Semillas de Bluanfah
Kai & Umi
Tenían cinco años cuando cayeron enfermos por una rara peste que se llevó a la cuarta parte de Alexandria y al menos una décima parte de todo Yurgensmith. Ellos siempre habían sido enfermizos de todas maneras. Alguna vez habían escuchado por accidente que su padre estaba considerando enseñarles a comprimir mana para evitar mandarlos al Templo o darlos en adopción luego de que él y su madre los hubieran visitado por la noche… días antes de ser alcanzados por la peste.
Aub Ferdinand había trabajado de manera incesante con los médicos y eruditos de su ducado y el de Drewanchel para encontrar una explicación y una cura, salvando a sus hijos menores, un par de gemelos de nombre Kai y Umi casi de milagro.
Ambos tenían el rostro de su padre con la forma de ojos de su madre, Aub Rozemyne, aún si los ojos de los gemelos eran verdes, parecían dorados si se les contemplaba a la luz del atardecer.
Sus cabellos eran verdes y lacios. Si bien la versión oficial era que lo habían heredado por parte de la abuela Elvira, el tono era más parecido al de su abuela Effa.
Una mañana de finales de otoño, justo después de que la fuerte fiebre que casi se los lleva a ambos sucumbió, los pequeños por fin abrieron los ojos.
Ferdinand, quién no se había alejado de su lado, envío por su esposa, la cual los abrazó llorando desconsolada y aliviada a la vez. Para permitir que su esposo se hiciera cargo de la terrible epidemia, ella había tenido que llevar las funciones de su cargo casi en solitario, apoyada por Letizia, la hermana más grande de la familia archiducal.
Esa mañana, mientras su madre los abrazaba y su padre les sonreía satisfecho a pesar de tener el rostro de un cadáver, los dos niños se miraron entre sí confundidos. Nadie lo notó en ese momento, pero ninguno de los niños comprendía lo que les decían ni reconocían a la gente de su alrededor porque los niños habían cambiado.
El silencio de los gemelos fue largo. Nadie le dio importancia, tomándolo como algo normal luego de media temporada en cama luchando por sus vidas.
No lo notó Letizia, quién los había cargado apenas nacer y había ayudado a atenderlos esos primeros meses como parte de su entrenamiento para tener a sus propios hijos.
No lo notó Aiko, a quienes todos llamaban Dulcinea, a pesar de haberlos visitado con frecuencia.
Tampoco lo notó Hoshi, a quien llamaban Fernestine, tampoco Aki, que ahora era llamado Aragorn por todos.
Solo su hermana Yuri, a quien tenía poco que habían empezado a nombrar Perséfone se dio cuenta de que algo estaba mal con los pequeños shumils que tenía por hermanos menores.
–Kai, ¿seguro que no quieres una galleta? –ofreció Yuri con desconcierto en tanto su hermanito negaba con la cabeza.
–¡Umi, entonces! Una galleta te hará bien.
Mismo resultado. La pequeña niña solo observaba la galleta y apretaba los labios.
Esa noche, cuando la habitación que los gemelos compartían finalmente se vacío, el niño miró a la niña en la cama de al lado.
–Hello!
La niña lo miró con los ojos como platos, sentándose y sonriendo.
–Hi there!
Ambos rieron, sentados sin dejar de mirarse con asombro.
El niño apretó un ojo, cubriéndolo con su pequeña mano y arrugando su cara entera.
–¿También te duele? –pregunto la niña, cubriendo su boca, asombrada, notando que el niño la miraba con el mismo asombro.
–¿Puedes hablar como ellos?
Kai cubrió su boca, fascinado, lanzando una mirada de complicidad a la niña en la otra cama.
–¡Podemos hablar como ellos! –dijo Umi con emoción–, soy Yadira, por cierto… o era Yadira, no han dejado de llamarme Umi en todo el día.
El niño sonrió, no había más rastros de dolor en su rostro.
–Ethan antes, Kai ahora. ¿Somos gemelos?
–Eso parece. ¿Crees que vivamos en Alemania?
–¿Con esas ropas tan medievales? –se burló el chico–, ¿Y estos nombres japoneses?
Ambos niños rieron de la situación, charlando un poco más sobre lo último que recordaban antes de despertar en los cuerpos de esos niños.
Yadira había nacido y crecido en un circo que se dedicaba a dar giras desde los Estados Unidos hasta la Patagonia. No estaba segura de cual era su nacionalidad en aquel entonces, además de considerarse latinoamericana. Había sido una gran fan de Harry Potter, de la música salsa y de la comida sudamericana. Por razones fuera de su control, el circo había sido desmantelado, dejándola varada en Panamá, desde donde emigró a Chile dónde luego de un año, había estado a punto de abrir una cafetería con temática de Harry Potter. Murió de repente. Acababa de cerrar el local que aún no inauguban cuando la sorprendió un temblor. No sabía que fue, pero estaba segura de que algo había caído sobre ella.
Ethan vivió toda su vida en Australia. Era deportista con algunos estudios básicos de ingeniería, amante de las buenas historias de fantasía y ciencia ficción. Su pasión era el surf. También había sido su perdición. Lo último que recordaba era estar practicando para su primera competencia internacional, montando una ola hermosa y enorme de cuyo tubo no solo no alcanzó a salir. En la confusión al ser sumergido, estaba seguro de que su cabeza había golpeado con una roca y todo se acabó.
–¿Así que, hemos reencarnado? —preguntó la niña de ojos y cabellos verdes, tomando un cadejo y enrollándolo en su dedo.
–Y no parece que lo hiciéramos en nuestro propio mundo.
–Mi novio de antes estaría alegando demencia para este momento –se rio la niña–, para él, la existencia de otros mundos habitados y la rencarnación eran cosas impensables.
–Entonces agradece que renaciste conmigo y no con él –la alentó el pequeño–, yo solo fluyo con el resto de la existencia, ¿sabes?
Y ambos rieron, hablando y hablando de sus vidas pasadas hasta que el sueño los venció.
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La primera vez que el resto de los adultos y familiares notó algo raro en los niños no fue porque parecieran pensar del mismo modo, sino por sus peinados.
Ambos habían exigido que se les peinara de una cierta manera. Umi Lucia dos trenzas que se entrecruzaban desde la parte de arriba de su cabeza y luego se escurrían por sus hombros de una forma demasiado vistosa en tanto Kai lucía su cabello al hombro tejido en cientos de trenzas a un lado.
Si bien su padre, Aub Ferdinand, se había mostrado curioso y extrañado apenas verlos luego del desayuno, su madre, Aub Rozemyne se había vuelto loca de emoción por lo adorables y hermosos que se veían sus pequeños.
La siguiente en mostrarse extrañada fue Fernestin.
La niña iba de su clase de harspiel en la sala de juegos del ala principal al ala de niños para verificar la salud de los gemelos cuando los encontró cantando a coro en el idioma secreto de sus padres. Ambos bailaban y se señalaban sin soltar los cepillos que, obviamente, le habían robado a sus asistentes.
–A feling –cantaba Kai de pie en el sillón mientras Umi hacía un ruido extraño de woo hoo dándole la espalda–, that's tonight's gonna be a good night…
–That's tonight's gonna be a good night –cantó Umi en cuanto su hermano la señaló, para luego volver a cantar lo mismo a coro.
–¿Qué están haciendo? –pregunto Fernestine cuando logró salir de su error de procesamiento, bajando a Kai del sillón y retirándoles los cepillos antes de mirar mal a los asistentes de los dos niños–, ¿Y ustedes? ¡Mi padre va a enfurecer si alguno de los gemelos se lastima!
–No seas {aguafiestas} Yuri –dijo Umi cruzándose de brazos, siendo imitada a la perfección por Kai.
–Si, ¡Nos estábamos divirtiendo, droog!
–¡No pueden saltar en los sillones! ¡No pueden saltarse sus clases! Y en definitiva ¡No pueden jugar brusco como antes! ¡Nuestros padres no van a soportarlo luego de que ustedes casi se mueren! ¡Sean más responsables los dos!
Los gemelos se miraron, haciendo gestos hacia su hermana mayor antes de subir los hombros y sonreír con complicidad.
–¿Podemos seguir cantando si no nos subimos al sillón? –pregunto Kai de repente con una sonrisa inocente.
–¿Si? ¿Si? ¿Si, hermanita querida? –suplicó Umi con la misma cara de inocencia que su hermano–, ¡ya acabamos nuestras clases de todos modos!
Fernestin suspiró. Era la viva imagen de Aub Ferdinand derrotado si el hombre fuera una mocosa de once años con el cabello atado en dos colas de caballo a la altura de sus hombros.
–De acuerdo, pero nada de ponerse en peligro.
–COOL!
Habían gritado los gemelos antes de tomar de nuevo los cepillos en sus manos.
–¡Dale Fergie! –canturreo Kai antes de que Umi comenzara a mover sus caderas y empezará a cantar de nuevo, seguida muy pronto por su hermano.
–Tonight's the night, let's live It up – siguieron cantando y bailando los gemelos antes de tirarse al suelo ahogados de risa ante la mirada preocupada de Fernestin, quién no tardó mucho en comunicarle aquel extraño comportamiento a sus padres más tarde, cuando justo antes de ser enviada a la Academia Real.
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Era domingo, o lo que era lo mismo, día de la tierra.
Los gemelos habían sido invitados a una super, mega archi requeté recontra aburrida fiesta de té con su familia, menos de una semana de recobrar sus memorias de una vida anterior.
Los habían vestido, peinado y emperifollado. Les habían hecho repetir hasta el cansancio un saludo de lo más raro, largo y confuso para darle a sus padres y hermanos y luego los habían conducido a un salón que bien podría haber salido de un set para una película de época sobre la reina María Antonieta.
Había algunos cuadros que mostraban paisajes, flores y bestias de fantasía colgando de una de las paredes, el resto mostraba un delicado tapiz con motivos de primavera y una cenefa que mostraba… mujeres, mujeres que se veían como ellos, de cabellos y ojos verdes rodeadas de agua y cosas así.
—Creo que son diosas —murmuró Umi en inglés al oído de Kai—, ya sabes, de esas que nos hablan en los libros de cuentos.
—¿No deberían pintarlas desnudas, o con togas etéreas? —respondió Kai en tono de burla.
—¿Recuerdas cómo se pusieron ayer porque nos pusimos a correr descalzos por toda la habitación?
El niño se rió entonces, tragándose la risa cuando la puerta se abrió y el resto de su familia comenzó a entrar.
Salvo por sus dos hermanas mayores, Dulcinea y Fernestin, incluso estaba la mujer rubia a la que llamaban hermana Letizia con su marido Edward y un bebé en brazos.
Los gemelos se arrodillaron y cruzaron sus brazos. Les parecía cómico que no tenían que ponerse de acuerdo para moverse con tanta sincronización. Umi había comentado dos días atrás que habría sido un excelente truco para mostrar en el circo.
—Pueden —respondió Aub Rozemyne, la mujer que en este mundo era su madre.
Ambos niños siguieron con su saludo y algo se movió dentro de ellos, haciéndoles cosquillas. Los padres de ambos los miraban ahora con curiosidad, sus hermanos, por otro lado, parecían sorprendidos.
—El día de hoy van a servirnos strudle de cantaya con crema batida y té helado de ciril —anunció su madre, sonriendo y viendo que una de las asistentes cortara una rebanada para servírsela a ella.
Los niños observaron como le servían a su padre, a su hermana Letizia y a su marido, luego a Aragorn, a Perséfone y por último a ellos dos, siendo Kai el primero en recibir su rebanada.
—Mami —dijo Umi cuando los asistentes se retiraron un poco—, ¿porqué me sirvieron al último?
Rozemyne la miró un poco confundida, luego puso una sonrisa que le parecía más falsa que un billete de tres pesos.
—Bueno, ahm, por tradición se sirve por estatus, cariño.
—Pero Kai y yo somos gemelos, ¿no? ¿porqué le sirven primero a él?
Su padre la miraba ahora con ese rostro inexpresivo que había mostrado todos los días antes de tomar esa extraña mandolina con cabeza de caballo para cantarles canciones de cuna y cantarles luego de acostarlos para dormir.
—Tu hermano es hombre y nació antes que tú, Umi. Es diez minutos mayor que tú.
Los gemelos se voltearon a ver. Umi arrugó el ceño, disgustada.
—¿Puedes creer lo atrasados que están? —se quejó Umi.
—Si alguien trata de envenenarnos, al menos te daré tiempo a huir —bromeó Kai.
Los dos niños se rieron entre sí. Habían descubierto que tenían un sentido del humor especialmente negro y turbio cuando se hacía referencia a la comida envenenada.
Sus padres se miraban ahora, habían comenzado a hablar en un idioma diferente ellos también. ¿Eso era japonés?
Perséfone dijo algo, luego Aragorn también, lanzándoles algunas miradas cargadas de preocupación. Luego Letizia preguntó algo haciendo que los gemelos pensaran lo mismo. ¿Porqué todos sabían hablar japonés menos ellos?
—No se sientan mal —les susurró Perséfone al oído—, el año que viene empezarán a aprender a hablar en el idioma secreto de la familia.
¿Idioma secreto? ¿el japonés?
A ambos les costó demasiado trabajo no estallar en carcajadas, recordando que el japonés era el idioma oficial de uno de los países más avanzados en la Tierra.
—¿Tú lo hablas, Yuri? —preguntó Kai luego de ser el primero en suprimir sus ganas de reír.
—Me cuesta trabajo pronunciar algunos sonidos, pero estoy mejorando, mamá ha comenzado incluso a enseñarme la escritura.
—¡Por Cristo Bendito! —murmuró Umi—, después van a decirnos que las personas aquí pueden volar.
Los dos se rieron con disimulo, tensos y sorprendidos cuando la voz profunda y fría de su padre los alcanzó.
—¿Quién es Cristo y porqué piensan que volar es imposible?
Estaban sin habla, mirándose el uno al otro antes de mirar a su padre, cuyo semblante se había vuelto severo de un segundo al otro.
—¿Tú entiendes lo que dicen, padre? —preguntó Perséfone al lado de los pequeños.
—Y tu madre también —informó Aub Ferdinand—, no habíamos querido compartir dicho lenguaje con nadie más, no lo veíamos necesario.
Hubo un silencio en la mesa, todos miraban a los gemelos como si les hubiera crecido una segunda cabeza o un ojo en el medio de la frente se hubiera abierto de repente en Kai y Umi.
—¡Está muy rico el strudle! ¿no Kai?
—Si, me encanta el strudle, Umi.
—¿Por qué no comemos strudel todos los días, mami? —preguntó Umi, sonriendo tanto que las mejillas habían comenzado a dolerle.
—Cariño, pensé que preferían las galletas con chispas de chocolate —respondió Aub Rozemyne sonriendo todavía.
Los otros niños sentados a la mesa se rieron un poco y luego continuaron con la fiesta del té.
Los gemelos se abstuvieron de hablar más, escuchando esta vez como sus hermanos comentaban sobre sus planes para el invierno.
Letizia había comenzado a escribir una ópera que esperaba presentar pronto en el templo de Kuntzeal con ayuda de su esposo.
Aragorn había estado comentando sobre los amigos que había hecho en la sala de juegos de invierno. Él y algunos otros niños querían escribir un libro nuevo con técnicas para aplicar en los diferentes tipos de ditter que jugarían en la Academia Real contra los chicos de Dunkelferger para seguir con la tradición que habían reportado los chicos mayores antes de irse.
En cuanto a Perséfone, ella había preguntado a sus padres si podían aprender una canción menos empalagosa que la de su debut de invierno. Los demás parecieron interesados en ese último tema, por lo que todos estuvieron dando sugerencias a la pequeña niña de ojos verdes y cabello azul oscuro.
Para cuando la fiesta de té se terminó, la sala no tardó en vaciarse, quedando solo sus padres y ellos.
El hombre de cabello gris y sonrisa divertida que solía acompañar a su padre a todos lados les ofreció un artefacto extraño, pero Aub Ferdinand lo rechazó con un gesto antes de mirar a Aub Rozemyne y luego a los niños.
—Así que ahora hablan inglés, ¿puedo preguntar en que momento y dónde lo han aprendido?
Los gemelos se miraron entre sí. Kai le hizo una seña a Umi con los ojos y la barbilla, señalando a sus padres. La pequeña soltó un suspiro y luego volteó.
—No nos creerían, padre.
—Ponme a prueba, Umi.
—¿Dónde lo aprendiste tú, padre? –pregunto Kai.
—Alguien me enseñó a hablarlo hace tiempo. Es útil cuando su madre no desea que nadie sepa lo que estamos hablando.
—¿Lo usan para coquetear? —dijo Kai divertido—, ¿en serio?
Las orejas de Aub Ferdinand se colorearon de rojo. Aub Rozemyne abrió su abanico para esconder la sonrisa divertida que los dos pequeños adivinaban solo con verla. Umi no pudo evitar reír también y mirar a su hermano.
—Kai, te ves tan apuesto con esa ropa.
—Y tu cabello huele tan bien, Umi.
—¡Besémonos, Kai!
Los dos niños se lanzaron algunos besos de un lado al otro antes de mirar a sus padres, riendo sin poder soportarlo más. Ferdinand tenía una vena saltada en la frente, sus orejas parecían de plástico rojo y su rostro había perdido el color, era como si el hombre hubiera envejecido unos diez o veinte años en un momento con el ceño arrugado por completo. Rozemyne se había sonrojado un poco antes de reírse también con disimulo, recibiendo una mirada de advertencia de Aub Ferdinand.
Su madre dijo algo en japonés y su padre se tranquilizó, tomándola de la barbilla para besarla en los labios con ternura, haciendo que los dos pequeños dejaran de reír, sonrojándose antes de mirarse entre sí.
—Creo que nos excedimos, droog —comentó Kai.
—¿En serio? Tendré que enseñarte español para que esto no vuelva a pasar —convino Umi antes de que ambos voltearan, gritando y saltando asustados al encontrar a su padre demasiado cerca de ambos, sonriendo de una manera brillante que los aterrorirzó aún más y sujetándolos de los hombros.
—¿Español? Creo que voy a empezar a pasar más tiempo con mis queridos gemelos en lo sucesivo o van a meternos en más problemas que su madre. Duerman bien hoy, pequeños gremlins.
Ferdinand se puso en pie, todavía con esa sonrisa brillante que debería tenerlos encantados y no provocarles más escalofríos que si hubieran visto a Chucky y a Freddy Cruger a los pies de sus camas.
Luego Rozemyne se acercó a ellos, mirándolos con una mueca extraña y divertida.
—Niños, creo que su padre y yo vamos a estarlos visitando muy a menudo ahora, al menos, hasta que ustedes estén listos para compartir todo. Por favor, no nos obliguen a leerles la memoria, podría ser muy incómodo.
Acto seguido, su madre les dio un beso a cada uno en la frente, se despidió con amabilidad de los asistentes en el salón de té y se fue.
–{Santa María, madre de Dios, ¡estamos bien fritos!}
–Hermanita, antes de quejarte en español, enséñame a hablarlo, porque no entendí.
La niña le sonrió, asintiendo y los dos se bajaron de sus asientos, siguiendo a sus asistentes que ahora se veían más pálidos que antes.
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No había pasado mucho antes de que los gemelos descubrieran que si se esforzaban demasiado, tendían a enfermar. Caer en cama no era divertido en absoluto.
Lo único bueno de ello es que compartían una habitación hasta que fueran bautizados a los siete años, de modo que podían hablar entre ellos. Umi aprovechaba esas ocasiones para hablar solo en español, corrigiendo la pronunciación de Kai cuando empezó a hablar también el mismo idioma.
Tal vez esa debilidad era lo único que evitaba que su padre los presionara demasiado… ¿o era eso lo que obligaba a su madre a protegerlos más de lo que se consideraba "normal" en aquel mundo extraño?
Sabían que estaban cerca del final de la primavera porque sus hermanas mayores habían regresado y todos los sirvientes corrían como gallinas sin cabeza de un lado al otro, algo sobre que sus padres saldrían dos semanas a una Conferencia.
Los gemelos estaban acostados en sus camas luego de una fiebre ligera cuando su madre entró. Melanie y Alice, sus respectivas nanas, salieron de la habitación luego de hacer algunas reverencias y cruzar sus brazos. La puerta permanecía abierta aun así. Kai le hizo un par de señas a su hermana, su padre estaba fuera de la habitación por alguna razón desconocida.
—Niños, no quisiera irme y dejarlos así, pero… —la mujer de cabello azul y ojos dorados se veía desconsolada y preocupada, de pie en medio de las camas gemelas—, ¿creen que puedan comportarse y no excederse? Su padre y yo volveremos de inmediato si algo les sucede pero, de verdad, me sentiría mucho mejor sabiendo que van a estar bien.
Kai miró a su hermana. Umi asintió. Estaban un poco exhaustos de todas maneras.
—¡Nos portaremos bien, mamá! —habían declarado ambos niños antes de ser abrazados y besados por su madre.
—Estaré de regreso en dos semanas, por favor, por favor, cuídense y obedezcan a sus cuidadores y a sus hermanos, ¿si? Perséfone y Aragorn acordaron intercalarse para venir a ayudarlos con algunas de sus clases, Fernestin va a supervisar que ejerciten solo lo necesario para estar saludables y Dulcinea…
—Mamá —la interrumpió Umi—, estaremos bien.
—Haremos caso a nuestros hermanos.
—Cuídate mucho.
—Cuida de papá.
Su madre sonrió, besándolos de nuevo en la frente antes de salir.
Aub Ferdinand entró de inmediato, sentándose en una silla que su asistente Justus había colocado antes de salir. El hombre solo los miró un momento antes de comenzar a hablarles en inglés.
—Cómo mis hijos, espero de verdad que cumplan lo que han ofrecido a su madre y eviten caer enfermos de nuevo.
Los dos niños arrugaron el ceño, haciendo que su padre ladeara un poco la cabeza como hacía cada vez que se movían de manera idéntica.
—Por otro lado… espero que traten de imitar a los demás niños de la sala de juegos. Hablaremos sobre su pasado cuando vuelva y esta vez espero respuestas.
—¿O qué? ¿van a leernos la mente, droog? —se burló Kai, tratando de lucir valiente por alguna razón.
—Pfttt —Umi comenzó a reír con las pocas fuerzas que tenía ahora—, ¿en serio van a seguir amenazándonos con ese cuento de vecinas?
Algo que los dos chicos habían notado demasiado pronto era que su padre, por muy difícil que fuera de leer, tenía ciertos gestos mínimos que dejaban entrever sus emociones si observaban con cuidado. Pasar más tiempo que los demás niños con él les había dado bastante información.
Aub Ferdinand estaba tentado a pellizcarles las mejillas a ambos, conteniéndose, posiblemente porque estaban enfermos todavía.
—Ya que eso quieren, eso se hará. No enfermen, por favor. Su madre no se los dijo, pero dado que no voy a estar aquí para monitorearlos, si enferman no van a estar confinados en esta habitación, sino en cuartos separados del ala de curación. Si en algo aprecian el tiempo que pasan juntos, espero que tomen nuestras advertencias en consideración.
—Hai, otou~ Sama~! —se burlaron ambos, canturreando de mala gana el poco japonés que habían aprendido al observar a sus hermanos.
Su padre frunció el ceño, les apretó un poco las mejillas y luego pasó sus manos por los cabellos de ambos, enredando un poco los cabellos sueltos de ambos niños. Justus no tardó nada en tomar la silla y salir del lugar antes de que su padre se fuera, dedicándoles una última mirada de advertencia desde la puerta. Sus nanas llegaron de inmediato, cerrando la puerta tras ellas para apresurarse a prepararles un baño.
Umi suspiró al notar que su hermano era llevado primero y luego ella, resignándose cuando sintió sábanas frescas y limpias alrededor de su cuerpo vestido con ropas ligeras y cómodas.
—{¿Qué dices, hermano? ¿imitamos a los otros?}
—{¿Tenemos opión?}
—{Es "opCión", pronuncia una S después de la P}
—{SSSSi, mamá}
Los dos niños se rieron un poco antes tomar la poción repugnante que su padre les había dejado para luego comer una galleta y tratar de dormir otra vez.
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Diederick era el único de los niños destinados a ser parte de sus séquitos que parecía no acercarse a ellos, aún si era su primo y no dejaba de lanzarles miradas de vez en cuando desde su lugar en el área de lectura donde podían encontrarlo.
Acasia, Arnoldo y el primo Wolfram, por otro lado, se habían acostumbrado a ir por la sala de juegos con ellos, celebrando cualquier idiotez que se les hubiera pasado por la mente.
—¿Porqué si vienen de un mundo tan avanzado y recuerdan haber sido adultos insisten en hacer ese tipo de… cosas? —había preguntado su padre un par de semanas atrás, luego de cumplir su promesa y ponerles por separado esos extraños aros metálicos para entrar a sus recuerdos y hacerlos rememorar de forma vívida sus identidades anteriores.
—¡Porqué somos niños! —habían contestado al unísono.
—Podríamos actuar como adultos —explicó Umi.
—Podemos imitarlos a ustedes —continuó Kai.
—¡Pero nunca volveremos a ser niños! —finalizaron juntos.
Aub Ferdinand parecía bastante contrariado por eso, apretando el puente de su nariz.
—Ser pequeño, ignorante e indefenso no es algo que uno quisiera volver a ser —había contestado su padre con acritud y el ceño fruncido.
—Tampoco tenemos obligaciones reales —se defendió Umi.
—Ni tenemos que cuidar de otros aún —prosiguió Kai.
—Solo debemos estudiar.
—Y divertirnos.
—¡Ser niños de nuevo es lo máximo! —habían afirmado ambos con enormes sonrisas, notando que el dolor de cabeza de su padre solo había incrementado.
—¡Oh, Dultzetzen, un poco de paciencia para pasar de nuevo por las duras pruebas de Glukitate serían bien recibidas! —imploró su padre en voz baja.
Volviendo al presente, los gemelos se encontraban sentados en el barandal de piedra que debía protegerlos de caer desde el cuarto piso del castillo en que vivían. Ambos miraban al frente, tomados de las manos y columpiando sus piernas. Estaban cansados y sus diminutos séquitos habían optado por seguir jugando adentro.
—{Sabía dulce lo que nos dio papá, ¿no?}
—Fue increíble volver a ver cosas de Australia y experimentar las olas de nuevo.
—{¿Crees que nos presten sus coronitas lee mentes para compartir nuestros recuerdos? Me encantaría mostrarte el circo y mi cafetería, Kai}
—Y yo amaría llevarte a montar sobre las olas, bailar juntos en algunos conciertos y mostrarte las calles de Sidney, hermanita.
Y así, nacida de la camaradería y la extraña vivencia, una nueva meta se formó en aquel par de niños extraños.
No pasó mucho tiempo para que convencieran a sus hermanas mayores para enseñarles a preparar pociones. En parte porque Umi estaba furiosa y frustrada de que no se les permitiera el paso a las cocinas (las cuales estaban tan resguardadas como si se tratara de una sala de tesoros) y en parte porque a los dos les hacía ilusión hacer pociones de verdad como si se trataran de hechiceros.
Engañar a sus hermanas había sido muy sencillo. Ambos habían aludido a sus malas condiciones de salud. Sin importar cuanto los cuidaran, cuanto se restringieran a si mismos para esforzar sus pequeños cuerpos o cuanto evitaran ser alcanzados por los abrazos mortales del abuelo Bonifacius, irremediablemente caían enfermos al menos dos veces por temporada. Ser capaces de hacer algunas pociones por sí mismos había sido la excusa perfecta. Al menos, hasta descubrir que era en realidad lo que su padre les había dado.
—¿Leer mentes? —había preguntado Dulcinea, mostrando su sorpresa por un segundo, antes de volver a su amable sonrisa noble y refinada para luego mirar el libro que les había estado leyendo—, creo que alguna vez escuché algo de eso… Hermana Fernestin, ¿recuerdas una poción para leer las mentes?
El clon femenino de su padre los miró entonces, cerrando el libro sobre estrategias de ditter que había estado hojeando.
—Escuché que nuestra madre dijo una vez que la poción de sincronización se usaba para eso, jajajajaja, ¿pueden creerlo?
Los gemelos observaron entonces a Dulcinea, quien se había cubierto la boca con el abanico cerrado mientras se ruborizaba un poco.
—Otra de las raras leyendas sobre nuestra madre en la academia, supongo.
Las dos adolescentes parecían estar compartiendo una broma privada. Umi suspiró resignada antes de girar sus ojos hacia Kai, quien tenía el ceño fruncido y la boca arrugada.
—Así deben sentirse los demás cuando hablamos entre nosotros y nos reímos, ¿no? —preguntó la niña en inglés.
—{Si, pero no deja de ser gracioso cuando somos nosotros los que se están riendo} —comentó el niño en español.
Dulcinea se levantó entonces, guardó el libro en su lugar y se fue, regresando poco después con otro libro entre las manos, mismo que acomodó en la mesa redonda donde habían estado sentados leyendo en un área de la biblioteca infantil del palacio.
—Aquí está, la poción de sincronización —anunció la joven con su dedo sobre las letras de una tabla de contenidos antes de comenzar a buscar la página indicada y mostrarla a sus hermanos.
El libro que su hermana había mostrado parecía uno de esos diarios de boticarios antiguos, pero impresos. Hermosas imágenes a blanco y negro de los ingredientes requeridos aparecían en el margen de la hoja, en tanto la escritura que habrían esperado en manuscrita aparecía en la perfecta letra de molde de la imprenta de Yurgensmith.
—Veamos, "la poción de sincronización es usada, principalmente, para teñir el mana del cónyuge o amante, de modo que se evite la repulsión por mana antes de invocar al invierno…" menos mal que padre no está aquí, ya se habría escandalizado por escucharme leer esto en voz alta —dijo Dulcinea en tanto Fernestin se cubría la boca para aguantar una carcajada—. "también puede usarse para sincronizar el color de mana entre un caballero de la orden y un criminal de modo que sea más sencillo entrar a su mente con los instrumentos adecuados para verificar o desmentir un delito grave…" ughh, debe ser horrible hacer algo así.
—Le preguntaré al abuelo si alguna vez ha leído la mente de algún criminar cuando vivía en Ehrenfest —comentó Fernestine asomada al libro con más interés ahora—, no estoy segura de si sería desagradable o emocionante descubrir algo así.
—¡Fernestine! ¿en serio? ¿estarías dispuesta a… mezclar mana con un criminal?
Su hermana lo consideró un momento, entrecerrando un poco sus ojos y poniendo esa sonrisa venenosa que su padre solía poner cuando encontraba diversión en alguna acción cruel o… inhumana.
—Bueno, algunos sacrificios deben hacerse para que la justicia prevalezca, ¿no lo crees, hermana mayor?
La réplica refinada de su madre observó a la réplica desvergonzada y femenina de su padre con el mismo gesto de desaprobación que ponía Aub Ferdinand cuando intentaban explicarle cosas de sentido común en la Tierra. Luego la sonrisa noble volvió al rostro de su hermana mayor.
—Claro, la justicia debe ser tu principal preocupación, Fernestine, a otro grun con esa fruta fey.
—Si tú, nuestros hermanos o nuestro ducado estuvieran en serios problemas, no me importaría mezclar mi mana con todos los malditos bastardos que tuviera que hacerlo con tal de sacar la verdad y tener una razón de peso para devolverlos a piedras o encerrarlos en la torre blanca… o mandárlos al sótano de la Torre Blanca, ya sabes, nada como una buena tortura Alexandrina para someter a cualquier escoria.
El gesto de Dulcinea se relajó a diferencia del de los gemelos, quienes miraban horrorizados de una a otra hablar con tanta calma sobre cometer asesinato o tortura, siendo la mezcla de mana algo… más horrendo… que lo anterior.
—{Vaya mentalidad de mierda tienen aquí} —se quejó Umi en susurros.
—{Cállate y sonríe, hermanita. Ninguna sabe que nuestro padre mezcló su mana con ambos}
Umi se llevó una mano a la mejilla, imitando a su madre y a la caballero Angélica, la madre del primo Diederick antes de mirar a las dos adolescentes con cara de confusión.
—Hermanas… no entiendo que es eso de "mezclar el mana".
Las dos chicas se sonrojaron de repente. Dulcinea miraba a todos lados con la cara roja y una mirada de angustia sin que su sonrisa noble cayera de su rostro. Era un manojo de nervios.
—Ahm, bueno, ustedes son todavía muy jóvenes, ni siquiera han sido bautizados, así que… ahm… ¿Fernestine? ¿ayuda?
Fernestine se cubrió la cara un momento antes de ponerse en pie, detenerse detrás de Umi y susurrarle al oído algo que la hizo poner una cara todavía más confundida.
—¿El invierno? ¿qué no llega de todos modos cada año? ¿no es cuando ustedes se van a la Academia?
Kai se sentía tan confundido como su hermana. Dulcinea estaba aún más roja y no dejaba de mirar a la puerta como esperando que alguien entrara a rescatarla… o que nadie entrara y los oyera.
Fernestine se agachó de nuevo, susurrando otra vez al oído de la pequeña cuyos ojos se abrieron bastante, sonrojándose antes de mirar a sus hermanas mayores y luego a su hermano gemelo.
—¿Umi? —inquirió Kai, ladeando la cabeza en confusión.
—{Mezclar mana parece ser algo sexual} —dijo la niña en español, temiendo que su padre se asomara de un momento a otro— {¡y ese lunático que tenemos por padre se encargó de mezclar su mana con el nuestro sabiendo eso!}
—{¿No es eso algo bastante pervertido?}
—{¿Deberíamos decirle a mamá? Parece tener más sentido común que los demás y creo que tiene un rango más alto que papá}
Kai se cubrió la cara con las manos antes de sonreírle a sus hermanas mayores, las cuales los miraban de un modo extraño, como siempre que hablaban entre ellos en español o en inglés.
—Gracias hermanas, lamentamos mucho haberlas incomodado de este modo —dijo Kai antes de tomar a Umi de la mano y jalarla un poco.
—Creo que no me siento muy bien por la impresión —se disculpó Umi acunando su cabeza antes de bajar con cuidado al mismo tiempo que Kai.
Acto seguido, los dos niños hicieron una reverencia de brazos cruzados a sus hermanas y luego salieron de la habitación, siendo escoltados por sus respectivas niñeras.
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Cuando los gemelos se dieron cuenta, sus padres les habían dado unos anillos para que pudieran practicar a dar bendiciones de saludo. No era difícil mover su mana, no después de haber jugado tantas veces con la snitch que su madre tenía en la sala de juegos. Umi recordó que no había dejado de jugar con la pequeña pelota plateada de alas largas la primera semana, recordando con fuerza las películas de Harry Potter y los juegos de quiditch.
Esos dos años habían sido fructíferos para ambos. Habían aprendido a hablar japonés de modo fluído, además del español. Habían aprendido a esconder sus emociones con demasiado éxito y habían aprendido a escurrirse por los pasadizos del castillo. En ese tiempo habían sentido un poco de miedo y asco por su padre, al menos, hasta que hablaron con su madre sobre la poción usada para leer las mentes, calmándose después. Los dos habían aprendido a preparar pociones sencillas de recuperación y la poción de sincronización, la cual habían usado una sola vez cuando al fin encontraron donde ocultaban sus padres los aros para leer la mente.
Habían aprendido a comportarse como nobles y como plebeyos debido a las visitas que realizaban a sus familiares de la ciudad baja cada temporada… y habían descubierto el secreto de su madre y los niños devoradores. Nunca hablaban de ello aunque no parecía que fuera a ser algo escandaloso en Alexandria, donde los niños con devorador de su edad podían ser adoptados por familias nobles o desenvolverse en el Templo como Túnicas Azules. Su madre incluso tenía un programa de ayuda para las familias con niños con devorador, a quienes daban chequeos médicos y herramientas gratuitas.
Un par de semanas después, sus hermanos se habían reunido para tomar el té con ellos… solo sus hermanos biológicos. Al parecer, todos tenían mucho que recomendarles para sus bautizos y algo que ninguno de ellos sabía se reveló.
—Asegúrense de dejar salir bastante mana durante la bendición —los instruyó Dulcinea—, pero háganlo por turnos. Ustedes nacieron con un mana laynoble, mamá y papá estaban muy preocupados porque tendrían que haberlos enviado al Templo, darlos en adopción por separado u ocultarlos, sin embargo…
—Papá nos dijo hace poco que ustedes necesitan hacer todo un despliegue de bendiciones —interrumpió Perséfone con la preocupación pintada en la cara—, parece que muchos nobles creen que ustedes no tienen mana suficiente para ser candidatos a archiduque debido a que son gemelos… nacidos de un quinto embarazo.
—Y pase lo que pase, compórtense —los sermoneó Aragorn—, deben impresionar a los nobles… ¡a todos ellos! De lo contrario podrían provocar algunos "accidentes" graves entre los asistentes de aquí a su debut en el invierno… y falta demasiado para que sea invierno, así que…
—{Oh, vaya. ¿Crees que papá asesine a cualquiera que diga algo contra nosotros?} —murmuró Kai.
—{Luego de teñirnos, me sorprendería más que no lo hiciera}
Ambos niños se rieron un poco de su propia broma antes de mirar a sus hermanos.
—¡Nos portaremos mejor que todos ustedes! —afirmó el par con las espaldas derechas y sonrisas nobles idénticas y escalofriantes por alguna extraña razón.
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La ceremonia de bautizo pasó con rapidez.
Kai había sido bautizado con el nombre de Jonathan y Umi con el nombre de Josephine, portando anillos idénticos al de su padre que los hizo sonreír a ambos.
Siguiendo las advertencias de sus hermanos, Jonathan vertió cerca de la mitad de su mana en la bendición que dio al Sacerdote Harmut y luego Josephine hizo exactamente lo mismo, sonriendo complacidos al escuchar las exclamaciones de asombro de los nobles de Alexandría… era la tercera vez que los oían exclamar, la primera había sido cuando se anunció que ambos eran siete colores… lo que fuera que eso significaba.
Cuando los saludos se terminaron y la fiesta terminó, los niños se quedaron con sus padres en una habitación de un pasillo a medio camino a sus nuevas habitaciones. Era hora de que los separaran.
—Me alegra mucho que ambos se hayan comportado a la altura, me hacen sentir orgulloso —dijo Ferdinand mirándolos con aprecio a los dos.
Josephine se llevó una mano al pecho, conmovida porque nunca había recibido esas palabras antes en ninguno de los dos mundos, abrazando a Ferdinand un poco después.
—Gracias, papá. Nos esforzamos mucho.
Jonathan se sentía sonrojado y conmovido también. Sus últimas interacciones con sus padres en la Tierra no habían sido muy agradables. No después de que abandonara sus estudios para dedicarse al surf y otros deportes por completo.
—¿Yo también te puedo abrazar, papá? —preguntó el niño en un tono juguetón, sorprendiéndose un poco y sonriendo cuando el otro brazo del Aub de cabellos claros se abrió para él.
—Adelante, Kai.
Los dos niños no pudieron evitar abrazar al hombre con mucha fuerza antes de voltear a ver a su madre y abrazarla también. Había tomado bastante tiempo, pero en definitiva, ambos sentían ahora que esa era su familia y que no podían estar más bendecidos por los dioses de ese o cualquier otro mundo.
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Notas de la Autora:
Hoy es noche vieja, así que para despedir al 2022, les he traído a los problemáticos gemelos de Rozemyne y Ferdinand... y bueno... igual que con Rozemyne, nadie sabe que esperar con este par, jajajaja, amo escribir sobre ellos, es de quien tengo una mejor imagen de qué es lo que les va a pasar, en definitiva.
Espero que hayan disfrutado con este larguísimo capítulo y me alegra confesar que este capítulo y estos gemelos van dedicados para todos los lectores de Semillas de Blueanfah, La Flor y el Demonio, y por supuesto, Los Dioses del Amor. De mi para ustedes como regalo de año nuevo.
¿Qué otras travesuras van a realizar este par de locos reencarnados? ¿Reinventarán algo como su madre? ¿Sobrevivirá Ferdinand a tres reencarnados con un sistema de valores y sentido común completamente diferente al de Yurgensmich? Bueno, solo hay una forma de averiguarlo, jejejeje.
Muchas gracias a todos por sus favs, follows y reviews, en verdad lo amo y los leo todos. Sigan disfrutando de este precioso fin de semana, de la fiesta y recuerden descansar mañana.
SARABA
