¡Oló! :D Pues aquí tienen, el segundo capítulo de éste fic :3 Espero les esté gustando :3 ¡Muchísimas gracias por las alertas, favoritos y reviews! :'3 Me hacen sentir ganas de continuar con esto.
Me gustaría aclarar que éste fic no tendrá una secuencia cronológica tan estricta, es decir…Que pueden pasar semanas (virtualmente hablando) entre capítulo y capítulo, pero no se apuren, la misma historia los irá llevando :3 Bien, pues…Todo suyo.
El Rey de Corazones
Santo Merlín, ya me dolía la mano de tanto firmar y las mejillas de tanto sonreír para las fotos. Bien decía mi madre que sería una locura...
- ¿Cómo te llamas?
- ¡Laureen! ¡Laureen! Ohh Louis, soy una gran admiradora tuya, tu actuación en...
Le sonreí distraídamente y la ignoré mientras le firmaba su pedazo de papel: "Para Laureen. Con amor: Louis Weasley" y se lo deposité en las manos justo antes de salir huyendo hacia la parte privada del restaurante.
- Buen día, señor Weasley - me saludó el gerente con una amplia sonrisa - un gusto volver a verlo.
- Lo mismo digo,Rick...¿Mi hermana...?
-Lo está esperando donde siempre.
Maldición. Ella odiaba que la hicieran esperar. Y hacerla enojar tan temprano nunca había sido buena idea.
Apreté el paso y atravesé la elegante estancia. Dirigí mi mirada hacia el enorme gabinete acostumbrado, y ahí estaba. Con su largo cabello negro azulado y sus ojos azules perdidos en la lejanía del jardín que se veía tras el muro de cristal.
Tan diferente a mí, ¡y ya ni decir tan diferente a Victorie! Desde el cabello tan peculiar, hasta el carácter. Y desde que estaba en el Ministerio, se había endurecido. Ahora era raro verla sonreír por algo que no fuera burla o sarcasmo de su parte.
- ¡Dom! Lo siento, yo...
- Un día tu horda de fans te va a matar – dijo a manera de saludo mientras le daba un beso en la mejilla – ¿Sabes? Es raro que a alguien le pongan más atención que a mí. Pero siendo Louis Weasley, un actor que hasta en las cajitas de cereal sale, supongo que es normal. ¿Champagne o vino?
-...Vino, por favor. Y antes de que me cambies hábilmente el tema, dime, ¿qué pasó?
No volteó a verme, pero por un leve temblor en la comisura de su boca -gesto que sólo yo conocía - me di cuenta de lo nerviosa que estaba.
- Venga Dom, sabes que a mí no puedes mentirme.
- ...Tengo un problema con un negocio que estoy haciendo con Potestatem, una empresa de ingredientes exóticos para pociones.
Me desconcertó escuchar éso de sus labios. Ella jamás tenía problemas: ella los causaba.
- Quién eres y qué le hiciste a Dominique Weasley?
- El dueño de ésta empresa es Scorpius Malfoy.
Un silbido se escapó de mi boca, causando una mirada fría marca Dom.
Era dominio público que Scorpius Malfoy y ella no tenían para nada una buena relación. Desde Hogwarts, siempre se ponían el pie cuando podían, lo cual era muy seguido pues al compartir casa tenían todas las clases juntos. También era de dominio público que el hecho de que mi hermana le había ganado el puesto en el Ministerio le había dolido en el orgullo a Malfoy. Lo que quizá no era para nada de dominio público eran ciertos… detalles, que hacían de todo esto un tema mucho, mucho más delicado que una lucha de poder.
- Ahora entiendo todo.
- Llevamos seis meses en las negociaciones, no hemos llegado a nada y lo veré el Viernes.
- Las condiciones...
- No pienso ceder.
- Seguramente las condiciones que le diste son tan complicadas que hasta a Merlín le daría un ataque con todo y convulsión de tan solo leerlas.
- Él también me dió condiciones del mismo estilo.
- Ooooww - no pude evitar sonreír - Ya te lo dije hace años: Malfoy y tú son tal para cual.
Mi hermana me miró duramente, arrugó levemente la nariz y clavó su tenedor en el salmón con un poco de más fuerza de la adecuada. Pero un segundo después seguía comiendo con la elegancia de siempre. Y ahí va de nuevo, a ponerse su máscara de siempre y a manejar y controlar todo a su modo.
- Louis, el ser actor te hace ver las cosas de una forma demasiado romántica. Tanto dulce en la sangre te va a hacer daño, cuidado con éso.
- Y tanta política y dinero te están matando el corazón, Dom. Deberías...
- No - me cortó fríamente - No voy a repetir el error de hace años, Louis. Ya no soy una niña.
- Te estás comportando como una.
Me di cuenta que había ido demasiado lejos. Los témpanos de hielo se fijaron en mí. Y supe que debía decir algo, lo que sea, para no hundirme como ése barco de una película muggle.
La historia de mi hermana y Scorpius no se limitaba a una rivalidad desde su vida escolar. Los últimos dos años de colegio se había complicado mucho el asunto. Habían pasado cosas que fingíamos haber olvidado todos los que las sabíamos, y lo hacíamos por el bien de Dominique. O por nuestro bien: en realidad nadie quería caerle mal a mi dulce hermanita.
-...Dom, lo de Scorpius...Eso pasó en Hogwarts. Y estás dejando que te estorbe. Malfoy también. No te comportes como él, hermanita.
- ¿Sabes que por menos, a otros los he despedido? Por atreverse a hablarme en ése estilo.
¿Despedido? Mucho más...Rumores corrían de que mi hermana no tenía las manos tan limpias como parecía.
- Pero...Pero yo lo digo porque te quiero, Dom, no por molestar. Demuéstrale que el pasado, pasó.
Dominique se limitó a sonreír levemente, pero no supe si era de que estaba de acuerdo conmigo o de que se burlaba de mí.
- Ésa última película tuya es buena… Bueno, es mejor que la penúltima, que fue un fiasco. ¿Cómo se llama la chica que sale contigo?
Y como siempre, le seguí el juego. La dejé cambiar el tema, evitar el momento. Yo sabía bien que ésa situación con Scorpius podía ser muy dolorosa para mi hermana. Sabía, también, que iba a intentar sacar todo el provecho posible. Yo sabía que sería dura, implacable… Y obviamente Scorpius también lo sabía.
La observé platicar sobre su día. Sus manos finas se movían, elocuentes, y su mirada jamás se movió de la mía. Afirmé distraídamente, como si estuviera escuchándola. Pero en realidad, estaba buscando una pista, un destello que me anunciara que aún había en ella un recuerdo de la niña sensible e inocente que algún día fue. Porque si la encontraba, la interrumpiría en ése momento y la abrazaría, le diría que todo estaría bien y que ése idiota jamás volvería a lastimarla. Y ella lloraría, y me mancharía la camisa y entonces yo me burlaría de ella, le revolvería el cabello, tan bien peinado, y ambos reiríamos como hace años no lo hacíamos.
Pero entre más miraba a ésa mujer frente a mí, con su bello vestido blanco y su cabello perfecto, que tomaba la copa elegantemente y le daba un sorbo a su vino, más me daba cuenta de que a ésa Dominique de risas y simplezas ya jamás la encontraría.
Scorpius Malfoy se había encargado de llevársela.
