El Bebé de Rena
PARTE III
Departamento de Rena – Noche
Más tarde esa noche después haber brindado y celebrado, finalmente llega la hora de irnos y nos despedimos de nuestros respectivos hermanos-cuñados, felicitándolos una vez más por su compromiso.
Ya que estamos en el ascensor, ni siquiera se esperan a que la puerta termine de cerrarse para comenzar a besarse, quitarse la ropa y comenzar a hacerlo.
Una vez llegamos al estacionamiento, Runa y yo subimos al auto y manejamos camino a casa.
– ¿Lista?
– Sí, vayamos Sensei.
Calles de la Ciudad
Salimos y mientras manejo, no puedo dejar de pensar en las grandes sorpresas que habíamos recibido el día de hoy.
– Por más que lo pienso, aún no lo puedo creer – le platico a Runa – mi hermano y tu hermana no solo tuvieron un amorío desde hace meses, sino que ahora además ¿Están comprometidos e incluso esperando un bebé?
Se siente aún más raro decirlo en voz alta. Me tomo un segundo para respirar del shock, y ya más calmada le digo.
– Pero bueno, a final de cuentas, amo muchísimo a mi hermano, de la misma manera que sé que tú amas a tu hermana, y si ambos son felices juntos y desean hacerlo, me siento muy feliz por ellos. ¿No te alegras también por ellos, Runa? ¿Runa?
Al voltear, la noto sollozando, haciendo su mejor esfuerzo por ocultar las lágrimas que caen por sus mejillas.
– Runa.
En ese momento detengo el auto y me estaciono.
– Runa ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué tienes?
– Sensei…
Me acerco a abrazarla y cuando lo hago, Runa me agarra con fuerza, enterrando su rostro entre mis pechos y apretándome con fuerza.
– No es justo, Sensei. No es justo.
– Runa.
Es todo lo que puede decir entre sollozos, aun intentando controlar sus lagrimas.
Nos quedamos así por unos segundos hasta que se separa y limpia su nariz y ojos con un pañuelo.
– Runa ¿Qué es lo que no es justo?
Le cuesta un poco de trabajo volver a hablar.
Junta algo de aire y entre sollozos dice.
– No es justo que mi hermana siempre me supere en todo – lo dice adolorida – Ya sea en el físico, en la vida, en lo académico o en lo profesional, ella siempre me gana en todo ¡¿Y ahora también me gana en casarse primero?! ¡Eso no es justo!
– Runa…
– Llevamos saliendo juntas cuatro años ¡Cuatro años, Sensei! Todas nuestras amigas ya se están casando y ahora resulta que mi hermana, quien podía jurar que jamás se casaría con nadie, no solo ya tiene pareja, sino que ahora ¿También se va a casar y espera un hijo? – bastante molesta.
– Runa, no es justo que…
– ¡Lo que no es justo es que incluso cuando se casen y tengan su primer hijo, nosotras todavía tendremos que esperar unos años más para hacer lo mismo! ¡No es justo que siempre me gane en todo solo por ser mayor!
– ¡Runa!
La regaño un poco cuando patea el auto, pero de inmediato se calma y oculta su rostro entre sus rodillas para que no la vea llorar.
Al verla llorar de esta manera, me recuerda mucho a la niña pequeña que solía ser cuando la conocí en mi salón de clases. Especialmente, me recuerda al día que la encontré sentada en la entrada de mi departamento, porque su hermana se había ido.
Con lo rápido que ha crecido y madurado, a veces me es fácil olvidar que a pesar de que ya no es una niña, sigue siendo una joven bastante confundida, celosa, llena de emociones y con demasiada prisa por crecer y ser como su hermana.
– Runa.
Acerco mi brazo a ella y la acaricio por la espalda para calmarla.
– Lamento mucho que te sientas de esa manera, pero en verdad, no tienes por qué sentirte así por el compromiso de tu hermana. La historia de nuestros hermanos es una muy hermosa, deberías sentirte orgullosa de ellos.
– Lo sé, Sensei – ya más calmada, levanta su rostro y limpia ella misma sus lagrimas – lo intento, sé que debería estar contenta… pero aún así, no es justo.
Intento ser empática con ella.
– Tal vez no lo sea, pero ¿te digo algo? Aunque no lo veas, hay varias cosas en las que sí le ganas a tu hermana.
– ¿Uh?
– No solamente eres más joven y hermosa que ella, también eres más perspicaz, amable, compasiva, astuta, abierta y sobre todo, eres mucho más comprometida que tu hermana. La misma Rena lo dijo esta noche.
– Ella… ¿dijo eso?
– Puede que no con palabras, pero lo que sí dijo, es que eres una mujer mucho mejor de lo que ella fue a tu edad.
Esto parece animarla, pero muy poco. Debo continuar.
– Y lo más importante en lo que le ganas, y que la propia Rena jamás querrá admitir, es que tú lograste encontrar el amor mucho antes que ella.
Al decir esto, llamo su atención.
– Piénsalo, a Rena le tomó 28 años de su vida e incontables amoríos encontrar a alguien que la amara por quien es y que ella pudiera amar a cambio. A ti, solo te tomó poco menos de doce años encontrarla y la hallaste en la primera mujer de la que te enamoraste. Hay personas que pasan toda una vida buscándola y jamás la encuentran.
– Sensei – se sonroja al recordar el año en que nos conocimos y cuánto tiempo ha pasado.
– Deberías sentirte orgullosa de que tu hermana haya encontrado a ese alguien especial, aunque le haya tomado tanto tiempo. Y aún más orgullosa de que tú lo hayas logrado en tan poco.
– Sensei.
Parece que va a volver a llorar esta vez de felicidad, pero recordando su posición como reina orgullosa, se limpia ella misma las lagrimas y con una sonrisa me dice.
– Siempre debes tener un sermón que darme para hacerme sentir mejor ¿verdad?
– Bueno, es mi deber como maestra.
Ambas reímos y nos quedamos unos segundos en silencio.
Al poco tiempo, Runa ya se siente mejor y me dice.
– Gracias por decir esas palabras, Sensei – suspira mirando hacia abajo, con una sonrisa de nostalgia en el rostro – supongo que, siempre y cuando sea contigo, podré esperar unos años más para nuestro matrimonio y alegrarme por mi hermana.
A pesar de que ya estar más alegre, todavía no está del todo calmada.
Acaricio su cabeza antes de arrancar el auto, y retomo el camino hacia nuestra casa. Pero cuando finalmente llegamos, me sigo derecho dejando atrás nuestra llegada.
– Sensei ¿no vamos al departamento?
– Sí, pero antes me gustaría hacer una parada rápida.
– Entiendo.
Aún tengo una sorpresa más para alegrar a Runa.
Templo de la Ciudad – Noche
A pocas cuadras del departamento, llegamos a un pequeño templo ahora vacío a esta hora.
– Sensei ¿Qué hacemos aquí?
– Tan solo quiero ir a confirmar algo. Ven, acompáñame.
Con algo de curiosidad, Runa baja conmigo del auto y caminamos juntas hacia el templo.
Es un templo bastante pequeño en comparación a otros, pero lo suficientemente grande para unir a un pequeño grupo de personas.
Runa y yo caminamos todo el camino hasta el altar, y una vez ahí, nos detenemos y observamos las maravillosas esculturas en él.
– Es muy hermoso ¿no te parece, Runa?
– Hmm.
Nos quedamos un momento en silencio, hasta que finalmente Runa se desespera y me pregunta.
– Ya dime Sensei ¿Qué es lo que realmente hacemos aquí? – no le gusta que le guarden secretos.
Sonrío ante esa actitud tan adorable de ella y le digo.
– Bueno, si de verdad quieres saber, estaba pensando que como aún nos faltan unos dos años y medio para casarnos, podríamos tener ahora una pequeña boda improvisada ahora mismo.
– ¡¿EH?! ¿De qué estás hablando?
Dirijo mi mano hacia mi bolso y saco un pequeño anillo brillante con una esmeralda en el centro.
– Este anillo me lo regaló mi madre, le perteneció a mi abuela. Me dijo que cuando llegara el día en que me casara, le gustaría ver a su hija usando este mismo anillo en su boda. Por muchos años lo he estado guardando, esperando a usarlo el día que nos casemos. Pero… ahora que lo veo, creo que te quedará mucho mejor a ti.
– ¡¿UH?! Pero…
Tomo la mano de Runa y pongo el pequeño anillo en su dedo de compromiso.
– Te queda perfecto, Runa.
– Sensei… esto… yo no…
– Quiero que formemos una vida juntas, Runa. Quiero casarme contigo, acostarme contigo, que tengamos hijos algún día y pasemos toda una vida al lado de la otra. Ese es mi deseo contigo… si me aceptas. ¿Qué es lo que piensas?
– ¡SENSEI!
– ¡Kyaaaaaa! ¡Runa!
Runa se lanza a mis brazos y me da un gigantesco abrazo, rodeándome con sus brazos.
– También yo Sensei, también yo lo deseo. Quiero casarme contigo, que crezcamos juntas y nunca más vivir sin ti a mi lado.
– Runa – la abrazo con todas mis fuerzas – me alegra tanto escucharte decir eso, mi Runa.
Nos abrazamos, y cuando nos no separamos, nos miramos a ver a los ojos y sin soltarnos de las manos, volteamos a ver el altar frente a nosotras.
Sin soltarla, le digo.
– Runa ¿te gustaría practicar nuestros votos matrimoniales?
– ¿En verdad crees poder decir de improviso unos mejores votos que yo? – lo dice divertida, orgullosa, como la Runa que tanto amo y conozco.
Volteamos a vernos una a la otra, tomándonos de ambas manos y mirándonos a los ojos, le digo.
– Yo, Suminoe Takako, prometo siempre amarte y respetarte, cuidarte y defenderte, en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la pobreza, siempre permanecer a tu lado y hacerte la mujer más feliz a mi lado, por toda la eternidad.
Runa se conmueve, toma con más fuerzas mis manos y recita.
– Yo, Houraisen Runa, prometo siempre apoyarte y escucharte, trabajar y prosperar para regalarte la vida que siempre has soñado. En la alegría y en la tristeza, en la tragedia y la gloria, prometo por sobre todas las cosas siempre amarte, de tal manera que nunca más, dormirás en una cama vacía. Por toda la vida estaremos juntas, y ahí de aquel o aquella que se atreva siquiera a intentar separarnos.
Sus palabras tan maduras y seguras hacen que quiera llorar, y en ese momento se que no estoy viendo a una joven cualquiera. Esta es una adulta. Mi adulta.
Volteamos a ver una última vez al altar, y entonces recito las palabras.
– Y ahora las declaro, marida y mujer.
Me acerco a Runa y le susurro al oído.
– Ya puedes besar a la novia.
Se para de puntas y me da un dulce, profundo y apasionante beso en los labios, sellando así nuestro amor eterno y con ello nuestra promesa de algún día tener una gran boda con toda nuestra familia y amigos, celebrando nuestro amor y nuestra vida de casadas, juntas.
Para ello todavía faltarían unos años, pero desde este momento, Runa y yo ya nos podemos considerar esposas, y con ello, el inicio de un nuevo capítulo en nuestras vidas.
– ¿Vamos a casa, esposa mía?
– Seguro, esposa.
Caminamos de vuelta al auto, pero antes de salir del templo, me dice.
– ¡Pero ni se te ocurra pensar que esto contó como nuestra boda y mi pedida de mano! ¡¿Eh?!
– Sí, sí, descuida Runa.
Algún día definitivamente le pediré su mano y entonces tendremos una boda. No puedo esperar a que ese día llegue.
Auto de Takako – A las afueras del Templo
Al regresar al auto, amarramos nuestros cinturones y observo que Runa aún conserva el anillo en su dedo.
Esto es malo, a pesar de lo que le dije, aún no es mayor de edad y si la gente o las chicas en la escuela la vieran andar con aquel anillo, podrían generarse rumores y diversos problemas para ella.
"Pero si le pido que me lo devuelva, seguro que armará un escándalo ¿Cómo se lo pido sin que se moleste?"
– Runa, ese anillo que tienes es uno muy pequeño y valioso ¿Qué te parece si te lo guardo hasta que llegue el día en que…? ¿Runa?
Pero al voltear a verla, la noto totalmente concentrada en su teléfono y marca un número.
– Runa ¿A quién estás llamando?
– A Nee-sama. Jamás la felicité como es debido por su compromiso y quiero hacerlo ahora.
– Runa – conmovida.
En verdad es una chica muy madura para su edad.
– Me parece muy dulce tu parte, aunque no creo que nos vayan a contestar ahorita. Seguro ellos van a estar...
Pero el teléfono suena y cuando Rena contesta desde el otro lado, solo se escucha…
– ¡Nee-sama! yo…
– ¡Aaaaaaaaaahhhhhhhh! ¡Sí, Makoto! Quiero que me lo metas, quiero que me lo metas más profundo y pongas otro bebé en mí ¡Ah, Sí! Dame tu leche, lléname con ella ¡Aaaaaaahhh! ¡AAAAAAAAAHHHHHHHH!
– ¡KYAAAAAAAAA!
De inmediato cuelga al escuchar los gemidos de nuestros hermanos, y con el corazón paralizado y nuestras mentes traumatizas, ambas nos quedamos en completo silencio por un minuto.
– Juremos... nunca hablar de esto.
– De acuerdo.
Arranco el auto y con cuidado manejamos de vuelta a nuestra casa.
– Ah, Runa, y sobre el anillo, pues…
– ¡De ninguna manera te lo daré de vuelta!
– Entendido.
Bonus Short Story – Un Año Después
Es una tarde soleada, el viento y las hojas naranjas del otoño corren tras la ventana del departamento de Rena, donde ahora, nuestra feliz pequeña familia descansa plácidamente esta tarde.
Los adultos, Makoto, Rena y yo, estamos sentados en la mesa tomando un té caliente, mientras observamos a Runa jugando felizmente con nuestra sobrina en la alfombra de la sala.
Rena se recuesta en los brazos de Makoto mientras la abraza y observan orgullosos a su pequeña hija.
– Es tan hermosa.
– Lo sé.
De cabello rubio y ojos verdes, había heredado los dotes más hermosos de sus padres. Me preguntó si cuando tenga una hija con Runa se verá igual que ella o si heredará mi naranja cabellera.
Ambos sonríen y voltean a verse para besarse.
Rena sonríe y volteándome a ver me dice.
– Debo decir que me sorprende bastante ver lo buena que es Runa con los niños. Sin duda será una buena madre.
– Sí, sin duda algún día lo será – le respondo entre alegre y avergonzada.
Rena voltea a ver a Runa y observa con una sonrisa por milésima vez el anillo de compromiso en su mano.
Ha pasado un año desde aquella noche que nos "casamos" en privado en aquella iglesia y desde entonces, Runa no se ha quitado el anillo en ningún momento, ni siquiera para dormir o bañarse, ni mucho menos cuando va a la escuela.
Desde entonces, se ha convertido en la admiración de todas en la escuela, quienes no pueden creer que una chica de su edad ya este comprometida.
Claro que lo debe esconder durante clases o cuando se acerca alguna de las maestras, pero el detalle y la emoción es lo que cuenta.
"Sin mencionar claro todo el increíble sexo que hemos tenido desde entonces, con Runa llamándome una y otra vez "Mi esposa, mi esposa" cuando lo hacemos".
Sin darme cuenta, me pierdo en mis pensamientos pervertidos recordando todas las noches de pasión que hemos tenido Runa y yo desde entonces, y cuando Rena se da cuenta, con una sonrisa pícara me pregunta.
– ¿Qué pasa Takako? ¿Estás pensando en cuál posición deseas dejar embarazada a mi hermanita? ¿Eh?
– ¡¿Qué?! ¡R-Rena! – Avergonzada, roja.
Ríe y retoma la conversación.
– Pero ya, hablando en serio ¿Cuánto tiempo más planeas dejar esperando a mi hermanita? Viendo que desde hace un año no se ha quitado ese anillo ni para ir al baño, estoy segurísima que ya desea casarse y además, me encantaría que mi hija tuviera una primita con quien jugar.
– No, pero nosotras aún no…
– ¡Solo piénsalo! ¿No sería increíble que nuestras hijas crecieran al mismo tiempo y estudiaran juntas como tú y yo lo hicimos en la preparatoria? ¡Incluso podrían llegar a ser unas primas tan cercanas como Kaede y Sara!
– Aunque no estoy segura si deseo que lleguen a ser "así" de cercanas – algo avergonzada – Además, Runa apenas esta en segundo año. Todavía le falta un año y medio para graduarse y no puede andar por la escuela estando embarazada (y aún si pudiera, estaría mal desde donde se viera).
– No estoy diciendo que deban empezar ya a intentarlo, solo estoy diciendo que Runa cumplirá ya la mayoría de edad el próximo año y para entonces, podrán ya casarse y comenzar a formar una familia juntas ¿no lo crees?
– Sí, supongo que sí – le digo con una sonrisa – aunque en verdad, no tienes de que preocuparte.
– ¿Uh?
Volteo a ver a Runa, jugando con nuestra sobrina en aquella alfombra, y con una sonrisa le digo a Rena.
– Estoy segura de que lo que más deseo en esta vida es casarme con Runa y formar una familia con ella. Así que no tienes de que preocuparte, tendremos una familia muy bonita juntas, Rena, ya lo verás.
– Takako – me ve conmovida, feliz de mis palabras.
Makoto lleva la mano de Rena a sus labios y la besa, reafirmándole que esta bien y apoya nuestra decisión.
– Esta bien, nada más les ruego que por favor no hagan como yo y por favor, me digan tan pronto decidan hacerlo para poder planear la boda juntas ¿Sí?
– Descuida Rena, cuando tengamos una fecha, serás la primera a quien llamemos.
– ¡De acuerdo!
Makoto y Rena se besan, mientras que Runa vuelve con nosotras y entrega a la bebé a los brazos de sus padres.
Al parecer ya le ha dado hambre, así que Rena descubre su pecho y comienza a alimentarla al tiempo que Runa se sienta a mi lado.
También me besa en los labios, y así, los cuatro (ahora cinco) comenzamos a platicar sobre diversos temas, así como cualquier familia lo haría.
Al ver a Runa a nuestro lado, platicando y actuando como toda una adulta, no puedo evitar pensar en lo mucho que ha crecido y en que quizás, ya esta lista para dar ese siguiente gran paso.
Si de algo estoy segura, es que deseo casarme con ella lo antes posible y tengamos una hija propia que juegue con nuestra sobrina.
Sin duda estoy en el momento más feliz de mi vida, como lo ha sido cada día desde que conocí a aquella chica que cambió mi mundo para siempre.
Mi Runa.
FIN
