¡Oló! He vuelto, ésta vez con el séptimo capítulo, que mi musa parece ser ha vuelto :3 Es hora de que Dominique comience a olvidar el pasado, y el primer paso es ahora Espero les guste mucho mucho. ¡Un besazo!


La Reina de Corazones

Siempre he sido el centro de atención.
Y no es que no me guste, no. Pero a veces es cansado, más que nada cuando no lo buscas, cuando naces con algo que hace que todos te miren. Tener un poco de sangre veela, por ejemplo.
Además, es mi trabajo ser el centro de atención. Ya me he acostumbrado a ver mi rostro en revistas, anuncios, fotografías de desfiles… Es lo que las modelos hacemos, llamar la atención.
Pero mis manos sudorosas no son exactamente lo adecuado para una modelo. Ni eso, ni el tener los labios tan apretados que se vean como una línea fina y pierda el lápiz labial.
Las cuatro y media de la tarde. Ya debería de haber salido desde hace una hora y media. Supongo que es cierto que se ha vuelto adicta al trabajo. Entonces supongo que es cierto todo lo que me han dicho mis primos y mi hermano sobre ella. ¿Cómo se verá? Obviamente la he visto en las fotografías de Sociales y de Gobierno de El Profeta, pero no es lo mismo a verla en vivo. Sé que quemó las sudaderas y suéteres de punto, y mandó al fondo del bote de basura sus sucias zapatillas deportivas. También sé que ya su cabello no es para nada desordenado ni…

Una cabellera negra azulada aparece del otro lado de la calle. Un rostro, parcialmente cubierto por unas enormes gafas de Sol. Un cuerpo cubierto con una elegante gabardina que deja ver la orilla inferior de un vestido color azul eléctrico. Unos tacones de vértigo, negros.
Mi hermana.
Tanto había practicado mi discurso, ensayado mi voz, mi sonrisa, hasta mis poses, tanto había hablado con Lily, con Albus, con Louis, repasando mi plan… Para que ahora mismo me quedara en blanco, mientras veía a ésa mujer elegante atravesar la calle y dirigirse hacia el elegante restaurante, que a ojos de los muggles se veía como un café viejo y sucio.
Apenas entró ella, me acomodé mi suéter largo y me dirigí hacia el café a paso firme. Escuché una campanita al empujar la puerta.

- Buenas tardes, señorita…

- Buenas tardes. Ya me esperan, gracias.

Me alejé del amable mesero que me miraba con la boca semiabierta, y busqué con la mirada. Merlín, parecía que mi hermana seguía teniendo el talento de desaparecer, de escurrirse ante los ojos de cualquiera, y luego…

- Créeme que no me encontrarías jamás si no me dejara encontrar.

Pegué un brinco al escuchar su voz a mi espalda. Pero no me dio tiempo de voltear: la mujer se adelantó sin mirarme. La seguí.
Llegamos a un área privada. Con una señal de su mano, la mujer hizo que los meseros nos abrieran las puertas. Entramos, y las mismas puertas se cerraron con un suave golpe. Noté que mis manos seguían sudorosas, y que mis rodillas temblaban levemente. Maldije por lo bajo.

- Así que, Victorie – comenzó mientras se sentaba en la mesa redonda que estaba en medio de la elegante habitación – Pensé que no viviría para verte de nuevo. Por lo que veo, Lily, Albus y nuestro hermano te han dado ánimos y porras para venir.

Abrí y cerré la boca, mientras la mujer… Mientras mi hermana se quitaba los lentes con movimientos lentos, y clavaba su mirada felina en mí. ¡Merlín! Tenía una mirada tan diferente, tan cambiada a la que tenía en Hogwarts. El azul de sus ojos ya no era el mar que recordaba, eran témpanos de hielo, fríos y desdeñosos. Me dolió el corazón de pensar que yo era la culpable, en su mayor parte, de ése cambio.
Pero, como dijo Albus, el tiempo de lamentarse había pasado, ya era hora de que…

- ¿Té? ¿Café? ¿Vino? ¿Algo con qué despertarte un poco del letargo?

- …Té estaría bien.

Mi hermana me pasó una taza. Merlín, estaba tan ida que ni cuenta me había dado de en qué momento la había servido. Le dí un buen trago, y el sabor a limón me calmó un poco. Dominique me miró por un largo instante, mientras le daba un trago a su copa de vino. Ninguna de las dos dijo nada. De por sí, yo estaba tan nerviosa que no se me ocurría qué decir.

- Y bien, hermanita – noté el acento mordaz en ella – ¿A qué se debe realmente el honor de tu visita? ¿Qué quieres hablar conmigo? ¿O qué me quieres pedir?

- Quiero decirte que realmente lamento lo que ocurrió hace años, Dominique. Que fui una estúpida y que estoy muy arrepentida.

¡Santo Merlín! ¿Qué diablos? Eso no era lo que estaba en mi discurso.
Dominique me miraba, un poco sorprendida.

- Vaya. Arrepentida, ¿De qué?

- De la tontería de creer que Teddy te quería como algo más que una amiga, que una hermana. Arrepentida de haber convencido a Scorpius de participar en mi farsa estúpida. Arrepentida de haberte lastimado tanto. No era mi intención, de verdad.

- ¿Es cierto que en las Navidades y festividades familiares llorabas porque no estábamos bien?

- Sí.

Definitivamente algo le habían puesto al té, porque las palabras salían de mi boca sin que yo pudiera dominarlas. Pero, en parte, me sentía bien así. Era justo lo que pensaba, lo que sentía. Era la verdad. Dominique me seguía observando, y la inexpresividad de su rostro cambió por un entrecejo fruncido. Por un instante, noté una emoción en sus ojos, ¿Dolor? No lo sabría nunca, pues los témpanos de hielo volvieron a ser tan fríos como siempre.

- Me lastimaste. Mucho, Victorie.

- Lo sé, y te pido perdón. Me duele, me dolió durante todos éstos diez años saber las consecuencias de mis tontos actos. De verdad, no sabes lo duro que ha sido saber que te hice tanto mal, por mis celos idiotas. Perdóname.

- Bueno, bueno, que no sólo fuiste tú.

- Yo convencí a Scorpius – escupí sin poder contenerme – Yo fui quien le vendió la idea.

- Pero él aceptó.

- Y luego él se enamoró perdidamente de ti. Aún te adora.

Los ojos azules de Dominique brillaron levemente, y me dedicó una breve sonrisa.

- ¿Algo de comer? El Veritaserum puede caer pesado si no comes nada.

- Sí, tengo hambre…¿Me diste Veritaserum?

- ¿De verdad creíste que te iba a escuchar así, nada más, y te iba a dejar ejercer tu encanto de veela en mí? No, hermanita. El juego ha cambiado.

- Sí, sí lo creí… Eres una maldita víbora sin escrúpulos.

- ¿Ves? Amo su efecto.

- ¡Soy tu hermana!

- Yo también lo soy y eso no impidió que creyeras que te quitaría a Teddy. ¿Verdad?

- Sí. Eso fue una soberana idiotez.

- Definitivamente. Y ahora, ¿Qué quieres del menú?

- Lo que sea que tú pidas.

- Bien. Y sí, ya que has pasado la prueba del Veritaserum… Puedo considerar perdonarte.

Clavé mis ojos azules en los ojos aún más azules de mi hermana menor. Ella no desvió la mirada. Y noté que, muy por debajo de su ensayada mirada de póker, un brillo, una calidez se podía ver. Comimos sin más conversación, sin más sonido que el tintinear de los cubiertos y platos. Pero fue un momento agradable, un momento cálido. La tensión y el rencor que había existido entre ella y yo hace unos momentos, que habían comenzado hace diez años, se habían ido.
Cuando trajeron el postre, mi hermana me miró nuevamente.

- ¿Te gustó la comida?

- Hmmm… Sí, aunque el plato fuerte tenía manzana, y no me gusta.

- Vaya, la magia está acabándose, ya dijiste "hmmm" antes de responder, pero aún sueltas verdades.

- Supongo.

- ¿Cómo te sientes, Victorie?

- Hmmm…Feliz.

Ella afirmó distraídamente. Y luego murmuró:

- Yo también.