CAPÍTULO 3
Edward yacía de lado a la mañana siguiente, apoyado sobre un codo mientras observaba a su compañera dormir. Kur, ella era hermosa. Hizo una pequeña mueca, usar el nombre de la Deidad era algo que hizo sin pensar, pero ahora, habiendo conocido a Kur, parecía extraño. Aún así, su compañera era hermosa y única. Tan especial.
—¿En qué piensas tanto?— murmuró Isabela, abriendo los ojos para mirarlo.
—Solo pensando en lo hermosa que es mi compañera— le dijo, inclinándose para besar su sonrisa soñolienta.
—Hmm, gracias— dijo ella, devolviéndole el beso —pero no creo que eso fuera todo lo que estabas pensando.—
—Hermosa e inteligente— la besó de nuevo.
—El vínculo ayuda— levantando la mano le acarició la mejilla —entonces, ¿qué te molesta?—
—Nada, solo estaba pensando en lo que dijo Kur— girando la cabeza, besó su palma.
—¿Sobre elegir sabiamente?— preguntó ella.
—Si.—
—Yo también. Es de lo que te iba a hablar anoche.—
—Has pensado en alguien— Edward no lo hizo una pregunta.
—Si.—
—Como yo.—
—¿Quién?— preguntó con curiosidad a quién elegiría su compañero.
—Ben— le dijo.
Isabela no dijo nada por un momento. No porque estaba sorprendida por su elección, sino porque también había estado considerando al viejo amigo de Edward. Ben fue quien inicialmente había sido enviado para ayudar a los Terceirianos a luchar contra los Varana.
Ben había sido lo suficientemente inteligente como para reconocer que necesitaba más ayuda y contactó a Edward. Fue Ben quien le ofreció a Victoria a Edward cuando creyó que su amigo se iba a entrar en un calor de unión, aunque se suponía que Victoria era para él.
Isabela había llegado a conocer al Dragón durante su tiempo en el Infierno, y aunque Ben fue quien le había dicho al Elder Aro que era un Supremo, sabía que había sido forzado a decirlo.
—Creo que deberías contactarlo y que venga a Kruba— le dijo a su compañero —hoy si es posible.—
—De acuerdo, lo haré— estuvo de acuerdo —no pareces sorprendida. ¿Era Ben en quien estabas pensando también?—
—Uno de ellos— le dijo ella sentada.
—¿Uno?— Edward frunció el ceño, cambiando de posición mientras lo hacía —¿En quién más estabas pensando?—
—Rosalie— le dijo y esperó su reacción.
—¿Rosalie? ¿Mi hermana?— Edward no hizo ningún intento por ocultar su sorpresa.
—Si— Edward se levantó de la cama y comenzó a pasearse, sin preocuparse por su desnudez.
—Isabela, mi hermana no puede convertirse en una Suprema.—
—¿Por qué no?— preguntó Isabela mientras se levantaba y se ponía la bata.
—¿Por qué no?— él le dirigió una mirada incrédula. —¡Porque ella es mujer!—
—Yo también— le recordó.
—Sí, pero estás apareada— los ojos de Isabela se entrecerraron hacia su compañero.
—Sé que no acabas de decir que la única razón por la que soy poderosa es porque estoy apareada.—
—¡Por supuesto que no!— Edward se pasó una mano frustrada por el pelo —¿Has conocido a mi madre? Sé que las mujeres pueden ser poderosas por sí solas, pero estamos hablando de Rosalie aquí. Amo a mi hermana, pero...—
—Pero ¿qué?— preguntó Isabela.
—¡Todavía vive en la guarida de mis padres!— exclamó Edward.
—¡Porque no se le permite vivir fuera de ella!— se acercó y golpeó con un dedo el pecho de su compañero, haciendo que él se estremeciera —eso no está bien, Edward. Si ella, Ángela y Alice quieren vivir allí, genial, pero si no lo hacen, entonces se les debería permitir tener su propia Guarida, como tú.—
—Deben ser capaces de empoderar a una primero— le dijo, capturando su dedo para que no pudiera golpearlo nuevamente.
—¿Cómo sabes que no pueden?— exigió Isabela, obligándose a calmarse.
—Yo...— eso lo hizo detenerse porque el hecho era que no sabía la respuesta a esa pregunta.
—Rosalie me ha asegurado que podría empoderar una Guarida— le dijo en voz baja.
—¿Ya le hablaste de esto?—
—¿Sobre convertirte en Supremo? ¿Sin hablar contigo primero?— alzando la mano ahuecó su mejilla —estamos apareados, Edward. Jamás te dejaría fuera de algo tan importante como esto, especialmente cuando se trata de la familia. Pero tampoco excluiré a alguien porque es familia. Kur dijo que los lazos debían crearse de una manera que no eran antes. ¿Qué mejor manera que esto?— Edward soltó la mano de su compañera y salió al balcón.
Ella hizo un buen punto, pero esta era su hermana. La quería protegida así como deseaba defender a su Isabela. Si Rosalie se convirtiera en Suprema y no estuviera apareada, los machos la perseguirían implacablemente con la esperanza de convertirse en su compañero.
—Sería más capaz de protegerse como Suprema— dijo Isabela en voz baja, acercándose a la barandilla. Ella conocía a su compañero y sabía por qué estaría preocupado.
—¿Qué?— él le dirigió una mirada inquisitiva.
—Como Suprema, Rosalie podrá cambiar parcialmente como yo, y con una Guarida totalmente empoderada, nadie podría pasar a través de su límite sin su permiso. Bueno, excepto para nosotros, ya que seríamos los únicos Supremos más poderosos.—
—Eso sería cierto— estuvo de acuerdo y se dio cuenta de que su compañera había pensado mucho en esto —Kur, mis padres estarán fuera de sí.—
—No si su guarida está cerca de ellos— sugirió en voz baja. Edward recordó lo que había dicho poco después de que regresaron de Dramman.
—¿Quieres que Rosalie reclame a Vrakar? ¿Mi guarida?—
—Tu vieja guarida— ella lo corrigió.
—Sí, mi vieja guarida— estuvo de acuerdo.
—Que actualmente está totalmente empoderada y vacía.—
—¿Estás hablando en serio de que yo también le entregue mi tesoro a Rosalie?— ¿No sabía ella lo que estaba preguntando?
—Sí— Isabela no podía creer que él pensará que ella no lo había estado pensando bien —no es que lo necesitemos.—
—Verdad, es solo que...— Edward se apagó sin saber cómo expresar esto.
—¿Solo qué?— preguntó ella, frunciendo el ceño.
—He pasado años recolectando y potenciando esas joyas— Isabela no podía creer que no lo hubiera considerado. Recordó cuán fanáticamente Jacob había guardado sus 'tesoros'.
— Así que son importantes para ti. Como el cristal de Jacob es para mí— Edward se sobresaltó sorprendido por la comparación porque eran dos cosas totalmente diferentes.
Isabela se negaba a renunciar al cristal de Jacob porque sería como perder a su hermano de nuevo. Para él, las joyas en Vrakar eran sobre el orgullo. Orgullo de haber podido empoderar a un tesoro a una edad tan joven.
Incluso el Aliento Negro que había elegido como su joya de relevo se debía a su tamaño. Le avergonzaba pensar que Isabela pensará que los valoraría igualmente.
—No...— le dijo —no lo son, y tienes razón. No necesitamos esas joyas. Kruba tiene más que suficientes joyas empoderadas.—
—¿Estás seguro?— ella le dirigió una mirada burlona.
—Si. Vrakar y todo lo que contenga será de Rosalie, ya sea que elija convertirse en Suprema o no.—
—Oh, creo que ella elegirá convertirse en Suprema— Isabela le dio una lenta sonrisa —y si por alguna razón nuestro tesoro alguna vez necesita un repotenciado, bueno... sabemos exactamente cómo hacerlo ahora, ¿no?—
—Sí lo hacemos— gruñó Edward y agachándose arrojó a su compañera risueña sobre el hombro y la llevo de regreso a la cama.
Varias horas después, Isabela y Edward finalmente llegaron a la comida de la mañana. El resto de la familia ya estaba allí y terminando su comida.
—Gracias por unirse a nosotros—, bromeó Jasper.—
—Cállate, Jasper— le dijo Rosalie a su hermano.
—Oblígame— Jasper se burló de su hermana.
—Podrías arrepentirte de haber dicho eso algún día, Jasper— le dijo Edward a su hermano menor cuando él e Isabela comenzaron a llenar sus platos.
—Verdad— Jasper resopló su incredulidad.
—¿Por qué pensaste que estábamos siendo atacados anoche?— preguntó Edward a su padre mientras él e Isabela se sentaban, ignorando a Jasper —nadie puede penetrar los límites de Kruba sin nuestro permiso— Edward Anthony miró a su compañera por un momento y luego a su hijo.
—Lo sé. Lo siento. Anoche recibí varias transmisiones problemáticas, y cuando escuché tu Bestia de batalla, reaccioné de forma exagerada.—
—¿Pero por qué?— preguntó Edward. Edward Anthony se reclinó en su silla antes de hablar.
—La inquietud está creciendo sobre lo que ha sucedido en los últimos días.—
—¿Debido a lo que hizo Eleazar?— preguntó Isabela, tomando un bocado de comida.
—Debido a lo que hiciste— corrigió Edward Anthony, dirigiéndole la mirada —has forzado a Carmen y Tanya a salir de la Guarida mientras Eleazar estaba bajo la custodia de los Guardias del Consejo. Tuvieron que huir de Krapis con solo lo que sus dragones podían llevar. Ha molestado a muchos.—
—Temen que les pase a ellos— Edward entendió al instante, y su padre asintió.
—Si. Tú e Isabela son poderosos Supremos que han sido reconocidos como Elders, lo cual es inaudito. Ahora el límite de Kruba se está expandiendo. Muchos temen que serán los siguientes.—
—El límite de Kruba ya no se expande— le dijo Isabela a Edward Anthony mientras bajaba la cuchara.
—¿Qué?— preguntaron Edward y su padre. Isabela se encogió de hombros y su mirada viajó entre los machos.
—Le ordené que se detuviera después de haber absorbido el territorio de Eleazar. Si bien me niego a permitir que Carmen y Tanya permanezcan tan cerca de mi Guarida, no veo ninguna razón para obligar a nadie a salir hasta que sepa qué Guaridas están más allá de las suyas, o si son una amenaza.—
—La guarida de Egil, está en el siguiente pico más bajo— le dijo Elizabeth —él es el hijo mayor de Eleazar y Carmen.—
—¿Tienen más hijos que solo Tanya?— Isabela no estaba segura de por qué no se le había ocurrido antes.
—Dos machos más, los dos mayores a Tanya. Elek y Elian— le dijo Elizabeth .
—¿En serio?— preguntó Isabela con incredulidad.
—¿Qué?— preguntó Elizabeth.
—¿Eleazar, Egil, Elek y Elian? ¿No podrían ser más originales que eso?—
—Es un honor común elegir el nombre de un hombre que se parezca mucho al de su padre— le dijo Elizabeth —¿No es así en la Tierra?—
—Sí y no— Isabela le dijo —es común que el primogénito tenga el mismo nombre que su padre, continuando con el apellido. Si hay más hombres, generalmente es solo un nombre que les gusta u otro apellido.—
—¿Y tus hembras?— preguntó Rosalie.
—A veces es una combinación de los nombres de los padres, un apellido, o puede ser simplemente un nombre que les gusta o uno que parece encajar con el niño.—A veces es una combinación de los nombres de los padres, un apellido, o puede ser simplemente un nombre que les gusta o uno que parece encajar con él niño.—
—¿Entonces Isabela es un apellido?— preguntó Elizabeth.
—No. Isabela en la Tierra significa Promesa De Dios. Cuando yo nací las hojas de los árboles habían comenzado a cambiar y coincidían con el color de mi cabello— ella pasó los dedos por los mechones rojos —dijeron que era una señal y me llamaron Isabela.
—Qué hermoso sentimiento— dijo Elizabeth suavemente —tus padres deben haber sido personas realmente increíbles.—
—Ellos lo eran. Te habrían gustado— Isabela se encontró intranquila ante la idea de que sus padres estuvieran aquí en Mondu —a ellos les hubiera encantado haber visto todo esto, especialmente a mi hermano. Siempre creyó en los dragones.—
—Porque él era uno— Edward cubrió su mano con una de las suyas —cuando tengamos hijos, uno de ellos se llamará Jacob, y el espíritu de tu hermano se elevará por los cielos de Mondu.—
—¿Estás diciendo...?— Elizabeth preguntó, su voz llena de esperanza.
—¡No!— Isabela y Edward dijeron al instante, mirándola. Elizabeth levantó las manos en señal de rendición.
—Solo preguntaba.—
—Kur, mamá, danos más de un mes— pero la pregunta de Elizabeth había cortado la tensión y la tristeza en la habitación, haciendo que todos sonrieran.
—Entonces, ¿A dónde huyeron Carmen y Tanya?— preguntó Rosalie —¿Con Elek?—
—Sí— les dijo Edward Anthony —y afirman que no sólo el ataque fue innecesario, sino brutal.—
—¿Innecesario?— Isabela fulminó con la mirada a Edward Anthony — el compañero de Carmen tenía en su poder un cristal que solo pudo haber obtenido del General Terron, y Carmen se niega a decirnos cuándo lo obtuvo.—
—Dice que no sabe— le recordó Elizabeth.
—¡Está mintiendo!— escupió Isabela, conteniendo su ira.
—¿Cómo puedes estar segura?— preguntó Elizabeth, la mirada de Isabela se cruzó con la de su suegra.
—¿Me estás diciendo que no sabes todo sobre tu compañero? ¿Qué no lo notarías usando dos joyas de relevos por más de doce años?—
—Lo habría notado— admitió Elizabeth en voz baja.
—También lo hizo Carmen, y estoy segura de que Tanya también lo hizo desde que me informaron que tiene una 'fascinación' por las joyas de oro— Isabela volvió a mirar a Edward, quien hizo una mueca.
—¿Y la brutalidad de eso?— preguntó Edward Anthony en voz baja.
—No tengo idea de qué estás hablando— la mirada de Isabela se dirigió a Edward Anthony —no sé qué implica cuando un territorio supera a otro.—
—Es una batalla entre los Tesoros, Isabela— le dijo Edward en voz baja, atrayendo sus ojos hacia él —se enfrentan a lo largo de sus límites hasta que uno está completamente agotado o uno se retira. Si un tesoro se agota, los que residen en él están en riesgo. Deben decidir quedarse o perecer con su tesoro o huir y abandonarlo.—
—Y Carmen y Tanya eligieron huir— a Isabela no le sorprendió que fuera su elección.
—Sí— le dijo Edward Anthony.
—¿Entonces las joyas que dejaron en Krapis se volvieron opacas?— Isabela miró a Edward para confirmar —¿Al igual que la mayoría de las joyas del tesoro de Kruba cuando llegamos?— Edward entendió lo que su compañera estaba pensando.
—Si.—
—Así que otro Guardián podría volver a empoderarlos— ella descubrió que le gustaba la idea de eso.
—¿Otro Guardián?— Edward Anthony frunció el ceño —¿Quieres decir que permitirías que alguien más resida en Krapis? ¿Tan cerca de Kruba?—
—Posiblemente— Isabela le dijo pero no dijo más.
—Pero Krapis ha estado en la familia de Eleazar por generaciones— Edward Anthony no pudo evitar la conmoción de su voz.
—Entonces él debería haberlo fortalecido mejor— Isabela respondió. Edward Anthony abrió la boca y luego la cerró de golpe, incapaz de discutir con eso.
—¿De eso se trataban todas las llamadas?— preguntó Edward.
—No— Edward Anthony debería haber sabido que su hijo le preguntaría eso —uno era del Comandante de la Guardia del Consejo.—
—¿Emmett? ¿Por qué te estaba llamando?— preguntó Edward.
—Estaba informando a todos los Elders que el cristal de Eleazar ha estado recibiendo transmisiones— le dijo Edward Anthony —trató de responder pero, por supuesto, no pudo.—
—No me informó— gruñó Edward.
—El Comandante no estaba seguro de haber podido darte su joya codificada todavía, así que me pidió que te transmitiera esta información a ti y a Isabela. Le informé que había entregado la joya pero que yo mismo les informaría— Edward se calmó un poco ante eso, pero no por mucho.
—Así que alguien que no sabe que Eleazar ha sido detenido está tratando de contactarlo— dijo Isabela en voz baja.
—Así parece— Edward Anthony estuvo de acuerdo.
—¿Cómo es eso posible cuando todo Mondu está hablando del arresto de Eleazar?— preguntó Rosalie.
—Tal vez porque no están en Mondu— Isabela miró a Edward —tal vez estén en órbita.—
—¿Qué?— preguntó Rosalie, frunciendo el ceño a Isabela.
—Y con las tormentas estacionales, no han oído hablar del arresto de Eleazar— continuó Isabela.
—¿Realmente crees que Eleazar ha estado en contacto con los Varana?— dijo Edward Anthony, lo encontró difícil de creer.
—Espero que no— le dijo Isabela a su suegro —pero si ha sido él, ¿Qué le pasará?—
—Bueno, si se demuestra que es verdad— comenzó Edward Anthony — entonces Eleazar será encarcelado en lugar de asesinado.—
—Porque se ha apareado— Isabela dijo en voz baja.
—Sí— asintió Edward Anthony —y como Krapis ya no es suyo, Carmen y Tanya tendrán que encontrar a alguien que las acepté permanentemente, lo que no será fácil.—
—Elek probablemente las acepté— Elizabeth agregó su opinión —aunque dudo que Qi esté contenta con eso.—
—¿Qi?— preguntó Isabela.
—La compañera de Elek— le dijo Rosalie a Isabela —se han apareado poco más de cien años y actualmente tienen una descendencia masculina que aún no ha tenido su primer cambio— asintiendo con la cabeza, Isabela miró a Elizabeth.
—¿Qi y Tanya no se llevan bien?—
—Lo hacen— dijo Elizabeth cuidadosamente— pero es principalmente por el bien de Elek ya que Carmen tiende a olvidar que la Guarida de Elek y Qi no es suya.—
—¿El tesoro de Elek es lo suficientemente poderoso para proteger a su familia junto con su madre y su hermana?— preguntó Isabela, mirando a Edward Anthony. El respeto de Edward Anthony por su nuera creció. Pocos se preocuparían por tal cosa.
—Será un poco difícil, pero con el tiempo, Elek podrá superarlo mientras Valval no sea atacado.—
—¿Quién sería lo suficientemente poderoso como para hacer eso?— preguntó Isabela.
—¿Quieres decir además de Kruba?— preguntó Edward Anthony en voz baja.
—Sí, además de Kruba— Isabela lo miró como si eso fuera obvio.
—No habría un Dorado lo suficientemente poderoso como para derribar individualmente a Valval. Elek es casi tan poderoso como Eleazar, pero si se unen y atacan continuamente a Valval... eso podría obligarlo a reducir el tamaño de su territorio para proteger mejor su Guarida.—
—¿Y de los Negros?— preguntó Isabela, alzando una ceja.
—Habría varios lo suficientemente poderosos como para derrotarlo solo— admitió Edward Anthony.
—¿Incluyéndote?— su pregunta silenciosa hizo que todos en la sala miraran a Edward Anthony.
—Incluyéndome— Edward Anthony estuvo de acuerdo —pero no tengo ninguna razón para atacar a Valval. Elek nunca ha hecho nada para incitar mi ira.—
—¿Elek no comparte las creencias de su padre sobre los linajes puros?— preguntó Isabela.
—Elek nunca ha hablado públicamente contra su padre— le dijo Elizabeth —pero sé que han discutido en privado.—
—¿Por qué no? ¿Si realmente es tan poderoso como su padre?— preguntó Isabela .
—Elek es poderoso— le dijo Edward Anthony en voz baja— y él no habla porque eso destruiría a su familia.—
—¿Cómo, cuando solo está expresando su opinión?— Isabela no entendió eso.
—Porque Eleazar no lo vería así. Lo vería como otro poderoso Dorado desafiando su autoridad como Elder, y Eleazar nunca lo permitiría, hijo o no. Él desafiaría a Elek.—
—¿Desafíar?— Isabela miró a Edward —¿Como en el desafío a la muerte del que me hablaste antes?—
—Si.—
—¿Eleazar realmente le haría eso a su propio hijo?— a Isabela le resultaba difícil de creer.
—Si eso significaba seguir siendo un Elder, entonces sí— le dijo Edward Anthony.
—¡Pero eso significaría que la compañera de Elek, la nuera de Eleazar, la madre de su nieto moriría!—
—O su madre lo haría— dijo Elizabeth en voz baja, con los ojos tristes —por eso creo que Elek nunca ha hablado en contra de su padre— Isabela se levantó y se acercó a mirar por una de las ventanas. Dios, una familia no debería ser así. Deberían poder discutir, estar en desacuerdo y seguir siendo una familia.
—Así que además de acoger a su madre y hermana, ¿De qué otra manera afectará a su familia?—
—Serán rechazados, al igual que la familia de Carmen y Qi— le dijo Edward en voz baja —nunca se volverá a confiar en ellos.—
—Todo por lo que Eleazar ha hecho— ella observó cómo pasaban varias nubes.
—Si lo encuentran culpable, sí— Isabela se volvió y dejó que su mirada recorriera todas las caras que la miraban. Había inquietud, preocupación y arrepentimiento, pero sobre todo, había amor y apoyo. Eso lo que debía ser la familia.
—Entonces, ¿Qué pasará ahora?— preguntó Isabela a Edward Anthony.
—Nada. Esperamos hasta que el Consejo vuelva a reunirse y descubramos de dónde sacó Eleazar ese cristal. Luego procedemos desde allí— les dijo Edward Anthony.
—Esperemos que eso sea todo con lo que tengamos que lidiar— murmuró Isabela.
Ben se dejó caer sobre la cresta y comenzó a volar por el valle que lo llevaría al nuevo límite de Kruba. No se sorprendió cuando Edward lo contactó más temprano ese día. Después de todo, Ben había traicionado a su mejor amigo. Los porqués y los cómo no importaban. Lo había hecho, y ahora era el momento de pagar por esa traición.
Ben había dejado una nota en su Guarida para sus padres en el caso de que Edward lo terminará en lugar de simplemente golpearlo y dejarlo como una sangrienta pulpa por poner en riesgo a Isabela. Les había ordenado que distribuyeran su tesoro entre sus hermanos. Su tesoro no era grande, pero lo había hecho a propósito porque los menores blancos con grandes tesoros atraían la atención de Lando. En cambio, Ben se había concentrado en asegurarse de que cada joya en su tesoro tuviera el máximo poder, por lo que cuando estuviera listo para desafiar al Elder, sería lo suficientemente poderoso como para hacerlo. Obviamente, que aún no había llegado.
Un pulso de poder viajó sobre sus escamas, advirtiéndole que se estaba acercando al límite de una Guarida más poderosa. Le sorprendió. Si bien había escuchado que el límite de Kruba se estaba expandiendo, no se había dado cuenta de que había llegado tan lejos. El poder que tenía Kruba debe ser enorme. El poder continuó creciendo, obligándolo a bajar más y más al suelo hasta que Ben pensó que Edward planeaba hacerlo cambiar y que caminara hasta Kruba. Luego se disipó y le permitió atravesar la barrera.
Voló por el valle durante varias horas más, luego se detuvo cuando Kruba finalmente apareció a la vista. Era un faro blanco brillante cuando el sol de Mondu comenzó a descender detrás de él. Hubiera querido rodear lentamente, observar la Guarida que había sido una leyenda, y solo se la había visto en pinturas antiguas hasta que regresó Isabela, pero no lo hizo. No estaba aquí como grato huésped. Estaba aquí como un traidor que debe dar cuenta de sus acciones. Volando a través del arco central de Kruba, encontró un grupo esperándolo. Un grupo de personas que conocía y respetaba. Edward, Isabela y la familia de Edward, incluido el Elder Edward Anthony. Kur, esto iba a ser mucho más difícil de lo que esperaba. Su dragón esposó, pidiendo permiso para aterrizar. Con el asentimiento de Edward, Ben aterrizó con gracia. Rápidamente cambió a su forma de Otro, y aún así, se quedó ciego cuando una mancha roja se estrelló contra él, lo que le hizo tropezar.
—¡Oh, Ben, lo siento mucho!— los ojos de Ben se abrieron cuando se dio cuenta de que era Isabela quien se había titrado contra él. Que se estaba disculpando con él.
—No entiendo— respondió Ben bruscamente cuando Isabela finalmente dejó de abrazarlo —¿Por qué?—
—Por lo que te hizo Lando. Todo por mi culpa— dijo ella.
—Debes estar furioso conmigo— levantó la vista cuando Edward se acercó.
—Eso no fue culpa tuya, amigo mío— le dijo Edward, y Ben instintivamente agarró el antebrazo de Edward.
—Pero pensé...— Ben se calló.
—¿Pensar qué?— Edward frunció el ceño por un momento, luego abrió mucho los ojos cuando se dio cuenta de lo que Ben había estado pensando —¡Kur, Ben! ¡No!—
—¿Edward?— Isabela miró a su compañero confundida.
—Ben pensó que le habíamos pedido que viniera para ser castigado— le dijo a su compañera.
—¿Castigado? ¿Cómo?— preguntó Isabela.
—Cómo lo hizo Lando— Edward miró a su amigo mientras le decía —es la forma en que un Elder castiga a uno más débil que él.—
—¡Lando puede irse al infierno!— gruñó Isabela —Kur, quiero que lo retiren como Elder.—
—Desafortunadamente, solo otro Menor Blanco puede hacer eso— le recordó Edward.
—Lo sé pero de todas formas...—
—Con suerte, un día podré sacarlo— le dijo Ben a Isabela.
—O ayudar a otro menor blanco a— sugirió Isabela.
—¿Alguien más?— fue el turno de Ben para fruncir el ceño.
—Hay mucho que discutir y decidir. Hagámoslo adentro— Edward hizo un gesto a Ben para que lo siguera.
—Ben— Edward Anthony extendió la mano y apretaron los antebrazos.
—Oh, Ben— Elizabeth apartó a su marido y lo abrazó —estoy tan aliviada de ver que te has recuperado.—
—Gracias, lady Elizabeth— murmuró Ben, devolviendo su abrazo antes de soltarla rápidamente. Nunca fue una buena idea tocar a una hembra apareada demasiado tiempo. Después de saludar al resto de la familia, se encontró ingresando a Kruba por primera vez.
—¿No es sorprendente?— murmuró Isabela en voz baja.
—Realmente lo es— respondió Ben al darse cuenta de que se había detenido justo en la puerta. Isabela entrelazó su brazo con el de él.
—Vamos, vamos a la sala delantera. Tienes que tener sed después de ese largo vuelo.—
—Podría tomar un trago— le dijo Ben suavemente tratando de extraer su brazo, pero Isabela se negó a dejarlo ir. Al mirar a Edward, Ben vio la confianza en los ojos de su amigo y no podía creerlo. Edward confió en él con su compañera. Al entrar en la habitación a la que Isabela lo había llevado, Ben dejó que su mirada la recorriera, asimilando toda la opulencia que esperaba encontrar en Kruba y, sin embargo, era cómoda y le recordaba la Guarida de Edward. ¿Cómo fue eso posible?
Isabela lo guió a una silla, luego se giró y tomó un vaso que Ben estaba bastante seguro de que no había estado allí un momento antes. Tomando un sorbo, sus ojos se abrieron de sorpresa cuando se dio cuenta de que era Mondu Fire Water, la bebida que prefería.
—Kruba anticipa tus preferencias— Isabela le dedicó una sonrisa comprensiva —me han dicho que es muy inusual para una guarida.—
—Lo es— respondió Ben —me pregunto si es algo que hace la Guarida de un Supremo— reflexionó en voz alta mientras tomaba asiento en el sofá y tomaba un vaso.
—Es una posibilidad— estuvo de acuerdo Edward, moviéndose para sentarse a su lado.
—Que no tendremos forma de saber hasta que haya otro Supremo— Rosalie intervino para tomar la silla al lado de Ben.
—Cierto— estuvo de acuerdo Isabela.
—Que es una de las cosas que tenemos que discutir— Edward dejó que su mirada recorriera a su familia. Lo que estaba a punto de decirles iba a cambiar todas sus vidas para siempre. Su mirada se poso en Rosalie por un momento, algunas vidas más que otras.
—¿Qué sucede, hijo?— Edward Anthony conocía a su primogénito, sabiendo por su comportamiento que lo que Edward quería discutir iba a ser importante.
—Tiene que ver con la creación de otros Supremos— Edward rápidamente miró a su madre —y no, Isabela no está con descendencia.—
—No dije una palabra— respondió Elizabeth, pero sus labios se torcieron, y mientras el resto de su familia se reía, Edward Anthony se mantuvo serio y preguntó.
—¿Entonces como?—
