La consciencia de Jubei pronto se perdió fuera de la realidad. Su energía chi fue drenada casi en su totalidad al usar esa combinación de técnicas, al mismo tiempo el veneno inyectado por las armas de Sasori causaba estragos en su respiración. La muerte estaba cerca.

El equipo siete de la Aldea de la Hoja arribó al campo de batalla. Apreciaron con gran impresión el desastre que dejó la lucha. Lo que otrora fuera un arroyo que circundaba una pequeña montaña, ahora no era más que un cráter por el cual se colaba el agua.

Pronto divisaron el cuerpo inerte de Jubei en medio del caos. Lo primero que apuntaron fue la similitud entre sus ropas y las que portaba el monje asesinado allá en aquella lejana vereda.

Los hábiles ojos verdes de Sakura percibieron ese desconocido aun respiraba.

—Sakura, debes salvar la vida de ese hombre. Necesitamos toda la información que pueda darnos. ¡Pakkun!, ¿seguro que es aquí? —Kakashi también percibió la vida dentro de Jubei.

—Sí, estoy seguro, este fue el último lugar donde percibo el aroma de ese akatsuki, en esa cueva para ser exacto —Explico el perro señalando la entrada de la guarida, misma que apenas se mantenía en pie.

Naruto y Kakashi se aventuraron al interior de ese oscuro y endeble lugar dejando a Pakkún y Sakura junto al desconocido.

—Esas heridas —Murmuraba la joven ninja médico—. ¿Crees que este sujeto luchó contra el akatsuki? —Preguntó al perro que se quedó junto a ella.

—¿Cómo sabes que no es él el akatsuki? —Respondió el can planteando una posibilidad.

—Según la descripción que nos dieron los de la arena, Sasori es pelirrojo y es un maestro en títeres, y veo un montón de títeres destrozados por aquí. Intuyo que tuvo que ser él quien lo hiciera. Este hombre debió luchar contra Sasori, ¿no crees?

—Te pareces mucho a tu maestra, joven Sakura —Respondió el can con admiración—. Entonces la pregunta más preocupante es: ¿quién es este hombre y como logró vencer a un akatsuki?

Para suerte de Jubei la kunoichi logró detectar que estaba envenenado con el mismo veneno que Kankuro y otros ninjas de la arena, veneno para el cual habían preparado el antídoto y que llevaba consigo varias dosis. Curó sus heridas y luego las cubrió con vendajes.

Los conocimientos y habilidades medicas de Sakura había alcanzado un alto nivel.

—Tengo la curiosidad de saber que tanto chakra posee —Comentó Sakura denotando un lado bastante científico, herencia de su mentora.

Acercó su mano al pecho de Jubei y comenzó a sentir el flujo de chakra. Una sorpresa le vino de repente y quitó sus manos de su cuerpo soltando un suspiro sonoro. Se quedó muda uno momento, luego, procedió a repetir el método en diferentes partes del cuerpo de Jubei para corroborar.

—¿Es mucho? —Preguntó Pakkun con curiosidad ante el semblante asombrado de la chica.

—No, para nada, s-su chakra es muy escaso. Tiene lo mismo que un niño pequeño. ¿Cómo pudo este hombre vencer?, no, ¿cómo logró sobrevivir a un akatsuki?

Entre sus movimientos los ojos de Jubei se abrieron un poco, divisando frente a él a una linda y joven de cabellos rosados. Balbuceó algo ininteligible y poco después volvió desfallecer.

—Oye, Sakura, ¿qué le haces a ese pobre hombre? No estarás haciendo cosas pervertidas, ¿verdad? —Dijo Naruto con una risa burlona.

A simple vista parecía que acariciaba el pecho de Jubei.

—¡Naruto! ¿Cómo puedes pensar esas estupideces?…

Estuvo cerca de vociverar un par de insultos sobre su amigo, pero se quedó en silencio al verlo. Junto con Naruto estaba Gaara, el kazekage. Se notaba aletargado y débil, caminaba con dificultad ayudado por Naruto.

—Lord kazekage, ¿se encuentra bien? —Sakura acudió a él de inmediato para darle una rápida inspección a su estado de salud.

—Si, eso creo. Me encuentro débil y agotado, no tengo idea cuanto tiempo estuve inconsciente —Respondió Gaara.

—La misión terminó, volveremos a la Aldea de la Arena. Avisaré a Gai y su equipo que encontramos al kazekage —Dijo Kakashi.

—Sensei, ¿qué haremos con este hombre? —Preguntó Sakura con respecto a Jubei.

—Por lo que puedo ver —Habló Gaara mirando el escenario de la batalla—, ese hombre debió luchar contra Sasori y lo venció, o lo hizo huir.

—Sea lo que sea que haya hecho debemos saberlo. Lo llevaremos con nosotros —Decretó Kakashi.

—Agradezco mucho esta ayuda que han prestado a mi aldea. Estaré en deuda con ustedes…

—¡No digas tonterías, Gaara! Esto es lo que los amigos y aliados hacen: ayudarse mutuamente, no hay ninguna deuda —Respondió el rubio con una enorme sonrisa.

Una aseveración que esa sería impropia de cualquier kage convencional, pero resultaba muy natural en aquel joven de cabellos rubios.

El kazekage sintió alegría de volver a trabar conversación con tan apreciado amigo, aunque lamentaba la situación y motivo que los reunía.

Los ninjas se retiraron de la zona, llevándose consigo al samurái convaleciente y la espada que estaba a su lado.

Minutos después que ellos se fueron algo se movió entre los restos de títeres. Lentamente, de entre todos ellos, salió un títere pequeño y de baja calidad. Parecía moverse solo, además que había perdido uno de sus brazos y se notaba maltrecho, entre golpes, quemaduras y cortes.

—¿Esos ninjas, eran de la hoja? —Era la voz de Sasori.

En algún momento, durante el ataque de Jubei, cambió de títere. En el pecho de este nuevo se encuentra el corazón de Sasori. Maldijo entre gruñidos a Jubei, no negando que era la primera vez que un adversario le causaba tanto daño, así como que era la primera vez que perdía a todos sus títeres. El trabajo para rearmarse seria arduo y exigente, pero la idea de la venganza contra aquel samurái animaba su valor.

16 de febrero. Aldea de la arena

Los dos equipos de ninjas retornaron a la aldea días más tarde. Consigo llevaban al kazekage y al prisionero de origen e identidad desconocidas.

—Oye, Kakashi, lo he estado pensando, ¿crees que este sujeto sea uno de esos samuráis? —Cuestionó Gai, quien lleva sobre su espalda a Jubei aun inconsciente.

—¿Samurái? —Alegaron al unísono Sakura y Naruto—, ¿qué es un samurái?

—Era algo que debíamos mantener en secreto, Gai —Respondió Kakashi dejando caer una mirada severa sobre su compañero.

—¡Vamos!, ya basta de misterios: tarde o temprano debías decírselos, ¿no? Yo se los comenté a mis chicos poco tiempo después de que Tsunade nos habló de ellos —Rio Gai despreocupado.

—No podemos asegurar que este hombre sea un samurái, aunque la sospecha no está demás.

—¿Pero que es un samurái? —Insistió Naruto—. Usted siempre nos oculta toda la información importante, Kakashi-sensei.

—No te preocupes por eso, Naruto, durante la reunión de hoy Tsunade hablará acerca de ese tema, allí zanjaras esa pregunta.

—Siempre evadiendo sus responsabilidades, ¿qué clase de sensei es usted? —Bufó Sakura.

—Este sujeto no se ha despertado durante varios días, ¿estará fingiendo? —Comentó Neji, quien caminaba detrás de Gai llevando consigo la espada de Jubei.

—No creo que alguien finja estar inconsciente por tanto tiempo —Respondió Sakura, quien miraba con curiosidad a Jubei.

Durante los días que ellos estuvieron fuera, la Aldea de la Arena había sido reconstruida gracias a la ayuda de las habilidades de Yamato y de una gran cantidad de civiles que decidieron unirse para cooperar en las labores. Para este punto, pocos recuerdos quedaban del caos dejado por los asaltantes.

—Muchos de mis ninjas perecieron esa noche, les fallé como kazekage —Musitó Gaara agachando la mirada.

—Oye, no pienses así, Gaara. Esos desgraciados eran demasiado poderosos para ti solo, tú y los ninjas de la arena hicieron todo lo que pudieron —Contradijo Naruto tratando de animarlo.

—Lo sé, pero no fue suficiente. Aun siendo el kazekage, el ninja más fuerte de la aldea, no fui capaz de detenerlos. Ellos vinieron por mí, si me hubiera entregado desde un principio esta masacre habría sido evitada. La aldea debe odiarme.

—Entonces ellos se sentirían como tú —Señaló a los ninjas que estaban sobre la entrada reparándola—. Esos hombres y mujeres, así como los que perecieron, lucharon para defender su aldea y a su líder; si te hubieras entregado los habrías hecho sentir débiles. La muerte es muerte, pero morir defendiendo lo que amas, es una muerte que vale la pena. Toda la aldea se alegrará al verte regresar y así saber que su sacrificio no fue en vano.

Años atrás esas palabras ni siquiera habrían cruzado la cabeza del rubio, aquel chico inmaduro y molesto ahora se mostraba maduro y sabio, al punto de que todos los miembros del grupo volvieron sus miradas sobre él sin creer que tales palabras salieron de sus labios.

—Naruto —Susurró Sakura impresionada y conmovida.

—No lo había visto así, puede que tengas razón, Naruto —El semblante serio y avergonzado de Gaara se relajó y se tornó pensativo.

Llegaron a las puertas de la aldea. Las miradas de la gente al ver a su líder sano y salvo se llenaron de emoción y emotividad, incluso, algunos rompieron en llanto de alegría clamando "¡Es el kazekage!", "¡Está vivo, el kazekage está vivo!". Todos se acercaron al paso de los ninjas para corear el nombre de Gaara y agradecieron la ayuda de los ninjas de la hoja.

Siguieron caminando hasta llegar al edificio del kazekage, donde el recibimiento no fue diferente. Los ninjas se entusiasmaron al verlo regresar.

Hubo una entre todos quien no pudo contener su emoción y jubilo.

—¡Lord kazekage! —Exclamó Matsuri.

Estaba tan eufórica que corrió soltando lágrimas de felicidad y se tropezó. Rodó por el suelo hasta llegar a los pies de Gaara.

A penas levantarse la joven faltó a los modales y formalismo de la aldea y se lanzó para abrazar su mentor y líder.

—¡Está a salvo, sensei! Estaba muy preocupada por usted, creí que algo muy malo le había pasado y no volvería a verlo —Decía aferrada a él, dejando salir sus preocupaciones en forma de lágrimas.

—Matsuri, todo está bien ahora —Respondió él de forma suave para que la chica moderara su emoción.

En ese momento hubo un intercambió de miradas entre Gaara y Matsuri. Sin decirse nada, solo mirándose el uno al otro, provocando un ligero sonrojo en las mejillas de la chica. Momento extraño para quien apreciaba la escena, pero sublime para ellos dos.

—S-sus hermanos están e-en la enfermería, seguro se alegrarán al verlo, sensei —Dijo ella desviando la mirada para ocultar el rubor de sus blancas mejillas.

—Eso no estuvo nada mal, Gaara no es tan frio como llegué a pensar —Dijo Naruto sonriendo malicioso.

—No malinterpretes las cosas, Naruto: él es su sensei —Objetó Sakura susurrando a su compañero.

—Dudo que eso sea impedimento, después de todo a penas y hay una diferencia de edades entre ambos — Sugirió Tenten.

Dentro de la enfermería se encontraban los hermanos de la arena. Temari descansaba en una cama, había salido con vida de la operación y estaba fuera de peligro, no obstante, le esperaba una lenta recuperación. Junto con ella estaba Kankuro, se había recuperado ya de sus heridas y de los efectos del veneno de Sasori.

—Kankuro, ¿por qué no sales para ver que es todo ese alboroto? —Dijo la rubia mientras comía un poco de fruta que ayudaría a su recuperación.

—Dudo que sea algo relevante —Respondió de forma seria.

Kankuro estaba dibujando algo en unas hojas, de las cuales había desechado ya varias y se apilaban en pequeñas bolas de papel junto a la papelera.

—Llevas días dibujando, ¿qué planeas? —Preguntó Temari.

—Estoy diseñando nuevas marionetas. Sasori me venció por que conocía las debilidades de mis marionetas; si diseño unas nuevas tendré mayores oportunidades contra él —Tenia la vista fija en la libreta, usando toda su mente para diseñar una que pudiera luchar contra Sasori.

—Deja de pensar en eso, Kankuro —Temari suspiro algo preocupada.

Desde que despertó Kankuro no dejaba de hablar acerca de vencer a Sasori como si fuera una obsesión.

—No tengo nada más en que pensar, Temari. Ese hijo de perra me humillo, y luego se llevó a mi hermano, ¿crees que es algo que deba olvidarlo?

—Yo estuve a punto de morir y no te obsesionas con el sujeto que me atacó —Bufó cruzándose de brazos, aunque lo dijo a manera de broma.

—Nunca olvidaré eso —El lápiz de Kankuro se detuvo—, nunca perdonaré a ese maldito que se atrevió a lastimarte. Que no hable de él no significa que no lo tenga presente. En una sola noche sentí que había perdido a mis dos hermanos, ¿cómo crees que me sentí, Temari?

La broma, que trataba de aliviar la tensión, logró mostrar el verdadero rostro de Kankuro y la preocupación que embargó su corazón por días. Las ojeras bajo sus ojos eran prueba de las noches sin sueño.

—Soy un inútil —Dijo apretando los dientes ante la frustración—. No importa cuánto entrene, cuantas marionetas pueda controlar siempre seré inferior a Gaara y a ti, ¿cómo puedo proteger a mis hermanos cuando ni siquiera puedo protegerme a mí mismo? —Se levantó y trató de que ella no viera las lágrimas que trataron de salir por sus ojos.

—No te acomplejes por eso —Se escuchó una voz desde la entrada, la voz de Gaara—. Eres uno de los mejores ninjas de la arena, nunca lo olvides, Kankuro.

—¡Gaara! —dijeron sorprendido los dos. Kankuro se acercó para abrazarlo, Temari deseaba hacerlo también, pero le costaba mucho levantarse–. ¡No lo puedo creer, estas sano y salvo hermanito! Esos ninjas de la hoja son increíbles, ¿vencieron a los akatsukis?

—Bueno, eso es una larga historia —dijo él, al tiempo que correspondía al abrazo de su hermano. A pesar de ser frio e inexpresivo, con sus hermanos el kazekage no duda en demostrar sus sentimientos. Luego se acercó a Temari para abrazarla también—, ¿cómo estas, Temari?

—No te preocupes por mí, yo estoy bien, tonto. ¿Tu como estas? —Dijo ella abrazándolo—, ¿nos dirás que ocurrió con los akatsukis?

—Ya habrá tiempo para eso, esta noche habrá una reunión con el consejo y la hokage, tenemos mucho que hablar.

La pesadilla causada por los ninjas criminales en la Aldea de la Arena terminó, al menos de momento.

Jubei fue confinado a una habitación de la enfermería bajo la estricta vigilancia de un par de jounin de la Arena.

Todo creyeron que su letargo se debía a su bajo flujo de chakra, cosa que desconcertaba a los ninjas médicos, incluidas Tsunade y Sakura.

Por la noche, al amparo de la oscuridad y el silencio Jubei salió de su letargo por voluntad propia; todo el tiempo fingió.

—Tres días, tres días sin comer —Jadeaba en silencio. Su boca estaba seca por la incesante sed que sentía y su estómago gruñía—. Debo escapar de este lugar. ¿Dónde dejaron mi espada?

Durante las revisiones que le hicieron le quitaron su arma, así como parte de sus ropajes, dejándolo solo con su pantalón.

Tenía que ser rápido y sigiloso. Sorprendentemente sus heridas sanaban más rápido que en una persona cualquiera, y, aunque las resentía, podía moverse, aun así, la carencia de alimento impidió que su chi se regenerara de forma adecuada.

—Gasté demasiada energía durante mi combate contra ese ninja de madera —Se decía mientras buscaba su espada en la habitación—. Calculo que en este momento solo tengo disponible un 25% de mi chi; un combate prologando sería una derrota segura. ¿Dónde dejaron mi espada?

En ese momento escuchó algo fuera de la habitación

—Cielos, mira el filo de esta cosa, cortaría un cabello si lo dejo caer sobre el filo —Decía un hombre fuera de la habitación.

—Deja de jugar con eso. Debemos resguardar esta habitación —Le reprochó una mujer.

Eran lo ninjas encargados de la vigilancia. Pensó pronto en escapar asesinándolos, pero quitarle la vida a quienes lo salvaron sería impropio de un samurái como él.

Se acercó a la puerta y tocó por dentro para hacer ruido. Ambos ninjas que custodiaban la puerta entraron aprisa para cerciorarse que todo estuviera bajo control. Grande fue su sorpresa al ver la cama vacía.

—¡Debemos dar la alarma! —sugirió la kunoichi.

—¡Debemos atraparlo lo antes posible!…

—¡Estás loco! no sabemos qué tan fuerte sea. No juegues a ser valiente y demos la alarma.

La puerta se cerró detrás de ellos, se dieron vuelta y fueron atacados.

Con su velocidad golpeo al sujeto en el estómago, pateo la pierna de ella derribándola, regreso con el sujeto dándole un puntapié en el abdomen hasta estrellarlo con una pared.

—No quiero lastimarlos, pero debo escapar de aquí —Dijo Jubei acercándose al hombre. Colocó su antebrazo en el cuello de este negándole el oxígeno para desmayarlo.

Pero la mujer no estaba dispuesta a permitirlo. Sacó un kunai y se lanzó detrás del prisionero. Jubei soltó al hombre y se volteó, para detener los ataques. Antes que ella reaccionara recibió un poderoso puñetazo tan fuerte que la dejó inconsciente al instante.

—¡Maldito! —Tosía el otro sujeto.

Se levantó e intento apuñalar a Jubei con su kunai. Antes que se acercara el samurái le conectó una poderosa patada en la mandíbula que lo arrojo sobre la cama.

Una vez vencidos los dos guardias salió del lugar y tomó su espada. Una sonrisa se dibujó en los labios del guerrero al retomar su arma; tal era su regocijo que la sacó de la funda para dar un beso en la hoja.

—Sakura, ya deja de pensar en ese raro, mejor vayamos a la reunión —Se escuchó la voz de un chico acercándose.

—Iremos, Naruto, solo quiero dar un vistazo más a ese hombre, me da mucha curiosidad su…

Un silencio se propagó, Naruto y Sakura estaban allí viendo a Jubei, y este a ellos. Hubo un intercambio de miradas que duró unos segundos.

De forma automática ambos jóvenes se posicionaron en guardia.

—Muchachos, será mejor para ustedes que no se interpongan en mi camino —Trató de alegar el samurái.

—Creo que tu camino conduce a una celda con una cama de paja y un calor infernal —Vaticinó Naruto apretando los puños.