori, quien lleva a Gaara atado en su cadena, llegó a un pequeño arrollo a los pies de una montaña, allí había una gran roca que parecía ocultar una entrada; esta se abrió ante Sasori revelando un escondite en su interior. Escondite donde había una gran estatua en forma de monstruo con las manos juntas.
El marionetista dejó al kazekage en una especie de altar, rápidamente fue a buscar algo en una mesa dentro de ese lugar.
—Por fin, debí llevarlos desde un principio y me habría encargado de ese sujeto —Mientras él los tomaba y se los colocaba, una sombra se posó a sus espaldas y lo llamó de forma tosca.
El marionetista sabía perfectamente quien era. Era la sombra de un hombre, con cabello de punta y ojos extraños en color azul con círculos concéntricos en ellos
—¡Pain! —Respondió con seriedad.
—Llegas tarde y solo —Dijo aquella extraña sombra.
—Cumplí con la misión, Pain. Allí está el kazekage, podemos comenzar el ritual…
—¿Dónde está Deidara? —Cuestionó de forma seria—, sin él, el ritual se tomará aún más tiempo.
—Hubo un inconveniente: durante el camino de regreso nos topamos con un grupo no identificado de guerreros, me vi obligado a enfrentarme a uno de ellos. Admito que el hombre era muy fuerte y yo no me encontraba listo para un combate de alto nivel, me vi forzado a retirarme con el jinchuriki, mientras que mi compañero fue neutralizado por los agresores —Explicó Sasori mostrándose avergonzado ante aquel extraño hombre
—¡Esa no es una excusa! Tu misión no fue cumplida como se debe: perder a un miembro del grupo no es poca cosa, incluso Deidara, con su poco tiempo en la organización, posee información crucial que puede ser tomada por nuestros enemigos. Sasori, eres un…
—Vaya, vaya —Se escuchó otra voz desde la entrada de la guarida.
Sasori y Pain volvieron sus miradas en esa dirección topándose con Jubei ardiendo en fuego y con una sonrisa excitada en el rostro.
—Qué lugar más interesante para ocultarte, marioneta. Dime, ¿quién es ese sujeto? —Interrogó entrando tranquilamente con su nodachi en mano.
—Eso debería preguntar yo, ¿quién eres tú? —Preguntó Pain fijando su mirada en el intruso— ¿Por qué él está aquí, Sasori?
—No tengo idea, corrí por horas a toda velocidad, es imposible que un humano pueda alcanzarme o correr a esa velocidad durante tanto tiempo —Respondió el pelirrojo sorprendido de volver a ver al samurái
—Soy Jubei Yagyu, samurái de elite, un campeón. Ese pedazo de madera con vida y yo tenemos un combate por terminar ¡No me iré de aquí hasta vencerlo!
—Eres aún más imbécil de lo que pensé, Sasori. No solo perdiste a tu compañero, también trajiste a un intruso a nuestra guarida. Esperemos que no te mate. Si logras vencerlo tráeme su cabeza y tal vez te perdone —Ordenó Pain desapareciendo al igual que lo hacia la gigantesca estatua.
En ese momento Sasori arrojó su cadena con punta afilada buscando lacerar al samurái, quien logró reaccionar en el último momento saltando hacia atrás, donde la cadena siguió atacándolo con veloces estocadas, las cuales Jubei seguía evitando o desviando con su espada.
Lejos de intimidarse el samurái se emocionaba más y más con cada ataque. Su mirada estaba desorbitada y la sonrisa en su rostro no desaparecía.
—¡Ya me cansé de ti, maldito imbécil!, esta vez juro que te haré pedazos —Sasori se veía furibundo. Tomó uno de sus pergaminos y lo abrió sobre el suelo—. ¡Jutsu secreto rojo! —enunció abriendo un compartimiento en su pecho—. ¡Aparición de 100 marionetas!
El sello liberó una nube de humo blanco que cubrió todo el lugar, ante lo que cual Jubei retrocedió dando un gran salto y manteniéndose alerta. Cuando la nube se disipó, en cuestión de segundos, el samurái se sorprendería al ver a cien títeres materializados y cubriendo todo el lugar, títeres conectados al pecho de Sasori mediante hilos de chakra.
—Nunca nadie ha sobrevivido o vencido mi técnica de 100 marionetas, y tú no serás el primero.
—No sabes cómo me encanta ser el primero en hacer algo —Respondió avivando el fuego en su cuerpo.
Sasori bufó ante la arrogancia de su enemigo y comenzó el ataque. Las marionetas se precipitaron a gran velocidad sobre Jubei, quien a su vez cargó contra ellas, cinco fueron despedazados con un solo corte de la nodachi; otras arrojaron kunais por la espalda del samurái, quien con su gran velocidad desvió los proyectiles; desde el cielo otro grupo de marionetas arrojaron ajugas.
—Estilo de hielo, Domo —Con esta técnica Jubei creó una cúpula de hielo pequeña que lo protegió de los proyectiles.
Sasori quien se unió al ataque también. Levantó sus manos de las cuales surgieron un par de tubos y de estos una poderosa llamarada dirigida a la cúpula de hielo.
En el último momento, antes que el fuego arrasara el hielo, Jubei dio un gran salto saliendo de allí elevándose varios metros en el aire
—Estilo rayo, Lluvia de rayos —Jubei colocó su arma en su espalda y junto sus palmas para concentrar su energía y luego extendió sus manos para arrojar feroces rayos uno tras otro.
Ante un ataque tan poderoso Sasori debió retroceder. Los rayos enemigos destruyeron varias marionetas.
El ataque samurái cesó y este regresó al suelo, donde dos marionetas surgieron del suelo atrapando los pies de Jubei. Detrás del samurái dos marionetas armadas con grandes puños de acero se precipitaron.
El samurái se zafó del agarre inferior y vió los puños acercarse, pero era demasiado tarde, recibió un contundente impacto, aunque logró cubrirse con los brazos. La fuerza del golpe lo arrojó estrellándolo contra la ladera de la montaña. Sin dar cuartel, Sasori movió más marionetas frente al samurái y arrojó una lluvia de agujas.
Gracias a su velocidad mejorada y a la técnica del Zorro de Fuego, que Jubei logró evitar, casi, todas las gujas, dando un desesperado salto. Para su pesar, cuatro agujas lograron clavarse en su pierna izquierda.
Sasori se creyó vencedor virtual del combate, pues todas sus armas estaban cubiertas por veneno.
Jubei no se detuvo y continuó el combate usando esta vez su poderosa técnica de lanzallamas dirigida a las marionetas las cuales eran demasiadas como para maniobrarlas con facilidad. Sasori, aunque salvó a la mayoría una buena parte fueron calcinadas.
Al terminar el fuego de Jubei, el marionetista contraataco usando los tubos de sus manos, salvo que esta vez arrojaron agua, agua a una presión descomunal, a tal punto que cortaba. Jubei esquivó el ataque cortante inicial, comenzado a correr y esquivar los incesantes chorros que agrietaban la roca.
—No sé qué está pasando —Un par de marionetas tratan de atacarlo, pero evita sus afilas cuchillas y las parte en dos con su espada—. Siento que me estoy cansando, no tiene sentido, aun debo tener una reserva de chi suficiente para luchar a tope un par de horas más.
Desde el cielo le arrojan kunais, los debió bloquear mientras sique evitando el potente ataque de agua de Sasori.
Al frente de él se colocaron cinco marionetas cubiertas de afilados y puntiagudos pinchos, estas se acercaron a toda velocidad al samurái tratando de atravesarlos. El ataque de agua de Sasori ya no lo acosaba así que se paró firme, agitó con fuerza su espada.
—Estilo de hielo, muro de lanzas.
En un parpadeo del suelo brotaron decenas y decenas de lanzas de hielo que atravesaron de forma abrupta a las marionetas despedazándolas, cosa que arrojó manchas de un líquido morado sobre Jubei, una mancha quedó justo en su mejilla.
—¿Qué es esto? —Se preguntó a si mismo tocando y mirando ese líquido, al olerlo pudo identificarlo—. Maldición, es veneno; ahora lo entiendo, las ajugas que se clavaron en mi pierna también debían tener esto, es por es que me estoy agotando, el hijo de puta me envenenó.
Las marionetas volvieron a arrojar sus agujas, pero las detuvo con un muro de hielo, estas se elevaron y siguieron sus ataques desde el aire. Jubei debió retroceder, sin saberlo, varias marionetas surgieron del suelo en un instante intentando acuchillarlo. Evitó con agilidad esos cortes certeros y contraataco devastando las marionetas, todo esto al tiempo que evitaba las incesantes agujas desde el cielo. Da un gran salto y allí usa el lanzallamas para vencer a las marionetas hostigadoras.
Sasori lo esperaba con su propio lanzallamas, una vez más el samurái debió correr y evitar el fuego del marionetista usando su velocidad y agilidad que a cada minuto se mermaba por el veneno en su interior.
Evadió el fuego, aunque igual recibió el calor al no poder alejarse lo suficiente. Las marionetas arrojan kunais, los cuales son detenidos por un nuevo muro de hielo. Jubei no vió que los kunais llevaban papeles bomba, creyó que podía tomarse un momento para respirar cubierto por su muro de hielo, pero los papeles estallaron creando un caos que arrojó a Jubei violentamente rodando y dando tumbos por el suelo.
—¡Estás acabado, imbécil! —Afirmó Sasori enviando a un grupo especial de marionetas a finiquitar el combate.
—Cada movimiento que hago, cada golpe que recibo, a cada jodido segundo mi cuerpo se cansa más, aunque mi Chi no se agote mi cuerpo si lo hace, a este ritmo me desmayaré en minutos —Se dijo así mismo el samurái mientras se levantaba—. Será humillante si pierdo, pues yo busque esta pelea. Kisaragi y Tomoe no dejaran de burlarse de mí, maldición.
Las marionetas, que eran diez, se acercaron a toda velocidad apenas tenían unos burdos cuchillos y espadas
—Estilo nodachi, gran corte —Enunció usando una técnica que aumenta el alcance de su espada, partiendo fácilmente a las marionetas.
Entonces se reveló el verdadero ataque, de algunas cayeron unas esferas, esferas que Jubei bien conocía. Abrió los ojos y trató de escapar, aunque tomó un par de metros de distancia, las esferas detonaron con estrepito, alcanzado al samurái y una vez más fue arrojado violentamente contra las rocas de la montaña. Para pesar de Jubei los títeres que no tenían bombas estaban rellenos con agujas, agujas que por la explosión fungieron como metralla y por esto el samurái tenía en su cuerpo doce agujas más en diferentes partes.
Su cuerpo se notaba maltrecho, con heridas y moratones por todos lados, así como la sangre que recorría las heridas. El fuego que emanaba de su cuerpo se apagó por sí solo esta vez.
Fue difícil, pero se puso de pie. En ese momento su armadura, otrora azul con dorado, se volvió completamente gris y la parte superior, así como las partes de los brazos se cayeron en pedazos.
—Mi armadura está muy dañada, ya no puedo filtrar chi en ella —Se dijo así mismo.
—¿Así es cómo funciona? —Se escuchó a Sasori atacando con su llamarada al samurái–. De alguna manera filtras tu chakra en la armadura, por eso puedes resistir más daño de lo normal.
Jubei dio un gran salto hacia atrás para evitar el fuego, pero al caer sus piernas fallaron y cayó de rodillas
—No sé qué diablos es el chakra —Respondió.
Sasori se tomó un momento para rodearlo con todas sus marionetas.
—Mi cuerpo cederá ante el veneno en pocos minutos. Tendré que romper uno de los mayores preceptos del samurái: "Jamás uses todo tu chi en un solo ataque", pero no tengo opción, mi cuerpo ya no responde así que usaré todo mi chi, acabaré con mi reserva de chi. No puedo fallar —Se puso de pie y empuñó su arma manteniéndose firme.
—Deja de balbucear. Ya no hay forma de que puedas salvarte; con la cantidad de veneno que hay en tu cuerpo quedaras inconsciente en menos de cinco minutos, y sin nadie que te suministre un antídoto morirás en tres horas —Explicó Sasori sintiéndose vencedor.
—Entonces, si me voy a morir, te llevaré conmigo. ¡Un samurái no le teme a la muerte! ¡No hay nada más glorioso que morir con honor, de pie y ante un rival poderoso! —Cerró los ojos y comenzó a concentrarse.
—Adularme no te salvará la vida —Los ojos del marionetista se sorprendería al ver un fulgor amarillo surgía del cuerpo de Jubei.
—Técnica especial samurái, Hiperactividad, Quinta marca —Con solo enunciar esas palabras, el suelo tembló y el fulgor del cuerpo de Jubei aumentó.
Sasori estaba desconcertado. Ordenó a todas las marionetas atacar al samurái, así como él usaría su lanzallamas también, pero, en una fracción de segundo Jubei se acercó al marionetista con su espada buscando cortarlo. el akatsuki logró verlo y saltó hacia atrás tan rápido como pudo, al tiempo que arrojaba su cadena a Jubei. La nodachi cortó ambos brazos de Sasori, así como la cadena, sin embargo, la punta logró clavarse en el abdomen de Jubei antes de ser cortada y sin armadura que lo protegiera, su cuerpo fue lacerado.
La sangre escapó por la boca del samurái, mientras Sasori miraba incrédulo los brazos de su cuerpo cercenados, dejándolo indefenso.
El dolor no detuvo a Jubei, tenía que acabar con esto. Dio un gran salto y allí enunció el final del combate
—¡Técnica secreta samurái, Ave de dos naturalezas!
La mitad de su cuerpo se cubrió de fuego y la otra de electricidad al tiempo que dos alas, cada una con un atributo diferente, emergieron en su espalda. Esta vez las alas eran más grandes que la primera, por causa de la técnica de hiperactividad. Para este momento, el chi de Jubei estaba en su lí samurái se precipitó a toda velocidad.
El marionetista trató de escapar al ver el tremendo poder que se cernía sobre él.
Un gran estruendo es lo que se escuchó. La tierra se estremeció, una gran explosión, acompañada de relámpagos, devastaron la zona entera.
En la escena, cuando el humo se disipó, solo quedó un gran cráter, el agua que había desapareció y el ejército de marionetas se redujo a cenizas casi en su totalidad. Incluso la guarida cercana se vino abajo junto con parde de la montaña.
En el centro de todo se ve a un agotado y maltrecho samurái que jadea y respira con dificultad. Sus piernas no le obedecen ya y permanece arrodillado
—Habría deseado tanto conocer a una linda mujer antes de morir —La sangre escapa por su boca, al igual que por la herida en su abdomen—. Diablos, morir en una pelea que yo mismo busqué es algo absurdo, pero solo un verdadero samurái está listo para morir en cualquier momento —Alza la mirada al cielo y su espada también—. ¡Con honor!
Grita con todas sus fuerzas antes que su vista se nuble por completo y caiga inerte e inconsciente.
Antes de sumirse en su subcontinente alcanzó a ver tres siluetas que lo rodeaban.
