CAPÍTULO DOS

Isabela se paró en los escalones que conducían al patio de Kruba y observó cómo, uno por uno, la familia de Edward aterrizaba y cambiaba a su forma de Otro.

—Isabela— Elizabeth subió los escalones para abrazarla.

—Hola, Elizabeth— dijo Isabela, devolviendo el abrazo de su suegra —bienvenidos.—

—Gracias, Isabela. Lamento que sigamos llegando así— alejándose, dejó que su mirada recorriera a Isabela, notando los cambios en su apariencia.

—No es tu culpa— la tranquilizó Isabela —sé que hay mucho que debatir y decidir antes de que el Consejo de Elders vuelva a reunirse— la mirada de Isabela fue detrás de Elizabeth hacia Rosalie, que estaba subiendo los escalones.

—Más de lo que sabes— Elizabeth frunció el ceño ante el comentario, pero antes de que pudiera decir algo, Rosalie las alcanzó.

—Isabela, ¡tu guarida es increíble!— la mirada de Rosalie recorrió los tallados que adornaban las paredes exteriores de Kruba. Isabela se encontró sonriendo.

Rosalie era la hija mayor de Elizabeth y la hermana más cercana en edad a Edward. Si bien Isabela no la conocía bien, ella fue la única que había intentado hacer que Isabela se sintiera bienvenida cuando ella y Edward habían llegado a Vrasal, la guarida de los padres de Rosalie.

Aunque Rosalie admitió que era más porque no le gustaba Tanya. Aún así le había traído un vestido a Isabela para reemplazar el delgado camisón que le había regalado Talfrin, el Sanador del Infierno.

—Si crees que esto es impresionante, deberías ver el interior— le dijo Isabela.

—Hola... Madre, Rosalie— dijo Edward cuando las dos lo ignoraron por completo estando detrás de su compañera.

—Oh, Edward— Elizabeth pasó a Isabela y abrazó a su hijo mayor, aceptando el beso que le dio en la mejilla —¿Cómo estás?—

—Estoy bien, madre— le dijo y luego, mirando hacia atrás, vio a su padre y al resto de la familia acercarse —papá.—

—Hola, hijo— Edward Anthony abrazó a su hijo mayor y luego metió la mano en uno de sus bolsillos —aquí está tu joya de Relevos.—

—Gracias— Edward deslizó la cadena que contenía el Aliento Negro que usó para su joya de Relevos sobre su cabeza.

—Y aquí hay uno que el Comandante Cai codificó para que pueda contactarte hasta que su código pueda transferirse a tu joya de retransmisión— asintiendo con la cabeza, Edward se lo pasó por la cabeza.

—¿Deberíamos entrar? Estoy seguro de que Rosalie no es la única que quiere ver dentro de Kruba—durante las próximas horas, Isabela y Edward le dieron a su familia un recorrido por su Guarida, incluido el lugar donde todos dormirían, ya que todos se quedarían durante los próximos días.

Finalmente terminaron en la sala delantera donde Kur le había dado a Isabela su beso. Kruba había proporcionado alimentos y bebidas y reorganizado los muebles, por lo que había asientos cómodos para todos.

—¿Cómo pudieron preparar todo esto sin la ayuda de los Otros?— preguntó Rosalie.

—No lo hicimos— le dijo Isabela —Kruba lo proporcionó.—

—¿Estás diciendo que tu guarida hizo todo esto?— preguntó Jasper, agitando una mano con incredulidad.

—Kruba no es como cualquier otra guarida— le dijo Edward a su hermano.

—Me di cuenta de que tus límites se han ampliado pasando los siguientes picos— comentó Edward Anthony mientras se movía para tomar asiento junto a Elizabeth, y le entregaba una copa de vino.

—Sí— dijo Edward entregándole un vaso a su compañera antes de sentarse a su lado.

—¿Por qué es un problema?— preguntó Rosalie, tomando una silla frente a Isabela y Edward. El resto de la familia se instaló en los restantes.

—Es un problema porque la Guarida de Eleazar está en la cima de esa montaña.—

—Estaba ahí— Isabela lo corrigió.

—Nunca imagine que la pasamos volando, después de pasar por tu límite— dijo Elizabeth en voz baja, sus cejas se juntaron.

—Bueno, digo que obtuvieron lo que merecían —comentó Rosalie sin un rastro de simpatía en su voz.

—Muchos no lo verán así— dijo Edward Anthony en voz baja, su mirada se movió de ida a Edward.

—¿Permitirías una amenaza para tu familia dentro de tus límites?— desafió Isabela a Edward Anthony.

—No— admitió Edward Anthony —pero aún no se ha demostrado que Eleazar sea una amenaza.—

—Si no tuviera nada que esconder, nos habría contado cómo consiguió el cristal de mi hermano— le dijo Isabela con los ojos entrecerrados.

—Eleazar siempre ha querido ser... problemático— dijo Edward Anthony cuidadosamente.

—¿Problemático?— Isabela preguntó, tirando de contener su enojo —¡Trató de matar no solo a mi compañero y a mí, sino a todos en esa Asamblea!—

—Estoy de acuerdo en que está escondiendo algo— gruñó Edward Anthony —pero ahora hay pocas posibilidades de sacarselo.

—Debe haber una forma— la mano de Elizabeth se extendió para calmar a su compañero mientras hablaba.

—Necesitamos saber de dónde sacó ese cristal y lo que tiene guardado en él— le dijo Edward Anthony a su compañera —sabes que no podemos acceder a esa información sin su ayuda.—

—¿Qué quieres decir?— preguntó Isabela, mirando desde Edward Anthony y Esme a Edward.

—Joyas de Relevos— comenzó Edward, sacándose la camisa —son personales.—

—Me dijiste que...— Isabela le recordó —dijiste que es una forma de comunicarte a larga distancia con aquellos que no están relacionados por la sangre.—

—Sí, pero es una comunicación personal y privada, Isabela, lo que significa que soy el único que puede acceder a mi joya de Relevo. El único que puede escuchar quién está en el otro extremo y comunicarse con ellos. Está codificado para mi firma biológica— Isabela frunció el ceño, mirando la oscura joya en la mano de su compañero.

—¿Cómo? ¿Solo sosteniéndolo?—

—Necesitas programarlo— le dijo Edward Anthony.

—Entonces, ¿Cómo se hace eso?— preguntó Isabela.

—Una vez que un Dragón ha seleccionado una joya, la encierra en su mano— explicó Edward al hacerlo con su Aliento Negro —luego la apoya en un dispositivo de encriptación— un cubo transparente apareció en la mesa frente a ellos, sorprendiendo a todos, excepto a Isabela y Edward, que estaban acostumbrados a que Kruba les proporcionara lo que necesitaban.

Isabela observó a Edward inclinarse hacia adelante. Edward fue acercando su joya a el cubo, este lo fue absorbiendo hasta que la piel de Edward hizo contacto. Entonces el cubo comenzó a brillar, su luz abarcó la mano de Edward por un momento antes de que se desvaneciera.

—¿Eso es todo?— preguntó Isabela, sorprendida de que fuera así de simple.

—Eso es todo— le dijo Edward —como mi joya ya ha sido codificada, no ha cambiado nada. Todavía contiene todos los códigos de aquellos con los que podría querer contactar y cualquier conversación que elegí guardar o podría haber perdido.—

—¿Cómo obtienes el código de otra persona en tu joya?— preguntó Isabela.

—Sostienen sus joyas en la mano y luego se tocan. Los códigos se transfieren entre ellos.—

—¿Entonces tienes que conocer a alguien para tener su código, y eres el único que puede acceder a los códigos y mensajes?—

—Si es algo que otros necesitan escuchar, se puede colocar en el dispositivo de cifrado y todos escucharán lo que se dice o se puede reproducir un mensaje.—

—Entonces, todo lo que tenemos que hacer es colocar el cristal de Jacob en el dispositivo de cifrado, y sabremos con quién está hablando Eleazar y podremos escuchar cualquier mensaje que haya almacenado. Edward extendió la mano y tomó su mano entre las suyas.—

—No funciona de esa manera.—

—¿Qué quieres decir?— preguntó Isabela.

—Eleazar tiene que colocar voluntariamente su joya de relevo en el dispositivo de cifrado sin que nadie lo toque. Él no va a hacer eso.—

—¿Estás diciendo que si te estoy tocando a ti y a tu joya de relevo... suena, vibra, lo que sea que haga, no puedes responderlo?— eso le pareció extraño a Isabela, pero luego muchas cosas en su vida había sido inusual últimamente.

—Sí— estuvo de acuerdo Edward —una vez contestado, podemos reanudar el contacto. O si lo colocó en el dispositivo de cifrado, tú y cualquier persona en la sala pueden escuchar la conversación.—

—¿Incluso si lo sueltas?—

—Si.—

—Así que alguien no puede forzar físicamente a Eleazar para que nos dé acceso al cristal de Jacob— Isabela se recostó en su silla, con una mirada frustrada en su rostro.

—No— dijo Edward Anthony, dándole una mirada comprensiva —lo siento, Isabela.—

—Una vez que alguien usa una joya o cristal como una joya de relevo, ¿alguien más puede usarla?— preguntó. Edward Anthony frunció el ceño, sin comprender la preocupación en su voz.

—Por supuesto. Muchas joyas de relevos se transmiten a través de la familia debido a su valor. Uno solo necesita codificarlo con su firma biológica. Borra todos los datos anteriores y se convierte en suyo— Edward entendió por qué Isabela preguntaba. Su compañera quería usar el cristal de su hermano como su joya de relevos, para mantenerlo cerca.

—Bueno— cuando Isabela se levantó, escuchó un sonido tan débil que sabía que no lo habría escuchado si aún fuera humana. Parecía venir de donde estaban sentados Edward Anthony y Elizabeth —¿Qué es eso?— Edward Anthony la miró con sorpresa.

—¿Has oído la vibración de mi joya de relevo?—

—¿No puedes?— miró alrededor de la habitación —¿Ninguno de ustedes?—

—No— le dijeron.

—Está listo para apenas hacer vibrar mi cadena, haciéndome saber que tengo una transmisión entrante— le dijo Edward Anthony.

Mientras contestaba su transmisión, el resto de la familia se levantó y comenzó a pasear por la habitación. Isabela salió al balcón. Apoyada contra la barandilla, dejó que su mirada recorriera el territorio de Kruba, cuando cerro los ojos, Isabela pudo sentir que todavía se estaba expandiendo, recuperando el área que Eleazar reclamó una vez. En silencio, le indicó a Kruba que dejará de crecer una vez que la tierra de Eleazar cfuera completamente absorbida. Necesitaba saber quién vivía más lejos antes de obligarlos a salir.

A pesar de que tenía los ojos cerrados, sintió a Rosalie saliendo para estar en silencio a su lado. Después de varios momentos, abrió los ojos y miró a su cuñada.

—¿Es realmente cierto que a las hembras de la Tierra se les permite vivir solas una vez que alcanzan la madurez?— preguntó Rosalie. Isabela frunció el ceño ante eso. Con todo lo que Rosalie podría haberle preguntado, esto no era lo que esperaba.

—Si lo eligen, sí.—

—Qué asombroso debe ser— dijo Rosalie con nostalgia —para que se le dé una opción de elegir— Isabela no lo había considerado 'increíble'. Con su familia muerta, había sido expulsada al mundo sin una red de seguridad, pero podía ver cómo Rosalie podría verlo de manera diferente.

—¿Te gustaría vivir fuera de la guarida de tus padres?— preguntó Isabela cuidadosamente.

—Por supuesto. También lo harían Ángela y Alice, pero no está permitido.—

—Edward me dijo que a las dragonas no se les permite vivir fuera de la guarida de sus padres a menos que estén apareadas.—

—No creen que podamos protegernos— se burló Rosalie.

—¿Puedes?— preguntó Isabela, levantando una ceja.

—No tan bien como puedas con tus garras— Rosalie hizo un gesto señalando los dedos de Isabela que por el momento no tenían garras —pero sí, con una guarida potenciada y en mi forma de dragona, soy más que capaz de protegerme. Mis hermanas también lo son.—

—¿Puedes potenciar tu propia guarida?—

—Obviamente no uno como Kruba— Rosalie hizo un gesto a su alrededor, luego admitió —o incluso uno tan grande como mis padres, ¿pero uno más pequeño con solo unos pocos? Si.—

—Entonces, si puedes potenciar tu propia Guarida, puedes protegerte.—

—Nunca conseguirás que nuestros machos lo vean así o mis padres.—

—Bueno, supongo que tendremos que cambiar sus actitudes entonces— le dijo Isabela, sonriendo —¿No?— más tarde esa noche, Isabela volvió a pararse en un balcón. Solo que esta vez, era el privado en la Suite del Guardián, y los brazos de Edward estaban envueltos alrededor de su cintura manteniéndola cerca. Juntos vieron el espectáculo que les estaba dando la lejana tormenta.

—Fue una buena noche— dijo Edward mientras se inclinaba para besar la curva del cuello de su compañera.

—Lo fue— ella estuvo de acuerdo. Durante toda la noche, Isabela conoció mejor a la familia de Edward y los encontró encantadores, divertidos y leales. Si bien hubo una gran cantidad de burlas entre los hermanos, todo se hizo con amor y respeto. La forma en que ella y su hermano pequeño lo hubieran hecho si Jacob hubiera sobrevivido. Después de una deliciosa comida, todos se habían retirado a sus habitaciones —he aprendido mucho.—

—Sé que pueden ser un poco abrumadores— murmuró él todavía besando su cuello.

—Están bien— le aseguró ella inclinando la cabeza hacia un lado, para que tuviera mejor acceso.

—Tú eres la buena— sus manos se movieron sobre sus caderas cubiertas de mezclilla hasta la unión de sus muslos —y aunque me encanta lo sexy que te ves con estos 'jeans' tuyos, no me permiten tocarte como quiero.—

—Diría que lo estás haciendo muy bien— movió sus caderas, así que sus dedos se frotaron contra su clítoris..

—Quiero tocar tu piel— gruñó.

—Entonces hazlo— lo desafió, su mirada se encontró con la de él mientras le dejaba sentir sus garras extendidas. El gruñido de Edward se volvió grave cuando las escamas rojas y negras comenzaron a formarse a lo largo de su rostro alargado.

— ¿Quieres jugar, pequeña Is-bela?—

—Sí— jadeó cuando las garras de Edward destrozaron su ropa mientras solo rozaban eróticamente la piel debajo.

Sabía que Edward todavía estaba preocupado de que su Bestia la lastimará, especialmente cuando estaba en su Otra forma. Sabía que él no lo haría, y quería que Edward supiera que podía amarlo de esta forma tan fácilmente como lo hizo con sus otras dos formas. Sin preocuparse por su desnudez, se estiró y pasó la lengua por las escamas en la parte inferior de la mandíbula de Edward como sabía que le gustaba a su Dragón.

En el siguiente latido del corazón, estaba acostada boca arriba en la cama con la Bestia de Batalla desnuda de Edward de pie entre sus piernas extendidas. Kur, su compañero era realmente magnífico en esta forma. Sus muslos gruesos soportaban nueve pies de músculo sólido, cubierto por escamas intrincadamente entrelazadas.

De esta forma, Edward era una máquina de matar mortal de dos patas, para cualquier persona menos para ella. Para ella, él era un amante y un compañero, que nunca permitiría que fuera lastimada, ni siquiera por él.

Levantándose sobre sus codos, Isabela vio como Edward se arrodillaba y la empujaba hacia el borde de la cama, enganchando sus piernas sobre sus hombros. Su aliento caliente bañaba su piel vulnerable mientras sus afilados dientes separaban cuidadosamente sus pliegues íntimos exponiendo su clítoris.

—Sí, Edward— jadeó cuando su lengua se burló de su clítoris, rodeándolo y apretándolo como él solo podía de esta forma.

Instintivamente, sus caderas intentaron balancearse contra su boca a pesar del peligro, pero el agarre de Edward la mantuvo firmemente en su lugar.

—Más, Edward— suplicó, sabiendo que sus sonidos provocaban a su compañero.

Edward reaccionó endureciendo su lengua y presionándola contra ella. Podía sentir cada centímetro de esa larga lengua mientras él la follaba con ella. Conduciendo profundo, llegó a ese lugar que la volvía loca.

Su útero se contraía cada vez que él lo acariciaba, su placer crecía a un nivel insoportable. Cuando su gruñido hizo vibrar su clítoris, ella gritó su liberación.

La Bestia de Edward tragó ansiosamente los dulces jugos de la liberación de su compañera. Kur, la amaba. Amaba su suavidad, amaba su aceptación, amaba los sonidos que hacía mientras él la amaba, y quería escuchar más. Dejando que sus piernas se deslizaran de sus hombros, él se levantó. Agarrando la cintura de su compañera, la arrojó al centro de la cama y luego se arrastró detrás de ella.

—¡Edward!— la mitad grito / mitad risa de Isabela se cortó cuando Edward la volteó y la puso en cuatro patas.

—No he terminado contigo, pequeña Is-bela— gruñó, metiéndole su polla hasta la empuñadura.

—¡Sí!— gritó Isabela, balanceándose en su empuje —¡Más! ¡Más fuerte!— Edward voluntariamente obedeció a su compañera. Inclinándose hacia adelante, cubrió su cuerpo con el suyo y entrelazando sus dedos comenzó a empujar con más fuerza y profundidad, dándole lo que ella exigía.

Demasiado pronto no fue suficiente y fue demasiado. Sus bolas, llenas de semillas, se apretaron con la necesidad de soltarse. Su pene estaba hinchado, preparándose para encerrarlo dentro del canal increíblemente apretado de su compañera, dando a su semilla la mejor oportunidad de crear vida. Era algo ahora posible ya que él e Isabela estaban apareados. Pero se negó a permitir que nada de eso sucediera hasta que su compañera gritara su placer una vez más.

—Vente para mí, Is—bela. Déjame escuchar tus sonidos— gruñó, empujando profundamente una última vez mientras mordía la marca de apareamiento que le había dado en la Tierra.

—¡Edward!— gritó Isabela, sus garras se hundieron en la cama mientras todo su cuerpo se apretaba mientras su orgasmo explotaba a través de ella.

El rugido de Edward sacudió la habitación cuando el canal de Isabela lo apretó. Obligó a su semilla a explotar desde las profundidades de sus bolas, bañando su matriz en un calor que produce vida.

Saciado, su Bestia se retiró, y Edward se derrumbó sobre su costado, asegurándose de mantener a Isabela cerca ya que su polla aún estaba hinchada dentro de ella. Kur, amaba a esta hembra, y pasaría el resto de su vida, asegurándose de que ella lo supiera. También se aseguraría de que nunca más volviera a lastimarse.

—Eso fue increíble— murmuró Isabela.

—Contigo siempre lo es— besó la marca de su mordida ya curada en la base de su cuello. Su polla se suavizó cuando la atrajo más cerca, de mala gana dejando su Guarida.

—Hmm— ella se acurrucó más profundamente en su abrazo —te iba a hablar de algo, pero creo que tendrá que esperar hasta mañana— ambos comenzaban a quedarse dormidos cuando la puerta de su suite se abrió de repente y cuatro formas oscuras llenaron la habitación.

Edward salió inmediatamente de la cama, su gruñido enfurecido hizo eco en las paredes cuando su Bestia emergió incluso antes de que sus pies tocaran el piso, listos para defender a su compañera.

Isabela también se levantó instantáneamente, sus garras se extendieron, listas para defender a su compañero.

—¿Dónde está la amenaza?— gruñó la forma más grande.

—¿Padre?— la tensión disminuyó lentamente de la Bestia de Batalla de Edward a pesar de que él no retrocedió —¿Qué estás haciendo? ¿Por qué estás en nuestra suite?— mientras Edward hablaba, Isabela se puso la bata que Kruba le proporcionó y luego encendió una luz. Dándose la vuelta, reconoció a Edward Anthony, Jasper, Quil y Jared, a pesar de que estaban en su forma de Bestia.

—Tu bestia rugió— dijo Edward Anthony . Su mirada captó rápidamente el estado de vestimenta de su hijo, o la falta de esta, el estado de la cama y la bata con la que Isabela se había cubierto rápidamente y se dio cuenta de lo que había causado ese rugido —mis disculpas. Pensé que estabas siendo atacado.—

—¿Edward Anthony?— la voz de Elizabeth vino desde el pasillo —¿Está todo bien?—

—Sí, mi amor— respondió Edward Anthony cuando comenzó a sacar a sus otros hijos de la habitación.

—Disfruten el resto de su noche— la Bestia de Jasper se rió por encima del hombro.

—¡Jasper!— Edward Anthony le gruñó a su hijo.

—Lo haremos— Isabela habló por primera vez desde que habían entrado, dándole a Jasper una mirada burlona —mucho más que cualquiera de ustedes. Bueno, tu madre y tu padre podrían discutir eso. Tu habitación está justo al lado de tus padres, ¿no es así, Jasper?— eso borró la sonrisa de la cara de Jasper, y la risa de Elizabeth se escuchó en el pasillo.