Capítulo corto porque no he andado en mi casa por las vacaciones (digo, si es que alguien lee esto todavía)
CAPÍTULO 14: Los Caminos de la Vida
Mal corre por el pasillo del Edificio principal del Castillo, evadiendo a los trabajadores y servidumbre, que se detienen a hacerle una pequeña reverencia. Sabe que el protocolo exige que ella se detenga a regresar el saludo, pero en ese momento sólo quiere encontrarse con Evie.
Hay mucho movimiento en el castillo, no sólo en los pasillos y las salas por las que ha pasado, sino en general, puede decirlo por todo el ruido que viene de fuera, el sonido de construcción y las voces.
En el centro del pasillo, que comunica cuatro grandes salas en forma de cruz, está la escalera de doble hélice, justo ahí está Evie. Jay y Carlos están con ella.
Mal se lanza hacia ellos, hace casi un año que no les ve, metidos todos como están en sus propias vidas.
MAL: ¡Chicos!
Ellos la reciben en brazos, no tan sorprendidos por el gesto.
JAY: Hey, Señora Reina.
MAL: Dioses, cuándo vas a dejar de crecer, animal.
Los brazos de Jamil -Jay, para los amigos- son fuertes y la estrujan a propósito, en respuesta. Ha vuelto a ganar musculatura y altura, probablemente por todos los deportes que practica.
CARLOS: Te veo en la tele cada que puedo.
Carlos, por su parte, sigue siendo delgado y a penas la toca en su abrazo, como si temiera que alguno de los dos se rompiera en el proceso. Eso sí, ya no es pequeño, ha crecido más alto que Mal e Evie.
JAY: Qué te pasó en la cara, ¿te peleaste con alguien?
MAL: ¿Eh?
CARLOS: Tienes un hematoma en la barbilla y te ves cansada, ¿dormiste anoche?
MAL: No te preocupes, estoy bien.
EVIE: Bajemos, estoy buscando a mi mamá
Bajan hacia el segundo piso utilizando la escalera de hélice mientras hablan animadamente. Las chicas les explican lo que saben de la situación.
JAY: Espero que nada se cancele porque el papá de Lonnie va a hacer una presentación de su escuela de artes marciales hoy, y yo estoy en ella. Miren, hasta traje mi chacos.
Él enseña los tubos de metal unidos por una cadena. Hace algunos trucos con ellos, porque es un idiota y le encanta presumir. Y es un idiota bastante hábil.
MAL: Te acabo de decir que estamos viviendo una invasión ¿y eso es lo que te preocupa?
JAY: Después de todo lo que hemos vivido no puede ser tan malo
Desde que salieron de la preparatoria todos han tomado caminos diferentes.
Mal se casó a los 17 y se convirtió en reina, le costó mucho trabajo adaptarse a su nuevo papel y tuvo que aprender desde cero muchas normas de etiqueta lo cual consumía la mayor parte de su tiempo.
JAY: Te preocupa que tu mamá esté de vuelta en la cancha ¿no?
MAL: No es sólo eso. Es… un mal presentimiento.
CARLOS: Entonces mejor hablemos de otra cosa
EVIE: Sí, Jay, ¿cómo te va con el equipo?
JAY: Estoy en mi semana de descanso.
Jay decidió dedicarse al deporte profesional, por supuesto. Fue fichado desde muy joven y había conseguido cierto renombre con sus participaciones, con patrocinadores y todo. Entró a la Universidad pero la dejó poco después, a pesar de las protestas de todos. Jay era Jay y jamás le gustó la escuela, no veía una verdadera utilidad en ella.
JAY: No ha sido una temporada buena, pero podemos recuperarnos. ¿Han visto alguno de los juegos?
MAL: ¿Ah? Eh, pues… no
JAY: Que bueno, han sido malísimos.
Durante la temporada se dedicaba en cuerpo y alma a su equipo. Pero en los seis meses libres, había estado probando todo tipo de deportes diferentes, saltando de uno a otro en busca de algo. Hasta que encontró ese algo en los deportes extremos. Había intentado básicamente de todo, desde la bicicleta de montaña hasta el paracaidismo, pasando por el bungee, snowboard y el rápel. Se había sumergido en situaciones cada vez más arriesgadas, escapando de lesiones mortales por mera suerte, y su actitud despreocupada, de no pasa nada, había alarmado a todos, incluso a su propio padre, que solía dedicarse a su negocio y dejarlo ser.
JAY: Oye, deberíamos ir a hacer parkour por la ciudad, ¿todavía estas en forma? ¿o tu vida de reina te ha hecho débil y aguada?
MAL: Puedo ganarte el día que quieras.
Por suerte intervino el padre del Lonnie, el Sr. Li Shang, invitándolo a su escuela de artes de marciales. Le proporcionó el reto, la estructura y la disciplina que Jay necesitaba urgentemente. Por lo que la joven reina había escuchado, no había sido tarea fácil. Pero el papá de Lonnie tiene la paciencia de un santo.
La segunda planta es un caos aun mayor que los pisos superiores. Los puestos que habían sido montados dentro debido a la lluvia, ahora estaban siendo desmontados y llevamos a los patios con urgencia. Se esperaba que toda ciudad capital asistiera al Festival de Equinoccio, más algunas familias importantes de los otros reinos, por lo que el Castillo y sus alrededores se preparaban para tres días de fiesta.
Los chicos avanzaron entre las personas que acarreando cosas, muebles y cables, hacia el ala Este del Segundo piso, donde se llevaría a cabo la Pasarela.
MAL: ¿Cómo la llevas Carlos?
CARLOS: Ahí voy, este año conseguí un mejor dormitorio
EVIE: ¿Y con lo otro? ¿Lo de la familia?
Hace poco salió una entrevista a la familia DeVil, a pesar del mal nombre de Cruella, la familia seguía siendo bastante prestigiosa y popular entre la nobleza, llena de médicos y cazadores famosos. Dieron una entrevista la semana pasada, dónde hablaban del atípico caso de la excéntrica diseñadora. De cara al público reprobaban lo que Cruella había hecho, pero Carlos les decía que seguía siendo el miembro favorito de la familia precisamente por lo que había hecho. El problema era que repudiaban lo que Carlos había elegido para sí y no dudaban en mencionarlo, incluso en cadena nacional.
CARLOS: Mmmm, ¿lo que dijeron? ¿Que era lamentable que no había entrado en medicina verdadera? Hubieran dicho lo mismo si hubiera elegido ser dentista.
Bromeó con una risa suave.
CARLOS: La verdad les ofende que haya elegido salvar animales en vez de cazarlos.
Carlos era el único que había continuado estudiando, entró a la universidad a la carrera de médico veterinario. En cuanto anunció su decisión la familia DeVil le retiró todo apoyo que hasta el momento le habían brindado.
Mal de había ofrecido a pagar la escuela. Carlos se había negado. No quería vivir de caridad. Discutieron.
MAL: ¿has visto a tu mamá?
CARLOS: Ellos no me dejan. Pero ayer en la noche hablé con ella por teléfono. Está más lúcida. Y bueno, escuchó que tú mamá está aquí, creo que va a venir al Festival.
Avanzaron hablando por los corredores y las salas. Llegaron a un salón particularmente grande cerca de los jardines traseros. El lugar estaba vacío salvo por trabajadores limpiando y montando el camino de la pasarela, que al pasar los saludan con entusiasmo. Mal puede reconocer a varios de los primos de Doug entre ellos. Y hablando de él, el joven de lentes torcidos se acerca corriendo con una caja en los brazos. Hace una profunda reverencia ante Mal y luego se gira hacia Evie pasa dejar un casto beso en su mejilla.
DOUG: Evie, creo que Audrey necesita ayuda.
Antes de que pueda decir algo más, una figura ataviada en un elegante abrigo rosa pastel, se acerca rápidamente, rodeada de chicas que cargan con teléfonos y papeles. Entre ellas, Mal puede reconocer a la joven Dizzy Tremaine, de ahora 17 años.
Audrey los saluda a todos con entusiasmo, pero al instante centra su atención en Evie.
AUDREY: Evie ya no puedes dejarme sola con esto, me estoy volviendo loca. El DJ no contesta y los iluminadores están haciendo un pésimo trabajo, se les están fundiendo y descalibrando las luces. Descalibrando, las luces, ¿es tan siquiera eso posible?
EVIE: Lo lamento, es que están ocurriendo muchas cosas al mismo tiempo
AUDREY: Eres la stylist principal de esto y es tu colección la que se presenta, yo sólo estoy ayudando con la organización y esto se está volviendo muy difícil. Dile, Dizzy, dile.
La joven Tremaine, asistente de Evie, habla con tanta rapidez y nerviosismo mientras ajusta sus gafas para revisar sus notas.
DIZZY: Volví a analizar todos los looks, y todos los bordados, cierres y costuras están en su lugar. Estamos dando los últimos arreglos a los conjuntos. Tuvimos que hacerlo tres veces porque algunos vestuarios están perdiendo los botones. No sabemos por qué, sólo desaparecen, ni tan siquiera están descocidos.
Otra de las chicas, más joven que Dizzy, y a la que Mal no conoce, se acerca con teléfono en mano.
CHICA: Es la productora de Casting, llama para confirmar que mañana será el ensayo.
AUDREY: Por supuesto que sí. Modelos, peluqueros y maquilladores tienen que estar aquí antes de la ocho de la mañana para que no nos interrumpa ningún otro evento.
La chica del teléfono se aleja para terminar su llamada.
AUDREY: ¿Lo ves? Es casi tan estresante como organizar una boda real
MAL: Pero te salió muy bien.
AUDREY: Mal, tu papá quemó la iglesia y terminaste casándote al aire libre.
MAL: Pero salió muy bien.
AUDREY: Hay, si tuviera tiempo me daría un infarto. Evie, tienes que quedarte aquí y ayudarnos con los detalles.
EVIE: Sí, te lo prometo. Quiero estar aquí. Solamente déjame resolver un asunto, ¿has visto a mi mamá?
DIZZY: La vi en bastidores, está supervisando a las planchadoras y costureras, por nuestro problema con los botones.
De repente, un grito.
Viene del exterior y los chicos se apretujan contra las ventanas. Al abrir las ventanas los patios traseros se presentan ante ellos. El lugar se prepara para el carnaval infantil, los talleres y concursos del día siguiente. Más allá de eso, a la derecha, están el destruido invernadero y el lago, y al fondo, enmarcando la vista, el laberinto de setos. Y es ahí donde los chicos notan nuevos gritos y movimiento.
Sin pensarlo dos veces, Mal y Jay saltan por la ventana.
Corren hacia la entrada del laberinto, donde yacen algunos jardineros y mozos. Tienen los dedos torcidos y amoratados, en algunos casos faltan uñas.
MAL: ¿Qué ha pasado?
JARDINERO: Estábamos arreglando el laberinto para la búsqueda del tesoro, cuando apareció esta… mujer. Dijo que los setos eran suyos y debíamos pagar por mutilarlos.
MOZO 1: Un hueso roto por cada rama rota Una uña menos por cada hoja arrancada. Eso dijo.
MOZO 2: Sólo estábamos haciendo nuestro trabajo.
JAY: ¿Mal? ¿Tu mamá?
MAL: No creo que sea mi mamá. A ella no le interesan las plantas. Iré a revisar, quédate aquí.
Dicho eso, se adentra en el laberinto de setos.
