¿Que onda?

¡Es jueves! Haaha ¬¬ Ok, muy obvio... pero se supone que solo iba a subir los viernes!

Pero adivinen que...¡tengo puente! Jaja para los que no sepan hoy es 15 de Septiembre y se da el grito de la independencia en México (aunque no soy muy fanatica de esas cosas), pero bueno... el puente significa que tengo un largo fin de semana ¡Viernes, Sabado y Domingo! Hahaha como sea...

Muchas muchas GRACIAS por todos sus reviews! :) Me alegra que les guste la historia, de verdad... (: Muchas gracias por estos 27 reviews que llevo... de verdad! (:

Bueno, espero que les guste este cap...

Disclamer: iCarly no es mío... ¡Viva México! xD


-iHateYou-

-Capítulo 4-

-La decepción de Gibby-

Spencer Shay trabajaba en una nueva escultura. Una escultura que, estaba seguro, sería de las mejores en su vida. Halloween se acercaba y no, no quería repetir aquella calabaza gigante, quería hacer algo mil veces mejor. El problema es que no sabía que, solo sabía que sería genial. Ahora se daba cuenta porque lo consideraban una persona tan extraña.

Observó su reloj extrañado.

Su hermanita Carly estaba en su cuarto haciendo seguramente tarea, pero eso no era lo que le sorprendía, Carly siempre había sido una niña muy responsable que siempre hacía sus deberes. Lo que le sorprendía era que en su sala no había ni un adolecente arreglando cables o cosas electrónicas, ni una rubia consumiendo todo lo que había en su refrigerador, ni un gordito sin playera. Si no se equivocaba, ese día era ensayo de iCarly y ya deberían de estar allí.

Siempre les ha dicho (sobre todo a Sam) que esa no es su casa, pero debía admitir que se sentía raro el que no estuvieran allí. Muchas veces había leído o visto en la televisión que muchos artistas tienen lo que llaman "Su musa", ese algo que les ayuda a crear una nueva escultura, libro o lo que fuera. El nunca se había dado cuenta que incluso el tenía una; no siempre, pero muchas veces esos adolecentes peleoneros le daban inspiración, algunas de sus esculturas habían iniciado gracias a algún gesto o pelea entre Sam y Freddie. Y apenas se había dado cuenta.

¡Vaya! La ausencia de ese par le hacía decir cosas bastante graciosas.

Escucho los pasos de Carly bajando las escaleras, y cuando la vio, pudo notar el aburrimiento en cada uno de sus gestos. Le dirigió una mirada y Spencer supo que se preguntaba que hacía un enorme oso negro de peluche en el centro de su sala. La chica estaba tan aburrida que le restó importancia y se dirigió a la cocina para preparar un poco de limonada.

–¿Por qué no hay adolecentes invadiendo mi casa?

Carly le dirigió una mirada y sonrió. –Sam está en detención…

–Eso no me sorprende – Su hermana rió. – …¿Qué hizo?

–Enharinó a algunos padres de familia y mando al profesor de matemáticas al hospital.

Spencer sonrió. – ¿Cómo?...

–Ni idea. – Carly sacó un par de vasos de la repisa.

–De acuerdo, eso lo entiendo… ¿Y Freddie?

Carly sonrió. – No sé, aunque pasamos para más tarde el ensayo de iCarly supuse que vendría como siempre. – Se encogió de hombros. – Supongo que ya vendrá.

–Eso sí es raro…

–Si hoy fue un día raro…

–¿Por qué? – Miró a su hermana curioso.

–Bueno, hay un chico nueva en la escuela – Spencer hizo cara de asco al notar el tono de su hermanita. – que al parecer tiene un gran interés por Sam…

–¿Y Sam que hace?

–Lo golpeó en el estómago… – Como si fuera lo que esperaba, Spencer no se sorprendió ni un poco. – Al parecer no le…

Carly fue interrumpida al entrar Freddie, obviamente como si fuera su casa (según pensó Spencer) – ¿Qué onda?

La chica rió para sus adentros. – Nada… le contaba a Spence sobre el chico nuevo…

A Spencer también lo consideraban una persona distraída. Y debía admitir que muchas veces era así, era el último en darse cuenta de las cosas o simplemente no le importaba y no prestaba atención. Pero en ese momento incluso el se dio cuenta como Freddie fruncía el ceño y su ánimo cambiaba por completo. Volteó a ver a su hermanita quien estaba muy sonriente. Sintió incomodidad, no le gustaban esas cositas de adolecentes.

–¿Ese tipo qué? – Incluso el tono de voz de Freddie había cambiado por completo. Spencer le miró extrañado. Se sentó en el sofá, ignorando por completo el enorme oso de peluche que se encontraba donde debía estar la mesa de centro.

–Le contaba a Spence que es muy obvio que quiere algo con Sam… – Carly se dirigió a él y se sentó en el sillón. A Spencer le sorprendió como ambos ignoraban a su hermoso oso, ¡El que tenía ganas de que le preguntaran para que era! (Tal vez así se le ocurría que hacer con él)

–No me agrada. – Y era cierto, pero decirlo en voz alta, en frente de alguien como Carly era muy diferente. Los hermanos Shay le miraban curiosos. – … no me da buena espina. – El chico no sabía ni donde esconderse.

–Freddie, ¿Estás bien? – Carly no parecía estar preocupada, incluso había un tono de felicidad en su voz que el castaño ni supo cómo interpretar.

–Perfectamente… – Se levantó tomando el par de cables que había traído consigo. – Voy a poner eso… en eso… – Sin darles una mirada más subió rápidamente por las escaleras en dirección al estudio de iCarly.

–¿Qué fue…

–¡Es genial hermanito! – Carly interrumpió a Spencer. – ¿¡Te diste cuenta! ¿Te diste cuenta? – Si no fuera porque Freddie estaba cerca hubiera gritado a todo pulmón.

–Parecía que estaba…

–¡No parece! ¡Estoy segura de que lo está! – Dio un par de palmaditas y le miró con gran alegría. – ¡Es perfecto! ¡Y para colmo tienen que trabajar los tres juntos en un proyecto! ¡Es perfecto!

–Pero si dices que el chico…

–¡No! ¡A Sam no le agrada en absoluto! – Spencer miró molestó (algo que rara vez sucedía) a su hermana menor. No le había dejado completar ni una sola frase en toda la conversación. – Seguro lo está golpeando en este momento… – El chico estaba a punto de preguntar algo pero Carly le interrumpió. – Están juntos en detención…

–Si Carly, pero no creo que…

–¿Qué cosa? – Carly dejó de brincar para observar a su hermano.

–Sam nunca ha demostra…

–¡Mamá está aquí! – Spencer fue interrumpido, pero esta vez por Sam. Carly se dirigió a ella y no volteó a ver a su hermano, quien se fue murmurando algo acerca de lo malvados que son los adolecentes.

La rubia se dirigió a la cocina de su mejor amiga y sacó del refrigerador un pedazo de jamón. Comenzó a comerlo feliz, pero se dio cuenta de la insistente mirada de su amiga, no le quitaba el ojo de encima. – ¿Qué? – Habló con la boca llena pero Carly no pareció notarlo.

Carly sonrió (y se dio cuenta de que estaba sonriendo mucho ese día) – ¿Cómo te fue en detención? –

Sam frunció el ceño ante el tono de Carly, como si supiera algo que ella no, como si le divirtiera algo. – Bien… – Decidió volver a meter su cabeza al refrigerador, no le estaba gustando la conversación.

–¡Oh vamos Sam! – Chilló como solo ella sabía. – ¡Ese chico es guapísimo! – Freddie paró en seco al escuchar a Carly. Solo bajaba por un par de cosas que se le había olvidado y se encontraba como una horrible conversación. – ¡No me digas que no!

Sam sacó su cabeza del refrigerador. – Mmm… – Pareció meditarlo. –…¡NO! – Volvió a meter su cabeza en busca de comida, o simple protección contra Carly.

Otra vez no sabía porque, de hecho ese día estaba lleno de preguntas para él, pero escuchar a la rubia decir eso le lleno de un gran alivio, era música para sus oídos. Decidió que no quería seguir escuchando mas esa conversación y apareció a escena.

–Carly voy por un par de cosas. – La susodicha volteó a verle.

–Haz lo que quieras Benson… –Sacó su cabeza del refrigerador y le mostró su mejor mirada de odio, algo que Freddie agradeció plenamente. Por raro que suene, sentía que lo necesitaba. Sam suplicó que el chico no hubiera escuchado esa conversión. Esperaba que no.

–Nadie te hablo a ti Puckett… – Anteriormente estaba dispuesto a irse por lo que necesitaba, pero la discusión le había entretenido tanto que las palabras habían salido sin autorización alguna.

–Ok chicos yo creo que… – Carly se asustó un poco, ¿esque era la única manera en la que sus amigos se podían comunicar? ¿A base de insultos? La respuesta era simple, claro que no…

…Sam se comunicaba mejor a golpes

–Repítelo Benson… – Había sido divertido, nada mejor que la adrenalina corriendo por tus venas al molestar a Samantha Puckett, pero esto se estaba tornando feo. Freddie sabía lo que venía, igual sabía que debía de correr. Y eso hizo, corrió como loco, pero como siempre Sam lo alcanzó y como siempre lo golpeó.


Habían pasado tres días desde la llegada del nuevo alumno y las cosas no podían estar más extrañas. En estos días, Sam no había podido ir a casa de Carly, algo que debía considerarse un record, según decía Spencer. Además Freddie solo había pasado por allí menos de media hora y estaba de un humor extraño, Carly estaba más callada de lo que había estado en toda su vida y Gibby, Gibby no sabía ni en que universo vivía.

Marisa estaba preocupada por su hijo. Sabía perfectamente que para el ir a casa de esa morenita era no solo una rutina, era casi una obligación. Estaba confundida. Primero pensó que su hijo se había dado cuenta de la mala influencia que eran ese par de niñas; pero eso le parecía, hasta cierto punto, imposible. Incluso llegó a pensar que se habían peleado (cosa que no le entristecía ni le agradaba), y si era si, solo se habría peleado con aquel demonio rubio que le hacia la vida imposible, y a Carly le hablaría perfectamente.

Descartó esa opción cuando se dio cuenta de que aquella rebelde no había ido a casa de la morena, y eso era bastante extraño. Se asustó cuando un pensamiento cruzó su mente, algo que ninguna madre podría aguantar… debía de ser una simple coincidencia el hecho de que su hijo dejara de ir a casa de Carly por el simple hecho de que la niña Puckett tampoco iba. Eso era simplemente imposible, estúpido y nunca permitiría que algo así pasara.

Sonrió colocando el último plato en la mesa. –¡Fredward! ¡La cena!

La chillona voz de su madre le distrajo de lo que hacía, le dolían un poco los ojos. Estos tres días se la había pasado modificando y colocando diferentes cosas en la página de iCarly, incluso ya no sabía ni que cambiar. –¡Fredward! – Sabiendo que la segunda llamada ya era una advertencia, y que siendo jueves, cenaría brócoli y otros vegetales. A veces le gustaría poder cenar de manera normal.

Se levantó dispuesto a ir a la cocina y una vez que llegó allí tomó asiento. Comenzó a comer su "Manjar de proteínas", según lo llamaba su madre.

Llevaba aproximadamente diez minutos en la mesa, cuando escuchó la inconfundible voz del demonio rubio. Tenía que ser ella. Esa voz le había gritado unas veinte mil millones veces, era inconfundible para él.

Gracias a que su madre se encontraba desinfectando su ropa, pudo interrumpir su cena y se dirigió a la puerta. Antes de que pudiera abrir, pudo escuchar la voz de alguien más, Sam no estaba sola.

–No pienso reprobar Puckett… – No tenía idea de quién era, pero estaba seguro de algo, Sam estaba con un chico.

–Mira cuanto me importa… – Enseguida se dio cuenta de que Sam comenzaba a desesperarse. Sonrió al darse cuenta de que estaba desesperada por entrar al apartamento de Carly, pero seguro el chico no la dejaba en paz, llevaba días sin asaltar el refrigerador de los Shay.

–Tu amiguito también reprobará… –Enseguida se dio cuenta de quien se trataba, seguramente era ese chico "Alessandro". Recordaba perfectamente que les había tocado a los tres hacer un trabajo para literatura. Tenían que estar hablando de él, ¿Cuántos "amiguitos" más tenía Sam?

–Mira cuanto me sigue importando… – No quería admitirlo, pero eso le había dolido un poco. El de verdad pensaba que eran no solo amigos, sino mejores amigos, y los amigos siempre se preocupan por ellos; por algo Sam siempre trabajaba (aunque poco) cuando le tocaba algún trabajo con Carly, porque son amigas…¿Qué ellos no eran amigos?

No aguantando mas la curiosidad, abrió la puerta, encontrándose a Sam a punto de golpear al tipo ese.

Se maldijo mentalmente.

Si se hubiera esperado un rato mas, Sam le hubiera golpeado. –¿Sam?

–No Freddo el conde Drácula… – La chica puso los ojos en blanco.

–Créeme, el conde Drácula es menos violento y agresivo…

–Créeme Benson, a nadie le importa lo que dices…

–¡¿Tienes que insultarme tanto?

–¡Tu empezaste ñoño!

–¡Claro que no!

Carly escuchó gritos afuera de su apartamento. Y supo perfectamente a quien le pertenecían. Cuando abrió la puerta pudo ver a sus dos mejores amigos peleando; una escena completamente normal después de estos días tan raros sin Sam. Pero había algo raro, un tercero observaba la escena encarnando una ceja. Sam y Freddie siempre se perdían tanto en sus discusiones que no se daban cuenta de la presencia de los demás.

–Ellos… siempre hacen eso. – El chico escuchó a Carly y sonrió del lado.

Una vez más la morena se preguntó porque ese chico era tan raro (y tan guapo). Carly entró a su apartamento y buscó su atomizador. Al encontrarlo, volvió a salir y disparó chorritos de agua a sus mejores amigos, volviéndolos a la realidad.

–¡No hagas eso! – Después del grito de Sam, un incomodo silencio inundó a los cuatro chicos, algo que la rubia no soportaba eran los silencios. –¡Tu! ¡Ya te dije que me dejes en paz! – La chica, obviamente, se dirigía a Alessandro quien no se movió ni un centímetro, solo sonrió. Freddie frunció el ceño y Carly miraba a todos entretenida.

–¡No puedo creerlo! – Los chicos de iCarly y el castaño voltearon a donde la voz se encontraba. Gibby los miraba con los ojos como platos, pero llenos de tristeza. –¡Se supone que soy parte del cuarteto iCarly!– Se acercó a los cuatro chicos que lo miraban curioso. – ¡Dejo de venir un par de días y me remplazan!


¡Pobre Gibby! :(

Hahahaha ¿Que tal?

¿Les gustó?

¿Lo odian?

Ya saben que todo comentario, recomendacion o lo que sea es bienvenido! (:

Muchas gracias por leer el cap y me despido!

Sayonara...!

Dale

R

E

V

I

E

W

¡Vamos! ¡Dale review si te gustó el cap! (Y si ya no puedes esperar para ver iCan'tTakeIt!)