¡Oló! Pues aquí está, el otro capítulo del fic. Espero les agrade, y sobre todo, dejen muchos reviews :D ¡Un besazo!


El Rey de Tréboles

Después de que la secretaria lo anunciara, el enorme despacho de todos verdes, negros y púrpuras lo recibió, junto con una mezcla de olores que lo hizo comenzar a estornudar.

- ¿Pero qué diablos es ése olor?

- Regalitos de Potestatem – respondió Dominique, de pie frente a una mesa llena de hierbas y frasquitos que emitían misteriosos brillos y burbujeos – Como cerramos ya el trato y ya se están haciendo las exportaciones, me los mandaron para mi deleite personal.

- Éstas son… ¿Espinos de Dragón? – murmuró Albus, tomando con reverencia un manojo de hierbas color morado.

- Así es.

- Ya son muy difíciles de conseguir, prima.

- Quédatelas si quieres, Al. Quédate con todo lo que te sirva, yo iba a tirar la mayoría de todo ésto. Tú eres el creador de pociones, yo no.

- Vaya, parece ser que llegué justo a tiempo.

- Tuviste suerte, Al.

- Espero también tener suerte para lo que te tengo que decir.

- Dime.

- Hablé con mi hermana.

Dominique no detuvo su escrutinio de los frasquitos y productos que tenía frente a ella. Pero él sabía que le estaba poniendo atención, así como sabía que estaba de buenas, se le veía en el semblante, en el brillo de los ojos. Y además, se lo decía su instinto, y su instinto jamás le había fallado.

- Me comentó que viste a Scorpius.

- Efectivamente.

- ¿Cuánto tiempo piensas esperar para ver a Victorie?

Dominique levantó la mirada y la clavó en él, que sólo tragó saliva.

- …Yo no iré a buscarla, Albus. Por si no lo recuerdas, no fui yo precisamente quien le compró un novio porque pensaba que se estaba acostando con el mío.

Él asintió con la cabeza, y guardó silencio mientras la observaba cuidadosamente. Dominique acababa de encontrar una botellita un poco más pequeña que las demás, y la observaba con el ceño fruncido.

- Veritaserum – dijo él – y ésa botellita incolora, con el líquido transparente, es Amortentia.

- ¿Cómo rayos puedes reconocerlas de vista?

- Yo las hago, las investigo, las creo. Digamos que eso exige tener una vista aguda para los detalles.

Sí, una vista aguda pero también ése gran instinto. Como el que le decía que el Veritaserum que su prima se guardó en el bolsillo del pantalón junto con la botellita de Amortentia no tendría un uso muy limpio. La curiosidad lo asaltó, ¿Con quién usaría ésa poción?

- Entonces, no buscarás a Victorie para hablar.

- Jamás.

- Pero si ella te busca, hablarías con ella.

- Por favor, Al – dijo la bruja entre risas – Sabes que ella jamás me buscaría.

- Pero hablarías con ella si lo hiciera.

Dominique lo miró atentamente. Albus se pasó la lengua por los labios. Sí, se estaba jugando el todo por el todo, pero era algo que lo hacía diario cuando inventaba pociones: había tenido muchos accidentes, y había corrido con suerte pues había salido sin ningún rasguño. Era una actividad riesgosa, pero que valía la pena. Al igual que valía la pena intentar que Dominique recordara que su árbol genealógico no se limitaba a Louis.
Y parecía ser que, de nuevo, tendría éxito.

- Sí, si ella me buscara, estaría dispuesta a hablar con ella.

Albus asintió. Era lo que necesitaba escuchar.
Dominique y él estuvieron un rato en silencio. Ella observando aún los regalos, él observándola a ella. Midiendo el momento de seguir preguntando cosas. Ahora ya nole interesaba mucho el Veritaserum, sino la Amortentia. ¿A qué olería para Dom? ¿Tendría olor, para empezar? ¿La dura Dominique aún tendría corazón?

- ¿Recuerdas cuando una vez en Hogwarts hice una Amortentia? Olía a césped, a lluvia, y a madera, y era de color café.

- Una jugadora de quidditch con unos bonitos ojos marrones – respondió rápidamente Dom – Vaya, ¿Desde Hogwarts estabas enamorado de Wood?

- Pues sería necio negarlo ahora que es mi esposa, desde que vi a Ellie la quise.

Ella le dedicó una sonrisa, mientras seguía revisando las cosas. Albus se rascó la cabeza.

- Recuerdo que tú también hiciste una en ésa época. Pero nunca dejaste que nadie la viera además de mi hermana.

Los ojos de ella, de ése azul tan especial, se clavaron fijamente en el otro par de ojos, verde esmeralda. Ninguno parpadeó. Albus sabía que lo estaba leyendo, estaba intentando saber más de lo que estaba dejando ver. Pero no podía hacer más que esperar, quedarse quieto, y seguir esperando.
Después de unos largos instantes, ella desvió la mirada y siguió examinando los objetos de la mesa. Albus suspiró.

- Especias, vino, piel. Y el color era como…era como mercurio. Y no quieras inferir más sobre mi poción, o te lanzaré un maleficio.

- No iba a decir nada.

Y de nuevo, su instinto no le había fallado. Ella desde siempre había querido a Scorp. Más claro, ni una Amortentia con el color de los ojos del Malfoy.
Siguieron en silencio. Ella encontró entre los regalos una caja de chocolates en forma de criaturas fantásticas. La bruja la miró por un instante, y luego sonrió misteriosamente.
Albus agradeció que no lo estuviera observando, porque no pudo reprimir una sonrisa. Tuvo la corazonada de que quizá Dominique se estaba ablandando. ¿Qué le pesaría más a la Reina? ¿Su doloroso pasado, o la posibilidad de comenzar de nuevo?
Creía ya saber la respuesta. Ojalá su instinto perfecto no le fallara ésta vez.

- ¿Quieres uno? Sólo no comas las mantícoras, son mis favoritos.

Él afirmó con la cabeza, y tomó un dragón de chocolate.