Saludos ^^
Gracias a la personita que posteó porque me olvidé de nuevo de actualizar xDU mil disculpas. Dejo el siguiente capitulo. IMPORTANTE: Por favor, vayan a mi perfil aquí mismo en Fanfiction y visiten el blog que tengo allí publicado: están subidas las tres imágenes de los medabots que participarán en esta historia. Es importante pues estos medabots no aparecieron en televisión y las descripciones son breves. La entrada se llama "el mensajero". De esta forma podrán tener la imagen de ellos mientras leen. Gracias.
El mensajero. Capítulo 2.
Metabee alcanzó al medabot cartero cuando éste giraba en la esquina. Era un SRU Lon Gun, pero se apodaba Guy. Al escarabajo le costó un poco entrar en el tema, pero acabó soltándolo pasados algunos minutos de hablar entrecortadamente.
— ¿Quieres ser cartero también?—preguntó el medabot con naturalidad—Seguro.
Le indicó la dirección que tenía que tomar para llegar a la pequeña central de correos. Metabee se lo agradeció y salió corriendo.
— ¡Nos vemos allá!—se despidió Guy.
Metabee tardó cerca de media hora en llegar al centro de la ciudad y luego encontrar la calle que le llevara al correo. El edificio no era muy grande, solo dos plantas, y estaba encajonado entre dos edificios enormes que lo hacían lucir ridículamente pequeño. El medabot entró y en la puerta sonó una campanita de bienvenida.
—Buenas tardes—saludó el tipo detrás del mesón, levantando la mano.
El medabot amarillo entró lentamente, recorriendo el lugar de arriba abajo con la mirada: el recibidor no era muy grande y el mesón daba de frente con la puerta de entrada. Detrás de éste había tres puertas, y a la izquierda otro mesón de gran tamaño, donde había cuatro cajas grandes cerradas. A la derecha había un buzón azul; Metabee recordó haber visto uno igual en la calle, antes de la entrada de la central. Había posters de ciudades de otros países en las paredes, y grandes ventanas que iluminaban el lugar. También había asientos cerca del buzón.
—Err...—empezó Metabee una vez puso sus manos en la mesa de llegada—yo...me preguntaba...
— ¿Desea hacer algún envío?—preguntó el sujeto amablemente. Tenía unos grandes lentes cuadrados sin marco cubriendo casi toda su cara— ¿O viene a retirar alguna carta?—siguió muy solicito— ¿Ha habido alguna demora con su envío?
—No, no. Quería saber si...ahm...podía...
La puerta de entrada se abrió con su anuncio de campanita. Metabee y el hombre se volvieron a ver. Un joven apenas mayor que Ikki entró cargando una bolsa igualita a la de Guy. La dejó sobre la mesa, vacía.
—Ya está, señor Spot—dijo con una sonrisa y pasándose el brazo por la frente. Lucía algo cansado, pero animoso.
—Muchas gracias pequeño Nathan, buen trabajo—le felicitó el sujeto, guardando la bolsa—. Te espero mañana a las cuatro.
—Sí. ¡Hasta entonces!
El muchacho se despidió y salió, con la campanita despidiéndole. El tipo volvió su atención a Metabee.
— ¿Y bien?—volvió a preguntar.
—Yo...ahm...quería saber si podía...—bajó la mirada algo apenado—trabajar aquí...
Spot, como así se llamaba, dio un respingo de sorpresa y su sonrisa se estiró.
—Por supuesto—le dijo, y los ojos verdes de Metabee destellaron.
— ¿En serio?—exclamó el medabot sin creerlo— ¡Cielos, viejo, gracias!
—No estoy tan viejo—se quejó Spot sin perder la sonrisa y levantando la tapa del mesón para salir a reunirse con el robot.
—Oh, lo siento, no quería tratarte de un viejo...
—Está bien; trabajando con tantos chicos he tenido que acostumbrarme a la jerga, aunque rara vez los medabots la usan—Spot se cruzó de brazos—.Y bueno, empecemos tu entrevista de trabajo con tu nombre.
— ¡Metabee! El amo de todas las robobatayas—dijo apuntándose orgullosamente. Spot rio.
—Bien Metabee. ¿Dónde está tu medaguerrero?
—Oh...está...trabajando también—dijo, rascándose la cabeza.
— ¿En serio? Vaya, me parece muy bien. ¿Qué edad tiene?
—Casi cumple los once.
—Es joven y emprendedor. Eso es muy bueno. ¿Y por qué quieres trabajar, Metabee? ¿Quieres ayudarle?
—Más o menos...
— ¡Wof!—ladró Salty abajo, quien venía con él.
—Vale, no es que quiera ayudarlo—se disculpó el medabot—, es solo que ya no quiere comprarme cosas...digo, fuera de las meda piezas, y también tengo mis necesidades ¿sabe?
Spot volvió a reír.
— ¡Vaya, un medabot con exigencias! Eso nunca lo había visto. Qué interesante—comentó—. ¿Habías trabajado alguna vez, Metabee?
—No, así que tenga la amabilidad de no ser muy exigente conmigo; podría arruinarme.
El tipo rió por tercera vez. Metabee parecía caerle cada vez mejor, aunque el medabot no intentaba nada.
—Es gracioso. Bueno, ¿y sabes qué hacemos aquí, no?
El medabot ladeó la cabeza, pensando.
—Solo entregan cartas, supongo...
—Hacemos mucho más que eso—dijo, hablando como un profesor a su alumno—.Unimos personas, Metabee. Acercamos personas y lugares. Les llevamos un poco de alguien a su casa...
— ¿Envían manos y ojos?
Spot hizo un sonido con la boca y se largó a reír. Metabee lo observó con su aire natural al decir cosas comunes que para otros eran muy divertidas.
—No, Metabee, ¿cómo se te ocurre? Es una forma de decir. Pero sí, también llevamos paquetes...
— ¿Cómo es que en pleno siglo veintidós todavía existe un lugar así?—preguntó el robot abriendo los brazos.
—Es comprensible que te preguntes eso—le dijo el hombre, dándole la razón—.Hoy en día tenemos el correo electrónico y el sistema de envío por transporte...pero ¿sabes? Aún quedan muchas personas a las que les gusta el envío de cartas. Es más personal, y lleva el sello de la otra persona. No es frío como un correo electrónico.
—Ahh...entiendo...
Metabee no entendió para nada la última parte.
—Bueno, ¿y cuánto tiempo libre tienes disponible?—siguió preguntando Spot.
—Bastante desde que mi medaguerrero se dedica a limpiar vidrios.
—No digas eso; todos los trabajos son respetables por muy simples que sean—dijo Spot con cierto aire ofendido—.Mucha gente mira en menos el trabajo de cartero sin comprender en verdad el verdadero esfuerzo que se hace.
—Ah...no lo sabía. A mí también me parece que es bastante sencillo—dijo rascándose ahora la cara—, sin ofender.
—Veremos qué tan sencillo te parece—terminó el hombre sonriendo y regresando detrás del mesón.
— ¿Significa que me das el trabajo?—preguntó el medabot, muy emocionado.
—Claro. Entre más ayuda tengamos, mejor. Aunque debes estar consciente de que el trabajo es muy agotador y no paga tan bien por el esfuerzo.
— ¡No hay problema!—exclamó Metabee—Con veinte dólares al mes compro todo lo que necesito.
— ¡Bah! Y yo que pensé que tenías verdaderas exigencias...—comentó Spot, sacando una hoja de una cajonera y llenándola.
Metabee se paró en la punta de sus metálicos pies para ver lo que el hombre escribía. Spot le preguntó muchas cosas, como el nombre completo de su medaguerrero, su dirección, el modelo de Metabee, entre otros. Cuando la hoja estuvo llena, Spot le dio la copia al medabot y se levantó.
—Lee muy bien el folleto que viene con tu contrato; ten. Cuando estés listo, fírmalo.
Spot le estiró el lápiz a Metabee. El robot se fue a sentar, leyó rápido tres veces los documentos y cuando estuvo satisfecho, volvió al mesón. Nervioso, firmó el primer contrato de su vida.
—Ya está—dijo Spot con una gran sonrisa—, ahora eres un miembro del equipo de correos de Japón. Te espero aquí mañana a las dos.
— ¡De acuerdo!—exclamó el medabot cerrando los puños— ¡Viejo, tengo trabajo!—exclamó, cogiendo a Salty del suelo, dando una vuelta con él y corriendo a la puerta de salida.
— ¡Wof!—le animó el perro.
El pequeño escarabajo se despidió del hombre en la puerta y salió corriendo de regreso a casa. ¡A contárselo a Ikki!
— ¿Eh?—el medabot se paró en seco de su carrera.
¿Realmente quería contárselo a Ikki? No es que pudiera escondérselo pero...
—Oh rayos...seguramente va a reírse de mi...pero bueno—se consoló, poniendo las manos detrás de la cabeza y hablando con Salty—, al menos ya no dependeré de su dinero.
— ¡Wof!—le contestó él.
Eran casi las diez, y los dos amigos se miraban fijamente y en silencio. El reloj seguía marcando los segundos sin que ninguno de los dos dijera ni hiciera nada, hasta que finalmente Ikki se decidió a hablar:
—Muy bien—dijo sin más y levantándose para ir a la cama.
Metabee lo siguió con la mirada hasta que el chico estuvo hundido bajo las mantas. Esperó varios segundos, casi un minuto, hasta que finalmente Ikki no pudo más y estalló en carcajadas. Metabee echó humo por los cañones y se cruzó de brazos.
—Oh rayos, viejo, sabía que te ibas a reír.
— ¡Vamos, Metabee! No me río de que seas cartero. Es un trabajo sencillo y bueno—dijo, secándose una lágrima.
— ¿Qué es lo que te hace gracia entonces?
—Obviamente la situación en la que estás. Primero te reías de mí porque iba a trabajar, y ahora tú también estás trabajando—se encogió de hombros—. Es para reírme.
—Como sea—sentenció el medabot sentado en el suelo—, voy a trabajar desde mañana; no sé a qué hora regresaré pero no vayas a molestarme. Quiero hacerlo bien—dijo con determinación y cerrando los puños.
—Está bien; yo también estaré en el trabajo después de la escuela—dijo el chico volviendo a acomodarse.
Metabee por su lado se metió en su futón. Usualmente solo activaba su comando de apagado pero ahora se quedó pensando en algo. Algo grave.
— ¿Sabes?—le dijo a Ikki, quien tampoco cerraba los ojos—Creo que las robobatayas estarán algo ausentes mientras uno de los dos esté con esto del trabajo...
—Lo sé—respondió el niño, quien pensaba exactamente en eso.
Ambos suspiraron algo entristecidos, se dieron la espalda y se quedaron dormidos.
Lo que Metabee supuso que sería una noche regular, acabó convirtiéndose en una noche de película. O de un trozo de película, por así decirle. Después de no haber tenido otro de sus peculiares "sueños", aquella noche volvió a convertirse en viajero por el tiempo y se encontró en aquel mundo habitado por medabots. Esta vez visitó una ciudad.
Era moderna pero a la vez tenía algo rústico a pesar de que estaba construida en acero y cables. Miles y miles de medabots iban y venían, y muchos le saludaban. Él devolvía el saludo sin tener idea de a quienes estaba saludando, pero no había que ser descortés. Buscaba a Brass, pues era la única a la que conocía y podía de alguna forma salvarle de aquel mundo donde era tan popular, y tan extraño. No la encontró por ninguna parte, así que decidió ir hasta el árbol en donde generalmente aparecía en sus sueños. Al llegar se llevó una decepción pues ella tampoco estaba ahí.
—Rayos...
Se echó en el pasto a esperarla, o esperar a que el sueño acabara. No es que no le gustara aquel mundo de medabots pero se sentía bastante perdido cuando estaba solo y sin saber a quién ni cómo dirigirse. Esperando y pensando, escuchó un sonido como de cohete. Instintivamente levantó la cabeza y vio dos estelas viajando arriba en el cielo. Una de ellas siguió de largo, la otra tomó dirección hacia donde estaba Metabee, aterrizando en poco. El escarabajo amarillo se levantó y avanzó hasta el aparecido. El medabot volador a su vez, movió un poco las amarillas alas metálicas y se acercó a él. Eso era todo lo que recordaba, al menos hasta que el medabot abrió el pico y comenzó a imitar el sonido del despertador de Ikki.
Los dos amigos se despidieron esa mañana y Metabee se la pasó en videojuegos, esperando que fuera la hora prudente de marcharse al trabajo. A su nuevo trabajo.
—Así es—le decía al perro echado a su lado—, el trabajo de Metabee, porque ahora Metabee es un medabot trabajador, y que se comprará todo lo que se cruce por delante, ¡ahahaha!—reía, ya imaginando todo lo que haría con su jugosa primera paga.
Cuando fue la una de la tarde, Metabee se despidió de la señora Tenryou y se fue a paso rápido a la central de correos. Recordó con facilidad las calles pues podía archivarlas en su procesador. Le hubiese gustado tener algún tipo de conexión inalámbrica para tener un mapa de la ciudad en su cabeza y así no perderse, pero estaba seguro de que aprendería muy rápido.
—Algo así como hacen los taxistas, supongo.
Llegó al pequeño edificio y entró, siendo recibido primero por la campanita en la puerta y luego por Spot. El sujeto le entregaba un fajo de cartas a una chica, quien las guardaba en aquel característico bolso y luego se despedía, saliendo por la puerta. Metabee vio que a un lado estaba el medabot del día anterior.
— ¡Hey!—le saludó Guy levantándose—Supe que te aceptaron.
—Así es—respondió Metabee feliz y levantando su puño—.Espero que no te moleste un poco de competencia.
— ¡Para nada! Siempre y cuando no nos dividan el sueldo—rio, acercándose con Metabee al mesón.
— ¡Ah, Metabee! Llegas temprano—le saludó Spot—.Guy me contó que se conocieron ayer.
—A él le pregunté cómo podía trabajar aquí.
—Es bueno ver que a los medabots también les guste el trabajo—dijo el hombre—.Espero que los tres se hagan buenos amigos.
— ¿Tres?—repitió Metabee, extrañado.
—Akita también nos ayuda—le explicó Guy, mientras Spot sacaba dos bolsas de cuero blanco y se las dejaba a los robots sobre la mesa.
— ¿Y Akita es...?
—Una medabot obviamente—dijo Guy afable—, es muy simpática, te gustará. Aún no llega ¿verdad?—preguntó a su jefe.
—No. Ya sabes que siempre llega después porque termina muy rápido—respondió, sacando un gran fajo de cartas.
Dividió el fajo en dos, lo que serían tal vez treinta cartas para cada medabot. Guy cogió su fajo y comenzó a leer todas las direcciones, poniendo algunas cartas adelante y otras atrás. Metabee lo miró con rareza.
—Es bueno que pongas las cartas que tienen dirección más cerca adelante, y las que tienen dirección lejos más atrás—le explicó Spot—,así después no tienes que regresar por donde ya habías pasado y pierdes tiempo.
— ¡Aahh!—exclamó el escarabajo, comprendiendo.
También tomó su fajo y empezó a ordenarlas. Obviamente no era tan rápido como Guy así que ambos se despidieron y desearon suerte mientras el medabot azul se marchaba. La campanita le despidió también.
— ¿Puedo preguntar algo?—dijo Metabee, mirando con rareza las cartas que iba ordenando.
—Por supuesto.
— ¿Por qué las cartas vienen dentro de dos sobres? ¿Y por qué un sobre trae solo el nombre y el de afuera solo la dirección?
—Es un sistema que le gusta a los clientes del servicio—explicó Spot—.La dirección va afuera, y al recibir la carta, está la intriga por saber para quién es dicha carta, por el mismo motivo de que ya casi no se envían. Es como abrir un regalo envuelto.
— ¿Envuelto dos veces?
— ¡Ahahaha! Algunos lo ven así.
Metabee acabó de ordenar sus cartas y las metió en la bolsa, colgándose esta al hombro, atravesada en el pecho. Spot le dio algunos consejos antes de que se marchara.
—Recuerda que la correspondencia es sagrada; no puedes perder ninguna carta ni permitir que te las quiten. Debes caminar muy rápido para entregar todas las cartas antes de las siete, que es cuando cerramos. Ninguna carta puede llegar estropeada ni mucho menos abierta. No vayas a dejar que ningún perro te quite la bolsa.
— ¡Seguro! No creo que sea difícil—dijo el robot, muy confiado.
—Que te vaya muy bien en tu primer día pues—le despidió el hombre con la mano arriba.
Metabee se despidió y caminó hasta la puerta. Cuando iba a sujetar el pomo, éste giró y la puerta le golpeó en toda la cara, casi haciéndolo caer.
— ¡Ououououou!—se quejó— ¡Oye! ¿Cuál es tu problema?—rugió.
— ¡Oh, cuanto lo siento!
El escarabajo se quedó viendo al aparecido, estático en su lugar.
—Hala, y encima es el chico nuevo. ¡Vaya manera de darte la bienvenida!—se disculpó.
— ¿Te...he visto en alguna otra parte?—preguntó el medabot amarillo.
—Tal vez en algún concierto o en la carátula de un álbum—bromeó la medabot, moviendo la cabeza— ¡No te creas! Pero tal vez algún día me veas por ahí... ¡ahahaha!—rio de forma graciosa—Disculpa, aún no me presento. Soy Akita—dijo, estirándole la mano.
—Metabee—dijo él, estrechándola.
Observó a la chica encontrándola terriblemente familiar, pero no podía decir de dónde. Akita era un medabot CNR Nervous Bird hecha para el vuelo. Su armadura era de color verde y amarillo, y Metabee alcanzó a notar que ella marcaba el ritmo con la cabeza a una canción que salía de su transmisor. Le pareció agradable al instante, y eso que le había recibido con un portazo en la cara.
—Disculpa lo de la puerta también; tengo la mala costumbre de abrir con mucha fuerza.
—No pasa nada, ya lo olvidé—dijo él amablemente.
—Llegas muy temprano hoy, Akita—dijo Spot desde atrás, saludándola.
— ¡Sí, querido jefe!—le respondió ella—Es que quería conocer al nuevo, aunque no me salió tan bien como esperaba—dijo apenada.
Spot rio y volvió al trabajo.
—Bueno Metabee—dijo Akita volviéndose a él—, me has hecho levantar temprano hoy y estaba dispuesta a cobrarte por ello, pero considerando que casi te dejo la cara abollada, creo que no te cobraré de nada. O si prefieres, podemos tener una robobataya luego.
— ¿En serio?—preguntó Metabee, emocionado. Eran muy pocas las chicas medabot que disfrutaban de pelear— ¡Sería genial!
— ¡Bien! Hoy volaré más despacio para que podamos reunirnos en la tarde a robobatayar; pero tienes que darte prisa y entregar las cartas, o moriré de aburrimiento esperándote.
— ¡Regresaré en lo que canta un gallo!—exclamó el medabot.
Ambos se quedaron viendo y luego rieron a la par ante la ironía. Metabee se despidió y Akita fue al mesón a recoger su bolsa y sus cartas.
—Viejo...—se quejó Metabee, mirando el sobre.
Luego miró de un lado a otro y volvió a suspirar. No tenía idea de donde quedaba la calle mencionada en el sobre, por lo que optó por lo más obvio y preguntó a un transeúnte. Éste le indicó amablemente que tenía que regresar veinte cuadras para encontrar la calle que buscaba. Apenado, Metabee agradeció y siguió las indicaciones. Al poco se encontró frente a una casa que ya había visto antes.
— ¿La casa de Samanta? Qué raro...
Fue hasta la reja y tocó el timbre. Nadie apareció en la puerta, pero sí en la ventana.
— ¿Metabee?—preguntó la medabot arriba.
Peppercat, o lo que parecía ser Peppercat, asomaba desde la ventana del segundo piso.
— ¿Peppercat?—preguntó Metabee a su vez— ¿Estás probando consejos de belleza?
—Muy gracioso...
La medabot lucía muchos colores en su cara, pintados con algún tipo de marcador. Dio un salto y como toda una felina, avanzó por la reja exterior y saltó con elegancia hasta el suelo, levantándose y acercándose a la puerta de barrotes metálicos que la separaba del medabot amarillo. Metabee pudo tomar mejor nota de su gracioso aspecto y se cubrió la cara con la mano para evitar estallar en carcajadas. Ella le envió una mirada muy seria.
—En serio—preguntó él, conteniéndose la risa— ¿Por qué traes la cara pintada así? Pareces un cuadro cubista.
—Gracias por tu critica artística—respondió la medabot cruzándose de brazos—; Sally te lo agradecerá.
— ¿Quién es Sally? ¿La autora de esta "obra"?
—Es la sobrina de Samanta, tiene tres años. Su madre se la encarga a la madre de Samanta a veces, y cuando está ocupada con los quehaceres pues...—se encogió un poco de hombros—me toca a mí hacerlas de niñera.
—Oh, vaya—comentó el robot, en parte impresionado—, no sabía que los medabots también podían ser niñeros.
—Ya lo ves.
— ¿Y te pagan?
—No es la gran cosa, pero sí, al menos sirve para comprarse chucherías.
Los dos medabots se quedaron viendo unos segundos en silencio. Metabee de pronto se dio cuenta de que Peppercat era más conversadora de lo que él imaginaba, y extrañamente también compartía su gusto por comprarse chucherías.
— ¿Y bueno?—preguntó ella— ¿A qué se debe tu inesperada visita?
— ¡Ah, sí!—exclamó el escarabajo, recordando de pronto para qué estaba allí. Le extendió el sobre a la medabot felina por entre medio de los barrotes—Carta para la residencia Susuki.
—Oh…
Peppercat recibió el sobre y lo miró con curiosidad.
— ¿Esto es todo?
Metabee asintió con la cabeza. Ella le agradeció y se despidió, regresando con sus saltos atléticos a la ventana por donde había salido. El medabot se quedó algo extrañado. Luego y sin más, se encogió de hombros y se alejó de allí mientras metía la mano en el bolso y sacaba otra carta, leyendo la dirección. Se detuvo, se dio una vuelta y empezó a caminar en la dirección contraria.
Eran casi las ocho de la noche cuando Metabee regresaba arrastrando los pies hasta la oficina de correos. Todas las luces del pequeño edificio estaban apagadas, las ventanas cerradas, y solo se veía una figura parada en la puerta. El medabot estaba cansado como nunca. Sus brazos colgaban inertes en el aire y venía con la cabeza gacha, con el bolso colgando como una bandera hacia un costado, pero al menos estaba vacío. Avanzó lentamente hasta estar frente a Spot, quien le esperaba de brazos cruzados. Metabee levantó lentamente la cabeza.
—Hola…viejo…
—Metabee—dijo el hombre, sin sonar molesto—, te dije que cerramos a las siete. Casi son las ocho.
—Lo sé, viejo, lo lamento—dijo, tratando de enderezarse y quitándose el bolso—. E-es que pasaron tantas cosas raras, y me confundí algunas calles y…y después me equivoqué de enumeración y tuve que ir al pasaje del otro lado—repetía, mientras las imágenes se repetían en su cabeza, mareándolo. Al final soltó un suspiro y le estiró el bolso al hombre—.Estoy despedido, ¿verdad?
Spot hizo una mueca de desaprobación y cogió el bolso. Se quedó viendo al medabot, quien tenía la vista pegada en el suelo y la cabeza escondida entre los hombros. Suspiró a su vez y se rascó la cabeza.
—Akita te estuvo esperando mucho rato—le informó.
El escarabajo dio un respingo y miró alrededor. No había nadie por supuesto.
— ¿Ya se fue?
—Sí. Tal vez hace diez minutos. Terminó su trabajo a eso de las cuatro y te esperó desde entonces. Tenía muchas ganas de medirse contigo. Dice que pareces tener mucho potencial.
"Obviamente ella no vio el torneo mundial de robobatayas…"
—Rayos…—soltó el medabot.
—Al menos sí conseguiste una comisión, espero—dijo el jefe, doblando el bolso de cuero y poniéndolo bajo su brazo.
Metabee volvió a dar un pequeño salto en su lugar. Luego se quedó viendo a Spot.
— Una… ¿Cómo que una…comisión?
Spot le miró pesadamente desde arriba.
— ¿No pediste los cinco yenes habituales por la entrega?
Los ópticos del medabot se expandieron. De pronto recordó a Guy pidiéndole cinco yenes el día anterior. Los dos personajes negaron con la cabeza y se dieron una palmada en la frente.
La de Metabee fue muy sonora.
Al día siguiente, Metabee llegó muy puntual a las dos de la tarde a su trabajo. Spot le permitió conservar su empleo, según él por varias razones, aunque el medabot no recordaba ninguna pues se estuvo reprochando su fracaso hasta que se quedó dormido esa noche. Se prometió no volver a repetir sus fallos.
—Buenos días, Metabee—le saludó su jefe en cuanto el pequeño escarabajo amarillo atravesó la puerta, con paso firme y determinación en la mirada— ¿listo para tu segundo día de trabajo?
— ¡Estoy más que listo, viejo!—respondió el medabot, echando humo por los cañones y moviendo los dedos— ¡Estoy ansioso! ¡Estoy totalmente preparado para hacerlo bien esta vez, ya verás!
—Me gusta cómo suena eso—estaba diciendo el hombre, cuando la puerta volvió a abrirse junto con una melodía.
— ¡Gracias!—exclamó la medabot ave, dando un giro sobre sí misma. Traía la música más fuerte que el día anterior— ¡Gracias, querido fan! ¡Me gusta cantar para ti!—terminó apuntando a Spot y guiñándole un ojo.
El hombre suspiró con una sonrisa y se rascó la mejilla.
—No hablaba de eso, Akita…
Akita se quedó estática en su lugar, con ambas miradas puestas en ella. Bajó lentamente el brazo y luego apoyó la cabeza contra la puerta. La música se apagó poco a poco.
— ¡N-no quería decir que cantas mal!—intentó corregir Spot, moviendo las manos para intentar restarle importancia.
—Ya… no hay necesidad de ser amable…—respondió ella, dibujando círculos con su dedo en la madera.
Spot suspiró de nuevo y se rascó la cabeza, sin perder la sonrisa. Metabee se aproximó a la chica.
— ¡Hola Akita!—le saludó animoso—Lamento lo de ayer…
La medabot se volvió a verle y volvió a encender la música.
—Anda—dijo, poniendo ambas manos en su cintura—, el chico nuevo reparte cartas como una tortuga gana una maratón.
Metabee se sonrojó muy apenado y se llevó una mano al casco.
—Lo siento, lo siento, creía que lo podría manejar mejor. Pero fue mi primer día, no seas muy demandante conmigo.
— ¡Cómo crees!—exclamó ella muy animada y dándole una palmada en la espalda que casi lo tiró al suelo—No iba en serio~ Yo el primer día también tuve mis contratiempos.
— ¿En serio?
— ¡Claro! Tardé tres horas en entregar todo. Ahora solo me tardo una.
El medabot amarillo se quedó muy callado de escucharle decir eso. Akita lo observó un momento y luego rio alegremente otra vez. Le apuntó en donde se suponía que debía ir una nariz y fue al mesón a recoger una bolsa y las cartas del día. Metabee también se acercó para recibir su parte.
—Hoy me tardaré mucho menos, ya verás—le dijo a ella mientras ambos ordenaban las cartas; él lentamente, Akita a la velocidad del rayo—, y podremos tener nuestra robobataya.
— ¡Ahahaha! No creas que me vas a hacer esa dos veces, chico listo.
— ¿A qué te refieres?
—No se deja plantada a una señorita, mucho menos para una robobataya. Si quieres que te perdone y tengamos una pelea, vas a tener que disculparte apropiadamente—dijo mientras dejaba las cartas en su bolsa y le apuntaba entre los ojos.
—Y… ¿y cómo hago eso?
— ¡Fácil! Entrega esas cartas antes de las siete de la tarde y ya hablaremos. ¿Crees que puedas manejarlo esta vez?—preguntó con cierto tono burlón y moviendo la cabeza.
Metabee echó humo por los cañones y cerró su puño frente a su cara.
— ¿Me estás retando?
— ¡Ooohhh! Sí captaste esa muy rápido, ¿eh?—preguntó mientras retrocedía y salía rápidamente por la puerta, con su música y su risa acompañándola.
Se escuchó un choque de metales en la entrada, un "¡lo siento mucho, Guy!", y luego al medabot azul apareciendo en la puerta, sobándose la cara. Se acercó al mesón y saludó:
—Esa chica no tiene remedio; siempre está chocando a todos.
—Pero es encantadora, ¿a qué si?—preguntó el jefe desde detrás del mesón.
Ambos medabots se encogieron de hombros, dándole la razón.
Faltaba media hora para que tocaran las siete de la tarde y Metabee aún cargaba con cuatro cartas en su bolsa. Esta vez y por suerte, le habían tocado algunas con direcciones que ya conocía, así que no se dio tantas vueltas como el día anterior. Sin embargo también le tocaron algunas que quedaban en puntos muy alejados del centro de la cuidad, y a pesar de conocer la dirección, se tardaba mucho en llegar desde un sitio al otro. Corría para entregar su cuarta carta mientras se quejaba con su medaguerrero.
— ¡Rayos, Ikki! ¿Por qué no me compraste como un modelo de carreras? Sería aerodinámico y veloz, ¡y a las chicas les gustan los autos de carrera!
Siguió corriendo y se metió por una calle hacia el norte, mirando la numeración mientras seguía hablando:
—En realidad a las chicas no les gustan los autos de carreras—se corrigió—, les gustan los que los conducen… ¡igualmente habrías salido ganando!
Se detuvo de golpe y retrocedió dos pasos. Se quedó viendo una casa en específico, de dos pisos, pintada en color amarillo y tonos pastel, aunque se veía algo maltratada por el tiempo. No tenía rejas, pero sí un cerco de ladrillo de no más de veinte centímetros de alto que resguardaba un camino de piedra y también un pequeño jardín. Había hojas secas sobre el pasto, todas las ventanas de la casa estaban cerradas, y si no hubiera sido por una música que salía del interior, Metabee hubiera dicho que estaba abandonada. Miró las otras casas: también se veían algo antiguas, pero notoriamente los dueños hacían un mejor esfuerzo que éste por mantenerlas en buen estado. El medabot la observó varios segundos, luego bajó su mirada al papel que traía en la mano.
"Koenji 215"
La casa tenía dicho número. Suspiró y se acercó hasta la puerta. Se detuvo un segundo antes de golpear. La música era una pieza de piano aparentemente. Metabee la escuchó por espacio de diez segundos antes de recordar que tenía que entregar otras tres cartas dentro de treinta minutos. Golpeó con fuerza y rapidez en la puerta de madera.
— ¡Ringo!—se escuchó una voz femenina— ¿Podrías abrir la puerta por favor? ¡Estoy en el sótano!
La música se detuvo de pronto. El pequeño escarabajo no escuchó ningún paso aproximándose a la puerta, pero ésta se abrió a los pocos segundos dejando ver a un medabot. Era azulado y negro, y parecía tenía forma de ave. Metabee no pudo ver mucho pues la puerta solo se abrió unos pocos centímetros.
— ¿Diga?—preguntó el robot adentro. Tenía un aire muy serio, o eso le pareció al KBT.
El medabot dio un respingo y le estiró la carta. Antes de que pudiera decir nada, el medabot adentro abrió completamente y Metabee pudo ver que era efectivamente un modelo aéreo. Tenía unas grandes alas negras y azuladas saliendo de su espalda. Se trataba de un modelo EGL Fly Eagle. El medabot estiró ambas manos y cogió el sobre. Luego regresó adentro mientras murmuraba:
—Un momento…
Desapareció adentro varios segundos, con Metabee contándolos todos impacientemente. Finalmente el Fly Eagle apareció y le extendió una moneda de cien yenes. El otro se quedó atónito.
—Eh…—alcanzó a soltar.
El medabot oscuro se extrañó a su vez.
— ¿Hay algún problema?—preguntó.
Metabee despabiló y tímidamente cogió la moneda. La revisó y volvió a mirar al medabot adentro.
— ¿En serio? Digo…usualmente solo nos dan cinco yenes…
—Si quieres me lo puedes regresar—dijo el águila extendiendo la mano.
El escarabajo apretó la moneda contra el pecho y negó rápidamente con la cabeza. El otro adentro le despidió en silencio y cerró. Metabee volvió a quedarse absorto un largo rato mirando el pago. Luego retrocedió lentamente mirando la casa y memorizándose la dirección. La melodía del piano volvió a escapar por las rendijas mientras el medabot se alejaba del barrio y echaba a correr.
Corrió todo lo que pudo para llegar a la siguiente dirección, con su reloj interno avisándole que solo le quedaban doce minutos hasta antes de las siete. La siguiente casa quedaba a veinte manzanas de allí…
—No lo voy a lograr, ¡no lo voy a lograr!—se repetía mientras intentaba ir más rápido.
Una sombra le siguió desde lo alto sin que él se percatara, hasta que sintió que le cogían por los brazos y sus pies se despegaban del suelo. Rápidamente comenzó a tomar altura.
— ¿Pero queeee?
— ¡A volar, pajarito!
El medabot miró hacia arriba y se encontró con Akita, quien con mucha facilidad le había levantado del suelo y ahora lo llevaba colgando a cientos de metros por sobre las casas, las que se dibujaban como puntitos abajo. Metabee recordó su experiencia de vuelo con Femjet; casi había olvidado lo fantástico que se sentía volar. Soltó un aullido de emoción y ambos medabots rieron, pero quien se divirtió más fue la chica en cuanto comenzó a perder altura y dejó caer su carga a veinte metros del suelo.
— ¡Buen aterrizajeee!—le gritó desde arriba.
Metabee contó con suerte esa vez. Aterrizó primero sobre un árbol, luego sobre una rama y finalmente aterrizó sobre un arbusto. Salió con varios arañazos y hojas metidas entre sus articulaciones, pero no se rompió nada ni acabó hecho chatarra. Cubrió en dos minutos todo el tramo necesario. Se apresuró y entregó la siguiente carta.
Por alguna razón se desilusionó cuando le entregaron cinco yenes y no otros cien.
Eran las siete menos ocho minutos cuando todas las cartas estuvieron entregadas. Akita llevaba a Metabee colgando por sus brazos, con la medabot cantando alegremente su música animada y contagiosa. Él le seguía el ritmo con la cabeza, mientras la central de correos se dibujaba a lo lejos, metida entre los dos altos edificios. Antes de aterrizar, Metabee le preguntó:
— ¿Por qué me ayudaste, eh, Akita?
— ¡Es obvio! Si no te echaba una mano ibas a perder nuestra apuesta y yo me hubiera quedado sin karaoke.
El medabot amarillo se tardó un poco en digerir esto.
—… ¿Eh?
Después de entregar su bolsa vacía y recibir una felicitación por parte de su jefe, Metabee y Akita se despidieron y la medabot se llevó a su compañero a dar un paseo aéreo por la ciudad. El sol del atardecer pintaba todo con sus tonos naranja y rojizo, regalando una vista espectacular desde allá arriba. Recorrieron un largo trayecto hasta que la chica se detuvo en la azotea de un edificio que el escarabajo no supo reconocer. Ella le dejó aterrizar sin dramas esta vez y luego aterrizó también. Metabee examinó el lugar: aparte de un pequeño compartimiento que tenía una puerta al interior del edificio, en el lugar solo había una caja cerrada apegada a su lado. Metabee se preguntó qué tendría.
— ¡Bienvenido a mi escenario!—exclamó Akita, levantando los brazos.
— ¿Tu escenario?—repitió él, extrañado.
— ¡Sí! ¡Aquí doy mis conciertos para toda la ciudad!
— ¡Vaya!—exclamó él, muy impresionado—No imaginaba que cantabas en serio…
La medabot se largó a reír mientras se acercaba a la caja y negaba con la cabeza.
— ¡Como eres de ingenuo, Metabee! ¡Claro que no canto de verdad!
— ¡Cómo no!—exclamó él, volviendo a echar humo por los cañones. Akita era adorable pero también tenía mucha facilidad para sacarle de quicio en un par de segundos.
—Bueno~—dijo ella, sacando un micrófono con cable y dándole vueltas en su dedo—Sí canto, pero no de manera profesional obviamente. Solo lo hago porque me gusta hacerlo.
—Ah…entiendo. ¿Y cómo es eso de que cantas para toda la ciudad?—preguntó, algo confundido.
—Es fácil.
Akita conectó su micrófono a un parlante pequeño, estiró los cables y cogió el enchufe, entrando luego por la entrada al edificio, la que extrañamente estaba abierta. Se tardó algunos segundos en regresar, pero Metabee supo al instante que había conectado el parlante a alguna toma de corriente cercana, pues un soplido silbó en el micrófono y produjo un sonido irritante. La medabot cisne regresó al poco y se ubicó tras el micrófono, golpeándolo la punta de su dedo para probarlo. Luego extendió los brazos otra vez.
—Cantando aquí arriba puedo cantarle a toda la ciudad—dijo de pronto y con una forma enternecedora que le llegó a Metabee muy al fondo de su medalla—. Me gusta cantarle a los demás, porque la música siempre te emociona y te hace sentir mejor—se volvió a verlo a él— ¿No lo crees?
Él asintió con la cabeza y se sentó en el suelo frente a ella. Akita cerró los ojos, contó lentamente con la cabeza y luego empezó a cantar. Para sorpresa del medabot, la chica tenía mejor voz cuando cantaba ante un micrófono que cuando se ponía a conversar o a cantar a todo volumen…sonaba extraño decirlo, pero parecía impregnarle mucho sentimiento a su forma de cantar, casi como transmitiendo algo que llevaba dentro, pero ese algo le sonó a Metabee como mucha melancolía y soledad. Le resultó desconcertante que alguien tan alegre y lleno de energía cantara tan bien una canción triste, una que por cierto Metabee nunca había escuchado, pero le resultó familiar. Sin embargo ella sonreía y parecía emocionada. Metabee no estaba seguro si era por su tema o por tener un espectador.
Cuando Akita hizo silencio, Metabee empezó a aplaudirle en el acto con muchas ganas. Ella se sonrojó y le agradeció con una exagerada reverencia, con el piquito que coronaba su cabeza casi tocando el suelo.
— ¡Ahora es tu turno!—exclamó ella, levantándolo de la mano y ubicándolo tras el micrófono. Metabee se abochornó mucho de pronto.
— ¡P-pero no sé qué cantar!—exclamó apenado.
— ¡Anda! ¡Canta tu canción favorita!—le animó ella sentada en el suelo y batiendo los brazos.
El espectáculo de Metabee no salió tan bien como hubiera querido. Los nervios le fallaron y desentonó tantas veces, que Akita se levantó y le aplaudió interrumpiéndole a la mitad de la canción, pero con su sonrisa y su modo divertido.
—Gracias, muchas gracias—dijo un sonrojado Metabee, despidiendo a su audiencia y saliendo de detrás del micrófono. Ella no podía contener la risa.
— ¡No pasa nada, no te pongas así!—exclamó, dándole palmaditas en el hombro—Puedo ajustar tu caja vocal ¡y ya verás cómo mejoras mucho tus notas!
Metabee le miró derrotado y abochornado, pero extrañamente, muy a gusto con la amabilidad y la alegría de la chica, aunque hubiese hecho el ridículo delante de ella.
— ¿Lo prometes?—preguntó él.
— ¡Te lo prometo!
Continuará...
