MISIÓN: ¡AFECTO!

Declaimer: SpyxFamily es propiedad de Tatsuya Endo, únicamente la historia es de mi autoría con el fin de que la disfruten.

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Twilight, el mejor espía de Westalis, quien ha completado un sinfín de misiones complejas en pro de la paz con su vecino Ostania; admirado por muchos, odiado por igual cantidad, se encontraba en esos momentos recibiendo una reprimenda.

-¡¿En qué rayos estás pensando?! – regañó Silvya sintiendo una vena en su frente hincharse. - ¿Qué acaso eres un crío?

Twilight se mantenía en silencio maldiciendo interiormente a las causantes de tan incómodo momento: sus vecinas.

Recapitulando…La agencia Wise tenía interceptada las comunicaciones de todos los apartamentos donde se ubicada la residencia Forger y, en una de las tantas labores descubrieron que sus vecinas chismosas – esas que empezaban a cotorrear que él le era infiel a Yor – nuevamente hacían de las suyas.

-¿Viste lo que pasó la última vez? –

Escuchó Loid en la grabación.

-Una mujer de cabello blanco salió de su casa. ¡Y tenía un gesto muy triste! Como si le hubieran roto el corazón. – comentó una de ellas con dramatismo.

-Debió ser que el señor Forger la estaba conquistando sin decirle que estaba casado. ¡Qué triste! Tan bonita que es la señora Forger…- respondió la otra en la vía.

Twilight sintió ganas de apretarles el cuello cual gallinas, pero se contuvo porque, primero que todo – y aunque no lo admitiría en voz alta – alabaron la belleza de Yor lo cual era algo así como la redención de su pecado, y, en segundo lugar, porque era un espía capacitado para soportar eso y más.

-Pero mira, yo no creo que la señora Forger aguante mucho casada, después de todo, ¿qué mujer soportaría que su marido ni siquiera le dé afecto? - dijo nuevamente la primera en la línea.

Handler había cortado la grabación. Miraba interrogante a Twilight esperando una justificación decente. No por la visita de Nightfall a su casa – de eso ya se ocuparía ella más tarde – sino de la falta de afecto de Loid Forger hacia su esposa.

-Te daré cinco días para que estas mujeres chismosas estén alabando lo "cariñoso" que eres con tu esposa. – ordenó tajante Silvya

Así las cosas, Loid regresaba a su casa de pésimo humor. Estaba molesto con sus vecinas, con Nightfall por importunar y meter ideas equivocadas en la cabeza de Yor, pero más que nada consigo mismo. No entendía por qué le constaba tanto mantener contacto con Yor más allá de lo estrictamente necesario. Yor Briar poseía gran belleza y ni hablar de sus cualidades como madre; era por mucho la mujer más maravillosa que ha conocido en toda su vida.

-Y es por eso que no puedo hacerle algo tan cobarde como fingir. – se dijo a sí mismo. Sin importar que aquella familia fuera una pantalla, él tenía muy en claro que tanto Yor como Anya merecían lo más real de su ser.

Al doblar por la esquina, una escena poco común le llamó la atención. Yor volvía del trabajo acompañada. Acompañada de un hombre para ser más específico. De un hombre al que le sonreía y con el que hablaba con naturalidad. El rubio apretó con fuerza su maletín y, como si sus pies tuviesen vida propia se acercó a la pareja.

-¡Yor! – dijo a modo de saludo.

-¡Ah! ¡Loid! – respondió la pelinegra sonriendo instantáneamente.

Twilight respiró en su interior con tranquilidad. Había notado que la mirada de Yor se iluminaba cuando lo veía e incluso sus pupilas se dilataban, lo cual es un indicador de que en su rango de visión había algo que a ella le gustaba.

-¡Ah! Lo siento, soy Loid Forger, el esposo de Yor. – se presentó.

La morena abrió los ojos y de inmediato se sonrojó. Había olvidado por completo presentarle a ese cliente del ayuntamiento. Qué vergüenza, fue una descortesía de su parte.

-Es un placer, señor Forger. Soy Tadeus Licht.

-E-El señor Licht visita seguido el ayuntamiento debido a que tiene muchas propiedades por la zona. – informó Yor apresurada.

-Oh, ya veo. Me alegra saber que has estado ayudando a los clientes, Yor.

-Su esposa es una mujer extraordinaria, debe cuidarla, no vaya ser que se la roben. – bromeó el hombre mientras con un gesto se retiraba.

Loid, que era un experto en el lenguaje corporal, captó la indirecta al instante. Ese hombre tenía intenciones con Yor, con su esposa, intenciones románticas, para ser exactos.

-Mmm…¿Loid? – preguntó Yor algo preocupada. Podía notar a la perfección el disgusto en el rostro de su marido. – Sabes, si soy honesta…Permití que me acompañara a casa porque es un cliente importante, pero la verdad es que no me agrada para nada. – Y era cierto, el hombre había estado insinuándose todo el día a pesar de aclararle que estaba felizmente casada.

El problema que se le presentaba era que si lo mataba, causaría un revuelo y era seguro que la apartarían de su familia. En este punto de la convivencia con los Forger, Yor colocaba siempre a su familia sobre su actuar. Si quería mantenerla en armonía con su trabajo debía ser muy cuidadosa.

-No te preocupes, Yor, jamás dudaría de ti. – respondió el rubio mientras cogía su mano y la besaba galantemente.

La pelinegra empezó a balbucear cosas hasta que entraron a la casa.

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Gracias a sus contactos, logró que su día libre coincidiera con el de Yor y, no menos importante, que Anya estuviera en la escuela.

Aprovechó la oportunidad para invitar a Yor nuevamente a una cita por la tarde, pero durante la mañana no dudó en empezar su estrategia. Primero: pequeños contactos.

Mientras limpiaban, aprovechó para tocar la mano de la fémina en varias ocasiones. Una de sus vecinas – y causante del meollo – había llamado a la puerta pidiendo un poco de azúcar (estaba seguro que aquello solo fue una excusa de su vecina chismosa para inmiscuirse en su hogar). Yor como de costumbre la entretuvo en lo que él iba por el azúcar y, cuando se lo entregó, aprovechó para tomar la cintura de Yor mientras hablaban.

La castaña dejó de respirar al sentir el contacto tan repentino y desvió la mirada ocultando su rostro sonrojado. Loid no estaba en mejores condiciones. Quizá era por el respeto que tenía hacia ella, pero no había reparado en las amplias caderas de su esposa. Sentía sus manos cosquillear; quería apretar la piel delicada de Yor por sobre la tela de su vestido, pero eso sería inapropiado.

Por la tarde, tomaron un café y hablaron de cosas triviales. En esas ocasiones, Twilight sentía que podía mostrarse como realmente era ante ella. La paz infinita que Yor le transmitía era genuina, le decía que podía ser él mismo sin ser juzgado. Era en esos precisos instantes donde se convencía que debía seguir luchando por la paz de su país, en miras a construir un futuro en el que quizá, él podría hacer de Yor su esposa real y darle a Anya un hogar sólido y verdadero.

-Yor…sé que no te lo dije en ese momento, pero…También me alegro de haberme casado contigo. – le dijo al finalizar su cita sonriendo desde lo más profundo de su corazón.

La castaña asintió sintiendo su corazón latir rápidamente.

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El fin de semana hubo un festival cerca de su vecindario. Decidieron ir como recompensa a las buenas notas que Anya obtuvo en la clase de Historia. Si, aquél hecho histórico le daba esperanzas a Twilight de que quizá su hija llegara a convertirse en una estudiante imperial, lo que desconocía era el hecho de que Anya recibió ayuda de Damian Desmond. Este último la forzó a estudiar durante sus descansos entre clases e incluso la sobornó con maní premium importado de la mejor calidad.

La calle estaba bellamente adornada de principio a fin. Muchos padres paseaban con sus hijos, e incluso una que otra pareja se vislumbraba, sin embargo, con lo que no contaban los Forgers era la cantidad exorbitante de personas que asistieron. Loid decidió alzar a Anya ya que de lo contrario estaba seguro que la niña sería golpeada por personas distraídas.

Se adentraron a la multitud disculpándose en el camino.

-¡Oh, disculpe!

Loid escuchó la voz de su esposa muy lejana. Al voltear, notó que Yor estaba siendo arrastrada lejos por lo que se apresuró a tomarla de la mano con fuerza. Las mejillas de la pelinegra adquirieron nuevamente un tono carmín.

-Creo que lo mejor será caminar de este modo. – le dijo el rubio sonriendo con amabilidad mientras apretaba ligeramente la mano de Yor.

Yor asintió. Mientras caminaba, estuvo pensando en el contacto que había estado teniendo con Loid en los últimos días y pensó que, lo más probable era que Loid quisiera más afecto entre ellos – algo normal en las parejas comunes –, por lo que decidió acercarse más al rubio y apegarse a su brazo. Este acto llamó la atención del rubio quien no dudó en entrelazar sus dedos con los de Yor.

Ambos sonreían mientras disfrutaban de la calidez que el contacto generaba en su pecho.

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Loid maldijo por lo bajo cuando terminó de leer la invitación. Aparentemente, el cliente de Yor – un hombre adinerado – los invitaba a una fiesta que daría en su casa. No había que ser un genio para saber que las intenciones del fulano eran impresionar a Yor con su fortuna y con suerte que ésta le pidiera el divorcio.

-"Pobre imbécil. No conoce a Yor en lo absoluto." – pensó.

-¿Loid?

La voz de Yor lo sacó de sus pensamientos. La pelinegra lo miraba expectante, pero a la vez preocupada de que aquella invitación complicara su matrimonio falso.

-Esta bien, Yor. Iremos. – sentenció. – Pero no te preocupes, tengo un plan para que te deje en paz.

-¿Un plan? – preguntó la morena dudosa.

-Le mostraremos cuán enamorados estamos. – informó Loid sonriendo.

Yor tragó grueso. Sabía que Loid no lo decía con esas intenciones, pero no podía evitar sentir mariposas en su estómago por lo dicho.

El día de la fiesta acordaron vestirse lo mejor posible. Como siempre, Loid le había pedido a Franky que cuidara de Anya y, luego de varios minutos de quejas por parte del chico de cabellos rizados, alegando que él no era ningún niñero, terminó aceptando. Agradecía enormemente al pelinegro su colaboración en la misión pues estaba seguro que, sin Franky, la misión estaría aún más complicada.

Se vistió lo mejor que pudo: un traje negro completamente hecho a la medida, zapatos finos y relucientes y, optó por peinar su cabello hacia atrás lo que le dio un toque elegante.

-¡Papi luce genial! – exclamó Anya con emoción. Era su estrategia para que la llevaran a la dichosa fiesta, ya que, según leyó en los pensamientos de su papá, aquella sería una misión para quitarle a su mami un acosador. Sin embargo, Loid conocía sus jueguitos así que no cayó en ellos.

-Gracias, Anya. Debes comportarte mientras Yor y yo no estamos. ¿Entendido? – advirtió el rubio con seriedad.

La peli rosa asintió enérgica.

Minutos después, Yor apareció. Vestía un elegante vestido rojo vino de tirantes que dejaba su sensual espalda totalmente al descubierto. Su cabello decidió dejarlo suelto adornándolo únicamente con una delicada prensa del mismo color en el lado derecho. Twilight quedó embelesado por unos segundos admirando a su esposa.

-Estas hermosa, Yor. – habló sin siquiera pensarlo.

Los presentes se sonrojaron, incluso Franky quedó boquiabierto. El joven de lentes se lamentó internamente; si ahí estaba sucediendo lo que él creía que estaba sucediendo, sería un gran problema para aquél que consideraba su único amigo. Aunque no podía culparlo, Yor era sin dudarlo una mujer de gran belleza y con un corazón bondadoso, no le sorprendería que su amigo se enamorara; es más, ya se estaba tardando.

-G-Gracias…- respondió tímida.

-Ya, ya, será mejor que se vayan o se les hará tarde. – intervino Franky tratando de no alargar más la escena.

Ese Twilight…¿Qué no sabía que es pecado comer frente al que tiene hambre?

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El viaje hasta la mansión fue corto, pero estuvo lleno de incomodidad para la pareja. Yor se sentía avergonzada, mientras que Loid luchaba por mantener sus ojos en otro lugar que no fuera el cuerpo de su esposa. Una vez que llegaron, llamaron la atención de varias personas importantes, incluso se podían escuchar murmullos por aquí y por allá cuestionándose si ambos eran personas famosas o similar por su atractivo físico.

Loid decidió tomar la mano de Yor y continuar de esa forma ya que, era el momento propicio para mostrarse como una pareja amorosa.

-¡Señorita Yor! – saludó Tadeus Licht con alegría. – Señor Forger…- dijo cambiando drásticamente el tono de voz al notar que Yor venía acompañada. Inicialmente su plan era que la mujer acudiera sola y así lograr abordarla.

-Agradecemos mucho su invitación, señor Licht. – habló Loid con fingida amabilidad.

-Es un lugar muy bonito. – halagó Yor.

La mansión era enorme, solo el salón de invitados era más grande que su departamento y ni hablar del hermoso jardín que colindaba con el salón. Estaba finamente decorado con caros arreglos florales, jarrones antiguos y pinturas de los artistas más famosos. El jardín estaba lleno de flores de diversa naturaleza tornando el ambiente mágico.

-Me satisface saber que le agrada, Yor. – respondió de inmediato el hombre ignorando olímpicamente al rubio.

Loid por su parte tomó a Yor de la mano y se dispuso a "disfrutar" del evento. Estaba molesto. El tal Licht pasó el resto de la noche coqueteando descaradamente con su esposa no importándole su presencia. Si bien aquello era un falso matrimonio, lo cierto del caso es que empezó a sentir un sentimiento de propiedad hacia la pelinegra. Yor era su esposa, suya, de nadie más, ese sujeto debía respetarla. Su furia creció aún más al percatarse de la sensación de incomodidad de Yor. Muecas incómodas, gestos de esquivo, evitaba el contacto…Si, Yor estaba llegando a su límite.

-Yor, ven conmigo. – le pidió mientras la guiaba hacia una de las partes privadas del jardín.

La castaña lo siguió nerviosa, podía sentir a la perfección la presencia de ese cliente detrás de ambos. Tenía miedo de que Loid le reclamara y su matrimonio – así como su trabajo como sicaria – se vieran terriblemente afectadas.

-L-Loid,lo siento…- se excusó cuando ambos llegaron a una zona cubierta por los arbustos.

Al fondo se lograba escuchar la música clásica y los murmullos de los invitados.

-No…Yo soy quien te pide disculpas, Yor. – contestó Twilight

Tomó a Yor del brazo y la acorraló contra los arbustos, esperó hasta asegurarse de que estaban siendo vistos por Licht, y una vez que lo tuvo en su rango de visión, se armó de valor y besó a la pelinegra intensamente. Yor abrió los ojos con sorpresa. No comprendía muy bien qué sucedía o por qué Loid estaba actuando de esa manera, pero definitivamente, aquella caricia se sentía y sabía mejor el limón. Loid tenía un sabor dulce que la derritió en segundos. Se dejó llevar por el ritmo marcado por el rubio y lentamente subió sus brazos hasta colocarlos sobre el cuello masculino. Para Yor, todo a su alrededor había desaparecido.

Twilight observó por e rabillo del ojo cómo el intruso se retiraba haciendo mal modo, por lo que sonrió internamente, aquello sería suficiente para ahuyentarlo. Dirigió su mirada hacia Yor. Estaba apegada a su cuerpo, podía sentir a la perfección su delgada y bien trabajada figura. Sabiendo que ya no serían molestados, decidió profundizar el beso y algo más. Con maestría, acarició la espalda desnuda de Yor sintiendo la suavidad directamente con sus manos. Habían ansiado tocarla, quizá demasiado. Esta acción, arrancó un gemido involuntario de la morena que ahogo sobre los labios masculinos y pronto, las cosas subieron de tono.

Loid tomó una de las piernas de Yor y la subió hasta su cintura, sintiendo su cremosidad. Cada segundo que pasaba se convencía más a sí mismo de que Yor era una mujer perfecta y que merecía sus verdaderos sentimientos, no mentiras.

Se separaron por la falta de aire. Ambos respiraban con dificultad. Yor aún mantenía sus brazos sobre el cuello de Loid; Loid aún sostenía a Yor por la cintura y su pierna sostenida.

-Vamos a casa, Yor. – sugirió el rubio con voz ronca.

Yor asintió sonrojada.

La misión de Twilight en esa semana era que lo catalogasen como un cariñoso esposo, sin embargo, cuando Silvya escuchó las conversaciones telefónicas del edificio donde se ubicaba la residencia Forger quedó perpleja. El resultado de la misión: "Loid Forger estaba tan enamorado de su esposa, que por poco arma una escena subida de tono con ella en el pasillo del edificio."

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¡Quien me diga que Yor y Loid no se llevan ganas, con gusto nos vamos a los puños!

¡Qué pareja, señoras y señores!

Definitivamente, amo el manga y el anime de SpyxFamily, una verdadera obra maestra.

No olviden dejar sus hermosísimos reviews que alimentan mi espíritu.

Espero que disfruten del fic tanto como yo disfruté escribirlo. ¡Nos leemos!