¡Hola!

Ya se, me tarde medio año en subir…

haha, ok no tanto! Pero espero que les guste el capítulo que he hecho el día de hoy.

¡Gracias! Por todos los reviews, de verdad ya saben que es muy lindo para mi el leer sus comentarios y apoyos, ya saben que cualquier crítica es recibida (:

Sin mas…

Disclamer: iCarly no es mío, ¿Por qué lo tengo que poner en cada cap? ¡Ustedes ya lo saben!


-Capítulo 8-

-La nueva pareja en Seattle-

En las películas es mucho más simple.

En las películas todo es perfecto.

En las películas hay in cliché tan estricto que nunca afecta al protagonista. El protagonista sufre, claro que sufre, pero al final es feliz toda su vida.

En las películas el típico niño con ideas diferentes a las de los demás ve por primera vez a la chica perfecta de la escuela y queda completamente encantado con ella. Hace todo lo posible por llamar la atención, sin embargo, siendo ella demasiado popular para el chico nuevo, no se da cuenta de su presencia ni por un instante. Y claro, tiene que aparecer el chico brabucón que le cree como su propiedad y amenaza de muerte al enamorado. Obviamente el protagonista nunca se da por vencido y, después de ser ayudado por sus amigos y aprendiendo una valiosa lección, por fin decide declarársele, para que aquella chica le conteste que los sentimientos son mutuos, se vuelvan novios y se besen en su primera cita después de contemplar el amanecer.

En las películas es así, pero en la vida real es completamente diferente.

En la vida real el darte cuenta que te gusta tu mejor amiga-enemiga desde quien sabe cuándo, que estés completamente celoso a causa de esta misma chica y que al parecer ella este saliendo con un completo idiota… es lo más perturbador que te puede suceder.

Así se sentía Fredward Benson… perturbado.

Era bastante extraño, pero no quería llegar a la escuela.

No quería llegar y escuchar como todos hablaban de la nueva pareja del instituto.

¿Le dolía?

Por supuesto. Después de todo, el darte cuenta de que te gusta tu peor enemiga y que esta está saliendo con un completo estúpido en la misma semana no es lo más genial que te puedes imaginar, aunque el protagonista de la película demuestre más tenacidad que tristeza.

La vida sería mucho más fácil si todo estuviera controlado por un guión, efectos especiales y dobles para las escenas que no deseas hacer.

En este caso, Freddie no quería observar a los "nuevos tortolitos de la escuela" y tener un doble de escena le salvaría.

Observó detenidamente las puertas del instituto con aire cansado, un par de chicas entraron a él y le observaron como si estuviera loco; después de todo, ¿Quién se queda viendo a una puerta como tarado, preparándose mentalmente para lo que le esperaba allá adentro? Aunque claro, las chicas seguro no tenían ni la más mínima idea de lo que pasaba por su mente en esos momentos, y así estaba bien, nadie lo debía de saber.

Suspiró hondo y abrió la puerta.

Después de caminar algunos pasos, se dio cuenta de que todo estaba completamente normal. Chicas cotilleaban o "hacían críticas constructivas a sus demás compañeros" (como muchas se justifican), pero nada parecía fuera de lo normal. El se imaginó, que siendo Sam, la protagonista del mejor Web Show de internet, todos se sorprenderían cuando supieran que estaba…bueno, saliendo.

Su mente rápidamente formuló que su madre se había equivocado, que tal vez había confundido a Sam con otra persona, pero le pareció ilógico. La Señora Benson no podría confundir a Samantha Puckett; era simplemente imposible. Su madre, además de tener un ojo de águila impresionante, conocía demasiado a Sam, no podía confundirse; además, su madre había descrito perfectamente al chico, por lo que supuso que nadie sabía de su nueva relación.

Bueno, ya se darían cuenta cuando llegara.

Se dirigió a su casillero y allí encontró a su mejor amiga sonriéndole.

–¡Buenos días! – La amigable voz de su mejor amiga le hizo sonreír.

–Hola – Dijo simplemente. La morena le dedicó una mirada preocupada y Freddie sabía que estaba a punto de gritar si se sentía mal, si estaba deprimido o si quería acabar con su vida. –…no pude dormir bien. – Antes de que la chica pudiera hablar, le sonrió y abrió su casillero como si nada.

–¿Tienen el trabajo listo? – Preguntó Carly, aun observándolo detenidamente. El chico le miró sin comprender. – El trabajo de literatura…en equipo.

El chico asintió. –Sí, aunque yo lo hice todo. – Dijo con tono enojado y golpeando su casillero de golpe.

–¡Le dije a Sam que tenía que ayudarte! – La chica gritoneo algo molesta.

–Bueno, seguro estaba ocupada… – Freddie de verdad no quería sonar molesto y mucho menos celoso, pero le costaba demasiado. Era cierto. El había hecho todo el trabajo mientras ese par disfrutaba su "nueva relación" en los malditos licuados locos.

–Ok, ¿Qué tienes Freddie? – La chica le observó con su mirada de "Me vas a decir por las buenas o por las malas, decide". –¿Te peleaste de nuevo con Sam? – Al no encontrar respuesta la chica siguió hablando. – ¿Qué ustedes no se pueden dejar tranquilos ni por un momento? ¡Siempre tienen que estar peleando! ¡¿Ahora qué te hizo? ¿Qué le hiciste? ¿Qué hicieron? – La chica hablaba demasiado rápido.

–¿Quién le hizo que a quien? – Con un enorme pedazo de tocino en la mano, Sam se acercó al escuchar el gritoneo de su mejor amiga. Observó a ambos chicos. Carly respiraba rápidamente después de tremendo diálogo y Freddie le veía enojado. – ¿Tu que tienes Freduardo? – Le retó.

Freddie observó como Carly le miraba extrañada, dándose cuenta de que no se habían peleado, por lo que él debía estar enojado con Sam, por otra cosa. A veces le sorprendía como su mejor amiga podía llegar a cualquier conclusión en solo una milésima de segundo.

–¿Si sabes que yo tuve que hacer todo el trabajo? – Sam levantó la ceja sin comprender. – ¡El maldito trabajo de literatura! – Habló molesto.

Carly le dedicó otra de sus miradas intrigantes y Sam volvió a levantar la ceja extrañada. – Cuidado con esa boquita Benson, que tu mamá te va a castigar. – Habló con sorna.

Freddie estaba a punto de responder, cuando observó a lo lejos a Storari, obviamente, dirigiéndose a donde se encontraba Sam, o su novia…pareja…esposa…lo que sea.

Unas repentinas ganas de matar a todo ser viviente del planeta se apoderaron de su mente, una neblina le cegó y como treinta síntomas más de celos se hicieron presentes, recordándole lo mucho que le afectaba todo eso. Observó como el chico le decía al demonio rubio que "tenía que hablar con ella" y ella, como fiel noviecita adolecente enamorada, le siguió después de un simple "ahorita nos vemos".

Sabía que Carly le miraba, sabía que debía de estar formulando unas treinta mil conclusiones, todas completamente diferentes, sobre sus acciones. – ¿Estás bien Freddie? – En realidad pensó que gritaría "¡Estas celoso!", pero eso era mucho mejor.

–Si… – Dijo tratando de calmarse mientras se colgaba bien su mochila. –Vámonos a clase. – Sinceramente le urgía llegar a cualquier clase que tuviera (con tanto enojo ya lo había olvidado). No quería que Carly comenzara a sacarle algún tipo de información que, seguramente, ella ya había deducido. De hecho, aún suplicaba a Zeus, Buda o a quien fuera que no se hubiera dado cuenta de su reacción, aunque lo veía poco probable.

Justo antes de llegar a al salón, la chica se detuvo y observó a su mejor amigo hacer lo mismo. –Somos amigos ok… eso no significa que me tengas que contar todo, pero si te puedo apoyar en lo que sea. – Dijo la chica para después abrir la puerta del salón y entrar.

Dejando a Freddie con una sensación aun más extraña de la que ya sentía.


–Supongo que estas consciente de que nos pueden expulsar. – Habló un castaño, escondido, esperando a que la secretaria al fin abriera la puerta de la dirección.

La rubia, a su lado, le miró con indiferencia. – Nunca me ha importado mucho. Y al parecer a ti tampoco.

El chico se encogió de hombros. –No, además esta escuela es muy aburrida. – La chica le miró con la ceja alzada. – Todos son demasiado monótonos y nunca se divierten.

El demonio rubio frunció el ceño y se dedicó a esperar para poner en marcha su plan. – Eres molesto.

–Querrás decir increíblemente guapo…

La chica le miró como si no se la creyera. –Mmm…no, quería decir molesto. – Se volteó una vez más, esperando a que la mujer terminara su desayuno e hiciera su trabajo de una vez.

–Vamos Puckett, no hay chica que no me considere así…

Y vaya que ese chico tenía autoestima, pensó Sam. – Bueno, acabas de conocer a la primera que no. – Dijo retándolo con la mirada.

–¿Oh si? ¿Y por qué no? – Dijo mirándole de la misma manera.

–Eres muy aburrido… – Dijo volteándose y tratando de encontrar con la mirada a la secretaria, quien repentinamente había desaparecido.

Alessandro se molestó ante su comentario, pero tenía uno mejor bajo la manga. –¿Y Benson no te aburre?

Sam le miró sin comprender. ¿Qué tenía que ver Freduardo en todo eso? – ¿Qué tiene que ver Fredward?

El chico sonrió del lado, dándose cuenta de que había encontrado un buen punto a su favor. – Nada, solo supongo que él no te aburre.

La chica frunció el ceño, ¿Qué tenía este idiota ahora?

Incontrolablemente comenzó a sentir muchos nervios, como si algo de verdad estuviera en peligro, al muy importante. En este caso, ese algo era un secreto, un secreto que ni ella misma conocía pero que su inconsciente sí.

Odiaba esa sensación, le molestaba demasiado. Respiró hondo y se recordó que era una Puckett, tratando de desactivar tantos pensamientos de su cerebro.

–¿Nada que decir Puckett? – Obviamente, Storari sabía que había tocado un punto débil en ella, se le notaba feliz por haber ganado esa batalla.

Preocupada, decidió cambiar de tema. – Ya faltan cinco minutos para que empiece la clase, si vamos a hacer esto, debe de ser ahora. – Dijo sonriendo. Estaba emocionada, esta iba a ser la broma del siglo.

Después de cerciorase de que la extraña secretaria no estuviera cerca, entraron a la oficina del director Franklin. Gracias los increíble conocimientos sobre la escuela que Sam tenía (es decir, conocía cualquier rincón de la escuela ya que siempre se escondía en cualquier sitio con tal de perder clase), los chicos instalaron una especie de dispositivo en los estrechos tubos de aire que están por encima del techo. Aunque claro, solo podías entrar a ellos por medio de la oficina del director.

Con el mayor cuidado posible, ambos subieron y después de unos minutos gateaban por dichos pasillos, esperando llegar al salón que correspondía al Señor Howard. Sam sabía perfectamente que a esa hora le tocaba clase con el hombre y estaba muy emocionada, aunque preocupada, porque de seguro Carly se enojaría con ella y le daría un discurso de media hora (por lo menos y sin contar las miradas molestas).

Comenzó a escuchar la voz de su "queridísimo profesor" y sonrió. Observó su "maquina malvada contra maestros malvados", ya no aguantaba más las ganas. Si, definitivamente esa sería la broma del siglo.

Después de haberse quedado parado como idiota, Freddie decidió que lo más coherente era entrar al salón y tratar de comportarse lo más normal posible. Pero, como ya había dicho unas veinte mil veces esa semana, su vida se había vuelto completamente extraña.

Pasaron algunos minutos y Freddie pudo observar como su profesor el Señor Howard, entraba al salón con su pequeño maletín café y su traje del mismo color. Inmediatamente recordó a Sam (después de todo, ella odiaba al hombre) y recordó que ya hacía bastante tiempo se había ido con el italianucho (Seudónimo que, al parecer, Freddie había decidido ponerle a Storari).

Una vez más, frunció el ceño.

¿Qué tanto podían estar haciendo?

Una sola idea pasó por su mente y fue tan repulsiva que casi sale del salón para poder vomitar.

Bueno, si ese par eran novios… eso, obviamente, quería decir que debía de haber contacto…bueno, ¿Cómo decirlo sin que le asqueara demasiado?

Inmediatamente recordó su primer beso con Sam, o mejor dicho, su primer beso. Estampó su cabeza contra la paleta de la banca. ¡Deja de pensar Fredward Benson! Se dijo a sí mismo, observó al profesor quien comenzó a hablar, pero no entendía ni una palabra de lo que decía.

¿Por qué todo tenía que ser tan extraño?

Y justo cuando eso pasaba por su mente, la rejilla del aire acondicionado se abrió y una mezcla de cosas increíblemente asquerosas, que no alcanzó a divisar, pero que olían peor que estar en un basurero, le cayeron al profesor Howard encima.

El hombre, a causa del peso que le había llegado encima, cayó al piso aun sin comprender. Todos los alumnos observaban sorprendidos la escena, no sabiendo que hacer; si reír, si ayudar, si correr a pedir ayuda, o si no hacer nada.

Freddie observó como de la rejilla, el objeto de sus pensamientos se asomaba completamente feliz y sosteniendo una cámara. Un par de fotos después, la chica se saltó para caer sana y salva al piso, dirigiéndose a su lugar, sonriendo. Freddie tuvo el instinto de gritarle que si estaba loca, que no debía aventarse desde el maldito techo como si estuviera hecha de hierro, pero decidió que se vería demasiado raro y obvio. Sin embargo, para su amarga fortuna, también pudo ver como un castaño saltaba por la misma rejilla, les hacía a todos un gesto de "Quién diga algo no volverá a ver la luz del día" y se dirigía a su lugar, es decir, al lado de Sam.

Después del shock, un par de alumnos se acercaron al profesor, intentando levantarlo ya que este no veía nada a causa de la porquería que tenía encima. El hombre les golpeo (aunque golpeo al aire más que nada) y les dijo que le dejaran en paz, provocando que algo del líquido se metiera a su boca. Sam no pudo evitar reír a carcajadas cuando vio que su profesor enemigo comenzaba a escupir ese asqueroso brebaje, la chica fue seguida por las risas de sus demás compañeros, quienes decidieron que lo mejor que podían hacer era reír.

El hombre, al escuchar la risa de sus alumnos, tomó a un chico por su camisa y se limpió con ella, para poder ver mejor. Lo primero que vio fue al demonio rubio en carcajadas, burlándose de él. Furioso y rojo hasta las orejas, trató de levantarse, pero volvió a caer al resbalarse.

–¿Qué sucede aquí? – Cuando el director Franklin entró y vio al profesor Howard bañado en algo que ni siquiera pudo distinguir, frunció el ceño y dirigió su mirada hacía la única persona capaz de hacer algo así. – Puckett…

Sam paró en seco y le miró molesta. –¡No! ¡Yo no fui! – El director le miró escéptico. –¡Yo ya estaba en el salón cuando esa cosa le cayó encima! – Dijo señalando la rejilla, ante la mirada de los alumnos, quienes se sorprendían de lo bien que mentía. –¡Pero quien haya sido es un genio! – Dijo mientras volvía a reír.

Mientras el director Franklin entraba al salón, ayudaba al profesor y observaba con curiosidad aquella rejilla, Freddie se preguntó cómo le hacía Sam para mentir tan bien. Para que después otra interrogante pasara por su mente ¿Ahora la parejita hacía hasta las travesuras juntos?

Una vez más…

…celos.

Si, ya que importaba. Daba igual.

Tenía que admitirlo, el no tenía la misma habilidad que Sam.

El no sabía mentir.

El no sabía aparentar.

El no sabía aparentar lo celoso que le ponía Sam.


¿Qué tal?

¿Les gustó?

¿Fue demasiado?

¿No entendieron?

¿Prefieren irse a dormir?

Hahahaha Bueno, este ha sido el capítulo…espero que les haya gustado. Ya no voy a hacer mas promesas de "Prometo subir en una semana", tengo demasiadas cosas que hacer y ya vienen mis semanas de exámenes xD! Pero lo intentaré, lo prometo.

Hoy lo hice porque me duele mucho la cabeza y mi mami me dijo: ¡Esta bien, no vayas a la escuela! Por lo que estuve toda la mañana preparando el capítulo, pensando en el siguiente y reflexionando sobre lo que ha pasado en la pobre vida de Freddie en tan solo unas semanas… xD

Bueno, solo una cosa más…

Dale:

R

E

V

I

E

W

THIS CHAPTER SI ESTAS DISPUESTO A SECUESTRAR AL PERIQUITO DE DAN PARA AMENZARLO Y DECIRLE QUE HAGA MAS SEDDIE…BUENO, PRIMERO NECESITO SABER SI DAN TIENE UN PERICO XD (Y SI TE GUSTÓ EL CAP TAMBIÉN)