¡Oló! ¡Y aquí, al fin el capítulo 11! :3 Muchas gracias a todos aquellos que leen y que favoritean XD Sobre todo, gracias a Samfj y a Medusae por seguir la historia y por sus reviews :'3
Tengo que admitir que me costó trabajo escribir éste capítulo, más que nada por la narradora. Sí, yo y mi eterna pelea con la mayoría de los Weasley. Lo siento, soy demasiado Slytherin como para llevarme bien con todos. xD Pero bueno, hice mi mejor esfuerzo y le dí una oportunidad a uno de los Weasley menos queridos para mí…Y logré hacer una tregua bastante buena con ella. :D Así que espero la disfruten. XD


El As de Tréboles

Al fin había logrado colarme hasta el pasillo que daba al elegante vestidor. Había tardado horas a mi parecer, más que nada por mis primos que me hicieron plática, pero al fin había logrado mi objetivo. Ahora sólo faltaba encontrarla.
No entendía por qué ella había roto la tradición de la familia de celebrar las bodas en la casa de nuestros padres. Cuando yo me casé con Donnan Finnigan, todo fue en la Madriguera. Sí, una bonita y sencilla ceremonia, llena de música y olores familiares. Pero no, Dom siempre debe hacer las cosas a su modo, y ahora nos tenía a todos aquí, en un elegante anexo de El Grifo de Plata que simulaba un ostentoso castillo, esperando a que la ceremonia iniciase.
No se podía negar que todo era hermoso: el altar lleno de flores y luces, y los arreglos de diamantes y tréboles, los manteles bordados con hilo de plata y los cubiertos que brillaban a la luz de las innumerables velas flotantes, porque había escogido casarse de noche… Todo era hermoso, sí, pero yo pensaba que se casaría en la casa de Bill y Fleur, a la orilla del mar…

- …Precioso. Realmente hermoso.

- Gracias Rina…

- A ver, déjame verte… Te ves hermosa, Dom.

Las voces de Zarina, Lily y Dominique me llegaron claramente a través de la puerta entreabierta. Toqué suavemente mientras abría la puerta poco a poco.
Los ojos de Lily mostraron sorpresa al verme ahí, al igual que los de Zarina. Pero Dominique se limitó a ladear la cabeza y sonreírme.

- Rose, sabía que vendrías, aunque no sé muy bien a qué. Pasa, por favor. ¿Nos permiten?

Lily me dirigió una mirada de advertencia al salir, y Zarina se limitó a inclinar educadamente la cabeza al pasar a mi lado. La puerta se cerró con un suave golpe. Me giré hacia Dominique, que seguía girando levemente para apreciar su figura en el espejo. La novia, enfundada en un vestido de seda y encaje, con pequeñas esmeraldas y zafiros a juego con los de la tiara que llevaba, me sonrió en el reflejo.

- Y dime, Rose. ¿A qué debo tu visita? Obviamente yo te invité a la boda, pero eso no explica qué haces aquí en mi vestidor. ¿Vienes a desearme suerte, porque la necesitaré?

- Está muy bonito todo, Dom – comencé, ignorando sus provocaciones y tratando de controlar mi genio – Pero no entiendo por qué decidiste casarte en otro lado que no fuera la casa de tus padres.

- Ésa casa es muy pequeña – respondió – no cabrían los invitados.

- Tienes una enorme playa a tu disposición.

- No me gustaba la idea de que mi vestido se llenara de arena. Pero dime, Rose, ¿A qué has venido verdaderamente? – dejó de verme por el reflejo y se giró – ¿A preguntarme por qué decidí casarme aquí, o porqué decidí casarme con él?

Un silencio incómodo. Apreté los labios. No supe bien cómo responder ésa estocada, tan típica de ella, llena de verdad y de ironía.

- Apenas llevaban un año y fracción de relación, Dom. Tu carrera estaba en ascenso y…

- Casi dos años de relación para cuando le dije que sí, Rose – apuntó – Lo traje cuatro meses rogándome que nos casáramos, y a fin de cuentas decidí que había sido suficiente, se lo había ganado. Y mi carrera ya no podía estar más en ascenso, siendo una mujer de negocios y la Jefa de departamento, a menos que hubiera querido ser Ministro, lo cual no me llama para nada la atención. Yo creo que ha sido una excelente decisión en el momento justo. Tengo todo lo que necesito, todo lo que quiero y hasta más de lo que algún día imaginé… Pero bueno, no seguiré explicándote con manzanas. ¿Qué más quieres objetar a mi boda con Scorp?

Abrí y cerré la boca, y me mordí el labio. Todos sus puntos eran razonables, no tenía cómo objetar en contra de ellos. Pero mi cerebro me regaló uno, uno que no había llamado la atención de nadie más que de mí.

- Fue todo muy apresurado – murmuré – Sí, lo trajiste cuatro meses rogándote por el , pero sólo tardaron un mes más en organizar todo, y en poner fecha. Hoy se cumple un mes exacto de que aceptaste. Sé que a ti te gustan las cosas rápido y bien, pero hasta Scorpius se sorprendió de la velocidad con la que planeaste todo.

- Rose, tengo casi treinta años – dijo ella después de una larga pausa – Tengo un puesto perfecto, tengo propiedades, poder, dinero, he viajado, me he divertido… Y tengo casi treinta años. Creo que ya era la hora justa para que planeara sentar cabeza y compartir mi vida con alguien. Por eso lo hice, porque a mi edad, ya lo único que me faltaba por tener era una familia propia. Y Scorp ha demostrado que está a mi altura… Bueno, hay veces que por mis tacones le gano, pero eso es un detalle nimio.

No pude evitar sonreír al verla tan segura y contenta, pero aún así había algo que no me acababa de cuadrar, quizá mi instinto, quizá mi imaginación…

- No puedo negar que cuando me enteré de que te casarías con Scorpius casi me infarto, Dom – le dije, tras un breve silencio – Sentía la necesidad de decirte que él no te convenía, que deberías alejarte de él, que tanto año te causó antes. Quería hacer que vieras lo que yo pensaba ver, quería…

- Rose, siempre intentando controlar las cosas – sonrió ella – Seguro casi consigues un permiso en tu trabajo para desmemorizarme como a todos esos muggles que hechizas al día.

Reí, y ella me dedicó una mirada alegre.

- Pues sí, no lo niego. Pensé que era un maldito desgraciado que te volvería a lastimar. Pero luego Lily me calmó, y también Albus… Incluso Victorie me explicó todo. Y al darle la oportunidad, al dejar un margen de error, Yo… – tragué saliva –…Acepto que Scorp quizá no es como yo pensaba.

Dominique se bajó del taburete frente al espejo, y tomó el ramo de Plangentinas azules y plateadas que descansaban sobre la mesilla al centro del vestidor. Era hora de comenzar la boda.
De camino a la puerta, se paró frente a mí.

- Por supuesto que no es el maldito que tú y yo pensábamos, Rose– dijo ella, sonriente – Porque yo también lo pensé. Pero Scorp ha crecido, ha madurado, ha sabido soportarme, lo cual ya tiene un gran mérito, y, aunque no se lo haya dicho nunca, creo que será un gran marido y un excelente padre.

- Vaya, Dom – sonreí ampliamente, enternecida – No sólo te ha convencido de casarte, sino hasta te ha hecho considerar tener una familia. Yo creo que serás una muy buena madre, cuando ambos se decidan a intentarlo.

Los ojos azul profundo de Dominique me miraron fijamente, chispeando como nunca antes.

- Eso, lo sabremos en nueve meses. Bueno, Ocho meses y una semana, para ser exactos.

Mi cabeza captó enseguida el significado de la frase, pero mi torpe boca no atinó más que a dejar caer la quijada de la impresión.

- Dom, ¿Estás…?

- Es la primera vez en el día que digo: "Serás tía" – dijo ella mientras salía del vestidor – Las demás no podrían callarse ni disimular, imagínate a Lily haciéndome mil preguntas, a Victorie planeando ésas ridiculeces del baby shower… O peor aún, a Zarina brincoteando por ahí y preguntando nombres de bebé, qué horror. O peor aún, imagínate a Scorp. Se le caerían hasta los... Papeles de negocios que siempre carga. Pero sé que tú guardarás silencio, te quedarás callada, disfrutarás de mi boda y cuando dé la noticia en unas semanas, fingirás sorpresa. Ahora hay que apurarnos, la música no tarda en comenzar.