Nombre: El amor de Ascot. BASADO EN EL FINAL DEL ÁNIME.

Disclaimer: Magic Knight Rayearth no me pertenecen al igual que sus personajes...


Capítulo 2:
"Como un náufrago"

Dos años antes...

Sin poder evitarlo, Gurú Clef soltó un hondo suspiro cuando el perfume de la artesana, mezclado con el olor a sudor y coito, caló hasta lo más profundo de sus narices.

El amanecer se asomaba ya a su ventana, anunciándole el inicio de un día más en Céfiro, uno tan tranquilo como siempre, uno tan pacífico, escueto y mágico como siempre. Tan igual al día anterior, y al anterior a éste… y como todos los días copiosamente perfectos y aburridos desde la creación de su mundo.

¿Había razones para ser feliz?

Claro que sí. Lo tenía todo: poder, magia, inteligencia, y por si la naturaleza le había negado una familia, ahí tenía al hijo adoptivo que nadie hubiese querido tener: Paris.

Pero le faltaba algo, algo que ni siquiera Sierra, la mujer cautiva en la propia vida de su hermana gemela, le podía brindar: ¿Amor?

¿Entonces por qué si no la amaba, había sucumbido a sus deleites la noche anterior? ¿Y porqué llevaba un año entero sucumbido a ella?

Una vergonzosa conclusión le cruzó por la mente. —Presea no me hubiera llevado a esto…

Trató con movimientos lentos y torpes desenredarse del cuerpo de la artesana y alzarse de la cama, no tanto para estirar su pequeño cuerpo acalambrado desde el último éxtasis, sino más bien para salir del lecho… y huir de ella.

Se sentó en la orilla de la cama todavía soñoliento, dándole la espalda a la rubia mientras ésta se envolvía nuevamente en las blancas sábanas. —¿Porqué Presea, en sus últimos años de vida, estaba tan alejada de Sierra? ¿Se habrán peleado?

Y se maldijo así mismo. Justo en la noche anterior que se había prometido a no volver a caer, sus grandiosos poderes de mago se habían ido al carajo cuando la pasión terminó por doblegarlo. En cierta forma, no era su culpa. Era culpa de la soledad que conllevaba ser el Gurú máximo de Céfiro. El pilar no podía enamorarse… y los magos se veían restringidos a no casarse y formar una familia en la mayoría de los casos.

Lentamente, caminó hasta el baño donde lo esperaba la regadera con agua caliente, como deseando que ésta le despejara las ideas 'culpadoras'.

No se percató que alguien le estaba leyendo la mente.

¡Bien hecho Sierra! —se felicitó así misma.

.

En el comedor.

Paris fue el último en llegar a desayunar… como siempre.

Ya lo esperaban sentados Latis y su novia Lucy, Anaís, Clef y "Presea". Caldina justificó la ausencia de Ascot y Ráfaga por un problema urgente que debieron atender en la aldea Taydos.

Luego de saludar a los presentes, el Príncipe le guiñó el ojo a la rubia de ojos verdes que no tardó en ruborizarse.

Según sus indicaciones, el plan matinal volvía a realizarse con éxito. La anticuada jovencita le pedía que cada mañana, ambos llegaran por separado y en distintos tiempos a la mesa.

Que tiene de malo Anaís…

Ya Paris… comprende que no quiero que se den cuenta que tú y yo… pues… que ya…

Y así, aunque ya todo mundo se imaginaba su secreto de amor, incluyendo la propia cocinera del castillo, la tímida y modosa Anaís quería ahorrarse las preguntas indiscretas.

—Oigan —Lucy interrumpió antes de comenzar el almuerzo—, ¿alguien le avisó a Marina que ya está listo el desayuno? Estaba entretenida recolectando fruta en los jardines.

—Que alguien vaya a buscarla no me gustaría comenzar sin ella.

—Uyyy… demasiado tarde para mí —dijo Paris mientras se llevaba a la boca un tercer pedazo de pan.

—¡Muchacho /%$#&/%, debes esperar a todos antes de comenzar a comer! —lo reprendió Clef, otra cantaleta más de buenos modales reales; sin embargo fue inútil, los demás ya estaban riendo.

—No comiencen a pelear tan temprano —dijo escuetamente Lantis.

—Pues dejen de celebrarle sus babosadas… en fin, iré yo a buscar a Marina —indicó Clef, y sin querer, una brillante sonrisa de querubín se le dibujó en rostro.

Lucy se sorprendió al ver a Presea fruncir el ceño con coraje.

—Oye Anaís por cierto —habló Caldina—, que bien te ves sin lentes.

—Gracias, aunque en estos momentos sí los necesito, ¿alguien los ha visto por cierto?

—Ay Anaís —interrumpió Paris—, los dejaste debajo de mi almohada, que ya no te acuerd… ¡OH, OH, LO SIENTO!

—¡ANAÍS! —gritaron entre risas las mujeres del palacio.


—Bien, creo que con esto será suficiente para mi pastel de esta noche —expresó Marina satisfecha cuando colocaba la última "manzana" al canasto.

—Mari… —Gurú Clef se detuvo a varios metros de distancia y prefirió no llamarla.

Sin querer el cuadro le pareció algo tierno: la bella jovencita de elegante figura cargando la pesada canasta, mientras luchaba contra mechones de cabellos azules que amenazaban con invadirle el rostro sudoroso, y ella los acomodaba con furia hacia atrás de sus orejas.

Se acercó lentamente a la joven como si quisiera cazar a una delicada mariposa.

—¿Quieres que te ayude? —la voz de Clef la sacó de su concentración y sin darse cuenta dejó caer el canasto al suelo. Cada una de las manzanas comenzaron a rodar por el pasto.

—Dios…

—Oh, lo siento Marina, déjame ayudarte.

Como buen caballero, no permitió que ella se agachara y él mismo recogió cada una de las frutas, hasta que el canasto volvió a llenarse.

—Discúlpame por interrumpirte.

—N-no, to-todo bien…

—"Ni como negarlo, es muy bella".

Y no solo le parecía bella. Le parecía fina, educada, intrépida y sensual, posiblemente la más de todas las alumnas de magia que había tenido en su vida. —"¿Qué me está ocurriendo?"

Estaba más que enterado que Marina se moría por él, pero eso jamás le había importado. Estaba más que enterado que hacía tiempo Marina le había llorado como nunca, y tampoco eso le había importado.

Pero no podía negar que Marina era la más fiel de sus estudiantes, que aprendía con reverenda rapidez los mejores trucos de magia, y que si había alguien en quien confiar, era precisamente en la Guerrera del Agua. —"¿Acaso más confiable que Sierra?"

Sí. En el fondo, él sabía que más confiable que Sierra.

—¿Quieres dar un paseo? Deja la canasta aquí, luego venimos por ella.

Se sorprendió él de sí mismo luego de invitarla. Pero la verdad es que quería estar alejado del Castillo. Hacer algo diferente. Salir de la rutina de las mañanas cefirianas.

—Bi-bien… "ay Diosito, estoy temblando, cálmate Marina, cálmate"…

Luego de varios minutos de silencio incómodo, Clef se atrevió a hablar. —Quiero felicitarte Marina, eres la mejor alumna que tengo, mejor que Lucy; en un año que llevo de enseñarles magia, tú has aprendido más rápido que la propia Pilar.

—¿Te parece? O solo quieres quedar bien.

—Ja,ja, ¿porqué habría de mentir o querer quedar bien? Eres la mejor alumna.

Baaa, claro que no era la mejor. Sin duda, la mejor era precisamente Lucy, pero vaya ceguera de comenzar a verla perfecta. ¿Pero ceguera porqué o qué? ¿Desde cuando la quería ver sin defectos?

Más bien, ¿desde cuando la quería?

—Gracias… —contestó Marina casi en un susurro y volteó a su izquierda para observarlo mejor de perfil.

Sus cabellos lilas la enloquecían, su piel de porcelana, sus ojos azul intenso… todo él la enloquecía.

Hasta la buena vibra que expedía el mago; y sus aires de hombre maduro y seguro.

Él también volteó a verla cuando se sintió poseído por una mirada, y Marina giró la cabeza en sentido contrario para evitar que sus ojos invadieran los suyos.

Caminaron como por media hora entre los enormes patios del Palacio, hasta que se adentraron al primer bosque que marcaba el final de los terrenos del Castillo.

Pero no les importó, caminaron incluso otra hora más, ignorando por completo todo lo que los rodeaba, y sin darse cuenta, ese día se convirtió en el mejor de sus vidas.

Jamás, jamás, jamás en su vida, en sus 750 y muchos años de edad, Clef había conocido a alguien que lo hiciera reír tanto, carcajearse, reír al grado de salírsele las lágrimas… hasta que conoció a la guerrera de cabello azulino.

Se maravilló de su buen sentido del humor, de la forma alegre y juvenil de ver la vida.

Juventud fresca que él necesitaba; así como la sabiduría que él poseía, y sabía, a ella le hacía falta.

—Oh… Marina —interrumpió él su caminar, logrando que la chica se asustara.

—¿Sucede algo? —preguntó preocupada cuando observó la cara de Clef.

—Es que no me acordaba que… yo te iba buscar para avisarte que… el desayuno ya está listo.

—El… ¿desayuno?

Segundos de silencio.

—JA,JA,JA,JA.

Regresaron al palacio todavía riéndose, y con el corazón estallándoles de felicidad.


En el comedor, algunos del palacio se encontraban platicando, cuando observaron llegar al mago y a la joven de cabello azul. Sierra tembló de celos cuando los vio llegar muy contentos.

—Vaya Gurú Clef, te pedimos que fueras a buscarla para desayunar, no para cenar, ja,ja,ja —Paris codeó a Ráfaga para que también se riera de su chiste.

Había otro que también temblaba de celos.

Era Ascot.

—¡Hola Ascot! ¿Cómo te fue en la aldea? ¿Se arregló tu problema? —Marina corrió a saludar a su mejor amigo.

—Sí Marina, todo bien, gracias —la acercó él para hacer algo inusual: darle un beso en la mejilla.

Un tercero tembló también de celos. Clef.

¿De celos?

—Que bueno que estamos todos aquí —indicó Lucy atrayendo la atención de los demás—, tenemos que organizarnos bien para el curso de magia que debemos impartir en Cizeta.

Como parte de los intercambios culturales entre Céfiro, Fharem, Cizeta y Autosam, los cizetanos por medio de sus Princesas habían solicitado a los cefirianos que les compartieran su sabiduría y teorías de magia.

—Así es —tomó la palabra Ferio—; las clases se impartirán en grupos de dos personas porque no quiero que el Castillo se quede solo. Irán los dos a Cizeta, estarán allá un mes entero, y luego regresarán a Céfiro para que el otro grupo de dos personas viaje a Cizeta para impartir el siguiente curso.

—Me parece una excelente idea Príncipe Paris —señaló Ráfaga—, a excepción que tu ni magia sabes hacer.

—Ja,ja,ja, —los demás se burlaron del Príncipe.

—Muy chistoso, eh…

Lucy continuó. —Sabemos que no todos hacemos magia, así que quienes viajaremos seremos solo ocho personas: Gurú Clef, Presea, Ascot, Marina, Caldina, Anaís, Latis y yo.

—¿Y cómo estarán conformados los grupos de dos personas?

Lucy estaba a punto de responder la pregunta de Caldina, cuando Clef se apresuró… increíblemente cegado por un impulso.

—Yo… yo tengo la lista de distribución de grupos.

—Bien, dila Gurú Clef.

—Será... —tragó saliva— será así: Latis con Lucy, Caldina con Anaís, Ascot con Presea; y… Marina conmigo.

La pelirroja abrió los ojos a más poder. Solo ella y Clef sabían la distribución verdadera de maestros. Y no estaba previsto que Marina viajara precisamente con él.

Luego de terminada la plática, cada uno se despidió alegremente y regresaron a sus quehaceres. Clef evitó por todos los medios encontrarse con Lucy.

El mago caminó apresuradamente hasta su estudio. Adentro de la habitación se encerró con llave mareado por lo que acababa de hacer. Se sentía precisamente así, como un mareado náufrago.

—"¿Por qué hice eso? ¿Por qué?"

Se acercó a su escritorio, y encontró entre otros el papel revelador:

PRIMER VIAJE

Maestros: Palú Ascot; y Guerrera del Agua, Ryuusaki Marina.

Duración: Un mes cefiriano.

Tomó el papel con ambas manos... y lo hizo pedazos...


Vaaaaya, Clef nos salió celosito! Jajaja.

Estaba en duda de continuar o no con este fic, por eso no lo había cerrado. Hoy no pude evitar contar la historia desde los sentimientos de Gurú Clef, y traté de entenderlo y comprenderlo lo mejor posible.

Ojalá lo hayan disfrutado. Saludos y nos vemos en el próximo capítulo.

Nancy.