AVISO: Las letras que están en cursiva y negrita pertenecen a partes de cartas de Alexis a Kate, ya que habrá capítulos en donde de repente verán la carta sin previo aviso.

Espero que les guste.


Vida y misericordia me concediste,

Y tu cuidado guardó mi espíritu.

Job 10:12

Minutos después Castle paró de gritar y dar brincos por toda la sala, se giró para poder observarme, yo aun me estaba riendo.

-¿Sabes? Te ves hermosa cuando te ríes así-

Agache la cabeza, mis mejillas habían adquirido un color rojizo, me había puesto como un jitomate, es increible como a pesar de tanto tiempo juntos sigue provocandome este tipos de sensaciones, creo que nunca me acostumbraré a esto.

Levante la vista y me tope con esos ojos azules, mirándome, con una sonrisa tonta en sus labios y no dudo que también yo la tenga. Nos mantuvimos así, en silencio, disfrutando de la cercanía.

-Tú provocas que este así.- Rompí el silencio.

-Y eso me hace aún más feliz, por que sé que tu felicidad es por mi causa.- Me dijó.- Por cierto.- Miró hacía donde estaban las copa de vino.- Nada de vino, señorita, a partir de hoy tenemos que cuidar a esta criaturita.-

Llevo su mano a mi vientre, aun plano, por primera vez. Una sensación extraña recorrió todo mi cuerpo, una sensación que jamás había sentido, una sensación rara pero que a la vez me hace sentir feliz. Puse mi mano sobre la de él, y mi sonrisa se hizo aun más grande, no puedo ser más feliz, como quisiera detener el tiempo y disfrutar de este momento toda la vida, pero es imposible, los segundos corren y se convierten en minutos, los minutos pasan a ser horas y las horas días, los días se convierten en semanas y esas semanas en meses, los meses se hacen años y los años siglos y así sucesivamente, vivimos en un ciclo, un ciclo que se repite innumerable de veces.

-¡Hey! Hola bebe, ¿Qué tal te encuentras allá dentro?-

Su voz me saca de mis pensamientos, ahí esta él, acariciando mi vientre, hablándole a la pequeña criaturita que llevo adentro. Si hace cinco años alguien me hubiera dicho que me casaría con el famoso escritor Richard Castle y que sería el padre de mis hijos, me hubiera muerto de la risa. No lo voy a negar, había soñado con esto demasiadas veces, pero jamás pensé que esos sueños traspasaran a la realidad, lo veía como mi amor platónico, ¿Quién se iba a imaginar que mi escritor favorito se toparía en mi camino? Nadie, pero me alegra que se haya entrometido en mi vida sin pedir permiso, sin siquiera pensarlo dos veces, a pesar de que yo estaba en contra de ello, aunque, debo admitir, en una parte de mi, muy al fondo, quería que estuviera en mi vida, que grabara su nombre con fuego en mi mente, en mi corazón, en mi alma.

Tan sumida en mis pensamiento estaba, que no me había dado cuenta que él se encontraba en la cocina.

Dirigí mi mirada hacía la mesita donde Castle había puesto las copas, y como asumía, ya no estaban ahí.

-Ten.- Me tendió un vaso con jugo de naranja.

-¿Naranja? ¿Enserio?- Pregunte algo desconcertada.

-Si, dije que nada de vino y así será.-

-¡Vamos Castle! Un poco de vino no me hará daño, solo un poquitito, no me hará daño, será la primera y ultima vez que tome durante el embarazo, por favor ¿Si?- Proteste la verdad no me apetecía jugo así que me levante y me dirigí a la cocina, intentando la copa de vino que él había dejado ahí, cosa que no logre, pues, él fue más rápido que yo.

-¡Aja! Nada de esto, he dicho.- Me dijo agarrando la copa rápidamente

-Pero.. pero… solo un poquitito.- Seguí protestando como una niña chiquita que quería que le comprará un dulce.

-No, a partir de ahora te voy a cuidar a ti y a este bebe que viene en camino.-

Y por segunda vez en toda la noche volvió a acariciar mi vientre y esa sensación que minutos antes había descubierto volvió a aparecer.

No me sentía nada bien, pasaron muchos acontecimientos aquel día, Kate, no era mi intención tratarte de esa manera, pareciera como si todo estaba en contra mía, jamás había pasado por una situación así, bueno, no por una situación en donde estaba consiente que si algo salía mal, mi papá posiblemente no saldría con vida, después de lo sucedido en el funeral no volví a confiar en ti como antes.

No te asustes, ya ha pasado, y dejémoslo en donde es, en el pasado, ahora lo que importa es el presente, y ahora te tengo muchisisima confianza, pero esto no se lo digas a mi papá, por que se va a poner celosito.

Los primeros rayos de luz estaban entrando en la habitación, llevaba varios minutos despierta, observándolo. Hoy era sábado, por lo que no tenía que ir a trabajar. Me levante y fui directo a la cocina, a preparar el desayuno.

Ayer… ayer fue un día que se iba a quedar en mi mente por la eternidad, un día… un día que jamás se me olvidará, unos de los días más felices. La carta, esa carta que Alexis me había mandado semanas después de su secuestro, aquella carta que me hizo reflexionar y ver las cosas de otra perspectiva, aquella carta que me saco de dudas, esa carta que me respondía muchas preguntas que tenía en mente, y que nunca, me había atrevido a preguntárselas, por miedo, miedo, ese siempre ha sido mi peor enemigo.

Siento unos brazos alrededor de mi cintura, doy un brinco, realmente no esperaba que se despertará temprano un sábado.

-¡Hey!- Me dijo medio dormido.

-¡Hey!- Le respondí de la misma manera.

-¿Por qué te levantas tan temprano un sábado?-

-No podía dormir… no podía dejar de pensar en…- Me calle, estuve a punto que estos últimos meses Alexis me había estado escribiendo.

Ella me pidió que no se lo dijera a él.

Kate, solo te pido un pequeñito favor, no le digas nada a mi papá, no quiero que ande insistiendo, sé que no se quedará con la duda y empezará a humear en tus cosas, con el fin de encontrar estas cartas, lo conozco, y por ahora solo quiero que esto sea nuestro pequeño secreto, algo intimo que solo tengamos las dos.

-¡Beckett!-

-¿Qué?-

-¡El desayuno!-

Dios… últimamente he estado distraída, en comisaria se me escapan detalles de los casos, cosa que nunca me había sucedido, olvido donde dejo las cosas, el otro día no encontraba mis llaves, anduve buscando por todo el departamento y nada, hasta que llego él y las encontró en la mesita de noche. Definitivamente estas últimas semanas he estado demasiado distraída… hace dos semanas fue cuando empecé a sospechar lo del embarazo… ¡Por Dios! … ¿Cómo le vamos a decir a Gates que estoy embarazada?

-¿Qué acabas de decir?- Me preguntó Castle, mientras se encargaba del desayuno, el cual había quemado.

-¿Qué? ¿Lo dije en voz alta?-

-Al parecer si, creo que dijiste algo sobre Gates.-

-Si…- Hice una breve pausa.- Creo que no va a quedar de otra más que decirle lo nuestro.-

-¿Estas segura?- Voltio a verme, mientras ponía las tortitas en los platos y servía juego de naranja.

-¿Otra vez jugo? Anoche tuve suficiente.- Estaba empezando a odiar el jugo de naranja.

-Anda… solo es jugo.-

-Jugo que al rato ya no voy a querer tomar.-

-¿Por qué? Sabe rico.- Él también se sirvió juego en un vaso y le tomo.

-No, últimamente me da asco.-

-Es por el embarazo.- Dijo.

-Pues, estos síntomas no me están agradando en nada.- Dije haciendo cara de asco cuando tome el jugo.- No, dame otra cosa de beber, pero que no sea jugo de naranja.- Le dije.

-Ten, el agua te vendrá bien.-

-Gracias.- le dije tomando el vaso con agua.

-Ahora, volvemos en lo que estábamos.-

-¿En que?-

-Gates.-

-Ah eso… Deberíamos decirle… sabíamos que esto tarde o temprano pasaría… o ¿A caso pretendes seguir ocultándolo mientras engordo y vea que tengo un anillo de compromiso?- Espere respuesta de él cosa que no sucedió, se había perdido en su mundo, intente descifrar que era lo que pasaba en su mente, finalmente me dí por vencida.- ¡Castle!- Le grite.

-¡Qué maneras de llamarme!- Me reclamo

-Si no lo hacía te hubiera perdido y creedme no me iba a meter en tu cabecita solo para rescatarte.-

-Que graciosita.-

-¿Qué? Es la verdad.- Hice una pequeña pausa.- ¿En que pensabas?- Pregunte.

-En ti.- Me respondió.

-Castle…-

-¿Qué? Es la verdad… te estaba imaginando como te verías dentro de unos meses.-

-Gorda, fea, nada bonita. Si seguro así me vería.-

-No seas tonta… te verías hermosa, incluso más de lo que eres si es posible.-

-Eso dices tú.-

-Esa es la pura verdad.-

No es por presionarte, ni nada de eso, pero quiero que sepas que al final de cada carta te escribiré sobre estos temas, simplemente por que quiero que cuando llegue el momento estés preparada y todas tus dudas desaparezcan. Seguramente te estarás preguntando ¿Qué temas? Poco a poco te darás cuenta.