Nombre: El amor de Ascot.
BASADO EN EL FINAL DEL ÁNIME. Disclaimer: Magic Knight Rayearth en realidad SÍ me pertenecen. Allá por el año 1990 les vendí los derechos a las Clamp, quienes nunca me pagaron por cierto, y en vez de 3 niñas japonesas eran mexicanas. Gracias.
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Capítulo 3:
La última sonrisa
Al entrar a la cafetería, no tardó en reconocer desde la puerta a la chica que ya lo esperaba un poco impaciente, y sin perder más tiempo llegó hasta la mesa un tanto apenado y acalorado de tantas calles correr.
—¡Hola Lulú! Di-discúlpame por llegar tan tarde…
La jovencita rubia solo atinó en soltar una carcajada mientras se acercaba a Saturno, y le daba un beso en la mejilla a manera de saludo.
Gloriosos segundos… los aprovechó al máximo para aspirar cuanto pudo la varonil fragancia del pelirrojo.
—No te preocupes Saturno, acabo de llegar yo también —contestó la mayor de las Hououji, que a sus 18 años todavía aparentaba un rostro adolescente e inocente.
—Bien, ¿has traído los volantes? —señaló el pelirrojo mientras alzaba el brazo para captar la atención de algún mesero.
—Si... —Lulú hizo uno mueca de tristeza— cien copias como me dijiste —y colocó pesadamente su mano sobre el puño de volantes.
—Perfecto —el pelirrojo de treinta y tantos años tomó uno de éstos y lo observó por largo rato. Estaba diseñado justo como él lo quería: Tres grandes fotografías ocupan el mayor espacio de la hoja. Debajo de cada imagen se podían leer nombres, direcciones y señas particulares de las niñas. Levantó el rostro luego de percibir un incómodo silencio. Lulú tenía clavados los ojos en su café a medio terminar.
—Ten fe, pronto las encontraremos.
—Ya ha pasado un año Saturno, ¿De verdad crees que las encontraremos, o sabremos qué les pasó?
A Saturno le dolió observar a la chica en ese estado, y más que nada sus palabras. Por impulso, giró hacia el ventanal de la Torre de Tokio que ofrecía una espectacular vista de la capital nipona.
—A veces me pregunto Lulú, ¿porque ellas venían constantemente aquí?
—No lo sé, supongo porque aquí se conocieron.
—Siento que había algo más.
—Si lo hubo creo que jamás lo sabremos —señaló Lulú esta vez tratando de limpiar violentamente una lágrima—. Era mi hermana, la amaba mas que nada Saturno, ¿qué fue lo que les pasó? ¿Qué les sucedió? Todos descartan ya un secuestro, un asalto… algo violento.
—Se las tragó la tierra, simple y llanamente —dijo Saturno haciendo esfuerzo para no demostrar debilidad— se las tragó la tierra…
—O se fueron de ella.
Los dos voltearon a verse rápidamente con ojos de búho, como si hubieran atinado en algo…
—Ahí viene el mesero.
Tras charlar por largo rato de nimiedades, salieron de la Torre a repartir y pegar volantes en todos los postes que se toparon. Habían optado por estos métodos tan rudimentarios y absurdos luego de sufrir, llorar y aguantar la incapacidad de las autoridades.
—Ayer fui a ver a la señora Ryuusaki —dijo Saturno cuando ambos había tomado asiento en un parque para descansar.
—¿Y como la viste?
—Mal, más canosa que nunca; y el señor Ryuusaki mil veces más amargado y sombrío.
Mientras describía al fracturado matrimonio que en antaño había sido el más sólido, Saturno no pudo despegar su vista de la inocente y frágil mirada de la chica. Que bella le parecía, más que cualquier otra, tan delicada y tímida.
—¿Pasa algo? —Le preguntó Lulú nerviosa.
—Ah… este… na-nada disculpa… —Saturno se regañó a si mismo—. "Pero qué diablos hago… ¡Es una niña!"
—Nos acabamos los volantes Saturno.
—Cierto, te acompaño hasta tu casa, ya es algo tarde.
En el camino no hacían otra cosa que recordar pasajes de la infancia, de la suya y de la de sus hermanas. Momentos divertidos, tristes, alegres…
En Lulú hacía un amargo efecto recordar la última vez que vio a Anaís, cuando la chica se había despedido de ella en el patio asegurándole que regresaría antes de la cena.
Seguía teniendo tan presente sus últimas palabras, el último adiós acompañado de una sonrisa.
Todavía recordaba claramente su tono de voz, y la mirada verde de la guerrera que algo quería confesarle.
—Llegamos… —dijo Lulú agradeciendo que ese fin de semana no estarían sus padres en casa. En su ingenuidad no entendía porqué el señor Hououji no 'tragaba' del todo a Saturno.
Deseando desesperadamente un vaso con agua fría, adivino que Saturno tenía la misma sed, y lo invitó al interior de la casa.
—Vaya… —el robusto guerrero de Kendo se sorprendió al ver un gran número de fotografías de Anaís sobre la chimenea.
—Disculpa a mi madre Saturno, esta obsesionada con… bueno ya sabes; voy a la cocina.
Mientras observaba una fotografía en especial, donde salía también cierta pelirroja haciendo muecas frente a la cámara, escuchó hondos sollozos desde la cocina, y rápidamente fue en busca de la rubia.
—Oh… Lulú, no llores así… mira… yo te juro que las traeré de vuelta.
Se acercó a ella con el corazón cansado de ver tantas escenas similares desde hacía un año, y sin más la acercó a él para brindarle un fuerte y protector abrazo.
Sintieron entonces un calambre de placer que los atravesó de pies a cabeza, y cada uno juró mentalmente que a sus 18 y 33 años nunca habían experimentado algo igual.
—¿Qué está… sucediendo…?
El solo murmullo que sonó a ronroneo lo volvió aún más loco. Le pareció delicioso cómo la guió por toda la escalera entre caricias y besos en el rostro y cuello, hasta la segunda planta de la casa.
La inició en el arte del placer, y no perdió detalle de en cuanto le robó su inocencia y se la guardó en la memoria para siempre.
Que bella le parecía desnuda, toda extasiada debutando en el amor, y él tocándola y devorándola como un tigre hambriento… ni siquiera se sintió arrepentido de haberle arrebatado la primicia a la rubia: adivinó que ésta ya estaba destinada a ser suya, y le cantó mil veces al oído que no tuviera miedo, que recibiera el amor que le estaba dando, y que después de todo esto, serían siempre el uno para el otro.
Luego del último gemido, los remordimientos se hicieron presentes en la adolorida jovencita, y Lulú quiso rápidamente darle la espalda para salir de la cama.
Él la detuvo al instante.
—No temas Lulú, porque mi alma me dice que siempre te amaré… en este universo, y en los siguientes… como presiento que lo hice en el pasado, como presiento que lo hice en otra vida, con otra historia… y como juro que lo haré hasta que mi espíritu muera…
Era una lástima que Lucy y Anaís ya no estaban para disfrutar del lazo que ahora políticamente las unía.
De hecho, jamás lo sabrían…
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—Chicas, he estado pensando últimamente en muchas cosas, y tengo bastantes dudas —señaló Anaís mientras observaba una nube multicolor de hadas que volaban alegres hacia el horizonte.
Marina y Lucy no le pusieron mucha atención y siguieron jugando y chapaleando el agua del lago donde acostumbraban a bañarse seguido.
—¿Qué te sucede Anaís? Te he notado rara últimamente —preguntó Marina mientras exprimía sus largos y sedosos cabellos.
—Sucede que Gurú Clef no ha cumplido su promesa de abrir otro portal para… poder… visitar a… nuestras familias.
Las otras dos dejaron de jugar de golpe y el rostro les cambió. Era el tema menos deseado entre las tres. Lucy cerró los ojos con melancolía, recordando la fallida promesa del Máximo Mago. A veces se preguntaba si habían tomado la mejor decisión.
Y entre que se sumergía de nuevo al lago para camuflagear sus lágrimas con el agua dulce, volvió a repasar mentalmente los hechos…
… Luego de la victoria contra Devoner, Gurú Clef presionado por todos en el castillo estuvo durante un año entero practicando sus poderes para abrir un nuevo portal, y así las Guerreras Mágicas pudieran visitar constantemente al "Nuevo Céfiro sin pilar"…
… Luchó mucho, se cansó y una vez hasta lloró. Pero un día lo logró, y trajo de vuelta a las guerreras regresándole también la felicidad a Lantis y Páris.
… Pero su portal no era perfecto, tenía fallas; y lo peor de todo, no era eterno.
… Solo funcionaría por un tiempo, exactamente 6 meses y luego expiraría. Entonces las guerreras, abiertamente enamoradas y con relaciones establecidas en Céfiro, se vieron en la necesidad de tomar una abrupta elección: Céfiro o la Tierra.
¿Pero qué decisiones sensatas pueden tomar 3 niñas de 15, 15 y 14 años? Tres colegialas, recién salidas de la infancia… apasionadas... Era mucha presión para ellas. Y arrastradas por el amor, eligieron inconscientemente Céfiro.
Los primeros días sin papá, mamá y hermanos fueron difíciles.
Pero Céfiro... que todo lo sana y borra con sus bellos paisajes, terminó por seducirlas y arrastrarlas a sus días cefirianos copiosamente perfectos e inalterables.
Incluso habían perdido la noción del tiempo, y ya no recordaban si llevaban dos o tres años en Céfiro. A Lucy le parecían que eran ya cinco.
Y un buen día la madurez mató a la fantasía. Anaís comprendió que a los 15 años se podían tomar decisiones muy premeditadas.
Lucy ya estaba llorando abiertamente, y Marina recordó una y otra vez los gestos, el olor y las caricias de su mamita querida.
—¿Qué… sería de nosotras si…? —entonces Anaís comenzó a llorar también— ¿Acaso ya hubiéramos terminado la preparatoria?… ¿O la universidad?
—¡No quiero, no quiero hablar de esto Anaís!
—¡Mi mamá... mi mamita! —Marina sacó por fin el llanto agolpado que tenía atorado en la garganta desde hacía años, y las otras dos hicieron lo mismo.
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—¿Sierra…?
Una lúgubre voz sacó de su siesta a la usurpadora de Presea. Ésta asustada se levantó como chapulín de la cama, mas que nada aterrorizada. ¿Cómo que "Sierra"?
—Qui-qui-quien anda ahí… —preguntó temblorosa.
La tétrica voz soltó ahora una carcajada y se mostró.
—Oh… Princesa Lalah… es un placer verla de nuevo —la usurpadora le rindió pleitesía y al instante se tiró al suelo recordándole que siempre estaría bajo sus órdenes.
—Lo sé Sierra, perdón, ¡Presea!... No olvido nuestro trato, y que te prometí a Clef como sueldo. ¿Encontraste por fin la joya y los papeles que te pedí?
—Sí mi señora, aquí los tiene —la "arquera" se levantó rápidamente y llegó hasta su escritorio. Luego cuidadosamente entregó a la Princesa de cabellos morados el peligroso encargo.
—Perfecto mi buena Sierra, en cualquier momento puedes ir a la aldea Paydos, ahí se encuentra una antigua hechicera que te entregará unas 350 mil monedas, míralo como un delicioso adelanto…
—Oh… ¡gracias mi señora!
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Horas después, en el comedor.
—¡Las Guerreras Mágicas! —gritó Paris de felicidad al ver llegar a las chicas para la cena.
Sin embargo, encontró en su rubia unos ojos entristecidos y una risa forzada. Lantis tampoco pasó desapercibido el rostro desencajado de su amada. Y Clef, sintió una pesadumbre al notar los vestigios de un llanto en la peliazul.
Ya una vez todos sentados y consternados, Marina llena de ternura y a la vez de estúpida inocencia, se dirigió al Máximo Mago: —Gurú Clef, por cierto, muchas gracias por las flores que me dejaste en la habitación hoy en la tarde, están muy lindas, no te hubieras molestado— señaló la chica que por más que quiso, no pudo evitar un sonrojo en sus mejillas.
Paris y Caldina burlones arquearon una ceja.
—Ah… bueno… este… —el Gurú no quiso ni toparse con la mirada de "Presea", que adivinando estaba cargada de frustración y celos—. Bueno Marina… no es molestia, es porque sigo apenado por el golpe que te provoqué cuando practicábamos 'Kindo' en la clase de Lucy y…
—¡Kendo! —interrumpió la pelirroja.
—Eso y… bueno solo eso —fingió calma, mucha calma, y siguió comiendo.
Que extraño comenzaba a sentirse últimamente. Un antiguo mago con carácter de viejo maltratado por la vida, que ahora luchaba constantemente con su panza que le revoloteaba como adolescente cada vez que se encontraba en el mismo sitio con la 'peliazul'.
Ya no le quedaba duda. Se trataba de amor. Y no quiso ni imaginar en la tormenta que se le venía.
Por su parte, Ascot lanzó una furtiva mirada a Sierra, quien temblorosa de ira había formado una gruesa pelota con la servilleta del postre.
—Bueno, quiero darles un anuncio —habló Paris para aligerar el pesado silencio— les informo que en dos días vendrán Águila, Geo y Zaz a Céfiro como visita oficial, así que necesito que me ayudes Caldina con una alegre bienvenida.
—¡OH JÓVEN PARIS, PERO POR SUPUESTO! —La primera en lanzar gritos y alaridos de felicidad fue precisamente la cizetana. Eso de organizar fiestas, bodas, bailes y bienvenidas se le estaba dando tan bien, que ya venía gente de aldeas remotas al castillo para "contratar sus servicios".
—¡Miren! —dijo robando la atención de todos— pondremos manteles largos, ¡largos y rojos!… Sacaremos a las bestias de Ascot porque cada día que pasan están más y más feas…
—¡Oyeee!
—…¡moveremos todos los muebles, y la comida claro será cizetana!
Todos animados comenzaron a dar sus opiniones y sugerencias; todos excepto uno... Lantis, que se mostraba pensativo y distante de la plática.
Y es que para el hermano de Zagato era una reverenda preocupación cada vez que Águila llegaba de visita a Céfiro, y peor aún cuando se quedaba por varios días en el Palacio.
Aunque Águila le había dado su palabra de silencio, Lantis temía el día en que el autozamita revelara la relación tan "estrecha" y "cercana" que había existido entre ambos, algunos años atrás en Autozam.
Lantis se preguntaba cómo lo tomaría Lucy si llegara a enterarse... ¿comprendería ella, lo solo que se sentía en aquel momento, y que Águila le había resultado como una medicina curativa?
Nervioso, se despidió de todos para irse a dormir.
Los demás hicieron lo mismo, y como todas las noches, Paris se llevó a Anaís a su habitación real.
Ambos ya no podían permanecer separados uno del otro, y cada noche se entregaban con lo doble de pasión de la noche anterior.
Mientras la rubia dormía plácidamente sobre el recio pecho del Príncipe, éste agradeció en silencio y con una corta plegaria la felicidad que se le estaba brindando. También agradeció al Creador, a su hermana mayor…
Y a Dalah y Lalah.
Rió divertido mientras jugueteaba con los rizos dorados, al recordar que quizá las cosas hubiesen sido de distinta manera…
…En una época antigua, cuando los padres de Paris y Esmeralda bastante jóvenes gobernaban algunas provincias de Céfiro, el planeta mágico sufrió una pesadumbre al desertar el pilar que reinaba en ese entonces. Cayendo en un abismo y posible "fin del mundo" al no haber guerreros mágicos capaces, la reina Lia, mejor amiga de la madre de Esmeralda, ayudó a salvar el planeta…
…Los padres del peliverde, bastante agradecidos con la reina que gobernaba un lejano planeta, le prometieron un enlace matrimonial para unir ambas familias. El primer varón de la familia cefiriana, con Dalah la hija mayor de Lia.
…A la reina Lia le pareció una tontería pero aceptó por respeto. Y más tontería le pareció a Dalah, quien a los años fue amiga de Paris y le prometió que ese enlace jamás se llevaría a cabo. Dalah tenía otros planes e ideales…
Un movimiento de Anaís lo sacó de sus recuerdos y se acomodó mejor en su pecho. Él la rodeó con sus brazos y nuevamente agradeció a la honorable Dalah, gemela mayor de Lalah, por sus buenos deseos.
—"Pero a esa Lalah, uyyy, no me caía nada bien, era una perra…" —volvió a sonreír cuando recordó que Lalah, físicamente parecida a su gemela mayor, era totalmente lo contrario a ella…
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Días después.
—¡Vaya que gran fiesta! ¿No te parece? —sí, era Caldina que le hacía la misma misma misma pregunta a tooodos los presentes en el recinto.
¿Y la razón? Para alimentar su ego y que todos le contestaran "oh si Caldina, bellísima tu fiesta, que gran organizadora", y pobre de aquel que contestara lo contrario, porque ella saltaba ofendida como tigre.
A mitad de la fiesta, Paris acudió a un llamado "urgente" de Gurú Clef, quien como buen ermitaño, llevaba largo rato encerrado en su sala de estar.
—Gurú Clef, ¿qué quieres? No puedo creerlo, estamos de fiesta y…
—Siéntate por favor.
La dura declaración del mago, y su rostro desencajado, asustaron a Paris.
—¿Qué… qué sucede? ¡Oh, no me digas! Ya se te descubrió que tú hiciste todo lo posible para irte dentro de un mes a Cizeta a solas con Marina y…
—Paris, esto es algo serio.
El Príncipe guardó silencio y respingó cuando sintió un mal presentimiento. El corazón comenzó a latirle desesperadamente, y creyó parecerle que se escuchaba su bombear por toda la sala.
—Qué sucede Clef… ¡habla!
—Paris, eres un hombre casado. Dalah viene en camino a Céfiro.
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Noooo mi Paris, jaja.
Hola hola a todas mis queridas lectoras y amigas. No creí que continuara con este fic, pero aquí le sigo.
Se que caí en un súper cliché, eso de describir cómo sería si las chicas decidieran dejar la tierra y vivir ya en Céfiro. Pero no pude dejar de pensar en que sería muy triste, tanto para ellas como para sus familiares.
Utsss… ya se que tal vez esperaban lemon de Saturno y Lulú… bueno Satoru y Kuu, porque todavía no me acostumbro a los nombres de los ánimes. Pero bueno, en otro momento un lemon porque ese lo quiero estrenar con F&F… jeje.
Por cierto, sobre Águila y Lantis pues... jejeje!... en este fic, Águila no muere (como en el ánime), y es hombre.
Gracias locas del Facebook, les mando un beso enorme y ánimos para que continúen sus fics, yo seré siempre su ferviente lectora.
