Advertencia: los personajes son de crepúsculo, solo los uso para crear historia con mi imaginación.
Beta: Vhica nena gracias por regalarme un poco de tu tiempo :*
Beta FFAD); www. Faebook. groups/ beasffaddiction
—Edward ¿Qué haces aquí? —preguntó divertida y feliz verlo de nuevo.
—Esto es para ti. — le dio las rosas —feliz cumpleaños —ella agrandó su sonrisa mientras que sus padres detrás de ella miraban la escena sin entender nada —Olvidaste tu teléfono en mi auto —se lo entregó y ella poco a poco fue borrando la sonrisa —por poco lo olvido, también se te calló el boletín — un sudor frio recorrió su frente —no le pasó nada, está enterito —le dijo él bromeando y ella sólo quería que se la tragara la tierra.
.
.
.
Ante la mención de su boletín, Bella no sabía dónde meterse pues era claro que sus padres estaban escuchando todo y que Edward no tenía ni la menor idea de que la estaba regando por completo.
— ¿Cómo está señor Swan? —Edward fue consciente de la presencia de los padres de Bella y trató de simpatizarles —un placer señora mamá de Isabella, Edward Cullen —dijo con una sonrisa que poco a poco se fue desvaneciendo, mientras veía la cara de disgusto de los padres de Bella. — ¿la he regado con tu boletín no es cierto hermosa? También he traído tu celular que habías olvidado —le susurró a Bella que tenía clavada la vista en el suelo.
¡Qué vergüenza! Temblorosa tomó el celular y las rosas.
— ¿Así que tu boletín Isabella Marie?… —el tono de su madre era mordaz pero decidió dirigir la atención a Edward, quien permanecía estático y muy apenado ante la situación —y usted Edwin la fiesta ya terminó y mi hija no recibe a estas horas visitas de extraños.
— ¡Mamá! Por favor no me hagas esto —le pidió Bella entre dientes, pero su madre la ignoró y le quitó las flores regresándoselas a Edward y sacándolo a empujones de la casa, mientras es él la miraba a los ojos y en un movimiento de labios le dijo "perdón".
—Gracias por el boletín y las flores, pero espero no volver a verlo nunca más por aquí. Queda advertido —terminó diciendo René mientras cerraba la puerta.
—Mamá, esta humillación no te la voy a perdonar nunca. ¡Nunca! —le dijo Isabella al borde de las lágrimas, en medio de la indignación, por la horrible vergüenza que le hizo pasar hace un momento.
.
.
.
Rosalie limpiaba varios de sus trofeos que su difunto padre había ganado como atleta mientras que escuchaba como, la siempre correcta, Alice la sermoneaba.
—Rose, yo te he advertido sobre como son los hombres, que siempre buscan una sola cosa y después que la consiguen ya no te buscan más —la aludida rodó los ojos ante las palabras de su prima —ya ves lo que me pasó a mí cuando estuve de vacaciones con mi padre.
—Basta Alice, ¿Qué parte de que, los dos estubimos de acuerdo y de que él no ha desaparecido, no entiendes? — el tono de Rosalie era exasperado.
— ¿Tu pensaste en las consecuencias? —La atosigó Alice — ¿segura que te cuidaste?
— ¡Claro que me cuidé! ¿Cuántas veces te lo tengo qué decir? Esas cosas pasan, ya no somos niñas – estaba a punto de perder la paciencia —no soy estúpida, sé que puedo quedar embarazada, también que hay muchas enfermedades de transmisión sexual, no iba a descuidarme sabiendo eso.
—Insisto, sigo pensando que debiste esperar. Fue muy pronto –Alice se estaba comportando peor que su tía.
— ¡Se acabó el tema! Fue mi decisión, ya pasó y punto —dio por terminada la discusión, su prima no tenía porque inmiscuirse en su vida íntima —además, se dio y no me arrepiento, yo lo amo —declaró suspirando.
— ¿Estás segura de que él siente lo mismo por ti? —antes de que Rosalie pudiera contestarle a su prima, la puerta de su cuarto fue abierta y su mamá preguntó sonriente.
— ¿De quién están hablando? —ambas primas se miraron en alerta.
—De nadie mamá —Rose se adelantó a responderle a su madre — la habitación ya está limpia e intacta, se que te gusta recordar así a papá —su mamá asintió desviando su vista en la habitación, perdiéndose entre los recuerdos, mientras que Rosalie suspiraba de alivio al saber lo cerca que su madre estuvo de escuchar su conversación.
Ella no quería que nadie se inmiscuyera en su relación con Emmett McCarty, un joven ex presidiario que trabajaba para sus tíos y que había pagado una condena de cinco años por un crimen que no cometió. No, Rose no permitiría que dañaran lo que existía entre ellos dos. Eso solo les pertenecía a ellos y nada ni nadie lo dañaría.
.
.
.
Edward había salido de la casa de los Swan muy enojado por la actitud que los padres de Bella habían tomado. El pensaba en Isabella como una joven ingenua a la cual seducir y que por culpa de sus padres esa tarea no sería nada fácil. Así que para no perder la noche, ni mucho menos las rosas compradas decidió aprovecharlas con su "novia oficial" Tanya Denali, quien prometía darle una buena acogida esa noche y por supuesto una ronda de sexo desenfrenado.
Y a pesar de haberlo obtenido, Edward Cullen aun con el cuerpo desnudo de su novia encima de él, no podía sacarse de la cabeza a Isabella. No podía olvidar su sonrisa, sus brillantes ojos marrones, ni ese guiño inocente que le había dado esa mañana. Por esa razón Edward se juró a si mismo conquistarla.
.
.
.
En casa de los Swan los reclamos por parte de René continuaban e Isabella ya en medio del llanto y la rabia, se cansaba de explicarle que ella sí estudiaba pero en las pruebas todo se le olvidaba, hasta el mismo Charlie dio fe de que su hija las últimas semanas de exámenes no hacía otra cosa que estudiar, pero René una madre muy convencional y estricta no hacía otra cosa que reprocharle a Isabella su desventaja académica.
—Isabella, estás castiga indefinidamente y que no me llegue enterar que ahora también eres novia del muchacho ese – Charlie sólo asentía ante las palabras de su esposa —porque estaría más que segura que él es la principal distracción en tus estudios.
—Parece como si no me quisieras —el tono de Bella era resentido — me tratas como si no fueras mi mamá —y las palabras aunque no dichas con esa intención y solo provocadas por el enojo del momento, hicieron que René se encogiera y mirara directamente a su esposo.
—Hija como puedes decir eso, tu madre solo quiere lo mejor para ti —dijo Charlie en tono conciliador, pues René seguía pasmada por las palabras de su hija, el miedo de perderla regreso a ella. El miedo de que su hija algún día se enterara que ellos no eran sus padres biológicos. Ese miedo siempre vivía en ella.
—Lo-lo siento —tartamudeó.
Sin más, Isabella corrió a su habitación donde procedió a cambiar su vestido blanco por una sencilla pijama, se sentó frente a su cómoda y empezó a sacar todo su maquillaje; observando sus pronunciadas ojeras y su cara más blanca de lo normal. La palidez era visible, eso, entre otros síntomas que la joven aun no notaba.
En la cocina los padres de Bella sostenían una discusión, Charlie argumentaba que René estaba siendo muy dura con su hija y ésta le tenía miedo, por lo cual era razonable que comenzara a ocultarles cosas, como la baja en sus notas. En medio de la discusión, un sonido proveniente del mesón llamó la atención de ambos padres. Era el teléfono de Isabella anunciando la llegada de un mensaje.
—Hermosa, te espero mañana a la salida del instituto —leyó en voz alta René – ves que no es mentira y tú me culpas a mí de todo.
—René no puedes olvidar que Bella no es la única que miente ¿Qué pasará cuando nuestra hija se case? ¿Cuándo lea en su partida de nacimiento que es adoptada? ¿Qué le hemos mentido todos estos años? —Charlie trataba de hacer entrar en razón a su esposa.
—Isabella Marie —dijo René a voz de grito ignorando completamente a Charlie, ella estaba muy enojada.
— ¿Qué pasa mamá? ¿Por qué gritas? —preguntó bella entrando en la cocina, cada vez su cara estaba más pálida.
— ¿Qué porque grito? Mira —le entregó el teléfono a Bella —me vas a decir ahora que no te traes nada con el Edwin ese. Yo no he criado una hija mentirosa, has defraudado mi confianza —la forma exaltada en la que René hacía los reclamos, pusieron en alerta a Charlie quien trataba de calmarla.
La respiración de Isabella se hacía más irregular. Y a medida que los reclamos de su madre aumentaban, ella fue entrando en la inconsciencia y tomada en brazos rápidamente por su padre, que previno la caída de ella mientras se desmayaba.
— ¡Isabella! —Gritó su padre – viste, te lo dije, la estamos presionando demasiado. —la recostaron, asustados trataron de reanimarla y poco a poco comenzó a volver en sí, ella intentó incorporarse pero la detuvieron.
Ambos padres estaban al borde de la desesperación. Aquel desmayo los tomó desprevenidos y fue entonces que se dieron cuenta de la palidez de su hija, que en ese momento estaba helada.
—Mañana iremos al médico —Isabella trató de repetir que estaba bien pero su madre la cortó — ese desmayo no fue producido por nada y lo mejor será que un médico te revise. Mi amor, discúlpame por lo de hace un rato perdí el control —René le habló amorosamente —pero sabes las reglas de esta casa y las mentiras no son permitidas —Charlie bajó la cabeza ante lo último.
—Está bien mami —el tono de Bella también se volvió meloso —te quiero mucho, no importa que haya cumplido dieciocho años siempre seré tu nenita.
René y Charlie sonrieron, apagaron la luz de la lámpara y le dejaron en la mesita de noche su celular y con un suave beso en la frente le desearon buenas noches. En la oscuridad de su habitación Isabella buscó su teléfono y con una cara tonta le contestó el mensaje de vuelta a Edward.
"mañana no voy clases, iré al médico. Lo siento. B.S"
Muy contenta y sintiéndose mucho mejor, se acostó abrazada a su teléfono esperando un mensaje de su chico de ojos verdes.
.
.
.
El sonido de un teléfono inundaba toda la habitación y un perezoso Edward lo tomó a tientas mientras contestaba con voz soñolienta.
—Hola ¿Quién habla?
— ¿Cómo que quien habla? —el tono de la mujer era divertida y molesta a la vez. —soy Esme Cullen, tu madre. Hasta cuando te voy a decir hijo que cuando te quedes a dormir con Tanya nos avises, tu padre y yo nos preocupamos mucho.
—Lo siento madre —Edward se incorporó —gracias por despertarme ya voy tarde al trabajo —Esme trató de decir algo más —apenas me desocupe voy a verte y a comerte a besos, te quiero —el sonido de la imitación de un beso en el aire fue lo último que Esme escuchó antes de que su hijo le cortara.
Edward se vestía lo más rápido que podía y entró al baño a lavarse la cara y los dientes mientras que al fondo Tanya se duchaba.
—Amor ¿quién llamó? —preguntó Tanya desde la ducha.
— Era mi madre. —Edward cepillaba sus dientes violentamente.
— ¿Le diste mis saludos? Recuerda que tenemos que planear una cena familiar para hablar sobre la boda —los ojos de Edward se abrieron desorbitados y se apresuró en terminar de arreglarse — ¿les dijiste ya sobre la boda? —Silencio —Edward —más silencio — ¡Edward! —sí señores, Edward Cullen había salido corriendo del apartamento ¿Boda? No, no y no; él nunca se casaría.
Llegó lo más rápido que pudo al trabajo, pero lo primero que notó al entrar a su piso fue la cara de enojado que tenía el asistente personal de su jefe.
—Edward ¿tienes idea de la hora que es? —el Sr Aro tiene mucho rato esperando por ti y tú te apareces aquí todo relajado ¿sabes lo importante que es tu presencia hoy?
— ¿Hoy? Yo lo que sé es que hoy, el amor tiene color chocolate —Edward sonreía recordando los ojos de Isabella y divertido por el nerviosismo de Mike — ya hermano no te preocupes tanto, llévame a ver a tu jefe, no lo hagamos esperar más.
.
.
.
Isabella estaba muy nerviosa y los sobre protectores de sus padres no ayudaban. Estaban entrando a la consulta y el temor de ella por los hospitales se agrandaba. Su teléfono vibró.
"¿Al médico? ¿Bonita, estás enferma? E.C."
Isabella trató de contestar lo más rápido posible para que sus papás, que ahora hablaban con el doctor, no se dieran cuenta.
"Si, no te preocupes nada grave. De aquí vamos al instituto, te veo ahí) B.S."
El doctor comenzó con su revisión y preguntas de rutina mientras que asentía a cada explicación de Bella, él se limitó a diagnosticar una pronunciada anemia que debía ser tratada con una nueva dieta, algunas vitaminas y hierro.
.
.
.
Rosalie corría a más no poder sobre la pista, trataba de controlar su respiración y proporcionar un mayor impulso para alcanzar a la corredora que estaba delante de ella, por tan solo unos centímetros. El entrenador tomaba el tiempo en su cronómetro, poco a poco Rose iba ganando a sus competidoras y tomando la delantera, con gran ventaja logró llegar a la meta jadeando por el esfuerzo y de inmediato su mirada se dirigió a las gradas donde con una enorme sonrisa, Emmet la observaba, pero antes de que pudiera si quiera comenzar a caminar de nuevo, los gritos de Alice la envolvían.
— ¡Sí! ¡Esa es mi prima! —Gritaba Alice abrazándola con euforia —de aquí seguro a las regionales ¡estoy muy orgullosa de ti! — le seguía alabando, pero Rose seguía mirando de soslayo a Emmet que aun no borraba su sonrisa de orgullo.
—Felicidades Swan —le gritó una joven de las que compitió con ella.
—Gracias Leah, suerte para la próxima —le gritó de vuelta.
— ¿Qué hace Emmet aquí? — preguntó Alice observando el mismo punto que Rose observaba minutos atrás.
—No se —contestó nerviosa.
—No me digas que él es el famoso "primera vez" —la voz de Alice siempre cantarina la acusaba.
—No para nada, ni siquiera sé porque está aquí, quizás sólo vino por casualidad a ver las carreras —Alice no cambia su mirada suspicaz pero ese fue el final de la conversación "por el momento". Alice dijo que debían de llegar a casa temprano si quería poder tener un tiempo para ensayar en el piano.
Rosalie luego de ver como su prima se tomaba un taxi y se marchaba corrió hacia donde Emmett, que aun sonriendo la esperaba. Tímidamente se sentó al lado de él y con valentía le preguntó algo que desde la noche pasada la traía pensativa.
—Emmett ¿yo te gusto? — trató de sonar seria pero quería reírse por lo tonta que era su pregunta, pero él no se lo había dicho y ella entendía la forma introvertida en la que Emmett se comportaba, pero como toda chica, deseaba escuchar palabras de amor de su pareja. Emmett recorrió su cuello con pulgar en una caricia suave y que a su paso recorría una gota de sudor.
— ¿Qué clase de pregunta idiota es esa Rose? —le preguntó él divertido, Rosalie tenía los ojos cerrados disfrutando de su toque.
—Es que mi prima Alice dice que cuando uno tiene su primera vez lo hace con una persona que la ame — dijo en un susurro, encogiéndose por la expresión en el rostro de Emmet que cambió rápidamente ante la mención Alice.
— ¿Les hablaste a tus primas sobre mí? —el tono violento no pasó desapercibido a Rose por lo cual se alejó un poco de él.
—Sí, pero no les dije que…
— ¿Estás loca? — Rose se encogió más —hay cosas que no se dicen, que no se cuentan. Tú no entiendes que pasaría si tus tíos se enteran que me acuesto con su sobrina. Yo sabía que eras una niña inmadura —la acidez en el tono de Emmett hacían que Rose se estremeciera en su lugar pero se obligo a no llorar, mientras observaba como Emmet muy molesto se levantaba y se marchaba sin dedicarle una última mirada.
.
.
.
Edward había logrado escapar de su trabajo a tiempo para así llegar al instituto de Bella en la hora acordada. Mientras esperaba, comenzó un monólogo interno sobre las absurdas reacciones que tomaba su cuerpo con sólo pensar en la pequeña Isabella.
A pesar de que no era muy mayor, se sentía como un adolecente esperando a las afueras del instituto para encontrarse con ella. Pensaba en ella como una hermosa muñeca de porcelana, tan preciosa a la que solo quería robarle sus dos grandes y expresivos ojos marrones para así quedárselos y pensar en ella más tiempo. Se sentía idiota, pues la mayoría del tiempo él controlaba sus emociones. Manejaba cada relación a su antojo y las terminaba cuando quería. Lo de Tanya era lo más fijo porque así tendría sexo rápido y seguro cuando quisiera, a la hora que fuera y donde sea. Es por eso que no entendía a que venían ese cúmulo de sensaciones que esa chiquilla con nombre de princesa le provocaba, si a penas ayer la conoció y ni siquiera la había besado ¡Santo Dios! El solo pensar en besarla traía a su memoria eso apetecibles, pequeños y rosados labios. Debía controlarse o si no a penas la viera saltaría sobre ella cual adolescente hormonal.
Edward era completamente ajeno a la disputa que se sostenía dentro del instituto, donde Bella, sus padres y dos profesoras más entre ellas la directora; discutían por las bajas notas de Bella. La profesora Ángela que era alguien más amable y comprensiva, trataba de buscar la causa de ese decaimiento en los últimos meses en las materias. Pues la directora aseguraba que Bella se quedaba dormida en clase y Bella no lo negaba, pues reconocía que algunas veces simplemente se sentía demasiado cansada. Algo que puso más alerta a los padres de Bella pues ese cansancio seguro era producto de su anemia, o eso pensaban ellos.
—¿Ustedes de verdad creen que soy una irresponsable? —por primera vez Bella les cuestionó a sus profesores y luego señaló a sus padres —ellos pueden dar fe de lo mucho que he estudiado para esos finales.
—Swan, le agradecería que guarde silencio —le dijo la directora de mala gana.
—No puede pedirme eso cuando hablan de mí como si no estuviera presente y como si todo lo que usted está diciendo fuera verdad —lamentablemente, algo muy avergonzó para Bella ocurrió; siempre que se molestaba mucho, traicioneras lágrimas inundaban sus ojos.
—Isabella, haga el favor de esperar afuera mientras que termino de hablar con sus padres.
Bella indignada a más no poder, salió de la oficina dando un portazo, seguía llorando; corrió por los pasillos encontrando rápidamente la salida donde se estaba un Edward sonriente, recostado en su auto y cruzado de brazos, que rápidamente cambio su postura relajada al ver el estado en el que Bella llegaba.
— ¿Qué pasó bonita, por qué lloras? —Bella lo abrazó aun llorando.
—Sacarme de aquí Edward, sácame de aquí por favor —pidió con voz ahogada y Edward la condujo hasta el interior del auto y después él se montó rápidamente en el lugar del conductor.
Encendió el auto y comenzó a manejar, aun estaba nervioso por el estado de Bella que poco a poco se iba calmando. Manejó lo más rápido posible sin un rumbo exacto, pronto encontró un sendero fuera de la carretera y estacionó el auto, regresando toda su atención a Bella que lloraba encorvada en su lugar.
—Hermosa ¿Qué pasó? ¿Por qué lloras con tanto sentimiento? —ella no contestó y Edward con delicadeza colocó su mano debajo de su mentón y para así alzar la cara de Bella y observar su rostro.
El esperaba encontrarse con un rostro lleno de tristeza, lleno de lágrimas tal vez. Con todo menos con sangre. Sí, un hilo de sangre resbalaba por la nariz de Isabella, rápidamente, el rostro de Edward se contrajo por la impresión y ella lo miró sin entender, entonces él con su dedo índice, tocó la parte donde la sangre resbalaba y luego le mostró su dedo ahora rojo por la sangre y ella llevó su mano al lugar donde Edward había tocado, abriendo sus ojos de par en par, al sentir una humedad que no solo era producto solo de sus lagrimas sino también de su sangre.
Edward dudaba que Bella tuviera razón cuando por mensaje le había contado que solo se trataba de una anemia. Pero también rogaba por que fuera algo tan simple como eso, más su interior le gritaba que algo no andaba bien y esa misma voz que le hablaba le decía que se alejara ahora porque si no sufriría.
Hola chicas espero que todavía estén algunas x acá jeje lo siento me tarde como mil años en actualizar pero juro que no fue xq no quería… es solo que mi internet apesta.
Tratare de actualizar seguido, tanto como la universidad me lo permita…. Un abrazo grande a todas! Gracias x leer…y pues espero que les haya gustado el capitulo :*
Nos leemos en el próximo XOXO
