El sonido de un despertador, las finas líneas de sol que las cortinas no lograron filtrar. Los párpados pesados de una chica que, con dificultad, se estiró para activar sus músculos… ¿sus? Primera diferencia; longitud, sus brazos eran más cortos de lo que recordaba. Segunda diferencia, sus manos, más pequeñas y delicadas de las que recordó. Tercera diferencia, el cabello que opacó parte de su visión lateral era de un cabello de diferente color, castaño oscuro, además de no recordarlo tan largo.
Las constantes anomalías retiraron cualquier rastro de sueño. De inmediato, la chica se dirigió a un espejo. El reflejo proyectado fue una inconsistencia tras otra, nada de lo que debió estar en su lugar estuvo. Ni su cabello ondulado, ni su cabello claro, ni sus ojos azules, nada.
- ¡Lila! ¡Ya me voy! ¡Recuerda no llegar tarde a la escuela!
¿Lila? ¿Escuela? Ella acabó de graduarse, cómo ella pudo regresar a la escuela. No, ese no era lo que más debería preocuparse, ¿Quién era la impostora que robó su rostro?
No era ella.
No era ella.
Definitivamente no era ella.
¿Qué demonios estaba ocurriendo? ¿Quién era la impostora de cabello castaño? ¿Quién era la impostora de ojos verde avellana? ¿Quién era la impostora que tomó el cuerpo de esa niña?
Era ella, el final de todas las incógnitas llegó al mismo puerto. De alguna u otra forma la chica terminó convirtiéndome en la usurpadora de un cuerpo.
XXX
Pánico.
Si la chica tuvo la oportunidad de elevar sus reacciones a un punto impensable fue en ese. En tierra baldía, con un cuerpo extranjero, sin conocimiento ni contexto, sin razón o propósito, una usurpadora de un zorro perdido. Necesitaba información, pero la cotidianidad la ataba. Ella no supo qué hacía en ese lugar, ni la consciencia original que le perteneció a este cuerpo, pero sí entendió una cosa; el pánico sería el final de todo.
Además, en cuyo caso esto solo fuese temporal, ella no quiso arruinar la vida del cuerpo que tenía prestado. Independiente de la persona que estuviese a su comando, era su vida, su cuerpo y decisiones las que dictaminaban su rumbo, no las de la chica. Para su incomodidad, lo único que tendría que tomar prestado sería su identidad, su nombre y su rostro. No habría de otra, negarse a vivir esa cotidianidad es el peor de los resultados.
Calma. Eso es lo que necesitó, calma. Lila Rossi, o la chica usurpadora, necesitó calma para entender por completo lo que ocurría. De todas formas, la apariencia y el nombre resonaron en su mente de forma inexplicable. No supo cómo, pero el nombre fue algo que ya escuchó con anterioridad, pero desentendió si fue producto de una memoria pasada o la repetición de nombres comunes en países ajenos.
Con una leve agitación con la cabeza, la chica continuó caminando al rumbo de la dirección marcada por su celular. Tuvo la fortuna que la chica original anotó todas sus claves en papeles, y eventos importantes de su vida en un diario dejado al intemperie, sin saber si eso fue producto de fuerzas de la naturaleza que la ayudaron a sobrellevar esta nueva etapa de su vida o una conveniencia afortunada.
Las calles techadas concluyeron en un edificio que rodeó toda la cuadra, con una bandera indicativa de una escuela secundaria tradicional francesa. Sí, Lila descubrió que no estuvo tan alejada de su tierra natal, por lo menos la geografía y parte del sistema político y económico permanecieron similares. Fue una ventaja, pero una que tomaría con pinzas. Incluso si fueron tierras similares, ella aún careció del conocimiento para tomar decisiones, cualquier acción tomada solo pudo considerarse precipitada.
En retorno a la escuela, el edificio de dos pisos y ventanas simétricas, con una gran puerta que tuvo ingreso gracias a unas escaleras y una rampa conjunta para los estudiantes discapacitados. De nuevo, esa sensación fantasma de reconocer el lugar sin llegar a identificar el porqué invadió su mente de nuevo. Lila alejó los pensamientos, fue de común entender que aislar las ideas y no pensar en ellas pueden resultar en una epifanía que llegue a conectar con la idea que mantuvo a su mente al filo de su lengua.
- ¡Hola! – una voz estridente y chillona salió disparada en dirección de Lila. La chica, absorta en sus pensamientos, se sorprendió un poco por el repentino retorno a la realidad -. No te había visto por aquí. ¿Eres nueva?
La voz provino de una chica de cabello rubio corto y ojos azules. La sorpresa invadió un poco a Lila, esa chica se pareció bastante a la apariencia de su yo original, aunque hubo diferencias notorias como la altura y el estilo de cabello, pero a grandes rasgos eran similares.
Acompañada por la rubia, la antítesis de la otra chica se paró justo a su lado. Mientras la otra era bastante baja, ella era alta. Mientras la otra era de cabello rubio, su cabello era tan oscuro como el carbón si no fuese por los ligeros flequillos morados. Mientras los colores de la otra eran vibrantes e infantiles, las de estas eran algo más liberales, juveniles y casi monocromáticos en tonos oscuros. Y mientras la otra rebosaba alegría y entusiasmo, la otra era una bola de timidez y ansiedad.
- Sí, lo soy. Un placer conocerlas, mi nombre es Lila Rossi – el accionar de Lila fue reconocido para la chica usurpadora, así que decidió no intentarlo. Claro, se midió en algo más cortés de lo que acostumbraba, pero fue más para mantener la apariencia y marcar un lado neutral mientras determinaba otros aspectos que le permitiesen ser más libre o mantener una figura más reservada.
- ¡El placer es mío! ¡Mi nombre es Rose Lavillant, y mi amiga es Juleka Couffaine! Juleka, saluda – un sencillo saludo con la mano fue la única respuesta que recibió Lila. No fue ofensivo, fue claro que la otra chica no se sintió tan cómoda con extraños que su contraparte rosa – La maestra Bustier creo que mencionó algo sobre una nueva estudiante, ¿o no Juleka? ¡Creo que estaremos en la misma clase! Vamos, debo presentare la escuela. Eres afortunada de haber llegado temprano.
- Afortunada – Lila repitió las palabras en sus labios.
- ¿Dijiste algo?
- Lo lamento. Solo no me siento afortunada el día de hoy.
- ¿De verdad? ¿Por qué?
- Digamos… - Lila pensó en una respuesta coherente. Las tangentes que solo una respuesta tan simple pudo repercutir en esta relación fueron enormes. La primera impresión, la primera conversación fue clave para el acercamiento de nuevos aliados o enemigos. Con esa tónica, prefirió que poseer aliados era mejor que ir por el mundo sola -. Solo es el ambiente. Mi antigua escuela es bastante diferente a lo
- Escuche… que eras de Italia – Juleka tomó participación de la conversación. No sorprendió a Lila, era de las chicas que debían estar alertas primero y solo tomaban juego a la hora de determinar algo de su interés -. ¿Extrañas tu antiguo hogar?
Lila admitió que esa pregunta fue de mayor crédito del que le estimó a Juleka. Fue directo a la raíz de una problemática. Aun así, era pronto para determinar si fue fruto de una pregunta derivada de su imaginación pesimista o en verdad su grado de empatía podía llegar a esos niveles con simples conversaciones. De ser el segundo caso, entonces Juleka debía ser la mejor aliada que tuvo en ese mundo. Por lo contrario, entonces era una problemática que no supo si tuvo el tiempo ni la energía en intentar ayudar.
Con una pequeña sonrisa y las manos por sus espaldas, Lila caminó. En reacción, las otras chicas siguieron su paso, casi como si fueran guiadas por el andar de la chica de ojos avellana. Cortos sonidos de intriga y pensar se escucharon, como murmullos internos que relucieron ante las expectantes chicas. Al retroceder un poco y volver su vista a ambas chicas, Lila respondió.
- Sí, la extraño más que nada en el mundo.
XXX
En 2015, un proyecto televisivo de una serie infantil para Disney Channel salió a la luz. Un programa que, aunque no revolucionario, se ganó su lugar como uno de los programas de televisión animada más grande de los últimos años. La punta de la lengua fue liberada y la conexión de todo lo que ocurrió asaltó su mente, como una banda en los ojos que fue quitada para venerar la verdad. Fue casi instantáneo, una idea que tomó más y más peso antes de volverse realidad.
¿Cómo? Esa fue la siguiente pregunta que Lila se hizo. De alguna forma este cuerpo le perteneció a un personaje animado, en una serie animada, en un mundo ficticio, sin alguna relación con un hecho que conecte con la vida real más allá de la creación de Thomas Astruc y su equipo de producción. Este nuevo dato fue uno que no supo cómo tomar, entre risas como una clase de broma enfermiza… o esperanzadora, porque de inmediato supo que su situación no fue desesperante.
Tuvo formas de salir de esto. Los miraculous eran poderosos objetos con poderes sobrenaturales. Ella debió ser creativa, buscar alternativas que le ayuden a ganar un boleto directo a su hogar. Sin embargo, fue un juego de paciencia. Incluso si ella supo las identidades de Ladybug y Chat Noir, eso no fue excusa de irse precipitadamente contra ellos. En primera porque no supo cómo conceder un deseo y en segunda porque ella entendió las consecuencias. La serie dejó más que claro que las consecuencias eran devastadoras para el mundo y que un deseo concedido era proporcional a la maldición que recayó sobre el afortunado ¿Y si otra persona al azar de su mundo terminase en su situación? ¿Y si como compensación esa persona no fuese al azar y fuese una persona cercana a ella? ¿Sus padres? ¿Amigos?
No, incluso si fue una solución segura, esa debía ser su última alternativa. Antes ella debió explorar otras más inverosímiles, ser creativa y buscar una forma que no le afecte a ella, al mundo y a sus cercanos. Sí, era mucho pedir, y lo más probable es que Lila no lograría ese cometido sin afectar a alguno, pero su deber estuvo en el intentar.
Lila se dejó caer en una de las escaleras de la biblioteca. Después de separarse de ambas chicas su humor no estuvo para tratar con otras personas. De todas formas siempre le gustó más el conectarse consigo misma que el entablar relaciones con los demás, aunque no fuese ignorante de la idea y no se envolviera en la timidez que la chica de ropajes oscuros sí poseyó.
Lila decidió descansar hasta que tuviese que entrar a su salón, en una soledad hermosa y asfixiante que dejó recorrer en todo su ser, el frío, la incertidumbre y la tristeza en la yema de sus dedos. Respiraciones calmadas, un cuerpo algo tenso por los desniveles de las escaleras, pero lo bastante cómodo para entrar en un estado más tranquilo.
Sin embargo, el destino no deseó que su paz se conservara por más tiempo. Al abrir los ojos, Lila vio a un joven de ojos verdes preocupados, un rostro de codicia y un cabello rubio suelto que dejaba en alto. Ella admitió que el joven parado a su lado era bello, uno que intentaría atar en mejores circunstancias. Sin embargo, eso sería una pésima idea en varios aspectos. Por el momento, la cordialidad es lo que primaría en su actuar.
- ¿Estás bien? – el chico preguntó mientras ayudaba a pararse a Lila, ella se limitó a asentir como respuesta.
- Adrien Agreste.
- ¿M-Me conoces?
- Es difícil decir un no cuando tu imagen está por toda la zona.
- Oh, es cierto – Adrien se tomó la mano en la nuca. Sí, un poco avergonzado por no pensar en la posibilidad, peor para él que Lila fuese buena leyendo expresiones, aunque no requirió más que un ojo borracho para leer a ese chico, era un libro abierto por donde se le quiera ver -. Disculpa, creo que es algo incómodo que alguien me conozca y yo no conozca a la otra persona.
- Encantada de conocerte, mi nombre es Lila Rossi – la chica saludó con una leve reverencia noble. Era bueno ir construyendo la imagen con la que las demás personas la identificarían, incluso si es una imagen algo arcaica y desactualizada.
- Lila, un placer.
Adrien saludó con la mano, en un intento de apretar la mano contraria. Sin embargo, Lila prefirió ahorrarse el tacto. En su lugar, mantuvo su vista en el chico. El contacto visual pronto tuvo efecto en un rubio algo más ansioso.
- ¿Estás nervioso?
- ¡N-No! ¡No! Solo extrañado, no te he visto por aquí – a Lila le resultó una respuesta correcta. El pensamiento rápido fue bueno, y es lo bastante sólida para que otras chicas no se hicieran impresiones correctas, pero equivocadas de intención.
- Me transfirieron recientemente, por lo que no es de extrañar. Soy una desconocida para cualquiera de acá.
- Entiendo… más de lo que me gustaría admitir… ¿tienes algo que hacer? – Lila sonrió con un poco más de firmeza. Conexión, la primera base de cualquier relación se estableció en ese primer momento. Lo que consideró la primera etapa fue realizada, empatía.
- Hmmm – Lila fingió pensar, era mejor para capturar sus palabras ante un expectante chico que esperó la respuesta con paciencia -. No, nada hasta que inicien las clases.
- Bueno, tal vez pueda acompañarte un rato. No creo quedarme mucho tiempo, tengo clase de esgrima, pero por lo menos podemos hablar… si quieres.
Lila identificó un gran arma ahí. Esa capacidad natural de bondad y conexión con el otro fue casi tan pura y real para Adrien como lo fue respirar. Esa clase de respuesta fueron las que derivaron en malinterpretaciones.
- Eres muy amable Adrien.
- Yo…
- Y también alguien demasiado tenso – Lila habló, aún debía de dar un siguiente paso en su conversación para no dejarla morir. No fue una conversación que se debió permitir perder por alguna ocurrencia del chico -. Déjate fluir, los demás saben el momento en que alguien se siente rígido. Lleva a conversaciones muertas y no permitir un verdadero avance – el mensaje fue claro y Lila vio que el chico en verdad pensó en su propuesta. Con la segunda etapa completa, apertura, pasó a la tercera etapa; profundizar -. Sabes, puedes conocer bastante a una persona con un sencillo juego. ¿Te gustaría jugar? No durará mucho.
- P-Por supuesto – Lila no habló. En su lugar, continuó con los ojos fijos en Adrien, a la espera que él entendiera el mensaje -. Por supuesto.
- Bien, esa es una mejor respuesta – satisfecha, Lila pensó una buena forma de establecer una buena relación. Lo mejor fue lo básico y rápido, por lo que este juego era perfecto para esta situación -. Es un juego sencillo. Ambos diremos tres cosas sobre nosotros; dos de ellas serán verdaderas, pero una falsa. La otra persona debe decir cuál de las tres afirmaciones es la falsa.
- ¿Y cómo se gana?
- El que mienta mejor es el ganador – los ojos tranquilos y absorbentes de Lila detallaron todo el cuerpo del chico. La duda no se presentó, ni la sospecha. Fue malo, pero fue algo que no debió de corregir en ese momento -. ¿Estás dispuesto a jugar?
- Sí.
- Bien, inicia tú – Lila vio que su tranquila petición tomó por desprevenido a Adrien que, casi en una carrera desesperada por encontrar sus palabras, empezó a indagar en su mente.
- Bueno… me gusta ir a la escuela… me gusta una chica… y me gusta comer queso camembert.
Lila le dio algo de crédito. Él supo que su ropa estaba algo impregnada de la esencia de queso. Sin embargo, incluso sin el conocimiento que ese queso camembert no fue para él hubiese identificado la mentira. Las palpitaciones en su cuerpo eran notorias, un poco de la piel se vio más cristalina como indicativo de un leve indicio de sudor y, sobre todo, el ligero dilatamiento de las pupilas que la reacción nerviosa de la inexperiencia otorgó.
- Debes mejorar tu expresión corporal, es bastante mala. Intentas engañarme con el olor del queso que huelo, pero a ti no te gusta, ¿estoy en lo correcto?
- V-Vaya, eres buena.
- No te rindas aún. Todavía debes descubrir mi mentira.
Lila se acomodó. Caminó un poco por las escaleras y se sentó. No le molestó que sus pantalones se ensuciaran, prefirió mantener una vista elegante y noble que nimiedades como esas. Con una mirada profunda, un cruce a sus pies y una sonrisa tranquila, ella habló.
- Estoy en un mundo de fantasías. Estoy en un mundo de ilusiones. Estoy en un mundo de pesadillas. Dime, ¿cuál es la mentira?
Lila vio los ojos de Adrien abrirse de golpe. Fue normal, nadie espera esa clase de respuestas. Capciosas, abiertas, intrigantes. Eso es mejor… al final fue mejor para ella que su imaginación tomase cartas en su conversación.
- E-Eso… no lo entiendo.
- Hmmm… puede que este juego corto deba alargarse más de lo que imaginé. Quieres conocerme, ¿no, Adrien? Entonces responde esta pregunta. ¿Cuál es la mentira? Si la puedes responder, entonces no necesitas conocer más de mí - -. Por cierto, tu alarma está a punto de sonar. Creo que tienes menos de un minuto para ir a tu clase de esgrima.
- E-Es cierto. ¡Discúlpame, debo irme!
- No te preocupes, no será la primera vez que nos reunamos, Adrien Agreste.
Con una leve despedida con la mano, Adrien y Lila separaron caminos. Aun así, Lila no se movió. Ella no recordó todos los acontecimientos de la serie. De hecho, le era desconocido qué tanto su actitud ya cambió al flujo de esta, pero sí recordó la primera impresión que tuvo cierta chica que la observaba como una cazadora en el opuesto de las escaleras de la biblioteca.
- No es bueno escuchar conversaciones a escondidas.
Rígida como una tabla, una chica de pelo azabache recogida en coletas gemelas se levantó del suelo casi de inmediato. Sus ojos cerúleos, su vestimenta sencilla de blusa y camisa blanca, con pantalones rosados y zapatillas de un color semejante a su ropa interior. Sí, fue indudable quién era y, hasta cierto punto, Lila se impresionó que en verdad ella estuviese parada a pocos metros de ella. Ella, la protagonista de toda esta historia. Fue casi un golpe más contundente que el darse cuenta de su situación. Aun así, la calma primó, siempre debía primar. El momento en que la calma se perdía, el caos la gobernaba y eso no debió ser permitido por ninguna circunstancia.
- ¿Quién? ¡¿Yo?! ¡No! Para nada ¡Puff! ¿Quién creyera? Jajaja – Lila la miró. Ninguna de las dos creyó las palabras de la chica en ningún momento. Aun así, no era labor de Lila el tener que disculparse -. Solo escuche… un poquito.
- No te preocupes – Lila lo consideró. Fue mejor mantener una relación neutra con la chica. Ser enemiga de ella le cerraba muchas posibilidades de no volver a su hogar. En su lugar, decidió retroceder y omitir este incidente -. ¿Dónde están mis modales? Me presento, soy…
- Lila Rossi. Sí, algunas personas están hablando de ti – cortó Marinette. Un leve ceño fruncido, el primero del día, se dibujó en la frente de Lila. Aun así, su leve reverencia permitió que el rasgo no saliese a la luz de la otra chica por lo que permitió relajarse y continuar con la tónica.
- ¿De verdad? – Lila consideró su curso de acción. Lo mejor fue mantener esa línea de conversación viva -. Espero que los rumores sean buenos.
- Oh, eh, ¡Sí! Son buenos… creo. No lo sé, digo, no es como si alguien te conociera por completo.
- Comprendo – la respuesta no satisfizo a Lila que, en busca de una nueva temática para hablar. Tal vez abandonar la idea original de conversación fue la incorrecta. Fue un elefante en la habitación que aún no fue expulsado -. Me permites darte un consejo.
- Seguro… creo.
- El amor es una fuente de poder tan poderosa que las personas subestiman su capacidad. No dejes que te consuma, o las consecuencias para ti y los que te rodean pueden ser… desafortunadas.
- ¿Q-Qué quieres decir con esto? – duda, Lila negó en su interior. Por supuesto que proveniente de ella cualquier palabra o consejo que no sea claro puede tomarse como hostil. Fue una idea que no se permitió mantener en la cabeza de la chica de coletas.
- Perdóname, mi intención no fue crear una mala impresión de mí. Solo digo que es sabio reconocer los límites entre la obsesión y el amor. Me considero una chica paciente, pero apuesto que otra que esté en mi situación no debería de tomar tu espionaje con el mismo humor.
- Creo… que tienes razón.
- La tengo. Me gustaría comenzar de nuevo…
- Oh, Marinette. Marinette Dupain-Cheng – Lila asintió, antes de estirarle la mano a Marinette
- Marinette. Lo mejor para ambas es que podamos conocernos en mejores circunstancias – Marinette respondió a su mano extendida. Lo mejor fue cerrar temas y aclarar asuntos. Al soltarse, Lila recogió sus cosas y bajó por las escaleras. Casi en el final, ella volvió a hablar -. Y sobre Adrien; no me gusta, que te quede claro. No obstante, si permites que las demás tomen el hilo de tus deseos, entonces dudo que puedas alcanzarlo. Toma la iniciativa o perderás.
Final la conversación. Tanto Adrien como Marinette tenían cosas en las que pensar. Y eso le permitió volver a un estado embriagador; fue momento de volver a la soledad, a la soledad de un mundo de fantasías, de ilusiones y pesadillas.
