Lo sé. Mátenme. Sé que me tardé siglos en actualizar, pero la facultad no me dejaba libre, y mi inspiración se fue a pasear… Pero ¡Ha vuelto! :D Y al fin, aquí está *redoble de tambores* ¡El capítulo 12! :3 El penúltimo capítulo de ésta historia, con un narrador que es de mis personajes consentidos, aunque JK no lo haya presentado (pero él tiene un lugar muy especial en mi corazón, así como me lo imagino xD)
Espero les guste tanto, tanto éste capi como a mí me emocionó y fascinó y así escribirlo :3


El As de Picas

- Y entonces incorporas la esencia de vainilla.

- ¿Así?

- Exacto, justo así. Ahora revuelve, pero no muy rápido.

Las pequeñas manos de mi sobrino de casi cinco años tomaron la cuchara y revolvieron con delicadeza la mezcla para el pastel. No pude evitar sonreír.
¿Cómo había salido algo tan bonito y tranquilo de una pareja como ésa? Algo sin una gota de malicia… Era demasiado bueno para ser verdad.

- ¿Por qué no te quedas hoy a descansar? – la voz de mi hermano Scorp se escuchó desde la escalera – Hoy no hay nada importante y…

- Descansaré cuando me muera – le respondió Dominique – Hay muchos pendientes en el trabajo, y no estoy enferma, Scorpius, no veo por qué descansar…

- El sanador dijo que cuando faltaran tres semanas…

- Tres semanas, y aún falta un mes – escuché la voz de Dominique bajando la escalera, y sus tacones chocando contra el mármol del suelo – ¡Aquí, justo aquí debían de estar ésos papeles! Te digo que era el condenado sobre azul que te di con los demás.

- No pueden haber desapareci…

- ¿¡Entonces dónde están, dime!? ¡Aaarrrghh, ya se me hizo muy tarde!

- ¡A mí también y no me pongo histérico!

- Pues no te pones histérico ni te pones nada, ni la cabeza te pones cuando te encargo mis cosas.

Una furiosa Dominique apareció en la puerta de la enorme cocina, seguida de cerca por su marido, con una cara de enojo que no podía con ella.
Pero apenas vieron a Lynx cocinando al lado mío, con su pequeño gorro de chef que yo le había regalado, se detuvieron y sus semblantes se suavizaron.

- Mira mami – canturreó el niño, mientras Dominique, con los ojos brillantes, se acercaba lentamente a él – hoy Tío Mael me está enseñando a hacer pasteles como los que él hace en su trabajo.

- Ya veo – dijo ella, mientras le acariciaba su lacio cabello rubio brillante, idéntico al de su padre – Espero que ésta vez no intentes convertirte en una tarde en un chef como es tu tío, como la vez pasada en que ambos casi queman mi cocina.

Los ojos grises del pequeño se agrandaron, alarmado por el regaño que probablemente comenzaría. Yo sonreí, aún enternecido, y cuando iba a salir en defensa del pequeño, él se adelantó.

- Fue culpa de mi tío – dijo él, encogiendo los hombros – yo le dije que le había echado demasiada poción texturizante a las galletas.

Como dije, era demasiado bueno para ser verdad. Pequeña serpiente traidora.
Merlín, que orgulloso me sentía de mi sobrino.
Dominique sonrió, y se inclinó para darle un beso en la frente a su hijo. Atrás, Scorpius veía todo con una sonrisa en el rostro.

- ¡Merlín! Son casi las doce del día – exclamó él al voltear a ver el reloj – Hermano, te lo encargo, por favor no quemen nada.

- Lo prometemos – dijimos mi sobrino y yo a coro.

- Hay todo para que cocinen, Mael – me indicó Dominique mientras Scorp se despedía de su retoño haciéndole cosquillas – Cualquier cosa, un patronus, ya sabes, porque el celular es muy complicado para ti.

Entrecerré los ojos, mientras la veía salir rápidamente de la cocina. Scorpius desvió su mirada de ella y me volteó a ver.

- Perdónala, Mael, ya sabes…

- Sí, te entiendo – respondí – Mejor perdónala tú, y cuídala, que tanto coraje en ése estado…

- ¡SCORPIUUUS! – se escuchó desde el vestíbulo – ¡MUÉVETE!

Ambos suspiramos, y Scorpius salió corriendo de la cocina.
Un portazo.

- ¿Mamá amaneció de malas? – preguntó Lynx, mientras metía un dedito a la mezcla y lo chupaba.

- Algo así, Lynx – le respondí, mientras yo también metía un dedo a la mezcla y buscaba el molde del pastel con la mirada – pero ya pronto se le va a pasar.

- ¿En un mes?

- Exactamente – le respondí mientras vaciaba la mezcla – En un mes.

- Y en un mes llega Lyra – completó el pequeño, con los ojos brillantes – ¿Crees que sea igual de bonita que mamá?

Lo miré, y no pude evitar emocionarme al verlo a él tan alegre por la llegada de su hermana.

- Seguramente será igual de bonita – respondí, mientras metía el molde al horno y le daba un golpe suave con mi varita.

- ¿Crees que tenga su carácter?

Solté la carcajada.

- No sé si afortunada o desafortunadamente, pero es muy probable Lynx.

- ¿Y yo me parezco a papá?

Volteé a ver a mi sobrino: delgado de facciones angulosas y finas, piel blanca y cabello rubio marca Malfoy… Y unos ojos gris metálico, aún más grises que los de Scorpius, con leves vetas de azul, cortesía de Dominique.

- Sí, sí te pareces mucho a él.

El niño sonrió, y justo en ése momento un ruido de campanitas nos indicó que el horno había terminado.

- Bien, ahora – le indiqué, bajando al niño del elevado banquito de la cocina y colocándolo en el suelo – Espera a que haga el hechizo y yo te digo cuándo puedes abrir el horno.

Mi sobrino afirmó con la cabeza, mientras yo hacía mis acostumbrados movimientos con mi varita. Una lluvia de estrellas plateadas llenó la cocina cuando terminé.

- Ahora sí, Lynx.

El niño bajó la puerta del horno, y el agradable olor de la vainilla nos dio de lleno en la cara.

- Tío – canturreó él, mientras lo decorábamos con betún – de grande quiero ser Chef como tú.

Reí.

- ¿De verdad? Pensé que te gustaría ser empresario como tu mamá o tu papá.

- No – frunció el ceño – siempre andan con prisa, y éso no me gusta. Además, Tío Teddy me ha dicho que podré trabajar en su restaurante cuando sea grande.

Reí de nuevo, al ver sus ojos grises brillar de la emoción. No pude evitar emocionarme también.

- ...Éste pastel le va gustar a Lyra. Mamá dice que Lyra se da cuenta de todo, aún dentro de ella. Yo digo que es magia.

Sonreí ampliamente.

- Así es Lynx. Es de las magias más misteriosas que hay... Así que seguramente a Lyra le va a gustar muchísimo el pastel. Y a tu madre le va a gustar más el hecho de que su cocina sobrevivió.

- Seguramente.