LA CORTE DEL VERANO
NOTA 1: Este es el capítulo más largo hasta el momento, espero no aburrir, pero no encontré manera de cortarlo.
CAP.11: El Señor del Inframundo
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El concepto de la muerte era una cosa… peculiar, en la Isla.
La primera vez que Mal fue consciente de estar expuesta ante eso, fue cuando vio a Maléfica apuñalar a Cruella.
La sangre salpicó el rostro y el vestido de su madre siguiendo el patrón impuesto por la daga que entraba y salía del cuerpo. La risa de Cruella se deshizo en gorjeos conforme la sangre se acumuló en su garganta.
Mal huyó aterrorizada. Pasó la noche sin poder sacar de su mente los ojos abiertos y vacíos del cadáver en el piso.
A la mañana siguiente, se encontró con Cruella de pie en medio del pasillo. Mal se congeló.
CRUELLA: Hola mi alma
La saludó alegremente, como si no tuviera todo el vestido y el abrigo duro por la sangre seca, como si el vestido no estuviera desgarrado y dejara ver un mapa de cicatrices en el pecho.
CRUELLA: Estás to pálida cría, ven pa acá que te voy a conta' un secretico, tiene que ver con fantasmas en tu casa.
Se dio la vuelta, riendo estridentemente, dejando a la chica asustada en las escaleras.
La segunda vez, fue en la sala común de los Cazadores.
Pegadas en la pared, junto con las cabezas de leones, hienas y osos, había cabezas humanas. Incluso algunas se repetían más de una vez. Mal se quedó de pie observando los trofeos, esperando que fueran falsos.
CAZADOR: Impresionante, ¿no?
Un hombre mayor se paró junto a ella, llevaba puesta una chaqueta de aviador y sostenía parte de su peso en un bastón.
CAZADOR: ¿Quién diría que aquí la caza de humanos sería algo real? Los que diseñaron esta prisión o eran idiotas o muy crueles. Muchos nos hemos vuelto peores de lo que éramos antes de entrar.
MAL: ¿P-por qué hay más de una?
CAZADOR: Porque regresan, y podemos volver a cazarlos.
La tercera vez, lo vio con sus propios ojos.
Estaba en el vertedero principal, buscando suministros o alguna cosa de interés, cuando cayó del cielo un cadáver mutilado. Casi la aplasta y mal miró hacia arriba, hacia el acantilado, para ver cómo unas sombras se alejaban. Eran prácticas comunes por algunos grupos en la isla.
El cuerpo estaba decapitado y con signos visibles de tortura. A sus once años, tristemente, ese no era su primer cadáver en aquellas circunstancias. Asqueada, Mal se dio la vuelta para irse, pero un resplandor le hizo voltear al instante. Un fuego azul envolvía partes del cuerpo y formaba una gran flama donde debería estar la cabeza. Pero a pesar de que estaba en llamas, la basura de alrededor no ardía, tampoco Mal podía sentir el calor de las llamaradas.
Duró escasos segundos. Cuando las llamas se apagaron, había de nuevo una cabeza, con una gruesa cicatriz en forma de collar alrededor del cuello. El hombre se sentó de golpe y abrió los ojos, tenía la mirada perdida, sus ojos divagando en diferentes direcciones. Cuando se centraron finalmente, el hombre se puso de pie, ignorando a la chica. Caminó como borracho perdiéndose entre montañas de basura.
Con el tiempo Mal aprendió que nadie moría en la isla. Por lo menos no de la forma tradicional. Cada vez que alguien moría de lesiones, regresaba, pero no entero, perdía un fragmento de su mente. Algunos habían regresado tantas veces que prácticamente estaban catatónicos. Una muerte en vida. Otros, como Cruella, habían desarrollado altos niveles de locura.
Morir por enfermedad era lo peor, porque significaba quedar atrapado en un ciclo infinito de dolor, donde morías y revivías hasta que de la mente quedaba sólo sopa.
Matar por diversión o frustración fue popular en los primeros y desenfrenados años de la isla.
Las cosas se habían estabilizado y reglamentado conforme los prisioneros aprendían que estaban atrapados juntos, y ya no se permitía matar en la vía pública. Si apuñalabas a alguien mientras realizaba su vida social rutinaria, los transeúntes tenían el derecho de lincharte ahí mismo. Si de alguna manera lograbas escapar, te convertías en la presa de los Cazadores. Era la brutal ley que el grupo de Maléfica había impuesto a base de la violencia.
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Mal entra en el Salón del Té nuevamente. Está vacío, salvo por los sillones que arden.
La placa de cristal, derretido y solidificado de nuevo, está atravesada por varias grietas, semejantes a raíces, que la parten en bloques de diversos tamaños. La chica tiene cuidado de esquivarla con sus pies descalzos.
Avanza por el salón y se encuentra a Hades recostado en el suelo. Su ropa humea y su cabello azul está despeinado. Tiene los ojos cerrados mientras tararea, las cadenas de sus botas siguen el ritmo impuesto por su mente. Se ve bastante alegre para haber sido molido a relámpagos. Cuando se percata de su presencia la saluda con entusiasmo.
MAL: Papá, tenemos que hablar.
El hombre la mira con curiosidad antes de sentarse en el piso. Señala sus labios cosidos.
MAL: Voy a romper la maldición, pero a cambio quiero que me digas la verdad.
Su padre le da una mirada inquisitiva, entrecerrando los ojos.
MAL: Quiero saber sobre Auradon
Él levanta las cejas sorprendido. Luego ríe y hace un signo de "ok" con la mano.
Mal extiende su mano tal como vio al Hada Azul hacerlo.
MAL: Deber ser un trato real. Necesito la verdad.
Él golpea su propia frente con la palma de la mano. Se pone de pie para caminar de un lado a otro de la habitación, pensativo. De vez en cuando voltea a ver la mano aun extendida de Mal y luego su rostro.
MAL: Sí, papá, estoy segura.
La joven reina entendía que estaba a punto de firmar un "contrato" hecho de magia antigua y poderosa. Uma le había explicado las bases de eso, era el tipo de contratos que su madre, la bruja del mar, hacía antes de terminar en la isla. Dependiendo de las cláusulas que se agregaran, acreedor y deudor estaban obligados a obedecer, o en caso de que uno faltara a su palabra, se invalidaba el trato. Ella sólo quería una plática honesta a cambio de romper una maldición.
Hades mueve una mano y en el humo que crea aparece la ilusión de un sol saliendo entre unas montañas.
MAL: ¿Qué significa eso? ¿el amanecer? ¿Por qué no puedes hablar en mi cabeza como lo haces con mamá o el Hada Azul?
Un estallido, formado por una palabra –"Peligroso"-, golpea su cabeza haciendo que se tambalee. Siente que se desvanece y pierde el piso. Su padre la sostiene antes de que caiga. Su cerebro se siente como si lo hubieran metido a una lavadora. Limpia su nariz con el dorso de la mano para descubrir que sangra.
MAL: Bien, ya entiendo por qué. Cielos, ¿cómo ellas lo aguantaron? Supongo que tendremos que jugar a las charadas.
Después de algunos intentos, Mal descubre que él dirá la verdad sólo hasta el amanecer. Ella está de acuerdo con eso. Vuelve a extender su mano y él la toma. Un destello de luz se crea en ambas palmas, un choque eléctrico recorre el brazo de Mal y ella se separa de golpe con la mano entumida. Su padre ríe.
Mal sabe el tipo de maldición con la que está tratando, así que en teoría debería ser capaz de romperla. Extiende su mano no entumida para concentrar su magia. Los muebles cercanos vibran junto con los bloques de cristal del suelo.
MAL: Yo te libero del mal que te aqueja, para que seas sincero con quien… te despeja.
Una mala rima, lo admite, pero al menos es efectiva: los hilos mágicos se rompen, desapareciendo con un chasquido.
Su padre exhala aliviado, haciendo tronar su quijada.
HADES: ¡Al fin! Cielos, chica, gracias por esto. ¿Cómo está mi aliento?
Él vuelve a exhalar ahora en sus manos acunadas.
HADES: Terrible, como siempre. Genial. Si seguía sin poder decir nada te juro que me petaba la patata, así sin más, muerto en el suelo. Por suerte soy un dios y realmente no puedo morir por esas mierdas.
Él se acerca para poner una mano sobre su hombro.
HADES: Hiciste un gran servicio, chiquilla, eres bastante eficiente, no como los zánganos de mis esbirros, que mira que echar agua al aceite caliente-
Por supuesto, quitar la maldición significa lidiar con la particular forma de expresarse de su padre, que iba desde los galimatías hasta las guarrerías.
MAL: Pá, ¿podemos hablar ya?
HADES: Claro, claro, pero no aquí, no puedo. Literalmente. Choca con otro contrato. Así que perdóname por esto.
Él la empuja hacia adelante y de repente Mal se encuentra envuelta en una niebla negra, invadida de un terrible sentimiento de vértigo.
Cuando la niebla se disipa ya no está en el castillo. Ni siquiera cree que esté en Auradon.
El aliento se le va ante la nueva opresión que siente en el pecho y tiene que luchar contra la agitación de su cuerpo.
La tierra bajo sus pies descalzos es gris y fría, iluminada sólo con destellos de azul fluorescente. El aire es denso y se le atora en los pulmones.
El sonido, que hace eco en las paredes de piedra, como si el lugar no fuera más que una caverna, es lo peor: miles de quejido en una sinfonía de lamento.
Siente que va a comenzar a hiperventilar.
HADES: Cálmate. Respira hondo. Pasará.
Su padre coloca las manos sobre sus hombros. Lo escucha detrás suyo, pero algo no se siente bien. Las manos son demasiado frías, los dedos demasiado largos y huesudos.
HADES: No te vayas a asustar, Mallie. Te juro que soy yo.
Mal se da la vuelta y retrocede violentamente, porque eso no puede ser su padre. Se alza sobre ella, más grande y ancho que antes. Su piel tiene el color de los cadáveres, gris y ajada, aferrada a unos músculos fuertes. Un fuego azul brilla sobre su cabeza en lugar de cabello, mandando sombras sobre el rostro. Desde su posición en el suelo, Mal sólo puede notar las pupilas negras sobre unos ojos amarillos sin iris. No había resplandor alguno en ellos, ojos enfermos de ictericia, ojos profundos como las tinieblas.
MAL: ¿Qué-quién?
HADES: Hades 'El Invisible', Rey y Señor del Inframundo, Dios de los muertos, uno de los doce olímpicos y blah blah blah, muchos títulos nobiliarios y demás pendejadas. Pero tú dime sólo papá, es mi título preferido.
Le da una sonrisa de vidrios rotos sobre unos labios azules e hinchados, como los de los ahogados. Aterrador.
La chica traga saliva, el corazón se le baja al estómago y le vuelve a subir al pecho. Es incapaz de proferir palabra alguna.
No era sólo su apariencia física, era su presencia; inquietante como un abismo sin fondo, desoladora como una noche sin estrellas. El letrero que anuncia el fin del camino.
Quizá era eso a lo que Lumière se refería cuando hablaba de la angustia filtrándose en la mente.
HADES: Esta es mi forma divina.
Dice, limpiando con el meñique algo entre sus filosos dientes. A su voluntad, dos tronos de piedra se levantan del suelo, uno tras ella y otro tras él.
Su padre se desparrama sobre el asiento, subiendo un pie en él y poyando su peso en el reposabrazos. Él invoca un puro a través de la neblina negra. Chasquea los dedos de una mano para encender el pulgar con una llama amarilla.
HADES: Entonces, ¿qué transita por tus venas?
Mal sonríe a medias, tratando se mantener la calma. Nunca antes la presencia de su padre la ha inquietado. Trata de concentrarse en la sensación de familiaridad, en la canción de cuna y no en la vorágine de oscuridad. Regula su respiración y logra sentarse en el trono tras ella.
HADES: ¿Ya pasó? Perfecto, era cuestión de que aflojaras y cooperaras porque la primera vez el Inframundo la mete de golpe.
MAL: Eres un guarro
HADES: Y si escucharas lo que le digo a tu madre cuando me la-
MAL: Basta.
HADES: Perdón, perdón, estamos en confianza y estoy obligado a decir la verdad. ¿Qué quieres saber?
Le da unas cuantas caladas al puro. Ya no trae puesto sus pantalones de cuero ni la chaqueta, todo su estilo punk-rock desaparece en favor de una toga oscura que arrastra hasta el suelo, donde se desvanece en neblina. Expulsa el humo del puro en una columna frente a él y el fuego de su cabeza hace que brille como nubes en una noche eléctrica, semi ocultándolo.
Parece una figura distante e irreal.
Es su padre sí, pero también es un dios. Y Mal está teniendo problemas para reconciliar ambas partes. El coro de voces lamentándose en el fondo no ayuda a concentrarse.
HADES: Te escucho. Pero eso sí, tienes que ser bastante específica porque me han dicho que suelo divagar un poco, yo no estoy de acuerdo con esa afirmación, deberías escuchar al Radamantis, ese cabrón sí que divaga, una vez fui a preguntarle sobre el destino de un alma que no aparecía en los registros, te estoy hablando de antes de que Hécate fuera obligada a ser la contadora del Inframundo, entonces fui a preguntarle de esta alma que se había traspapelado y Radamantis habló durante tres días enteros sobre lo desgastante que era su trabajo y que quería un aumento de sueldo y se atrevió a darme ideas para mejorar sus condiciones laborales metiendo al Minos a la conversación, yo así de 'ya, cállate cabrón, tampoco vengas organizando, que no has administrado en tu puta vida'-
MAL: Papá, estás divagando
HADES: ¿Lo estoy? Oh, lo siento. Empieza a preguntarme o me distraeré con otra cosa, ya me ha pasado antes, digo, Echidna me lo ha dicho algunas veces, como esa-
En este punto Mal comenzaba a creer que mejor hubiera planeado sus preguntas porque una noche parecía que no le iba a alcanzar. Tendría que improvisar sobre la marcha.
MAL: Pá, pá, dime qué sabes sobre las hadas.
HADES: ¿Sobre las hadas? No mucho. Sólo que son criaturas ligadas a la naturaleza, súper caprichosas y volubles, no mueren de vejez ni enfermedad. Ah, y no tienen alma. Cuando las matas sólo ¡puff! desaparecen
MAL: ¿Qué? Pero mamá murió y revivió
HADES: Tiene el alma de un dragón.
MAL: ¿Y yo?
HADES: Tienes un alma divina, cortesía mía, de nada.
Mal suspira aliviada, era bueno saber que sí tenía alma. La idea de no tenerla era inquietante, por decirlo suave.
MAL: ¿Auradon es un proyecto de las hadas? Siempre nos dijeron que Adam y Bella habían organizado todo el día de su boda.
HADES: Mija, no creas todo lo que sale por la caja idiota. Para ser honesto no sé de quién fue la idea original ni cómo surgió, cuando el Rey Bestia me contactó, Auradon ya estaba creado.
MAL: ¿Te… contactó? ¿para encerrarte en la isla?
HADES: Por el Estigia, no. No es como si hubieran podido someterme, hola, soy un dios y este es mi dominio.
MAL: Pero… okey. ¿Para qué te buscó?
Su padre toma una larga calada de su puro. Se toma unos momentos para liberar una parte del humo en forma de un aro que empuja hacia Mal, se vuelve más grande conforme se acerca a la chica. Él libera el resto del humo en una columna hacia el aro, engrosando su marco con rapidez, como si se incendiara. Dentro del aro se forma una imagen, Mal se inclina hacia adelante para poder ver mejor: Es el Rey-Padre Adam, junto con el Hada Madrina, el Hada Azul y otra hada que Mal no reconoce. La imagen desaparece cuando el humo se estrella contra su rostro. Mal toce y aleja los restos con una mano.
HADES: El Rey Bestia vino al Inframundo, sin invitación, acompañado de tres hadas que actuaban como sus abogados. Me propusieron un contrato bastante interesante.
MAL: ¿Cuál?
HADES: Llegaron con una lista de nombres, fechas y lugares. Querían que yo reviviera a las personas de la lista a cambio de dejarme pasear libremente por las tierras que ellos llamaban Auradon. Tenía siglos sin ver la luz del sol ni sentir su calor, así que yo acepté. Pero no de inmediato, había varias cláusulas que negociar.
Mal se echa para atrás en el trono, sorprendida.
MAL: Tú… ¿no estabas encerrado en la Isla de los Perdidos?
Él apoya la barbilla en una mano y le sonríe.
HADES: No.
MAL: Pero, no tenías poder.
HADES: Era una de las cláusulas. Pasearme con un disfraz de mortal, sin poder. Pero nunca se estipuló que no podía tener objetos encantados, así que me llevé mi brasa. Las hadas no son las únicas que se mueven en los vacíos legales.
MAL: La lista, ¿eran los villanos y sus secuaces?
HADES: En parte. Había otros nombres también, gente que murió en batalla contra ellos.
MAL: ¿Cuántos?
HADES: A ver… había unos… 1500 nombres. Más o menos. Fue un papeleo infernal. El Infierno, por cierto, es el vecino del piso de abajo, o sea, no literalmente porque es un plano de realidad diferente, pero el concepto va por ahí-
Mal ya no le escucha, lleva las manos al rostro para cubrir su asombro y conmoción.
MAL: ¿De verdad no estabas encerrado en la isla? ¿eras un simple mortal por gusto?
HADES: Oye, oye, oye. Yo no era un simple mortal, ¿sí? Era uno bastante sexy, y pues no estaba así como que tú digas al 100% sin mi poder. Lo disminuí al mínimo, pero todavía podía hacer uno que otro truco en la isla.
MAL: ¿Y entrabas y salías a tu voluntad?
HADES: Claro. Era capaz de abrir una puerta al Inframundo en la mina.
Mal se quedó en silencio, mirándolo con la boca abierta. Conocía lo que la gente murmuraba en las calles de la isla, que Hades estaba encerrado con ellos por intentar apoderarse del Olimpo, lo repetían constantemente porque los hacía sentir mejor, si un dios estaba atrapado ahí sin lograr salir, ¿qué podían esperar los mortales?
Pero no era verdad. Las implicaciones de eso pondrían a la isla y a Auradon de cabeza: su prisión perfecta tenía una puerta trasera. Tantos años buscando una salida, tanto esfuerzo invertido por tantos grupos diferentes, para que al final resultase que su padre tenía la llave. ¿Qué pensarían de eso? Oh, cielos, ¿qué pensaba Maléfica sobre eso? ¿lo sabría?
Hades continúo fumando, mirando hacia un costado mientras se rascaba el vientre, en una especie de grosera indiferencia ante la gran revelación que acababa de hacerle.
HADES: Antes de que me juzgues debes entender algo. Mi familia, digo, nuestra familia, es… complicada. Tenemos puñaladas por la espalda, complots, parricidio, fratricidio, incesto y relaciones tóxicas. Mi último ataque contra el Olimpo quizá fue un poco excesivo, liberé a los titanes, esclavicé a los dioses, aterroricé Grecia como un efecto colateral, hasta que tu primo, Tóntules, me venció. Cuando salí del Estigia, uh, digamos que mis hermanos se tomaron muy a pecho mis acciones. Bah, como si la abuela no hubiera intentado matarnos a todos antes, como si no se hubieran agarrado a golpes en Troya. Entonces estuve bajo arresto domiciliario unos, no sé, perdí la cuenta después de los dos mil años. De hecho, en teoría, todavía estoy bajo arresto domiciliario, no debería estar correteando fuera del Inframundo.
Mantenía el puro en su boca mientras hablaba, soltando el humo entre las palabras. Mal no entendía cómo no se atragantaba haciendo eso, de sólo verlo ya sentía el cosquilleo de la tos en su garganta.
En cuanto al comentario sobre la familia… bien, Mal no estaba particularmente interesada. Las familias grandes eran problemáticas. Y por lo que recordaba de mitología y las clases de realeza con Ben, el Olimpo era una familia particularmente grande y el doble de problemática, que, por suerte, había perdido el interés en la Humanidad en los últimos siglos. Además, por lo que Herkie le había dicho -uno de los hijos de Hércules que sobrevivió-, eso era lo mejor.
HADES: La razón por la que el trato era tan bueno es porque Auradon tiene varias barreras a su alrededor, una de las cuales oculta toda actividad a cualquiera del exterior. Ni la clarividencia puede penetrarla, por lo tanto, ni los dioses pueden saber lo que sucede dentro. Otra barrera tiene un efecto muy curioso, ves las tierras pero no te interesas en ellas e inmediatamente las olvidas, o sea que las ves pero no las ves. Luego tiene otra barrera que es como una especia de distorsión espacial, que hace que cualquiera que venga del exterior y accidentalmente cruce un límite de Auradon, sea transportado hacia otro de los límites en línea recta, y junto con el efecto de la segunda barrera ni tan siquiera lo nota.
MAL: Wow, ¿qué? A penas si te entiendo… Dices que Auradon ¿está aislado del resto de mundo? ¿Pero qué pasa con los aliados que no forman parte de Auradon, como Arendelle?
HADES: Deben estar en proceso de anexión o tener un contrato diferente porque no fueron parte de los reinos originales, ¿qué importa?
MAL: Papá, es como si me dijeras que Auradon no es más que una prisión gigante también, algo no muy diferente a la isla.
HADES: Más bien una jaula. Una con sol. Ahh, por el Aqueronte, cuánto extrañaba el calor del sol-
Su padre, por supuesto, pasó de un tema a otro como quien ojea un periódico un sábado por la mañana, dejándola sola en su conmoción. Mal hizo todo lo posible para seguirle el ritmo, tomando todas las notas mentales que pudo.
HADES: …Digo, los muertos no son la mejor compañía. Chillan y chillan: Ay por qué estoy muerto, ay no quiero morir, ay esto es injusto, ayúdenme, sálvenme. Luego están los que te dan las gracias, los que son optimistas o también los aduladores. Después de siete mil años de hacer este trabajo, Mallie, te comienza a dar igual. Las voces de agradecimiento y los llantos desesperados no significan absolutamente nada. Necesitaba un descanso, unas, ¿cómo le llaman? Ah, sí, vacaciones. Las moiras estaban de acuerdo. Esas viejas harpías de seguro lo sabían. Siempre saben, se les sube a la cabeza.
MAL: ¿Saber qué?
HADES: Que me sentía solo.
El dios se da cuenta de lo que dice y cubre su frente con una mano, sus mejillas se pintan de un azul oscuro.
HADES: Por el Cocito, esto de decir la verdad puede ser humillante.
Él da una última calada a su puro y exhala el humo sin mirarla, perdido en algún pensamiento.
Mal frota sus brazos dándose cuenta de que el lugar es frío. Trata de concentrarse en la llama en su interior, debe hacerlo con mucho cuidado para no vomitar fuego por accidente, sólo necesita calentarse. Exhala un poco de gas amarillento, el que con una chispa se enciende, y lo deja fluir en una delgada columna sobre su cabeza, imitando levemente a su padre. Ahora que observa el techo rocoso se da cuenta que no se equivocó en su primera apreciación, el Inframundo es una gran caverna. De hecho, la luz parece venir del suelo y no de arriba. Baja la mirada hacia su derecha, a lo que parece un río, sus aguas resplandecen en un tono verdoso, con algunos fuegos fatuos bailando sobre él.
No hay viento en el Inframundo, ni sol, sólo aullidos de dolor y una oscuridad sempiterna, ¿quién no se sentiría solo en un lugar así?
HADES: ¿Sabes? Estuve casado antes. Antes de tu madre, quiero decir.
Su padre habla, atrayendo su atención.
HADES: Este lugar me hacía sentir incómodo al principio, me recordaba la barriga de mi padre. Uno diría que el interior de un titán hijo de la tierra y el cielo sería más cálido, pero no, era frío, desierto y solitario. Y grande, vagué mucho tiempo antes de encontrarme con mis hermanas, tanto que comencé gateando y aprendí a caminar en el proceso… Creo que estoy divagando otra vez, ¿lo estoy haciendo? El punto es que no quería estar aquí, no es como si yo hubiera elegido ser el Dios del Inframundo, pero si iba a serlo iba a estar acompañado. Busqué esposa, mis hermanos menores ya se habían casado, estaba tardándome. Entonces encontré a esta chica, era preciosa y pequeña, de bolsillo. Al principio creí que era una ninfa, ¿sabes? Porque amaba a los animales y las plantas. Resultó que era mi sobrina. Sin problema, me caso con quien me salga de la riata.
MAL: Eso es de muy mal gusto, pero continua.
HADES: Me casé con ella y era fantástica, linda, dulce y de buen corazón. Y al final, creo que ese fue el problema. Ella era demasiado buena y yo era yo. Vulgar, cruel. Maldición, yo disfrutaba y aun disfruto torturar a las almas del Tártaro, y ella se entristecía y lloraba. Pero quería que funcionara, así que intenté cambiar. Pero no puedes cambiar lo que eres, no sin destruirte primero.
Mal cierra los puños sobre sus rodillas, de pronto la plática se siente demasiado personal y sus pensamientos se desvían hacia Ben en la peor manera posible. Lo mantienes junto a ti porque te hace sentir bien o segura. Tu matrimonio son las acciones de una niña impulsiva que necesita desesperadamente que la quieran. Lo amas como se ama a un perro. Ya ni tan siquiera podía diferenciar entre lo que había dicho su madre y sus propios pensamientos intrusivos.
HADES: … la dejé ir, ¿por qué tenía que obligarla a estar en este lugar y sufrir conmigo? Nah, dejé que pasara fuera la mitad del año, con el sol y las plantas y los animales que tanto amaba. Aquí no hay nada de eso. Y el tiempo, cada vez, se extendía más, siete, ocho meses. De repente ella estaba embaraza, lo cual fue un poco extraño porque no me di cuenta, como dios puedo controlar esas cosas. Me hizo feliz aún así, tuvo a mi querida Makaria.
Mal alza la mirada con los ojos abiertos. Por supuesto, él tenía más de siete mil años, claro que tendría otros hijos.
HADES: Pero me enteré que Zeus, mi hermano, se había hecho pasar por mi y había engañado a mi esposa, que, por cierto, también es su hija, concebida con nuestra hermana Deméter. Así que Makaria no era realmente mi hija. Perséfone estaba devastada, no fue su intención. Eso terminó de sepultar nuestra relación, pero yo no podía odiarla, ¿cómo podría? De hecho, el único arrepentimiento que tengo en mi vida no es el haber invado el Olimpo, naaah, eso lo hago cualquier día, de lo que me arrepiento profundamente es de jamás haberle dicho de frente a Perséfone lo mucho que la amé y lo bien pinche importante que fue en mi vida, en otra realidad hubiera funcionado. Pero, ¿de qué estaba hablando? Ah sí. Volqué mi odio hacia mi hermano ¿y sabes qué hizo? Muy quitado de la pena me dice 'No te lo tomes tan en serio Hades', 'Fue una broma hermanito'. Ah, que mi madre me perdone, pero él es un hijo de puta, y como odio que me diga hermanito, yo soy el mayor, carajo. Luego se preguntan por qué quiero derrocar al desgraciado, y me juzgan cuando quiero quemar el Olimpo hasta los cimientos.
MAL: Espera, espera… dices que tu hermano se metió con tu esposa, que además es su hija… eso ¡es asqueroso!
Mal habla sin pensar, pero era lo que sentía de verdad. La situación estaba tan mal en tantos niveles que, de pronto, su papá no parecía un villano. De pronto, quemar el Olimpo sonaba bien.
Hades ríe, abiertamente y con ganas, llevando una mano a su frente.
HADES: Sí, lo es. Es asqueroso.
Se dobla ligeramente sobre su estómago, aún riendo, mas su risa está teñida con dolor.
HADES: Eres la primera que dice algo así. En el Olimpo lo consideran normal, y nadie jamás critica al Sr. Todopoderoso del Rayo.
Su padre se endereza en el asiento, limpiando las lágrimas de la comisura de sus ojos.
HADES: Gracias por eso, Mallie.
MAL: Cuando quieras, papá.
HADES: Y bueno, ¿tienes alguna otra pregunta?
Mal intenta pensar, pero su mente sólo se concentra en el hecho de que el mundo no era como ella creía. Ni los héroes ni los villanos, y ahora, incluso los dioses. No eran sinónimo de perfección, ni de pureza, ni tan siquiera eran imbatibles o ajenos al drama.
Se dio cuenta de que en realidad vivía en un vaso de agua. Creía que el camino que le enseñaron en la isla era todo lo que había, pero entonces salió, conoció otras formas de vivir y de pensar, aprendió que había alternativas. Auradon le parecía tan grande… y ahora era tan pequeño, tan insignificante, porque había un mundo aún más grande allá afuera. ¿Qué pensaría su pequeña yo de la isla de todo esto?
Ah, la isla, claro.
MAL: ¿Qué sucede con los muertos en la isla? ¿por qué vuelven?
HADES: Mira, todas las almas de la isla, las viejas y las nuevas, están marcadas. Y tenemos aquí un sistema de alerta que avisa cuando una cae. Entonces se le levanta y se le regresa al mundo de los vivos.
MAL: ¿Por qué regresan locos o tontos?
HADES: Revivir a los muertos va en contra del ciclo natural, lo muerto tiene que quedar muerto, es la política de todo dios de la muerte, ningún alma debe revivir porque el mundo no puede sostener tanta vida al mismo tiempo. Entonces lo que sucede en la isla es ilegal y antinatural, por lo tanto tiene consecuencias. Cada vez que levantamos un espíritu, una parte de él se queda aquí, donde debe estar. Un espíritu que se ha levantado varias veces ha perdido varios pedazos de su alma, eso se manifiesta de diferentes maneras.
MAL: ¿no se pueden volver a juntar esos fragmentos?
HADES: No lo hemos intentado. Y ahora no vale la pena, en el Inframundo vagan diferentes criaturas y los fragmentos de alma son una buena fuente de poder, así que los devoran.
MAL: Se pierden, para siempre… eso es… muy cruel. ¿Por qué lo haces? ¿qué sentido tiene si va en contra de tu trabajo? ¿no tendrás repercusiones por esto?
HADES: Hey, hey, para el coche velocista. En primera, yo no lo hago, lo hace Makaria, yo críe a esa niña como mía y es a la única a la que podría confiarle un trabajo tan delicado y peligroso como ese. En segunda, no fue mi idea.
MAL: ¿Entonces de quién?
HADES: ¿De quién va a ser? Del Rey Bestia. Tú crees que como héroe es amable y bonachón, pero es un maldito manipular, y tiene el sentido de justicia más retorcido y brutal que yo haya conocido.
La llama de su cabeza cambia de azul a amarillo, extendiéndose por el cuello y los hombros, manifestando su ira.
Mal no entiende el sentimiento tan visceral. Por otro lado, le cuesta trabajo asociar esa descripción de su suegro con lo que conoce de él. Sí, cuando está estresado es muy arisco y gruñón, pero nada que no haya visto en otros.
MAL: Por qué lo obedeces, ¿es parte del contrato?
HADES: Es parte de un contrato, sí.
MAL: ¿Cuál?
HADES: Uno que firmamos después. Resulta que se dio cuenta de que tener a lo peor de lo peor que las razas puede ofrecer encerrados en un solo lugar sin poder salir y sin supervisión, no era tan buena idea. Debiste haberlo visto, la costa de la isla se tiñó de rojo. Me "pidió", que fue más una orden, el descarado, que solucionara el problema. No le interesaba que esa gente se matara, le preocupaba que estaban escapando y no cumplían con su sentencia, el pago por sus crímenes. Así que firmamos un contrato, no tenía por qué hacerlo porque lo que él me ofrecía no me interesaba, pero acepté para expandir mi poder, cambié las cláusulas y pedí un lugar en su mesa de gobierno, junto a los reyes de los distintos reinos que forman Auradon. Aceptó a regañadientes. No se molestó en presentarme ante los reyes y les dejó creer que yo era una especie de hada, después de todo, él siempre estaba rodeado de hadas. A mi me parecía gracioso, y una vez me presenté con alas y orejas puntiagudas. Me encantaba fastidiarlos, sobre todo al Rey Bestia y a Stéfano, antes de que Felipe tomara su lugar.
El fuego aun crepita en su cabeza cuando invoca en su mano una copa llena de un burbujeante líquido color ciruela.
HADES: ¿Quieres algo de tomar?
MAL: No, así estoy bien.
HADES: ¿Segura? Es de la mejor cosecha de Dioniso, el cara-culo me manda bebidas cada cierto tiempo. Me agrada. Como sea, ¿algo más? El amanecer está cerca.
¿Lo estaba? Eso fue rápido.
Había una pregunta que había estado reservando para el final.
Ella suspira, acomodándose en su asiento.
MAL: Papá, ¿Por qué… te fuiste?
Él escupe el trago que había estado tomando.
HADES: Oh, vamos a tener esta conversación. Otra vez.
Y las veces que sean necesarias. Desde que Mal descubrió, a los 15, quién era su padre, le ha hecho la misma pregunta. Y en cada ocasión recibió una respuesta diferente; desde las convincentes –"Lo hice por tu bien, para no malcriarte con mi atención"-, hasta las dolorosas –"No estaba interesado en criar hijos"-, pasando por las absurdas –"Estaba perdido en combate, acabo de recuperar la memoria y regresar"- y las pendejas –"Fui a comprar cigarros y perdí la noción del tiempo"-.
MAL: Claro que Sí. Dime, ¿por qué te fuiste?
HADES: Ya te lo dije en algún momento. Porque no aguantaba a tu madre. Su rechazo, más específicamente. Y créeme, es insoportable cuando no me quiere cerca. Pero nunca me fui realmente, continúe en la isla, te vi crecer de lejos, jugar con tus amigos, defenderlos contra chicos mayores, realizar esas tareas complicadas. Me aseguré de que nadie te dañara cuando vagabas sola por la ciudad. Digo, sabías defenderte, pero eras tan… pequeña.
Mal lo mira con escepticismo. Él no puede esperar que ella crea eso. No cuando todas sus acciones apuntaban a que era como la mamá de Jay, alguien que simplemente se desligó de su hijo. Mal esperaba sólo una confirmación de eso.
MAL: Si lo que dices es verdad, entonces ¿por qué nunca te acercaste?
HADES: Oye, dudas como si no estuviera obligado a ser sincero por contrato. Y no me acerqué porque tu madre no deseaba que me acercara.
MAL: ¿Y le hiciste caso? ¿Sólo así? ¿sin pensar en mi?
HADES: Ay Mallie, ¿qué querías que hiciera?
MAL: No sé, quizá mostrar interés y luchar por mi, no sólo… abandonarme.
HADES: Creí que habíamos superado esto, nena. Además, piénsalo bien, ¿qué podía ofrecerte? ¿la mina? No hubieras crecido con tus amigos ni formado ese grupito inseparable. A lo mucho hubieras conocido a Celia y Freddie, las hijas de Facilier, que siempre rondaba por ahí atraído por mi poder. Y otra cosa, no hubieras sido seleccionada para ir a estudiar a Auradon, todo eso tuvo que ver con ser la hija de Maléfica, no la de Hades.
MAL: También pudiste haberme sacado de la isla.
HADES: ¿Y llevarte a dónde? ¿al Inframundo? ¿Al Olimpo? ¡Por favor!
MAL: A cualquier parte de Auradon, al parecer.
HADES: Eso hubiera sido difícil de explicar. Además, vamos, ¿Qué no eres feliz con tu vida actual? ¿tanto quieres cambiarla?
MAL: ¡Por supuesto que soy feliz! Es sólo que… hubiera sido lindo tenerte en mi niñez, en lugar de crecer, ya sabes, creyendo que no me amabas lo suficiente para quedarte.
HADES: Ay niña, ni al caso, lo que pasó no tiene nada que ver contigo.
Era difícil acepar eso. Más cuando Mal ha vivido con el sentimiento de no ser suficiente, de necesitar ser más o mejor de lo que es. Ha vivido con una angustia dentro que incluso a sus casi 21 años no logra desaparecer. Y aunque considera que ha avanzado en algunas cosas, la realidad es que se sigue estancando en lo mismo. Se dice a sí misma que ya es un adulto, que es hora de hacer las paces con el pasado, y cree que lo ha logrado… pero necesita tan poco para revivirlo. Las heridas que ya creía cicatrices pueden abrirse tan fácilmente.
Ama a sus padres, pero les tiene tanto rencor por el dolor que le han causado. Que contradictorio es para su corazón sentir alegría y enojo al mismo tiempo. Si tan solo pudiera sentir sólo un sentimiento. Reconoce que su relación con su madre es parasitaria, se alimenta más de su lástima que de su afecto. Reconoce que su relación con su padre es distante, porque aún no es capaz de perdonar su abandono.
HADES: Yo sólo… no quería pelear. Pero tu madre es necia como cabra y rencorosa como demonio.
Él termina su trago, recostándose en el trono con las piernas estiradas, como si de repente le faltara la fuerza para sostenerse. Deja su vista fija en la copa vacía.
Mal sube las piernas en el trono, para abrazarse las rodillas.
HADES: No deseaba mantenerme lejos, así que ni siquiera pensé en salir de la isla... yo tenía la esperanza de que, bueno, podríamos volver a ser una familia. Fui más feliz en esos seis años que en los últimos tres mil. Mierda. Tu madre siempre, de alguna manera, regresaba a mí. Pensé que eso tenía que significar algo. Pero sólo me hacía daño, y yo le hacía aún más daño en represalia.
Hace aparecer una botella a su lado, que flota mientras rellena su copa.
HADES: Ahh, joder, joder, joder, y aún con todo muero por tenerla entre mis brazos. Porque yo quiero a tu madre contra mi voluntad, pero la quiero muchísimo. Un poco de codependencia con sabor agridulce, como este vino.
Mece el líquido antes de beberlo de un trago. La botella flotante vuelve a llenar la copa y Mal quiere detenerlo, porque su mirada se ha ensombrecido y no le gusta la dirección que va tomando.
HADES: Soy un adicto. Adicto a ella, a su sabor, a su calor, a su personalidad de mierda, a cómo lleva el caos donde hay orden y el orden donde hay caos por mero capricho. La amaré sin dudarlo cada vez que ella me lo permita. Y si algún día se atreve a engañarme con otro hombre, le romperé el cuello y condenaré su alma a lo más profundo del Tártaro.
Rompe la copa al cerrar el puño. El líquido ciruela escurre por su brazo junto con la sangre. Su padre ve la herida con indiferencia, sólo arroja al suelo los cristales ensangrentados.
El fuego en su cuerpo crepita con un naranja intenso.
MAL: Mm, creí que estaban divorciados
Dice, sin realmente saber qué decir.
HADES: Lo estamos, ¿cuál es tu punto?
MAL: Nunca me ha parecido muy sano
HADES: No lo es. Me destruirá pieza por pieza y disfrutaré cada jodido momento, porque me la llevaré conmigo. Me pertenece, aunque ella crea que no.
Mal sonríe con ironía, apoyando su barbilla en las rodillas.
Ve al hombre delante de ella, no el dios, sino su padre, hecho de carne y sangre, como ella. Capaz de sentir, de amar, odiar y sufrir.
MAL: No sabía la mayoría de estas cosas. Hablas continuamente, pero nunca dices nada.
HADES: Lo sé. Así es más fácil.
Él se levanta del trono y camina hacia la orilla del río. Con una mano se empina la botella de vino, con la otra atrae varias piedras hacia sí, manteniéndolas flotando a su alrededor; toma una y la arroja sobre la superficie del río, creando algunas ondas con los golpes, antes de que una mano fantasmal tome la piedra y se hunda con ella. Mal se da cuenta que las aguas transportan miles de almas, los lamentos provienen de ahí.
El amanecer estaba cerca, había dicho su padre, pues al carajo. Estaban siendo sinceros, ¿no?
MAL: ¿Sabes? Yo siempre creí que ninguno de ustedes me amaba, y por eso me dejaron sola. Creía que mi existencia había arruinado su matrimonio… no podía evitar sentir que yo era la causa de su miseria…
Lo deja salir y se siente avergonzada, pero un poco más ligera. ¿Cómo algo tan sencillo podía pesar tanto?
Evita el contacto visual con su padre, pero de reojo puede ver como se da la vuelta, cómo su figura queda recortada y ensombrecida por el resplandor del río. A diferencia de lo que podría esperar, su voz sale limpia y clara cuando habla.
HADES: Mal Igna, voy a decirte algo que he aprendido. Nadie me lo dijo, ni me lo estoy inventando: lo aprendí cuando mi madre me entregó para ser devorado por mi padre; lo aprendí cuando me obligaron a ser el Dios de los muertos; lo aprendí cuando mi hermano se cogió a mi esposa, no una, sino dos veces y le dio dos hijos; lo aprendí cada vez que mi familia me rechazaba o me despreciaba por ser el monstruo en que ellos me convirtieron. Es la única lección que puedo enseñarte: No es tu culpa.
Las palabras le cayeron como un balde de agua helada. Un frío de muerte la hizo temblar con violencia y sentir un apasionado deseo de calor. Oculta la cabeza entre los brazos sobre las rodillas, concentrándose en el fuego en su interior.
Qué tontería.
Su propio dolor la agobia, sin comprenderlo, sólo lo sufre.
HADES: No es tu culpa lo que otras personas decidan hacer, tú no controlas sus actos. No es tu culpa que tu madre se enojara conmigo. No es tu culpa que yo haya decido irme.
De repente se siente mortalmente enferma y observa a su alrededor con los ojos empañados de lágrimas. Ni tan siquiera sabe por qué está llorando.
Qué tontería.
La niebla flota sobre la tierra oscura. La luz mortecina del rio sólo aumentaba la frialdad y la desolación del lugar.
HADES: No eres responsable de lo que las otras personas hagan, sólo eres responsable de tus propios actos. Nada de lo que no hayas decido, nada de lo que no hayas hecho puede ser culpa tuya.
MAL: Pero duele recordar y me cuesta perdonar.
HADES: Eso está bien, es normal.
MAL: Yo… sé que no es mi culpa, pero cómo se le digo a mi corazón… no puedo liberarme, siguen pasando los años, siguen sumándose cosas…
No puede continuar porque la voz se le quiebra.
Siente unos brazos que la rodean. Pero son fríos y la dejan entumecida donde la sostienen, como bolas de nieve. Ella arde como una fragua para compensarlo. Su padre apoya la mejilla contra su cabello violeta, manifestación de su herencia feérica. Mal sabe que sonríe. El consuelo es bueno para ambos, así que se deja arrullar mientras hipea violentamente, abatida por un llanto que necesita.
No sabe cuánto tiempo pasa, porque el tiempo no tiene sentido en el Inframundo, pero cuando finalmente se calma, pide sólo una cosa.
MAL: Llévame a mi casa, por favor
HADES: Por supuesto.
(Continuará…)
Nota 2: Juego de bebida nivel coma etílico: un shot de tequila por cada error mitológico en la película de Hércules y su serie animada xD
En serio, a los puristas les da una embolia estas cosas y se ponen súper intensos. A mi sólo me molestaban dos cosas: presentar a Hades como villano soltero y a Zeus como un padre amoroso y en una feliz relación con Hera.
Como sea, sentí la necesidad de profundizar en Hades y la mitología, así que salió este chorizo tan largo. Mil disculpas.
