Semillas de Bluanfah
Yuri
Su primera palabra había sido Aki. Después de todo, la pequeña réplica de su padre había pasado bastante tiempo cerca de ella, prestándole sus juguetes, llevándole galletas a escondidas o leyéndole historias y mostrándole hermosos libros de cuentos en la sala de niños del ala infantil del castillo.
Papá y mamá habían sido sus segundas palabras, había aprendido a decirlas casi a la vez. Solo por verlos a ambos era que esperaba con ansias que el sol se ocultara y la última campanada del día sonara fuera de la enorme sala de juegos colorida donde había pasado la mayor parte de su vida.
Más fue su cuarta palabra. Más canciones. Más cuentos. Más galletas. Más abrazos. Más muñecos.
Salir del cercado de bebés había supuesto una disminución en su uso de aquella palabra. Ahora tenía mucho espacio para jugar y explorar. Libros que ella misma podía hojear a su gusto.
A veces la hermana Letizia les presentaba alguna canción. Era posible que esto se debiera a que el hijo de Letizia, Wolfram, se encontraba en el cercado de bebés para cuando ella cumplió los cuatro años, o quizás porque sus hermanos menores eran muy enfermizos, al igual que el niño nuevo de la misma edad que habían llevado el tío Eckhart y la tía Angélica. No estaba segura, pero disfrutaba mucho que Letizia y su esposo Edward tocaran y cantaran para ellos usando el harspiel y el violín. A veces, si tenían suerte, los asistentes de su hermana les entregaban pequeños instrumentos para acompañar las canciones que ya se sabían de memoria.
Claves, maracas, panderos y panderetas, además de triángulos y pequeños tambores eran parte de "la pequeña orquesta" como la llamaba su madre cuando estaba presente. Esos eran los mejores días, porque su padre se unía a la interpretación de manera invariable, dejando de lado su propio harspiel para usar el violín en tanto Edward optaba por la flauta o la guitarra.
Claro que, lo que más disfrutaba la pequeña Yuri, lo que más ilusión le hacía era el enorme jardín en el balcón.
Desde que tenía memoria, la sala de niños había tenido un enorme ventanal que daba a un enorme espacio lleno de plantas coloridas al que tenían acceso a ciertas horas por grupos de edad.
Una vez había escuchado decir a su madre que todo niño saludable debía tomar un poco de los rayos de Leidenshaft, de modo que una parte de su rutina había pasado de solo corretear en aquel balcón a ejercitarse en él, para luego aprender a cuidar de las hermosas plantas y deleitarse en el aroma de las flores.
—Por favor, dime que no planeas ser jardinera cuando crezcas, Yuri —dijo su padre la primera vez que la invitó sola a tomar el té.
La niña sonrió entonces, con los ojos brillantes antes de dar un sorbo a su té.
—Me gustan las flores, papi. Me gustan mucho. Me gusta cuidarlas y verlas crecer… viviría entre mis plantas si pudiera.
Yuri tomó otra galleta y la llevó a su boca. Tener cinco años no significaba ser tonta. Llevaba tiempo hablando con los jardineros cada vez que podía, incluso había preguntado a su nana, Lady Heidi, si podía ser jardinera cuando creciera, a lo que la mujer había respondido que no.
–Una hija de Aub Alexandria no puede crecer para ser jardinera o pescadora, Milady.
Ese día, Heidi le había dado toda una clase sobre los trabajos realizados por las personas. Desde los plebeyos, hasta Zent, cada nivel con sus respectivos oficios habia sido explicada, haciendo énfasis en los trabajos adecuados para los candidatos a archiduques y los archinobles.
—Ya veo —contestó su padre con el ceño más relajado, llevando su taza de té a la boca—, ¿cómo te ha ido sin Aki?
—Muy bien, padre. Lo extraño un poco, pero él prometió que vendría a leer conmigo algunos días a la semana. Solo no me gusta que no me deje llamarlo Aki. Dice que ahora se llama Aragorn y debo llamarlo así, aunque sea un nombre más largo y difícil.
Su padre se llevó la taza de té a los labios con el ceño despejado por completo para luego mostrarle una diminuta sonrisa.
—Tú también tendrás un nombre nuevo en dos años más, Yuri, todos deberán llamarte con tu nuevo nombre cuando eso suceda.
La niña suspiró antes de mirar a su nana y hacerle una seña que sus hermanos mayores le habían mostrado hacía poco. Un aparato anti escucha de rango específico fue levantado y ella sonrió un poco más tranquila.
—[Padre, ¿Cuándo podremos visitar la ciudad? Extraño a mis primos Fritz, Frey y Jill y quiero conocer a los bebés del tío Kamil. Mamá dijo que eran dos, como Umi y Kai]
Su padre le sonrió un poco más. Parecía divertido ahora, moviendo su mano para que su asistente le sirviera una rebanada de flan sin caramelo. Ella imitó el movimiento y pronto Heidi le estaba sirviendo una rebanada también… con caramelo extra, por supuesto. Su padre sonrió un poco más, lo suficiente para que su asistente sonriera también antes de salir del área del artefacto mágico.
—[Iremos después de la Conferencia de Arciduques. ¿Crees que puedas esperar una o dos semanas a que tu madre y yo pongamos el ducado en orden después de eso?
Quería voltear a ver a su nana y consultarle. No podía. Heidi no solo no podía escuchar nada si salía del rango… solo sus padres y sus hermanos hablaban japonés.
La pequeña lo consideró.
La Conferencia de Archiduques se celebraba después de que Dulcinea volviera de la Academia. Aki… Aragorn y Fernestine le habían prometido una gran fiesta de té cuando eso pasara… sus padres se irían a esa conferencia en la primavera, casi al final si su memoria no le fallaba.
Yuri torció los labios un poco, era difícil controlar sus expresiones faciales, tenía que estar demasiado consciente de lo que su cara hacía sin el espejo que Heidi llevaba en su delantal.
La niña miró a su padre, notando que estaba comenzando a fruncir el ceño. Yuri tomó aire, relajando su expresión antes de sonreír como le habían estado enseñando en su clase de modales.
—[Padre, ¿podemos ir antes de que ustedes se vayan? No es fácil esperar tanto, aun soy muy pequeña]
—[Le diré a Heidi que te ayude a rezar a Dultzetzen entonces.]
—[¿Pero, podemos ir antes entonces? ¿por favor?]
Su padre no parecía muy dispuesto a ceder ahora. Su elegante postura se había relajado un poco contra el asiento y sus manos descansaban en los reposabrazos y no en la mesa. No le gustaba.
—[Yuri, tu madre y yo tenemos mucho trabajo que hacer entre el Torneo Interducados y la Conferencia de Archiduques. Temo que no se puede.]
La pequeña miró abajo para disimular un poco que había comenzado a morder su labio inferior, bajando sus manos y comenzando a jalar un poco su dedo medio, pensando.
Los bebés iban a crecer mucho en su ausencia. Su prima Jill también iba a estar más grande, podrían dejar de gustarle las flores si esperaba demasiado.
La pequeña suspiró, torciendo la boca en un puchero antes de tomar aire y tratar de sonreír de nuevo, mirando a su padre, soltando sus manos y colocándolas sobre la mesa una vez más.
—[¿Hay algo que pueda hacer para que no estén tan ocupados? Creo que Ak…ragorn y Fernestine también podrían ofrecer ayuda si es para ir a ver a la familia en la Ciudad]
Su padre suspiró cruzándose de brazos. Era hora de usar su arma secreta tal y como su hermana Dulcinea le había explicado antes de irse a la escuela.
Yuri tomó aire, sonrió tanto como pudo y ladeó un poco su cabeza, tratando de mirar a su padre como si fuera la planta más maravillosa e increíble de todo el balcón.
—[¿Por favor, paaaaapiiiiii~?]
Mantuvo la postura y su padre suspiró de nuevo, resignado antes de comenzar a golpear su sien con dos de sus dedos, pensando en algo.
Yuri habría querido relajar su rostro y su postura, pero aguantó. Dulcinea se lo había explicado, si se relajaba, su padre notaría que lo estaban estafando, lo que fuera que eso significaba.
Ferdinand hizo un ademán y su asistente se apresuró a levantar el aparato antiescucha. Luego lo observó tomando un poco de té. Ella se sentó de nuevo erguida y volviendo a la sonrisa educada que Heidi insistía en exigirle con el espejo en la mano cada tanto.
—Muy bien, dejaré que tú y tus hermanos se reúnan para hablar de esto primero. Nos reuniremos en una semana.
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—[¡¿Hiciste qué?!]
Era una suerte que hubiera hecho el ademán para la herramienta o el grito de Fernestine los hubiera puesto en apuros.
Yuri tomó de su taza de té, tratando de no sonrojarse demasiado, antes de ver una soleta con azúcar glass frente a sus ojos. Apenas voltear, notó que Aragorn se la estaba ofreciendo, de modo que la tomó, sonriendo con timidez.
—[Fernestine, ¡cómportate! Vas a poner a los adultos sobre aviso] —dijo Aragorn, luciendo un poco como su padre, perdiendo todo ese aire de nobleza en cuanto sus ojos comenzaron a ir de un lado a otro de la habitación y su otra mano alcanzó la boca de su hermana mayor, llenándola con otra soleta.
—[¡Pewo Yuwi…!]
—[¡Hermana, tus modales!] —dijo Aragorn más nervioso aún—. [¡Nos van a descubrir!]
Yuri observó a Fernestine sentarse de nuevo, abrir un abanico y esconder su boca y su nariz detrás de él, respirando de un modo tan fuerte y pesado como el abuelo Bonifacius… seguro su hermana había estado pasando tiempo con el viejo caballero desde que el hombre se mudara a Alexandría de manera permanente.
—[Deja de llorar por todo, Aragorn. ¡En cuanto a ti, Yuri!] —dijo su hermana, mirándola desde atrás del abanico sin cambiar nada su postura—, [¿cómo se te ocurre ir y ofrecerle ayuda a nuestro padre? ¿tienes idea de lo que acabas de hacer?]
—[Pero mamá dijo que la esposa del tío Kamil tuvo dos bebés, quiero conocerlos, ¡y quiero jugar con Jill sin tener que preocuparme por estar sonriendo demasiado!]
Otra galleta apareció en su rango de visión. Aragorn la miraba fastidiado con la cara reposando sobre una mano cerrada en un puño. ¿También él odiaba la idea?
—[Yuri, te entiendo] —dijo su hermano luego de enderezarse de nuevo, justo después de que ella aceptara la soleta y la llevara a su boca—, [pero Fernestine tiene razón en algo. No puedes ir y ofrecerle a papá que nosotros haremos cosas. Nuestros horarios están demasiado llenos.]
—[Pero, yo… los bebés…]
Tenía tantas ganas de llorar.
Una mirada molesta de Fernestine y una sonrisa brillante de parte de su hermana la hicieron tragarse las lágrimas y mirar al suelo en derrota. De verdad no esperaba este desenlace.
—[Solo quería ir de visita antes de que papá y mamá fueran a la Conferencia… creo que falta demasiado]
Esta vez no fue una galleta, sino un par de manos lo que apareció. Sus hermanos se veían más relajados ahora, sosteniéndole cada uno una mano y sonriéndole con comprensión. En ocasiones como esa se preguntaba si Aragorn y Fernestine no serían gemelos.
—[¿No quieres ir de inmediato?] —preguntó Fernestine.
—[Si… pero… sé que es difícil ir para allá. Todos los adultos corren como locos antes de que nos vayamos, así que… solo…]
—[Bueno, supongo que puedo ver que Thomas y Suu arreglen mi horario un poco para tener un día libre antes de que nuestros padres se vayan a la Conferencia. ¿Qué dices tú, Fernestine?]
—[No prometo nada, pero haré lo posible. Al abuelo no le importará tener un poco más de tiempo de entrenamiento conmigo y Helenia… veré organice mi horario… pero esto te va a costar, hermanita, no creas que no. Nos debes un favor ahora.]
Aragorn miró con el rostro ceñudo a Fernestine, como si intentara regañarla por eso último, claro que una mirada de zantze por parte de su hermana mayor fue suficiente para que su hermano torciera la boca y mirara a otra parte.
—Gracias hermanos. Yo también le pediré a Heidi que arregle mi horario para que tengamos tiempo… en cuanto a ayudar a nuestros padres, ahm…
—Oh, no te preocupes por eso —dijo Aragorn con una sonrisa confiada—, me encargaré de que mamá esté presente también.
Fernestine sonreía de un modo que le provocó escalofríos, Aragorn también. No tenía idea de lo que planeaban sus hermanos, pero se sentía más confiada ahora.
La pequeña hizo una señal con sus manos y la herramienta antiescucha fue levantada antes de que pequeños sacos con bolitas de chocolate relleno fueran repartidos entre sus hermanos, que miraban ahora de Heidi a ella con asombro.
—Muchas gracias, hermanos. Me divertí mucho con nuestra fiesta de té. Cuento con ustedes.
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La fecha había llegado.
La sala de té del ala de niños rara vez estaba tan llena con la familia archiducal, incluso Dulcinea había llegado desde la Academia. Al parecer, esa fiesta de té había coincidido con la Ceremonia de Dedicación en el templo. La única que no estaba presente en ese momento, era la hermana Letizia. Ni Yuri ni su padre le habían avisado puesto que era la única que jamás visitaba la Ciudad, de hecho, ella y sus hermanos tenían prohibido comentar estas salidas con sus asistentes, sus amigos y Letizia.
Sus padres y hermanos parecían estar aprovechando la fiesta de té para comentar sobre estudios, escuela, la Ceremonia de Dedicación a la que solo Fernestine y Dulcinea tenían permitido asistir, sin olvidar que Aragorn estaba entusiasmado por su próxima Ceremonia de Lealtad, la cual se llevaría a cabo una semana antes de su cumpleaños.
Luego llegó el momento. Su madre hizo una señal y su asistente acomodó el aparato antiescucha de rango específico.
—[Aragorn me dijo que tenían algo importante que discutir con nosotros] —comentó su madre con esa adorable sonrisa que ponía cada vez que se sentaba junto a su cama para comenzar a leerle un cuento.
Yuri sonrió, mirando a sus hermanos. Los tres niños le devolvieron la sonrisa ténue con un ligero asentimiento de cabeza, dándole un poco más de confianza. Su padre tenía esa cara sin emoción alguna que ponía cuando había demasiados nobles en la habitación. Era imposible saber que estaba pensando.
—[Mis hermanos y yo quisiéramos visitar la Ciudad antes de que tú y papá deban irse a su Conferencia. Sabemos que están muy ocupados. Mis hermanos también están muy ocupados. Pero quiero cargar a mis primos nuevos antes de que sean más grandes y mis hermanos también quieren visitar a los abuelos y a nuestros primos. Siempre es más divertido abrazar a tía Tuuri y bromear con el tío Kamil fuera del castillo]
Su madre abrió mucho los ojos. Había una sonrisa intentando escapar de su noble rostro, haciéndola perder todo rastro de elegancia conforme su boca se torcía de un modo gracioso y extraño. Al parecer su madre notó esto porque no tardó mucho en abrir su abanico y soltar ese sonido que, suponía, intentaba ser una risa refinada, bastante parecida a la de la abuela Elvira, pero sin ese tono natural que usaba su abuela.
—[Yo también quiero ir antes, Yuri. Es una pena que tengamos tanto trabajo. El castillo está lleno de nobles que no van a tardar mucho en volver a sus provincias, después están las ceremonias de primavera y todo el papeleo que debemos hacer para mantener el ducado marchando las dos semanas que tu padre y yo vamos a irnos. Por no hablar de los preparativos comerciales. Tenemos que estar listos para saber que vamos a ofrecer y cuantos comerciantes de otros ducados podemos recibir.]
—[Lo entiendo, mamá. Mis hermanos también dijeron que tienen mucho trabajo que hacer con sus estudios, pero… ¿hay algún modo en que mis hermanos y yo podamos serles de ayuda para ir aunque sea una campanada o dos?]
Su madre tomó una cucharada de cremme brulé, un sorbo de té y luego miró a su padre con una sonrisa que se parecía bastante a la que le había enseñado Dulcinea.
Su padre frunció el ceño, mostrando de manera bastante abierta que se sentía acorralado ahora.
Yuri miró a Dulcinea, quien estaba imitando esa misma sonrisa… Fernestine también… Aragorn observaba todo con una sonrisa noble, así que Yuri sonrió igual que sus hermanas y su madre.
—[Ferdinand, si son solo una o dos campanadas, deberíamos poder acomodar los horarios, ¿no crees?]
—[Yo puedo quedarme hasta la entrega de calificaciones para ayudar en la oficina, papá] —ofreció Dulcinea con una mano en la mejilla.
—[Yo también puedo ayudar un poco más en la oficina] —ofreció Fernestine—, [Helenia dice que puedo disminuir un poco de tiempo de matemáticas y geografía para ayudarlos a ambos. Incluso me esforzaré un poco más en mi clase de etiqueta y la de historia]
—[Yo puedo cubrir a Fernestine en la sala de juegos, padre. Thomas dice que podré empezar a ayudar en la oficina dentro de poco, así que me esforzaré más en mis clases para ser de utilidad]
—[¿Entonces si podemos, papi? ¡Por favor, por favor, por favoooooor~!] —canturreó Yuri poniendo una sonrisa aún más dulce, sintiéndose divertida ante el rostro sorprendido que su padre había puesto—, [incluso ayudaré a supervisar a Umi y Kai para que no se vuelvan a enfermar… ayudaré también a cuidar del primo Diederick y me esforzaré más con mis números]
El rostro de su padre estaba cruzado por un profundo ceño fruncido, sus dedos no habían dejado de golpetear su sien en tanto los demás tomaban sus tazas de té para beber sin dejar de mirarlo con grandes sonrisas. ¿No debería estar su padre feliz de toda la ayuda que estaban ofreciendo?
O al menos eso fue lo que había pensado, luego notó que su padre sonreía de un modo aterrador. No esa sonrisa brillante que los hacía temblar a todos, sino la otra, la sonrisa que lo hacía parecer una bestia fey venenosa, rastrera y a punto de atacar.
—[Muy bien. Veré que asistamos durante una campanada completa entre el Festival de Primavera y la Conferencia. No espero nada más que excelencia de todos ustedes]
Las sonrisas de todos parecieron congelarse un momento antes de que Fernestine soltara una sonora carcajada.
—[¡Papá, eres un descarado!, jajajajaja, siempre nos exiges excelencia en todo, jajajajajajajaja]
Sus hermanos y su madre comenzaron a reír divertidos de un modo menos ruidoso que el de Fernestine. Las orejas de su padre lucían de un rojo brillante en tanto daba un sorbo a su té.
Cuando la taza de su padre tocó el plato de nuevo, las risas ya habían cesado y los hermosos ojos dorado claro la miraban a ella.
—[Yuri, ya que esta ha sido tu idea, espero que no te moleste que hable con tu nana cuando la Conferencia haya terminado. Haré algunos ajustes a tu horario y a tus materias]
—[¡Ferdinand…!] —intentó quejarse su madre desde detrás de su abanico.
Su padre solo sonrió de un modo retorcido antes de solicitar con la mano que retiraran la herramienta anti escucha.
Poco a poco, sus hermanos comenzaron a despedirse y salir. Yuri se aseguró de hacer una pequeña señal a su nana para que entregara a sus hermanos algunas bolsas pequeñas con dulces y hojas de té, cosa que su padre pareció notar de inmediato.
—Rozemyne —dijo su padre en un murmullo tan bajo, que Yuri casi lo pierde—, ¿crees que Benno estaría dispuesto a venir al castillo una vez por semana por un cuarto de campanada.
—¿Benno?
El rostro de su madre parecía querer preguntar algo más. Su padre, en cambio, había deshecho esa mueca extraña y calculadora para dejar de mirarla a ella y mirar a su madre.
—Creo que Yuri va a necesitar aprender una o dos cosas de tu jefe de mercaderes.
Su madre la estaba mirando ahora, luego pareció recordar algo y sonrió, sonrió tanto que tuvo que esconderse de nuevo detrás de su abanico, tomando la mano de su padre con la otra.
—Yuri, espero que te esfuerces mucho y aprendas todo lo que el maestro Benno pueda enseñarte. Él fue mi maestro cuando yo tenía tu edad, ¿sabes?
¿En verdad? ¿El maestro de su madre iba a ser su maestro? Yuri estaba tan feliz ahora que no podía modular sus facciones, tuvo que cubrir su rostro con las manos y hacer uso de todo su autocontrol para no saltar en la silla o correr sobre la mesa hasta sus padres. Ella solo asintió sin soltar su rostro, más emocionada que cuando los jardineros colocaban flores nuevas en el jardín del balcón.
Esa noche durmió profundamente, la emoción había sido tanta, que ni siquiera había podido escuchar el final de la canción de su padre ni sentido los besos que sus progenitores debieron darle antes de taparla bien e irse al cuarto de los gemelos.
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Ir a la ciudad baja siempre era una aventura.
Primero debían ir a la biblioteca, a la sala de lectura privada de Aub donde su madre hablaba con el sacerdote Harmut, el caballero Damuel y el tío Eckhart. Luego debían pasar a la habitación oculta de su madre. Las asistentes no estaban permitidas ahí, de modo que ella y sus hermanos debían ayudarse entre sí para cambiar sus engorrosas ropas nobles para colocarse las sencillas prendas de plebeyos ricos que utilizaban allá. Sus padres se ayudaban entre ellos y se encargaban de cambiar a los gemelos. Después todos se paraban sobre el enorme círculo mágico que solía colgar de la pared en una tela especial y entonces, luego de ser envueltos en luces negras y doradas, aparecían en otra habitación que siempre estaba vacía. Aragorn y ella se acercaron a la puerta y la abrieron. Las conversaciones que habían sonado al otro lado se detuvieron en ese momento y los rostros sonrientes de sus abuelos, sus tíos y sus primos los recibieron con la calidez usual.
—¡Myne, Dino! ¡Los estábamos esperando para cenar! —saludó la abuela Effa antes de ponerse en pie.
Sus hermanos y sus padres cruzaron entonces. Sus primos los recibieron con abrazos y pronto todo fue diversión dentro de la casa plebeya que se encontraba sobre la tienda de telas de su abuela Effa, justo en el edificio que se alojaba entre el edificio de la compañía Plantín y el edificio de la compañía Alberta.
—¡Mis hermosas nietas han vuelto a crecer! —saludó el abuelo Gunther, abrazándolas a todas con una sonrisa enorme—, y mira nada más. Mi pequeño Aki se ve más fuerte que la última vez que nos visitaron.
El abuelo atrapó a su hermano Aragorn en el abrazo enorme que les había dado y todos se rieron con él. Quizás eso era lo que más disfrutaba de visitar a su familia en la ciudad. No tenían que esconderse detrás de modales nobles. Solo ser felices y disfrutar de su familia.
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Dos años se le habían ido entre clases de todo tipo. Sus hermanos se habían mostrado sorprendidos y un poco indignados cuando descubrieron que Benno estaba instruyéndola en comercio, negociación y contabilidad mercantil, dejando de hacerlo cuando su padre ofreció agregar dichas asignaturas a sus propios currículums de estudio. La única que pidió a su padre que la dejara tomar esas clases había sido Dulcinea.
Faltando una semana para su bautizo, Benno le había prometido llevarla con él al gremio de comerciantes un día por mes, y si se comportaba, hablaría con su madre para llevarla a las reuniones comerciales del ducado dos veces por año. Una para observar a todos los comerciantes del ducado y otra para verlos junto a los comerciantes extranjeros. La misma promesa había sido hecha a Dulcinea.
—Recuerda dar una bendición muy grande durante tu bautizo, Yuri, o quedarás como la que tiene menos mana frente a los nobles —le había advertido Aragorn una semana antes.
—Respira profundamente antes de entrar para que camines con la cabeza en alto, hermanita. Eres una candidata a archiduque del mejor ducado de todos —le sugirió Dulcinea durante esa misma semana, cuando las clases de comercio de ambas terminaron.
—No le des muchas vueltas a tu nuevo nombre. Estoy segura de que papá habrá leído todos los libros nuevos que hayan llegado a la biblioteca de mamá para darte un nombre adecuado. No querrás que volvamos a llamarte Yuri más que en la Ciudad —le había asegurado Fernestine.
—¡Promete que vendrás a vernos, Yuri! —le exigieron los gemelos el día anterior.
Yuri había prometido ir a verlos todos los días. Estaba preocupada. Había escuchado por Benno que una extraña enfermedad había llegado a los poblados del norte y que solo parecía atacar a los menores de edad. Esperaba que lo que fuera, se arreglara pronto, nada le parecía más triste que escuchar que cientos de niños nobles y plebeyos estaban enfermando.
Esa tarde su bautizo fue llevado a cabo. Yuri se aseguró de respirar y mantenerse tranquila durante la ceremonia, sonriendo cuando su medalla bautismal brilló en siete colores y poniendo especial atención cuando su padre se arrodilló para ponerle de nuevo el anillo con que había ensayado sus bendiciones dos semanas atrás. Su madre estaba ahí también, sonriéndole complacida cuando su padre procedió a anunciar su nuevo nombre.
—Nuestra hermosa flor de verano —comenzó Lord Ferdinand frente a ella y los nobles de Alexandría, acunando con sus dos manos la mano en que había puesto el anillo—, Aub Rozemyne y yo, Lord Ferdinand, te entregamos este anillo, símbolo de tu nobleza y te damos ahora el nombre de Perséfone Tochter Alexandria.
Perséfone. Conocía ese nombre. Era el equivalente a Gedulhd en algunos libros de cuentos donde aparecían otros dioses. La niña sonrió. Gedulhd y Perséfone eran diosas muy amadas por sus esposos, también eran diosas estrechamente relacionadas con la tierra y las personas. Perséfone era además como Efflorelume, una diosa de flores y primavera.
La pequeña sonrió emocionada, olvidándose de toda etiqueta para lanzarse a los brazos de su padre, frotando su rostro contra el cuello de él aprovechando que el hombre seguía con una rodilla en el suelo.
—[¡Gracias, papá! ¡Gracias! ¡Amo mi nombre!] —susurró la niña antes de depositar un beso en la mejilla de su padre, ignorando todos los comentarios y cuchicheos sonando abajo del escenario como si se tratara de un panal.
—[Tu bautizo no ha terminado aún, Yuri. No seas tan desvergonzada como tu madre y tus hermanas.]
La niña se soltó de su padre, sonriendo ante la risita mal disimulada de su madre. Luego el Sacerdote Harmut aclaró su garganta y prosiguió con la ceremonia.
Yuri, ahora Perséfone, se concentró mucho cuando llegó el momento de dar su primera bendición oficial. Tomó la emoción de su nuevo nombre, la alegría de saber que podría visitar todo el ducado poco a poco y la preocupación por los niños de su ducado. La bendición que dio entonces robó el aliento de todos en la sala. Una pequeña parte llovía sobre los nobles de Alexandria, el resto había salido de la habitación, dejándola muy cansada, tanto, que su padre le había tenido que dar una poción de recuperación de sabor asqueroso en cuanto terminó la ceremonia.
—¿Perséfone, qué hiciste? —preguntó su padre con palpable preocupación una vez que los tres estuvieron solos en una habitación aledaña.
—Lo siento papá. Escuché que hay muchos niños enfermando en las provincias del norte y… solo… tal vez desee poder ayudarlos a todos. Ningún niño debería enfermarse nunca, ¿sabes? Umi y Kai se ven tan tristes y adoloridos cuando enferman, que yo…
Su madre la abrazó en ese momento, besándole la frente antes de mirarla a los ojos.
—Mi preciosa Perséfone, tu padre estaba preocupado por la cantidad de mana que gastaste. Me hace sentir muy orgullosa que hayas pensado en los demás, pero por favor, no vuelvas a hacerlo, ¿de acuerdo?
Su padre también la abrazó entonces, mirándola con el ceño fruncido y un rostro agridulce.
—Eres igual a tu madre, ¿sabes? Las dos se preocupan demasiado por los demás. Serías una excelente Aub, solo no te arriesgues de este modo de nuevo.
Perséfone asintió y sonrió, saliendo con sus padres a la fiesta que se había preparado para ella en cuanto se sintió mejor y sus papilas gustativas volvieron a la normalidad.
Casi no pudo responder a las felicitaciones de los otros nobles o los comentarios que ocultaban una excitación extrema en sus hermanos y los hijos del sacerdote Harmut por el tamaño de su bendición. Ni siquiera respondió nada cuando su abuelo la levantó en volandas mencionando que su bendición había alcanzado toda la región del norte. Las palabras de su padre no dejaban de hacer eco en su mente.
Si Yurgensmith era el jardín de los dioses, ¿porqué no volverse la jardinera de Alexandría? Después de todo, había escuchado a algunas personas llamar al ducado como el patio de juegos de sus padres, ¿porqué no convertirlo en su jardín personal?
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Notas de la Autora:
Cómo habrán tomado, me tomé vacaciones por Navidad la semana pasada, sin embargo, quería dejarles un par de regalos para iniciar el Año Nuevo. Aquí está el primero. Espero poder subir mañana el capítulo de los gemelos para cerrar este año con broche de oro y ojalá lo hayan disfrutado.
Por cierto, esta dulce y empática pequeña es para Hikaryto. Te dedico este bonito capítulo, amiga.
Y bueno, mil gracias a todos por leer esta historia. No olviden dejar sus comentarios al final, sin la sal de mi vida.
SARABA
