¡Oló! Una disculpa por no haber actualizado D: pero como ya entré a la universidad, no había podido escribir. Pero ¡Aquí tienen! El capítulo 9. Que lo disfruten :D Y sigan dejando reviews, que éso inspira y anima y alegr :3


El As de Corazones

- ¿Y éstas flores, señor?

- Ésas van en el florero de plata. Ponlas en la esquina izquierda del gabinete, y que se vean bien, por favor. Ella es muy fijada en ésos detalles.

El chico afirmó con la cabeza y se apresuró a llevar el enorme ramo de Plangentinas al gabinete exclusivo, el que se encontraba en la parte más cara del restaurante.
Su gabinete.

Y es su gabinete, porque era el que él había pedido para ella. Sí, algo que jamás pensé alcanzar a vivir. Scorpius Malfoy y Dominique Weasley, quedando para desayunar en mi restaurante. Pero bueno, al crecer cerca de la familia Weasley, creces sabiendo que todo es posible. ¿Qué estaría pasando entre ellos? Sí, sabía, por lo que me había contado Victorie, de los negocios que tenían ellos, pero… ¿Tanto como para desayunar juntos? Bueno, quizá ya habrían arreglado las cosas, quizá volvieron a estar juntos… Todo debía estar perfecto, sí, perfecto y encantador para facilitar la atmósfera romántica. Oh sí, yo era experto en eso del romanticismo y todo, no por nada a mi restaurante, además de su nombre oficial, lo conocían como El palacio del amor.

- ¿La música está bien, señor?

- …¿Eh? – musité, saliendo lentamente de mis ensoñaciones y enfoqué a otro mesero que me veía, en espera de instrucciones –…Eh, sí, sí, está perfecta. Ya solamente estén listos para cuando lleguen.

Aunque no creía que llegarían juntos. No, eso era demasiado para ella. No, Llegaría primero él, enamorado e impaciente. Y luego ella, intentando parecer más dura y segura de lo que se sentía.
Sí, podría decirse que los conocía muy bien a ambos... La verdad era que no. No fuimos al mismo tiempo al colegio, a Scorpius lo conocía por Albus, y con Dominique hace tiempo no me llevaba. Pero mi pasatiempo siempre ha sido observar a la gente, además tengo mucha imaginación. Por lo tanto puedo darme una idea de cómo actuarán.
En eso estaba cuando observé a un hombre rubio y alto, de facciones finas y orgullosos ojos grises entrar a mi restaurante. Sonreí profesionalmente y me dirigí a recibirlo.

- Scorpius Malfoy, hace años no te veía.

- Ted Lupin – sonrió el rubio, mientras nos dábamos un abrazo a forma de saludo – Felicidades por tu restaurante. Había escuchado mucho de él, pero veo que se quedaron cortos. Es hermoso.

- Gracias, gracias – respondí mientras nos dirigíamos al gabinete – Y no me digas Ted, sabes que no me gusta.

- De acuerdo, Teddy, de acuerdo.

La plática con él fluyó tranquilamente. Y no es por presumir, pero definitivamente mi romántico y elegante restaurante era un excelente tema de conversación. El Noble Grifo de Plata estaba considerado como uno de los mejores restaurantes del Londres Mágico, y todo mundo decía que los platillos, aunque caros, valían cada galeón que se pagaba.
Justamente estábamos hablando de la tarta de cerezas que se hacía, cuando la ví entrar.

- Bueno, Scorp… Creo que tengo que dejarte.

Él volteó, y ambos observamos a la misma mujer de porte elegante y barbilla levantada, enfundada en un bello vestido púrpura que contrastaba hermosamente con su cabello negro azulado, brillante a los rayos del Sol.
Noté cómo al hacer el ademán de acercarme, ella me hizo una seña con la mano, indicándome que no fuera por ella. Caminó hacia nosotros con paso firme, mientras se quitaba los lentes de sol, revelando sus profundos ojos azules. Antes de que llegara, su perfume de canela y vainilla la anunció.

- Qué tal, Teddy – me saludó como si la hubiera visto ayer – Está hermoso tu restaurante. Comenzaré a venir más seguido.

Sin pensar me acerqué a ella y la abracé, como hace años no lo hacía, como un hermano abraza a su hermanita menor. Sonreí, y sentí cómo ella se ponía rígida por el abrazo, y luego me daba unas palmaditas en la espalda. Dominique Weasley, no sabiendo cómo reaccionar a las muestras de afecto desde hace diez años.

- Te extrañé, Dom – canturreé. Me separé justo a tiempo para ver su rostro sorprendido – Siempre fuiste mi hermanita. Y me dejaste.

Sentí la sorprendida mirada de Scorpius, y noté cómo ella parpadeaba repetidamente, como siempre que no sabía qué decir.

- Pero has vuelto, y eso es lo importante. Siéntate, en un momento les traen el menú.

Los dejé…Sólo para esconderme detrás de los enormes arreglos florales que rodeaban una parte del gabinete. Era la ventaja de ser el dueño y tener a meseros que se encargaran de todo.

- Llegas tarde.

- Lo bueno se hace esperar. Además, estabas en muy buena compañía. No sabía que Teddy y tú fueran tan amiguitos.

- No sabía que aunque no le habías hablado desde hace casi diez años le seguías diciendo Teddy.

- No sabía que te ponías celoso tan rápido.

Se escuchó un bufido. Silencio.

- Bonito detalle, lo de la caja de chocolates entre los regalos que tu empresa mandó.

- Busqué una que tuviera mantícoras.

- Sí, lo noté. Le di un dragón a Al. Afortunadamente ahora no le mordió la lengua.

Risas. Silencio. Justo llegó el mesero para darles las cartas, pero ambos fueron rápidos en decidirse y el mesero no tardó nada en irse.
Silencio. Más silencio. Merlín, par de orgullosos.
Llegaron las entradas.

- Me dijo Aro que Zarina te visitó.

- Hmmm… Los chismes corren más rápido que un hipogrifo rabioso. Sí, me hizo una visita social.

- Es agradable Zarina…

- A ver, Scorpius – interrumpió de pronto Dominique, con un tono frío en la voz – Esto no es un desayunito amistoso. No, yo estoy aquí porque Zarina me sacó de mis casillas y estúpidamente acepté verte. Punto. Ahora, si no me dices de un buena vez qué me quieres decir, mejor cállate y déjame desayunar en paz.

- ¿De qué diablos hablas, Dominique…?

- A ver, recalcula tu hechizo brújula porque no está funcionando. Rebobinemos. ¿Acaso crees que no sabía que todo esto fue planeado? Oh sí, puedo ver perfectamente a Arothir sentado frente a ti, y el metiche de Mael a tu lado, diciéndote qué debías decirme. Puedo ver perfectamente a Zarina informarle a Aro que caí en la red, que me desesperó y acepté. Pero se les olvidó que si ellos van, yo ya fui y vine dos veces. Así que, Scorpius, o me dices qué me quieres decir…

Justo en ése momento llegaron las sopas, haciendo que me retorciera de desesperación en mi escondite.

-… O hago que me lo digas.

Un silencio largo. Muy largo. Podía imaginarme perfectamente a Dominique, con ésos témpanos de hielo, mirar fijamente a Scorpius, que seguro estaría pensando a toda velocidad qué inventar.

- Sí, tienes razón, fue un plan. Todo esto fue planeado. En realidad sí quería decirte algo.

- ¿Ves, cómo nos vamos entendiendo? – dijo ella – Me agrada que vayamos llegando a ésos términos. Brindemos por eso.

Se escuchó el tintinear de las copas de vino al chocarse, y luego un breve silencio. ¿Pero qué diablos estaba haciendo Dom? ¿Le estaba dando tiempo para contestarle ¡No! A un Malfoy jamás debe de dársele tiempo para pensar, para armar sus arrullos, sus discursos. Ya podía escuchar el enorme rollo de palabras que él le soltaría, y ella lo mandaría al diablo, y otra vez pasarían años sin hablarse y…

- Ahora, ¿Qué querías decirme, Scorpius?

- Quería pedirte perdón. Que me arrepiento sinceramente de haber participado en ése plan tan estúpido de Victorie. Que cometí un error, me cegué por el orgullo y el coraje de que siempre me ganaras, con tus calificaciones y tu cabeza sabelotodo, y tu encanto personal. Y luego me enamoré, me enamoré como un estúpido de todo lo que antes aborrecía de ti. Me enamoré de tu sonrisa, de tu mirada, de tus ojos azules, tu piel blanca. Y cuando todo salió a la luz, me sentí como el peor, como un idiota, Dominique. Yo quise decírtelo, de verdad, pero tenía mucho miedo de perderte. Te quería… Te quiero demasiado, porque para mí sigues siendo mi Dom, la Dom con la que caminaba como tonto por todo Hogwarts, riendo y soñando. Y aunque hemos crecido ya, yo te sigo adorando como en ésos años. Y no quiero perderte de nuevo por mi orgullo tonto. Todos éstos años te extrañé tanto… Yo… Perdóname.

SANTO MERLÍN.
Me ví en la necesidad de apartar un par de hojitas para asomarme a la mesa, y asegurarme de que era el mismo Scorpius Malfoy que yo conocía, el que había dicho todo ése discurso romántico más digno de Louis en sus películas que de él. Pero sí, ni mis ojos ni mis oídos me engañaban, y el mismo Scorpius era el que estaba ahí, sentado a un lado de Dominique, con una expresión de sorpresa profunda que…
Hey, esperen…

- …¿Algo más?

- Que te amo.

Ay, Circe.
Me detuve de la pared detrás de mí. ¿Dónde estaban los reporteros de Corazón de Bruja cuando se les necesitaba? Lily, debía llamar a Lily. Sí, ella debía hacer un artículo de esto. Una primera plana a ocho columnas: ¡Comprobado! El Rey de los Malfoy tiene corazón.
Me asomé de nuevo entre las hojas. Dominique veía fijamente a Scorpius. Ahora faltaba ver si la Reina también tenía algo latiéndole en el pecho además de la ambición.

- ¿Sabes que ya te habías tardado en decírmelo, no?

- Sí. Pero esto no era lo que planeaba.

- Obviamente.

- Algo pasó aquí.

- Por supuesto.

- FUISTE TÚ.

- Lo más seguro, quién sabe...

Un sonoro bufido.
Llegaron las ensaladas.

- Ahora, yo que tú comía la ensalada, se ve muy buena.

Noté que Dominique sonreía mientras le daba otro sorbo a su vino.
El vino.
Dominique le había puesto algo al vino de Scorpius. Oh sí, ella había hecho lo mismo con Victorie. Dominique y sus ases bajo la manga siempre.

- Fue la última parte del Veritaserum que me mandaste – dijo ella entre bocado y bocado a un confundido Scorpius – No puedo creerle a nadie, hasta que pasen ésa prueba. ¿Me hubieras dicho todo así, tal cual, sin usar ésa poción?

- No, había preparado un discurso. ¡MALDICIÓN!

- ¿Ves, qué bonito? Ahora relájate. Desayunemos, y alégrate.

- ¿De qué?

- De que ahora te aceptaré la mayoría de tus invitaciones. Y digo la mayoría, porque una mujer nunca, nunca debe estar siempre disponible para un hombre.

Silencio.
Salí de mi escondite con ganas de dar brinquitos de la emoción, pero me controlé y salí caminando como si hubiera estado en otros gabinetes cercanos. Al voltear hacia ellos, Dominique me dedicó un breve guiño que me hizo reír.
Y Scorpius… Él estaba demasiado ocupado sonriendo como si no hubiera un mañana.