SúpercOrptober 2022 Day 4 Office
Summary: SupercOrptober Day 4 Office
Descargo de responsabilidad: no poseo derecho alguno sobre el show y/o sus personajes, sólo la de esta historia que tiene perfecto sentido en mi cabeza y en todo aquel o aquella que decida compartirla conmigo.
Day IV: Office
Lena siempre amo su oficina, desde que la tuvo, desde que era suya, desde los 16 años cuando ya contaba con una maestría.
Aún de pequeña recuerda amar la oficina de su padre, olía a él y a roble, a cedro, olía a amor, a atención, a belleza, a contención, a hogar, Lionel Luthor podía ser cualquier cosa, la definición de maldad si se quiere para muchas personas, más para ella era su padre, uno que la adoraba, hasta que, a sus 4 años recién cumplidos, él murió y Lena conoció a Lilian y Lex.
Desde ese momento la oficina de su padre, la posterior suya una vez la recuperó de las garras de Lilian, se convirtió en todo para ella, razón por la que a sus 20 años pasaba algunos días más de 18 horas por día, en ella, frente a la computadora, con sus informes, con sus cosas, incluso sólo relajándose ahí.
Lena amaba su oficina, realmente la amaba, hasta que llegó ella y cambió todo.
Lena recostada en el suelo con un charco de sangre al lado de su cabeza y con los ojos vidriosos recordó como inició todo, como ella vino para traer luz a su vida y caos.
Luz y caos.
Porque ella no hubiese conocido el amor si no hubiera caos para destruir sus paradigmas y traer la luz a su vida.
Inicio de flashback:
Hace un mes, Lena buscó una asistente de medio tiempo para las labores de Jess que por embarazo se iba a tomar tres meses.
Bueno, en realidad, Jesse eligió a su asistente, a su reemplazo temporal.
- No quiero a nadie más en esta oficina que no seas tú.
- Y usted señorita Luthor.
- Y yo, sabes que no me gusta tratar con personas.
- Lo sé, pero también sé que se te da de maravillas cerrar tratos millonarios.
- Eso sólo es estrategia, como un buen juego de ajedrez – soltó Lena ensimismada en su laptop, Jess sonrió con cariño.
Su jefa era brillante y tenía el corazón más grande de todas las personas que pudiese haber conocido en el mundo, una genia, un cerebro maravilloso, más para todo lo social, Lena daba asco.
- Hey – se quejaría si no fuese verdad.
Lena no podía socializar incluso si su vida dependiera de ello, no lo hacía tal cual, lo que le daba el aire misterioso de billonaria extravagante, aun así, ella trataba de hacerlo.
- En los negocios le va muy bien.
- Es Kieran la que cierra los tratos – Jess sonrió pensando en "Kieran" su alter ego, aquel decidido y seguro que se comía al mundo, que era implacable y encantadora, muy distinta a la real Lena Luthor o mejor dicho, Lena Kieran Luthor.
- Estará muy bien, se lo prometo señorita Luthor y si hay algo mal siempre puede buscarme por WhatsApp, mensaje, llamada o video llamada, estaré ahí para usted.
- Ok – una simple sentencia cerró el trato con ambas mirándose y sonriendo.
Ese "Ok" para la mayoría sonaría frío, pero para ambas, era el sello del trato de su amistad profunda, la cual habían forjado al pasar los años.
Ese "Ok" traía implícito demasiado.
…
Al día siguiente inició su asistente: Kara Danvers de MidVale según decía su curriculum.
- Papá ayúdame – susurró Lena en su mente ante lo que significaba tratar con una persona que no fuese Jess para lo más íntimo en su vida, ya que su asistente debía ver todos sus planes e incluso cubrir la parte más personal de su vida.
- Buen día soy Kara Danvers y seré su asistente – soltó alegremente Kara ingresando a su oficina con una gran sonrisa.
- No tocaste la puerta.
- ¿Hmmm?
- Fuera, no tocaste la puerta, tienes que tocar la puerta y pedir permiso antes de ingresar – soltó Lena sin levantar la mirada de su laptop.
- Ohhh mi error, yo lo siento mucha señorita…- Lena le interrumpió.
- Fuera, inténtalo otra vez.
- Oh ok, ok – replicó ella saliendo creyendo oír susurrado a Lena "Es nuestro "Ok" no el tuyo" pero no dijo nada, ya que era su primer día y no quería arruinarlo.
Kara salió de la oficina, tocó la puerta y pidió permiso para ingresar.
- No, no hay nada urgente que exija ingreses – replicó desde dentro y Kara abrió grande su boquita al no entender – ok, lo siento – se disculpó igual, aunque no había porqué hacerlo.
Kara pasó ese día sentada en su escritorio fuera de la gran puerta de roble de Lena, sin hacer mucho ya que Jess había dejado programado un par de semanas, por lo que Kara tendría que ver sólo cambios en la agenda – oh vaya – se sorprendió al ver la misma y notar lo apretado de todo con demasiadas cosas que cubrir, desde muy temprano en la mañana y a veces incluso de madrugada – conferencias en países europeos – susurró.
En su primer día Kara no hizo mucho, básicamente porque Lena no confiaba en que pudiera ejecutar las tareas tal cual las hacía Jess por lo que se encargaba ella.
Al final de la semana, Kara había metido la pata muchas veces, más de las que serían admisibles para trabajar con alguien de tan alto perfil como lo era Lena Luthor.
- Te aseguro que me odia – le dijo Kara a su hermana un viernes de juegos en su departamento con una cerveza en su mano.
- No creo, pero si fuese verdad, ¿Qué importa? El salario es muy alto, más de lo que paga el mercado y sólo para ser el reemplazo de Jess.
- Pues sí, pero quiero hacer algo más de lo que estoy haciendo actualmente.
- ¿Qué es?
- Nada, no hago nada, me siento a esperar que pasen las horas…
- Niña, un consejo, aprovecha la oportunidad, toma el dinero y huye cuando puedas – Maguie con su granito de arena, Kara asintió, pensando que el sueldo era más alto de lo normal.
- Todos los contratos de confidencialidad que firmé deben valer la pena – acotó Kara bebiendo su trago antes de coger una llamada – rayos es ella – soltó atendiendo la misma, la pareja se miró antes de tratar de captar las palabras que decía Kara entre ellas "bebé, hospital, regalo, urgente, café".
Y con ello, Kara cogió su abrigo y fue hacia su llamado.
…
- Luce nerviosa – susurró y Lena la miró con cara de póquer en la sala de espera con un peluche enorme en la mano – es decir, lo siento, soy brutalmente honesta y no puedo callarme y más cuando usted me mira así, lo siento – replicó con una sonrisa tensa, Lena le dio una última mirada antes de mirar a la nada, ya que estar en el hospital le ponía muy nerviosa.
Ella dando un sobresalto cuando Kara le tomó de la mano, entrelazándola – lo siento, pero si sigue moviendo así su pierna, llamará la atención no deseada.
- ¿Eh? – ambas se miraron – supongo que estudiaste algo de mi pasado antes de tomar el trabajo.
- Sólo algo – mintió Kara, ya que sí, había investigado y mucho, como la anécdota en el cual una niña de 4 años fue dejada en el hospital y estuvo una semana intercalando visitas entre la comisaría, la casa de acogida y el mismo hospital, antes de que alguien fuera a por ella. Siendo obvio porque odiaba aquel lugar.
Kara cogió su mano durante las horas que estuvieron ahí, calmándola con ese simple gesto, ya que el parto de Jess se prolongó más de lo deseado.
…
- Oh hey pequeño hombre, ¿Cómo estás? – preguntó Lena, con el recién nacido en brazos con una mirada cargada de tanto amor, Kara la miró sonriente y Jess a ella.
Y si bien Kara durante el primer día que interactuó con Lena pensó era una billonaria extravagante más, todo ese escenario gritaba algo distinto, cosa que comprobaría Kara luego, con el pasar de los días, teniendo días buenos, en los cuales la interacción era mínima y positiva y días malos, como cuando pensaba que Lena no tenía humanidad.
- No puedes ser laxa en los negocios, debes ser implacable – le soltó Lena mirándole seriamente a Kara, cuando un comentario de ella en un momento específico costó el absorber una compañía pequeña.
U otra situación como – ¿No puede hablar en serio?
- ¿Qué?
- Destruirá un patrimonio de cientos de años por ¿Un rascacielos?
- No solo es un rascacielos y no voy a destruir la historia, voy a traerla a la vida y rayos, no debería ni darte explicación alguna, ese no es tu trabajo.
Kara respiró y se obligó a no contestarle, el sueldo era bueno, el presenciar cómo había despidos masivos o explosiones calculadas, no era su ideal.
- Usted es borde – soltó - ¿De qué se ríe? – confundida preguntó.
- No es lo peor que me dicen, señorita Danvers…
- Kara.
- Señorita Danvers, soy un abanico de posibilidades, elija la que quiera y guárdesela ¡ - ordenó antes de ingresar a su oficina.
Kara se quedó con la boca abierta, Lena sí era borde, pero al pasar el mes se dio cuenta también era algo más, ella no tenía tacto, parecía fría, pero sus acciones dictaban a veces todo lo contrario – Pensé que era una gran empresaria – soltó una vez Kara ante la idea de Lena de cambiar el ambiente de África a todo un ecosistema sostenible, como si fuese un enorme invernadero – pero parece su corazón hablase.
- Sólo son negocios Kara – se escudó ella.
Transcurrido un mes y una semana, Kara estaba en su escritorio, cuando vino un hombre, Lex, su hermano y de la charla no programada que tenía, aquella que debió ser fugaz, fue todo un lío, un desconcierto, los gritos le asustaron en un inicio.
Y al intensificarse, Kara tuvo que intervenir ingresando a la oficina – tienes que irte – le ordenó a Lex con tesón y más al saber la clase de hombre que era, todo un desgraciado, todo a la altura de su familia, siendo Lena la oveja negra en toda regla, aquella que tenía una atisbo de querer dar un giro de 360 grados al apellido familiar.
- ¿Qué? – preguntó divertido girando hacia ella en lo que Lena le daba la espalda y sus hombros parecían subir y bajar, así como el ruido extraño que hacía, estaba hiperventilando.
- Vete, es una orden, si no lo haces, llamaré a seguridad, no me importa sacar la basura, pero ahora tengo un asunto más importante que cubrir – Kara con el control de seguridad en la mano.
Lex bufó y se fue, no sin antes burlarse del ataque de ansiedad que estaba sufriendo Lena.
Kara lo reconoció inmediatamente, fue a su encuentro y la abrazó muy fuerte – estás bien, estarás bien – susurró repetidas veces – oh mierda, ayudaaa ¡ - gritó cuando Lena se desmayó en un momento que ella la soltó para coger el teléfono y pedir asistencia.
Fin de flashback.
- Lo siento mucho, por favor ¿Estás bien? – fue lo primero que escuchó Lena al abrir los ojos, tensándose al reconocer estaba en el hospital – shhh shhh calma corazón, calma – pidió Kara poniendo una mano sobre su corazón – debí reconocerlo antes a mi hermana ser doctora y haberme hablado de esto.
- ¿Qué?
- De genios en todo lo intelectual, pero de muchas carencias en lo emocional, debí reconocerlo, si lo hubiera hecho antes, hubiera podido evitar que te encuentres aquí.
Lena se tensó de nuevo y el monitor fue indicio de aquello – shhh, tranquila, tranquila – pidió sujetando una mano con ambas manos – cierra los ojos – le pidió y al inicio ella dudó pero finalmente lo hizo, con respiraciones forzosas.
- Quiero que me escuches y lo imagines, estás en tu oficina, en tu lugar seguro, huele a roble y cedro… - Kara notó que al contar aquello, Lena se relajó, por lo que siguió – estamos haciendo un picnic en medio del sofá y la alfombra – propuso viendo la pequeña y hermosa sonrisa de Lena.
- ¿Podría hacerlo? – pensó y días después al Lena salir del hospital, lo hizo pensando también que, en el peor de los escenarios, la despediría y en el mejor, podría haber hecho algo muy bonito por ella.
El plan: intensificar la calidez que sentía Lena por su oficina y extenderla a ella misma, a ambas.
El siguiente mes que siguió fue uno de tiernas atenciones y de piropos para nada susurrados.
- Cuando Dios la hizo, derramó amor y escarcha – aquello ganó una gran sonrisa en Lena, una que hizo latir el corazón de Kara como loco y sin saberlo el de Lena también.
Llegando a ser aquellas interacciones muy seguidas y de lo más especiales para ambas, creciendo así sin pensarlo ambas en ilusión y en ¿Amor?
…
Iniciado su tercer mes, ambas pasaban su tiempo muy juntas en su oficina, riendo e interactuando, compartiendo todo, comidas, risas, viajes en helicóptero, en yates, en aviones privados y sobre todo en lo más importante, en una complicidad íntima maravillosa.
- Creo que me caes muy bien – soltó Lena en algún momento en específico mientras daba un bocado al muffin que le había traído Kara, gimiendo por lo delicioso que era.
- ¿Crees? – susurró ella divertida, sintiendo ese calorcito en sus entrañas, ese que le decía que estaba siendo partícipe de algo muy pero muy especial.
- Me duele el vientre, se siente caliente – soltó Lena sintiendo lo mismo, pero interpretándolo distinto – creo que algo me cayó mal.
Kara rió ante lo tierna que estaba siendo, eso no era indigestión, era un crush a toda ley - ¿O sí? Déjame ayudarte – pidió sin desmentirla, básicamente porque quería tener más interacciones con ella, acurrucarse en el sofá con el pretexto de que no tenga escalofríos.
Ambas sonriendo todo el tiempo, ignorando que Lena tenía una conferencia importante en París esa mañana – lo reprogramaré – propuso luego Kara y Lena asintió dejándolo ser de lo más sonriente.
De pronto el trabajo no sonaba tan importante, no como Kara.
- Kara – susurró con voz ronca, Kara maldijo audiblemente al sonar de lo más sexy y Lena anotó aquello mentalmente para volverlo a hacer más seguido.
Al terminar el tercer mes y su contrato, Kara dijo – te llevaré a la oficina más hermosa del mundo entero, ya verás – Lena asintió, aquello sonaba muy bien y más si tenían que hacer un viaje de 12 horas en carretera, compartiendo risas, abrazos, muchos mimos, tantos que el chofer las miró por el espejo retrovisor un par de veces, guiñándole el ojo a Kara que se puso rojita y más cuando Lena pegó su frente a la suya para tomar su temperatura, de la misma manera que hacía su padre con ella.
…
Cuando llegaron a destino – estamos en el bosque – susurró Lena poniendo sus muy caras botas sobre el musgo.
- Cierra los ojos, valdrá la pena – pidió Kara pensando que sus botas se iban a arruinar y el costo de ¿Limpiarlas?
Sin embargo, Lena la sorprendió, al quitarle sus botas y caminar descalza con los ojos cerrados, de la mano de Kara por un sendero que, si bien no tenía tantas elevaciones ni descensos y no era tan largo, Kara lo hizo lo más lento posible sobre todo para apreciar cada detalle del rostro de Lena.
Kara recostó a Lena en medio de un claro, después de que ella le diera su permiso para recostarla, dado lo caro de su atuendo – son sólo prendas, sólo eso – replicó ella totalmente desprendida de lo material y muy dispuesta a participar de todo lo que Kara quisiera mostrarle.
Kara se recostó a su lado y pidió abre los ojos – woahhh – replicaron ambas, Lena por lo bello del claro y el cielo infinito.
Kara por lo bello del rostro de Lena y la intensidad de su mirada.
- Lena Kieran Luthor, te presento la oficina más hermosa del mundo, la oficina de Dios – inició su relato – de techo tiene la bóveda celestial, de paredes la infinidad el horizonte, vegetación infinita, atardeceres magníficos, en el lugar del piso, el verdor de este bosque y en otras ocasiones el mar con todas sus especies vivas… - Kara siguió contándole como ninguna creación del hombre puede ser más maravillosa que la de él.
Kara narró olores, texturas, sabores, criaturas del campo, todo, absolutamente todo, dejando sin palabras y asombrada a Lena que respondió – su oficina y la mía comparten algo muy especial, lo cual hace mi corazón sonreír.
- ¿Así? – preguntó Kara poniéndose de lado.
- Sí y mientras esté ella ahí, aquel lugar será mejor que mi oficina, mi hogar.
- ¿Ella? – preguntó nerviosa.
- Sí, tú – susurró Lena recostada con su cara de lado.
Kara sonrió hermoso, ante ella estaba esa criatura tan especial, una CEO poderosa, borde, fría, encantadora cuando quería, esa era la figura que daba ante todos, más para ella, muy en sus adentros, estaba ésta mujer tan pero tan única con el corazón desbordado de esperanza y amor a por ser apreciado tal cual era, así de particular, así de extravagante, con su encanto tal cual.
Kara se dio cuenta, la amaba, a todo ella, sobre todo a ese ángel que sólo quería ser amado.
Kara se inclinó a por un beso y aquello fue el inicio de todo, el inicio de su historia de amor.
