-Él es muy noble y amable...-afirmó con los ojos cerrados, casi a punto de quedarse dormida-...y muy, muy fuerte. Es el más fuerte!-exclamó tambaleándose
La persona a su lado la sostuvo con más fuerza evitando su caída. Ella era tan delicada, tan frágil... la contempló y suspiró un tanto angustiado sin saber qué hacer.
Cómo demonios habían sido tan descuidados con ella?. Apretó la mandíbula e intentó llevar a la chiquilla en brazos.
-Estaré con él para siempre.-la escuchó murmurar
Siguió caminando a paso lento hacia la aldea con la chica, mientras los habitantes de la ruidosa villa humana festejaba junto al río, sin prestar atención a su partida.
Ella parecía aturdida por el alcohol, pero él no quería que se quedase dormida.
-Cómo planeas estar siempre con él?-preguntó intentando mantenerla consiente y a la vez saciar su curiosidad
-Un día seré su esposa-afirmó acurrucándose en su pecho
Él esbozó una ligera sonrisa.
-Te lo ha pedido ya? Matrimonio, quiero decir.-preguntó deteniéndose en espera de su respuesta
-Cumpliré la edad suficiente en unos meses-la chica parpadeó lentamente, como si hacerlo significara un gran esfuerzo.- Se lo pediré yo ese día, cuando venga a visitarme.
Él negó acariciando su rostro.
-No me toque!-gritó de inmediato, removiéndose inquieta en sus brazos-Solo él podrá hacerlo!
-Lo lamento-se disculpó al instante, retirando su mano del rostro femenino al que por tanto tiempo había amado en silencio.
-Lo lamentaría más si él estuviera aquí-se quejó ella, obligándolo a dejarla nuevamente sobre sus pies
-De acuerdo, quédate tranquila, solo quiero ayudarte-explicó sosteniéndola por los hombros
-Solo tengo que llamarlo y él vendrá por mí-balbuceó dando pasos torpes.
-Así es-confirmó él-Nunca te fallaría
-Le pediré matrimonio el día en que me convierta en adulta.-continuó hablando ella
-No creo que debas hacer eso...
-Usted cree que él me rechace?-lo interrumpió la chica deteniendo su andar súbitamente
-No es eso, pero debe ser el hombre quien lo pida, no crees?
-No creo!-respondió enérgica separándose de él e inflando las mejillas en un gesto casi infantil-Usted no sabe nada!
-Pues dime entonces, qué cosas no sé?-pidió saber él
La chica guardó silencio un momento y pronto volvió a retomar la palabra.
-Incluso si él me rechaza, me quedaré con él por siempre como su sirviente, pero...cuando yo muera-los ojos le empezaron a escocer en lágrimas- Él estará solo de nuevo.
El hombre de cabellos blanquecinos la contempló con curiosidad.
-Cómo es que eso te preocupa más que morir?
-Es porque yo amo mucho a mi señor. Cuando amas a alguien como yo a él, el peor miedo no es la propia muerte, pero si tener que dejarlo solo.-respondió ella dejándose caer en la hierba húmeda por el rocío nocturno.
-Qué harás entonces, Rin?-preguntó arrodillándose frente a ella.
La joven de cabello negro alzó la mirada fijando sus ojos en los suyos. Lo miró largamente antes de darle una respuesta. Quizás, finalmente, había vuelto a sus sentidos y le reconocía.
-Nos casaremos y luego yo-las mejillas se encendieron en carmín-Al señor Sesshomaru, le daré muchos hijos-le aseguró con su mejor sonrisa-Y cuando yo ya no esté en este mundo, aún tendrá una parte de mí en ellos y nuestro amor no terminará jamás.-Rin suspiró y se acomodó sobre el pasto, antes de empezar a quedarse pesadamente dormida.
-Me darás una familia, Rin-Sesshomaru sostuvo en sus brazos a la jovencita y terminó de recorrer el camino a la villa humana en la que había dejado a la chica años atrás.
Kaede los vio llegar y salió a su encuentro rápidamente, alarmada por el estado inconsciente en el que se encontraba su protegida.
Tras las habituales preguntas agotadoras de la sacerdotisa y su más que obvia molestia, le cedió el cuidado de su prometida a la anciana.
-Sesshomaru-dijo la mujer antes de su partida-Rin ya casi es una mujer adulta, qué es lo que harás?
-Haré lo que ella deseé que haga-respondió sin voltear
-Ella está enamorada de ti.-habló Kaede-Y desea estar a tu lado.
-Entonces la complaceré-afirmó en forma de despedida.
La mañana siguiente Rin despertó con un dolor de cabeza horrible, pero aun así se vio obligada a escuchar los regaños de Kaede. Sin embargo fue Kohaku, que se suponía debía vigilarla, el que se llevó la peor parte del regaño.
Los días restantes pasaron lento, demasiado lento en un descontar estresante para ambos hasta agotar el tiempo en que ella sería, por fin, considerada una adulta.
Rin recordaba aquel sueño con pesar, concluyendo que aquel no era sino una advertencia de su subconsciente para no confesar el amor que sentía por su señor Sesshomaru.
Mientras tanto el daiyokai más poderoso apuraba los arreglos de su eminente boda con Rin. No es que ellos, los perro demonios celebrasen bodas pues bastaba con marcar a la pareja durante el acto de apareamiento, pero una boda era una costumbre humana que estaba seguro, Rin también deseaba cumplir.
.
Rin corrió sosteniendo la tela de su kimono nuevo, sin importar que el tocado que le estaba haciendo Kagome en el cabello aún no estuviera terminado.
Las rebeldes hebras negras se agitaron con el viento con libertad y las delicadas flores que adornaban a la cumpleañera se deslizaron desde la coronilla hasta casi llegar a los hombros, pero no le importó.
Nada importaba.
-Señor Sesshomaru-pronunció casi sin aliento, al verlo junto al río, de espaldas a ella, tan sereno como siempre.
-Por qué corres?-preguntó él sin voltear
Una tímida sonrisa se dibujó en su rostro. Rin estrujó sus manos con nerviosismo y se acercó hasta estar a dos pasos de su señor.
-Hay algo que desees preguntarme?-cuestionó nuevamente el hermoso demonio.
-Señor Sesshomaru-se atrevió a pronunciar con los ojos cerrados, estrujando con más fuerza sus manos-Yo, Rin quiere que usted...
Una sensación cálida ocupó entonces sus labios y la petición que apenas empezaba a formular se vio interrumpida y fue solo terminada en su mente:
"Señor Sesshomaru, Rin quiere que usted la lleve de regreso con Ah-Um, Jaken-sama y usted en sus viajes. Rin no será una molestia y le servirá hasta el final de su vida, señor Sesshomaru."
-Acepto-escuchó decir al daiyokai y sus ojos se abrieron tanto como le era posible, llenos de sorpresa y confusión-Acepto ser tu esposo y también-el apuesto demonio hizo una pausa y luego continuó hablando-Estaré muy honrado de formar una familia contigo, Rin.
Ella comprendió entonces que la difusa figura en su sueño aquella noche del festival no era otro sino su señor Sesshomaru.
La realidad de haber hecho aquella confesión de forma tan vergonzosa la golpeó igual que un toro y el rostro se le enrojeció sin remedio.
-Yo-logró balbucear apenas.
-Y como parecía que tenías prisa lo he arreglado todo con antelación-comentó el hombre frente a ella ofreciéndole la mano.
Las suyas temblaban ligeramente y el corazón le latía con fuerza en el pecho, amenazándola con detenerse de tanta felicidad, pero aun así tomó la mano de su señor, por primera vez.
-Volvamos a la aldea para que te despidas de todos-añadió Sesshomaru dándole un fugaz beso
-Sí-respondió ella enérgicamente. Su prometido dibujó una sutil y efímera sonrisa en su rostro perfecto.
Kaede-sama ofició la boda, sus amigos de la villa fueron testigos de su felicidad y al anochecer era ya la esposa del más poderoso Inu daiyokai.
-Nos vamos?-preguntó Sesshomaru a su esposa, visiblemente agotado por la convivencia con aquellos humanos. Rin, que no recordaba haber sido más feliz en toda su vida, asintió a su petición sin demora.
-Señor Sesshomaru, cuántos hijos deseaba usted tener?-le preguntó alguna vez durante su primer embarazo.
El hombre, que se encontraba a su lado acariciando la enorme barriga de ocho meses de embarazo, la miró por unos segundos antes de acercarse a besar sus labios.
-Antes de casarnos, ni siquiera contemplé la posibilidad de tener descendencia.
Rin no pudo evitar la sorpresa que se dibujó en su rostro. Su esposo, con su siempre semblante imperturbable, había estado más que feliz al recibir la confirmación de aquel embarazo, aunque igual él ya lo sabía. Lo había percibido en su aroma.
Entonces, cómo es que no pensaba en tener hijos?!.
-Cuando comprendí que nuestros hijos e hijas serán parte de ambos, fue cuando deseé tener tantos hijos como sea posible para ti.-añadió contemplándola igual que a un tesoro.
El nacimiento de sus primogénitas, Towa y Setsuna, llegó acompañado de años muy difíciles, años en los que se vio obligada a separarse de los seres que más amaba con tal de protegerlos. Pero después, cuando la paz volvió y ella logró abrazar finalmente a sus hijas, pudo recuperar esa felicidad. Y esta vez sin ningún temor a perderla.
Eso había sido muchos años atrás, ahora durante el quinto mes de su cuarto embarazo, su esposo descansaba a su lado, tan hermoso como el primer día.
-Rin-habló de repente, sacándola de sus recuerdos-Necesitas algo?
-No. Tengo todo lo que necesito, Sesshomaru-sama.-respondió acurrucándose a su lado.
Nota de la autora:
Holisss, jajaja, bueno yo sé que tengo que actualizar otros fic, pero este bebe se negaba a esperar más por su nacimiento XD.
