Risorgimento
(Italia x Romano)
Disclaimer: Axis Power Hetalia ni ninguno de sus personajes me pertenecen. Todos son parte de Hidekaz Himaruya y los libros de historia en que me basé para hacer los datos históricos xD. Yo sólo hago esta historia sin fines de lucro y a pura diversión personal.
Capítulo 5: Pesadillas
El ruido de agua goteando era el único sonido que se podía escuchar en aquella habitación fangosa, junto con los pasos apresurados de un rubio que cargaba en sus manos un paño humedecido en hielo, el cual colocaba amorosamente en la frente de un joven que yacía dormido en una cama simple y algo destruida. El rostro italiano sumamente enrojecido denotaba la fiebre tan alta que tenía, y junto con las vendas que rodeaban toda la circunferencia de su pequeña cabeza sobresalía la gravedad de su estado.
- Italia… ¿Cuándo despertarás? Ya llevas un mes en el mismo estado… - Susurraba el hombre con tono francés mientras quitaba el paño que se había calentado en apenas segundos. La fiebre no estaba cediendo y el estado seguía crítico.
Luego de su enfrentamiento con Austria, el delicado cuerpo del italiano había caído inconsciente, siendo tomado en brazos rápidamente por Francia que había visto toda la escena. Sin embargo por toparse con el mismísimo germánico se ganó un par de heridas en su glamoroso cuerpo por proteger al menor herido.
Inmediatamente de darle los primeros auxilios y hacerlo ver por los mejores médicos gracias a sus contactos, descubrió que las heridas y la fiebre eran claros signos del deterioro del territorio y la población. Y en un cuerpo tan pequeño como el de Italia el estado era grave.
- Pestes… pobreza, tu gente está sufriendo por culpa de Austria – Meditaba mientras acariciaba los cabellos castaños y alejaba aquellos rebeldes que insistían con pegarse en su frente. Incluso el rulito característico que llevaba a su izquierda se encontraba completamente caído. – ¡Debes despertar!
Y era una gran ironía que justamente él estuviera diciendo esas palabras, pues su característica principal de combate era aprovecharse de los países más débiles y cuyos enfrentamientos dejaban en un estado cercano a la muerte y posterior desaparición para poder obtener su propio beneficio. ¿Acaso no estaba haciendo lo mismo con el pequeño Italia? Después de todo esa era la idea principal de haberlo involucrado en una lucha obviamente desventajosa. Pero ahora al verlo tiritar en una fiebre convulsa y en pesadillas continuas, dudaba.
- Perdóname… - Susurró casi en un sollozo ahogado, dejándole por enésima vez el paño húmedo en la frente ajena y alejándose de ahí.
- ¿Qué es lo que te tiene que perdonar Italia-chan, Francia? – Una voz gruesa y fría resonó en el húmedo ambiente, sobresaltando al rubio que estaba de espaldas a aquella voz. Dio media vuelta para ver al interlocutor de aquella pregunta, sin responderla aún, encontrando la mirada escarlata más desafiante que había visto. Y especialmente enfurecida.
- ¡P-Prusia! ¿Qué haces aquí? Deberías estar en la reunión de estados germánicos… - Intentó zafarse de aquella pregunta, pero fue en vano cuando vio que el albino desenvainó una espada y en sólo segundos tenía la punta afilada sobre su garganta. Un movimiento en falso y estaba en el otro mundo.
- Sé lo que tramas Francia, siempre fuiste un ser retorcido. – Los ojos se afinaron, sin perder el contacto con los azules que vislumbraban terror – No dejaré que uses a Italia-chan para tus perversos planes… Él no. – Apenas acercó un milímetro el filo de la hoja, provocando un repentino hilo de sangre que corría por el cuello del francés, el cual sudaba de nerviosismo y miedo. De pronto la mirada azulada se fijó en la hoja de la espada que poco a poco se alejaba de su piel, suspirando por dentro de alivio.
- Yo me encargaré de cuidar a Italia-chan desde ahora, puedes irte. – Dijo terminante, acercándose al cuerpo dormido que sudaba y jadeaba entre sueños. Una mano dulce se posó en la frente ajena, sonriendo de lado por ver nuevamente al italiano. Pero aquella sonrisa se desvaneció por completo cuando fijó su sanguinaria mirada hacia el rubio que intentaba escapar. – Ah, si intentas algo estúpido, ten por seguro que no saldrás vivo. Tómalo como una amenaza si es que así entiendes mejor.
Francia aguantó un gruñido que se le atoró en la garganta antes de salir completamente derrotado por el prusiano. Pero algún día se aprovecharía de la oportunidad y tendría su venganza. Después de todo el tiempo era un arma de doble filo para aquellos seres representados por los países.
Una vez sintió el ruido de la puerta de madera roída cerrarse tras de sí, el albino volvió su vista hacia el cuerpo de Italia que seguía sumido en sus pesadillas. Definitivamente era una escena muy cruel para él, ya que adoraba al pequeño italiano desde que era un niño. Y ahora verlo tan cercano a la muerte era muy doloroso. Sin pensarlo tomó una de sus pequeñas manos entre las suyas, y fue ahí que notó el movimiento de los dedos cerrarse en su mano, aferrándolo con desesperación.
- ¡Italia-chan! Reacciona por favor, debes despertar. Por favor… - Quién diría que el prusiano sería capaz de rogarle a alguien, pero el italiano era muy importante para él. Quería que despierte. Y cuando lo hiciera lo ayudaría. No como hizo Francia, sino que le daría una verdadera ayuda. Y por sobre todo, no lo dejaría solo en el campo de batalla. Jamás.
En otra habitación casi igual a la que se encontraba Feliciano, un cuerpo cubierto por viejos vendajes con sangre seca en el torso yacía inconsciente sobre una cama en mejores condiciones. Éste era rodeado por todos los miembros de la mafia y de los grupos rebeldes del sur, observando si había algún cambio en su capitán.
- ¿Y? – Fue la simple pregunta que hizo el soldado pelirrojo ante otro miembro de la mafia, el cual meneó la cabeza negativamente.
- Ningún cambio. Ya no sabemos que hacer. Pero lo último que dijo fue el nombre de Italia del Norte, así que él debe tener relación con su estado. Después de todo, ambos cuerpos soportan el mismo destino de un país.
Los hombres que escuchaban suspiraron con un sentimiento de impotencia total, pues hacía casi un mes que su líder se encontraba en ese estado de inconsciencia, y era inminente que despertara. El futuro de toda Italia dependía de ello.
La gente agonizaba en las calles pues en este tiempo una gran peste amenazó toda Venecia, destruyendo familias enteras, a lo que Austria aprovechó para atacar los lugares específicos y vitales de la región, empeorando la situación. Por su parte España atacaba Roma y las islas del sur con tal violencia que impedía el reordenamiento de las mínimas tropas italianas que seguían a Lovino. El resto de los rebeldes y la mafia entera se encontraba en este momento a su cuidado, rezando como nunca lo hicieron antes por su pronto despertar.
El caballero pelirrojo que acompañó todo este tiempo al castaño descansaba ahora a su lado, vencido por el sueño de varias noches en vela. Fue en ese instante tan minúsculo que el italiano mayor tenía otra de sus pesadillas.
- Veneciano… No… - Balbuceaba entre un mar de llamas, reconociendo las ruinas de lo que alguna vez fue el Canal de Venecia. Un pequeño cuerpo tan parecido a él yacía sobre los restos quemados, entre miles de otros cuerpos más pero que al mayor no le interesaron. Su silueta solamente corría hacia su querido hermano. – No, despierta… No mueras… ¡No mueras! ¡Tu no!
Los ojos esmeraldas se abrieron con fuerza, casi con dolor, despertando a su cuidador por la violencia de los gritos.
- ¡Jefe! – El pelirrojo con acento sureño se levantó de la silla, tirándola por la fuerza, al ver que Romano se intentaba incorporar con dificultad. - ¿Cómo se siente? ¡Oigan, el Jefe despertó!
- ¡Como la mierda! ¿Qué pasó? – Bramó tocándose la espalda, descubriendo un gran vendaje que le apretaba las heridas. Lo poco que recordaba era estar descansando de un ataque de Antonio cuando… - Veneciano… ¿¡Qué pasó con mi hermano! – Por la furia del recuerdo agarró de la ropa al pobre joven que lo miraba con temor, pero al mismo tiempo con alivio. Si podía reaccionar así significaba que estaba mucho mejor.
- ¡N-No sabemos! U-usted lo nombró y se d-desmayó. – Lovino lo soltó inmediatamente al escuchar aquello, levantándose de esa dura cama en dirección a una maldita salida. - ¡Señor! Me alegro que esté mejor.
El castaño se detuvo unos instantes, volteando el rostro completamente serio, mirando a los ojos al pelirrojo. – M-Muchas gracias por cuidarme.
Al escucharlo, el joven sonrió complacido, agradeciéndole el detalle y deseándole buena suerte. Después de todo tenían un excelente capitán.
En un paisaje completamente desconocido para los ojos ambarinos, el joven italiano caminaba sin rumbo fijo por una completa soledad, pues no había una sola persona ahí. Preguntándose dónde se encontrarían todos, pudo distinguir una silueta oscura en lo que él reconoció como la entrada al Gran Canal, cerca de la ubicación de las góndolas que tanto amaba.
- ¿Quién eres…? – Susurró despacio, pero con ansiedad. Sentía una fuerte presión en el pecho al mirar aquella figura en apariencia infantil.
- Debes olvidarte del pasado, Italia. – Dijo con voz firme, denotando que se trataba de un infante masculino. Al voltearse y verse frente a frente el corazón del italiano se detuvo por unos instantes. Sólo una persona podía tener aquella mirada tan transparente y con tanta fuerza como el océano, y ese cabello formado por un pedazo del sol.
- Sa… cro… ¡Sacro Imperio Romano! – Las lágrimas se juntaban en sus ojos pero no querían ceder a la gravedad, impidiendo que en pocos segundos su vista fuera nítida. Aun así sus piernas reaccionaron y corrió lo más rápido que pudo para abrazarlo, pero por alguna razón cada vez que se acercaba el germano se alejaba. - ¡Espera! ¡No te vayas! ¡No de nuevo!
- ¡Debes dejar el pasado atrás! – Ante aquella exclamación Feliciano se detuvo. No, no podía hacerlo. No podía hacer lo que Sacro Imperio le decía.
- ¡No lo haré! ¡No quiero olvidarte! ¿Haz regresado, verdad? ¡Viniste a cumplir tu promesa! – Trató de mantener una esperanza a su alma que vibraba por aquél chico, por su primer amor. Pero el infante cerró los ojos y negó con un gesto, provocando que las lágrimas presas en sus ojos se dispararan por un camino que cruzaba sus mejillas. – No…
- Yo ya no podré volver, perdóname.
Las rodillas le temblaron y su cuerpo cayó pesado, cubriéndose el rostro llorando sin control. Las palabras del rubio le dolían en lo más profundo, pero había algo de claridad en su mente.
- Escúchame Italia, tienes a alguien más importante a quien proteger. Pero sólo podrás hacerlo si te olvidas del pasado. ¡Debes vivir el presente!
Los ojos ámbar se abrieron como platos ante aquella declaración, mirando a la figura pequeña que se mantenía en pie frente a él a una distancia dolorosa. Una sonrisa se dibujó en aquél rostro que recordaba tan bien.
- Gracias por haberme amado. Pero ya tienes a tu verdadero amor a tu lado, debes ser fuerte.
- Sacro Imperio Romano… Digas lo que digas no te olvidaré jamás. Fuiste mi primer amor, pero… - Lentamente el rostro triste y lloroso intentaba marcar una de sus sonrisas más felices – ¡Te juro que lucharé por Lovino! Gracias por cuidarme y hacerme entrar en razón.
Ante aquellas palabras el pequeño sonrió ampliamente, alejándose cada vez más de Italia. Sólo que esta vez no lo perseguiría. No iría tras una figura de un pasado que jamás volverá. Debía vivir su presente y construir su futuro.
- Espérame fratello, juro que ganaré esta guerra. Te encontraré, y después… Y después…
Un brillo intenso obligó al menor a cubrirse con sus brazos, sintiendo que ese resplandor lo tragaba por completo. Al abrir los ojos pudo ver un par de ojos escarlatas mirarlo con preocupación.
- ¡Italia-chan! ¡Por fin despertaste! ¡Estaba tan preocupado! – El albino no dudó en abrazar con fuerza el pequeño cuerpo herido del italiano, quien sonreía tontamente como era costumbre en él.
- Gracias por preocuparte Prusia. – Le respondió mientras el otro se alejaba para verlo sonreír como antes. Estaba feliz de ver ese cambio. - ¿Qué me ha pasado? No recuerdo nada.
- Tuviste un enfrentamiento directo con Austria. – Al escuchar aquél nombre el pequeño se puso serio, recordando la promesa que le había hecho a Sacro Imperio. Sabía que estaba soñando, pero también sabía que ese encuentro fue real. –…Y te desmayaste por el golpe. – Terminó de contar a grandes rasgos el prusiano, mientras éste observaba cómo Italia se levantaba de ahí en busca de su ropa.
- Entonces pasó mucho tiempo… Mi gente me necesita, no puedo descansar más.
- Italia-chan… - Gilbert estaba sorprendido de que el chico haya cambiado tanto su visión, preguntándose cómo fue que resulto tal cambio. ¿Será que el golpe le movió su cabecita un poco? - ¿Qué ocurrió? Haz cambiado…
El menor rió por lo bajo, con un leve sonrojo por el recuerdo. Esa añoranza al pasado iba a desaparecer, pues tenía un propósito en este momento. Pero el recuerdo de Sacro Imperio siempre sería un dulce alivio.
- Sacro Imperio Romano me ayudó a entrar en razón. A no vivir en el pasado. Sólo eso.
El prusiano tragó saliva. ¿Sólo eso? ¿Es una broma? Cómo podía ser que el alma de Sacro Imperio haya entrado en los sueños de Italia, si él ya… Bueno, no debía pensar demasiado en eso. Seguramente ese pequeño niño tenía más poder del que él mismo podría controlar.
- "Así que estabas preocupado de ese entonces, eh…" – Pensó recordando la visita del italiano en su casa, cuando ese niño escuchó todo en la lejanía. Quizás el alma de Sacro Imperio estaba intranquila por él. – "Ahora puedes descansar en paz…"
- ¿Prusia-san? ¿Te encuentras bien? – El joven castaño lo llamó por quinta vez, mirándolo de cerca y asustando al albino.
- Waah! ¡Claro que estoy bien! Soy demasiado awesome para estar mal, Ha Ha Ha! – Rió estrepitosamente, mientras contagiaba al pequeño con esa alegría.
Era hora de volver al combate por su gente, por su país, y por su hermano.
¡Perdónenme! Sé que tardé muchísimo en actualizar, pero les seré sincera. Me costó mucho trabajo armar el capítulo porque entré en una de esas lagunas de escritor que me amenazan una o dos veces al año. Encima ya empecé la universidad, así que voy a tardar más en actualizar.
Espero que este capítulo, aunque corto, les haya gustado. Probablemente mantendré el número de páginas como en este capítulo, así que serán más o menos de esta longitud. ¡Lo siento!
Espero ansiosa sus comentarios, y muchas gracias a mis lectoras que me siguen desde el principio con este proyecto que tanto amo.
¡Nos vemos pronto!
