¿Qué pex…? Hahaha -_-
Sí, bueno… soy yo (: Avergonzada por no haber podido subir el capítulo antes pero ahora sí que tengo una buena excusa… mmm, no les voy a mentir… la verdad no la tengo. La insipiración me había llegado y ya me había imaginado el cap, pero al momento de escribir nada me gustaba….
Espero que les guste este cap y que no me maten al final, comencé a escribir e hice algo completamente diferente a lo que mi mente me dictaba… ¿Raro? Hahaha la verdad es que no se dé donde me salió este cap, pero espero les guste y, como dije, espero no me MATEN xD
Disclamer: Bla bla bla iCarly no es mío, bla bla bla es de Dan… bla bla bla ya me quiero ir a desayunar pero no hay nada en el refri… bla bla bla AMO EL SEDDIE.
-Capítulo 10-
-De película…-
Sam siempre ha odiado las rutinas, le parece aburrido no hacer algo nuevo.
Después de todo, ella era una persona completamente diferente a los demás, que debía hacer cosas diferentes todos los días. No importara que fuera, no importara si fuera la comida, las travesuras, los lugares en los que dormía o las bromas que hacía, todos estos aspectos de Sam, cada día deben de tener algún contraste.
Sin embargo, había algo que Sam no podía evitar hacer todos los días, sin excepción alguna…
…visitar a Carly.
Y la más pequeña de los Shay lo sabía.
Sam siempre visitaba su hogar, no había día en el que no lo hiciera; y, si por alguna razón no podía visitarle, se quedaba todo el día siguiente solo para recompensarlo. Y a Carly siempre le ha encantado.
Tener a Sam es hogar siempre ha sido divertido, es tener una chispa de diversión y felicidad en el departamento; es reír por horas y verla comer todo lo de su refrigerador, platicar por horas sobre cosas tontas o simplemente ver "la vaquita" con su compañía… así es como siempre es con Sam, así debía de ser.
Siendo viernes, sentada en una silla, jugando con un yoyo, Carly estaba aburrida. Tenía tres días que Sam no iba a atacar a su refrigerador, tenía tres días que Freddie no iba a instalar una de sus cosas raras y tecnológicas al estudio de iCarly… tenía tres días que se sentía una terrible tensión en el aire entre esos dos. Todo había cambiado de un día para otro, sin previo aviso, sin razón alguna. Incluso Spencer estaba molesto y ella no sabía ni que había pasado.
¿Qué era lo peor?
¡Que nadie le decía!
Eso no era nada justo, nada. Ella tenía derecho a saber que sucedía y a tratar de solucionarlo. De verdad extrañaba a sus dos mejores amigos, extrañaba sus peleas, sus gritos, sus rabietas, extrañaba todo, absolutamente todo.
En la escuela, Sam y ella platicaban como siempre, pero en cuanto Carly trataba de investigar qué rayos había pasado, su mejor amiga le cambiaba el tema enseguida o simplemente le decía que no le pasaba nada. La situación se volvía veinte veces peor cuando Freddie se acercaba a ellas; Carly podía sentir como la tensión invadía el lugar y como el demonio rubio mataba con la mirada a su vecino y mejor amigo.
Freddie, por el contrario, se notaba arrepentido, como si hubiera hecho algo demasiado terrible y aun no lo pudiera creer. Carly también había intentado hablar con él sobre ello y había obtenido el mismo resultado… nada.
Sus dos mejores amigos habían dejado de hablarse, de pelearse y de visitarla.
Y la situación se volvía veinte mil veces peor cuando, encontrándose los tres juntos, Storari (Por quien Carly había desarrollado un nuevo desagrado) hacía su brillante aparición estelar y Sam se iba con él; ¡Sam se iba con él!... Freddie se iba molesto y ella se quedaba con las ganas de gritarles.
Dios, incluso la morena se había pellizado un par de veces para saber si no estaba en una de esas películas en las que dos chicos se pelean y sus amigos tratan de arreglarlo bla bla bla, una de esas películas que tanto le gusta ver, pero que odiaba sentir, como ahora.
Así habían sido esos largos tres días, tres días que tenían a Carly mas que confundida y desesperada, estaba a punto de contratar uno detective privado que le dijera que sucedía, ya que pensaba que sus dos mejores amigos nunca se lo dirían, se lo llevarían a la tumba.
Frunció el ceño y lanzó lo más fuerte que pudo su yoyo, el cual golpeó la puerta con un Spencer a punto de entrar.
–Hermanita si ya no me quieres solo dilo… – El joven sonrió mientras recogía el yoyo. Se dirigió hacia donde su pequeña hermana estaba sentada y se lo entregó.
La chica lo tomó cuidadosamente, una vez más lo lanzó a la puerta y frunció el ceño. – ¡Odio los dramas adolecentes! – Gritó la chica sin controlarse. – ¡Ni siquiera sé si va a haber iCarly! – Se levantó de golpe, Spencer dio un respingo y trato de buscar la salida para huir de su adolecente y molesta hermanita. Diablos, sabía que tenía que ir a ver a calceto, ahora tenía que soportar el pequeño berrinche de Carly. – ¿¡Que pudo haber pasado! ¡Ninguno de los dos viene! – Poco a poco, se acercaba a su asustado hermano. – ¡Ninguno de los dos me dice nada! – La chica paró de caminar y Spencer tragó saliva. – Ahh… no, ¡corrijo! ¡Ninguno de los tres me dice nada! ¡Porque tu no me quieres decir y la verdad no entiendo ni que porque ya no soporto que mis dos mejores amigos se sigan peleando y no puedo hacer…
Spencer, como el buen hermano mayor que representaba, la abrazó rápidamente. Su hermana llegaba a ser demasiado dramática cuando tenía problemas. – Calma… – Error… al parecer Spencer no entendía algo que, muchas veces, Carly le había gritado.
–¡¿Cuántas veces te tengo que decir que nunca le digas a una chica que se calme? – Se soltó de su agarre y frunció el ceño. – ¡Si viene alguno de los dos le dices que no estoy, que no van a entrar y que hoy no hay iCarly! – Molesta, y sobre todo, desesperada; la chica se dirigió a su habitación dando grandes zancadas. – ¡Odio los dramas adolecentes! – Fue lo último que escucho Spencer.
–Yo también… – Dijo el chico sacando una rebanada de pan y sus pinturas… necesitaba hacer arte. Le agregó un poco de pintura morada a aquella rebanada de pan y decidió que era mejor continuar con su arte en su cuarto.
Antes de que el chico se pudiera dirigir a su habitación, pudo escuchar que alguien tocaba la puerta de su apartamento; se dirigió a ella y la abrió, encontrándose a un temeroso Freddie, no sabiendo si entrar o no. Antes de que el chico pudiera decir o hacer algo, Spencer le habló con un tono serio. – Carly dijo que no está, que no vas a entrar y que hoy no hay iCarly. – El mayor de los Shay espero alguna respuesta antes de cerrar la puerta, se notaba aun molesto para la actitud de Freddie tres días atrás y el chico lo sabía.
–Ok… adiós… – El chico se volteó y se dirigió a su departamento, pero se detuvo al escuchar la voz de Spencer.
–¿Sabes que me molesta más? Que no haces nada para remediarlo… – Sin previo aviso y, obviamente, con toda la intención del mundo, el "maduro y mayor de los Shay" le lanzó su pedazo de arte a Freddie, quien terminó con aquella rebanada en la cara.
Después de su sonoro "Nyaaa" el chico sonrió y cerró la puerta.
Freddie se quitó de encima lo que Spencer le había lanzado y se dirigió a su departamento con aire deprimido… como había estado los últimos días. Jamás se había sentido tan mal en toda su existencia en este planeta y dudaba que en alguna otra vida se hubiera sentido así de mal, era una sensación horrible, que no le deseaba a nadie.
Su madre había salido de emergencia a ver a su tío Earl (del cual no sabía ni su existencia) y volvería en un par de semanas, pero si la mujer hubiera estado allí, ya le hubiera mandado con millones de doctores para saber qué rayos le sucedía.
Freddie, obviamente, se sentía terriblemente mal por lo que le había dicho a Sam. Era algo que no sentía en lo más mínimo. Sabía que el demonio rubio no era la persona mas femenina del universo, pero le agradaba demasiado su forma de ser. Conocía perfectamente a la chica y nunca le había importado demasiado el que fuera mas feminista que femenina, sabía perfectamente que Sam era una chica muy atractiva sin ningún tipo de esfuerzo, sobre todo cuando estaba molesta, algo que seguramente la chica no sabía es que tenía a bastantes admiradores, admiradores que no se atrevían a hablarle por miedo a que les matara o algo por el estilo. La actitud de Sam era si, algo pesada y muchas veces le molestaba lo mal que le trata, pero era eso mismo… la actitud de Sam, de la chica por la cual se estaba volviendo loco. Pero gracias a su cobardía y a su estupidez había salido de su boca sin aviso alguno y había arruinado su relación con Sam en todos los sentidos; relación que, al parecer, Storari estaba dispuesto a remplazar.
El castaño siempre estaba alrededor de Sam y a la chica no parecía importarle; en estos tres días se la habían pasado juntos platicando y ahora parecían ser los mejores amigos por siempre; contrario al principio de la llegada del chico. Por supuesto, a Freddie no dejaba de molestarle eso y unas increíbles ganas de matarlo le trataban de controlar, pero él se resistía.
A pesar de que Freddie ya sabía que, al contrario de lo que su madre le había dicho, no eran pareja, ya parecían una y muchos rumores habían comenzado a esparcirse en la escuela. Chicas de todos los años le preguntaban si ello era cierto y el solo respondía que no sabía; y era la verdad, no sabía… y no quería saber.
La situación se estaba yendo fuera de control… ¡ni siquiera iba a haber iCarly!
Eso solo significaba que Carly estaba muy molesta, después de todo, ella era la única que no sabía que había pasado y, conociendo a su mejor amiga, la chica debía de estar desesperada de saber porque se comportaban así, porque no la visitaban y porque no se hablaban. Carly podía llegar a ser muy dramática y estaba seguro, estaba a punto de volverse loca. No la había visitado y no le había querido decir nada al respecto de lo sucedido, se sentía demasiado avergonzado. Además, sabía que si Spencer se había molestado, la morena le mataría si supiera que había sucedido.
Freddie ya no quería seguir con esta situación, quería que aunque sea las cosas volvieran a ser como antes, que ya dejara de cambiar todo y que volviera a como era antes de la llegada del molesto italiano "Alessandro Storari". Quería que Sam volviera a decirle lo mucho que le odiaba y lo mucho que le molestaba su presencia; sonaba raro que un chico, el cual se acababa de enterar que le gustaba su mejor amiga-enemiga, dijera eso… pero quería las cosas de vuelta a la normalidad. Algo muy difícil de hacer, porque Sam es una persona muy difícil.
Dispuesto a remediar todo el error y a que las cosas fueran como antes, el castaño se lavó la cara rápidamente y salió de su apartamento. Tenía que buscar a Sam y rogarle por una disculpa.
Bajo corriendo las escaleras y ni siquiera volteó a ver al molesto Lubert gritándole dejara de tocar su piso recién trapeado.
Una vez que salió de allí, se detuvo a pensar en donde podía encontrarse el demonio rubio… Sam era una fiel fan de las rutinas en cuanto a visitar a Carly, pero ahora que no le había estado visitando (claro que Freddie lo había notado), eran millones los lugares en los que podía encontrarse ese pequeño demonio; después de todo, habían millones de lugares en donde Sam podía comer.
Decidió comenzar por lo básico y dirigirse a los licuados locos, preguntar si no le habían visto allí o a ver qué rayos hacía.
Observó su reloj, eran solo las seis y media, por lo que tenía dos horas antes de que su madre hablara a casa para saber cómo estaba. Comenzó a caminar en la banqueta, entre montones de gente caminando hacía, seguramente, sus hogares.
Estaba a solo una cuadra de llegar a los licuados locos, cuando pudo escuchar la voz de alguien que conocía, la chica que había decidido buscar, Sam Puckett. Lo más discreto que pudo, el chico se asomó al callejón de donde provenían la voz, y una segunda se hizo presenta, la voz de un chico y Freddie estaba seguro de quien era…Storari. ¡Necesitaba investigar si había la posibilidad de deportarlo…!
–¡Vamos Puckett! – Habló el chico sonriendo del lado.
–¡No! Ene- o ¡No! – Gritó la chica, quien al parecer huía del castaño y pensó que ese callejón era el escondite perfecto.
Freddie observó la escena confundido, ¿Qué era lo que tanto le negaba Sam? Quería salir a escena e interrumpirlos, pero la curiosidad le ganó y se dispuso a esperar y responder a sus preguntas.
–¡Solo una cita! – Alessandro sonrió del lado.
¿Cita?
"¿Solo una cita?"
¿De esas en las que sales con alguien que te gusta?
¿Eso es lo que Storari tanto le pide?
Freddie frunció el ceño, ya ni siquiera se sentía mal por lo sucedido hacía tres días, ahora estaba molesto por lo que acababa de escuchar. Si, bla bla bla… estaba celoso de nuevo. Una sensación de la que ya se había vuelto experto estas últimas semanas, una sensación que solo Sam podía liberar de manera descontrolable. Definitivamente era la persona más celosa que podía llegar a existir, desagradables pero cierto. Sin embargo, algo le alivio las ganas de interrumpirlos y matar a Storari con sus propias manos; Sam… ella le decía que no.
Lo cual solo podía significar:
Que todo era parte de su imaginación y en realidad su iban a salir juntos.
Que a Sam no le interesaba, en lo más mínimo, salir con ese italianucho idiota…
Si, definitivamente tenía que ser la segunda opción, definitivamente a Sam no le tenía que agradar la idea de salir con aquel castaño.
Sonrió del lado, orgulloso de cómo Sam le rechazaba, mostando su notable enojo y a punto de matar a aquel chico.
–¡Ya te dije que no! – La chica apretó los puños. – Y más te vale que ya me dejes en paz, sino estoy dispuesta a golpearte hasta que sangres y seré muy feliz con ello.
Algo que simplemente Freddie no comprendía, era porque Storari no parecía molesto al ser rechazado de una manera tan… educada. Parecía como si supiera algo que ni Sam ni el supieran y eso comenzó a molestarle al técnico de iCarly.
–Ahora déjame en paz, tengo que ir con Carly. – Sam llevaba rato queriendo ir con Carly para saber si se iba a hacer el show; estaba segura de que su mejor amiga estaba más que molesta, después de no haber sido visitada en tres días, algo que debía de colocarse en el libro de records. La rubia simplemente había huido de visitar a Carly para no revivir en su mente lo sucedido, estaba tratando de restarle importancia y, hasta que no lo lograra, no pensaba tocar el apartamento de los Shay; pero su mejor amiga era una persona demasiado importante para ella, además de dramática, y seguramente ya se había inventado miles de historias de porque no le visitaba. Claro que ella quería ir a atacar su refrigerador, pero como lo podía hacer tranquila si el idiota de Storari no dejaba de seguirla, pidiéndole que salieran a no sé donde en una cita.
–¿Tienes miedo a tener una cita conmigo? – Sam sabía que el chico trataba de provocarla, pero eso no funcionaría, no le conocía lo suficiente como para controlarla de esa manera; solo habían dos personas en el universo que podían de hacerlo: su mejor amiga y un idiota del cual no quería volver a saber de su existencia en este o en cualquier planeta.
Nótese que a Sam de verdad le había… molestado (no afectado, a ella no le afectaba nada de lo que le dijera Freddie) lo que el castaño le había dicho en el elevador. ¿Cómo se atrevía a decirle así?
Sabía perfectamente que no era la persona más femenina y dulce del universo, pero eso no le daba derecho a tratarla de esa manera. Ella era perfecta muy a su manera.
Claro que el idiota de Fredñoño no le parecía ni agradable su actitud, ese niño solo podía fijarse en chicas como Carly, chicas demasiado cursis, completamente diferentes a ella. No le podía doler nada de eso, pero lo hacía. Debía admitir que le había dolido todo lo mencionado por Freddie, algo muy raro ya que a ella nunca le ha importado lo que la gente dice…
La pregunta era ¿Por qué?
¿Por qué le dolía tanto lo que le decía Freddie?
–¿Tienes miedo no? – Storari interrumpió sus pensamientos al volver a hablar.
Sam no había notado lo cerca que estaba de ella y no pudo evitar sentir… enojo. – ¿Miedo? ¡Yo no te tengo miedo! – Habló la chica alejándose de él y enfrentándole con la mirada, actitud que hizo Freddie se sintiera orgulloso y aliviado. – ¡Entiende que no! ¡Me desesperas Storari! – El chico encarnó la ceja. – ¡Me molestas! ¡Te odio!
Ligeras gotas de lluvia comenzaron a caer en Seattle, personas que se encontraban en la banqueta comenzaron a huir hacia un lugar seco, dejando a un solo y atónito castaño aun observando lo sucedido en el callejón.
Rápidamente el chico se volteó, se levantó tan rápido que se mareo un poco, pero nada de eso importó; no sentía ni las gotas golpeándole… solo sentía tristeza; no recordaba ni donde estaba, solo que el maldito de Storari se había acercado demasiado a Sam, acortando las distancias y, por supuesto, robándole un beso…
No escuchaba ni el sonido de la lluvia, solo a Sam diciéndole "Te odio" y el diciendo en silencio que amaba los "te odio" de Sam, pero odiaba cuando no iban dirigidos hacía el.
Freddie deseaba que Sam le odiara a él.
¿Miau?
Jeje… woww… bueno, no tengo nada que decir… pero espero que ustedes si, en un
R
E
V
I
E
W
(: vamos, no hay nada en mi refri y he decidido alimentarme de reviews… haha ok, no… solo díganme que les pareció! (:
