Cuando baja la marea

Por Nochedeinvierno13


Disclaimer: Todo el universo de Canción de Hielo y Fuego es propiedad de George R. R. Martin.

Esta historia participa en el "[Multifandom] Casa de Blanco y Negro 3.0" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".


XXIV

El juramento

Una vez que el sarcófago tallado en madera fue engullido por las olas, Lucerys Velaryon y su madre, la Reina Rhaenyra Targaryen, bajaron por la ladera escarpada en dirección a la playa. Aunque le preocupaba el estado de gravidez de su madre —no podía desviar la mirada del vientre hipnótico que se dibujaba debajo del vestido negro y rojo con brocados dorados—, la orilla del Gaznate era el lugar idílico para tener esa conversación, lejos de la fortaleza cuyas paredes estaban repletados de oídos.

Caminaron por el rastro oscuro que dejaba el agua al lamer la arena, sorteando las algas y los esqueletos de cangrejos que había dejado la corriente. Los niños ya se habían llevado las caracolas y los pescadores, las ostras que podían hervirse para la cena. Cuando el mar bajaba era todo un ritual, tanto para Villaespecia como para Marea Alta, y ese ritual se había mantenido intacto, a pesar del cuerpo que había aparecido en la orilla.

Las barcazas que estaban en altamar se mecían al compás del viento y de las olas; los hombres usaban cañas, arpones y redes para la captura del día. Y hacia el este, donde se encontraba el poblado, las chimeneas humeaban y los tejados resplandecían bajo el sol de mediodía. «Todo ha vuelto a la normalidad —pensó Lucerys. Esa era la tranquilidad que necesitaba, que añoraba. Lavanderas, cereros, pescadores, mozas y caballeros por igual le decían lo buen señor que sería—. Ellos están a salvo. Y nosotros pronto lo estaremos.»

Su madre se acarició el vientre y le preguntó:

—¿Desde cuándo lo sabes, mi dulce niño?

—Rhaena me lo dijo la misma noche que volvió del Valle —contestó. Lucerys comenzaba a sospechar que Rhaena había ido a Rocadragón más veces de las que admitió—. Y que salías de cuentas a finales de año. ¿No es peligroso volar en Syrax?

—Aun queda una luna y media antes de que rompa fuente. No sería sincera si te digo que no tengo miedo de que ocurra lo mismo que con Visenya. No puedo imaginar la perdida de otro hijo. —Primero su hermanita y después él. ¿Durante cuánto tiempo había pensado que él estaba muerto? Más del que a Lucerys Velaryon le hubiera gustado—. Pero no puedo ocultarme tras las murallas de Rocadragón para siempre.

—Eres la reina —le recordó Lucerys—. Puedes hacer lo que te plazca.

Ella le sonrió con dulzura.

—Así no funciona la guerra, hijo. Corlys Velaryon mantiene el bloqueo en la Bahía del Aguasnegras hasta que alumbre, pero una vez que el niño o la niña nazca, tendré que volar a Desembarco del Rey. El pueblo no creerá en mí si otros conquistan la capital en mi nombre y los grandes señores tampoco —explicó su madre—. Otto Hightower aún mantiene controlada la ciudad para su nieto usurpador y su único escudo es mi vientre fecundado.

«Pero pronto el vientre se agitará y dará a luz, y nadie en Desembarco del Rey quedará en pie y seguirá llamando Rey a Aegon el Usurpador.»

—Tienes el apoyo del Norte, del Valle, de las Tierras de los Ríos y la flota más poderosa de todo Poniente. La Triarquía no volverá a apoyar a los Verdes después de haber perdido veinte naves en la costa de Marcaderiva.

Si Lucerys cerraba los ojos, todavía podía ver la estela de naves ardiendo en la orilla y los gritos de los hombres rompiendo la noche, agonizando por las llamas. Había sido tan hermoso —incluso más que el cuerpo sin vida de Rhaena Targaryen— y Aemond lo había hecho por y para él.

—Tienes razón. Myr, Lys y Tyrosh están librando una guerra entre ellas. No volverán a mirar hacia el oeste. —Eso hizo que Luke se sintiera complacido, satisfecho. Una pequeña victoria en una gran guerra que estaba devastando el continente—. Roca Casterly se mantiene leal a Aegon todavía. Y, a pesar de que ha llegado a oídos de lord Borros Baratheon que Aemond Targaryen no es más que un traidor, aún tiene cuatro hijas por casar y Daeron, el hermano menor, no está comprometido y fácilmente puede ocupar la vacante y renovar la alianza.

Recordaba las palabras del Señor de la Tormenta: «vete a casa, cachorrito, y dile a la zorra de tu madre que el señor de Bastión de Tormentas no es un perro al que pueda azuzar contra sus enemigos cuando le plazca».

—Convierte Bastión de Tormentas en otro Harrenhal y lord Borros dejará de ser un peligro.

—Es una idea tentadora. Pero no es por la guerra que estoy en Marcaderiva, mi dulce niño, sino para honrar a tu prima Rhaena. Necesito saber con exactitud las circunstancias de su muerte para aplacar la ira de Daemon.

A veinte pasos de distancia, se encontraban Daemon y Aemond, y entre ellos mantenían un trecho similar. Si bien no se dirigían la palabra, Lucerys temía escuchar el sonido de Hermana Oscura al ser desenvainada. Con lo afilada que estaba la espada, cercenaría la cabeza de Aemond como un cuchillo atraviesa mantequilla.

—Cedrik, el aprendiz del maestre Bertram, un muchacho que el abuelo Corlys trajo de Villaespecia, la asesinó. Infiero que la arrojó por los acantilados cuando la marea estaba alta y, una vez que se ahogó, le extirpó los ojos.

Su madre se llevó una mano a la boca.

—¿Y por qué razón cometió semejante crimen?

Luke sabía que debía decirle la verdad.

—Porque me quería, madre. Cedrik y yo manteníamos una relación clandestina. Cuando me di cuenta que estaba cometiendo un terrible error, le puse punto final a nuestros encuentros. Cedrik se resintió con Rhaena, más aún cuando descubrió que ella y la Señora del Valle conspiraba para arrebatarme el título de Señor de Marcaderiva.

Ella detuvo el paso abruptamente:

—¿Qué?

—No te revelo esto con la intención de que te enemistes con el Valle, pues, al fin y al cabo, Lady Jeyne te debe lealtad por sangre y juramento, pero es necesario que lo sepas para que comprendas el contexto de la tragedia.

»Si Cedrik hubiera venido a mí con la verdad, yo habría tomado una decisión pertinente y, en caso de no poder resolverlo, habría marchado a Rocadragón a pedir tu sabio consejo. Cedrik actuó por cuenta propia —explicó Lucerys—. Y me temo que heredé las desviaciones de mi padre.

Su madre lo sujetó de la muñeca y le clavó las uñas, haciendo que la piel se le enrojeciera.

—Jamás repitas eso, Luke. Tu felicidad no es una desviación.

—Si yo jamás me hubiera involucrado con Cedrik, él jamás le habría hecho eso a Rhaena y ella estaría viva.

—No se puede anticipar qué tan perturbada estará la mente de una persona. No te culpes por sus acciones. Solamente hazte responsable de las tuyas.

Lucerys asintió.

Su madre ya sabía que aquel tipo de pasiones llevaban a desenlaces violentos. Su padre, ser Laenor, había muerto en el mercado de Villaespecia a manos de su amante de ese entonces, Qarl Correy. Los presentes decían que habían discutido y que, posteriormente, ser Qarl lo apuñaló hasta la muerte.

—Sé que quieres su cabeza. —No tuvo que decir su nombre para que se entendiera.

—¿Quién te lo dijo?

—Rhaena.

—Joffrey a veces la llevaba del Valle a Rocadragón en Tyraxes para que pudiera ver a Baela. Cuando llegó la noticia de que se había visto a Vhagar, el dragón de Aemond Targaryen, en Marcaderiva, me sentí enfurecida. Y también sentí mucho miedo por ti. No quería que volviera a hacerte daño —aseguró—. Antes que la corona está mi deber como madre, me preocupo por ti. Lo que le hizo a Arrax… Lo que te hizo en la Bahía de los Naufragios… Simplemente no puede quedar impune.

—Él ya pagó su deuda. Aemond masacró a la flota de la Triarquía. Gracias a Vhagar y a él murieron treinta personas durante el ataque cuando podrían haber sido cientos.

—¿Y no pidió ninguna retribución?

« Salvé Marcaderiva por lo que significa para ti. ¿Puedo pedirte una cosa?» sus palabras hicieron eco en su memoria.

—Lo único que quiere Aemond es que su hermana y sus sobrinos estén bien —dijo. «Y que no me case», agregó en su mente.

—Lo están. Helaena y Baela se han hecho muy cercanas —comentó su madre—. La razón por la cual Baela no vino es porque resultó herida en una emboscada de Criston Cole y Helaena está junto a su lecho, cuidando de ella.

»Y Jaehaera y Maelor poco a poco se van recuperando de lo sucedido. Aemond te lo contó, ¿verdad?

—¿Qué ejecutaron al primogénito de Helaena para vengar mi supuesta muerte? —Rhaenyra no desvió la mirada—. Dime que no tuviste nada que ver. Por favor, madre. Necesito saberlo —casi suplicó.

—Cuando llegó la noticia de tu muerte, yo estaba devastada. No salía de la habitación, no comía, no me lavaba y tampoco participa en las reuniones. Lo dejé todo en manos de Jace. Daemon estaba lejos, en Harrenhal, y actuó como siempre lo ha hecho.

»Yo no lo abalé, pero tampoco me opuse. La sangre de Jaehaerys está tanto en sus manos como en las mías. Por eso siento tanto miedo, hijo, por el niño o la niña que llevo en el vientre. ¿Y si la furia de la Madre cae como un yunque sobre mí por haberlo permitido?

—No dejaré que eso ocurra. No sé cómo haré para evitarlo, pero no le pasará nada a mi hermano o hermana.

—Jamás quise que Jaehaerys muriera. Por eso, cuando Helaena apareció a los pies de Montedragón con Sueñafuego exhausta y Jaehaera a punto de desmayarse sobre Morghul, no dudé en abrirle las puertas de mi fortaleza y mi corazón.

»Helaena me perdonó, pero sé que no merezco tal piedad. Perder un hijo. Qué dolor más devastador.

—No te aflijas, madre. No es bueno para el bebé.

Luke le limpió la lágrima que rodaba por su mejilla y le tocó la frente. No quería que el sol le fuera afectar. Su pelo era oro fundido sobre su cabeza, preciosamente iluminado por la luz de mediodía.

—Has crecido. Ya no eres mi pequeño Luke.

—Siempre seré tu pequeño Luke —le prometió. Tenían la misma altura y la misma sonrisa—. Quiero pedirte algo, madre.

—Lo que quieras, mi dulce niño.

—Quiero que aceptes la lealtad de Aemond y que le permitas ser mi Escudo Juramentado. —Los hombros de su madre se pusieron rígidos bajo sus manos. Al ver que quedaba sin palabras, explicó—: Sin Vhagar, los Verdes no son fuertes. Si lo tienes de tu lado, la guerra terminará antes de que haya más bajas.

—¿Es mi reclamo por el Trono de Hierro lo que mueve esta petición? —Lucerys se delató cando volteó a ver a Aemond. Su tío, pálido y altivo, se mantenía a la distancia, pero se notaba que no los perdía de vista en ningún momento—. ¿Desde cuándo?

—¿Importa? —preguntó él.

—No. No, en realidad. Si es lo que quieres plenamente, no me opondré. Mi señor padre siempre se opuso a mi unión con Daemon y aquí estamos. A punto de tener nuestro cuarto hijo —dijo. Luke volvió a tocarle el vientre con ternura—. Pero si te hace daño de cualquier índole, no habrá lugar en Poniente ni en las Ciudades Libres en el que pueda esconderse de mi ira.

—Gracias, madre.

Lucerys se sintió estúpido por haber duda de ella, por pensar que haría algo que lo destruiría por completo. Su madre sabía lo que era desear unirse a alguien y que el resto del mundo se opusiera; también sabía la necesidad que eso causaba, el ardiente fuego que surgían en las entrañas.

—¿Qué hay de tu descendencia? ¿Quién gobernará Marcaderiva si no tomas esposa y no engendras hijos?

—Joffrey también es parte de la casa Velaryon y es mi hermano menor. Él y el primer hijo que engendré serán mis herederos.

Ella sonrió.

—Creo que a Joffrey le complacerá saber que piensas en él para ser tu sucesor. Cuando pensábamos que estabas muerto, él quedó devastado. Quería montar en Tyraxes e ir a enfrentarse personalmente a Aemond y a Otto Hightower. Tuvimos que detenerlo para que no lo hiciera y mantenerlo en el Valle fue la única forma de sosegarlo.

«Por eso mismo me dolió tanto saber que Rhaena conspiraba con la Doncella del Valle para casarse con Joffrey», pensó.

—¿Tengo tu bendición, entonces? —Rhaenyra asintió—. Yo mismo hablaré con lord Corlys. —La Serpiente Marina confiaba en él y lo adoraba como a un verdadero nieto.

Luke se volteó y buscó a Aemond con los ojos. Sus miradas se encontraron en una indicación muda de que se acercara a ellos. Más allá, Daemon lo contempló todo entre divertido y ofuscado. Nunca fue capaz de leer las emociones del hombre y esta vez no fue diferente. De todas formas, Lucerys tenía el puñal de huesodragón en la cintura y estaba dispuesto a desenfundarlo al mínimo movimiento.

Su tío clavó la rodilla en la arena, a los pies de su madre, y desenvainó la espada corta que tenía consigo para darle más solemnidad a su juramento. No era tan opulenta e intimidante de como Hermana Oscura, pero era más que suficiente.

—Yo, Aemond de la casa Targaryen, hijo del difunto Rey Viserys, el primero con el nombre, os entregó mi espada y mi lealtad a vos, Rhaenyra Targaryen, la única y legítima Reina e los Siete Reinos. Desde este día hasta el último de mi vida, lucharé con todo aquel que se atreva a desafiaros y a poner en duda vuestro reclamo.

Su madre colocó una mano enjoyada en el hombro de Aemond y le respondió:

—Levántate, hermano.

Cuando Aemond se arrodilló no era más que un traidor para los Verdes; al levantarse, se convirtió en el segundo aliado más poderoso de los Negros y recuperó la familia que le había sido arrebatada en la juventud, cuando los caminos se bifurcaron y los llevaron a Rocadragón y Desembarco del Rey, respectivamente.

Al ver que se fundían en un abrazo fraternal, Lucerys Velaryon sintió que su felicidad estaba por fin completa. Todo, absolutamente todo, había valido la pena.