Semillas de Bluanfah
Aiko
Sus primeros recuerdos eran claros. Su padre sentado junto a su cama tocando el harspiel y cantándole canciones de cuna, y su madre leyéndole todo tipo de cuentos maravillosos antes de dormir.
Aiko sabía que sus padres eran los Aubs de Alexandria. Tenía una nana amorosa que siempre estaba a su lado y de sus dos más queridos amigos, Bettina y Frederic, mientras sus padres trabajaban. También tenía una hermana trece años mayor con hermosos cabellos rubios y comida deliciosa siempre a su alcance, incluso después de haberse casado.
Aiko tenía hermanos menores también. No podía recordar su vida sin hermanos menores.
Hoshi era la que le seguía.
Sus primeros recuerdos de ella eran de una bebé de 2 años gateando, caminando y llevándose todos los artículos de la sala de juegos a la boca.
Aiko amaba a Hoshi. Su hermoso cabello azul claro era idéntico al de su padre, sus ojos dorados tenían el mismo tono que los de su madre y en si, podía ser adorable y divertida o un verdadero dolor de cabeza.
Su padre le contó una vez una historia de como él y la orden de caballeros de Erenfhest sometían al señor del Invierno. Una bestia enorme y peligrosa.
–¿Hoshi es un señor del invierno? –había preguntado esa vez.
Tía Leonore había soltado una risilla en ese momento. Su primo Friederick también se había reído. Su padre había resoplando un poco, golpeando su sien con dos dedos.
–No. El señor del invierno es más grande que esta sala y más destructivo que tu hermana. No duerme, pero lo devora todo.
Aiko asintió entonces, adoptando el mismo gesto serio que su padre.
Tiempo después volvió a ver a su madre, quien según decían los sacerdotes que la visitaban una vez por semana, se parecía a la misma diosa de la sabiduría.
Por mucho tiempo, su madre las visitó a ella y a Hoshi con un pequeño bebé. Su nuevo hermano menor. Aquella vez, Aiko pensó que mientras Hoshi comenzaba a comportarse como una persona y su nuevo hermanito era adorable, pronto tendría un nuevo señor del invierno en miniatura, aunque su hermano nunca fue ni la mitad de destructivo que su hermana.
Aiko era elogiada de forma constante por su nana Helenia, quien sería su asistente personal muy pronto. La niña había aprendido a leer a los 4 años en la sala de bebés de la biblioteca, luego a escribir en el Templo, al que ya se le permitía asistir en aquel entonces y a tocar el harspiel a los 6 años. En si, ella era feliz.
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–Lady Aiko, ¿repasó los saludos que le expliqué hace poco? –preguntó Helenia en ese momento.
Aiko miró su atuendo, lleno de flores en diversos tonos de verde en el pecho y la cintura, las largas mangas etéreas que salían de sus codos y el hermoso degradado que iba del anaranjado pálido al amarillo. Estaba emocionada, tendría una fiesta de té con su padre.
—Si. Repasé mucho mis saludos, Helenia. ¿Mamá vendrá también?
—Temo que no, milady. Su madre le dará un último hermano menor antes de poder verla sin restricciones.
La niña sonrió sintiendo una sensación agridulce en el pecho. No podía imaginar su vida sin Hoshi a pesar de todas sus bromas y jugarretas… o sin la dulce sonrisa de Aki, pero extrañaba mucho a su madre. Por mucho que le gustaría tener otro hermano o hermana, era una pena no poder ver a su madre… no por mucho tiempo, al menos.
Antes de que Aki naciera, su padre la había vestido con una incómoda tela plateada, con guantes y calcetas plateadas y luego la había llevado cargando hasta el ala donde sus padres residían. Su madre la había abrazado efusivamente, le había hablado sobre su nuevo hermano o hermana y le había permitido tocar su vientre hinchado… con los guantes puestos. Era peligroso que su mana tocara a su madre o al bebé. Esta vez, esperaba poder ir a visitar a su madre sin usar esa incómoda ropa anti mana… aunque, quizás…
—Aiko, mi hermosa pequeña —sonó una voz profunda y estricta cuando entró a la sala de té del ala de niños—, ¿no hay algo que deberías decir cuando entras a una habitación con alguien de mayor rango?
La niña sonrió, saliendo de sus cavilaciones y arrodillándose frente a su padre, cruzando los brazos frente al pecho y recitando el saludo noble para el otoño a la perfección. Cuando el intercambio terminó, su padre se puso en pie con los brazos a la espalda, mirando a todo el mundo con el semblante muy serio.
—Todos volteen a la pared, por favor.
Incluso Helenia volteó. El rostro serio de su padre se relajó en ese momento, luciendo una pequeña sonrisa de ojos brillantes antes de arrodillarse y abrir los brazos. Aiko corrió hacia él en ese momento, frotando su rostro contra el pecho de su padre, sintiéndose a gusto y protegida mientras su padre la levantaba, dejándola sentarse en uno de sus brazos.
—[¿Lo hice bien, padre] —preguntó la niña en lo que su madre llamaba Japonés, un idioma que solo los miembros de la familia archiducal de Alexandría podían hablar.
—[Lo hiciste perfecto, mi dulce pequeñita. No podría sentirme más orgulloso de ti]
Su padre depositó un beso entre sus cabellos y luego otro en su frente. Aiko se tocó el lugar entre sus cejas antes de mirar a su padre, captando el momento exacto en que la sonrisa de aquel hombre se ensanchaba aún más.
—[Lo envía tu madre, junto con un par de regalos por tu… cumpleaños]
—[¿Regalos?]
Su padre la sentó en una silla adecuada y preparada para ella, luego se sentó frente a ella, sonriendo una última vez antes de volver a su mueca inexpresiva, dando permiso a todos los sirvientes para volver a mirar.
Pronto se sirvieron té, galletas y algunos cupcakes con macaroons de té a un lado. Su padre hizo la demostración de veneno antes de pedirle que intentara replicarla, dándole un "Bien hecho" cuando terminó. Su padre le había prohibido decirle, incluso a su madre, las palabras de aliento que solía decirle en japonés, al parecer, él tenía el mal hábito de no decírselas más que a ella y a sus hermanos pequeños.
—¿Cómo está la hermana Letizia, padre?
—Letizia está bien. Altair y ella planean montar una de las historias de la sala de niños en la biblioteca como obra teatral en Ibiza. Tal vez vayamos después de que tu madre pueda salir de nuestra recámara sin… eso.
Alguna vez había escuchado a dos asistentes decir que su padre odiaba a los bebés. Qué se refería a ellos como cosas… sin embargo, Aiko sabía que "eso" era la horrible tela plateada que papá los obligaba a usar para visitar a su madre y a sus hermanos creciendo en el vientre de ella, la misma que debía usar su madre bajo la ropa para ir a trabajar al despacho, el único lugar al que se le permitía ir cada vez que llevaba encima la carga de Geduldh.
—Sería divertido. Espero que Dreganhurn teja nuestros hilos con la ayuda de Steiferize para ir pronto a la playa a rendirle honor a Kuntzeal y Mestionora.
Su padre hizo un asentamiento de cabeza y ambos continuaron tomando el té.
Hablaron un poco sobre las últimas travesuras de Hoshi, sobre los avances de Aki para caminar, comer y dejar los pañales y su peste atrás, hablaron de sus lecciones y luego… luego tocaron un tema que a la pequeña Aiko le había estado provocando ansiedad.
—¿La otra semana?
Su padre asintió de nuevo e hizo un ademán al servicio. Pronto cambiaron el té por uno nuevo y una joven de cabellos verdes se acercó a ella.
Aiko sonrió, conteniéndose para no brincar encima de su tía Tuuri, la cual se había arrodillado, manteniéndose en la misma posición con dos costureras más a su espalda.
—Aiko, antes de que sigan con sus saludos, hay algo que debo entregarte.
Su padre se puso de pie, rodeando la mesa por el lado contrario a donde se encontraba su tía y luego se arrodilló también, tomando su mano y colocando con delicadeza un anillo amarillo en uno de sus dedos. El anillo se encogió y su padre le besó la mano, tal y como hacía a veces con su madre, cuando ambos los visitaban para darles las buenas noches.
—La otra semana cumples siete, tendrás tu bautizo, imagino que habrás practicado a mover tu mana con las piedras fey como te había enseñado.
La pequeña asintió con una sonrisa enorme y orgullosa, mirando a los ojos dorados de su padre, iguales a los suyos.
—Entonces, termina los saludos y da una pequeña bendición, trata de controlarla para que no sea demasiado grande.
La pequeña volteó a su tía, poniéndose en pie, notando de pronto los rostros confundidos de algunas de las personas del servicio. Miró a su padre de nuevo, confundida. El hombre ya se había puesto en pie y estaba tomando asiento de nuevo, mirándola a los ojos y luego a su alrededor. Una sonrisa venenosa apareció apenas un momento en los labios de su padre y Aiko escuchó como varios de los asistentes contenían jadeos de sorpresa y espanto. No entendía la reacción. Su padre se veía bien con esa sonrisa de "rey demonio" como su madre la llamaba. Aiko ignoró el incidente y sonrió de nuevo, su padre consideraba que estaba bien, así que debía estarlo.
Mirando de nuevo a su tía, esperó a que ella la saludara primero y después le dio una bendición. Podía sentir su mana moviéndose un poco desbocado hacia su anillo. La bendición amarilla que cayó sobre su tía y las costureras fue un poco abrumadora. La pequeña se sonrojó mirando a su padre, el cual, a pesar de no mostrar muchas expresiones, parecía divertido.
—Milady —empezó a hablar la hermana mayor de su madre en la ciudad baja, adelantándose hasta la mesa y colocando un par de bocetos—, casi hemos terminado su vestido de bautizo, sin embargo, Aub Rozemyne ha solicitado que consultemos con usted los adornos de su vestido y zapatos, estas de aquí son las propuestas del taller.
Aiko miró a su padre con curiosidad. Cuando el hombre dio un trago a su taza de té y luego pidió a su asistente que le pusiera algunos dulces más en su plato, ella procedió a revisar a fondo los bocetos.
Había ramilletes de distintas flores, mariposas y estrellas en los bocetos. Miró a su tía y luego a su padre. Ninguno parecía dispuesto a darle una respuesta, de modo que señaló las estrellas. Hoshi se sentiría halagada cuando viera el vestido, esperaba que esto hiciera la separación menos dura de lo que iba a ser.
—Me gustaría estrellas brillantes, por favor y tal vez un par de estas flores también en esta área de aquí. Ma… Aub Rozemyne se ve realmente hermosa cuando usa algunas flores en su cadera, quisiera verme similar a ella.
Tía Tuuri dejó escapar una risita refinada, sus ojos brillaron y luego marcó los diseños e hizo algunas anotaciones con un lápiz antes de recoger las imágenes.
—Volveremos el día previo a su bautizo, milady, para hacer una última prueba a su persona. Esperemos que la diosa del tiempo Dreganhurn vuelva a juntar nuestros hilos con la misma gracia que este día.
—Gracias, también lo deseo. Me gustaría verlas al día siguiente para poder darles mi nombre formal y encargarles algunos hermosos vestidos para la primavera y el verano.
—Se hará como usted guste, milady. Con su permiso.
Tía Tuuri se levantó con gracia al igual que las dos costureras y luego salió. La niña mantuvo su sonrisa noble antes de mirar a su padre.
—[¿Podemos ir a la ciudad baja mañana, padre? Quiero decirle a mi tía que adoro el vestido]
—[Temo que no, pequeña. Quizás el día del agua, asegúrate de hacer tus ejercicios y tareas sin falta]
Aiko tomó un poco de té para cubrir un suspiro de decepción. De verdad tenía ganas de saltar sobre su tía y abrazarla. Tendría que aguantarlas lo mejor posible hasta el día acordado.
—[¿Y en verdad debo mudarme?]
Miró a su padre con una súplica en sus ojos. Eso habría funcionado con el abuelo Kastedt, el abuelo Gunther o el bisabuelo Bonifacius… para su desgracia, no funcionaba con su padre, cuya expresión se volvió imposible de leer incluso para ella.
—[¿Debo explicarlo de nuevo?]
Negó entonces, tomando otro sorbo de té con desgana.
—Padre, ¿tenemos tiempo para una canción o dos?
Su padre miró a Lord Justus apenas un segundo, éste asintió antes de dar la vuelta para ir por algo. Ella también le hizo un gesto a Helenia con una sonrisa lo más contenida posible. Pronto Helenia estuvo de vuelta con su harspiel y Justus con el harspiel de su padre y un violín. La pequeña se emocionó tanto que estuvo a nada de dar un grito de emoción, tragándolo como pudo antes de sentarse muy derecha para mirar a su padre conforme se acomodaba el Harspiel.
—¿Qué canción le gustaría escuchar a la hija de Aub Alexandria?
Fue difícil no reírse de su padre ante aquello. Se controló como pudo, pidiendo una canción alegre y bastante popular en Ehrenfest sobre Schutzaria, sintiéndose más que emocionada al escuchar la voz de su padre entonar conforme sus dedos bailaban por las cuerdas con precisión.
Luego ambos tocaron un dueto, ella tocó y cantó una canción sobre la primavera que su padre acompañó con el violín. Cuando terminaron y miró en derredor, notó los ojos brillantes y los gestos conmovidos de los asistentes de ambos.
—Muchas gracias, Aub Ferdinand —dijo ella cuando les recogieron los instrumentos—, es todo un honor interpretar música con usted.
—El honor es todo mío —respondió su padre con una pequeña reverencia, haciéndola sonreír.
Helenia la tocó en el hombro un momento y ella recordó la hora. Miró a Lord Justus por mero reflejo y éste asintió. Era hora de la despedida.
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Era hora.
La niña estaba en verdad nerviosa luego de despedirse de su hermana. Con dolor había visto como varios sirvientes ingresaban desde temprano al ala de niños para comenzar a llevarse sus cosas al ala donde dormían sus padres. Era un sentimiento agridulce. Al fin volvía a estar cerca de sus padres, pero también tenía que alejarse de sus hermanos.
—No esté triste, milady —le murmuró Helenia luego de terminar de arreglarla, colocando el hermoso tocado que su madre le había enviado con la tía Tuuri, a juego con su vestido—, todavía podrá ver a sus hermanos en la biblioteca y en el templo, además de que puede venir a visitarlos de vez en cuando.
—Aki es muy pequeño para una fiesta de té, Helenia. ¿Puedo obsequiarle mi vestido a Hoshi después del bautizo?
La mujer de cabellos dorados la miró confundida. Aiko sonrió con tristeza, mirando a la puerta y notando la pequeña cabeza de cabellos azul cielo y ojos dorado oscuro que parecían espiar.
—A ella le gustó mucho este vestido. Me gustaría quedarme un poco más con ella, pero…
—Entiendo —respondió Helenia, mirando por el espejo y sonriendo con complicidad—, llamaré a la costurera en tres días para que arregle el vestido para Lady Hoshi entonces.
Aiko miró atrás, su hermana lucía una sonrisa enorme antes de ser levantada y alejada de la puerta. Se cubrió la boca con el pequeño abanico a juego para cubrir la risa, mirándose en el espejo satisfecha. Se veía como una versión pequeña de su madre y eso la hacía muy feliz.
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Algo más tarde la ceremonia dio comienzo. El sacerdote Harmut guiaba la ceremonia. Aiko ya había asistido a la ceremonia de Bettina, por lo que le llamó la atención que Lord Harmut no la llamara por su nombre, sino como "hija de Aub Alexandria".
Cuando ella se acercó y posó la varita en la piedra de bautizo, ésta destelleó en siete colores. Lord Harmut se mostró tan feliz y complacido como cuando alababa a su madre, lo que era algo gracioso. Luego la pequeña se llevó una enorme sorpresa.
Sus padres estaban ahí, los dos.
Tal vez nadie lo notara, pero cada vez que su madre daba un paso desde su lugar en el frente, Aiko notaba a la perfección la tela plateada asomando de los filos de su vestido de mangas largas, el cuello alto y del ruedo de su falda. Era mejor que no tenerla, aún si su madre solo le había palmeado la espalda antes de agacharse para felicitarla en japonés. Luego su padre sacó el anillo con el que ella había practicado hasta el día del agua. Se lo había devuelto a su padre después de regresar de su pequeña visita a la familia plebeya de su madre.
—Mi pequeña niña amada —dijo su padre sacando el anillo y presentándolo—, Aub Rozemyne y yo, Lord Ferdinand, te entregamos este anillo, símbolo de tu nobleza y te damos ahora el nombre de Dulcinea Tochter Alexandria.
¡Dulcinea! Estaba segura de que algún personaje de los libros de su madre llevaba ese nombre. Por otro lado, ¿no le habían explicado una vez que su madre le había dado su nombre en japonés para que su padre le diera un nombre noble?
La pequeña sonrió feliz. Ella siempre sería la dulce niña de su padre, siempre lo amaría y estaría de su lado. Su madre le recordó que era su turno de dar una bendición y también le dijo en un tono divertido que no se contuviera.
Su padre miró a su madre con una mirada que prometía un sermón más adelante. Dulcinea le sonrió a su madre entonces. Siempre estaría de lado de su padre, a menos que su madre le permitiera hacer alguna travesura, entonces volteó a ver a Lord Harmut ofreciéndole una bendición, cuando él lo aceptó, ella concentró buena parte de su mana en su anillo y sus palabras. Ponía esperanza en que sus hermanos la alcanzarían pronto. En que su madre le presentaría un nuevo hermano menor al que amaría tanto como a los otros y en que todos los presentes estarían felices después de aquel día.
Suspiros de asombro se dejaron escuchar entonces. Dulcinea abrió los ojos maravillada ante los cientos de luces amarillas que flotaban y caían despacio dentro de la sala.
—No esperaba menos de la hija de nuestra bendita Aub Rozemyne y Aub Ferdinand —murmuró Lord Harmut con una enorme sonrisa y una mirada cargada de emoción.
Dulcinea miró a su madre, que le sonreía contenta, y luego a su padre, que se golpeó la sien un par de veces. Lo habría abrazado de buena gana si no supiera que eso estaba mal visto. Tan solo sonrió, poniéndose de pie y preparándose para su festejo y su nueva vida como Dulcinea.
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—¿Dónde está mamá?
Había crepes de crema batida y fruta de temporada, pastel de parúe, huevos esponjosos con tocino y té frutal en la mesa. Los únicos sentados eran su padre y ella.
—Ella insistió en que tomáramos juntos el desayuno. No se sentía muy bien el día de hoy.
—Ya veo.
Dulcinea bajó la mirada con algo de decepción. Su madre los había acompañado solo a desayunar los siguientes días desde su bautizo, saltándose solo aquel día.
—Rosina me informó que escogiste una melodía un tanto difícil para tu debut. ¿Estás segura de que podrás con ello?
La pequeña sonrió contenta, asintiendo segura.
—Le pregunté a Rosina por la melodía con que mi madre hizo su debut. Prometo que no fallaré en mi interpretación, padre.
El hombre de rostro severo pareció relajarlo, mirándola con seriedad antes de respirar profundamente para luego soltar un suspiro.
—En aquella ocasión, tu madre soltó una bendición descomunal debido a la enorme cantidad de mana que había estado comprimiendo. No espero que pase lo mismo contigo, que no has tenido la necesidad de comprimir. A pesar de ello, si sientes que tu mana comienza a dirigirse a tu anillo no quiero que te preocupes. En Alexandría se ha vuelto algo normal que los niños archinobles dejen escapar pequeñas bendiciones durante su debut.
Dulcinea sonrío llevándose un par de pedacitos de comida a la boca, bajando todo con agua y un poco de té.
—Padre, ¿es posible dejar escapar una bendición durante el debut pero no durante las prácticas?
El hombre el sonrió entonces. Una sonrisa tan pequeña, que salvo por Helenia, sus asistentes no eran capaces de notarla siquiera.
—Dime, Dulcinea. ¿En qué piensas cuando estás practicando?
La niña lo pensó un poco, recargándose en el asiento sin dejar de dar un par de golpecitos a su sien, considerando la pregunta y su respuesta.
—Suelo pensar en dónde debo colocar mis dedos y que cuerdas rasguear, padre.
—Si practicas lo suficiente para no pensar en tus dedos y solo te concentras en dedicar tu música a algún dios o a algún miembro de la familia, es posible que sueltes una bendición accidental.
—¿Tú lo has hecho alguna vez, padre? ¿lanzar una bendición accidental?
Su padre pareció considerarlo, sonriendo de un modo extraño antes de mirarla.
—Me ha pasado. La primera vez que sucedió, la bendición cayó sobre ti.
Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no saltar sobre la mesa y correr a su padre, sorprendida.
—¿En verdad? ¿qué tipo de canción era? ¿me la estabas dedicando a mí? ¡¿por qué no a mi madre?!
Su padre soltó una carcajada. Era la primera vez que escuchaba ese sonido y le había gustado mucho, tanto que decidió guardarlo en su memoria, repetirlo una y otra vez hasta que no hubiera manera de que olvidara esa risa en particular.
—Dulcinea, las canciones que toco para que puedan dormir tú y tus hermanos las comencé a escribir después de que tu nacieras. La primera vez estaba tan concentrado en pedir que durmieras toda la noche, que la bendición solo sucedió. Las otras veces estaba tan concentrado en que tú y tus hermanos las apreciaran, que las bendiciones solo se derramaron. Es algo normal.
Sonreír era lo único que pudo hacer antes de ordenar a todos que voltearan hacia la pared. Su padre asintió y entonces ella bajó de un salto, corriendo hasta subir al regazo de su padre y abrazarlo con fuerza, llenándole la mejilla de besos antes de abrazarse a su cuello.
—[¡Tan desvergonzada como tu madre!] —murmuró el hombre de buen humor.
—[Porque te amo tanto como ella, papá]
Su padre le besó el cabello, devolviendo el abrazo y dejándola descansar ahí por un rato, cepillándole las puntas de su cabello después de revisar el adorno de cabello que llevaba, el mismo de su bautizo.
—[Tu madre solía hacer esto a menudo]
—[¿Ser feliz?]
Sintió a su padre temblando, así que se hizo para atrás. Su padre estaba riendo, cubriendo su mano para no hacer ruido, haciéndola sonreír también.
—[No, a tu madre le gustaban mucho los abrazos. Solía exigir un poco de gyuu cuando quería uno o necesitaba uno]
—[¿Ya no lo hace?]
Su padre puso una cara de lo más extraña antes de cubrir sus ojos con una mano, suspirando antes de negar con la cabeza y bajar su mano, regresando a su expresión habitual.
—[Digamos que… para tu madre ya no es suficiente. Prométeme que no vas a ser como ella, saltando a los brazos de otros chicos solo porque si.]
No estaba segura de haber comprendido, así que se abrazó a su papá.
—[Prometo que solo abrazaré a papá y a mis hermanos de este modo mientras no sea una adulta]
Dulcinea sintió unas palmadas en su cabeza, suaves y dulces para luego ser bajada al suelo ante la atenta mirada de su padre.
—[Espero que lo recuerdes, Dulcinea. Ewigeliebe sepultó a Geduldh en hielo para que ella no pudiera ser alcanzada por otros]
—[¿Tú eres Ewigeliebe, padre?]
—[Y ustedes son mi Geduldh. Recuérdalo siempre]
Ella sonrió y regresó a su lugar, terminando el desayuno más animada.
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Ese año, Dulcinea fue introducida a la sala de niños donde ya la esperaban Bettina y Frederick, quienes habían tenido su debut junto con ella. Ese invierno se divirtió demasiado jugando karuta, cartas, revesí, adivina el noble y armando rompecabezas del territorio de Alexandría. De alguna manera, estudiar y competir, ofreciendo los deliciosos dulces de su madre como premio a los demás había hecho que el invierno pasara en un suspiro. Quizás si se concentraba del mismo modo en su nueva vida en la sala de niños, que ahora compartía con Bettina y Frederick durante el día, su nuevo hermano nacería antes, Aki aprendería a hablar con propiedad y Hoshi la alcanzaría.
La niña le rezó a Dreganhurn y a los dioses relacionados con el parto y la crianza cada noche antes de dormir, extrañando a su padre, que ya no le cantaba canciones, pero sintiéndose reconfortadas al notar pequeñas esferas benditas de colores flotando hacia su cama.
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Notas de la Autora:
Antes que nada, tengo que avisar que a diferencia del fanfic de Los Dioses del Amor, este no va a tener una actualización periódica, aunque sí tendrá varios capítulos, aún no sé cuantos, solo puedo asegurar los primeros cuatro, de los cuales hay dos más a medio construir.
¿Y qué les ha parecido este primer capítulo, o más bien, esta primera niña? La dulce Dulcinea es quien se ha encargado de ablandar un poco a nuestro Rey Demonio favorito, jejejeje, aunque, como habrán visto, no está sola en ello.
Y bueno, otra cosa que puedo prometer de esta historia es que van a necesitar insulina en casi todos los capítulos, ya lo verán.
Por último y no menos importante, hace rato que estoy participando en "La Flor y El Demonio" en otro fanfic cuyo nombre aún no puedo revelar pero que también es un FerMyne de Honzuki y apoyando de repente con algunas escenas, así que este fanfic, al menos la presentación de cada niño va dedicado a cada uno de mis coautores de La Flor y el Demonio. En esta ocasión, Aiko va dedicada a Anemolti. Un abrazo paisana, espero que te haya gustado este capítulo y ojalá sigas inspirándome y corrigiéndome por mucho tiempo más.
SARABA
PD.- Debo admitir que como el único nombre que suelo encontrar completo es el de Rozemyne, así que me confundí y había puesto que era Dulcinea Adotie... bueno, también me gusta más como suena Adotie que Tochter. En todo caso, muchas gracias a Pau_gmd y Dy. Gracias a ambas por la corrección, prometo preguntar cuando sea hora de nombrar al niño porque no recuerdo cual es el nombre correcto que va antes de Alexandria. Por otro lado, Joha5220 me comenta que no debería haber problemas de mana durante el embarazo entre los hijos de Rozmyne y Ferdinand. Te agradezco la observación, aunque, no sé, veo a Ferdinand demasiado sobreprotector con el tema de los embarazos así que, pensando en ello, no lo veo haciendo más excepciones que él mismo en cuanto al contacto con Rozmyne. Hay personas así después de todo, conozco varias. Gracias por el comentario. Y Ahora si, los dejo. Prometo subir a la siguiente niña después, solo no sé cuando.
Por cierto, para Franny, Hoshi es una niña y Aki es un niño, ya los conoceremos en los siguientes capítulos.
