Capítulo 3: Confusión

Este Capitulo Fue hecho por mi y por Girlbender por lo que el fic nos pertenece a las 2.

Aang, luego de escuchar las palabras devastadoras de su amigo Zuko, suspiró. Era claro que para él, lo bueno no era extenso y duradero, y podía comprobarlo ahora que, cuando al fin podía pasar tiempo con su querida novia Shizuka, debía marcharse lejos para volver mucho después.

Pero no tenía otra opción, todo a causa de su deber de Avatar. Su labor y vida era prácticamente para el bienestar del mundo entero. Él se encontraba de vuelta en su habitación, y con mirada triste, empacaba unas pocas pertenencias. De lo que no se percató fue que, justo detrás de él se hallaba Shizuka, viéndolo con una mirada dulce pero entristecida.

-Amor, ¿te vas nuevamente, verdad?—preguntó la joven entre sus aires de nostalgia, a la vez que se acercaba nuevamente al lado de Aang.

-Sí Shizuka. Lo siento mucho, pero sabes bien que es mi deber—Agrego Aang, también sintiéndose bastante culpable. –Pero sabes que si pudiera, te llevaría conmigo.-

- Lo sé. Te extrañaré.-

-Yo a ti.-

En ese momento, Shizuka se acercó aún más, a punto de cerrar la distancia a través de un apasionado beso. Sus labios se encontraban cerca de los del joven calvo, a tal punto en que sus alientos se mezclaban; pero cuando finalmente sellaron la lejanía con un beso, Sokka irrumpió en las habitaciones, con sus típicas prisas acompañadas de repugnancia a las muestras de afecto.

-¡Aang! ¡Ya basta con esos besos! Vine a avisarte que todo está listo para que nos vayamos, Zuko decidió que Toph y yo te acompañaremos.-

-Está bien Sokka. Me parece estupendo que me acompañen, ya que no me gusta mucho la idea de viajar sin compañía. Se los agradezco. Así que bueno, es hora de irnos, Toph nos debe estar esperando muy impaciente. Adiós Shizuka, cuídate mucho, nos vemos.-

Shizuka quedo bastante molesta con Sokka, pues los había interrumpido en el último beso que se darían en largo tiempo. Era claro que no lo iba a decir, pero era de admitir que contuvo todas las ganas de besar a Aang.

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Toph, Aang y Sokka, se encontraban volando sobre Appa, ya muy cerca de su destino, el viaje se les había hecho muy corto. Se la pasaron conversando la mayoría del tiempo por todo el camino… contando anécdotas, hablando de las cosas que habían pasado en el tiempo en que estuvieron separados, y así, entre charla y charla llegaron finalmente a la isla Cola de Ballena.

-¡Ya estamos aquí!—exclamo un eufórico Sokka

-Me alegro…hace mucho que no volaba sobre Appa, y me cuesta volver a acostumbrarme…Fue igual que la primera vez que me subí, hace tiempo que no me mareaba tanto.— Toph un poco asustada, se había dignado a comentar alguna palabra.

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Todos caminaban velozmente hacia la casa del Alcalde, la máxima autoridad que la isla podía tener. Aang sabía que debía dirigirse allí para lograr arreglar los asuntos tan urgentes que le comento Zuko el día anterior.

Al llegar allá, todos los pobladores y sirvientes les recibieron muy amistosamente. Fueron recibidos dentro de un estupendo trato y una gran atención; Siempre recibirían con los brazos abiertos al Avatar y todos sus amigos que visitaran la bella isla. Dentro de la gran mansión, se les asignó un enorme cuarto a cada uno, de colores típicos del reino tierra, con grandes lujos y baño propio. Les pidieron que al terminar de reajustar su equipaje, se dirigieran a la sala del comedor para acompañarlos a todos a cenar.

Ya todos se habían dado una buena ducha, se habían cambiado de prendas y estaban totalmente arreglados para bajar al salón principal, en donde los estaban esperando para llevar a cabo la cena.

Estaban sentados en los lugares pertenecientes a sus personas, y comenzaban a conversar entre risas con el alcalde de actitud sabia, pero bromista. Se le reconocía como un comediante nato, Y hacía reír hasta a los guardias más serios del lugar. Pero nadie se esperaba la gran sorpresa; casi se ahogan con sus alimentos cuando vieron lo que se manifestaba ante ellos. Lo vieron, y aún así era imposible de creer. Era Katara.

Ella bajaba las escaleras de madera pulida, escoltada por su mejor amigo y sonriéndole amenamente. Portaba trajes blancos, confeccionados por una hermosa y brillante ceda fina. Sus labios eran invadidos por un poco de pintalabios carmín, y su cabello se notaba suelto, con ligeras ondulaciones a los lados. Pero todas esas sonrisas y gracias, se las llevó el viento cuando presenció a sus invitados. Ahí se encontraba aquel que la lastimó profundamente, ella era capaz de divisar a un apuesto Avatar Aang.

Dentro de los pensamientos de Katara, todo era difuso. Ella sentía que todo lo que había intentado olvidar por mucho tiempo, volvía hacia ella y rompía con aquella felicidad y paz que con tanto esmero había logrado. Volver a verlo, volver a ver al hombre que la destrozo hace dos años, le hacía revivir todos esos momentos de eterno sufrimiento que había tenido que pasar. Él estaba ahí, frente a sus ojos, y ya no podía huir más de su pasado, que ahora se le restregaba en la cara.

En ese momento incómodo, el alcalde les presentó sorprendiéndose en sobremanera cuando se enteró de que eran conocidos. Les invitó a pasar a la mesa, y continuó con sus gratificantes charlas; pero nadie más que Aang y Katara, se sintieron tan incómodos en toda su vida.

La cena tan exquisita llena de cientos de manjares había llegado a su fin, y todos los habitantes de la lujosa casa subieron a sus respectivos cuartos asignados. La chica morena, entre sus vagos pensamientos y respiros irregulares, intentó evitar conversación, marchándose de una sola vez a su recamara oficial. Pero para su desgracia inevitable, el momento halló lugar. Justamente cuando Katara se disponía a entrar a su habitación, sintió un agarre cálido y suave sobre una de sus muñecas. Volteo a ver aterrada, y se encontró con aquel monje de ojos grises. La miraba profunda y tristemente, aún vacilaba en sus meditaciones. Mientras las lágrimas corrían desenfrenadamente por sus mejillas, ella, sin saber siquiera porque, se sentía extremadamente miserable ante el hecho de causarle dolor. Pero a la vez, se sentía realmente enojada y confundida, pues pensó que esto que hacia Aang era solo un acto para que ella se disculpara sin razón alguna.

En ese momento Aang miro fijamente a los ojos Azules de la maestra agua… Y en un intento por controlarse, por fin logró susurrar.

-¿Por qué?- gimió el alto muchacho.

-¿De que estas hablando?—Pregunto Katara con voz indignada

-¿Por qué me dejaste así Katara? Yo nunca hice nada malo, siempre te entregué todo mi amor.-

-¡Por favor Aang no seas sínico!-

-Pero no lo entiendo ¿Por qué dices que no es me dices esto?-

-¡Y ahora te haces el indefenso! ¡Cuando tú fuiste el que me alejó, fue por tu causa que yo salí herida, no vengas a hacerte el inocente ahora!-

-¡Espíritus Katara! No lo comprendo ¿De qué me estás hablando?- El joven Avatar muy raramente alzaba la voz, pero ahora estaba tan frustrado y confundido que no pudo resistirse a hacerlo.

Katara solo suspiró. Estaba tan encolerizada y dolida. Solo quería calmarse, porque sabía que si no lo hacía iba a gritar más fuerte de lo que de por sí ya había gritado.

- Aang, no te hagas el que no lo sabe. Fuiste tú quien me engañó cruelmente a mis espaldas todo este tiempo. Cuando yo te entregué todo mi amor, tú no sentiste lo mismo por mí. No te bastaba tenerme solo a mí, y cuando no estaba te fuiste con... Ella.-

Aang estaba totalmente extrañado por lo que le decía Katara, él jamás había estado con nadie que no fuera ella. Siempre le mostro su amor incondicional, y que ahora ella lo negara en verdad le dolía mucho.

-¿Con quién?— Le preguntó con curiosidad

-¡¿Cómo que con quién?! ¡Con Onji!-

-Katara…

-¡YA NO DIGAS NADA MAS! No quiero oír tus mentiras—Su voz sonaba quebrada y las lágrimas invadían ya sus mejillas -¡Yo te vi besándola el día que regrese a casa!-

Katara seguía llorando intensamente, y Aang solo la veía aterrado. Él nunca le haría eso, solo había sido capaz de tener ojos para ella. Pero ella fue presente en un momento confuso, en donde Aang fue la víctima, y no dio tiempo a explicar. Katara bajó la vista, dirigiéndola a sus pies.

Cuando sintió como las manos de Aang tomaban su rostro delicadamente, obligándole a subir la mirada. Ella vio sus ojos, esa gris mirada reflejando una chispa, que hacía que su corazón latiera desaforadamente. A la luz de la luna podía ver poco, pero estaba segura de notar las lágrimas que, sin medida alguna, rozaban ferozmente las rosadas mejillas de Aang. Y él, en cuestión de segundos logró explicar en susurros. Susurros muy dolidos, al tiempo en que se acercaba más. Sus olores se mezclaban, y ambos corazones danzaban fervientemente en sus pechos.

-Yo nunca la bese…-

-Claro que sí, yo lo vi con mis propios ojos-Ella ya se había calmado, pero en su voz aún se escuchaba el dolor. Antes de que Aang pudiera dirigirle otra palabra, se soltó de su agarre y continuó su camino a la habitación. Aang solo veía como la chica se alejaba, ya se había dado cuenta de porque Katara se había ido. Le dolía que no creyera en él, sabiendo que sería incapaz de hacerle algo así…

Él amaba tanto o más que la primera en que con sus propios ojos la vio.

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Así pasaron la noche, los dos, sin pegar un ojo, pensando en las palabras del uno dirigida hacia el otro. Aunque habían pasado dos años sin verse, sentían ese mismo sentimiento que los había unido. Ellos aún se amaban, pero había demasiada confusión en sus cabezas como para poder entenderlo.

Katara estaba muy inquieta, por lo que a causa de sus insomnios, Buscó a su querido hermano Sokka y por supuesto que también a su amiga Toph, ya que entre sus carreras, no había tenido el tiempo de saludarlos. Después de pasar donde Sokka y contarle lo que había pasado, fue a la habitación de Toph. Necesitaba un consejo, y no precisamente de un hermano o familiar, más bien de mujer a mujer.

La ciega dormía profundamente, y a Katara le dio pena tener que despertarla a esas horas de la noche, pero es que ya no aguantaba más, necesitaba conversar con su amiga, necesitaba que la aconsejara… Dándole unos pequeños movimientos en el hombro, Toph finalmente despertó. Un poco extrañada de sentir las aceleradas vibraciones de su amiga al frente, le pregunto:

-¿Katara? ¿Qué haces aquí?-

-Toph…disculpa que haya venido a esta hora…es solo que yo…necesito un consejo—Ya lo había dicho, podía estar en paz y sentirse libremente, sin tener esa opresión en su pecho que no le permitía respirar.

-Cuenta con eso. —Dijo amablemente la ciega, como si supiera de lo que se trataba—Aunque es un poco extraño pedir consejos a la hora de la madrugada ¿No crees?—Bromeó.

-Si lo se… pero de verdad lo necesito-

-Haber cuéntame que es lo que paso Princesa azucarada.-

-Es Aang, estuve discutiendo con él hace un rato, y no lograba dormir pensando en lo que me dijo…

-Haber Katara, en primer lugar te toca explicarme por qué demonios te marchaste de esa forma. —Comento la ciega cruzando los brazos, esperando una explicación.

-Toph…yo encontré a Aang besándose con otra. No sé cuánto tiempo me estuvo engañando ¡No lo sé!—Su voz sonaba cortada y las lágrimas comenzaban a caer sobre su rostro. En ese momento se apoyó sobre el hombro de la maestra tierra a llorar, a sacar todo lo que tenía adentro.

-No lo puedo creer…podría jurar que pies locos estaba enamorado hasta los dedos de ti…

-No es así Toph, él nunca me amó, porque si lo hubiese hecho jamás me habría engañado, ¡jamás!- Esta se expresaba, mientras aun las lágrimas brotaban con fuerza.

-Pues si es así, tendrá que vérselas conmigo—Dijo Toph bromeando.— Mira si él te engañó, ya no te humilles; búscate a alguien que te quiera de verdad, aunque yo siga creyendo que Aang te ama.-

-Gracias Toph, eres una gran amiga…-Dijo Katara, saliendo de la habitación y disponiéndose a ir a la cocina por un vaso de agua.

Era ya de madrugada, más o menos las cuatro de la mañana. Katara caminaba lentamente con una lámpara de aceite sujetada firmemente entre sus brazos, iluminando paso a paso cada tablón de madera del suelo. Y sin querer nuevamente, el destino los reencontró. Aang, quien no concilió sus sueños, se dirigía tranquilamente al mismo lugar que ella para beber un poco más. Ella venía de un lado de las penumbras, y él se hallaba al otro extremo, pero en vez de sostener una pesada y oxidada linterna, sencillamente se iluminaba con flamas de fuego control.

En ese momento los dos se encontraron nuevamente frente a frente, el día ya estaba comenzando por lo que se podían ver perfectamente.

-¿Qué haces aquí?—Pregunto tímido Aang.

-Eh…yo…solo venía por un vaso de agua.-

-Ah sí. Yo también. —En ese momento Katara se retiraba con el vaso en la mano, y Aang fue lo suficientemente rápido para detenerla.

-¡Katara!-

Ella volteo a ver que quería ahora. Aang solo estaba buscando tema de conversación, asique pensó en preguntarle sobre los problemas que asaltaban a la isla, fingiendo gran interés sobre esto. Katara comenzó a hablar, le estaba contando sobre los problemas económicos de la isla Cola de Ballena, acerca del mantenimiento de diferentes lugares y otras cosas más, pero Aang ya no estaba poniendo atención a las palabras de la maestra agua, él estaba Hipnotizado mirando cada movimiento de los labios rojizos de Katara.

Cada vez tenía más y más ganas de besarla, deseaba secretamente parar esta aburrida conversación con su afecto hacia ella, que desde vario tiempo atrás no le pudo demostrar. Y hasta que ya no pudo más, Cerró todo los que los distanciaba. Unió sus labios con los de ella apostando el todo por el todo; no le hizo caso a lo que luego podría ocurrir. En ese momento solo importaban ellos, y esos deseos de besarla que guardó desde horas atrás. En un desesperado intento, unió labios con los de ella en un beso violentamente, agarrando su cabeza y su cintura para evitar que ella pudiese soltarse.

Al principio Katara intentó salir de él, levantando una mano para darle una cachetada y forcejeando para poder retirar su boca de la suya, pero al sentir los labios de Aang sobre los suyos sintió un escalofrió que recorrió todo su cuerpo y su corazón latir con más fuerza que nunca, correspondiéndole con la misma pasión, entrelazando sus brazos en su cuello.

Mientras el beso se profundizaba las lágrimas recorrían el rostro de Katara, sabía que no debía hacer esto, tenía muy claro que si lo hacía jamás podría olvidarse de él. Le dolía estar besando al hombre que más amaba, sabiendo que él no la quería, o al menos, eso creía ella. Finalmente, tomando una fuerza sobrehumana, se separó de él.

-¡Quien crees que soy yo! ¿Onji?, Por favor Aang, yo no voy a seguir tus jueguitos. —Dijo ella mientras lloraba, llena de rabia. Subió corriendo las escaleras, dejando allí, al joven monje, que aun tocaba sus labios, Él sabía que Katara aun lo amaba , ese beso se lo había dicho todo, sabía que ella había sentido ese beso tanto como él.-

Dejen sus reviews! :* Espero que les haya gustado el capítulo. Gracias (: