¡Hey!
¡Feliz año nuevo 2012! (:
Espero que se la hayan pasado bien en esta celebración… hahaha que se cumplan todos sus propósitos y bueno, ya saben xD (soy bien llegadora con las palabras ¿no?) hahaha
Aquí otro capítulo de iHateYou! (:
Les agradezco mucho por todos sus reviews! :O De verdad no puedo creer que ya llevo 96! (: muchas gracias por sus palabras (: espero que este capítulo sea de su agrado y que no me maten por como lo he dejado (:
Aquí comienza lo bueno! :O ¿Listas para la pelea por Sam? Hahaa ok… dejo de escribir y mejor lean el cap ¿ok?
Disclamer: iCarly no es mío… Nunca lo tendré… T_T *ForeverAlone* hahaha .-.
-Capítulo 12-
-Cambios de humor-
Una vez había leído, en alguna revista científica, un pequeño artículo en el cual afirmaban que con solo pasar cuatro segundos, un silencio se podía volver completamente incómodo.
Bueno, Freddie conocía otra manera de hacer un silencio incómodo…
Besarte bajo la lluvia, con tu peor amiga-enemiga (la cual, se supone, estaba molesta contigo) puede llevar a la escena más incómoda de tu existencia humana.
Es decir, ese beso no había sido como el de la escalera de emergencia. No bastaba con "bien hecho" o un "te odio" para remediarlo y seguir con tu vida como si nada hubiese pasado. No había sido inocente, no había sido para librarse de una maldición como él nunca haber besado a nadie.
Había sido un beso diferente, y le había encantado, eso era lo incómodo.
Lo incómodo para ambos.
Por eso mismo, decidieron que lo mejor para eliminar ese estúpido e incómodo silencio era distraerse; específicamente…
…besarse de nuevo.
Como lo estaban haciendo ahora.
Freddie no recordaba haberse sentido tan feliz y dichoso en toda la semana, una semana que había apestado en todos los sentidos; pero, definitivamente esto lo podía recompensar todo.
La besaba, ya no con la misma desesperación que el primero, pero si con la misma dulzura y con la misma finalidad, hacerle sentir todo lo que tenía miedo de decir. Ni siquiera importaba que siguiera lloviendo, que siguieran en la misma calle y que siguieran sin recordar nada de eso.
Solo sabían que se besaban, que cada vez que sus pulmones exigían el aire requerido, se separaban con resignación y, después de algunas bocadas de aire, se volvían a besar.
Estaba seguro de que nadie, nunca, se los hubiera imaginado de esa manera; bueno, ni él lo hubiera hecho. Las cosas habían cambiado demasiado en tan solo un par de semanas y, si alguien se lo hubiera dicho hacia un mes, probablemente se reiría de él, para después ayudarlo a llegar a alguna institución mental.
Pero ahora eso no importaba mucho que digamos…
¿Ya había mencionado que Freddie estaba feliz?
Bueno, lo hubiera mencionado o no, Freddie estaba demasiado feliz, feliz y absorto en ese mundo nuevo, del cual no quería salir, no quería que se acabara.
Seamos sinceros, era maravilloso bla bla bla… pero todo lo maravilloso dura poco.
El repentino timbre del celular de Freddie les hizo separarse, y odiar la tecnología (algo que Freddie nunca creyó, sucedería).
Se miraron y, no fueron necesarios los cuatro segundos para que el silencio incómodo reinara el lugar. El timbre apenas y se hacía notar, a causa de la lluvia.
El castaño decidió que, la única manera de cortar un poco la incomodidad, era responder su teléfono.
—¡Fredward Benson! ¿Qué crees que estás haciendo fuera de casa? — Freddie se apartó el teléfono de la oreja, los gritos de su madre pudieron haberle dejado sordo. — ¡He estado llamando a casa desde hace media hora! ¡No me vayas a decir que estas allí porque yo sé que no! — Lo que Freddie aun no sabía era que su madre, al no recibir respuesta, había decidido usar el chip que le había puesto de pequeño, ahora sabía que no se encontraba en Bushwell Plaza. — ¡Respondeme Fredward!
El castaño, apenado por la interrupción (además de molesto), se volteó un poco y hablo muy bajo. — Fui a los licuados locos nada más mamá, ya voy para la casa.
—Ni creas que porque no estoy tienes el derecho de salir a la hora que quieras, ¿sabes lo peligroso que puede llegar a ser el que estés solo a una hora tan… — La mujer paró de hablar por un momento. — ¿Qué es ese ruido? ¿Está lloviendo? ¿¡Te estás mojando! ¡Fredward! ¡Tienes idea del resfriado que te puede dar si sigues…
El discurso de su madre seguía y seguía, pero Freddie lo único que quería era que le dejara en paz. —Entiendo mamá, me voy para la casa.
—Ni que se te ocurra salir a estas horas de nuevo Fredward… tienes cinco minutos para llegar a casa, te llamaré allá. ¡No puedo creerlo!
—¡Mamá! — El chico hizo un pequeño berrinche, que sabía no funcionaría, su madre era la persona más extraña y controladora del universo.
—¡Fredward! — Habló la mujer, y Freddie pudo notar que en verdad estaba molesta. —¡Cinco minutos!
—Aja… — Dijo el chico con resignación. — Adiós…
Después de apretar el botón para colgar, el castaño guardó su pequeño celular en su bolsillo, ahora completamente mojado (aunque no le interesaba mucho).
Avergonzado y completamente mojado, volteó hacia Sam, no muy seguro de lo que iba a decirle o hacer después.
Bueno, Sam le había ahorrado todo el problema; no sabía desde cuando, pero el demonio rubio ya se había ido.
Frunció el ceño, después de un par de minutos de buscarle con la mirada, supo perfectamente que ya se había ido a casa, sin decir una palabra. Resignado, se dirigió a su casa a paso lento, sin importarle que su madre le hubiera dado solo cinco minutos. ¿Por qué se había ido así?
Bueno, no la culpaba.
El también se sentía extraño por lo que acababa de suceder. Es decir, ¿Había besado a Sam? ¿Lo había hecho? Ni siquiera se dio cuenta cuando estaba a solo unos milímetros de su rostro, estaba completamente molesto a causa de lo que la rubia había dicho.
¿Qué no importaba?
Bueno, Freddie había dejado más que claro que a él si le importaba, y mucho.
No había podido evitarlo, no recordaba haberle ordenado a su cerebro actuara como un loco demente. No recordaba siquiera haber pensado en que Sam podía cuidarse sola (cosa que si puede hacer), le importaba un bledo si Sam era la chica más fuerte del universo, tenía la enorme y asfixiante necesidad de protegerla.
De verdad se estaba volviendo loco.
Tenía que tranquilizarse, ordenar sus pensamientos y pensar que mañana sería un nuevo día…
Rayos…
¿Qué harían él y Sam mañana?
Después de colgar el teléfono, Carly Shay se quedó pensando por unos segundos, sin saber que su hermano le observaba.
Desde el día de ayer Carly se encontraba demasiado reflexiva y feliz, a comparación que como había estado en toda la semana, la menor de los Shay parecía haber recuperado todos sus ánimos, y Spencer sabía porque.
Siempre había sospechado que su pequeña hermanita estaba igual o más loca que el (aunque cada uno a su manera), en este caso, Carly era una loca respecto al romanticismo.
¿Ya lo entienden?
Carly estaba feliz porque, estaba segura, abría una nueva pareja en Seattle muy pronto, una pareja que muchos fans de iCarly deseaban; incluyéndola.
Sonaba muy raro, pero Carly lo había predicho casi desde el momento en el que comenzaron a hacer iCarly. Mucha gente podrá decir que es algo que no se espera… pero por eso era tan obvio, porque era inesperado. Y Carly, estando enamorada del amor, había visto cada uno de los síntomas, aunque trataba de darse el avión y decirse loca.
Ahora que sus predicciones estaban a punto de cumplirse, la chica obviamente se creía una psíquica del amor, tal vez comenzaría cobrar por ello.
Spencer dejo sus reflexiones sobre su hermanita cuando una fuerte corriente eléctrica le dio de golpe, cayó al suelo adolorido y después recordó que estaba tratando de arreglar el microondas.
—¡Spence! ¿Estás bien? — Escuchó la tierna voz de su hermana y trató de incorporarse, pero no pudo. —¡Spence! — La chica corrió a ayudarle y solo hasta que lo hizo, el joven pudo levantarse. —¡Pon más atención cuando estés haciendo eso! — Le habló su hermanita preocupada.
Después de un sonoro "Nyya" de su parte, el chico se levantó y miró a su hermana a los ojos. — ¡Tuve una visión! — La tomó de los hombros sonriendo.
—¿Otra? — La chica rodó los ojos y fue por un vaso de limonada.
—¡La otra si se cumplió! — Habló como niño regañado, acercándose a su hermana. — ¡Puedo ver el futuro! ¿Quieres saber que vi? — Habló emocionado.
—No. — Dijo la chica mientras se servía la limonada.
—¡Oh vamos! ¡Es muy…
—¡No! — Dijo la chica, entre extrañada y sonriente.
—¡Pero Carly…
—¿Qué onda? — Spencer fue interrumpido por Freddie, quien entraba al apartamento de los Shay, con un extraño buen humor que no había mostrado en toda la semana. El castaño no recordaba siquiera lo molesto que había estado Spencer con él.
—¡Hola Freddie! — Dijo Carly también sonriente y Spencer supo que los adolecentes eran los seres más bipolares del universo. Dando gracias a haber acabado con esa etapa, se dirigió hacia la cocina, para seguir arreglando el dichoso aparato.
El chico le sonrió y pareció buscar algo en su apartamento, o tal vez a alguien.
—¿Vas de salida? — Preguntó el castaño. ¿Por qué Sam no estaba allí? Supuso que tal vez esta vez sí iría, después de todo era sábado y no creía a Sam capaz de quedarse en casa un sábado.
—Sip… — Dijo la chica colgándose su bolsa. De repente sonrió y enseguida se llamó genio. —¿Vienes?
El chico frunció un poco el seño, prefería esperar a ver si Sam llegaba. —Mmm… pensaba quedarme un rato. — Dijo finalmente, viendo como su amiga se encogía de hombros y se despedía de su hermano.
—Bueno, le diré a Sam que le mandas saludos…
—¿Eh? ¿Cómo? ¿Vas con Sam? —El chico le volteó a ver, interesado.
"Touché" pensó Carly, felicitándose. —Sip, Sam está enferma y voy a ir a cuidarla. — Dijo la chica acercándose a la puerta. Spencer, quien anteriormente estaba absorto pensando como reparar el electrodoméstico, hizo caso a la conversación; pero una vez que se le ocurrió una manera de arreglar el objeto sin electrocutarse, volvió a su tarea.
Freddie frunció el ceño. — ¿Enferma? — Preguntó.
—Al parecer tiene un fuerte resfriado. — Dijo la chica.
Freddie estuvo a punto de sonrojarse, pero trató de controlarlo. ¿Cómo no iba a coger un refriado? Si había estado un largo rato bajo la lluvia, sin que les importara un bledo. Lo que más le sorprendía es que él no había enfermado, algo muy raro ya que no tenía el mejor sistema inmunológico del mundo. — Vaya… que mal. — Dijo el chico, como si no le interesara. — Supongo que te acompaño.
La chica sonrió. — Vamos — Dijo alegremente. — ¡Nos vemos Spence! — Ambos chicos salieron del apartamento.
El hermano mayor de Carly solo hizo un ademán, dando a entender que se despedía. —Cuídense. — Dijo, una vez que los chicos ya no estaban. De repente, dejó las herramientas a un lado y observó su sala vacía de adolecentes y la puerta. Una extraña sensación de deja vú apareció y, rápidamente, recordó su extraña visión al electrocutarse. — ¡Espera Freddie! — Abrió la puerta, esperando encontrar a su hermana menor y a su mejor amigo, encontrando el pasillo vacio.
Bueno, no era su culpa que Carly no hubiera escuchado su predicción, era culpa de ella. Ahora solo esperaba, por el bien de la poca lucidez que tenía la mamá de Freddie, no le dieran esa paliza a su hijo…
Mientras Specer volvía al trabajo, Carly y Freddie comenzaron a caminar hacia la casa de Sam. Ambos iban en silencio, ambos en sus propios pensamientos. Después de unos cinco minutos de camino, la morena decidió que era tiempo de dejar de pensar y comenzar a enterarse que es lo que tanto se traían los otros dos integrantes del grupo iCarly.
—¿Ya estas mejor? — Decidió darle un poco de vueltas al asunto.
—¿Mejor? — Preguntó el chico, volviendo a la tierra y volteándole a ver.
—Sí, toda la semana estuviste todo raro. — La chica hizo una cara extraña, tratando de imitar la tristeza de Freddie. — Hoy estas todo feliz y contento.
—A-ah… — ¿Ya había dicho que Freddie no era tan bueno mintiendo como lo era Sam? Pues estaba a punto de demostrarlo. — Y-ya ves… — Desvió la mirada. — ¡La adolescencia! — Dijo el chico, observando el asfalto como lo más interesante del universo.
—¿Adolescencia? — La chica frunció el ceño.
—¡Sí! ¡Ado-adolescencia! — El chico rió nervioso. — Cambios de humor, bla bla bla…
—Si tú lo dices. — Habló la chica, denotando que no le creía absolutamente nada. — Entonces estuviste triste toda la semana por los cambios de humor producidos por la pubertad…
—¡E-exacto! — Dijo el chico, tratando de no sonar nervioso.
—Ahh… — La chica observó su reloj. — ¡Vamos Freddie eso nadie te lo creería nunca!
—Hablo en serio. — Dijo el chico, más nervioso.
—¡Me estas mintiendo! — La chica se puso en frente de él, con el ceño completamente fruncido y esperando una respuesta.
—¡N-no! ¡Es la adolescencia! — Dijo el chico, tratando de buscar una salida. ¿Por qué había accedido ir con Carly? Oh si… por Sam.
—¡Vamos Freddie! ¡Habíamos quedado que no más secretos! ¡Soy tu mejor amiga! ¡Por favor! — Y allí estaba, el arma secreta de Carly Shay. Su "por favor" que podía convencer que cualquiera hiciera cualquier cosa, hasta Sam caía en él; todos lo hacían.
—De acuerdo. — Habló el chico, inhalando fuertemente. Observó como Carly abría los ojos y esperaba que hablara. — Estaba así porque… — Carly ensanchó su sonrisa y espero la respuesta. —…porque estoy en una etapa muy importante en mi vida ¡Llamada adolescencia! —
El chico corrió como loco, perseguido por su mejor amiga, sabía que ya estaban a menos de una cuadra de llegar a casa de Sam, por lo que corrió como si su vida dependiera de ello. Una vez que llegó a casa de la rubia, tocó la puerta tan fuerte como pudo, observando que Carly se acercaba, molesta.
Justo cuando Carly llegó, la señora Puckett abrió la puerta. — Justo a tiempo, tengo una cita. — Dijo abriéndose paso entre los dos chicos. — No tomen nada del refrigerador… — Esa fue su despedida.
Ambos chicos entraron a la casa de Sam y enseguida se dirigieron al cuarto de la misma. —¿Sam? — Preguntó Carly, tocando la puerta. Sin recibir respuesta, la chica decidió abrirla. Observó como su mejor amiga estaba tendida en la cama, con el control remoto en las manos y una enorme caja de pañuelos a su lado. Un enorme vaso con agua se encontraba en su pequeña mesita y una caja de medicina al lado.
—Carls… — El demonio rubio le volteó a ver. — …¿mi mamá te habló? — Dijo frunciendo el ceño.
—Sip… — Dijo la morena acercándose a ella y poniendo su mano en su frente para tomarle la temperatura.
—Tiene una cita… — Dijo la chica, volteando a la televisión.
—Eso dijo… — La morena tomó el control remoto y apagó el televisor. — ¡Tienes bastante fiebre !
—Tampoco estoy inconsciente… — Dijo la chica encogiéndose de hombros.
—¡Sam! — Estaba a punto de decir otra cosa, pero después recordó que ella había llegado acompañada. — ¡Freddie! ¡¿Qué esperas para entrar?
Sam abrió los ojos como platos.
¿Freddie?
¿Freddie estaba allí?
De acuerdo, ahora si quería estar inconsciente.
No creía poder aguantar estar con el por ahora, no después de lo ocurrido anteriormente.
El chico entró, como si tuviera miedo de hacerlo (aunque Sam no le culpaba). — Hola… — Dijo el chico, ya completamente dentro de la habitación.
Sam se encogió en su cama. — Fredñoño… — Tratando de sonar lo menos afectada con su presencia, recurrió a algún apodo.
Freddie respiró, tratando de tranquilizarse. Tenía que actuar lo mas normal posible.
Después de unos cinco minutos, en los que Carly le dio la medicina a Sam (a pesar de que la tenía allí desde hacía media hora, la rubia no quería tomarsela para demostrar que sus anticuerpos podían solos), los tres chicos observaban "La vaquita" en la habitación de Sam, haciéndole compañía.
Aunque implícitamente, Freddie estaba feliz de estar allí con Sam; a pesar de su condición, se sentía bien cuidándole… cosa que era muy difícil de hacer cuando alguien tan fuerte como Sam no lo permitía.
Repentinamente el timbre sonó. — Yo voy. — Dijo Freddie levantándose, aunque observó que las chicas no le habían prestado atención; después de todo era "la vaquita".
El chico puso los ojos en blanco y se dirigió a la entrada. — Bue… — Una vez que abrió la puerta y observó a Alessandro Storari al otro lado de ella, todos sus ánimos se fueron por los suelos.
Estúpida adolescencia y sus cambios de humor.
¿¡Que tal!
¿Qué les pareció?
No estaba del todo convencida, pero les prometo que el próximo será mejor..
Ahora, una mala noticia :'( Al menos para mí
Mañana (Martes) entro a la escuela de nuevo… por lo que TAL VEZ tarde mucho mas en subir el siguiente capítulo y los que le siguen… :S Espero no tardarme como ya se ¬¬ haha
Sayonara
Dale
R
E
V
I
E
W
This chapter…
Si esperas que como propósito de año, Dan se haya dicho: "Mi mismo, volvamos al Seddie" xD! Y si te gustó el cap también…
