Consecuencias


Todo era su culpa.

Jyuto era capaz de admitirlo consigo mismo, aun si la vergüenza le impediría hacer tal cosa frente a alguien. De hecho, nunca lo diría frente a Samatoki o frente a Rio.

Samatoki sería insufrible, riendo en voz alta y luego echándole en cara que era hora de que aprendiera su lección.

«¿Cuándo vas a dejar de meterte de cabeza en cualquier agujero, conejito?» diría, despectivo e irritante como solo él podría ser, aun si mientras lo hacía le preparaba un café o le lanzaba una caja de primeros auxilios o pateaba con ganas de venganza a los que habían aprovechado su descuido.

Y se lo recordaría por semanas, al menos hasta que encontrara algo que lo entretuviera más que recordarle la humillación pasada.

Pero Rio sería peor.

Él quizás no diría nada en un comienzo, actuando como un soldado con una misión en mente y nada lo detendría hasta que todos sus enemigos estuvieran caídos y luego extraería a Jyuto del lugar. Sería después que expresaría su decepción, quizás sin siquiera pronunciar palabra alguna, y luego hablaría de la importancia de nunca bajar la guardia y de hacer todo lo posible para sobrevivir y quizás insistiría que cazara, cocinara y comiera con él para empezar un entrenamiento para que pudiera aprender a sobrevivir las más extremas de las situaciones.

La sola idea le revolvía el estómago, aunque, pensó Jyuto tardíamente, eso en realidad se debía al nuevo golpe que le habían dado en el estómago y que lo dejó jadeando, desesperado por aire, luchando contra las arcadas y agradeciendo que el impacto lo hubiese traído por completo a la realidad, pues perder la consciencia ahora empeoraría todo.

—¿Ya no nos vas a amenazar?

¿Cuál de todos dijo eso? No que importase.

Él había memorizado el rostro de todos los presentes, por lo que podría identificarlos y hacer que se pudrieran en la cárcel por tráfico de droga y de paso por secuestro, asalto, resistir a ser arrestados...

—¿No deberíamos deshacernos de él?

... e intento de asesinato. No saldrían por el resto de sus vidas, tal como merecían.

—Todavía no nos podemos mover.

—¿Y qué? No es que tengamos que deshacernos del cuerpo.

—Claro que tenemos que deshacernos de él, ¿o eres imbécil? Y es más difícil mover un cuerpo que a alguien vivo. ¿No sabes nada?

—Qué importa un perro del gobierno menos. No es como si a ellas les importe que haya un hombre muerto.

Los hombres se olvidaron de él a favor de esa discusión, lo cual le dio al fin un descanso de esa lluvia de golpes que habían estado propinándole. No que eso sirviese de mucho.

Habían tenido la buena idea de atar sus manos y pies para impedirle tomar su micrófono o escapar y hasta habían pisoteado sus gafas como si de paso quisieran asegurarse de que no pudiese verlos, cosa que en realidad ya no necesitaba hacer más. Lo que sí urgía era respirar bien en vez de resollar dolorosamente y moverse para encontrar algo que le permitirse liberarse y encargarse de esos bastardos tal como había querido hacer desde un comienzo.

Pero lo habían golpeado por la espalda y este era el resultado de ese único descuido.

Jyuto se retorció en el suelo, sintiendo una nueva punzada de dolor y consiguiendo a la vez que su visión ya borrosa diese más vueltas, cosa que lo habría hecho maldecir en voz alta si tuviese suficiente aire para eso.

Pero este no sería el fin y si lo era, resistiría hasta el final y...

Un estruendo repentino acalló cualquier otro sonido y al mismo tiempo se levantó una nube de polvo que lo llevó a toser con dificultad al tiempo que sus ojos escocieron.

¿Qué había pasado?

Por los gritos sobre algo de una puerta y que el lugar se viese más iluminado una vez pudo volver a abrir los ojos, Jyuto solo pudo asumir que ésta había sido derribada y un par de versos que dejaron a varios de rodillas le dejó claro quienes eran los responsables.

¿Cómo lo habían encontrado? ¿Rio otra vez estaba interceptando canales de comunicación ajenos y de paso plantando dispositivos varios en diferentes lugares o algún hombre de Samatoki había escuchado algo y la noticia había llegado hasta Samatoki?

Fuese como fuera, esto significaba que estaría en deuda con ellos una vez más y también que podría vivir un poco más, cosa de la que terminó de convencerse poco después, cuando ninguno de los hombres pareció quedar en pie y alguien se acercó a pisotones.

—¿Otra vez, conejito? —El sonido de su voz y la mancha blanca que pareció inclinarse a su lado le dejó claro dónde estaba Samatoki ahora—. Debería esposarte a mi cama de una puta vez antes de que termines muerto.

Jyuto trató de pronunciar un improperio en respuesta, mas todo lo que salió de sus labios fue un quejido.

—Por lo que puedo ver —dijo Rio también cerca (aunque Jyuto no había escuchado sus pasos) con un tono perfectamente controlado, ignorando incluso el comentario de Samatoki—, al menos le dislocaron un hombro y es posible que le hayan causado alguna fractura a más de una costilla.

Eso explicaba por qué le costaba respirar y también el que pronunciar algo pareciese un reto incluso mayor.

Samatoki chasqueó su lengua.

—Sácalo de aquí. Yo terminaré de limpiar esto.

—Afirmativo. —La mancha blanca se alejó y fue reemplazada por una verde militar—. Lo lamento. Esto dolerá.

Tal como advirtió Rio, el ser alzado como si no pesara nada le trajo una nueva punzada de dolor que también lo hizo curvarse de manera inconsciente, lo cual también resultó una nueva tortura. Jyuto mordió sus propios labios para no gritar y esta vez se esforzó por no mover un solo dedo tras eso.

Al menos eso, el que Rio no lo sacudiese mientras lo sacaba de la bodega en la que había estado preso y el alivio de poder vivir la vergüenza en lugar de convertirse en alimento para peces, le permitió repasar en su mente lo sucedido, recordar que era su propia culpa y también que quienes habían venido a su ayuda habían omitido algo importante.

—Al menos desátame —fue lo primero que dijo con voz ronca y débil cuando se sintió capaz de hablar mientras escuchaba a lo lejos un nuevo verso de Samatoki, quien sin duda estaba decidido a hacerlos polvo mental y físicamente.

Rio no se sobresaltó al escucharlo, pues no hizo ni una pausa, mas sí tardó en responder, quizás mientras consideraba qué decir.

—No puedo acatar esa orden en este momento. La idea de Samatoki podría ser un buen plan.

¿Idea…?

Lo único que cruzó la mente de Jyuto fue el comentario de Samatoki sobre esposarlo a una cama, pero no podía ser eso. O Rio estaba bromeando, ¿cierto?

La horrible sospecha de que no era así era peor que las mil punzadas de dolor en todo su cuerpo.

Realmente que se hubieran dado cuenta de que había metido la pata podría traer peores consecuencias que las heridas que ya se había llevado. Solo esperaba que al menos Samatoki se apiadara de él y ocupara a Rio con cualquier cosa para impedirle cocinar mientras él se recuperaba.