¡Oló! :D Pues hoy es Viernes 13 :3 Día perrrrfecto para traerles otro capítulo más :D Espero les guste mucho, tanto como a mí sus reviews y sus alertas y favoritos :3 ¡Gracias! Nos leemos en el siguiente :D
La Reina de Tréboles
- ¿Y entonces?
Sus tacones sonaron levemente al acomodarse en el sillón y golpear el suelo por un instante. Y cómo no acomodarse, si se había pasado la última media hora en la misma posición, escuchando el veneno de Dominique sobre el desafortunado encuentro de negocios.
- Pues nada, cedió a todo lo que le pedí.
- No me refiero a eso. Sabes bien de lo que hablo.
Dominique la observó fríamente. Pero Lily Luna sólo ladeó la cabeza sin desviarle la mirada. A ella no le daba miedo su prima, ni le daba miedo pegarle a la herida que sabía bien que tenía.
- No te entiendo.
- Te importó, Dominique. Te diste cuenta de que aunque está muy oculto, aún tienes corazón. Yo lo sé.
- No digas tonterías.
- No son tonterías. Tontería es tu comportamiento de niña de primer año en Hogwarts – puntualizó la pelirroja, levantándose del sillón y dirigiéndose al otro extremo de la elegante sala, donde se encontraba una barra de cristal. Bocadillos se estaban preparando mágicamente, y tomó uno – Tontería es negarte la oportunidad de olvidar y ser feliz de una buena vez.
- ¿Olvidar? – escupió Dominique, furiosa. Lily se metió el bocadillo entero a la boca, ignorando la ira de la mujer frente a ella.
- Mira, Dom, no vine corriendo de mi trabajo, dejando colgados mis reportajes, a varios editores y a directivos de El Profeta, para que me quieras ver la cara – le sonrió a su prima, que la miraba de forma adusta – Y sí, dije olvidar. Después de todo, ya pasaron casi diez años de eso. Y en ésos diez años te has vuelto asquerosamente rica, has viajado, te has divertido. Ya es hora de que madures, perdones y punto. Y no me refiero sólo a Scorpius. Victorie…
- No hablaré de ella.
- Me importa una varita de regaliz si vas a hablar, pero me vas a escuchar – continuó Lily, con voz firme – Yo no te voy a venir a rogar por ella, como hacía Louis cuando recién se pelearon. Tampoco voy a venir a recordarte que son hermanas, como hacían todos los demás. Lo que vengo a decirte es que Scorpius se ha andado arrastrando por los rincones cual cucaracha desde aquella vez. Yo lo he visto sufriendo. Y lo mismo digo de Victorie, cada Navidad llora frente a su arbolito francés, y eso es deprimente. Y lo más importante, te estás envenenando el alma tú sola, con toda ésa furia.
- La furia me funciona como motor de vida, Lily – susurró Dominique, con la mirada perdida en la pared. Lily se sentó lentamente a su lado y la tomó la mano.
Silencio.
Ella había sido testigo. Ella había tenido a la joven Dominique desmoronándose en sus brazos, llorando, aquella noche de años atrás. Había sentido la misma furia, la misma impotencia al saber cómo había terminado todo, porque ella lo había sospechado desde mucho antes. Ella había advertido las pláticas de Scorpius y Victorie, lejos de todos. Debió haberse imaginado, debió haber unido cabos y advertirle a Dom. Debía haberse dado cuenta de ése estúpido plan. Estúpido como Victorie que, al ser tan celosa, veía enemigos donde no los tenía.
Porque Victorie había pensado que su ahora esposo Teddy, en ése entonces su novio, pretendía a su hermana. ¡A Dominique! ¡Menuda idiotez! Todos sabían que el metamorfomago babeaba por Victorie, todos sabían que su mundo era Victorie, menos ella. Y un buen día el demonio de los celos se le metió a la cabeza, haciéndole ver la relación de hermandad de Ted y Dom como algo más. Cegándola, y dándole ideas tontas como que uno más uno son dos y que un clavo saca otro clavo. Y por supuesto, ¿cómo separas a alguien de tu novio?
Pues consiguiéndole uno, comprándoselo a precio que sea. Y al tener familiares y amigos en el Ministerio y a un chico con ansias de entrar a trabajar en él pero con demasiado pasado familiar como para conseguirlo sólo… El plan duraría sólo por unos meses, mientras ella se casaba con Teddy. ¡Merlín haga el favor! A Lily no creía que tanta imbecilidad pudiera caber en una sola cabeza que el Sombrero Seleccionador había puesto en Ravenclaw.
El detalle que hizo fallar el perfecto plan fue que Scorpius cometió un error: enamorarse.
De ahí todo cayó por su propio peso: Scorpius le confesó todo a Dominique. Y entonces Dominique se rompió. A Victorie la desconoció como su hermana, a Scorpius le juró que se lo pagaría un día, al mundo lo mandó al diablo… Su Dom había caído, y cuando se levantó de la caída ya no era la misma.
- Ambos han pagado caro cada día, Dom – le susurró su prima, clavando sus ojos marrones en los mares azules – Y a mí me ha constado. Pero lo que me duele es ver cómo tú también lo has pagado, con cada día que pasas furiosa con el mundo. Enojada, sin fe...
Su prima Dominique sólo la miró altivamente. Lily suspiró.
¿Cómo conseguía ella, Lily Luna Potter, la reportera Lily, ganarse confianzas, romper las murallas y armaduras de cada persona? ¿Incluso la armadura perfectamente blindada que tenía Dominique?
Pues dejándolo todo a la suerte.
- …Y ahora que regresas de ver a Scorpius tu veneno es el mismo, pero hay algo muy leve en tu mirada que no, aunque quieras negarlo. Hay un algo en tus ojos que hace años que no veía… Y recuerda que yo estoy entrenada para descubrir la verdad. Es mi trabajo, Lily. De mí no puedes esconderte.
Suerte era el tercer nombre de Lily Luna.
Y parecía que ésta vez, de nuevo la suerte estaba de su lado: sus palabras dichas al azar resultaron certeras.
Dominique Weasley la miró fijamente un largo instante. Luego recargó su cabeza en el hombro de la pelirroja y comenzó a llorar.
