Disclaimer: Dragon Ball, y todas su sagas, no me pertenecen, así como tampoco sus personajes, a excepción de algunos, que son obra de Akira Toriyama. Esta historia simplemente está creada para brindar entretenimiento a sus lectores :)~


Fuera de tiempo.

- Pan, se escapó.

- ¿Qué..? ¿Cómo puede ser? Por Dios ¿qué vas a hacer?

Trunks caminaba apurado de un lado a otro.

- No lo sé, ¡tiene oculto su ki! - Natsuki entendió que no era momento para hablar, por lo que calló, y a los pocos segundos, Trunks volvió a hablar- Quédate aquí, llámame si sucede algo, voy a buscarla

- Está bien, suerte – le contestó

- Sí, la voy a necesitar. - dijo en un susurro antes de irse.


Sintió el ki de Trunks acercarse con toda velocidad para donde ella se encontraba, y sin pensarlo, comenzó a correr en dirección a la luz, y no sabía por qué hacía eso. A medida que avanzaba, escuchaba murmullos cada vez más claros; una mujer le decía insistentemente

- Ven

Pan estaba en trance, estaba entregada a esa luz, y podía hacer cualquier cosa que ésta le ordenara.

- Cumplirás tu deseo más anhelado.

Oía las palabras suaves y claras que esa mujer decía con una gran modulación, y no hacía más que aumentar la velocidad para llegar a ella. Sin embargo, cada paso que daba, más veía Pan que se alejaba de aquella luz, como si estuviera jugando con ella.

- ¡Pan! ¡Espera!

Había olvidado que Trunks la persegía, pues el motivo de su corrida se había convertido en ir hacia esa luz, ya no escapaba de él. Y la voz le habló a Pan.

- Contéstale.

- ¡Ya vete Trunks, sigue tu vida!

Sintió cómo Trunks estaba a punto de alcanzarla, sin embargo, se detuvo en seco, pues de un momento a otro, la luz estuvo frente a ella.

- Escúcha... Te cumpliré tu deseo, sólo debes hacer algo muy simple.

Pan se agachó para mirar de cerca. Un collar de plata muy bien trabajado, sostenía un dije alargado, transparente y brillante por demás. Resplandecía en un color verde esmeralda que dejaría ciego a cualquiera, pero Pan parecía no inmutarse.

- Tócame...

Maravillada como estaba, y en cuclillas, no hacía más que admirar el dije que tenía en frente.

- Hazlo, tócame, tócame y tu deseo será realidad

Su mano comenzó a moverse en dirección al dije, con intención de hacer lo que esa voz le pedía. Los ojos le brillaban de emoción, y ya no recordaba nada de su vida. Su vida, en ese momento, fue ése dije, y nada más.

- ¡NO, PAN!, ¡NO LO TOQUES!

Obnubilada, la cercanía se hacía cada vez más visible, y con eso cada vez se sentía más feliz, y no entendía por qué, pero la hacía feliz.

Y lo tocó, y un resplandor verde se extendió alrededor de ella y del bosque, y pronto se vio en una dimensión en la que cada momento de su vida estaba mezclado. Tras un tiempo indeterminado, Pan sintió cómo cayó en algo firme, y sintió un cansancio infernal.

- Recuerda, nadie debe verte.

Y se quedó dormida.

Corría, volaba, y saltaba de árbol en árbol, pero no la podía encontrar. ¿Dónde rayos estaba? Ya había recorrido el bosque entero más de tres veces, y luego de verificar que no estaba, volvió al lugar último donde la había visto. Pero no existía tal arbusto y tal dije colgado de una rama. Simplemente había desaparecido junto con ella. Y se quedó esperando que volviera.
Pero no lo hizo.

Con la salida del sol, decidió que ya era tiempo de regresar, y en el camino no perdió de vista ni un solo detalle, pero no había nada ni nadie. Entró, y fue Natsuki quien lo recibió.

- ¿Qué pasó?

- Se esfumó frente a mis ojos - le dijo mientras caminaba en dirección al sillón y se sentaba; Natsuki no le dijo nada, seguro pensaba qué le habría querido decir -. La busqué por todos lados. No está.

- ¿Estás seguro? Quizás se escondió muy bien...

- No se escondió, algo se la llevó.

- ¿Qué...? - esperó que le contestara, pero no lo hizo - Disculpa Trunks, no entiendo...

- Había... una luz, era verde y brillaba demasiado, y Pan la tocó, y desapareció.- Natsuki enmudeció intentando creer esa historia que Trunks le contaba, era totalmente insostenible. - ¡Y no pude hacer nada! ¡Me quedé parado como un maldito desgraciado, y podría haber evitado esto!

Furioso consigo mismo, apretó sus puños, y se siguió maldiciendo internamente.

- No te pongas así, Trunks, no es tu culpa. - Natsuki se acercó a él, y posó su mano sobre su hombro – Estoy segura de que volverá

- Eso espero...


Había olor a jazmines, y su ropa no era adecuada para tremendo calor que estar a la luz del sol le provocaba. Recostada sobre algo húmedo se movió y sintió su cuerpo entumecido. Su cabeza estallaba de dolor y mareos intermitentes mientras la brisa jugaba con algunos mechones de su pelo. Cantos de... ¿pájaros? llenaban el lugar como si de una mañana se tratara. Estuvo varios minutos disfrutando de esa extraña sensación de paz que sentía. No tenía idea de qué se trataba, últimamente todo era nuevo para ella, pero era algo que la hacía sentir como en casa. Porque otra vez, no quería abrir sus ojos. No deseaba despertarse para vivir esa mugrosa vida que tenía. Viviendo bajo un techo con dos personas que bien podrían hacerlo mejor sin su maldita presencia. Y todo lo que había vivido este tiempo, de pronto, llovió en su cabeza. Y rememoró que había escapado, y lo último de lo que se acordaba: Trunks persiguiéndola. Con inusitada rapidez, abrió sus ojos y se sentó, pero tuvo que proteger su vista de una cantidad de luz estrepitosa que no contaba con presenciar. Unos segundos después, y el asombro dominó la situación. Verde, rosa, rojo, amarillo, marron, celeste, violeta, y demás colores decoraban el lugar en el que se encontraba

Era asombroso; los colores llenaban el lugar de paz, tranquilidad, y alegría. Pan no podía creerlo.

- Esto es imposible – dijo mientras se levantaba y daba unos primeros pasos lentos y dubitativos - ¿Acaso ya habrá terminado todo? - y se le cruzó inmediatamente por su cabeza la posibilidad de que simplemente ése haya sido su fin. - ¿Habré muerto?... ¿Y qué hay de los demás? ¿Trunks también habrá muerto? Pero... ¿Por qué? - Comenzó a divagar en lo que había ocurrido cuando escapó. Recordó nuevamente a un Trunks persiguiéndola, y el resto de lo sucedido le resultaba borroso. - No recuerdo nada...

Se olvidó del paisaje en el que estaba, y parada en el lugar con sus manos a los costados de su cabeza adolorida y mareada, se esforzó por rememorar al menos un segundo más de lo que pasó. Recordó una luz verde, un voz femenina, y a Trunks pidiéndole que no lo tocara

¿Que no toque qué?

Pero el sonido de algo caminando hacia ella la devolvió a la realidad. Instintivamente, su cuerpo se pegó detrás de un árbol. Atenta a cualquier estímulo, adviritó que se encontraba cerca y se resguardó más, si es que podía. Unos segundos después, la figura detuvo su paso, y al mismo tiempo, lo hizo su corazón. Oyó el ruido de algo cayendo al pasto, y al segundo una manzana rodó hasta donde Pan se encontraba. Una punzada repentina de mareo imposibilitó a Pan de poder escapar de quien había ido en búsqueda de la manzana.

- ¡Pan! - oyó gritar y de un salto se abrazó a ella, sin que se inmutara- ¿Te encuentras bien?

Esa voz inconfundible...

- Giru – alcanzó a decir antes de caer arrastrando su espalda contra el árbol para terminar sentada con sus piernas pegadas al pecho. Giru deshizo el abrazo y se paró al lado de su amiga. - Me duele mi cabeza – explicó en un hilo de voz, antes de que le rodara una lágrima por su mejilla.

- Tranquilízate, iré por un remedio.- le avisó y desapareció de su lado.

Para suerte de Pan, y sorpresa, el mareo se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Confundida, se reincorporó de un salto ,y su estómago rugió cuando sus ojos vieron un montículo de frutas sobre una manta. Se agachó y agarró una mandarina ya que también tenía sed.

- Gracias Giru.-

Al volver con una especie de vaso con agua que Pan no pudo entender de dónde sacó, y una pastilla que tampoco supo su procedencia, se las alcanzó a su amiga.

- Con esto te sentirás mejor, giru, giru

- ¿Qué es? - Preguntó habiendo agarrado lo que su amigo le ofrecía.

- Analgésico, antipirético, salicilato y calmante.

- Siempre tan técnico...

Puso la pastilla en su boca, y tras un par de tragos, la digirió.

Una brisa ligera, obligó a las ramas y hojas de los árboles a danzar de un lado a otro, y éso mismo ayudó a Pan a oír risas que poco a poco se acercaban, mientras murmullos agobiantes se repetían

- Recuerda, nadie debe verte.

Confundida pero decidida a no contradecir esa voz, imitó su accionar (torpemente) de esconder su figura tras el árbol, pues su ki ya estaba oculto. Se esforzó por escuchar con claridad ya que sus oídos zumbaban, pero borrosamente lograba oír apenas algo. Giru se subió a su hombro, y quieto allí se quedó, dejando olvidada una antena que había encontrado en un montículo de cacharros viejos. Pronto, las risas fueron perdiendo volumen, así como Pan su posición de defensa.

Con una manzana a medio comer, no supo contestarse qué había pasado para llegar al lugar en el que estaba. No era que le molestaba, porque realmente se sentía extrañamente bien, como si estuviera en casa. Necesitaba comprender, había un bache en su memoria que separaba la noche en que se fugó, del lugar en el cual se encontraba.

Tras comer incontable cantidad de frutas, intercalando el esfuerzo por rememorar, dejó simplemente caer su cuerpo de espalda al pasto. Inconscientemente encontraba formas variadas a las nubes, hábito adquirido desde tiempos remotos.

- Rayos, no lo comprendo, ¿Qué puede haber sucedido?... - los minutos pasaban como segundos mientras en la mente de Pan se reproducía una y otra vez lo ultimo que había vivido. - Si tan solo pudiera preguntar a alguien más que no sea yo, pero ¿quién?... ¡GIRU!- Gritó emocionada. El pequeño dio un salto del susto

- ¡Pan, peligro! ¡Pan, peligro!- repitió mientras buscaba un refugio seguro.

- ¡No! ¡no, no, no, no, no!- le replicó superponiendo sus palabras, mientras lo perseguía con sus brazos hacia adelante, moviendo desenfrenadamente sus manos de un lado a otro – Giru, escúchame, pero escúchame bien, necesito que prestes atención a lo que voy a preguntarte.- sin esperar una respuesta, y viéndolo más calmado, fue directo al grano. - ¿Tú sabes qué sucedió? ¿dónde estamos?

- Giru ver a Pan guardar sus cosas, Giru no abandonar amigos.

Su inesperada respuesta borró la ansiedad de su mente.

- Qué desconsiderada, él se preocupó por mí, me siguió, me consiguió alimentos, una aspirina... y yo aquí, ofuscada pensando en mí, en cómo yo llegue a este lugar, en mi dolor de cabeza... yo, yo, yo, y yo.- Suspiró rendida. - Lo siento, Giru. Tú otra vez me seguiste, y como aquella vez me salvaste, me ayudaste demasiado – le dijo abrazándolo tiernamente como pocas veces. - Gracias amigo.

- Giru giru, giru giru.- De no haber sido que fuese un robot, cualquiera hubiera jurado que Giru se había sonrojado.


- ¡Es realmente una tragedia! - expresó sus condolencias visiblemente compungido - ¡Tan jóvenes, debiendo morir! - y más llanto sentido.

Videl se encontraba siendo zarandeada por Dabura, quien tras largos días pasó buscándolas, pero que había tardado tanto debido a que en el camino siempre encontraba una distracción.

- ¡No es para tanto! Ni Trunks ni Pan murieron, yo sé que van a lograr encontrarle una solución a este problema.- le dijo Goten con despreocupación marca Son.

- ¡Pero …! - apartó la vista de Videl para mirar al nuevo emisor, se quedó mudo observando a Goten y lentamente se fue acercando a él - … Eres... ¡eres tan jovencito! - comenzó a moverlo con desenfreno al tomarlo por los hombros - ¡Qué tragedia, qué tragedia! ¡En el mundo hay gente demasiado cruel! Mi corazón no lo supera...

- ¿En serio este tipo era el Rey de las Tinieblas? - pensó Goten mientras reía incómodo ante la reacción de Dabura.

- ¿Alguna noticia nueva? - Gohan llamó la atención con su llegada de los presentes, incluidos Milk, Bulma, y el Maestro Roshi.

- Uranai-Baba tuvo que irse... tenía un asunto importante que resolver.

- ¿Osea que no saben nada más? - le preguntó a su esposa

- Me temo que no.

- Rayos... Me siento un inútil estando aquí sin poder hacer nada - comenta Gohan con frustración

- Muchacho, mientras ocupes tu mente en el entrenamiento algo vas a estar haciendo – habló Roshi

- Lo sé, pero no es tant...

- ¡NO! - lo interrumpió Dabura - La violencia sólo lleva a más violencia. Yo les prometo que encontraremos una solución pacífica, para que nadie más salga lastimado... ¡ Tomémonos de las manos! - Gritó a los cuatro vientos a la vez que sujetaba las manos de Videl y Gohan, las dos víctimas más cercanas a él; miró soñador y con emoción hacia el cielo – Ahora, pensemos con el corazón, ¿en serio creen que la violencia aliviará sus almas en pena? Claro que ésa no es la solución...

Y siguió con su discurso, mientras a su público, hastiado, se le caía una gota de su cabeza.


Ya nada más quedaba por hacer. Ambos dedicaron el resto del día para relajarse. Encontraron a unos metros de donde estaban, una laguna no muy profunda, pero la suficientemente aprovechable para bañarse. Acostados mirando hacia el cielo, por la posición del sol, Pan dedujo que eran aproximadamente las 3:00 pm, horario justo en el que su hambre regresó. Explotó una cápsula que contenía una buena variedad de latas de conserva, y tras haber encontrado las ramas adecuadas para iniciar una fogata, y haber improvisado un soporte para que la lata se cocinara, se dispuso a calentar varias latas de arvejas, arroz, y vaya a saber quién cuántas otras más. Por su parte, Giru disfrutaba de esas latas que Pan ya no utilizaría.

- Giru, ¿no te resulta familiar este lugar? - Preguntó sentada a un costado de la fogata.

- Pues sí, estamos cerca de Monte Paoz.

La confesión provocó que Pan se atragantara al pegar un salto de sorpresa

- ¿¡Cómo díces!? ¿¡Monte Paoz!?- Se acercó a Giru y lo puso a su altura zarandeándolo en todas direcciones - ¡qué es lo que sucedió!

- ¡Pan peligro! ¡Pan peligro! - Se alarmó y se subió a la copa de un árbol cercano.

- ¡Dime lo que sabes! - Su corazón estaba exaltado.

- Giru no saber, Pan, peligro.

Pan se quedó parada, pensativa.

- Si estamos cerca de Monte Paoz, y la vegetación está intacta... ¡No entiendo! Giru, ¿hace cuánto que estamos aquí?

- Una noche- Le contestó más calmado, pero sin bajarse aún del árbol.

Atando cabos, Pan llegó a la conclusión de que luego de haber escapado, habían llegado al lugar en el que ahora estaban. Pero no tenía sentido que estuviese todo bien...

- Giru, no hay otra opción- Anunció apretando su puño derecho con decisión - ¡Vamos a recorrer el lugar!

Poco después de haber apagado la llama, y guardado sus pertenencias, ambos comenzaron la caminata manteniendo alerta todos sus sentidos.

- Yo estaba yendo a casa... pero no se explica por qué hay verde por todos lados – razonaba Pan mientras tanto.

Cuando se encontraban a pocos metros, el corazón de Pan se aceleró como nunca antes lo había sentido; le resultaba extraño volver a su hogar, pero más raro era el hecho de que los colores no habían desaparecido, al contrario de como había visto aquel lejano y tortuoso día.

- El árbol más antiguo... - dijo en un susurro al detenerse para admirarlo, como cuando estaba con él.

Movió su cabeza para alejarlo de sus pensamientos, y siguieron el camino. Todo intacto, lleno de vida, imposible pero real.

Y llegaron.

Estaba atardeciendo, y una luz encendida fuera en la casa de sus abuelos captó su atención. Como ya le era costumbre, se escondió detrás de un árbol mientras el corazón explotaba en su pecho.

- Es un sueño... un maldito sueño.

Se le escaparon lágrimas incontenibles. Apretó más sus puños, maldiciéndose por ser tan débil.
Pero un sonido captó su atención. Una puerta se abrió, y dos segundos más tarde, se cerró. Su corazón se paralizó, no podía abrir sus ojos, hasta que...

- ¡Ahh! ¡Que rico comí! - Escuchó decir con alegría.

Sus ojos se abrieron de sorpresa. La tensión en sus manos y su cuerpo se relajó, tanto, que sentía que iba a desplomarse al piso. Comenzó a temblar, a sollozar. Se sentía una bomba a segundos de explotar. Su estómago se encogió, y sintió una explosión de mariposas revolotear por su cuerpo.

- No, no puede ser cierto... es... estoy loca, alucinando, no...

Quería girar su cabeza

- ¿Quién eres tú?

Le habló.

Con una voz fría, desafiante. Pero no tanto.

Ya la había visto, por su torpeza. Por inmovilizarse, por no poder dominar la situación, algo tan común en ella últimamente Levantó unos centímetros su cabeza, y vio a Giru escondido tras un arbusto que estaba frente a ella, y allí fijó su vista, incapaz de hacer algo más que eso.

- ¿Acaso... te conozco? - La dureza en su voz desapareció. A cambio, utilizó un tono que Pan no supo cómo interpretar, estaba muy abrumada como para hacerlo. En vez de contestar, Pan oyó otra puerta abrirse.

- ¡Pequeña!- lo escuchó decir alegre - ¿Ya has terminado?

- ¡Sí!- respondió feliz.

- Pues ¿sabes algo? Tu abuela tiene mucho helado para tí, ¡como te gusta!

- ¡Síiii! - la oyó emocionarse e ir en busca del helado.

- A esta altura, Pan ya no tenía más dudas. Cerró sus ojos fuertemente y los abrió para comprobar que no era un sueño. De ser así, sería uno muy vívido. No se dió cuenta en qué momento se acercó más a ella, hasta que le volvió a hablar.

- ¿Te encuentras bien?

- No...- Se agitó y comenzó a inspirar más fuerte, con desesperación. Y sintió una mano sobre su hombro. Cerró por milésima vez sus ojos, disfrutando los recuerdos, disfrutando de ese calor. Abrumada como se sentía, abrió sus ojos y decidida, pero temerosa, comenzó a voltearse lentamente, rogándole a Dendé por que no fuese un sueño.

Un último suspiro antes de levantar su vista. Lo único que era capaz de escuchar, era el retumbar de su corazón por todo su cuerpo. Y lo hizo.

Y lo vió. Y era real. Sentir su ki, lo hacía sentir real.

- No puede ser- susurró por fin. Vio su cara de desconcierto, en la que no había atisbo de desconfianza, de querer atacar.

- Hazlo, tócame, tócame y tu deseo será realidad - recordaba

- Es imposible...- se seguía diciendo a ella misma.

Vio cómo sus cejas se juntaban en signo de confusión. Estaba llorando otra vez, pero esta vez no era por tristeza, ni por miedo. Ése sabor no era de tristeza. Porque sus lágrimas eran dulces. Felices. Y ése hombre que estaba frente a ella no comprendía. Y ya no lo pudo soportar.

Años soñando el momento, tantos que ya no recordaba cuántos. Demasiado tiempo lo esperó. Innumerables veces lo necesitó Lo soñó en cada una de sus noches. Lo buscó hasta en el lugar más recóndito del planeta. Rogó a los cielos que al llegar a su hogar la estuviera esperando para que le cuente cómo había sido su día. Le habló sin que la escuchara, para desahogar sus penas. Le habló a su foto. A su recuerdo. A su memoria. Se sintió culpable por su partida. ¿Cuántas veces se había querido convencer de que él la seguía, de que no se había ido del todo? Era inevitable. Él siempre había estado para ella. Y así sentía cuando estaba mal, sentía cómo él pasaba su mano por su pelo, acariciándola y pidiéndole que no llorara. Aunque ya no sucedía. El hombre que vivió por los demás. Por todos. Por ella. El que no quería verla llorando. El que la cuidaba. El que provocaba muchas lágrimas silenciosamente privadas. Aquel que le había enseñado lo que más amaba y sabía. Aquel, que extrañó tanto... Y ahora que lo tenía en frente, que ya la había visto, acortó la distancia ente el tiempo y lugar, y fue en búsqueda de ése abrazo que por tanto tiempo reclamó.

- ¡Abuelito!

Él, parado, sintió cómo la chica extraña chocó contra su cuerpo, lo rodeó con sus brazos, y lo apretó con fuerza. Y lo llamó... ¿Abuelito? Sin salir de su confusión, con sus brazos suspendidos en el aire, intentó asimilar lo que estaba sucediendo.

Aquella muchacha le resultaba familiar por demás. Le extrañaba aún más el hecho de que tenía oculto su ki... ¿Quién podía ser? Si su única nieta era la pequeña traviesa Pan. Casi que la obligó a soltar el abrazo separándola de él por los hombros, y se dedicó a mirarla. Y sin dudas sus rasgos eran característicos de los Son... Esos ojos, el pelo... la mirada. Y verla tan vulnerable, llorado frente a él, y con ese puchero

- ¿Pan?


Después de admirarla, no dudó medio segundo más para posar la mano en su cara. Y otra vez, ésta cierra los ojos en una actitud que no pudo descifrar por su propio embelesamiento. Pero, como de costumbre, la imagen se distorsiona y vuelve a despertar por milésima vez en su vida a causa de lo mismo.

Sobresaltado, se sentó en su cama en un instante. Refregó sus ojos y cayó a la realidad.

- Increíble que haya pasado tanto tiempo... – le habló al aire – ...y aún así, todavía te recuerdo.

Resignado como se sentía, se levantó para ir directo al baño, debía despejar su mente. Abrió el grifo del lavamanos, y con necesidad se empapó la cara. Acto seguido, tomó la toalla y quitó los vestigios del líquido.

Su mente estaba abrumada, pues desde hacía años que siempre repetía el mismo sueño inútilmente Trunks estaba seguro de haber olvidado las facciones de ese rostro. Demasiado tiempo como para recordar una imagen que sólo había durado unos minutos.

- Pero sus ojos...

Ése era el problema. El detalle que no había podido borrar. Un par de orbes en una cara borrosa, distorsionada, desenfocada.

Eso y nada más.

Eso y nada más volvería a soñar ahora que regresaba a su cama, lo sabía.


Era... Era un momento tan... No, no había palabras. Era glorioso, pero más que eso. Sensacional, magnífico, espléndido. Y aún así no bastaba para explicar lo que ella sintió cuando él pronunció su nombre. Cuando lo volvió a escuchar hablándole. La emoción se escapaba de sus ojos encarnada en lágrimas, mientras él las apartaba de su rostro con su mano.

- No te imagínas cuánto tiempo esperé por esto, abuelito.

El hombre no sabía qué contestar, aún estaba confundido. Y sintió cómo lo volvía a abrazar. Pero esta vez, le devolvió el gesto, provocando que Pan lo abrazara con más fuerza, a la vez que derramaba una catarata de lágrimas.

Y sus manos acariciando su pelo, como era costumbre. Una costumbre perdida por el tiempo, pero jamás olvidada.

En ése momento, Pan pudo unir las piezas del rompecabezas. Todo lo que había pasado la noche anterior, vino a su mente como una lluvia inesperada.

- Recuerda, nadie debe verte.

Sus ojos se abrieron, sobresaltada. Aflojó la fuerza del abrazo, sin querer hacerlo, pero necesariamente se alejó de él

- Nadie debe verme - repitió en voz alta, desconcertada. Lo miró a los ojos otra vez, y una idea la invadió - Abuelito, por favor, ven conmigo, no deben verme más personas – le explicó en un susurro, un poco para que nadie oyera, otro poco por no poder elevar más el tono de voz a causa de la emoción que la embargaba.

Con el ceño más relajado, el guerrero aceptó. Sin que éste último lo advirtiera, Giru se resguardó en la mochila que Pan cargaba en su espalda.

Con Pan a la cabeza del camino y ése hombre siguiéndola, fueron internándose en lo más profundo del bosque.

Pan, cual Orfeo, deseaba voltear para corroborar que su abuelito la seguía, pero tenía una extraña determinación de no mirar hacia atrás. No, no tenía miedo, simplemente, necesitaba confiar en que la estaba siguiendo. Necesitaba, más bien, anhelaba confirmar que no era un sueño.

A la vez, la incomodaba en demasía que no le hablase.

Llegado al lugar que creyó adecuado, se detuvo, y volteó a verlo. No podía ser un sueño, era tan real como el pequeño lago que se encontraba a unos metros de allí.

- Dime, ¿vienes del futuro?- preguntó su abuelito, rompiendo el silencio y el manojo de nervios que bullía en el estómago de Pan.

- Sí. - se limitó a contestar escuetamente, sin poder explayarse más que eso, omitiendo lo absurdo de su pregunta.

- ¿Ha sucedido algo? ¿Algo que debamos conocer?- preguntó a la defensiva, si evitar recordar a Mirai y las dos veces que se había presentado. Pan, sin embargo, esta vez no supo qué contestar. Si nadie debía verla, nadie debía saber lo que en su tiempo estaba aconteciendo.

- No puedo decirlo. - le respondió bajando la mirada, notablemente perdida. Gokú se le acercó y con una mano en su barbilla alzó su cara.

- Me alegra verte – le dijo con la más sincera de sus sonrisas. A Pan se le iluminaron los ojos.

- Por fin, abuelito

- Ya no llores - dijo atrayéndola a su cuerpo con un brazo. Tras unos minutos, que sirvieron para sumir a Pan en lo más hondo de su felicidad, deshicieron el abrazo. - ¿Cómo has llegado hasta aquí? - preguntó curioso.

- Pues.. verás... Un collar que tenía por dije una clase de diamante verde, lo toqué, y aparecí aquí...

- Ya veo...- comentó acariciándose la barbilla con una mano – Que extraño ¿Acaso es otro invento de Bulma? ¡Esa mujer no cambia!- concluyó divertido

- No, era algo más como... como una magia – le dijo mientras recordaba – Por cierto, ¿en qué año estamos abuelito?

- Estamos en el año... eh... lo olvidé – inocentemente, llevó su mano detrás de su cabeza, gesto tan propio en él

Pan se hubiera molestado. Le hubiese dicho que era un distraído, que no servía para contestar cosas importantes cuando se lo necesitaba. Pero, en cambio, le causó risa, y se permitió reir, contagiando al guerrero.

- Ay, abuelito, tú eres el que no cambia más – le dijo contenta por demás.

- Aguarda, es el año 784, sí, ¡Eso es! - le contestó con emoción inucitada.

- ¿784? ése es el año del torneo... Abuelito, díme, ¿Ese año se hace el torneo de las artes marciales?

- ¡Sí! Tan sólo falta una semana. ¿Por qué lo preguntas?

- Cumplirás tu deseo más anhelado.

- Vaya, eso lo explica todo.

- ¿Eh? ¿De qué hablas?

Pan comenzó a atar cabos. No había sido casualidad que encontrase ese objeto que la había transportado a esta época particular de su vida. Ahora recordaba, que una noche, le había rogado a las estrellas revivir ese momento que tan feliz la había hecho. Ésa parte de su vida que ahora era capaz de presenciar. Su felicidad estaba ahora al alcance de su mano, frente a ella. Gokú, él, quien sabía que en una semana se iría, se alejaría de su vida. Y aún sabiendo eso, no le importaba, no le interesaba pasar el tiempo que debería pasar la pequeña Pan junto a él. No le interesaba estar fuera de tiempo... Ella solo tenía la certeza de que lo necesitaba, lo había hecho desde hacía años. Quizás era injusta, pero al menos quería pasar un último día a su lado.

- ¡No hay tiempo que perder! - dijo repentinamente Pan – Si estoy aquí no pienso quedarme parada frente a tí sin hacer nada. ¿Crees que la abuelita se enoje si no te quedas esta noche con ellos? Me gustaría pasar un día contigo. Aunque no estoy segura...

- ¿Eh?

- Quiero decir... Nadie debía verme al llegar aquí, seguramente eso cambiaría el curso de las cosas. - su razonamiento provocó que Gokú comenzara a pensar junto a ella.

- ¡No importa! Cosas así no suceden todos los días.

Pan se detuvo a contemplar su sonrisa. Era la misma que recordaba, aquella que le indicaba que todo estaba bien, que de nada debía preocuparse. Y ahora entendía cuánto lo había extrañado. Todo lo que ella sentía, no se comparaba en nada a lo que realmente sentía.


Tras una noche agitada que presentía que iba a pasar, aunque no por los motivos que creía, se vistió para ir a desayunar luego de una corta ducha. No era raro no ver a Natsuki, su reloj le indicaba que eran las 6:34 am. Por inercia, sus pies se dirigieron a la cocina, y sin siquiera pensar lo que hacía, se preparó un té, y se sentó a ingerirlo.

Nada podía hacer, cerraba sus ojos, y aparecían los de ella, como si los estuviera observando en vivo y en directo.

Y ni siquiera era capaz de explicarse a sí mismo lo ridículo que se sentía habiendo esperado el resto de su vida, a partir de ese momento, para volver a encontrársela. Era totalmente estúpido, así y no de otra forma se sentía. Y ya no tenía más posibilidades, si las cosas no avanzaban para bien, jamás la volvería a ver. El sonido del fin, una fúnebre balada del diablo y la muerte resonaba a lo largo y a lo ancho del planeta. Y por si faltaba poco, nada sabía de Pan, y nada podía hacer al respecto.

Todo estaba fuera de lugar, desencajado y extremadamente mal. Los recursos ya se le iban terminando, porque a medida que el tiempo avanzaba, más difíciles eran las cosas, y la preocupación subía un nivel con cada día nuevo.

Inquietudes, dudas y preguntas sobraban, y nadie tenía soluciones.

"¿Alguna vez sentiste estar en el momento equivocado?" leyó desde el sillón el titular de una revista que estaba en la mesita del living. Suspiró.

- ¿Alguna vez sentiste estar fuera de tiempo?-

Pensó en voz alta, en uno de los momentos más difíciles de todo el mes en el que transcurrió tanta locura, tanta irrealidad. ¿Por qué uno de los más difíciles? Sencillo. Al fin una pregunta que tiene respuesta.

Por ella, simplemente por ella. Por la que no fue, por la que no vivió.

Por la que soñó conocer.

Por su meta jamás alcanzada.


Nota de autora:

Canción del capítulo: I'm outta time – Oasis. Una banda y un tema que me fascinan, y que, como siempre, mucho tiene que ver con el capi del día.

La canción ya está en el Playlist que lo pueden encontrar ingresando a mi perfil, obviamente con su traducción, aunque a veces las traducciones están mal hechas, pero bueno, siempre busco las más acertadas.

Y para quien quiera, lo reto a buscar el nombre de una canción -que no es I'm outta time- que subliminalmente escondí en el capítulo. Quizás haya un premio... alguna escena del próximo capítulo, un preview exclusivo.

Y por enésima vez: no, no estoy loca.

Si les contara todo lo que me pasó en este tiempo que estuve sin actualizar, no me creerían. Me volví más vieja, me pasaron cosas muy buenas, cosas malas, un cóctel medio peligroso... En fin, pude sobrevivir al caos y acá estoy! Como se los prometí.

¿Y? ¿Qué me cuentan? ¿esperaban este giro? ¿Esperaban a nuestro amado Goku? Espero que no, así tienen una linda sorpresa ^^ . Como sabrán, porque ya se los conté, la historia está en mi cabecita, y ver que poco a poco voy llegando a puntos importantes que moría de ganas por tocar, me entusiasma mucho. Y como les había comentado, éste capítulo es mi favorito de todo lo que va de la historia. Sencillamente, no sé hasta qué punto, porque cuando tenes una idea que te parece copada, y la hacés, y la tenés que releer varias veces para ver cómo la continuas o para arreglar errores, o para lo que sea, esa idea ya no te parece tan buena, de lo hastiada que te vuelve leer siempre lo mismo. Pero es así, en un tiempito se me pasa.

¿Quién pudiera regresar en el tiempo para encontrarse con gente que hace mucho no ve, no? Al menos yo, encantada. Un último abrazo fuerte e interminable y nada más...

Así que Trunks andaba con un temita sin resolver de su pasado... interesante.

Yo y mi obsesión con agregar personajes u.u

Mis muchachas, las dejo hasta el próximo capítulo. Gracias por leer hasta acá, gracias por leerme, gracias por leer, gracias por su buena onda. Sepan que me levantan el autoestima que suele estar por el suelo a veces. Las quiere, y les desea Mucha suerte,

Afrodita19~