II

Tú puedes sonreír.

Cuando finalmente pudo abrir sus ojos, después de que aquellas imágenes embargasen su mente, se quedó observando primero a la luna, jadeando, casi preguntándole con sus azulados ojos si todo lo que vio había sido la verdad, sí realmente el nombrado rey de las pesadillas, el ser que había intentado reinar en aquel mundo, haciendo que todos los niños le temiesen, había sufrido tanto.

Por como respuesta, la luna pareció brillar aún más de lo que lo hacía normalmente y fue ahí cuando Jack Frost, el espíritu del invierno y uno de los guardianes de los niños, comprendió finalmente que el rey de las pesadillas, además de sentir aquella soledad de que nadie lo veía — la misma que él había sentido en carne viva muchos siglos —, también tenía en su ser la desdicha de un engaño, de haber olvidado quién era realmente… perder lo que más había amado en su vida, que había sido su hija.

Tener esas revelaciones en su ser hizo que su estómago se revolviera, y como un nudo se le hacía en la garganta, impidiéndole tragar la saliva que apenas se formaba en su boca, puesto que ya la sentía bastante seca.

Se sintió mal por aquel nombrado rey, se sintió mal por él, por Pitch Black… pues Pitch no había elegido aquello, más bien fue como si el destino, sin ninguna misericordia, se lo hubiera puesto encima, casi como quemándoselo en la piel, arrebatándole todo, hasta su cordura.

Lentamente guardo el diente en su sudadera y apretó más en su puño su bastón, dirigiéndose sin miedo alguno hacía el agujero por el cual las pesadillas se habían llevado a Pitch, después de que lo derrotaron.

Observó el agujero y dio un fuerte suspiro, para luego inhalar aire con fuerza, no se dejaría intimidar ni dejaría ir la determinación que había logrado juntar.

Sin más el espíritu del invierno se arrojó dentro del agujero, cayendo por el hoyo que no se parecía en nada a los agujeros de Bunnymund, sino que este estaba lleno de sombras.

Pudo observar las jaulas en las que habían estado las pequeñas hadas de Tooth, pero decidió ignorarlas, volando debido a una suave ventisca que hizo correr, buscando con su mirada, en aquella obscuridad, la silueta de aquella persona, la cual finalmente encontró, después de un rato de buscar.

Pitch estaba sentado en el suelo, rodeado siempre por sus sombras y por uno de los caballos que estaba echado a su costado, casi como asegurándose de que su rey estuviese bien, pues algo le decía a Jack que las pesadillas necesitaban a Pitch para vivir.

Observó como el hombre sujetaba un medallón, el cual Jack estaba seguro que era el que tenía la imagen de la pequeña niña que había sido la hija del rey de las pesadillas.

— ¿Qué desea el gran guardián, Jack Frost? — Aquella sedosa voz hizo que Jack diera un suave brinco, mientras Pitch se guardaba entre sus ropas aquel medallón y volvía adquirir su rostro serio de siempre, levantándose con gran majestuosidad del suelo, casi como el rey que era.

— Venía a devolverte el diente que te tiró Tooth — Le sonrió, evitando reírse de aquel gesto de fastidio que había puesto el nombrado rey de los miedos.

— Podrías haberlo dejado tirado allá arriba, no es como si alguien le fuese extrañar ver un diente tirado… — Vio como Pitch parecía deslizarse sobre el suelo, llegando frente a él, sin hacer ningún movimiento para atacarlo o algo así.

— Pero los dientes pueden contener cosas valiosas, ¿no? — Le respondió simplemente y vio como el caballo parecía bufar, casi levantándose, como amenazándolo de que no siguiera hablando, pero Pitch hizo un gesto para que el caballo se quedase quieto.

— ¿Hablas de Kozmotis? — Hizo un gesto de incomodidad. — Supongo que ese estúpido hombre de la luna te ayudo a ver las memorias de ese diente, así que no veo que más haces aquí, si tú mismo ya "profanaste", de cierta forma, mis memorias, Jack.

— Pero supongo que tú hiciste lo mismo con las mías, ¿verdad? — Le refuto, observándolo.

— No, Jack, no hubo necesidad de hacer aquello, fuiste al único niño que nunca asuste durante aquellos años, pues me agradabas de cierta forma. — Cortó como única respuesta Pitch.

El espíritu del invierno, por su parte, por primera vez se había quedado sin una respuesta creativa o algo así para refutar aquello dicho por el rey de las pesadillas.

Lo único que se le ocurrió hacer, antes de ni siquiera preguntarle al rey el por qué a él no lo había atemorizado con pesadillas, fue un pequeño cristal de hielo que toco la nariz de Pitch, antes de que este pudiese esquivarlo.

La nieve comenzó a caer en aquella cueva y lo siguiente que se escuchó fueron las risas de ambos espíritus, envueltos en una guerra de bolas de nieve.

Después de haber visto aquellas memorias lo único que había deseado Jack había sido hacer sonreír a Pitch, ocurriéndosele sólo aquello. Por ese momento no quiso hacer preguntas ni nada, sólo quiso jugar con el rey de las pesadillas, con ese héroe corrompido que llevaba una fotografía de su hija perdida… sólo se le había antojado hacerlo feliz.

The end.