¡Oló! Pues ya con el asuntillo de Victorie resuelto :3 Nuestra Dominique tiene aún algo importante pendiente… ¡Scorpius! Así que ya es hora que el destino – y la escritora, claro – haga algo. Espero les agrade el capítulo tanto como a mí me gustó escribirlo :D
La Reina de Diamantes
- Buen día – le sonreí a la secretaria – Me gustaría hablar un momento con la señorita Dominique Weasley.
- Bueno, la señorita no recibe visitas sin cita. ¿Tiene cita?
Le dediqué una sonrisa encantadora a la chica, que no había desviado la vista de los enormes libros de anotaciones que estaba llenando.
- Creo que con que le diga que Zarina Parkinson la busca, es suficiente.
Pareció que le había puesto una bomba fétida en el asiento a la chica, porque enseguida brincó y me dedicó una esplendorosa sonrisa.
- Por supuesto, señorita Parkinson, enseguida.
La chica desapareció por la doble puerta que daba al despacho de Dominique. Me arreglé mi espeso cabello negro, mientras pensaba hace cuánto tiempo no la veía. En Hogwarts habíamos sido muy cercanas, pero a partir de que ella entró al Ministerio y a mí me atraparon las inacabables actividades sociales que tenía, no nos habíamos ni llamado.
Después de unos instantes, la secretaria me llevó al despacho de mi amiga. La encontré inmersa en papeles y carpetas, atrincherada tras su escritorio. Pero cuando entré yo, ella me miró y me dedicó una breve sonrisa.
- Zarina, por Merlín. Buen momento para aparecerte por aquí.
- ¿Mucho trabajo, eh? – nos saludamos con un breve beso en la mejilla – No te apures, no voy a quitarte mucho tiempo… ¿Qué diablos huele tan bien?
A la bruja frente a mí le brillaron astutamente los ojos, mientras yo seguía aspirando ése olor tan delicioso. Me recordaba muchísimo a mi prometido.
- ¿Qué olor es, Rina?
- Pues… – comencé, no muy segura de cómo describirlo – …Pino, chocolate y… sí, un poco al olor húmedo y raro que tienen los recovecos de Gringotts.
- Qué lindo. ¿Qué tal está Aro? Hace mucho no lo veo.
Vaya, así que era cierto que Dom sabía jugar, y muy bien. Le sonreí, dividida entre el orgullo por verla así de lista, y la diversión de que me había hecho una muy buena jugada. Busqué con mis ojos y encontré un delicado recipiente de cristal cortado lleno de un líquido que era el que despedía el olor.
- Nos acabamos de comprometer.
- Vaya, vaya… Pues felicidades. Espero tener invitación para la boda.
- No lo dudes. Ahora, pasando a otros temas, me gustaría preguntarte algo.
- Dime.
- Yo ya te dije a qué huele mi amortentia, Dominique. Me pregunto, ¿Qué olor tiene para ti?
Sus fríos ojos azules se posaron durante un largo tiempo en mí. Comencé a ponerme nerviosa: tenía una mirada muy difícil de sostener, igual que mi prometido. No sé qué afán de agredir hasta con los ojos. Pero en fin, yo estaba ahí por algo, y no me iba a ir sin conseguirlo. Así que levanté el mentón y procuré que mi labio inferior no temblara de los nervios.
- ¿Quién te manda, Rina? ¿Mael? ¿Aro? ¿O el propio Scorpius?
- Sabes que Scorpius tiene un ego más grande que el del Sol – respondí alegremente – Él jamás me pediría ayuda. No, en realidad vine porque, bueno, soy bruja y adivino cosas.
- ¿No me digas? Desempolvaste tu bolita de cristal.
- Así es. Y he visto cosas interesantes. Por ejemplo, que has cerrado tratos con Potestatem, y que el negocio va viento en popa. También que te has reconciliado con tu hermana. Y he visto que te reconciliarás con Scorpius y entonces, al fin, tendremos un heredero Malfoy que no tenga los ojos grises, sino azules. O mejor aún, dos. Una niña rubia platinada de ojos azul rey y un niño de ojos grises con el cabello negro azulado. O viceversa, de todos modos saldría bella la foto familiar... ¡Qué bonito!
El rostro de Dominique fue todo un poema. Solté una carcajada: desde el Colegio, yo siempre había sido la única capaz de sacarla de sus casillas.
- Tranquila, Dom, relájate. Es broma, ya sabes, yo sólo bromeo contigo.
- Nada gracioso.
- Pero no has dicho que no.
- Obviamente no, Zarina.
- Ya no te enfureces como me dijo Mael que lo hacías cuando te lo mencionaban, ¿eh? Vamos mejorando. Ahora dime, ¿Prefieres una cena con él o quieres que le diga que te sorprenda?
- ¡Zarina Parkinson! – estalló, azotando las manos contra su enorme escritorio de mármol negro – ¡Ni una ni la otra!
- Ah, entonces desayuno. Perfecto, así pasan todo el día juntos. Bueno, me voy, soy una gran socialité y tengo muchos compromisos, como el inmediato que es ir de compras. Urgente, urgente. Pero tú no te apures, le diré que será un desayuno. En un buen restaurante, claro. Y tú irás, oh sí, a menos que me quieras aquí todos, absolutamente todos los días. Persiguiéndote, acosándote a cada reunión que vayas, a cada paso que des. Seré como tu sombra, como tu peor pesadilla. Y yo…
- Como sea, Zarina. Pero ya déjame trabajar.
Dibujé una enorme sonrisa. Y así es como siempre me salgo con la mía. Aro dice que soy un poco desesperante, pero bueno, si no lo fuera no tendría lo que quiero. Dominique sólo suspiró mientras me acercaba a plantarle un beso en la mejilla y me dirigía a la puerta.
- Apuesto mi bolsa favorita a que para ti huele a vino y a piel. Digo, por aquello de sus caros muebles de piel de la Mansión Malfoy – sonreí al ver el brillo en sus ojos al dedicarme una mirada fugaz – Y bueno, el tercer olor podría ser su colonia, pero como cambia varias veces…
Dominique siguió trabajando. Suspiré: ella jamás me lo diría. Todo lo de Scorpius era tabú, era como preguntarle detalles de sus negocios. Jamás diría nada…
- …Especias – solté mientras abría la puerta y volteaba a verla por última vez. Le dediqué una enorme sonrisa triunfal, mientras ella se limitó a mirarme atentamente con ésos enormes ojos azules – El tercer olor es símbolo del negocio más fructífero de los Malfoy desde que él nació. Es lo que los ha unido. Especias. Yo muy bien. Que tengas un lindo día, Dom.
Salí, pero alcancé a ver la fugaz sonrisa que Dominique no pudo reprimir a tiempo.
Un brillo plateado me recibió cuando subí al auto que usaba para moverme por el Londres muggle que tanto me gustaba. Volteé para toparme una bella pantera que conocía muy bien.
Sonreí, mi prometido era sumamente detallista y exacto. Seguramente querría todos los detalles de mi reunión con Dominique. Reunión que había hecho a petición suya, pues él sabía que la única que podía convencer, o más bien orillar a Dominique a hacer algo que ella no quería, era yo.
Pero obviamente no le contaría todo así como así. Lo haría que desesperara, que me rogara por información. No había sido sólo por mi bella cara por lo que había atrapado al brillante y ambicioso gerente de Gringotts. No, había sido porque también yo sabía jugar mis cartas, portarme como toda una reina. Así que me limité a susurrarle al patronus de Aro:
- Está hecho.
